EQUILIBRIO PSICOLÓGICO Y CONCIENCIA

0
41
Equilibrio psicológico y de conciencia

Equilibrio psicológico y de conciencia

“Cuando reencarnamos, además del envoltorio físico que es nuestro cuerpo, necesitamos un envoltorio psicológico del alma que es nuestro Ego”

La estructura psicológica del ser humano consta de dos arquetipos denominados como Yo (personalidad) y Self, (el ser interior). En cada vida humana adoptamos una personalidad diferente derivada de nuestras condiciones particulares elegidas antes de reencarnar y de la huella de nuestra educación, entorno familiar, influencias externas, ejemplos que recibimos y asimilamos, creencias y ambiente característico en el que nos desarrollamos y crecemos. A esto unimos las herencias atávicas y ancestrales del pasado, que nuestro inconsciente profundo guarda celosamente y que por momentos afloran y gobiernan nuestra vida.

La personalidad (el yo) constituye muchas veces “la máscara” de la que nos revestimos para ofrecer a los demás la imagen que pretendemos proyectar de nosotros mismos, y que muchas veces dista mucho de nuestra realidad interior.

¿Cómo conseguir descubrir el sentido auténtico  de la vida que cada persona trae a la Tierra? A veces se hace difícil distinguir entre lo que queremos hacer y lo que necesitamos conseguir. Siempre nuestro Yo nos llevará por el camino más cómodo, que nunca es el más rápido cuando de términos espirituales se trata. A menudo, lo que nuestro Yo necesita y demanda es lo que nuestro ser interior nunca busca, ya que no es permanente sino transitorio; justo lo contrario a las necesidades del Alma.

Esto acontece porque el Yo (personalidad actual) solapa al Self (ser intimo) casi de continuo, intentando hacernos ver que lo que necesitamos es dar rienda a las tendencias, sensaciones y deseos que nos demanda de forma urgente, y que tienen que ver con la satisfacción inmediata, la comodidad más absoluta, el placer instantáneo y la más amplia satisfacción de nuestros deseos egoístas sin preocuparnos por los de los demás. Esto no supone que debamos renunciar en absoluto al bienestar que nos proporciona la vida; el error consiste en hacer del placer inmediato y tendencias egoístas el único y absoluto objetivo de nuestra vida, algo muy diferente que nos confunde, al creer erróneamente que placer y felicidad son la misma cosa.

El Yo solo mira por sí mismo, y cualquier esfuerzo que le suponga renunciar a sus objetivos nunca le es agradable y, por tanto, procura ahogar o minimizar cualquier iniciativa superior del Self que suponga transformación y trabajo, en pro de la consecución de objetivos más elevados y nobles que exigen necesariamente una renuncia a algunas actitudes provenientes del Yo, como centrarse únicamente en uno mismo, sin pensar en los demás o sin importarnos lo que ocurre a nuestro alrededor.

Una de esas iniciativas tiene que ver con la actitud ante la vida que todos tenemos, y a veces nos preguntamos cuál sería la adecuada actitud ante la vida a fin de conseguir avanzar hacia lo que todo ser humano busca: “la felicidad”. De todos es sabido que en este planeta convulso y poco evolucionado moralmente es difícil conseguir una felicidad plena. Sin embargo, sí es posible alcanzar estados de felicidad y de plenitud cuando somos capaces de integrar nuestro Ego bajo las directrices del Self (el auténtico ser real e inmortal), permitiendo que este último gobierne al primero y centrando las acciones y espectativas diarias en los valores superiores y permanentes del alma inmortal.

No se trata pues de eliminar el Yo, algo completamente imposible mientras tenemos una personalidad humana, sino conseguir que este se someta a las directrices del Self, para que el sentido profundo de nuestra vida pueda ser alcanzado en su mayor dimensión. Es cambiar la situación, de forma que no sean los deseos, caprichos o necesidades del Yo los que dominen nuestras acciones y actitudes ante la vida, sino que sean las intenciones y deseos de nuestra Alma Inmortal (Self) las que prevalezcan a la hora de actuar, cambiar y caminar por la vida.

“El Yo es producto del estado de conciencia de cada uno, por lo tanto es transitorio e impermanente”

Joana de Ángelis

Cuando satisfacemos las perspectivas de nuestra Alma inmortal estamos consiguiendo avanzar en el camino recto, en la consecución del sentido profundo de nuestra vida. Y de inmediato, como un efecto boomerang, cada vez que profundizamos en ese trabajo la felicidad interior se abre paso sin darnos cuenta. Esa felicidad se traduce en aspectos tan importantes como la serenidad, la paz interior, una conciencia tranquila, una conducta recta, etc. Esto en cuanto a la percepción que comenzamos a experimentar internamente. Pero externamente, este cambio de actitud se manifiesta en un equilibrio mental y emocional mucho mayor derivado de nuestra apertura al mundo exterior, a la comprensión de aquellos que nos rodean, que sufren, y que al auxiliarlos nos olvidamos de nuestro Yo para centrarnos en ayudar y solucionar las carencias ajenas.

Este cambio de enfoque dota a nuestro Self de profundos recursos de dominio sobre el Yo, pues comienza a aparecer la parte más importante de nuestra realidad divina, aquella que nos integra con el prójimo a través de las cualidades latentes del amor que Dios esculpió en nuestra conciencia y que son los valores adormecidos que todos tenemos internamente, y que solo afloran cuando damos mayor protagonismo al Self (lo que somos) que al Yo (lo que aparentamos ser).

Esclareciendo algunos términos y diferencias, diremos que la conciencia, para la Psicología, hace referencia a la conciencia del ego, mientras que la conciencia a la que se refiere Kardec en el libro de los Espíritus, cuestión 621(*), es la conciencia divina, que podemos identificar perfectamente con el Self de la psicología analítica. Y esto explica que, según la psicología, nuestra psique consta de una parte pequeña (el Yo) y otra infinitamente mayor (el Self o ser mismo)

(*) P: ¿Dónde está escrita la Ley de Dios? R: En la conciencia.

Allán Kardec, L.E. Item 621

El Yo es la parte con la que nos identificamos actualmente, mientras que la personalidad global y superior es el Self (ser mismo). Conforme nos aproximamos a lo que realmente somos (ser mismo o Self) más plenos nos sentimos, y cuando nos apartamos y estamos centrados solo en el Yo, más vacíos, incompletos y enfermos.

Todo de lo que somos conscientes en una vida forma parte de nuestro Yo, mientras que el origen de nuestra psiquis está asociado al Self, que tiene su raíz en el psiquismo divino que lo creó y lo puso a evolucionar en un milenario viaje desde los organismos unicelulares hasta el hombre.

“Todo sirve, todo se encadena en la naturaleza, desde el átomo primitivo hasta el arcángel, que también comenzó por ser átomo”

A lo largo de la historia, el Self (ser mismo) fue denominado de varias formas, así Eckhart lo llamó “el fondo del alma”, Teresa de Ávila lo denominó como “el núcleo del alma”, Pascal “el yo profundo”. Y fue Carl G. Jung quien tuvo el mérito de introducirlo en la Psicología.

Al equilibrio entre el Yo y el Self se le denomina bajo el término de “individuación”; y responde a la pregunta de qué diferenciaba a los individuos de sus semejantes, o lo que es lo mismo, cómo cada ser se vuelve un individuo. Desde Platón a Leibniz, pasando por Aristóteles, Avicena, Tomás de Aquino, Scott, etc. en el pasado, y actualmente la psicología, todos han intentado responder a la pregunta de qué es lo que hace que las formas universales se realicen individualmente.

Es por eso que el sentido de la vida tiene mucho que ver con la búsqueda de uno mismo. El hombre es el único ser capaz de transcender superándose así mismo. Y por ello, toda vida en la Tierra, toda reencarnación, tiene como objetivo que nuestro yo profundo se realice bajo el desarrollo de los valores superiores del alma, a fin de lograr vivir conforme marca nuestra conciencia superior (Self), guiada por las Leyes de Dios que se encuentran en ella y alcanzando el equilibrio, la salud y la armonía que se deriva de esa realización.

Equilibrio psicológico y de conciencia por: Redacción

“En términos de personalidad, tanto la psicología como la religión tienen el mismo objetivo: ayudar al Self a desenredarse de la perspectiva limitada del Yo, para identificarse y vivir de acuerdo con una realidad mayor”

Dr. Marlon Reikdal – Libro “Espejos del Alma” Divaldo Franco

Publicidad solidaria gratuita