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CRISIS MUNDIAL: LA GRAN CATÁRSIS

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Crisis mundial: la gran catársis

Vivimos en un mundo de enormes contrastes. Por un lado, el desarrollo vertiginoso de la ciencia y la tecnología, especialmente en las últimas décadas. Unos avances que facilitan la vida y la comunicación global. Jamás en la historia de la humanidad ha existido un progreso como el de hoy día. Por otro lado, el déficit moral, el individualismo egoísta, consecuencia de muchos factores, como pueden ser los de carácter educacional, religioso, social, etc. En los países más desarrollados han provocado incluso, una relajación de costumbres, focalizando el sentido vital de la existencia en aspectos puramente materiales, como son los de tipo profesional, económico y aquellos otros relacionados con el confort, ocio y el placer.

Muy lejos quedan ya, en esos mismos países desarrollados, los grandes esfuerzos realizados a lo largo de la historia para conseguir disminuir las desigualdades, las injusticias. Como ocurrió durante la Revolución Francesa a finales del siglo XVIII.  La abolición de la esclavitud en el mundo. La lucha por la igualdad de derechos entre los hombres y las mujeres. También los esfuerzos por superar las discriminaciones raciales en Estados Unidos, principalmente en la década de los 60. Son conquistas que han costado muchos sacrificios, y también la pérdida por el camino de muchas vidas humanas, con la esperanza y la ilusión de conseguir una sociedad más justa y equitativa. La Declaración Universal de los Derechos Humanos firmada por 48 países en el año 1948 supuso un avance significativo, al menos, una declaración de intenciones. No obstante, nos hemos estancado, el foco está puesto en otros puntos, como es la ambición egoísta y el materialismo del que hemos hecho mención.

Ahora mismo, el mundo se agita dentro de una gran crisis mundial, en todos los sentidos. La lucha de clases se mantiene, y se observa como el poder económico se va concentrando cada vez más en una pequeña minoría privilegiada, mientras otros se van empobreciendo y los jóvenes gozan de menos oportunidades. Al mismo tiempo, los intereses de las grandes multinacionales y el poder de la industria, ha soslayado el problema de la creciente contaminación que ahoga a muchas ciudades y es la causante de un calentamiento global de consecuencias imprevisibles.

Esto es como si en una gran vivienda llena de gente, se produjera un incendio y este se  fuera extendiendo por todos sus rincones, y en la que unos pocos privilegiados tuvieran a su alcance unas mascarillas de oxígeno que les resguardara temporalmente, mientras observan como el humo avanza y se densifica. Está claro que los más egoístas buscan su salvación, escaparse del problema, no obstante el fuerte olor y el ambiente denso no les permite escaparse del todo, más pronto o más tarde les afectará también. Sin duda, no es tan sencillo, no comprenden que forman parte de un mismo hogar aunque no quieran. Se creen triunfadores, privilegiados, se aferran a eso y no desean mezclarse con el resto.

Como nos demuestran los hechos históricos del pasado, las crisis son cíclicas porque el progreso no es uniforme y horizontal, tiene sus vaivenes, sus altibajos. Son procesos naturales, necesarios para el desarrollo y crecimiento de la humanidad. Empero, la actual crisis no tiene precedentes en la historia, porque nos aboca a un cambio fundamental, casi definitivo.

Es curioso observar la existencia de mensajes, comunicaciones procedentes del mundo espiritual, cuyo análisis que efectúan de la realidad mundial es bastante dura. Un ejemplo es el mensaje de Ana Fuentes de Cardona, psicografiado por Divaldo Pereira Franco durante la celebración del Congreso Espírita Mundial en Cartagena de Indias (Colombia) en el año 2007, donde dice, entre otras cosas lo siguiente: La  sociedad terrestre nunca tuvo tanta cultura, ciencia y tecnología como en la actualidad. Mientras tanto, jamás hubo tanto dolor y aflicción como en estos días… El sufrimiento alcanza niveles jamás experimentados anteriormente….

No estamos viviendo guerras mundiales como las dos vividas durante el siglo XX. Sin embargo, el mensaje de Ana Fuentes de Cardona es inapelable. Además, no es la única voz que habla en estos términos. Son mensajes para la reflexión y el estudio. No se trata de ver exclusivamente lo negativo, el vaso medio vacío. Claro que hay esperanza, claro que hay optimismo; hay una luz que asoma por el horizonte. Pero, la realidad ahora, con todo ese dolor, con todo ese sufrimiento, con todos los problemas políticos, sociales, económicos, humanitarios, climáticos, etc.; se está poniendo en jaque a todas las estructuras conocidas del ser humano. Ante este panorama el preclaro mentor Bezerra de Meneses, en otro mensaje es también muy contundente y afirma: (*) Se podría creer que el caos sería la conclusión final ineludible, sin embargo, la barca terrestre que navega los horizontes inmensos del cosmos no se encuentra sin rumbo.

Jesús está al timón y sus arquitectos divinos comandan los movimientos que le producen la alteración de la masa geológica, mientras se operan las transformaciones morales.

Iniciada la era nueva, surge, en este mismo siglo XXI, el periodo pre anunciador de la paz, de la fe religiosa, del arte y de la belleza, del bien y del deber.

Desde un punto de vista netamente espiritual podemos observar que este mundo, hoy día y más que nunca, hace honor a su categoría transitoria de expiación y prueba. Vivimos en un gran escenario de luchas que anteceden a la nueva aurora, al cambio definitivo que nos ha de llevar a un mundo de regeneración.

Una vida acomodada, sin luchas, sin objetivos, no nos permite desarrollar los recursos internos que poseemos, en estado latente, adormecidos, esperando su oportunidad, sea forzosa o voluntaria. La falta de estímulos, de ideales nos hace muy vulnerables, frágiles, nos crea inseguridad y el miedo hace acto de presencia. Sin embargo, nuestro destino es el progreso y la plenitud, pero con luchas, con trabajo, con esfuerzo; no puede ser de otra manera. Como indica un viejo adagio: “Personas fuertes raramente tuvieron un pasado fácil”. A lo que podríamos añadir: La fortaleza innata de ahora sin una causa aparente, procede de otras existencias. Nada se consigue sin trabajo, sin esfuerzo.

Ningún río crece en agua clara (Juan Damasceno Bisbal)

Hemos de mencionar al famoso neurólogo y psiquiatra austriaco Viktor Frankl, creador de la logoterapia, quien vivió una experiencia muy dura en los campos de concentración nazis. Fue allí, en el transcurso de su vivencia en unas condiciones miserables, donde pudo poner en práctica lo que posteriormente, en 1945, escribiría en su obra El hombre en busca de sentido.

En esa obra explica que el sentido de la vida no es una invención utópica sino que hay una razón muy poderosa que la justifica y que debemos de descubrir libremente. También asevera que las tensiones en la vida son necesarias, cumplen una función superior, para esforzarse y luchar por una meta o una misión que le merezca la pena.

Es por tanto, perentorio, ajustarnos a la realidad que nos ha tocado vivir, buscando el sentido espiritual de nuestras vidas. Hemos de cambiar primero nosotros, con las ideas claras y un rumbo cierto para vivir con cierta armonía dentro de los profundos procesos de transformación en los que estamos inmersos. Cuando las corrientes son muy intensas, hemos de ser flexibles como las ramas de los juncos que se mueven a merced de los fuertes vientos pero sin renunciar a sus raíces. El mismo Viktor Frankl afirmaba: Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos.

Hemos de desechar el miedo y la incertidumbre. Como afirma Bezerra: Jesús está al timón. No es una banalidad. Tenemos la capacidad y las herramientas para afrontar todos los desafíos que la vida nos proponga. Si trabajamos, si adquirimos la luz clara del conocimiento, podremos albergar la calma en la tempestad, el consuelo en los procesos amargos, y la esperanza en un futuro mejor aunque todavía no lo veamos. Esta es la más importante decisión que debemos de tomar para alcanzar el gran ideal, la gran propuesta a la que estamos invitados.

 

Crisis mundial por: José Manuel Meseguer

©2017, Amor, Paz y Caridad

 

(*) Mensaje psicofónico recibido por el médium Divaldo Pereira Franco en el año 2010, durante el encuentro del Consejo Espirita Internacional en Varsovia (Polonia).

ENDIOSAMIENTO Y MEDIUMNIDAD

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Endiosamiento y mediumnidad

A la hora del estudio y práctica de la mediumnidad es necesario mantener siempre vivo el  autoanálisis y una vigilancia estrecha de nuestros pensamientos y sentimientos para no desviarse del camino, de los objetivos que nos demanda dicha práctica; de lo contrario es muy fácil caer por derroteros que no nos benefician, aún incluso pueden llegar a perjudicar el normal desenvolvimiento de una facultad.

Cuando se produjo el conocido momento en donde el espíritu de Emmanuel manifestó el compromiso que traía con Francisco Cándido Xavier y las tres condiciones esenciales para el éxito del trabajo espiritual en común; es decir, disciplina, disciplina y disciplina; no se refería exclusivamente a este concepto desde el punto de vista práctico, de trabajo metódico, regular; si no a la disciplina moral por controlar y someter sus malas tendencias morales en beneficio de la obra que apenas acababa de iniciar.

En efecto, es muy importante no perder nunca el norte; poseer unos principios, unas bases de conducta para no desviarse nunca de ellas.

El trabajo diario, los acontecimientos, las experiencias y circunstancias en el camino nos van marcando, y depende de nuestra actitud, de nuestras reacciones ante esas circunstancias, el que podamos avanzar con paso firme, y con el consiguiente éxito o fracaso en nuestros objetivos.

La mediumnidad es básicamente un trabajo en equipo. La parte visible, el médium propiamente dicho, junto con el resto de componentes, han de formar un conjunto armónico, en sintonía con los espíritus nobles. Tarea nada fácil pues exige compromiso firme y voluntad decidida de cambio moral, para ajustarse a la frecuencia vibratoria de los hermanos espirituales superiores.

De las experiencias se han de sacar buenas conclusiones así como de los errores que podamos cometer, estando siempre abiertos al análisis continuo y al discernimiento. A modificar rumbos, en caso necesario, cuando no nos son útiles o equivocados. Para ello es necesaria una cierta humildad, ser conscientes de nuestras enormes limitaciones y de lo mucho que nos queda por corregir y aprender. De lo contrario, no sólo podemos caer en el fanatismo del que ya hablamos el mes anterior sino también en el endiosamiento, que es la creencia en la infalibilidad, en creer que son siempre los espíritus superiores los que comunican a través de nosotros; olvidando la posible intervención de los espíritus mixtificadores y la inevitable cuota de animismo que puede aparecer en mayor o menor grado.

Éxitos pasados no garantizan éxitos futuros. La mediumnidad es inseparable de la condición humana, de las diferentes etapas del ser. Estamos sometidos como cualquier persona, a los altibajos propios de la vida, y esto afecta al intercambio entre los dos planos.

La falta de vigilancia y de control moral puede propiciar la incursión de espíritus que se entrecruzan en el camino para desestabilizar. Como buenos estrategas, primero estudian a sus posibles víctimas, observando concienzudamente sus debilidades, sus taras morales, para obrar en consecuencia. La ley de afinidad, por la cual el semejante atrae al semejante es un factor determinante, puesto que esa parte negativa busca la manera de inclinar la balanza a su favor, sugiriendo e incentivando pensamientos que ensalcen al médium, haciéndole creer que es casi infalible, que su valía, conocimientos y experiencia le van a llevar siempre por un camino seguro, olvidando o incluso rechazando la necesaria colaboración de sus compañeros que, por lo general, no suelen estar tan influenciados, siendo más objetivos a la hora de valorar un trabajo, unos resultados.

Por tanto, el amor propio, el orgullo y la vanidad, son como antenas que facilitan la aproximación, por esa misma ley de afinidad, de entidades desequilibradas, que buscan el fracaso del médium y de las personas que componen el grupo de trabajo.

El endiosamiento por lo tanto, está muy vinculado al orgullo. ¡Cuántos médiums se creen casi infalibles! En permanente conexión con el mundo espiritual, con una serie de espíritus que están a su servicio para rebelarles cualquier curiosidad o información que precise el sensitivo. Consideran la mediumnidad como un don, algo que les hace especiales, por encima de los demás.

Los “avisos” o mensajes que recibe moralizantes, tratando con dulzura y mucho tacto corregir las malas tendencias, considera el médium endiosado que es para los otros y no para sí mismo. Con lo cual, aquello de lo que se podría haber tomado nota para ir corrigiendo, se interpreta como un bello comunicado de solidaridad y amor universal, pronto para olvidar.

Del mismo modo, cuando los excesos del ego hacen acto de presencia y los análisis constructivos del trabajo mediúmnico se ponen sobre la mesa, muchos mediums se retraen, se consideran incomprendidos, juzgados, optando por el rechazo y el aislamiento. A partir de ese momento el bajo astral ha conseguido su objetivo que es distanciar al médium invigilante, desprevenido, orgulloso de su trayectoria. Esta circunstancia puede llegar a propiciar que bellas mediumnidades en desarrollo o en etapas de aprendizaje desistan ante la falta de humildad y de un sentido autocrítico que les haga ver la realidad para corregirse.

Por otro lado, la falta de autocontrol, de la suficiente paciencia y regularidad en los trabajos hacen que muchos ansiosos desistan por el motivo de no conseguir en los plazos que se habían marcado los resultados, que, probablemente otros sí hayan conseguido con aparente menos esfuerzo; olvidando que cada médium es un mundo, que su desarrollo y cualidades dependen de muchos factores que no estamos en condiciones de juzgar. No hay que olvidar nunca que Dios no es arbitrario, y que: “A cada cual según sus obras”; del presente y las sembradas en el pasado.

Por otra parte, animar en exceso, alentar, y el estar muy pendientes del éxito del médium incipiente también puede tener consecuencias negativas, puede llegar a creer que es imprescindible y que su trabajo es el más importante. ¡Lamentable error! De ese modo, el elogio si no se considera como un estímulo para mejorar, puede llegar a ser mucho más peligroso que la crítica.

Una persona muy sabia decía que “al médium se le prueba en todo”. Nadie está, por tanto, libre de equivocaciones, de errores, todos estamos sometidos a unas mismas leyes, a unos mismos principios a los que nos debemos de someter inexorablemente. No existen privilegios para nadie, lo que cada médium logra es una conquista adquirida, sin embargo, el aprendizaje no cesa nunca.

No existe médium perfecto por la sencilla razón de que no existen personas perfectas. Hasta el mismo maestro Jesús, con toda su grandeza, siendo el espíritu más grande que jamás a encarnado en la tierra, también se vio expuesto al examen de rigor, a lo que se denominaban “tentaciones” según algunas religiones, para darle la posibilidad de reafirmar con su respuesta enérgica,  su compromiso y fidelidad a una misión.

La mediumnidad de prueba e incluso impuesta es una bella dádiva divina, que actúa como poderoso auxiliar en la evolución del espíritu muy endeudado. Por lo general, espíritus muy viejos cuyas imperfecciones han salpicado, perjudicado e influenciado negativamente a muchos espíritus en el pasado. Es por ello, que el rescate debe de ser arduo y laborioso para conseguir, con el auxilio de los espíritus superiores, enmendar errores, colaborando en la obra divina, a la que hemos estado convocados muchas veces pero con bastante desacierto o dándole la espalda.

Como explica muy bien el propio espíritu de Emmanuel: «Casi siempre, los médiums son Espíritus que caen de las cimas sociales, por los abusos de poder, de autoridad, de fortuna y de inteligencia, y que regresan al planeta terráqueo para sacrificarse en favor del gran número de almas que desviaron de las sendas luminosas de la fe, de la caridad y de la virtud.»

Por lo tanto, el endiosamiento y la vanidad nunca pueden tener cabida, porque no se corresponde con la realidad espiritual del ser. Como reza un viejo adagio: “Cuanto más elevado es un espíritu, más humilde se torna, ante la grandeza que descubre ante sí y la comprensión de su insignificancia.”

 

Endiosamiento y mediumnidad por: José Manuel Meseguer

©2017, Amor, Paz y Caridad

RENOVACIÓN EN EL MOVIMIENTO ESPIRITA

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Renovación en el movimiento espirita

La doctrina espírita, con su carácter renovador de conciencias, significa un descubrimiento excepcional para aquellos que beben de su filosofía, su ciencia, y con las connotaciones de tipo moral que suponen. Son las respuestas a las preguntas trascendentales de la vida: La existencia de Dios, la inmortalidad del alma, la reencarnación, etc.  De una forma clara y racionativa nos aproxima, o más bien, nos invita,  a reflexiones muy profundas respecto al sentido de la vida y a su trascendencia.

Es para muchos la nueva aurora, el nuevo paradigma que se abre paso, como una pequeña luz entre profundas tinieblas, una oscuridad que se remonta a la noche de los siglos, impregnada del prejuicio, la intolerancia, los dogmas, el fanatismo, y tantas otras taras del carácter humano, producto de nuestras pasiones,  que ya están llegando a su fin; una vez cumplidos los plazos ante el cambio de ciclo planetario, que de una forma natural nos sobreviene, exigiendo cambios de actitud y de mentalidad.

Tanto para aquellos trabajadores que vienen de una familia de tradición espírita, como aquellos que se van incorporando en este movimiento renovador, se nos exige mucho esmero y dedicación. Nuestro comportamiento es observado atentamente por personas de nuestro entorno; sacando sus propias conclusiones en virtud de lo que ven, de lo que perciben; observando claramente las posibles  diferencias entre lo que hablamos y lo que hacemos. Por tanto, la honestidad, la coherencia, el sentido de la responsabilidad en aquellos que se denominan espíritas es fundamental para darle relieve social a este movimiento singular, especial.

No es una filosofía de vida más, es algo mucho más profundo, de un calado capital. Hemos de ser dignos precursores, dignos trabajadores para que podamos servir de pantalla, de espejo para muchos que buscan pero que desconfían de las estéticas, de los disfraces, de las apariencias, de las contradicciones humanas que desvirtúan y decoloran bellas ideas, nobles ideales. Alguien dijo que las ideas convencen pero que el ejemplo arrastra, y es totalmente cierto. Por todo ello,  la responsabilidad de aquellos que nos llamamos espíritas es máxima. Cada quien podrá aceptar su rol, su cuota de responsabilidad, pero como bien nos dice el evangelio, en palabras del Maestro: “Se le pedirá mucho a quien haya recibido mucho”; pero también nos advierte: «Toda planta que mi Padre Celestial no ha plantado, será arrancada de raíz«.

Es en la propia doctrina espírita donde el Espíritu de Verdad, recordando y haciendo resumen del mensaje sublime de hace dos mil años nos dice categóricamente: Un primer mandamiento: Amaros, aquí os dejo el segundo: Instruíos.

Dicho mensaje inapelable nos marca una hoja de ruta muy clara, sin vacilaciones. Es necesaria la práctica del amor espiritual en sus diversas vertientes. A través del sentimiento de aprecio, de afecto; con un espíritu de colaboración con aquellos con quienes compartimos ideales y objetivos. Haciendo de la fraternidad el estandarte, la referencia en las relaciones humanas. Asumiendo todas sus consecuencias, nos damos cuenta de que no puede ser de otro modo. Aquellos que acudan a nuestros centros han de observar el calor humano de la solidaridad, esos valores en donde se cimentan las relaciones humanas verdaderamente cristianas, pero sin tufos sensibleros, sin misticismos impropios de la época que nos ha tocado vivir, sin tics religiosos que puedan hacer recordar otros cultos. Con naturalidad, con sencillez, hospitalidad y ofreciendo verdadera amistad.

Buscando también la luz del conocimiento como complemento para reforzar con su claridad nuestra voluntad de progreso, de mejorar nuestro interior, con ese foco lleno de  ideas renovadoras que supone la doctrina espírita codificada por Allan Kardec, estimulantes hacia la regeneración moral, ante el amplio escenario de posibilidades que nos ofrece la propia vida, siempre generosa e imperecedera.

Desarrollando el raciocinio, el discernimiento. No buscando erróneamente la acumulación de información, de conocimientos, sino educarnos para pensar por nosotros mismos, siendo libres de ataduras; del peligro de convertirnos en mitómanos de otros que han transitado o transitan por el movimiento espírita, como si fueran los nuevos santos, los nuevos gurús que están en contacto permanente con los planos superiores. Como si ello les confiriera una infalibilidad como antaño se creía en otras religiones. No dudamos de su valor y aportación innegable, pero no debemos adoptar  posturas fanáticas.

Otro aspecto importante es que los centros espíritas han de ser independientes para poder desarrollar su propia personalidad. Se pueden marcar unas pautas generales desde organizaciones nacionales o internacionales, pero sin que sirvan de excesivo control, por el deseo de “mantener a toda costa la pureza doctrinaria”. Cada centro es responsable de sus actos, y es necesaria una cierta libertad de elección, en la manera en que se desenvuelven sus actividades y trabajo. En cualquier caso, ¿quién se puede arrogar dicha autoridad? ¿Quién decide el que va por el buen camino y el que no?.. Hay una guía que es inapelable: “A mis discípulos los reconoceréis por sus obras y porque se aman los unos a los otros”.

En “Obras Póstumas” nos encontramos con la siguiente reflexión del codificador: “Así será el espiritismo organizado. Los espíritas del mundo entero tendrán principios en común que los ligarán, como a una gran familia, por los vínculos sagrados de la fraternidad; pero la aplicación de esos principios variará conforme a los lugares, sin que por ello se rompa la unidad fundamental o se formen sectas disidentes, lo que sería una conducta netamente antiespírita.

Siempre hay que recurrir al sentido común. Como nos dice el codificador, nos debemos de adaptar al entorno en el que nos desenvolvemos, sin  adoptar normas o pautas estrictas, alejadas de la realidad social del país.

El mismo texto de Allan Kardec continúa reflexionando: “Los centros espíritas serán los observatorios del Mundo Invisible, intercambiarán todo aquello que hayan obtenido de bueno y que sea aplicable a las costumbres del lugar donde estén establecidos…” 

Y añade: “El espiritismo es una cuestión de fondo; aferrarse a la forma sería pueril e indigno de la grandeza de la Doctrina. Por esa razón, los diferentes centros que hayan captado el auténtico espíritu de la doctrina deberán darse las manos y unirse para combatir a sus enemigos comunes: la incredulidad y el fanatismo.

Cuando hay buena voluntad, deseos sinceros por mejorar, por hacer algo útil por uno mismo y por los demás, el entendimiento, primero en el propio centro espírita y posteriormente en la relación con otros, llega por sí solo. Empero, cuando nos centramos casi exclusivamente en el conocimiento y su divulgación, pero descuidamos el corazón,  las relaciones personales, es entonces cuando vienen los conflictos, los distanciamientos. Son comparables muchas veces a los matrimonios rotos pero que guardan hacia el exterior las apariencias, sin voluntad de diálogo ni tampoco de solucionar el problema, porque consideran que están en la línea correcta y es el otro el que está equivocado. ¿Por qué habría de cambiar y por qué tendría que ceder?

Como dice un viejo axioma: “La vida es del color del cristal con que se mira”. Todos tenemos nuestro punto de vista, en base a nuestras características personales y a las peculiaridades del entorno al que pertenecemos. Por tanto, nos debemos respeto y comprensión, tolerancia para con las faltas ajenas y espíritu de colaboración, de avanzar respetando la singularidad de los demás.

Otro aspecto que puede no ser muy acertado, aunque no exento de buena fe, es el hecho de representar al movimiento espírita en los eventos internacionales a países a los que no pertenecemos; bien por el hecho de vivir temporalmente o de una manera ya estable en ellos, o quizás por tener una relación asidua y cordial con algunos nativos simpatizantes de la doctrina espírita. Si un país no tiene representación no debe de constituir un problema. Por ejemplo, si un latino vive en un país del norte de Europa, siendo espírita, organiza un grupo en dicho país para desarrollar un trabajo con otros simpatizantes latinos, pero con escasa o nula presencia autóctona, no puede pretender representar a un movimiento que todavía no está suficientemente desarrollado en aquel país. Podrá acudir al evento como espírita, o si se prefiere como “ciudadano del mundo”, pero nada más.

Y seguramente tendrá poco éxito en la divulgación en aquel lugar, si pretende mantener los mismos hábitos, las mismas costumbres latinas, sin tener en cuenta la mentalidad propia de aquel entorno, como ya apuntábamos anteriormente. A la gente hay que ganársela primero con el ejemplo, con el primer precepto que hemos comentado del Espíritu de Verdad, es decir, el amor puesto en práctica en sus múltiples manifestaciones. Acercándose a sus problemáticas, amoldándose uno a sus costumbres y aspectos sociológicos y culturales y no esperar lo contrario, es decir, que sean ellos los que deban hacerlo.

Resumiendo este análisis podríamos decir que, debemos de ser estrictos y disciplinados con nosotros mismos en el aspecto moral y claramente flexibles, con mente muy abierta  a la hora de ver las necesidades ajenas y la fórmula para llegar a ellas. Esa será la mejor manera de poner en práctica valores fundamentales como son la comprensión y  el amor.

 

Renovación en el movimiento espírita por:   José M. Meseguer

©2017, Amor, Paz y Caridad

EL PELIGRO DEL FANATISMO

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El peligro del fanatismo

Uno de los principales escollos con los que se pueden encontrar fácilmente los médiums así como los grupos mediúmnicos, es el peligro de caer en el fanatismo; una trampa que envuelve a muchas personas y cuyas consecuencias suelen ser lamentables.

El gran psicólogo alemán Erich Fromm define el fanatismo en sus aspectos más profundos como un intento de escapar de la soledad, el deseo de establecer vínculos afectivos con otras personas que creen igual, disminuyendo así el miedo a la libertad y a la soledad a la misma vez. La persona fanática no duda ni un momento el tener la verdad en su poder y no necesita cuestionarse esa verdad como lo haría el relativista.

Las críticas exteriores les interesan muy poco, se sienten cómodos en su círculo de amistades o de compañeros de grupo que piensan como él.

Es una constante del ser humano la búsqueda de una seguridad que le eleve la autoestima y que le confiera tranquilidad y estabilidad interior. No nos sentimos cómodos en la duda, nos gustan preferentemente los conceptos claros, los caminos seguros y sin complicaciones; las pautas de trabajo establecidas sin pararse a pensar demasiado.

 Dijo el gran filósofo francés del siglo XVIII Denis Diderot: “La ignorancia está más cerca de la verdad que el prejuicio”. Lo que significa que cuando se es ignorante, (todos lo somos en mayor o menor medida), pero se mantiene vivo el interés por aprender y mejorar; observando y analizando, resultará más sencillo descubrir nuevas verdades. Por contra, el prejuicio, las ideas preconcebidas, pueden llegar a entorpecer mucho llegando a anular la razón, no dejando vislumbrar otras posibilidades; pensamos que estamos haciendo lo correcto y que la verdad está de nuestra parte.

¿El ejercicio de la mediumnidad está exento de este problema? Sin duda que no. Nos corresponde a cada uno analizarnos y revisar nuestras pautas de comportamiento y de trabajo. Bien es cierto que en los grupos espíritas se necesitan marcar unas pautas, necesarias para el normal desenvolvimiento de la actividad con el mundo espiritual, pero muchas veces se descuida el trabajo interior, el desarrollo de unos valores morales que nos permitan dominar las malas inclinaciones.

Al mismo tiempo es muy necesario fomentar la fraternidad fruto del conocimiento mutuo, de la verdadera amistad, del auténtico compañerismo. Si no trabajamos por crear un ambiente positivo a lo largo de la semana, difícilmente podremos en apenas unos minutos, establecer una sintonía adecuada para el normal desenvolvimiento de las facultades en las distintas tareas a realizar. Esto no sólo se consigue a través del empleo del tiempo en actividades como la exposición de charlas, conferencias o cursos programados. El trabajo en grupo requiere muchas más cosas que simplemente conocimiento o pases.

Otro problema que puede surgir, también consecuencia de los prejuicios, de los preconceptos en el intercambio con el más allá, es que se pierden muchos detalles por la falta de observación, por no estar abiertos para captar las necesidades del momento. Además, hay que estar atentos para no dejarse llevar por los espíritus mixtificadores, engañosos, que contribuyen a “pasar la velada” pero sin aportar nada sustancial. Por el contrario, en muchas ocasiones, no les otorgamos la importancia que merecen a los consejos que la parte espiritual positiva nos hacen, conocedores de nuestra realidad y necesidades.

Una actitud abierta, ecuánime, nos permitirá comprender que la experiencia no tiene el por qué ser siempre la misma para todos los grupos. Las necesidades y circunstancias pueden variar de unos casos a otros. Eso hace que cuando nos hablan de otras formas de trabajo, de entender la mediumnidad y su puesta en práctica, no debemos rechazarlas sistemáticamente.

Algunas escuelas filosóficas nos hablan de que el camino de la evolución no es una línea recta sino una espiral, en donde periódicamente regresas por donde habías pasado pero desde un ángulo superior, revisando lo ya aprendido, descubriendo verdades más profundas que la experiencia adquirida y la madurez te permiten captar. Siempre tenemos posibilidades de mejorar, de aprovechar la experiencia acumulada para crecer siempre y ampliar el acervo espiritual. El fanatismo es un gran freno que retarda y limita extraordinariamente el progreso.

Hace falta entusiasmo por lo que hacemos, visualizar un camino por recorrer, ilusión por conseguir unas metas, unos logros. Para ello hace falta una cierta disciplina pero sin vetos, sin muros infranqueables, sin métodos de trabajo que no puedan estar abiertos al análisis, al dialogo, al consenso; tratando de ver lo positivo de cada situación, y eliminando aquello que pueda estar obsoleto, que sea improductivo o que no aporte nada al conjunto.

Como dice el viejo adagio evangélico: “Ayúdate y el cielo te ayudará.” Si no damos el primer paso, o si lo damos y en un primer momento trabajamos con entusiasmo pero con el tiempo nos dejamos llevar por nuestras tendencias y no hacemos caso a las señales, los avisos que de un modo u otro nos pueda hacer llegar la parte espiritual positiva, sobre los aspectos que debemos mejorar para un óptimo ejercicio de la mediumnidad, corremos el riesgo de caer en manos de los espíritus engañosos, en la práctica de un trabajo improductivo o estéril. Algo que con el tiempo, suele pasar factura entre los miembros del grupo, desanimando y provocando incluso deserciones.

Nuestra inferioridad moral nos demanda mucha atención. El espiritismo es un caudal generoso de conocimiento y de luz, pero hay que saber aprovecharlo. Somos todavía demasiado frágiles espiritualmente porque no tenemos fijados y desarrollados en nuestro ser los valores fundamentales para tener el éxito asegurado en tan gran empresa.

León Denis nos avisa: “Una gran prudencia es necesaria para entrar en comunicación con el mundo invisible. El bien y el mal, la verdad y el error están allí mezclados, y para distinguir a uno de otro es preciso pasar por todas las revelaciones y todas las enseñanzas por la criba de un juicio severo.”

Aciertos pasados no garantizan éxitos futuros. Como nos dice León Denis, hay que estar muy atentos, darle el valor que merecen a las comunicaciones.

Tampoco vale ampararse siempre en los años de trabajo; el tiempo no es garantía de acierto. Un error mantenido a lo largo de los años, sigue siendo un error.

Es muy importante fijarse en los resultados obtenidos, en hacer balance de lo conseguido, de los progresos alcanzados, en el bien (real) que se ha hecho a los demás.

Cuando las cosas ya no funcionan bien, cuando los problemas se acumulan, surgen las crisis de grupo, que nos obligan a enfrentarlos con serenidad y con una mente abierta. Son verdaderos desafíos en donde cada quien ha de buscar su parte de responsabilidad, anteponiendo el bien común por encima de los propios intereses.

Para concluir decir que es muy importante mantener vivo el deseo de mejorar y de aprender. No aceptar las cosas porque sí, sin antes someterlas al juicio personal, a sacar conclusiones por nosotros mismos para no dejarse arrastrar por nada ni por nadie. Allan Kardec fue un ejemplo muy claro de raciocinio; como lo llegaron a definir: “el sentido común encarnado”; tratémosle de imitar, no seamos todo lo contrario.

Debemos de acostumbrarnos al dialogo sincero con nuestros compañeros, utilizando las herramientas que el espiritismo nos proporciona, conjugando conocimiento con experiencia, fruto del trabajo prolongado en el tiempo y la observación. Si se armonizan bien esos elementos, nos podremos evitar muchos entorpecimientos y estaremos en el camino para afrontar todas las dificultades, todos los desafíos que nuestro compromiso personal y colectivo nos demande.

 

El peligro del fanatismo por: José M. Meseguer

© 2016 Amor, Paz y Caridad

 

LA GRAN FIGURA DE TODOS LOS TIEMPOS

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el enviado, la gran figura de todos los tiempos

A lo largo de estos últimos meses hemos estado hablando, en base al Evangelio según el Espiritismo, sobre las palabras del Maestro Jesús; sin duda, la gran figura de todos los tiempos. Ha sido como un apartado especial, una subsección dentro de la sección “Apartado Espirita”.

Han sido reflexiones que ni mucho menos han sido pretenciosas, conscientes de nuestras enormes limitaciones espirituales y del gran atraso evolutivo en el que todavía estamos inmersos.

Para cerrar estos meses de comentarios sobre las grandes enseñanzas del inigualable rabí, vamos a concluir hablando sobre su propia figura, majestuosa, y de las perspectivas de futuro, en cuanto a la esperanza de que algún día, Dios lo quiera, podamos acercarnos a la comprensión de su grandeza, de su trascendental misión, y de lo mucho que nos ha aportado y nos sigue ofreciendo desde tiempos inmemoriales.

“Conocerlo es amarlo”; y puesto que no lo conocemos todavía, por eso no lo amamos lo suficiente. Tarea esta en la que estamos embarcados desde tiempo inmemorial, desde la noche de los tiempos, despertando muy lentamente nuestras conciencias, escuchando una voz en la lejanía que nos habla de cosas extrañas como son el amor al prójimo, el perdón, la bondad, la abnegación, la humildad…. Palabras que ahora, después de muchas existencias, empezamos a entender que no a practicar, aunque resuenen en nuestro interior.

Es la eterna llamada, son los procesos evolutivos que siguen su curso. Sufrimiento, dolor, pasiones, libre albedrío, ignorancia, orgullo y egoísmo… Son muchos impedimentos, muchas trabas; complicaciones producto de nuestros errores que nos mantienen dentro del atraso moral, dificultando la ascensión… Empero, esa voz lejana, profunda, vibra en nuestras conciencias: ¡Ama! ¡Perdona! ¡Renuncia a ti mismo!…. ¡Yo te amo! ¡Yo te espero! ¡Soy tu consuelo y esperanza! …. ¡Sí!  ¡Es Él!

Sin embargo, nuestra inferioridad y la falta de autoestima muchas veces nos hacen rechazar esta idea. ¡No es posible! Soy demasiado mezquino para que se pueda fijar en mí. Hay mucha gente que vale mucho más que yo, como para fijarse en este pobre diablo, dominado todavía por las tendencias materiales y los defectos… Él contesta: “Yo soy la puerta de las ovejas, ninguna se perderá.”

Él es el gran gobernador. El Padre le otorgó la responsabilidad de conducir a este planeta, a esta humanidad por los caminos del progreso hasta alcanzar la mayoría de edad. Trabajó junto a los ingenieros siderales, para configurar y preparar esta escuela llamada Tierra, para albergar almas en sus procesos primarios, superando las distintas etapas evolutivas con su ayuda y la de una cantidad ingente de espíritus superiores que colaboran con Él, en ese gran ensayo de pruebas, expiaciones y ascensiones hacia nuestro destino final que es la plenitud, camino de la perfección.

Encarnó entre nosotros para hacerse visible. Tuvo que hacer un gran sacrificio para renunciar temporalmente a los planos angélicos a los que pertenecía para descender vibratoriamente, hasta alcanzar un nivel que le permitiera mezclarse con nosotros en un cuerpo físico. Tarea compleja y difícil que le supuso un gran esfuerzo, pero su compromiso para con nosotros y su amor sin límites así se lo exigía.

Algunos lo reconocieron apenas verlo; otros, pese a estar a su lado y compartir muchos momentos con Él, no supieron valorar su comportamiento, sus acciones, sus ejemplos, sus palabras. Estaban todavía verdes, envueltos en las redes materiales, en una inferioridad que no les permitía ver más allá. “El que tenga oídos para oír, que oiga; el que tenga ojos para ver, que vea”.

En el evangelio según San Mateo; 11,11; nos encontramos con las palabras del Maestro respecto a otro gran profeta de su tiempo, cuando afirma: “Entre los nacidos de mujer, no hay ninguno mayor que Juan, el Bautista.” Sin embargo es el propio Juan Bautista quien reconoce la dimensión espiritual y la misión que traía la Gran Figura declarando: “Es necesario que El crezca, y que yo disminuya. El que procede de arriba está por encima de todos….” (Evangelio según San Juan; 3;30-31)

María, hermana de Marta y Lázaro en Betania, o Juana esposa de Cusa, el Intendente de Herodes Antipas, entre otras, fueron algunas de las almas sensibles y audaces que bebieron hasta saciarse de su sabiduría y amor.

Otros, sin llegar a conocerlo, sólo a través del mensaje que les iba llegando a través de sus discípulos; aceptaron, comprendieron y cambiaron. Otro ejemplo inigualable es el de Pablo de Tarso, de perseguidor llegó a convertirse en su más fiel servidor.

Entre sus discípulos más cercanos, muchos, pese a su buena voluntad, cayeron presa de sus debilidades y defectos. Algunos, rectificaron a tiempo, modificaron aquello que no estaba bien de su interior, para centrarse exclusivamente en el Gran Mensaje renovador, al servicio de la Gran Causa.

Otros, comprendieron una vez se despojaron de la materia, reaccionaron con energía y trabajaron en las sucesivas existencias renovándose hacia la plenitud. Algunos reencarnando en vidas sacrificiales, abnegadas, extendiendo por el mundo y en el tiempo el Sublime Mensaje de Amor.

Desde entonces son muchas las almas que se han unido a la Gran Causa. Alentados y estimulados por Su Pensamiento, trabajan, se esfuerzan en todos los rincones, en una tarea silenciosa, humilde, ofreciendo ayuda y buenos ejemplos para oxigenar un mundo que se debate entre la desesperanza y el desconsuelo. Son fuentes vivas de agua pura; con su sencillez, salen desde todas las capas sociales. Es su comportamiento más que sus ideas o palabras. Demuestran día a día, un fuerte compromiso con sus semejantes, sobre todo con los más desfavorecidos, no sólo con aquellos que no disponen de medios económicos o materiales, sino también con aquellos que teniéndolo todo se sienten vacíos, sin rumbo, erráticos. Estos trabajadores son los verdaderos héroes.

Tras ellos se encuentra el Maestro; son los instrumentos con los que se vale para que el programa divino se plasme en el mundo. Actualmente, y en base a los cambios que se operan, están viniendo, como si de una lluvia de estrellas luminosas se tratara, espíritus venidos de otras dimensiones, y también otros que en su día comprendieron y trabajaron hasta madurar el mensaje legado por Jesús, y ahora se encuentran libres de cargas del pasado, limpios y con la predisposición necesaria para colaborar en la consolidación del nuevo mundo, aquel que nos está prometido.

Su mensaje está ahí. Manipulado, tergiversado muchas veces, interpretado interesadamente; sin embargo, al final se impondrá la verdad, la oscuridad dará paso a una luz progresiva que se irá abriendo paso, inexorablemente. A partir de ese momento, los pobladores de este mundo comprenderán mejor, lo cual, les permitirá profundizar en sus enseñanzas, sensibilizándolos. Una puerta que permitirá acercarse más a Él, comprenderlo para mejor amarlo.

Él nos espera desde hace siglos, lo tenemos cada vez más cerca. Imaginemos por un momento, el día del reencuentro, la felicidad, el gozo sin igual. No habrá palabras que puedan explicar tal emoción. Trabajemos para que ese día llegue pronto, con la esperanza de ser dignos de su amor y misericordia.

La gran figura de todos los tiempos por:   José Manuel Meseguer

©2016, Amor, Paz y Caridad

[infobox]“Gracias al espiritismo, el ideal cristiano no perecerá; los preceptos del evangelio dominarán siempre las conciencias como la gran figura de Jesús dominará el curso de los siglos»

(León Denis)

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PREÁMBULO ASPECTOS MEDIUMNICOS

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Preámbulo mediumnidad

Iniciamos este mes la nueva sección, Aspectos Mediúmnicos y este artículo sirve como preámbulo de la misma. Con el interés de profundizar en aquellos temas que consideramos muy importantes para el desenvolvimiento del ser, así como de sus necesidades evolutivas; vamos a retomar el tema de la mediumnidad para seguir, como ya se ha hecho a lo largo de los años en esta revista con otras secciones similares, ahondando un poquito más, si cabe, en los aspectos mediúmnicos.

La mediumnidad es una fuente inagotable de enseñanzas y experiencias. Hablamos de planos sutiles, de energías que se combinan, entre desencarnados y encarnados, manifestaciones de todo tipo que surgen espontáneamente, o de otras que, además son consecuencia de una preparación, de un trabajo, de un compromiso de grupo.

Es un tema delicado, cada grupo de trabajo tiene su propia experiencia, no siempre muy satisfactoria. Es muy fácil caer en equivocaciones, en ser presa, si  no se está lo suficientemente atento y preparado, de seres engañosos, de rutinas de trabajo mal enfocadas, de inestabilidades personales que en los grupos interfieren y perjudican al conjunto, muchas veces, casi de una forma casi imperceptible, desviando el barco ligeramente de su rumbo, del cual, cuando se dan cuenta, si finalmente son capaces de ello, se encuentran bastante alejados de su objetivo, dando por bueno, considerando como un trabajo correcto, aquello que no se corresponde con los objetivos iniciales.

Hay que ser muy prudentes, analizarlo todo, pues podemos caer en errores con facilidad. Es normal, somos seres muy imperfectos todavía, estamos hablando del trabajo con energías, con planos muy sutiles, de los que, tal y como transcurre la sociedad materialista de hoy día, cuesta mucho trabajo estar preparados para sintonizar adecuadamente con ellos; ya no solo a nivel personal, del esfuerzo propio, sino también de aquellos que comparten las mismas ideas y participan de los mismos trabajos mediúmnicos, en un intento por armonizarse en conjunto con una finalidad constructiva y altruista.

A lo largo de los próximos meses abordaremos la mediumnidad, incidiendo en los principales escollos que nos asaltan en los comienzos, así como cuando se lleva recorrido un largo trayecto de años. En este tema, nunca se sabe suficiente y hasta lo más básico, muchas veces se nos olvida, cometiendo errores de principiante. Hay que estar muy atentos. En estos casos son muy importantes las palabras del Maestro cuando nos decía: “Orad y vigilad”. Los grandes pensadores espiritas de todas las épocas, como León Denis, Gabriel Delanne, Miguel Vives, Amalia Domingo Soler, y un largo etc., hasta incluso el propio Allan Kardec, nos recomiendan siempre mucha moderación, mucha prudencia; y esto no nos lo recomiendan porque sí, sino porque ellos mismos tuvieron experiencias fallidas, también cometieron errores, a veces propios, a veces inducidos por su buena fe, sin tener en cuenta la inestabilidad de los propios médiums, puesto que son personas con sus defectos y virtudes, como todo el mundo, estando expuestos a los altibajos propios de las circunstancias y pruebas de la vida. En cuyo caso, es necesario, realizar una valoración de los hechos, para rectificar y extraer la consecuencia positiva de las situaciones; tomándolas como pruebas edificantes que deben de engrosar el libro de experiencias de cada grupo, muy útiles para proseguir creciendo en el camino mediúmnico.

Incidiremos en los dos grandes escollos que han echado a perder a muchos grupos, creados alrededor de algún médium, que son el fanatismo y el endiosamiento. También, como hemos comentado anteriormente, la falta de análisis, de criterio, muchas veces por la falta de estudio, de análisis de las obras fundamentales, por la falta de humildad para contrastar con otros grupos y hasta incluso, pedir consejo sobre las dificultades del momento. Cuando estas premisas no se tienen en cuenta, además de los anteriores escollos mencionados, es muy fácil caer también en la fantasía, en dar por bueno todo aquello que se recibe; admitiendo como mensajes elevados y profundos aquellos que son muy largos, ampulosos, redundantes, retóricos y hasta exagerados.

“El exceso en todo es perjudicial, pero, ante tales casos vale más pecar por exceso de prudencia que por demasiada confianza” (Libro de los Médiums)

No podemos pasar tampoco por alto el factor anímico, fenómeno normal es los inicios del desarrollo de la mediumnidad y que, con el paso del tiempo, y en función de las características personales, debe ir cediéndole el paso a una intervención espiritual más o menos limpia.

En esa línea, la mediumnidad no es por tanto una ciencia exacta, está sujeta a una infinidad de variables que determinan la pureza o no del intercambio entre los planos.

Médiums perfectos tampoco existen. En la pregunta 9, del capítulo titulado INFLUENCIA MORAL DEL MÉDIUM del libro de los Médiums nos encontramos con la siguiente respuesta: “¡Perfecto! ¡Ah! Vosotros sabéis que la perfección no está sobre la Tierra; de otro modo no estaríais en ella; di, pues, médium bueno, y esto será ya mucho, porque son raros. El médium perfecto seria aquel a quien los malos Espíritus no se hubieran “atrevido” jamás a hacer una tentativa para engañarle; el mejor es aquel que, no simpatizando, sino con buenos espíritus, ha sido engañado menos veces.”

Los espíritus lo dejan muy claro, la perfección no existe, sin embargo, esto no resta ni un ápice la ingente cantidad de comunicaciones valiosas, de las aportaciones que el mundo espiritual a vertido sobre los encarnados, traducidos en consuelos, luz de conocimiento, seguridad en el porvenir, caridad para los desgraciados y desorientados, estableciendo puentes para que la relación entre los dos planos sea posible, cada vez con mayor profusión y certeza en el porvenir.

 Como nos dice el propio León Denis: “La mediumnidad es uno de los medios por los que se ejecuta el plan divino…”

Es un nuevo despertar, es una palanca que nos impulsa para la identificación del ser, que nos refuerza el sentido de la vida; es la llave que nos abre la puerta entre los dos planos, tan sólo separados por una diferencia vibracional; porque en el fondo, el espíritu siempre es espíritu, y vive una experiencia humana, partiendo de su irrenunciable naturaleza espiritual.

La mediumnidad nos acerca a una realidad, y es que la muerte no existe. Sólo ocurre que el espíritu se despoja de aquello que ya no le sirve, que durante unos años le ha servido como herramienta de progreso, de trabajo; muchas veces duro, difícil, pero no exento de recompensa, de riqueza, de una conquista que nadie le podrá arrebatar.

La mediumnidad es un despertar, una ventana que se nos abre para no cerrarse nunca jamás. A través de ella, intercambiamos, aprendemos, recordamos, amamos y nos reconciliamos con nuestro pasado. Nos identificamos con el compromiso contraído, se nos hace más visible, más patente.

Pasamos de la creencia a la convicción. Ya no se trata en creer en el más allá o en los espíritus; es la certeza, la seguridad corroborada por los hechos.

“El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible”  (Oscar Wilde)

Merece la pena el esfuerzo. Intentaremos desglosar aquellos aspectos que puedan contribuir en nuestro aprendizaje, recordando lo ya aprendido, repasando viejos preconceptos, incluso en ciertos detalles que quizás apenas le hayamos prestado atención.

 

PREÁMBULO ASPECTOS MEDIUMNICOS por: José M. Meseguer

©2016, Amor, Paz y Caridad

 

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Kardec, en la pregunta 459 de “El Libro de los Espíritus” expone:

 ¿Influyen los Espíritus en nuestros pensamientos y acciones?

– En este aspecto su influencia es mayor de la que creéis, porque, con frecuencia son ellos quienes os dirigen.

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EL PODER DE LA ORACIÓN

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El poder de la oración

El pensamiento es una fuerza muy poderosa del que apenas empezamos a vislumbrar su verdadera dimensión. Cuando el Maestro, hace dos mil años indicaba: “Pedid y se os dará”, así como otras afirmaciones en la línea de los recursos que el ser humano puede movilizar, como por ejemplo: “La fe mueve montañas”, del que ya hablamos en esta sección; nos ponen sobre la pista de los enormes recursos de que disponemos pero que, por diversos motivos relacionados con nuestra ignorancia y atraso evolutivo, se encuentran todavía dormidos, en estado latente, apenas aprovechados.

Mucho se ha escrito y hablado sobre la oración desde diferentes ámbitos, como puede ser el religioso, espiritual, o el científico; por sus amplios beneficios, tanto psicológicos como para la salud. En este último aspecto, mencionaremos como ejemplo al doctor Andrew Newberg, director del Hospital Thomas Jefferson y el Colegio Médico de Pennsylvania; quien realizó diferentes estudios utilizando resonancias magnéticas, sobre la actividad cerebral en los momentos de meditación y oración, llegando a la conclusión, en base a los resultados obtenidos, de que dichas actividades espirituales tienen mucho poder, ayudan al ser humano a encontrar su equilibrio, a la recuperación de memoria, y hasta pueden, incluso, curar enfermedades.

De ese modo la ciencia, una vez más, se encuentra en su camino con lo que se consideraba patrimonio de las creencias religiosas y filosóficas de todas las épocas. Aquello que parecía un acto de fe, algo maravilloso y sobrenatural, se ha convertido actualmente, no sólo en un hecho racional y lógico, sino que viene avalado por investigaciones que convergen en un mismo punto, ofreciendo en su conjunto unos resultados concluyentes.

Con todo esto, no estamos significando que la oración sea un remedio infalible, al menos como lo podríamos entender equivocadamente, puesto que hay acontecimientos en la vida que no se puede alterar su curso, como por ejemplo, la pérdida de un ser querido, un accidente o enfermedad que provoque una situación física irreversible, etc. En estos casos la oración puede ayudar a sobrellevar con entereza y serenidad los cambios en la vida que puedan ir surgiendo; a tener valor, paciencia y resignación. O dicho de otro modo, a ajustarnos a la realidad evolutiva que nos corresponde en cada momento. A entender también, el significado, la enseñanza que encierran, porque nos obligan a hacer un esfuerzo moral y de comprensión para adaptarse bien a la nueva situación, sin perturbaciones ni rebeldías.

No obstante, la falta de claridad ante hechos difíciles, y cuando estos, además, se prolongan en el tiempo, también puede ser una prueba: “La incertidumbre nos pone a prueba la confianza y la sumisión a Dios”.

Sin duda alguna, la adquisición de un conocimiento espiritual puede ser muy útil. Buscar respuestas a las preguntas trascendentes de la vida como: ¿de dónde vengo?; ¿hacia dónde voy?; ¿qué sentido tiene la vida?; nos pueden ayudar a comprender los motivos por lo que nos sobrevienen determinadas situaciones.

Al mismo tiempo, a través de la oración, se intensifica la presencia de la misericordia divina, fruto de su amor, que todo lo envuelve. En un ejercicio de humildad cuando pedimos ayuda, se pone en acción su bondad, su generosidad, ajustándose lo máximo posible a nuestra idiosincrasia y problemática del momento. No importa demasiado si la situación que estamos viviendo actualmente obedece a errores del pasado, programada antes de encarnar para ponernos a prueba, o es fruto de nuestros errores actuales. La misericordia actúa siempre ante el acto de pedir ayuda, de solicitud como ocurre comúnmente entre un hijo y su Padre

Fundamentalmente, la oración puede ser orientada en tres vertientes principales:

  • La primera, pedir ayuda para uno mismo. Bien para reponer fuerzas, entender alguna situación que no comprendemos, luchar contra alguna debilidad que nos perjudica, resolver algún problema, etc. O bien pedir por otros, sus necesidades y problemas.
  • La segunda para dar gracias a Dios. Dejarse invadir por un sentimiento de gratitud, por todo aquello que hemos recibido. Es muy importante reconocer que la vida es un don precioso, del que no hemos hecho ningún mérito. Pese a nuestros errores, pese a nuestras imperfecciones, el sol sale igualmente para todos. Disfrutar de la naturaleza con su belleza inmensa. La vida nos ofrece la posibilidad de crecer, de amar, de ser dichosos, la alegría de ser útiles a los demás, de aprender y crecer. Gratitud por este cuerpo que nos posibilita ver, oír, sentir, hacer… En una palabra, tomar conciencia de lo mucho que se nos ha dado y de la generosidad permanente de quien nos ha creado.
  • La tercera, hermana de la propia gratitud, es para loar o glorificar. Del mismo modo que elogiamos y homenajeamos a aquellos que se destacan en el mundo por sus valores y hechos cruciales para la humanidad. Loar a Dios-Padre es homenajear a la vida que nos ha dado, al hecho de habernos creado a su imagen y semejanza, chispas divinas que se van abriendo paso lentamente, escalando los muros de la ignorancia y de la inferioridad espiritual, para algún día alcanzar todo su esplendor.

Estamos en un proceso natural por el que somos conducidos en la vida hacia la plenitud. La oración nos pone en contacto directo con la fuente principal, con la matriz que nos envuelve, coordina, protege y orienta en dirección a nuestro destino inevitable que es la perfección.

“Renunciar a la oración es desconocer la bondad de Dios, es renunciar para sí mismo a su asistencia, y para otros al bien que puede hacérseles”. (Allan Kardec)

Tampoco hay que caer en el error de creer que nos podemos poner muy pesados o que nuestras peticiones pueden no ser  importantes. Existe una gran verdad, dicha por una persona muy sabia que decía; “Nos cansamos antes nosotros de pedir que ellos de dar”.

También hay que valorar la importancia de la oración colectiva, cuando se reúnen varias personas, sea una familia o un grupo espiritual. En esos casos las fuerzas no se suman, sino que se multiplican. Para ello hace falta buena predisposición, fe en aquello que se está realizando, porque la experiencia demuestra que los resultados siempre llegan. Muchas veces, no de la forma que nos gustaría, pero sí, como la situación y las necesidades personales requieren.

Existen planos elevados de luz y amor, seres de gran elevación que se dedican a recoger todas las peticiones, tanto de encarnados como de desencarnados, para elevarlos al Padre, y con sus decisiones, en cada caso, ejecutar su voluntad, correspondiendo con gran maestría y amor a dichas peticiones.

Muchas veces, los resultados no se ven ni se comprenden de inmediato; nos falta la perspectiva que nos proporciona el tiempo adecuado y la experiencia, para poder entender aquello que parecía sin solución o sin una salida.

Nadie vive sólo o desamparado, estamos acompañados siempre por espíritus amigos, que se lamentan cuando nos desviamos y se llenan de alegría cuando transitamos por el camino adecuado. Han podido ser familiares en esta vida o en otras, además del ángel de la guarda, que es un espíritu superior que nos acompaña desde que nacemos hasta que desencarnamos. A ellos les podemos pedir también la ayuda, como seres más cercanos y porque conocen muy bien nuestra problemática.

En definitiva, la oración es el lazo, el nexo de unión que nos sensibiliza y nos acerca a la realidad espiritual superior a la que pertenecemos. Durante el proceso evolutivo, su concurso es cada vez mayor, puesto que el espíritu comprende su necesidad y sus grandes beneficios que conducen de retorno hacia Aquel que nos creó.

 

José Manuel Meseguer

© 2016 Amor, paz y caridad

REFLEXIONES FINALES

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Reflexiones Finales

A lo largo de estos últimos meses hemos estado repasando algunos aspectos relacionados con una ley fundamental: La ley de Renacimientos o ley de la reencarnación; es el momento de hacer estas reflexiones finales que nos permitan extraer consecuencias para nuestra vida diaria.

Este es un tema capital, trascendental. Sin él, es prácticamente imposible encontrarle un sentido a la vida, más allá de los anhelos más próximos, de algunos objetivos en la vida que justifiquen nuestras luchas, nuestros esfuerzos; pero que sin el estudio de esta ley fundamental, nos faltará siempre elementos que completen el engranaje espiritual, que nos explique las desigualdades humanas, que le dé un carácter justo y misericordioso a las obras de Dios Padre.

La vida está repleta de situaciones complejas, difíciles, sangrantes, que no encuentran acomodo lógico y razonable en una sola vida. Es como si tratáramos de entender una obra literaria fantástica, extraordinaria, con la lectura, estudio y análisis de un solo capítulo de la obra, habiendo perdido el resto. Esto sería una quimera, y aunque en dicho capítulo quedara patente el talento y buen hacer de su autor, siempre nos quedarían preguntas sin respuestas, destellos de genialidad a medias, imposibles de entender en su conjunto sin la lectura del resto de capítulos de tan magnífica obra.

Las vidas sucesivas funcionan del mismo modo. Somos la consecuencia del ayer, vivimos actualmente las experiencias y las pruebas necesarias a nuestro actual momento evolutivo, ni más ni menos; ejerciendo la libertad de que se nos dota para escoger el camino que más nos convenga o plazca. “La siembra es voluntaria y la cosecha obligatoria” reza un viejo axioma.

Las desigualdades humanas, los cambios de fortuna, las enfermedades así como la salud, la riqueza o la pobreza, etc., no son caprichos divinos, accidentes desgraciados de la providencia para someter caprichosamente a unos, muchas veces en beneficio de otros.

Seguramente nos vendrá al pensamiento los egoísmos humanos, el materialismo voraz, las pasiones de los poderosos que no permiten el desarrollo de una sociedad justa y equitativa. Efectivamente, queda un largo camino por recorrer, pero esto por sí sólo no justifica, no explica el que unos nazcan en hogares confortables y otros, como ocurre en muchos puntos de nuestro planeta, vivan y crezcan en ambientes de miseria, guerras y destrucción.

El ser humano no sólo busca la supervivencia sino también una posibilidad de vivir con su familia en paz, con un futuro por delante que le permita ser relativamente feliz; dicho con otras palabras: vivir con dignidad. Muchas veces, el espíritu, por negligencias y errores del pasado, se ve con la necesidad de reencarnar con ciertas carencias que le movilicen, le obliguen a buscar, a superarse a sí mismo en las luchas diarias, utilizando sus recursos internos dormidos.

Del mismo modo, aquellos que nacen en hogares donde todo les sonríe, con un amplio patrimonio y posibilidades materiales, es una concesión provisoria de la que también tendrán que dar cuentas, una vez queden despojados de todo ello, de vuelta a nuestro verdadero hogar espiritual.

La vida humana, con cuerpo físico es un suspiro, es un día corto en la inmensidad de una eternidad que no estamos en condiciones de comprender. En nuestra limitada capacidad de entendimiento, sujetos al espacio y tiempo, se nos nubla la razón cuando echamos una mirada a la inmensidad que nos aguarda; pequeños todavía en evolución y a la percepción de la realidad que nos envuelve, imposible de percibir con nuestros sentidos groseros aún.

Necesitamos distintas vidas, que son como los capítulos de una obra maravillosa, como el ejemplo anterior, para reflexionar, experimentar, acertar y equivocarnos. En cada pasaje de la obra, el personaje principal va creciendo, muchas veces de una forma casi imperceptible para el lector-observador; capacitándose para mayores empresas, adquiriendo experiencia, ampliando su conciencia, su visión de la vida, de la realidad.

Cada circunstancia importante de la vida encierra una valiosa lección. Debemos aprender a leer sin rebelarnos. Nada ocurre por azar, Dios Padre no se equivoca, puesto que traemos al encarnar un programa de realizaciones, de tareas a desarrollar. Aprendiendo a amar al prójimo como a nosotros mismos. Desarrollando valores, buscando unos objetivos superiores que le den un sentido profundo a la vida.

Cuando no es así llega el vacío, la depresión, la búsqueda frenética de placeres que llenen un espacio interior sombrío. Al carecer de un rumbo claro, falto de ideales, muchos se lanzan a la adquisición de bienes materiales, a la búsqueda de una riqueza rápida y sin esfuerzo, para posteriormente con el botín conseguido vivir plácidamente, experimentando y buscando todo tipo de estímulos sensoriales, intentando compensar el estrés acumulado.

Efectivamente, una vez conseguida la meta propuesta, ahora toca ampliar si cabe la fortuna conseguida a costa del esfuerzo de muchos y al mismo tiempo disfrutar sin escrúpulos del botín…. Estos son los casos de aquellos cuya educación y malos ejemplos encaminaron hacia la búsqueda del éxito egoísta, aislados de la realidad y que forman parte de una sociedad a la que le deben de aportar algo útil, siendo generosos.

Por todo ello, necesitamos hacer un alto en el camino, revisar nuestras creencias, ampliando horizontes de comprensión con el estudio de las grandes leyes universales, razonando por nosotros mismos; buscando un sentido de la vida que nos llene de verdad, que nos genere entusiasmo, ganas de luchar y compartir, tornando ese vacío existencial en alegría, en felicidad.

Ha sido esa nuestra humilde pretensión, generar con estos artículos una cierta inquietud de búsqueda, de reflexión para plantearse otras posturas, otras formas de ver la vida.

Vivimos momentos cruciales para la humanidad. Por una parte, el triste espectáculo de las migraciones masivas hacia el viejo continente buscando paz y prosperidad, convirtiendo el mar con su travesía en pateras, en un gran cementerio de personas, incluidas mujeres, ancianos y niños, huyendo del horror de las guerras. Por otro lado, el cada vez mayor índice de suicidios, en un gran porcentaje por jóvenes y adolescentes. Las crisis económicas, políticas y sociales que complican el futuro y la convivencia, dejándose por el camino, la sensatez y la solidaridad entre los pueblos; levantando muros donde otrora se derrumbaron. Todo ello nos muestra un escenario muy complicado, lleno de sufrimiento, donde muchas veces, la parte emocional, los sentimientos, la sensibilidad humana tiene que hacer un esfuerzo importante para admitir una realidad que es consecuencia de los momentos especiales que nos ha tocado vivir. Aún, incluso, conociendo las leyes espirituales y su mecánica muy justa.

Para concluir diremos que, es la hora del amor, de la comprensión, haciendo visible el principio espiritual, la exhortación del Espíritu de la Verdad que nos pide lo siguiente: “AMAROS, esta es la primera enseñanza, INSTRUIROS, esta es la segunda”.

Efectivamente, el amor y la instrucción son las palancas esenciales de transformación, son los dos pilares que nos han de aportar el consuelo y la esperanza, la certeza en un futuro mejor, una vez se hayan completado las experiencias y situaciones que los actualmente encarnados en este viejo mundo nos ha tocado vivir.

 

            Reflexiones Finales por:   José M. Meseguer

© 2016, Amor, Paz y Caridad

UNA BÚSQUEDA SUPERIOR

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Una búsqueda superior

“Pedid y se os dará” “Buscad y hallaréis”.

El ser humano en su recorrido evolutivo, tanto encarnado como desencarnado, tiene necesidades de todo tipo, carencias, dudas a resolver. Son las circunstancias propias del camino. Siempre estamos necesitados de algo y con el concurso del trabajo personal, del esfuerzo, de las pruebas, estas circunstancias se pueden ir supliendo con la ayuda permanente de lo Alto.

Como nos indica el propio Allan Kardec: (*) “En la infancia de la Humanidad, el hombre solo aplica su inteligencia para buscar el alimento y los medios de preservarse de la intemperie y defenderse de sus enemigos; pero Dios le ha dado más que al animal; el deseo incesante de mejorar”

Esa incesante búsqueda es la que le ha llevado al progreso en casi todas las facetas humanas; en el aspecto científico, tecnológico, filosófico; sin embargo, todavía no lo ha sido apenas, en el aspecto moral y espiritual. Es por ello que la búsqueda y la solicitud de ayuda es algo consustancial al propio ser. Es imposible caminar solos porque estamos destinados y preparados para vivir y compartir en sociedad.

A través de la oración sincera, no mecánica, de corazón, podremos sintonizar con los planos que se encargan de ejecutar la Voluntad de Dios, una voluntad sabia, misericordiosa; llena de amor hacia todos sus hijos. De tal modo que, aquello que podamos solicitar nos vendrá del modo más adecuado a nuestras necesidades evolutivas, no siempre, del modo en que nos gustaría, puesto que la Sabiduría Divina conoce mejor que nosotros aquello que necesitamos en cada momento. Podremos pensar con la posible respuesta, varias opciones según los resultados:

La primera: ¡Se ha resuelto felizmente!

Segunda: La ayuda es insuficiente para las expectativas que teníamos puestas.

Tercera: Parece que no nos han hecho caso, el problema o necesidad no se resuelve.

En cualquier caso y escenario, la ayuda nos va a llegar. El problema se encuentra en la estrechez de miras, en nuestra incapacidad material para entender los procesos a los que estamos sometidos, en base a nuestras necesidades evolutivas del momento.

Hay que valorar que no se nos pueden retirar siempre lo que consideramos como “males”. A todos nos gustaría gozar de perfecta salud, de poseer muchos bienes que nos aportasen tranquilidad, de un buen trabajo, una buena familia sin conflictos y que nos quiera incondicionalmente, etc., etc. Es posible que se tenga todo, o parte, o quizás nada; pero esto es consecuencia de muchos factores evolutivos, espirituales, que hay que aceptar serenamente, tratando de encontrar el mensaje, la propuesta de trabajo espiritual que lleva implícito nuestra situación actual. No existe el acaso, la suerte, tampoco un determinismo ciego y absoluto. Todo tiene una motivación, un porqué para trabajar espiritualmente con los elementos que la vida nos presenta.

Si es con una enfermedad, para luchar para aceptarla y superarla; si es con la carestía material, para trabajar la paciencia, la fe, esforzarse más sin revelarse ni venirse abajo; si es por compañeros, familiares o conocidos conflictivos que nos hacen la vida difícil, para que sepamos perdonar, ser tolerantes; usar la inteligencia para analizar la forma de revertir la situación si fuera posible. Movilizar en definitiva, los recursos morales adecuados para actuar con sabiduría.

Si por el contrario, se nos ha dado todo; una vida sin necesidades y en un ambiente confortable y privilegiado,  no es para uso y disfrute exclusivo de uno mismo, sino también para actuar con sentido de la responsabilidad, sabiendo usar bien aquel legado que se nos concede para administrarlo con sabiduría, buscando el bien general y el usufructo adecuado, ya que se trata de una concesión provisoria que algún día tendremos que dejar aquí, en este plano físico, y del que tendremos que dar cuentas a quien se lo debemos todo. No es una prueba fácil puesto que muchos se dejan seducir por las pasiones, dejándose arrastrar por las tendencias materiales, cayendo en el abuso egoísta, pasando de “poseedores” a “poseídos” por esos mismos bienes.

Por todo ello y tal como nos enseña la ley de la reencarnación; traemos al mundo un programa de realizaciones, de experiencias que necesitamos vivir. Conocemos dicho programa antes de encarnar y nos preparamos para ello; normalmente es el que nos aconsejan los guías espirituales para un mayor y pronto progreso. Lo cual no significa que no podamos pedir ayuda, esclarecimiento, fuerza espiritual, luz a nuestro entendimiento para comprender y poder aceptar las vicisitudes, los retos que la vida nos propone, o para que nos sean suavizados.

Todo es absolutamente transitorio, tenemos las herramientas del conocimiento espiritual, del legado moral que el Maestro Jesús nos confirió para aplicarlo en nuestras vidas, como guía indispensable para orientarse adecuadamente y de ese modo cometer los menores errores posibles; aplicando en nuestras vidas  la ley universal del amor y  la reforma interior fruto del autoconocimiento.

Tenemos el discernimiento, la inteligencia pero también hemos de desarrollar la fe y la humildad para valorar y “buscar” las respuestas a los interrogantes que nos pueda plantear la vida, buscando su auténtico sentido. La vida en sí, es un desafío maravilloso. Si somos capaces de encontrarle su significado profundo y podemos encontrar las respuestas a lo que somos, cual es el camino y el papel que nos toca jugar en este escenario evolutivo, podremos alcanzar la plenitud, la felicidad (relativa), para caminar seguros hacia la meta que nos propongamos.

Tampoco se nos puede eximir del trabajo, del esfuerzo personal. No existe progreso, avance significativo si no viene secundado por la propia voluntad, por un deseo verdadero y un esfuerzo constante por mejorar.

Por lo tanto, no estamos solos nunca ni desamparados, es por ello que el Maestro nos propone  “buscar para encontrar y pedir para que se nos pueda dar.”

 

Una búsqueda superior por:   José M. Meseguer

© 2016, Amor, Paz y Caridad

 

(*) El Evangelio según el Espiritismo; Capítulo XXV; 2.

LAS PRUEBAS DE LA VIDA

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Las pruebas de la vida

El espíritu es creado sencillo e ignorante. En un principio Dios los encauza por un camino supliendo su inexperiencia, para poco a poco, ir soltándole la mano, como si se tratara de un niño, para que vaya adoptando sus propias decisiones sobre el camino que desea recorrer; es la consecuencia del desarrollo de su libre albedrío. Sin embargo, nunca está sólo, y la ley de justicia no permite que nadie quede desamparado o desasistido. De ese modo, tenemos la voz de la conciencia que es, por un lado, la voz interior, de las experiencias acumuladas durante siglos, y por otro, la ayuda de espíritus superiores, llamémosles ángeles de la guarda, hermanos mayores, etc., que son los que nos sugieren, a través de la intuición, cual es el camino que más nos conviene para ser felices y progresar más rápido.

Algunos de ellos toman desde el principio una senda que les exime de muchas pruebas, ahorrándose expiaciones y situaciones comprometedoras; empero, la mayoría se dejan complicar ante las sugestiones de la vida. Por poner un ejemplo, es como el joven que frente a un bosque y pese a las advertencias de sus mayores para que sea prudente y no se adentre, desoye las sugerencias y se sumerge en él. Las situaciones que pueda vivir en su interior no estaban programadas. Al muchacho le falta experiencia, control sobre sí mismo, conocimiento del medio; los peligros a los que se enfrente tendrá que afrontarlos improvisadamente y sin preparación previa. Las consecuencias de sus actos en dicho bosque le comprometerán su futuro, también le servirán de experiencia para aprender a discernir, a optar por otros caminos.

Este sencillo ejemplo se asemeja bastante a la realidad espiritual, de tal forma que las dificultades y los sinsabores del camino son consecuencia de nuestro rumbo pretérito y de las actuaciones del presente, también puede ser una petición voluntaria para medir las fuerzas y superarse. Cuando el comportamiento no se ajusta a los objetivos que nos trajeron al plano físico, comprometemos y hasta complicamos el futuro, retrasando la dicha que tenemos reservada. Es el libre albedrío que nos hace responsables y la ley de causa y efecto que actúa con sabiduría para restablecer el equilibrio violado. En pocas palabras, ya no es sólo lo que dejamos de hacer, sino los errores, fruto de nuestras imperfecciones los que pueden perjudicar a los demás, y por ende, perjudicarnos  a nosotros mismos.

Las pruebas son, en esencia, ejercicios de capacitación; desarrollo de valores como la paciencia, la tolerancia, la comprensión, el amor. También desarrollo de la inteligencia, de la prudencia, el discernimiento, el control sobre uno mismo. La caridad, la abnegación, la renuncia….Cualidades todas ellas que permanecen en nuestro interior en estado latente. Es como la dura roca que alberga un diamante muy brillante en su interior y que necesita de un largo proceso de elaboración para extraerlo de su intimidad más profunda.

Se trata de un largo recorrido, distintas etapas. Hasta que no se ha completado una no se pasa a la siguiente. Los mundos que pueblan el Universo son las distintas escuelas, en sus diversos grados, reuniendo en cada uno de ellos a espíritus, por lo general, de similares características, con necesidades evolutivas comunes. Salvo en aquellos casos, como ha ocurrido siempre en este planeta muy atrasado todavía, de aquellos espíritus ya superados moral y espiritualmente, de un grado superior, que acuden en misión a colaborar con su esfuerzo y ejemplo al impulso del progreso espiritual de esta humanidad. Son seres de luz, faros que iluminan el camino, a través de sus obras sacrificiales.

Debido a nuestro atraso evolutivo, cada existencia física supone un pasito en el progreso, aunque por lo general, se suele avanzar muy poco. Muchas veces acompañados por el dolor consecuencia de los desajustes y equivocaciones del pasado. Eliminamos lastre pero contraemos nuevos compromisos debido a nuestra falta de previsión, al orgullo y egoísmo que predomina en nuestra naturaleza humana, neutralizando muchas veces las buenas intenciones, olvidando las promesas hechas antes de encarnar.

Es por ello que la paciencia y la resignación adquieren una importancia capital, puesto que su puesta en práctica significa aceptar conscientemente y asumiendo todas las consecuencias de aquello que el destino nos pueda deparar. Es el programa que traemos establecido, minuciosamente estudiado y preparado para que el avance espiritual sea significativo, sacando al ser de la posición en la que se encuentra, avanzando sin fin hacia las metas propuestas. Cuando el Maestro decía, “Yo no he venido a hacer mi voluntad sino la de mi Padre”, nos estaba trasladando una llave fundamental que se contrapone a la rebeldía y a la tóxica manera que tenemos, en nuestra ignorancia, de culpar a los demás de nuestros problemas, a murmurar cuando las cosas no nos salen como teníamos previsto; a no aceptar los contratiempos y los reveses de la vida como oportunidades, no como desgracias destructoras. La destrucción en el sentido espiritual no existe, existe el estancamiento temporal pero también la transformación, el cambio hacia mejor, sacándonos de una posición para colocarnos en otra que nos propone unos desafíos concretos que nos van a hacer crecer.

Caminamos todavía con una venda en los ojos, no vemos más allá. Los grandes avatares nos legaron sus mensajes renovadores, conciliadores, mostrando un camino sin fisuras. El hombre ha desnaturalizado dichos mensajes, adaptándolos a su conveniencia, a sus intereses, desvirtuando su mensaje puro, original. Igualmente, el ser humano en general, distraído con sus quehaceres, con sus ambiciones, con sus deseos, ha olvidado o descuidado su interior, su verdadera esencia, en la cual, residen las respuestas del porqué y para qué estamos aquí. En una palabra, el verdadero sentido de la vida.

“La práctica hace maestros” “Nadie nace enseñado”. Estas frases procedentes de la sabiduría popular reflejan la realidad de la existencia. Venimos al mundo con la teoría bien aprendida, muchas veces repitiendo pruebas de las que hemos fracasado más de una vez. Es cuestión de tiempo, de voluntad, de ganas por resolverlas. Nadie nace enseñado en el sentido de que se ha de demostrar lo aprendido con los hechos, no con palabras, no con buenos deseos. Esa es la pura realidad.

Aquellas pruebas de las que rehuimos nos persiguen hasta resolverlas. Dios no tiene prisa, y tenemos todo el tiempo del mundo, pero también es cierto que el espíritu se cansa de sufrir, de permanecer estacionado repitiendo las mismas cosas indefinidamente. Llega un momento en que el espíritu se cansa de los mismos errores y reacciona con energía, con resolución, también estimulado por las victorias de otros compañeros de viaje que con sus éxitos se encuentran en otras etapas de la vida espiritual más fascinantes. Es como el muchacho que repite curso en el colegio una y otra vez y se cansa de repetir siempre las mismas cosas, al mismo tiempo que observa a sus compañeros que no se han estacionado y que continúan en nuevos cursos, haciendo cosas de mayor relevancia, de mayor importancia, siendo más felices por sus progresos y nuevas responsabilidades.

En definitiva, las pruebas son oportunidades muy valiosas de desarrollo y evolución. Nos colocan ante la posibilidad de desarrollar determinadas aptitudes, de crecimiento interior que proporciona plenitud y felicidad. Al mismo tiempo nos permiten sacudir lastre del pasado, deudas, responsabilidades adquiridas con nuestros errores. Son la manifestación más grande de la misericordia de Dios, dándonos una y otra vez, cuantas oportunidades necesitemos para aprender la lección y pasar página, en la ascensión incesante hacia la perfección.

 

José M. Meseguer

©2016, Amor, Paz y Caridad

 

“Muchas personas deben la grandeza de sus vidas a sus muchas dificultades”. (Anónimo)

LA LÁMPARA INTERIOR

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La lámpara interior

Testimoniar una fe o unas ideas es una problemática que siempre ha suscitado largos debates, consecuencia de las diferentes interpretaciones que este aspecto de la vida espiritual puede generar. Las necesidades actuales difieren de las del pasado. Existen otras inquietudes, otras mentalidades, aunque existen elementos comunes inherentes al ser humano que se manifiestan en todas las épocas.

El equilibrio, discernimiento y coraje, una buena pedagogía y adecuada prudencia, son los elementos esenciales que se han de considerar para aplicarlos a la hora de transmitir ideas.

Cuando el Maestro dice “No poner la lámpara debajo del celemín”, no sólo se refiere a su manifestación hacia lo exterior, sino también a la necesidad de dar “Luz” a nuestra razón, de modo que satisfaga la inquietud interna. Una fe que no es razonada, es una lámpara sin resplandor, sin capacidad para mantener una claridad estable que pueda alumbrar a uno mismo y a los demás.

Dicha fe cuando es meditada y bien comprendida aporta claridad para recorrer el camino, sin sombras que nos puedan hacer vacilar, zozobrar. Cuanta mayor es la “luz” del discernimiento, del análisis, mayor es la visión del camino a recorrer. Aquellos que pretenden iluminar a la Humanidad con misterios insondables, dogmas de fe y todo tipo de materias trascendentes sin la necesaria claridad en las respuestas, carecen de la luz interior para guiar los pasos.

Por el contrario, un conocimiento que sea capaz de ofrecer respuestas, que muestre un camino claro para poder identificarse íntimamente las personas, que permita interiorizarlo e incorporarlo a la vida diaria, será sin duda, el método adecuado para crecer espiritualmente. Invitamos a toda mente libre, al estudio y análisis de la codificación espírita postulada por Allan Kardec.

Es necesario huir de los estandartes, pues únicamente son etiquetas que entorpecen la divulgación; con ello nos referimos a aquellas actitudes que pretenden sacar a colación (En todo momento y lugar) las ideas de orden espiritual, desnaturalizando y dejando de lado las relaciones sociales y poniendo en relieve, artificial e innecesariamente, ideas que no vienen al caso o que están fuera de lugar. Como dice el maestro Kardec “…Dejar a los otros en paz no es indiferencia, sino buena política; ya les tocará su turno cuando sean dominados por la opinión general…” (Evangelio según el Espiritismo; Cap. 24, párrafo 10).

Las nuevas ideas (No aceptadas por la mayoría) requieren siempre un mayor tiempo de maduración. El mundo espiritual actúa siempre con extremada prudencia, da pasos únicamente en los momentos adecuados y de modo muy sutil, pero no por ello con menos firmeza.

Tampoco hay que avergonzarse al manifestar una opinión cuando la ocasión lo requiera, en relación a asuntos que otras personas no creen o no toman en consideración. Debemos tener valor, calma y seguridad en todo momento. Siempre sin ánimo de convencer, se pueden exponer ideas propias de una manera sencilla, de modo que toda persona pueda llegar a entenderlas. Tengamos en cuenta que la planificación espiritual sigue su curso y, que los descubrimientos científicos y acontecimientos mundiales de todo orden vienen a reforzar las tesis espirituales, acercándonos poco a poco, muy lentamente, a esa realidad superior.

Son muchas las pruebas, los fenómenos cotidianos extraordinarios que a diario suceden para despertar a las conciencias: Sueños premonitorios, videncias espontáneas de seres queridos ya fallecidos, experiencias cercanas a la muerte, curaciones aparentemente milagrosas, avistamientos de naves venidas de otros planetas, y un largo etcétera de fenómenos que tienen la finalidad de hacer pensar, despertar del inmovilismo espiritual y para no vivir solamente por y para la vida material, con sus sugestiones permanentes.

Hay quien toma nota y reacciona tratando de buscar respuestas, está convencido de que no son casualidad esas experiencias que ha vivido. Otros quedan impresionados momentáneamente, pero prefieren ignorarlo, continuar con sus conciencias dormidas, distraídos con los deseos materiales y sus objetivos inmediatos, sin preocuparse de asuntos más trascendentes. Simplemente, no han alcanzado el grado de madurez necesario. No les atrae un “compromiso” que les obligue a replantear actitudes o el modo enfocar su vida; rehúyen el esfuerzo, el cambio.

¿Quién no conoce a alguien que haya vivido alguna situación extraordinaria y fuera de lo habitual y que por el qué dirán, prefieren silenciarla? Efectivamente, esas situaciones son las lámparas que envían de los Planos Superiores para iluminar los caminos, las conciencias, siempre de modo discreto, profundo y sin ruido. Son la siembra de experiencias de carácter personal o colectivo cuya misión no es otra que hacernos pensar que estamos en el mundo con un fin concreto. Así, de ese modo, la vida espiritual y la vida material se entrelazan, dejando de ser compartimentos separados y estancos, como nos han hecho creer la religión durante siglos.

Por otra parte, no hay mayor lámpara, luz más poderosa, que la del ejemplo, aquella que se demuestra con hechos más que con las palabras, y que es capaz de ofrecer una alternativa real a la falta de rumbo que domina a nuestra sociedad. Como indicó en cierta ocasión Joanna de Ângelis a Divaldo Pereira Franco en un difícil momento personal: “Es la hora del testimonio. El mundo está saturado de teóricos brillantes, sin embargo, muy pocos viven lo que hablan.”

Sin duda, el gran modelo a seguir lo encontramos en el propio Maestro, quién no dejó nada escrito pero, con su ejemplo, marcó un camino a seguir, un antes y un después en la historia de la Humanidad. Demostró un amor incondicional mediante la abnegación, humildad y renuncia hasta las últimas consecuencias. Ha sido siempre la gran lámpara que ilumina el camino a la Humanidad. Él mismo anunció que nuevas verdades serían reveladas y aquello no comprendido, sería matizado y desarrollado, como así ha ocurrido: “….Porque no hay nada secreto que no haya de ser descubierto, ni nada oculto que no haya de ser conocido y manifestado públicamente.” (San Lucas, cap. VIII, v. 17).

Jamás en la historia de la humanidad han existido tantas posibilidades de conocimiento espiritual para encontrar respuestas como hoy día, sin embargo, la poderosa corriente del materialismo ensombrece como la noche al día esta realidad. Al mismo tiempo, estamos viviendo una crisis global, en todos los órdenes de la vida que no permite ver el trasfondo de las profundas transformaciones que nos tienen que llevar a ese gran Cambio de Ciclo anunciado. Como muy bien dice el famoso refrán: “Los árboles no dejan ver el bosque”; es decir, los detalles del día a día, los problemas domésticos, la insatisfacción con las autoridades políticas, el desgaste de las creencias religiosas, etc., son barreras que nos impiden ver la verdadera dimensión del proceso general en el que estamos inmersos.

Somos los únicos forjadores de nuestro destino, los cambios que esperamos recibir desde fuera, debemos de empezar a generarlos desde dentro, desde nuestro interior, a través de una transformación íntima que nos ilumine el camino. No se trata de aquella máxima que dice “Que pueden hacer los demás por mí”, sino más bien “Qué puedo yo hacer por los demás”; aplicando y viviendo en uno mismo lo que nos gustaría recibir de ellos. Esa y no otra es la mayor de las sabidurías.

Para llevar a cabo dicha transformación, ese cambio de actitud ante la vida, es necesario antes, aclarar mente e ideas, estudiar y analizarse uno mismo. Resumiendo, iluminar nuestro interior para que nuestro ejemplo irradie hacia los demás, ser buenos alumnos de la vida, aceptando los retos y enseñanzas que nos aporta para, a su vez, poder compartirlos con nuestros semejantes.

José M. Meseguer

©2016, Amor, Paz y Caridad

AUTORIDAD MORAL

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Autoridad moral

El Papa Juan XXIII habló sobre la autoridad moral de la siguiente forma: «La autoridad que se funda tan sólo o principalmente en la amenaza o en el temor de las penas o en la promesa de premios, no mueve eficazmente al hombre en la prosecución del bien común; y aún cuando lo hiciere, no sería ello conforme a la dignidad de la persona humana, es decir de seres libres y racionales. La autoridad es sobre todo una fuerza moral; por eso los gobernantes deben de apelar, en primer lugar, a la conciencia, o sea, al deber que cada cual tiene de aportar voluntariamente su contribución al bien común de todos.»

La experiencia unida a los valores morales otorgan a algunas personas un respeto y reconocimiento que podríamos denominar como autoridad moral. Es sobre todo, la coherencia entre el hacer y el ser, entre lo que dicen y hacen.

La autoridad moral como tal no se puede imponer con decretos, normas, jerarquías establecidas; es algo muy distinto y que surge por el trabajo constante y disciplinado de aquellos que persiguen un ideal a través del bien común.

Dicha autoridad no gira sobre si mismo, ni es personalista. No impone sus ideas, no se ensoberbece. Invita a los otros a desarrollar sus valores, a manifestarse porque los considera tan válidos como el.

Son la proyección viviente de unos objetivos, de unos ideales que merecen ser conseguidos con esfuerzo, dedicación, sacrificio, entrega. Son también un ejemplo vivo, lleno de entusiasmo pese a las dificultades; poniéndose delante cuando es necesario, para abrir paso y facilitar el camino a los demás.

Transmiten seguridad, optimismo y confianza. Las personas que les rodean se sienten valoradas, queridas, porque en un gesto de humildad no se sienten superiores, y además consideran que todos están capacitados para aportar algo valioso para el conjunto.

Son la manifestación del verdadero liderazgo, de aquel que no se impone ni arrastra a los demás, sin embargo inspira y estimula a las buenas acciones, a los nobles ideales, a sacar lo mejor de cada uno.

(*)Robert Wong, director general de una gran empresa de empleo para ejecutivos  clasificaba a los líderes de la siguiente manera:

1.- Los que mandan y quieren ser obedecidos: son los líderes mediocres.

2.- Los que explican y vuelven a explicar todas las veces que sean necesarias, hasta que sus subordinados entiendan; son los buenos líderes.

3.- Los que demuestran con sus propios actos lo que desean que sus subordinados hagan; son los grandes líderes.

4.- Los que, por su autoridad intelectual y moral, “inspiran” a los que están bajo su mando; ¡esos son los líderes supremos!

La sociedad de hoy día está muy necesitada de una orientación, de un rumbo lleno de esperanza que genere ilusión. La crisis de valores y de ideales solapa este tipo de ejemplos donde poder reflejarse e inspirarse. La enorme confusión consecuencia de la falta de un rumbo superior y de que otras vías, tanto religiosas como políticas están ya agotadas, generan una desconfianza y escepticismo  generalizado, con la excepción de algunas minorías que se dejan seducir por charlatanes astutos y oportunistas, revistiendo su pequeñez en grandilocuencias vanas, en mensajes extremistas, poco conectadas con la realidad.

Por otra parte, el haber conocido alguna persona con estas características nobles y elevadas es una bendición pero al mismo tiempo una responsabilidad. Se encuentran en todas partes, trabajando discretamente, sin hacer ruido. Son como un perfume o una bella nota musical que renueva interiormente a quienes les rodean, estimulando a ser mejores y a centrar los objetivos reales de la vida.

Ejemplos notables hemos tenido a lo largo de la historia. El más claro exponente es el Maestro Jesús. Fue y es un modelo completo en todas las facetas espirituales. Convivió con toda clase de gentes; soporto la ignorancia, la maldad, la incomprensión e ingratitud. Tuvo que pagar sin merecerlo el precio del amor a través del sacrificio en un mundo muy atrasado, de la categoría de  expiación y prueba. La piedad y la misericordia que sentía por todos le hizo más soportable su tránsito por la Tierra.

Los intereses mundanos tergiversaron su mensaje, la noche de los tiempos ocultó su luz; tan solo algunos audaces y valientes trataron de revivir su mensaje de amor y de paz, pagando su osadía incluso con la muerte. Cabe recordar a Francisco y Clara de Asís, Teresa de Ávila, a Juan Huss, entre otros.

En lo que respecta a los grupos espirituales, en algunos casos son fundados y promovidos por personas de una cierta autoridad moral, dejando su impronta, sus sacrificios y trabajo para que la semilla germine y pueda dar cobijo y claridad a un gran número de personas.

En base a una comprensión inspirada y promovida por lo Alto, trabajan para que ese pequeño foco de luz se expanda. Marcando unas directrices, un rumbo. Empero los años transcurren y estos promotores del esclarecimiento y del bien no viven físicamente para siempre. Llega el momento del relevo, incluso en vida, cuando las fuerzas y el deterioro físico no permiten mantener actividad alguna.

En ese momento vienen los cambios naturales, la recogida del “testigo” por sus compañeros para continuar la labor. En algunos casos, cuando la tarea del fundador o fundadores ha sido muy relevante, resulta muy difícil sustituirlos. Es a partir de ese momento cuando pueden surgir las dificultades, una cierta discusión entre los miembros del grupo sobre las directrices, las interpretaciones sobre los postulados originales o la conveniencia de aceptar o no innovaciones, los cambios que aporten algo positivo pero que no desvíen de los ideales originales que motivaron la creación de dicho grupo.

Por desgracia muchos grupos con el paso del tiempo se desorientan, se fanatizan e incluso llegan a desaparecer. Ciertamente hace falta mucho discernimiento, buena voluntad, mano izquierda, comprensión pero también una cierta firmeza para conseguir un equilibrio que les permita seguir creciendo, pese a la “gran ausencia”.

Es como el niño que se hace adulto y ya no necesita que lo lleven de la mano. Es otra etapa natural y necesaria en el crecimiento del ser. Caminar por sí mismos, arriesgarse a tomar sus propias decisiones sin temer al error.

La tarea consiste en comprender que tenemos muchas limitaciones y que nos necesitamos los unos a los otros, con humildad, con respeto y vocación de servicio. Podemos beber de la fuente de esas mentes preclaras, de su contribución y trabajo, pero nuestro camino es personal e intransferible. Apoyarse los unos en los otros será la clave para afrontar los retos que el destino nos tenga guardados.

Persistir en la labor de superación moral y espiritual sin decaer, manteniendo la fe y la ilusión, es uno de los desafíos más grandes del ser humano, del espíritu en evolución; ya que el desgaste, las pruebas y los sinsabores unidos a nuestra fragilidad moral, nos pueden hacer caer en los precipicios del desánimo o de la rebeldía, desviando la atención hacia otras cosas materiales más sugestivas, o generándose uno mismo obligaciones familiares donde no las había, como un pretexto, muchas veces inconsciente, para desviarse de la batalla, de la gran lucha. En dichos casos la tarea quedara inconclusa, pendiente para otra nueva oportunidad, seguramente en otra vida, cuando el espíritu haya recapacitado y comprenda la necesidad del trabajo que rechazó y no quiso realizar.

Aceptemos como modelo al inigualable Rabí recordando sus famosas palabras: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

 

Jose M. Meseguer

©2016, Amor, Paz y Caridad

 

(*) Web: Momento espirita; “Verdadero liderazgo”.