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¿QUÉ ES LA PACIENCIA?

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La paciencia

¿Qué es la paciencia?

La paciencia es aquella resignación que tenemos en las adversidades, y la fuerza de voluntad que desplegamos para no tomar venganza de las ofensas que se nos hubieren hecho.

La paciencia es también una fuerza o grandeza de alma, aunque por muchos que se creen valientes sea tenida esta virtud por cobardía o pusilanimidad. Se necesita mucho más valor moral para tolerar y sufrir una ofensa, que para tomar venganza de ella. Y ¿qué sería de la sociedad si los que la componen no pudiesen tolerarse unos a otros? Luego la paciencia es una virtud social: ella nos pone en estado de sostener las desgracias de la fortuna, los defectos y flaquezas de los hombres y las amarguras de la vida. El que se entrega a continuos movimientos de impaciencia, el que se irrita al menor obstáculo, lejos de aliviar con ello su pena, la aumenta más todavía, emponzoñando a cada instante las heridas que el tiempo podría aliviar. El que no tiene paciencia es un ser débil cuyo bienestar depende del primero que quiera atormentarle.

Cuando la invasión de Jerjes, rey de Persia, los jefes de las diversas repúblicas griegas, reunidos en consejo, deliberaban sobre el plan de defensa que convendría adoptar. Eurybiades, jefe de los lacedemonios, tuvo una viva discusión con Temístocles, jefe de los atenienses.

Irritado Eurybiades por la contradicción, levantó el bastón y dio con él a Temístocles. Cualquier hombre vulgar hubiera seguramente repelido este ultraje con otro, y de allí se habría seguido un odio mortal, no sólo entre ambos jefes, sino entre los dos pueblos a quienes representaban. Pero Temístocles, sensible solamente al interés de la patria comprometida, se contentó con decir: “Pega, pero escucha”. A estas palabras, Eurybiades enrojeció de vergüenza, reconoció luego la opinión de Temístocles como la mejor, siguióse este consejo, y la Grecia fue salvada.

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Lección 4. De las virtudes humanas; 52. ¿Qué es la paciencia? De la obra: COMPENDIO DE MORAL UNIVERSAL O HUMANA por Don FABIÁN PALASÍ.

APÓSTOLES DEL BIEN

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Apóstoles del bien

Apóstoles del bien (*)

La palabra apóstol procede del griego (apóstolos) compuesto del prefijo (apo) lejos y (stellō) que quiere decir enviar, en latín «apostōlus». Esta palabra griega se tradujo del hebreo «Sheliaj», que significa enviado, representante o intermediario.

Cuando hablamos de apóstoles, automáticamente el pensamiento se nos traslada a la época de Jesús. Él mismo seleccionó a aquellos que debían acompañarlo en su intensa travesía mesiánica, llena de sinsabores, incomprensiones, ingratitud y otras contrariedades propias de la inferioridad moral y espiritual de este mundo.

A excepción del Sublime Maestro, el resto que lo acompañaron fueron personas humildes, con cualidades morales importantes pero que todavía se encontraban con necesidades espirituales que debían corregir o superar con la ayuda inigualable del Guía de la Humanidad.

No obstante, en todas las épocas han existido “apóstoles del bien”, personas con más o menos protagonismo social que dejaron honda huella en aquellas otras con quienes se relacionaron. Seres con un perfil espiritual superior al de la mayoría; con una misión muy concreta a desempeñar en un entorno lleno de sufrimientos, con gentes necesitadas de caridad, de consuelos y de una luz que les guiara en el camino con verdadera sabiduría; luz que les llegaba a través de sus palabras y, sobre todo, de su ejemplo constante de renuncia y de perdón.

Vamos a hacer mención aquí a tres de ellos de forma breve. Sus vidas transcurrieron en nuestro país durante el pasado siglo XX, especialmente la primera mitad; una época de muchas convulsiones políticas y sociales en España, sobre todo con el estallido de la Guerra Civil en el año 1936 y sus consecuencias posteriores.

JUAN DAMASCENO BISBAL CLIMENT

Imagen de Juan Damasceno Bisbal Climent
Juan Damasceno Bisbal Climent

Al primero ya le dedicamos un amplio artículo; se trata de Juan Damasceno Bisbal Climent. (1883-1939). Nació en la población valenciana de Catadau. Hombre de gran magnetismo y con facultades curativas extraordinarias, ayudó a muchísimas personas, tanto para curar sus cuerpos como sus almas, aportándoles sabios consejos en relación al camino espiritual que tenían trazado y que debían cumplir. Vivió prácticamente toda la Guerra Civil española hasta su muerte en enero del año 1939. Sufrió las consecuencias de aquella etapa convulsa de la Historia de España, con aquel ambiente social tan cargado de radicalismo político y religioso.

FRANCISCO ESCRICH PÉREZ

Imagen de Francisco Escrich Pérez
Francisco Escrich Pérez

En segundo lugar haremos mención de otro personaje que queremos destacar también en este modesto artículo. Se trata de Francisco Escrich Pérez (1903-1939). Madrileño de nacimiento, fue militar de carrera y también músico militar. Es el padre de nuestra compañera de grupo María Luisa Escrich, trabajadora incansable y autora de numerosas poesías y artículos de interés.

A los 17 años le hablaron de la existencia de los espíritus, y a partir de ahí, este hombre de grandes inquietudes empezó a investigar por su cuenta. De su personalidad podemos decir que fue una persona afable, recta en el obrar y muy sensibilizado con las necesidades de sus semejantes. Tenía la caridad como estandarte en su conducta diaria; ayudaba siempre que se le presentaba cualquier oportunidad, pero siempre de manera discreta y anónima. Inculcó dichos valores y conocimientos espirituales a su familia.

Llegó a ser comandante mayor durante la Guerra Civil. Finalmente, el 19 de mayo de 1939, este joven militar fue fusilado por pertenecer al bando republicano. Por su trayectoria personal y conducta recta, algunas personas trataron de que le conmutaran la pena capital; sin embargo, no lo perdonaron porque “hablaba con los muertos”.

Hubo que esperar cinco años para que su familia recibiera una comunicación de él, muy breve. Nuestra compañera María Luisa la explica con detalle en el artículo titulado Comunicación con los espíritus. Tan solo transcribimos la pregunta que le realizó su esposa antes de partir:

-¿Puedes decirme cómo es tu situación en el mundo de los espíritus?

–Dios, el Amor Supremo, ha sido inmensamente misericordioso conmigo. Adiós.

JUAN DE DIOS YESTE AIBAR

Imagen de Juan de Dios Yeste Aibar
Juan de Dios Yeste Aibar

Y por último, haremos mención de otro gran trabajador espiritual: Juan de Dios Yeste Aibar (1894-1966). Nació y vivió en Chiclana de Segura (Jaén). Llegó a ser alcalde de dicha población en época republicana. Durante el periodo de pre-guerra, e incluso durante la Guerra Civil, se comportó como un verdadero cristiano, esforzándose al máximo para evitar linchamientos y ajustes de cuentas, arriesgando con ello muchas veces su propia vida.

Fue muy tolerante con las manifestaciones religiosas de la época, respetando la libertad de culto y evitando enfrentamientos con los disidentes radicales. Un hecho destacable fueron las guardias que hacía delante de la prisión durante las noches para evitar ajusticiamientos clandestinos. Gracias a su abnegado sacrificio por defender la paz y la concordia entre sus conciudadanos, Chiclana de Segura fue conocida en aquella época como “La Rosa de Oro”. Tras la contienda militar, estuvo preso sin causa alguna durante 4 años.

En reconocimiento a la extraordinaria labor que realizó por sus conciudadanos, en Chiclana de Segura existe hoy día una calle con su nombre.

Actualmente su familia sigue la estela que dejó aquel hombre extraordinario. Algunos de sus nietos siguen en la tarea espirita, especialmente Juan de Dios Rodriguez Yeste, que es el actual presidente de la Asociación de Estudios Espíritas “Esperanza hacia la Luz”, por cierto, con el mismo nombre de la asociación que tuvo su abuelo en la misma población.

También hemos de destacar de Juan de Dios Yeste que, además de sus grandes cualidades personales poseía una extraordinaria mediumnidad vidente, lo que le permitió ayudar, junto a las personas que conformaban el equipo de trabajos mediúmnicos, a numerosas entidades espirituales perturbadas; también le sirvió de herramienta para evitar la mixtificación o el engaño al que están expuestos todos los médiums serios en algún momento de su trayectoria espiritual. Como buen espiritista, estudió de forma regular las obras fundamentales de Allan Kardec, las de León Denís y de Camilo Flammarion.

Como decíamos, formaba parte de un buen grupo mediúmnico que trabajaba en pos del bien, viviendo la doctrina con humildad, sencillez y gran responsabilidad. Esta actitud tan limpia y de gran elevación espiritual les llevó a vivir fenómenos muy poco frecuentes en las casas espíritas.

Vamos a narrar uno muy destacado que a día de hoy sigue sorprendiendo a propios y a extraños.

Hablamos aproximadamente del año 1965. Las reuniones mediúmnicas en aquella época eran clandestinas en España, porque debemos recordar que, con la dictadura de Francisco Franco que promulgaba el Nacional-catolicismo, la libertad religiosa no solo estaba prohibida sino que eran perseguidas otras disciplinas filosóficas o religiosas, especialmente la masonería y el espiritismo.

En cierta ocasión, el Guía espiritual que dirigía al grupo mediúmnico les dijo que para la siguiente reunión tuvieran preparada una cámara de fotos con un carrete nuevo para dispararla, en el momento en que fueran avisados, sobre una pared blanca del salón donde se reunían.

El día convenido percibieron todos los presentes, tras las oraciones iniciales, una atmósfera espiritual muy especial. Justo en el momento en que el Guía espiritual, a través del médium de incorporación, el señor Zacarías Lietor, avisaba para disparar la cámara, percibieron un resplandor que iluminó por unos instantes toda la sala. Algunos días después, cuando revelaron el negativo, no apareció el resplandor ni ningún tipo de luminosidad como pudieron apreciar todos; sin embargo, la sorpresa fue enorme cuando quedó impresa la imagen que compartimos a continuación con todos ustedes…

Imagen a la que alude el artículo en la que aparece el Maestro Jesús de Nazareth acompañado por uno de sus apóstoles.

Un verdadero fenómeno mediumnico de efectos físicos, donde las entidades espirituales, aprovechando el fluido acumulado en la reunión, provocaron la impresión del negativo con una imagen muy nítida sobre una pared material completamente blanca y desnuda.

En la foto se pueden ver claramente al Maestro Jesús y seguramente al apóstol Juan, el más joven de todos ellos. Tan solo se conoce otra foto similar tomada en otro grupo de Brasil.

¿Se trata de un hecho milagroso o fantástico? En absoluto, la doctrina espírita y el estudio de los fenómenos mediúmnicos nos aportan suficientes argumentos para comprender de forma racional y clara esta posibilidad, aunque, como hemos dicho, muy poco frecuente. No olvidemos el conocido fenómeno de las fotos paranormales, es decir, fotografías realizadas de forma común en las que, sin sospecharlo, aparecen “las almas” de personas fallecidas.

Son fenómenos que se producen casi siempre de forma espontánea, al margen de creencias o culturas, y que ponen de relieve la realidad espiritual que está inmanente en nuestras vidas, y que al mismo tiempo demuestran una vez más la inmortalidad del alma.

En resumen, nuestra intención con este artículo ha sido dedicarle un sincero homenaje a estas “tres grandes almas”, una pequeña muestra de la gran cantidad de seres que, esparcidos por todo el mundo, descienden y reencarnan junto a nosotros para cumplir, por verdadero amor incondicional, con sus compromisos de abnegación y de sacrificio en un mundo todavía sumido en el materialismo y envuelto en las pasiones desequilibrantes. Algunos de ellos poseedores de facultades mediúmnicas extraordinarias, verdaderos intermediarios de las manos generosas de lo Alto que a veces nos traen sorpresas agradables”, y que nos acercan un poco más a esa realidad espiritual que todavía no vemos, pero que cada vez la tenemos más cerca.

Han sido y son puntos de luz que iluminan el camino, faros que llenan de consuelo y de esperanza a todos aquellos que todavía poseen una pesada carga de errores a rescatar del pasado y una gran tarea todavía por cumplir.

Apóstoles del bien por: Redacción

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

(*)IMPORTANTE: Nuestro más sincero agradecimiento a todas aquellas personas, muy especialmente a los familiares de los protagonistas de este artículo, por su inestimable contribución; sin la información aportada hubiera sido imposible realizar este pequeñito homenaje. Muchas gracias.

FILOSOFÍA DE VIDA

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Filosofía de vida

Filosofía de vida

Ante la adversidad que a todos visita, mantén la calma y no te permitas pensamientos auto-punitivos, ni culpes a la Divinidad por las circunstancias difíciles que te toca vivir, pues quien como tú ya adquirió el conocimiento relacionado con la Ley de Causa y Efecto, no puede ignorar que ello es la consecuencia de las prácticas irresponsables de ayer.

Y para ello, es preciso el estudio consciente y profundo de la Doctrina de los Espíritus, que pone cada cosa en su lugar con una lógica que no admite sofismas y evasivas psicológicas, que apenas habrán de confundirte aún más.

La claridad meridiana del Espiritismo, aplicada como filosofía de vida, habrá de suministrarte la comprensión ideal para cada acto de tu experiencia carnal y su lógica consecuencia.

La concatenación de los hechos vividos, ya sea en el área del bien o del mal, quedan registrados en la intimidad de la conciencia quien, con amplia sabiduría los expurga y los saca a la luz en el momento oportuno, para lograr la reparación equivalente –cuando la acción fue equivocada– o para ganar el premio del estímulo cuando el hecho en sí se desarrolló en el campo del bien…

El equilibrio demarcado en las altas esferas de la Espiritualidad, actúa dando a todos los seres las mismas oportunidades de reivindicarse, si ayer cayó en las mallas del error o si por sus actos de ennoblecimiento logró consignar su nombre en el registro del bien.

Por esta razón, es preciso introducirse en el conocimiento libertador no sólo de la ignorancia, sino también de las posturas psicológicas acondicionadas a las circunstancias, que no consiguen evadirse de los resultados finales de la actitud incorrecta.

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En razón de lo expuesto, sincérate contigo mismo y pon empeño en modificar toda conducta que no esté acorde con los postulados cristianos y no tardarás en vivir sensaciones de paz, hasta entonces nunca sentidas…

(FILOSOFÍA DE VIDA; extraído de la obra PROSIGAMOS. Dictado por el espíritu Cosme Mariño, a través de la mediumnidad psicográfica de Juan Antonio Durante).

Mensaje publicado por gentileza y autorización expresa del Consejo Espirita Internacional (C.E.I.), quien posee los derechos de autor de esta obra.

LAS HERRAMIENTAS DEL BIEN

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Las herramientas del bien

Las herramientas del bien

«Que no te importen los resultados de la acción del bien, ellos dan fruto por sí mismos»

Quinto Ennio – Poeta Latino S. II a.C.

Cuando practicamos el bien, con frecuencia nos preguntamos cuáles han sido los resultados de nuestra acción. Según la frase que antecede estas líneas, el fruto de una acción bondadosa, iluminada con la noble intención de ayudar desinteresadamente, presenta sus efectos siempre en el lugar adecuado y a la persona correspondiente.

Ello no quiere decir que aquel que ha sido el que la ha propiciado deba conocer los resultados de la misma. La mayoría de las veces ocurre lo contrario; aquel que practica el bien sin interés, por el impulso de su alma generosa, desconoce cuál ha sido el resultado de su acción, porque apenas se detiene en ello. Es más, avanza sin mirar atrás y siembra por donde pasa con su ejemplo y su comportamiento luminoso.

Ejemplos innumerables de grandes benefactores de la humanidad han existido y existirán. Si nos detenemos en la autoridad moral de los individuos que dieron testimonio de ello, en todos apreciamos características similares, a saber: el amor por la humanidad, la entrega y la renuncia de su propia vida por el ideal que defendieron, la ausencia de egoísmo personal, el trabajo desinteresado hasta la extenuación, la búsqueda del bienestar del prójimo, el consuelo y auxilio a los más desfavorecidos y necesitados, etc.

Estas son algunos de los rasgos que caracterizaron a personajes de la Historia que han sido y son ejemplo de autoridad moral, por el bien que procuraron o por la siembra que realizaron y posteriormente dio sus frutos. Y aquí encontramos personajes como Sócrates, Jesús, Buda, Confucio, Ghandi, Mandela, Teresa de Calcuta, Francisco de Asís y tantos otros que fueron referencia para millones de personas durante sus vidas, o posteriormente a lo largo del tiempo.

Además de los rasgos comunes mencionados arriba y de la actitud de todos ellos en la práctica del bien, es preciso destacar algunas de las herramientas que usaron para alcanzar los objetivos que incorporaron en sus vidas como una norma de conducta superior al servicio del objetivo que sus almas traían a la Tierra.

La primera de esas herramientas era «la intención». Todos ellos convirtieron sus vidas en huellas de luz que podrían ser seguidas por las multitudes gracias a la intención que albergaban. Una intención basada en su capacidad de amar. El impulso de su amor por el prójimo era su intención primordial, y era la energía que propiciaba todas sus realizaciones.

La segunda de las herramientas que todos ellos utilizaron de manera admirable y extraordinaria fue «la voluntad». Todos ellos demostraron una voluntad superior guiada por ese impulso e intención que sus almas albergaban y necesitaban expresar. La voluntad no solo para llevar a cabo sus compromisos espirituales en la Tierra, sino también para superar los innumerables obstáculos con los que se iban a encontrar y que necesitaban superar para alcanzar sus propósitos.

Toda obra de bien es hercúlea cuando trasciende el ámbito de las ideologías y las sociedades, enmarcándose como ejemplo de comportamiento y actuación en todo un planeta, diversificado en sus creencias y formas de vivir. Por ello, «la intención es lo primero, pero la voluntad debe acompañarla«, ya que el mundo no cambia y no se transforma solo a base de intenciones.

Y a raíz de estas dos herramientas, sobrepujando la voluntad a la buena y noble intención, surge «la acción» en el bien, que lleva a la consecución de los objetivos que el alma humana elevada, o en proceso de iluminación, trae a desarrollar a la Tierra.

El resultado de usar adecuadamente estas tres herramientas no es otra cosa que «el amor al prójimo en acción», que puede ser traducido por una ayuda efectiva y desinteresada hacia el que necesita consuelo, esclarecimiento, liberación de la ignorancia o de los vicios y pasiones perturbadoras. En una palabra, la práctica de la caridad bien entendida, no solo como beneficencia, sino como indulgencia, tolerancia y compasión para con los errores ajenos, bajo la auténtica concienciación de nuestras propias limitaciones y falencias que nos gustaría fueran igualmente disculpadas y perdonadas.

Retomando la explicación de la frase que inicia este artículo, cuando las personas son beneficiadas por actos de caridad, de ejemplo, de renuncia, de consuelo o de esclarecimiento, no importa mucho que la ayuda que se brinda no sea aceptada o comprendida en esos momentos.

El espíritu humano no siempre está en disposición de valorar la ayuda que se le ofrece, pues en las diferentes vidas por las que transita acontecen momentos de angustia, desesperación o pruebas y expiaciones difíciles que nublan la razón y el discernimiento. Sin embargo, llega un momento en que las leyes justas y perfectas que Dios ha esculpido en la conciencia de cada uno permiten aflorar aquel recuerdo, aquella ayuda que despreció o ignoró. Y entonces, el espíritu se reconoce culpable de ingratitud por no haber atendido la ayuda que se le brindó y que sin duda hubiera aliviado sus sufrimientos posteriores.

La evolución no da saltos, y el progreso del alma humana mucho menos. A veces nos aferramos a nuestros orgullos y egoísmos, que ciegan nuestro discernimiento y nos impiden ver la oportunidad de progreso que se nos entrega. El rumbo hacia la felicidad, destino imperturbable para todos los espíritus, está marcado, y cada cual acelera o se estanca en ese camino en función de su libre albedrío, eligiendo caminar en la senda del progreso y acorde a las leyes divinas, o estancándose en el primitivismo y la alienación de los vicios y pasiones perturbadoras, que lo envuelven en el sufrimiento y la reparación de los errores que la ley de justicia divina aplica con misericordia pero con ecuanimidad.

Es nuestra decisión, bajo nuestro libre albedrío, la que nos permite usar esas herramientas de la noble intención, la férrea voluntad y la acción en el bien para la reeducación moral y el progreso espiritual que precisamos, a fin de desterrar de nuestra vida actual y futura el sufrimiento, transformándolo por el estado de paz, armonía, equilibrio y bienestar físico, psicológico y espiritual que se nos presenta cuando cumplimos nuestros deberes mediante una conciencia limpia, una conducta recta y un trabajo digno.

Las herramientas del bien por: Redacción

2021, Amor, Paz y Caridad

«Utiliza tu voluntad, unida a la noble intención, para superar los instintos del ocio y la pasividad, y cuando llegue el momento del bien no dudes, actúa».

Quinto Ennio – Poeta Latino S. II. a.C

PLANO DE VIRTUDES

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Plano de virtudes

Las virtudes perfumadas expanden su aroma; sensibilizan la razón, erradicando arrogancia, achicando el orgullo, pues su aroma eleva los sentimientos, conduce los pensamientos hacia el Amor verdadero, que abre los corazones mitigando los pesares que nublan la razón.

Aroma que alimenta el alma, que emprende su vuelo para buscar las flores de la virtud: ayuda, amor, perdón…

Engrandece el alma en virtudes, y hallarás el camino por el cual discurre su perfume para todo aquel que busca Paz y Amor.

Paqui Silvestre

© 2020, Amor, Paz y Caridad.

¿QUÉ DEBE ENTENDERSE POR FORTALEZA?

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¿Qué debe entenderse por fortaleza?

¿Qué debe entenderse por fortaleza?

Es el valor moral que desplegamos para vencer nuestras pasiones y afrontar con firmeza y resolución nuestras desgracias o infortunios. La fortaleza, entre otras virtudes abraza el sentimiento del honor, el amor a la gloria, la paciencia, la modestia, etc.

La fortaleza no consiste en el mayor desarrollo de fuerzas físicas o corporales, sino en la constancia y firmeza de nuestra voluntad puestas al servicio de la justicia y de la verdad. La fuerza sólo puede merecer el dictado de virtuosa cuándo es útil a la sociedad, cuando da consistencia a otras virtudes.

Una de las formas de la fortaleza es la perseverancia, es decir, la constancia en proseguir lo que se ha comenzado; ésta es una excelente cualidad cuando se aplica a cosas útiles y justas; solamente la perseverancia proporciona a los talentos la gloria, y a los virtuosos la corona. No es al que comienza, sino al que persevera, a quien está reservado el éxito.

James Hogg, conocido en Inglaterra por el pastor de Ettrich, fue un poeta muy estimado. A los veinte años no sabía leer ni escribir; pero el trabajo y la constancia lo vencieron todo. Su juventud la había pasado miserablemente guardando ganados en las montañas de Escocia. Como vivía en la más completa soledad, había terminado por tomar cariño a las fuentes, a los arroyos, a las grutas, al cielo y a las nubes. Forzado, para poder vivir, a renunciar al trato de sus semejantes, se había apasionado por las bellezas de la naturaleza; pero ¿hubiera nunca llegado a ser capaz de pintar tales bellezas, si por la fuerza de su voluntad, por su perseverante aplicación al trabajo, no hubiese adquirido una vasta y variada instrucción, un verdadero y notable talento? Su ejemplo nos enseña que aun el joven cuya infancia haya sido completamente abandonada, puede reparar esta desgracia si de veras lo quiere y con firmeza persevera.

El extremo opuesto de la fortaleza es la cobardía o miedo; y la cobardía no es otra cosa que una exageración de la prudencia, pues que se teme más de lo que se debe temer, abultando nuestra debilidad los peligros, turbándonos el ánimo y haciéndonos incapaces para obrar ni tomar resolución alguna acertada. La cobardía o debilidad no es un vicio, pero conduce a él: el hombre malvado hace el mal; el débil lo deja hacer.

Lección 4. De las virtudes humanas; 49. ¿Qué debe entenderse por fortaleza? De la obra: COMPENDIO DE MORAL UNIVERSAL O HUMANA por Don FABIÁN PALASÍ.

NUEVA LUZ

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Nueva Luz

Nueva Luz

El calendario de la Tierra señala en determinadas fechas, acontecimientos que después la Historia se encarga de registrarlos, resaltando sus valores o denigrando su presencia…

En esta oportunidad, casi un siglo y medio atrás, surgía una nueva luz capaz de iluminar las conciencias de forma tan importante, llevándolas a una modificación estructural sólo comparable al Cristianismo, con la diferencia de que éste necesitó casi tres siglos para lograr su expansión.

La publicación de El Libro de los Espíritus, en esa oportunidad, promovió una verdadera revolución en el pensamiento de la época, revolución ésta que aún no ha concluido su tarea renovadora, la que habrá de extenderse en el tiempo sin fin de los siglos…

Y aunque esa data señala un hecho histórico, es necesario considerar que entonces se concretaba una idea, un plan transformista, cuyas raíces estaban profundamente arraigadas en el proceso de la evolución de la Humanidad, siempre acompañado por el pensamiento del Cristo, quien jamás se apartó de la misma.

Cuando el Cristianismo se consolidó; cuando aún no se encontraba contaminado por las pasiones de sus seguidores, las necesidades y los tiempos eran otros y se precisaba de mucha valentía para declararse como tal y las arenas de los circos conocieron muy bien el elevado precio que pagaron sus prosélitos…

Hoy la tecnología aliada a la ciencia, es un elemento dúctil para expandir el conocimiento libertador que ofrece el Espiritismo. No obstante, el hombre aún es remiso al cambio interior, sobre todo con tantas facilidades como otorga el confort de la vida material…

Y muchos de los hombres que ayer escucharon el llamado del Cristianismo y que después desviaron el rumbo, tratan hoy de nivelar sus vidas con la Doctrina Espírita, en un intento valioso de superar el tiempo perdido y rescatar las deudas contraídas contra la propia conciencia.

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Evoquemos, entonces, al Misionero de Lyon, Allan Kardec, con gratitud y cariño porque al convertirse en intérprete de los Inmortales, revivió al Cristianismo primitivo y nos ofreció su Obra, la máxima programación renovadora de los tiempos modernos, para el encuentro y la superación de nosotros mismos.

(NUEVA LUZ; extraído de la obra PROSIGAMOS. Dictado por el espíritu Cosme Mariño, a través de la mediumnidad psicográfica de Juan Antonio Durante).

Mensaje publicado por gentileza y autorización expresa del Consejo Espirita Internacional (C.E.I.), quien posee los derechos de autor de esta obra.

EQUILIBRIO PSICOLÓGICO Y CONCIENCIA

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Equilibrio psicológico y de conciencia

Equilibrio psicológico y de conciencia

“Cuando reencarnamos, además del envoltorio físico que es nuestro cuerpo, necesitamos un envoltorio psicológico del alma que es nuestro Ego»

La estructura psicológica del ser humano consta de dos arquetipos denominados como Yo (personalidad) y Self, (el ser interior). En cada vida humana adoptamos una personalidad diferente derivada de nuestras condiciones particulares elegidas antes de reencarnar y de la huella de nuestra educación, entorno familiar, influencias externas, ejemplos que recibimos y asimilamos, creencias y ambiente característico en el que nos desarrollamos y crecemos. A esto unimos las herencias atávicas y ancestrales del pasado, que nuestro inconsciente profundo guarda celosamente y que por momentos afloran y gobiernan nuestra vida.

La personalidad (el yo) constituye muchas veces «la máscara» de la que nos revestimos para ofrecer a los demás la imagen que pretendemos proyectar de nosotros mismos, y que muchas veces dista mucho de nuestra realidad interior.

¿Cómo conseguir descubrir el sentido auténtico  de la vida que cada persona trae a la Tierra? A veces se hace difícil distinguir entre lo que queremos hacer y lo que necesitamos conseguir. Siempre nuestro Yo nos llevará por el camino más cómodo, que nunca es el más rápido cuando de términos espirituales se trata. A menudo, lo que nuestro Yo necesita y demanda es lo que nuestro ser interior nunca busca, ya que no es permanente sino transitorio; justo lo contrario a las necesidades del Alma.

Esto acontece porque el Yo (personalidad actual) solapa al Self (ser intimo) casi de continuo, intentando hacernos ver que lo que necesitamos es dar rienda a las tendencias, sensaciones y deseos que nos demanda de forma urgente, y que tienen que ver con la satisfacción inmediata, la comodidad más absoluta, el placer instantáneo y la más amplia satisfacción de nuestros deseos egoístas sin preocuparnos por los de los demás. Esto no supone que debamos renunciar en absoluto al bienestar que nos proporciona la vida; el error consiste en hacer del placer inmediato y tendencias egoístas el único y absoluto objetivo de nuestra vida, algo muy diferente que nos confunde, al creer erróneamente que placer y felicidad son la misma cosa.

El Yo solo mira por sí mismo, y cualquier esfuerzo que le suponga renunciar a sus objetivos nunca le es agradable y, por tanto, procura ahogar o minimizar cualquier iniciativa superior del Self que suponga transformación y trabajo, en pro de la consecución de objetivos más elevados y nobles que exigen necesariamente una renuncia a algunas actitudes provenientes del Yo, como centrarse únicamente en uno mismo, sin pensar en los demás o sin importarnos lo que ocurre a nuestro alrededor.

Una de esas iniciativas tiene que ver con la actitud ante la vida que todos tenemos, y a veces nos preguntamos cuál sería la adecuada actitud ante la vida a fin de conseguir avanzar hacia lo que todo ser humano busca: “la felicidad”. De todos es sabido que en este planeta convulso y poco evolucionado moralmente es difícil conseguir una felicidad plena. Sin embargo, sí es posible alcanzar estados de felicidad y de plenitud cuando somos capaces de integrar nuestro Ego bajo las directrices del Self (el auténtico ser real e inmortal), permitiendo que este último gobierne al primero y centrando las acciones y espectativas diarias en los valores superiores y permanentes del alma inmortal.

No se trata pues de eliminar el Yo, algo completamente imposible mientras tenemos una personalidad humana, sino conseguir que este se someta a las directrices del Self, para que el sentido profundo de nuestra vida pueda ser alcanzado en su mayor dimensión. Es cambiar la situación, de forma que no sean los deseos, caprichos o necesidades del Yo los que dominen nuestras acciones y actitudes ante la vida, sino que sean las intenciones y deseos de nuestra Alma Inmortal (Self) las que prevalezcan a la hora de actuar, cambiar y caminar por la vida.

“El Yo es producto del estado de conciencia de cada uno, por lo tanto es transitorio e impermanente”

Joana de Ángelis

Cuando satisfacemos las perspectivas de nuestra Alma inmortal estamos consiguiendo avanzar en el camino recto, en la consecución del sentido profundo de nuestra vida. Y de inmediato, como un efecto boomerang, cada vez que profundizamos en ese trabajo la felicidad interior se abre paso sin darnos cuenta. Esa felicidad se traduce en aspectos tan importantes como la serenidad, la paz interior, una conciencia tranquila, una conducta recta, etc. Esto en cuanto a la percepción que comenzamos a experimentar internamente. Pero externamente, este cambio de actitud se manifiesta en un equilibrio mental y emocional mucho mayor derivado de nuestra apertura al mundo exterior, a la comprensión de aquellos que nos rodean, que sufren, y que al auxiliarlos nos olvidamos de nuestro Yo para centrarnos en ayudar y solucionar las carencias ajenas.

Este cambio de enfoque dota a nuestro Self de profundos recursos de dominio sobre el Yo, pues comienza a aparecer la parte más importante de nuestra realidad divina, aquella que nos integra con el prójimo a través de las cualidades latentes del amor que Dios esculpió en nuestra conciencia y que son los valores adormecidos que todos tenemos internamente, y que solo afloran cuando damos mayor protagonismo al Self (lo que somos) que al Yo (lo que aparentamos ser).

Esclareciendo algunos términos y diferencias, diremos que la conciencia, para la Psicología, hace referencia a la conciencia del ego, mientras que la conciencia a la que se refiere Kardec en el libro de los Espíritus, cuestión 621(*), es la conciencia divina, que podemos identificar perfectamente con el Self de la psicología analítica. Y esto explica que, según la psicología, nuestra psique consta de una parte pequeña (el Yo) y otra infinitamente mayor (el Self o ser mismo)

(*) P: ¿Dónde está escrita la Ley de Dios? R: En la conciencia.

Allán Kardec, L.E. Item 621

El Yo es la parte con la que nos identificamos actualmente, mientras que la personalidad global y superior es el Self (ser mismo). Conforme nos aproximamos a lo que realmente somos (ser mismo o Self) más plenos nos sentimos, y cuando nos apartamos y estamos centrados solo en el Yo, más vacíos, incompletos y enfermos.

Todo de lo que somos conscientes en una vida forma parte de nuestro Yo, mientras que el origen de nuestra psiquis está asociado al Self, que tiene su raíz en el psiquismo divino que lo creó y lo puso a evolucionar en un milenario viaje desde los organismos unicelulares hasta el hombre.

“Todo sirve, todo se encadena en la naturaleza, desde el átomo primitivo hasta el arcángel, que también comenzó por ser átomo”

A lo largo de la historia, el Self (ser mismo) fue denominado de varias formas, así Eckhart lo llamó “el fondo del alma”, Teresa de Ávila lo denominó como “el núcleo del alma”, Pascal “el yo profundo”. Y fue Carl G. Jung quien tuvo el mérito de introducirlo en la Psicología.

Al equilibrio entre el Yo y el Self se le denomina bajo el término de “individuación”; y responde a la pregunta de qué diferenciaba a los individuos de sus semejantes, o lo que es lo mismo, cómo cada ser se vuelve un individuo. Desde Platón a Leibniz, pasando por Aristóteles, Avicena, Tomás de Aquino, Scott, etc. en el pasado, y actualmente la psicología, todos han intentado responder a la pregunta de qué es lo que hace que las formas universales se realicen individualmente.

Es por eso que el sentido de la vida tiene mucho que ver con la búsqueda de uno mismo. El hombre es el único ser capaz de transcender superándose así mismo. Y por ello, toda vida en la Tierra, toda reencarnación, tiene como objetivo que nuestro yo profundo se realice bajo el desarrollo de los valores superiores del alma, a fin de lograr vivir conforme marca nuestra conciencia superior (Self), guiada por las Leyes de Dios que se encuentran en ella y alcanzando el equilibrio, la salud y la armonía que se deriva de esa realización.

Equilibrio psicológico y de conciencia por: Redacción

“En términos de personalidad, tanto la psicología como la religión tienen el mismo objetivo: ayudar al Self a desenredarse de la perspectiva limitada del Yo, para identificarse y vivir de acuerdo con una realidad mayor”

Dr. Marlon Reikdal – Libro “Espejos del Alma” Divaldo Franco

PROFUNDIZAR EN UNO MISMO

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Profundizar en uno mismo

Profundizar en uno mismo y aprovecharse, para bien, de los que os aman y quieren lo mejor para vosotros.

Profundizar en la verdad Universal, lo que une a cada espíritu en el camino de la evolución; que busca esa verdad de los orígenes. Espíritu en continuo desarrollo moral y espiritual.

Profundizar en la vida, los pasos de la existencia, penas, alegrías, cambios de actitud, el progreso, la verdad del existir, el amor, el sacrificio, trabajo, voluntad para seguir creciendo… todo nos lleva a sentirnos libres;  actuar con responsabilidad en el uso de nuestro libre albedrío en cuanto a nuestros actos, siempre con la ayuda de lo Alto, aconsejándonos y guiándonos en el hacer del día a día, ayudándonos a comprender y profundizar en la vida espiritual, que es la única verdadera en todo progreso del ser humano.

Paqui Silvestre

© 2020, Amor, Paz y Caridad.

¿A QUÉ NOS OBLIGA LA BENEFICIENCIA?

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¿A qué nos obliga la beneficiencia?

¿A qué nos obliga la beneficiencia?

La beneficencia, generosidad o filantropía nos obliga a contribuir al bienestar de nuestros semejantes, aliviando su pobreza material, sobre todo la de aquellos con quienes la suerte nos ha ligado o hacia los que sentimos más afecto y simpatía.

Los actos benéficos, que, como dice un autor, son el amor en actividad, consisten en general en otorgar al prójimo todo el bien que podamos; en hacer que nuestra comunicación con los hombres les sea provechosa; y en combinar de tal manera los actos de nuestra vida con las necesidades de nuestros hermanos, que, sin perder de vista la obra de nuestra felicidad, tomemos en la suya la mayor parte posible. Este es el gran problema que la moral plantea y resuelve como en abstracto, dejando a los cuidados de cada cual el obrar según las circunstancias, pero siempre en busca del mayor bien para nuestros semejantes.

La beneficencia no está vinculada en la grandeza, en la opulencia, en el crédito ni en el poder; todo ciudadano virtuoso puede ser benéfico en la esfera en que la suerte le ha colocado. Con las virtudes, con el talento, con la ilustración y con el trabajo podemos servir útilmente a nuestros semejantes.

Pasando Mr. Cherón hacia medianoche por delante del taller de un pobre herrero, oyó los redoblados golpes en el yunque y entró para saber el motivo que le retenía en el taller hasta aquella hora.

“—No trabajo para mí, dijo el herrero, sino para Pedro, mi vecino; el desgraciado ha sufrido un incendio que ha destruido cuanto poseía, y él y sus hijos duermen sobre un puñado de paja. Yo me levanto ahora dos horas más pronto y me acuesto dos horas más tarde; esto compone dos jornales por semana, cuyo producto puedo cederle; al fin no son sino algunos golpes más de martillo que tengo que dar. Si yo poseyese alguna cosa, la partiría con él; pero no tengo más que mi yunque. Por fortuna la tarea no falta en esta estación, y cuando se tienen brazos es preciso hacerlos servir para socorrer al prójimo.

—Muy bien, respondió Mr. Cherón; pero ¿creéis que vuestro vecino Pedro podrá nunca devolveros lo que le dais?

— ¡Oh!, bien puede ser que no, y yo lo siento más por él que por mí; pero, ¿qué queréis?, cada día él y sus hijos pueden comer pan; después de todo, yo no seré más pobre por eso, y sus desgraciados hijos no morirán de hambre. Es preciso ayudarnos unos a otros; si mi casa se hubiese quemado, yo habría estado muy contento de que se hiciese por mí otro tanto”.

Lección 3. De las virtudes humanas; 39. ¿Qué debe entenderse por humanidad? De la obra: COMPENDIO DE MORAL UNIVERSAL O HUMANA por Don FABIÁN PALASÍ.

VALOR DEL TIEMPO

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El valor del tiempo

El valor del tiempo

En cuanto transcurren los días y se atesoran experiencias siempre valiosas para el Espíritu ansioso de aprendizaje, el tiempo se encarga de dar cumplimiento a su labor, en torno de la cual van surgiendo poderosas oportunidades, todas útiles al quehacer humano.

Con el tiempo, el filete de agua que nace entre las piedras de la montaña imponente, llega al mar convertido en caudaloso río que es portador de vida o de muerte, dependiendo del lecho que conformó con su tenaz persistencia…

Con el tiempo, la semilla desprendida de la planta de origen, transportada por el viento, golpeada por la lluvia y casi calcinada por el sol, cae en medio del surco abierto y se transforma en el seno de la tierra, en árbol, flor y fruto, cumpliendo su ciclo evolutivo y también proporcionando vida…

Con el tiempo, el mineral que duerme en lo recóndito de la piedra, despierta vibrátil, para luego de sufrir la purificación del fuego, se convierta en la viga maestra de la construcción edilicia, proporcionando seguridad, trabajo, vida…

Así también el espíritu humano, con el tiempo, tras profundas caídas y sufrimientos en el crisol del dolor y recuperándose en el amor, adquiere la seguridad de su destino: el Padre Creador…

Y superando etapas reencarnatorias –unas dolorosas, otras de aprendizaje, todas de progreso– alcanza la iluminación interior, comprendiendo su inmortalidad y persiguiendo hasta el infinito la perfección, condición sine-qua-non, para la cual fue creado.

Bendice, pues, las horas difíciles que hoy te atormentan, ya que con el tiempo conocerás la felicidad que otorga la conciencia libre de ataduras con la retaguardia…

(Valor del tiempo; extraído de la obra PROSIGAMOS. Dictado por el espíritu Cosme Mariño, a través de la mediumnidad psicográfica de Juan Antonio Durante).

Mensaje publicado por gentileza y autorización expresa del Consejo Espirita Internacional (C.E.I.), quien posee los derechos de autor de esta obra.

LA HUELLA DIVINA

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La huella Divina

La huella divina

«La idea de Dios se halla impresa en el hombre como la marca del obrero en su obra” 

René Descartes– Filósofo y Matemático – Siglo XVI

La frase que encabeza este artículo, citada por Descartes en su libro Meditaciones Metafísicas, no solo obedece a un principio o argumento filosófico del gran pensador del racionalismo. El tiempo, la filosofía espírita y la ciencia han demostrado que esa marca o huella de Dios en el hombre es una realidad incuestionable.

Comencemos por constatar que desde siempre se ha sabido que la Inteligencia Suprema o Mente Universal que origina, ordena y crea el Universo físico y espiritual mediante leyes físicas y espirituales, impregna de su esencia todo aquello que existe, pues como dijo el poeta, “la creación es un pensamiento de Dios”.

La ciencia, en su permanente intento de descubrir la realidad de la naturaleza y del origen de la misma, siempre ha estudiado los efectos para remontarse desde ahí a las causas. La filosofía hace todo lo contrario, analiza las causas para llegar a los efectos que se derivan de ellas. Pues hay una ley en el Universo que nadie cuestiona, y es el hecho de que “todo efecto proviene de una causa”. El hecho de que algunas veces no se encuentre el origen de algunas cosas (por ejemplo, el origen de la Conciencia o de la Vida) no quiere decir que no exista, tan solo pone en evidencia que todavía nuestro desarrollo está comenzando y que la ciencia tiene mucho todavía por avanzar para demostrar las evidencias mediante el método que utiliza.

Sin embargo, en el tema que nos ocupa se han realizado evidencias significativas a la hora de descubrir alguna huella de Dios en el hombre. Veamos algunas de ellas. El Genetista y doctor en Biología Dean Hammer escribió hace una década el libro El Gen de Dios. En esta obra se pone de manifiesto la existencia de un gen  en el ser humano denominado Vmat2 que se encuentra en la naturaleza de todo hombre y que se expresa en mayor o menor medida en función de la creencia en Dios o no. Además de creyentes de distintas religiones, los Ateos y Agnósticos a los que Hammer examinó y sometió a pruebas albergaban igualmente este gen en su naturaleza biológica.

La función del mencionado gen es una predisposición a la creencia en Dios, en una mente superior de la cual procedemos, y es independiente que creamos que es así o no; el gen existe igualmente en nuestra constitución celular. Esta es una primera huella biológica de Dios en el hombre que es independiente de nuestra voluntad y que siempre nos acompaña.

Una segunda investigación mucho más importante es la realizada por el Doctor y Neuroteólogo Andrew Newberg en la Universidad de Filadelfia (USA). Newberg ha demostrado mediante pruebas neurológicas del cerebro que, cuando se ora, se medita espiritualmente o se piensa en Dios, el lóbulo frontal de nuestro cerebro se activa de forma exponencial. Este investigador afirma que es posible detectar pruebas físicas de la huella de Dios en el hombre, o lo que es lo mismo, podemos corroborar la existencia de Dios en el cerebro.

Entre los muchos ejemplos que menciona en su libro Cómo Dios puede cambiar su mente, hace referencia a uno efectuado con Ateos a los que se pidió que pensaran en Dios antes de someterse al scanner cerebral y la tomografía computarizada de sus neuronas. Newberg comprobó que el lóbulo frontal se activó muy poco a pesar de la concentración de los sujetos en la idea de Dios, certificando así la importancia de las creencias. Pero a pesar de ello, el mero hecho de la activación del lóbulo frontal demostró igualmente que todo el cerebro participa, no solo una parte. Ello llevó a la conclusión de que creer en Dios cambia nuestra forma de ver el mundo y nos cambia por dentro igualmente, a unos más y a otros menos.

Sabemos por la evolución de la historia del pensamiento que muchos filósofos han hablado y expresado sus argumentos válidos respecto a la presencia de la huella de Dios en el ser humano. La filosofía espírita de Allán Kardec lo resumió en una sola pregunta, la correspondiente al ítem 621 del Libro de los Espíritus, y dice así:

Pregunta: ¿Dónde está escrita la Ley de Dios?. Respuesta: En la conciencia

Mayor precisión y claridad es imposible. La conciencia, como fuerza e instrumento principal del alma humana, contiene la marca de la que hablaba Descartes, la huella de la que nos habla la ciencia hoy. Supone además la constatación de que nuestro interior, aquello que somos realmente y que sobrevive a la muerte, posee la esencia de nuestro creador, siendo la imagen y semejanza de Dios en cuanto a su naturaleza inmortal y sus cualidades (estas todavía latentes y pendientes de desarrollar por el hombre mediante su propio esfuerzo y evolución milenaria).

Nuestra limitada inteligencia y nuestros débiles recursos pendientes de desarrollar son apenas un pálido reflejo de lo que Él puso en nosotros. Un reflejo oscurecido muchas veces por el ejercicio erróneo de nuestro libre albedrío, empeñado en actuar contrariamente a las leyes que equilibran la vida y que abrillantan nuestro interior en vez de oscurecerlo.

En este mismo sentido debemos mencionar que, puesto que el Amor Divino es infinito, así como su Justicia, no podemos vislumbrar apenas el perfecto equilibrio que existe entre ambos conceptos que a veces parecen entrar en contradicción desde nuestro punto de vista humano y material, algo que nunca ocurre en los parámetros de la Ley Divina. Bajo esta última, la premisa principal es siempre priorizar en perfecto equilibrio entre lo que el hombre necesita para su progreso y el mérito contraído por cada uno.

Cuando nos preguntamos cuál es el plan que Dios tiene para con nosotros, debemos tener en cuenta lo anterior, pero también el hecho de que, si ni siquiera tenemos el recurso para vislumbrar más allá de los inciertos años de vida física, ¿cómo pretendemos poder vislumbrar a la larga el plan de Dios? No solo es imposible sino infructuoso.

Ahora bien, esto no nos priva de la capacidad de razonar y descubrir que por los efectos podemos remontarnos a las causas, y que lo que podemos afirmar sin temor a equivocarnos es el hecho de que, a medida que nuestro espíritu se transforma moralmente, las sombras que oscurecen ese rayo de luz (que es la huella de Dios en nuestra conciencia) se van disipando. Es entonces cuando nuestra percepción se amplía, comienza a brillar esa luz interior que no es otra cosa que nuestro Dios interno.

“Vosotros sois Dioses. Todo lo que yo hago podéis hacerlo también”

Jesús de Nazareth

El amor, el perdón, la fuerza creadora, la verdad, el camino recto, la abnegación, el sentido del sacrificio, la lucidez y la inspiración; todo se presenta a nuestra vista y comprensión con mayor claridad, vislumbrando y esclareciendo nuestra mente acerca del plan divino que nos ha traído hasta aquí. Él siempre nos coloca en el camino recto, dándonos la oportunidad de la vida y dejando a nuestro libre albedrío las decisiones a tomar, pues al ser parte de su naturaleza estamos condicionados a las leyes justas y perfectas que Él mismo ha creado y que son inmutables.

Esta es su huella más importante: “Somos espíritus eternos, de la misma esencia divina y participando de su creación; hasta que con el desarrollo y progreso espiritual hacia la perfección alcancemos la oportunidad de colaborar con Él como co-creadores de este Universo infinito”.

La huella divina por: Redacción

2020, Amor, Paz y Caridad

«Estás sumergido en el océano del amor de Dios. Jamás te encuentras solo. Dios está en ti y en torno a ti; descúbrelo y déjate conducir por Él con sabiduría. Eres su heredero, permite que su amor te recorra totalmente comandando tu voluntad. En Dios todo lo encuentras, volviéndote pleno completamente.»

Divado P. Franco – «Vida Feliz» Item 71