PRÉSTAMO Y PRUEBA DIFÍCIL: LA RIQUEZA

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Préstamo y prueba difícil: La riqueza

“La riqueza es un gran peligro. Todo aquel que ama la riqueza, no se ama a sí mismo ni a lo que está en él, sino a una cosa que le es mas extraña que lo que está en él”

Platón – Filósofo s. IV a.C.

Sin duda, el ser humano tiende a envidiar aquello que no posee, y la riqueza es, con mucho, fuente de anhelos, envidias y pasiones desenfrenadas por alcanzarla. El peligro de la riqueza no es ella misma por sí, sino el uso y abuso que se hace de ella. La sensación de poder alcanzar todo por dinero corrompe al ser humano desde sus entrañas si deja que esta ambición lo domine. 

Pero ejemplos ha habido de hombres con fortuna que han sabido gestionarla con criterio, con justicia y equidad, favoreciendo a la sociedad donde se encontraban, creando los medios para la felicidad de su prójimo mediante la gestión equilibrada de sus recursos, favoreciendo el empleo, creando obras filantrópicas de auxilio y ayuda a los más desfavorecidos, procurando el acceso a la educación en sociedades carentes de ello, etc.

Todo esto nos hace comprender que se trata del uso que hagamos de la fortuna lo que condiciona nuestra relación con la riqueza. Desde un punto de vista estrictamente espiritual, y bajo la comprensión de las leyes que rigen el proceso evolutivo del espíritu, una vida de fortuna no es más que una difícil prueba para crecer en justicia, respeto, indulgencia, compasión y caridad. Por ello se dice que “la prueba de la riqueza” es una de las más difíciles que ha de superar el alma humana si quiere seguir ascendiendo y elevándose hacia metas de plenitud y felicidad personal.

Depende en gran medida de la perspectiva con que reflexionemos sobre el tema que lo veamos con mayor o menor claridad, el que nos corrompamos y nos dejemos vencer por la vida fácil, dando rienda suelta a todo tipo de pasiones desenfrenadas y vicios que nuestra holgada posición puede proporcionarnos o, por el contrario, que seamos conscientes de que esta situación transitoria y privilegiada que se nos ha concedido no es casualidad sino que se trata de un préstamo, una prueba de fortaleza y de caridad por la que hemos de pasar para poner al servicio de aquellos que lo necesitan los recursos de los que somos poseedores. 

Es indudable que el hombre que consigue su fortuna mediante su propio esfuerzo, honrado y meritorio, no es como aquel que hereda su fortuna de sus antepasados. En el primer caso siempre se dice que aquel que se instala en la fortuna por esfuerzo personal valora mucho más lo conseguido que aquel otro que no ha hecho nada por merecerlo y le viene por herencia. Sin embargo, tanto en uno como en otro caso, la riqueza es una prueba de enormes repercusiones para el espíritu humano.

El alma se ve circunscrita a sus propias capacidades, pues debe enfrentarse a sí misma para resistir con fuerza de voluntad aquellas desviaciones de las leyes morales a pesar de poder tener aquello que desea de forma inmediata. Este es un importante reto, pues vencerse a uno mismo es mucho más importante que hacerlo con los demás. Lo primero nos fortalece interiormente, lo segundo es fruto de la fuerza o el poder que en determinado momento tengamos a nuestro alcance.

La riqueza o la fortuna, como queramos llamarla, igual que llega puede desaparecer de inmediato; decisiones poco afortunadas en los negocios o en la gestión del patrimonio, coyunturas políticas o económicas que afectan sin que podamos hacer nada por evitarlas, etc. Son tantas las circunstancias que pueden acontecer, la vida es tan incierta, que en cualquier momento se puede pasar de la opulencia a la mendicidad, de la riqueza a la pobreza, de la estima social a la más absoluta de las miserias y exclusión social.

Si valoramos la situación de fortuna como una herramienta que la Providencia pone a nuestra disposición para poder a ayudar a nuestro prójimo y al mismo tiempo como una prueba de resistencia, fortaleza y caridad para nuestra alma, llegaremos a acertar con el enfoque adecuado. No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita.

“El más rico es quien se contenta con poco”. 

Sócrates – Filósofo

La comprensión de las leyes que rigen la vida y el hecho de que nos encontremos en un planeta de expiación y prueba, donde nuestra imperfección es puesta a prueba constantemente, nos hace entender que un buen uso de los recursos que se encuentran a nuestro alcance no es otra cosa que cumplir con nuestro deber. Casi con toda seguridad, esa situación, planificada de antemano antes de encarnar, es un reto que hemos decidido afrontar por nosotros mismos.

En el ejercicio correcto y saludable de respetar los códigos de la vida superior que nos permiten ver a nuestros compañeros de la Tierra como auténticos hermanos, hijos de un mismo padre, es donde encontramos la satisfacción, la felicidad interior y la paz que nos inunda, al poder convertirnos en herramientas del bien, en sembradores de oportunidades para los más necesitados, en los agentes que implementan las condiciones que sacarán de la miseria y la pobreza a aquellos que más lo necesitan.

Y además, la comprensión de la ley de la reencarnación, sabiendo que deberemos volver una y otra vez hasta completar nuestro periplo de perfeccionamiento espiritual, nos permitirá entender que si se nos ha concedido la gracia de una vida en la Tierra llena de facilidades no es por casualidad. O bien la hemos pedido para poder redistribuir el bien y la felicidad a nuestros hermanos de la Tierra, o bien se nos ha procurado para intentar saldar deudas que tenemos contraídas con multitud de espíritus a los que perjudicamos en su día y que ahora, de repente,  en una única existencia, se nos ofrece la oportunidad de reparar nuestros errores del pasado ayudando a aquellos deudores a los que dañamos en su día.

Sea como fuere, en una u otra circunstancia, nuestra postura más inteligente será siempre aprovechar la oportunidad que se nos brinda para extender de la mejor manera posible y con la debida delicadeza y humildad todo el bien y los recursos que nos sea posible realizar. La vida en la carne es especialmente corta si la comparamos con la trayectoria milenaria de nuestra alma inmortal, y los retos a los que nos enfrentamos en cada reencarnación no son obra de la casualidad o el azar, son circunstancias perfectamente planificadas para ayudarnos a seguir creciendo, cultivando nuestra inteligencia y nuestros valores morales, ampliando nuestro nivel de conciencia con la adquisición de los valores eternos del alma como el amor, el perdón, la caridad, la indulgencia, etc.

La dificultad de esta prueba tan difícil para el hombre de la Tierra ha venido siendo expresada por muchos grandes personajes de la historia, filósofos, científicos, maestros espirituales, fundadores de religiones, etc. No es por acaso la frase de Jesús que al respecto afirma en el evangelio:

“Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos” 

Jesús de Nazaret

Como vemos, la dificultad de ser rico es una prueba difícil si se quieren conquistar los valores del alma que nos permiten alcanzar la felicidad, la paz y la armonía interior. A esto se refiere la frase y la opinión del maestro de Galilea.

Por último, es pues de una gran responsabilidad el poseer fortuna o riqueza y hacer un mal uso de la misma, pues las repercusiones que tiene para nuestra alma en el futuro y en posteriores vidas pueden ser muy perjudiciales. Cuando nos dejamos llevar por un mal uso de estos recursos para satisfacer nuestras pasiones, o únicamente con el fin de alcanzar poder o notoriedad que alimenta nuestro orgullo y egoísmo, estamos sembrando las causas de nuestra desdicha en el día de mañana. Pues el egoísmo y el orgullo son los grandes males de la humanidad y arrastran al alma a los mas bajos instintos que perjudican a otros por acción u omisión, siendo así que las leyes de causa y efecto nos devolverán el día de mañana, y en la misma proporción, todo aquello de malo que hayamos realizado a otros. Será el momento del rechinar de dientes, de la incomprensión y de la rebeldía, al no entender que lo que estamos soportando no es más que el efecto de la causa que sembramos en vidas anteriores.

Así pues, con prodigalidad, con criterio, con ecuanimidad y con justicia y caridad podemos usar la riqueza para el beneficio del prójimo y el nuestro propio. Lejos de actuar con despilfarro o dilapidando los recursos que nos han sido otorgados, debemos ser conscientes de que se trata de un préstamo que Dios nos concede (del que daremos cuenta el día de mañana) para facilitar nuestro progreso usándolo correctamente, y que al igual que lo alcanzamos o nos llega sin esperarlo, podemos perderlo en un instante.

Redacción

© 2019 Amor, Paz y Caridad

“La riqueza es una prueba resbaladiza, más peligrosa que la miseria por sus consecuencias, por las tentaciones que da y la fascinación que ejerce. Es excitante del orgullo, del egoísmo y de la vida sensual. Pero que haga el camino difícil no supone que sea imposible, si se sabe servirse de ella” 

Allán Kardec – Cap. XVI – El Evangelio Según el Espiritismo

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