LAS HERRAMIENTAS DEL BIEN

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Las herramientas del bien

Las herramientas del bien

“Que no te importen los resultados de la acción del bien, ellos dan fruto por sí mismos”

Quinto Ennio – Poeta Latino S. II a.C.

Cuando practicamos el bien, con frecuencia nos preguntamos cuáles han sido los resultados de nuestra acción. Según la frase que antecede estas líneas, el fruto de una acción bondadosa, iluminada con la noble intención de ayudar desinteresadamente, presenta sus efectos siempre en el lugar adecuado y a la persona correspondiente.

Ello no quiere decir que aquel que ha sido el que la ha propiciado deba conocer los resultados de la misma. La mayoría de las veces ocurre lo contrario; aquel que practica el bien sin interés, por el impulso de su alma generosa, desconoce cuál ha sido el resultado de su acción, porque apenas se detiene en ello. Es más, avanza sin mirar atrás y siembra por donde pasa con su ejemplo y su comportamiento luminoso.

Ejemplos innumerables de grandes benefactores de la humanidad han existido y existirán. Si nos detenemos en la autoridad moral de los individuos que dieron testimonio de ello, en todos apreciamos características similares, a saber: el amor por la humanidad, la entrega y la renuncia de su propia vida por el ideal que defendieron, la ausencia de egoísmo personal, el trabajo desinteresado hasta la extenuación, la búsqueda del bienestar del prójimo, el consuelo y auxilio a los más desfavorecidos y necesitados, etc.

Estas son algunos de los rasgos que caracterizaron a personajes de la Historia que han sido y son ejemplo de autoridad moral, por el bien que procuraron o por la siembra que realizaron y posteriormente dio sus frutos. Y aquí encontramos personajes como Sócrates, Jesús, Buda, Confucio, Ghandi, Mandela, Teresa de Calcuta, Francisco de Asís y tantos otros que fueron referencia para millones de personas durante sus vidas, o posteriormente a lo largo del tiempo.

Además de los rasgos comunes mencionados arriba y de la actitud de todos ellos en la práctica del bien, es preciso destacar algunas de las herramientas que usaron para alcanzar los objetivos que incorporaron en sus vidas como una norma de conducta superior al servicio del objetivo que sus almas traían a la Tierra.

La primera de esas herramientas era “la intención”. Todos ellos convirtieron sus vidas en huellas de luz que podrían ser seguidas por las multitudes gracias a la intención que albergaban. Una intención basada en su capacidad de amar. El impulso de su amor por el prójimo era su intención primordial, y era la energía que propiciaba todas sus realizaciones.

La segunda de las herramientas que todos ellos utilizaron de manera admirable y extraordinaria fue “la voluntad”. Todos ellos demostraron una voluntad superior guiada por ese impulso e intención que sus almas albergaban y necesitaban expresar. La voluntad no solo para llevar a cabo sus compromisos espirituales en la Tierra, sino también para superar los innumerables obstáculos con los que se iban a encontrar y que necesitaban superar para alcanzar sus propósitos.

Toda obra de bien es hercúlea cuando trasciende el ámbito de las ideologías y las sociedades, enmarcándose como ejemplo de comportamiento y actuación en todo un planeta, diversificado en sus creencias y formas de vivir. Por ello, “la intención es lo primero, pero la voluntad debe acompañarla“, ya que el mundo no cambia y no se transforma solo a base de intenciones.

Y a raíz de estas dos herramientas, sobrepujando la voluntad a la buena y noble intención, surge “la acción” en el bien, que lleva a la consecución de los objetivos que el alma humana elevada, o en proceso de iluminación, trae a desarrollar a la Tierra.

El resultado de usar adecuadamente estas tres herramientas no es otra cosa que “el amor al prójimo en acción”, que puede ser traducido por una ayuda efectiva y desinteresada hacia el que necesita consuelo, esclarecimiento, liberación de la ignorancia o de los vicios y pasiones perturbadoras. En una palabra, la práctica de la caridad bien entendida, no solo como beneficencia, sino como indulgencia, tolerancia y compasión para con los errores ajenos, bajo la auténtica concienciación de nuestras propias limitaciones y falencias que nos gustaría fueran igualmente disculpadas y perdonadas.

Retomando la explicación de la frase que inicia este artículo, cuando las personas son beneficiadas por actos de caridad, de ejemplo, de renuncia, de consuelo o de esclarecimiento, no importa mucho que la ayuda que se brinda no sea aceptada o comprendida en esos momentos.

El espíritu humano no siempre está en disposición de valorar la ayuda que se le ofrece, pues en las diferentes vidas por las que transita acontecen momentos de angustia, desesperación o pruebas y expiaciones difíciles que nublan la razón y el discernimiento. Sin embargo, llega un momento en que las leyes justas y perfectas que Dios ha esculpido en la conciencia de cada uno permiten aflorar aquel recuerdo, aquella ayuda que despreció o ignoró. Y entonces, el espíritu se reconoce culpable de ingratitud por no haber atendido la ayuda que se le brindó y que sin duda hubiera aliviado sus sufrimientos posteriores.

La evolución no da saltos, y el progreso del alma humana mucho menos. A veces nos aferramos a nuestros orgullos y egoísmos, que ciegan nuestro discernimiento y nos impiden ver la oportunidad de progreso que se nos entrega. El rumbo hacia la felicidad, destino imperturbable para todos los espíritus, está marcado, y cada cual acelera o se estanca en ese camino en función de su libre albedrío, eligiendo caminar en la senda del progreso y acorde a las leyes divinas, o estancándose en el primitivismo y la alienación de los vicios y pasiones perturbadoras, que lo envuelven en el sufrimiento y la reparación de los errores que la ley de justicia divina aplica con misericordia pero con ecuanimidad.

Es nuestra decisión, bajo nuestro libre albedrío, la que nos permite usar esas herramientas de la noble intención, la férrea voluntad y la acción en el bien para la reeducación moral y el progreso espiritual que precisamos, a fin de desterrar de nuestra vida actual y futura el sufrimiento, transformándolo por el estado de paz, armonía, equilibrio y bienestar físico, psicológico y espiritual que se nos presenta cuando cumplimos nuestros deberes mediante una conciencia limpia, una conducta recta y un trabajo digno.

Las herramientas del bien por: Redacción

2021, Amor, Paz y Caridad

“Utiliza tu voluntad, unida a la noble intención, para superar los instintos del ocio y la pasividad, y cuando llegue el momento del bien no dudes, actúa”.

Quinto Ennio – Poeta Latino S. II. a.C

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