Palabras de aliento

COMUNICACIÓN CON LOS ESPÍRITUS

          Mediumnidad: ¿Para qué es la mediumnidad? O más bien, ¿qué creen la mayoría de los seres qué es la mediumnidad? Para muchos es un raro fenómeno que despierta curiosidad; para los que la aceptan como un hecho patente, es la posibilidad de hablar con los “muertos”, expresión habitual. Y aun piensan que se puede hacer a nuestro antojo, cuando nos viene bien y a la hora o momento que lo necesitamos. Esto los espiritistas sabemos que es un error.

          Yo voy a relatar mi propia experiencia y lo que aprendí en cuanto a la comunicación con los espíritus desencarnados.

          Cuando desencarnó mi padre, espiritista comprometido y trabajador, tanto mi madre como yo sentíamos el deseo y la necesidad de comunicar con él. Mi madre, conocedora de la doctrina, nunca en mucho tiempo mostró ese deseo, pero yo, a mis catorce años, sí me mostraba un tanto impaciente. Acudíamos a nuestras reuniones clandestinas y los hermanos espirituales se comunicaban con cierta asiduidad, dado que las  circunstancias que atravesábamos eran profundamente dolorosas, y precisábamos de su asistencia, de sus consejos, de su consuelo… ¿Por qué nunca venía? ¿Por qué nunca se comunicaba? Habían transcurrido cinco años y aún no habíamos tenido la oportunidad; yo, impaciente, le pedía a mi madre que preguntara si habría alguna posibilidad. Ella siempre me decía lo mismo: -Cuando Dios quiera. O bien –quizá no le den permiso…

          Al fin, un día en el que ni siquiera pensábamos en ello, pues nuestra reunión no era sino la de estar juntos, cuando menos lo esperábamos, Isabel, nuestra médium (excelente, por cierto) entró en trance espontáneo y un hermano espiritual se manifestó con un saludo general y una mención especial; dijo: -“Que la paz del Supremo Amor sea con vosotros, -y volviendo la cara hacia nosotros, añadió Peque”. ¡Era papá! Nadie excepto yo sabía que mi padre siempre se dirigía a mi madre llamándola “Peque”. Nada puede expresar lo que yo sentí en aquellos momentos; fue breve su mensaje pero intenso; quedó grabado para siempre en mi memoria y en mi corazón.

          Así transcribo: -“Queridos míos: solo dispongo de unos minutos para daros testimonio de mi amor y deciros que jamás os olvidé; que siempre estuve a vuestro lado y siempre contaréis con mi amparo; nunca olvidéis la bondad de Dios. Debo irme; que el Señor quede con vosotros.”

           Este fue su mensaje. Confieso que, a pesar de la brevedad, yo me sentí plena; había podido escuchar a mi papá cinco años después de su desencarnación.

          Mi madre tenía otra inquietud, anhelaba saber más de él, y antes de que se retirara, le dijo: -¿Puedo hacerte una pregunta antes de partir? –Tras unos instantes de silencio, respondió- .

-¿Puedes decirme cómo es tu situación en el mundo de los espíritus? –Otro segundo de silencio.

Dios, el Amor Supremo, ha sido inmensamente misericordioso conmigo. Adiós.

          Hasta aquí una de mis experiencias, y que fue decisiva en toda mi existencia; experiencia que junto a otras muchas, me han enseñado algo, que todos los que creemos en el espiritismo, a nuestra vez, tenemos la obligación de enseñar para erradicar el falso espiritismo que tanto daño hace a esta hermosa filosofía: que la mediumnidad no es un juego, que es un compromiso, que los espíritus no están a nuestra disposición; que se manifiestan cuando entienden que puede ser útil e instructivo; pero jamás por nuestro interés o capricho ni curiosidad y, por supuesto, nunca se venden.

          He dicho que todo espiritista debe enseñar lo que es en verdad la mediumnidad; nosotros, conocedores de ella, tengamos siempre presente que Dios, nuestro Padre Celestial, más pronto o más tarde, de una forma u otra, nos da satisfacción.

          Aprendí algo muy importante: que la comunicación de los espíritus está exenta de vanidad; es sobria, breve pero con un contenido intenso y moralizador.

 

Comunicación con los espíritus por:     María Luisa Escrich

(Guardamar, 2016)

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