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LEY DE DESTRUCCIÓN

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Ley de destrucción

Entre las leyes naturales de la vida, quizás la que más nos cueste encajar es la Ley de Destrucción, por lo que supone para el ser humano de tragedias, sufrimiento y dolor.

Es bien sabido que vivimos en un planeta en continua transformación. Atrás quedaron los primeros procesos geológicos, muy convulsos, donde las placas tectónicas, en sus desplazamientos, configuraron los continentes durante millones de años, con profundos y constantes cambios hasta llegar al estado actual.

La Tierra es un ser vivo en continua metamorfosis y está considerado como un planeta todavía joven, por lo que resulta esperable que continúe modificándose en el futuro, hasta llegar a un equilibrio definitivo.

Existen en la actualidad zonas más sensibles a dichos cambios, puntos del planeta que se ven sometidos periódicamente, a convulsiones, movimientos telúricos, inundaciones y desplazamientos de tierra; seísmos que las hacen más vulnerables que al resto. Como es obvio, existe una mayor preocupación por aquellas zonas que mantienen una gran aglomeración de personas. En determinados casos, las autoridades locales y/o gubernamentales llegan a establecer algunas medidas para minimizar los posibles daños humanos y materiales (sirva como ejemplo el caso del país del sol naciente, Japón).

El ser humano, consciente de los cambios y transformaciones que de un modo natural suceden en el planeta, debe paliarlos en la medida de sus posibilidades, impidiendo la especulación que no toma en cuenta la seguridad y el alto riesgo de esas zonas habitables más sensibles; para conseguir transmutar la ambición egoísta en valores positivos como la solidaridad, la prevención y el apoyo a los más pobres y desfavorecidos.

Tanto los fenómenos naturales, como son los desplazamientos de las placas tectónicas, con cadena de seísmos, erupciones volcánicas y tsunamis; como también los fenómenos atmosféricos, tales como los ciclones y los huracanes, cumplen una importante función depuradora en el planeta, pues limpian y modifican la corteza terrestre, transformándola, paso a paso, en un hábitat mejor. Todos estos cambios son necesarios porque forman parte de la vida en evolución.

Todo el universo está en movimiento: los átomos, las células, las plantas, los animales…; y el hombre y su entorno no podía ser una excepción.

Estos fenómenos naturales obligan al ser humano a desarrollar el ingenio, la inteligencia y los valores morales; actitudes todas, que contribuyen a su crecimiento y desarrollo evolutivo en sus innumerables facetas.

La Ley de Destrucción obedece a un principio que se podría sintetizar del siguiente modo: “No se pueden construir muros nuevos sobre los viejos”. Es necesario demoler las viejas estructuras para construir las nuevas, mucho más firmes, modernas y seguras. Esta es la sabiduría que nos aporta la historia.

Si no hubiesen existido las enfermedades o las epidemias que diezmaron sistemáticamente a los pueblos durante miles de años, el hombre no se habría esforzado en mejorar sus condiciones de vida, buscando los remedios para recobrar la salud, a través de la observación y el estudio de la biología humana, así como de los seres vivos que le rodean. Si la vida hubiera proporcionado, desde un principio, los alimentos y remedios necesarios para subsistir sin esforzarse, el hombre seguiría estancado en las primeras etapas, no habría desarrollado su inteligencia, el ingenio, ni las cualidades que le proporcionan el trabajo, el sacrificio, la abnegación y la solidaridad. Demostrado está que nos necesitamos y dependemos los unos de los otros; no podemos vivir aislados del resto de la sociedad porque cada cual aporta sus cualidades y aptitudes.

La Ley de Destrucción nos brinda sabios mensajes, como la transitoriedad de la vida y de los elementos que la componen, y la fragilidad humana que nos hace vulnerables cuando permanecemos estáticos en la forma de actuar, pensar y vivir. La vida nos impele al trabajo, a la superación dinámica y a la lucha constante contra el deseo de acomodamiento.

Dicha ley pone también en evidencia las cualidades inexpugnables del espíritu, valores que el tiempo ni corroe ni desgasta. ¡Cuantas desgracias han hecho surgir los recursos latentes y adormecidos en el ser humano! ¡Cuantas personas se han volcado con una respuesta contundente a los graves problemas de sus semejantes, intentando intentar paliar sus infortunios y reveses!

El hombre se encuentra ante constantes desafíos; desafíos que le exigen esfuerzo, trabajo, sacrificios y elevación interior. Es como el alfarero que moldea con sus manos el barro compacto, amorfo, para darle una forma bella y útil. Con cada triunfo, con cada conquista se engrandece, avanza, capacitándose para nuevas empresas, nuevos desafíos que la vida le reserva; en constante búsqueda de su bienestar y felicidad.

Ante la Ley de Evolución, nada ni nadie puede permanecer inactivo indefinidamente.

Situación muy diferente es la de las guerras como elementos de destrucción humana, que dejan de relieve la predominancia de la naturaleza animal sobre la espiritual, el predominio de las pasiones sobre las virtudes. Es el egoísmo que proclama su autoridad mediante la fuerza, que desea dominar y explotar a quienes considera equivocados o inferiores; a aquellos que entorpecen sus deseos de expansión, de ambición y riqueza, en beneficio de los pocos que detentan el poder temporal. Incluso en estas ocasiones, y considerando las terribles situaciones de destrucción indiscriminada, se crean consecuencias positivas para el crecimiento espiritual del ser humano; es la lucha constante por la libertad y el progreso. De un mal se extrae un bien, como del burdo estiércol florecen las rosas. Dios aprovecha las bajezas y los errores humanos, para darle la vuelta a las situaciones y transmutar lo negativo en positivo sin importar el plazo. Simplemente, nuestros sentidos y limitaciones nos impiden vislumbrarlo todavía.

En el ítem 733 del Libro de los Espíritus, Allan Kardec pregunta: ¿La necesidad de destrucción existirá siempre entre los hombres de la tierra? A lo que los espíritus le responden:

«La necesidad de destrucción se debilita en el hombre a medida que el espíritu se sobrepone a la materia, y por esto veis que al horror a la destrucción le siguen el desarrollo intelectual y moral».

No hay que olvidar que la vida física en todas sus facetas no es más que una escuela temporal, nunca definitiva; es una herramienta de trabajo aprovechable durante un tiempo indeterminado, hasta que el ser humano se cualifica y es promovido a nuevas empresas, cada vez más sofisticadas y complejas. Para ello, el ser humano encarnará en mundos diferentes, una y otra vez, un sinnúmero de veces; puliéndose, mejorando, rectificando y construyendo. Más adelante, todo este esfuerzo será plasmado en la materia física. A medida que avanzamos, la materia se vuelve más sutil, acorde a los mundos que la acoge, y continuará sutilizándose progresivamente, hasta llegar al punto en el que el trabajo se desarrollará completamente en el plano espiritual, participando en la Gran Obra Divina, pero ya sin ensayos y pruebas, ni experiencias de índole material alguna.

Por tanto, la Ley de Destrucción juega un papel muy importante en la evolución del ser humano, es la constatación de un programa sabiamente estudiado, que sigue su curso y que nos obliga a actuar, a trabajar, en el momento y lugar apropiado. Nada es producto del azar, nada es producto de la casualidad, toda causa genera consecuencias; consecuencias producidas, bien por el uso del libre albedrío, bien por los errores o los aciertos, o por la realización de un programa previamente establecido; pero siempre, en la búsqueda de la perfección a través del desarrollo y la evolución personal.

Los grandes acontecimientos destructivos, al situar al hombre ante el trabajo y la superación, consiguen un más rápido progreso de la Humanidad, puesto que la sacan de su estancamiento, de la comodidad, de los placeres insanos y del atasco moral y espiritual; golpeando el orgullo y haciendo perceptible la fragilidad humana. Ponen de relieve las posibles oportunidades perdidas, ignoradas o mal aprovechadas.

Por último queremos remarcar la diferencia entre la destrucción necesaria y la abusiva. En ésta clase de mundos que son de expiación y prueba, todavía se hace necesario el sacrificio de animales para la obtención de alimentos, sin embargo, no siempre es la auténtica finalidad. Existen otras prácticas muy conocidas que consisten en matar por puro placer, lo denominamos caza deportiva, corridas de toros y otras también crueles, que ponen en evidencia nuestra falta de sensibilidad, nuestra falta de aprecio hacia los seres con los que compartimos el planeta. Tampoco quisiéramos pasar por alto, las condiciones reprobables a las que se someten a miles de animales con fines comerciales, con el único objetivo de sacar la mayor rentabilidad sin tener en cuenta unas condiciones dignas de vida para estas criaturas. Afortunadamente hoy día existen organizaciones y colectivos que trabajan para concienciar a la población, y al mismo tiempo para denunciar ante la justicia y ante las autoridades políticas los abusos por parte de determinadas industrias alimentarias sin escrúpulos.

Ciertamente, se va dando pasos, existen medios para una mayor concienciación social con el trato con los animales y el entorno; un entorno del que formamos parte y sin el cual, la vida tal como la conocemos, no sería posible. Las consecuencias de nuestro comportamiento como grupo social demuestran que no podemos vivir de espaldas a la realidad. El calentamiento global, la desertización, y el grave riesgo de desaparición de muchas especies, ponen sobre la mesa la urgente necesidad de cambios profundos; cambios de conducta para reconducir la situación, paliando, en la medida de lo posible, las consecuencias futuras.

Es una responsabilidad y un compromiso ineludible para todos.

 

Ley de destrucción por:   José Manuel Meseguer

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GUÍAS, PROTECTORES Y FAMILIA ESPIRITUAL

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GUÍAS, PROTECTORES Y FAMILIA ESPIRITUAL

En el devenir de las diferentes existencias vamos creando lazos afectivos de variada naturaleza; familiares, compañeros de viaje, que por simpatía o incluso por disputas o malquerencias, hemos ido creando unos vínculos que perduran en el tiempo y en el espacio. Estos lazos sirven para que en el ejercicio de la fraternidad y la solidaridad universal, colaborar unos con otros, ayudándose y apoyándose en el camino de la evolución, rescatando deudas del pasado o con la finalidad de compensar errores y faltas personales; siempre en la línea ascendente que proporciona la colaboración mutua. Sirven también para aprovechar la capacidad de trabajo de los que se encuentran temporalmente libres en el espacio, en su deseo de ayudar a los que se encuentran ligados a una materia física. De hecho, suelen ser compromisos que se pactan antes de encarnar.

Si bien la ayuda de esas entidades espirituales abarca todas las facetas de la vida humana, cuando hablamos de asistencia en relación a la mediumnidad, esta es un tanto especial y hemos de considerar unas diferenciaciones claras. Una cosa son los guías espirituales y otra distinta son los protectores o asistentes espirituales.

Los protectores o asistentes se encargan de la ayuda individual del médium, están ligados al desarrollo de sus facultades y comprometidos con su evolución y trabajo posterior; son los más cercanos a la materia. Mantienen unos vínculos que les facilita una intervención más directa. Su grado de elevación es como mínimo igual al encarnado – no hay que olvidar que no poseen materia y eso les confiere una visión de las cosas mucho más amplia y una ventaja muy grande -. Aunque en la mayoría de los casos, suele ser superior al protegido. Aquí entrarían los que hemos mencionado al principio; familiares del pasado, espíritus afines con vínculos anteriores, etc.

Las características de los guías son distintas; se trata de espíritus elevados cuya misión es coordinar y ejecutar la planificación espiritual previamente asumida por el médium antes de encarnar. Conocen sus deudas, la trayectoria espiritual de las últimas existencias y en base a ello obran en consecuencia con sabiduría. Con ellos también se ha podido tener un parentesco o relación en el pasado.

Según Edgar Armond, en su obra Mediumnidad, nos habla de dos tipos de guías espirituales. Por un lado, los “Guías de encarnación” –ligados al individuo solamente en relación a los acontecimientos de una vida en el plano material-, y “Guías de Evolución” –ligados a periodos más o menos largos de sus vidas anteriores.-

              Por lo general, durante el desarrollo de una mediumnidad, casi todo el peso recae sobre los protectores; siendo estos los encargados del desenvolvimiento, desarrollo de la sensibilidad, fluidez, y sobre todo concienciación de la tarea encomendada; haciendo especial hincapié en la transformación moral que eleve la sintonía espiritual del médium, y de ese modo, facilitarles la tarea a ellos. Al mismo tiempo ajustando mente –espíritu- y cuerpo, para la realización de la misión a realizar con materia física exitosamente.

Suele ser un proceso más o menos largo, dependiendo del punto en que se encuentre el médium en desarrollo y de sus condiciones espirituales. Obviamente, si se trata de una facultad impuesta y el médium no está por la labor de cooperar, el trabajo se complica exponencialmente, siendo presa fácil de espíritus de baja condición moral, de mistificadores que pueden provocar, no solo complicaciones espirituales, sino también perturbaciones psíquicas, depresiones profundas  y desequilibrios obsesivos; y en casos extremos, numerosas dificultades materiales: enfermedades, accidentes, entorpecimientos de variada índole, etc.

En el caso de la mediumnidad de prueba o voluntaria, el desarrollo, aunque puede no estar exento de algunas dificultades, suele tener un proceso muy distinto, aunque la dificultad estriba, como ya hemos comentado anteriormente, en la concienciación personal, en el trabajo interior inspirado por esas mismas entidades espirituales colaboradoras, que aprovechan distintos momentos de nuestra vida para de una forma más o menos sutil orientarnos y de ese modo, salvaguardar la libertad de elección. Sin embargo, las debilidades y defectos, así como el peso de la materia y de las circunstancias que la envuelven, pueden provocar que el médium se deje llevar por la comodidad, olvidando su compromiso, distrayéndose de las tareas importantes, relativizando o devaluando el trabajo espiritual.

En estos casos, la parte negativa, ante la amenaza de la aparición de una buena facultad, de nuevo foco de luz, redoblan sus esfuerzos para explotar las debilidades humanas, sobre todo de aquellos incautos que invigilantes no se conciencian de la importancia de la tarea encomendada. Por encima de todo, hay dos obstáculos por donde se diluyen las más altas aspiraciones espirituales de los médiums, que son el fanatismo y el endiosamiento. Una vez se ha caído en sus redes resulta muy complicado salir.

En el caso de los médiums naturales es diferente, el trabajo fructífero acumulado en las diferentes existencias facilita sobremanera el desarrollo casi imperceptible de las facultades. El grado moral alcanzado en el pasado abre las puertas a una comunicación más directa con sus guías y protectores. Aunque no están exentos de errores y equivocaciones, suelen ser espíritus que traen una misión importante relacionada con la colectividad.

Además, hay que tener en cuenta lo que supone el trabajo en común, es decir, progresan los médiums y progresan los protectores y guías. No obstante, se puede dar la circunstancia de que, en base al libre albedrío del médium, este se desvíe de sus tareas, haciendo oídos sordos a las recomendaciones, advertencias y avisos que irá recibiendo. En estos casos, las protecciones deberán de tomar una decisión, o bien continuar con su trabajo, o bien abandonar a su suerte a su protegido ante la falta de respuesta positiva y acumularse los errores. Dicho de otro modo, en la balanza se sopesa el mal ejemplo del médium, con la tarea positiva que pueda estar desarrollando con la ayuda del plano espiritual.  ¡Cuántos sensitivos pese a su mala conducta, continúan recibiendo la inspiración de lo Alto para ayudar a las gentes! ¡Cuántos curanderos en el ejercicio mercantilista de su facultad, continúan recibiendo ayuda espiritual para beneficio de los enfermos del cuerpo y del alma!

Sin embargo, no siempre es así, en la mayoría de los casos, ante las dificultades casi insalvables que presentan con su conducta los médiums desviados, los guías y protectores optan por apartarse, dando paso a una turba de entidades espirituales más afines, de bajo tenor vibratorio que van a seguir desviándole del rumbo en dirección al error, la fantasía, el fanatismo e incluso al ridículo.

Por fortuna también se dan casos totalmente contrarios. Médiums moralizados que se responsabilizan de su trabajo espiritual, abrazándolo cada día con mayor fuerza y entusiasmo; sacrificando muchas veces el descanso que su tiempo libre les permite, renunciando al ocio y la vida plácida a cambio de una actitud de trabajo abnegado. Esta clase de mediums, como instrumentos dóciles, se prestan siempre a hacer el bien recibiendo orientaciones apenas sin darse cuenta para la realización de distintas tareas. En estas circunstancias, la ayuda espiritual se multiplica. Otros hermanos espirituales afines, ansiosos por trabajar y colaborar con los encarnados se vuelcan para ampliar las posibilidades de éxito. Incluso, se puede dar la circunstancia de que algún protector pueda ser sustituido por otro más especializado, más preparado para las tarea y proyectos en marcha. Es en pocas palabras, explotado en el buen sentido de la palabra, puesto que existe a nuestro alrededor una gran cantidad de necesidades que atender y cubrir. Se convierten en la voz y las manos del mundo espiritual superior, brindando el consuelo y la esperanza para muchos afligidos y desorientados. Como dice el evangelio Lucas; 10; 2: “La mies es mucha, pero los obreros pocos”.

Por lo tanto, las mejores herramientas con las que el médium puede y debe trabajar, si quiere conseguir el éxito en su trabajo en común con sus protectores y guías son las siguientes:

  • Paciencia: Especialmente al inicio, ya que el desarrollo de una facultad requiere de su tiempo pues no existen dos facultades iguales. Hay que confiar en los protectores y en su trabajo, demostrando el deseo sincero de colaboración y entrega.
  • Constancia: Sabiendo que los resultados, más pronto o más tarde habrán de llegar.
  • Discernimiento: Hay que analizar todo, hay que estudiar, observar, dialogar con gente experimentada para conocer sus diferentes puntos de vista. No dar por hecho o cierto nada que no resista un análisis riguroso. Si algo está equivocado rechazarlo y si algo queda dudoso o poco claro, hay que aparcarlo.
  • Prudencia: Para no lanzar las campanas al vuelo, sobre todo cuando se empiezan a cosechar algunos resultados satisfactorios, cuidando no caer en fanatismos ni endiosamientos, como hemos comentado anteriormente. Los primeros resultados positivos, aunque dejen entrever la buena senda no garantizan éxitos futuros, puesto que hay riesgo de caer en nuevos errores y desviarse del camino.
  • Disciplina: Utilizando un método a cumplir con rigor y esfuerzo. Ellos se comprometen a cumplir con su parte pero nosotros debemos corresponderles en idéntica medida. No hay que olvidar nunca que se trata de un trabajo en común.
  • Y por último; Lealtad: Lealtad a un compromiso, lealtad a una causa que de una forma u otra nos comprometimos a llevar a buen puerto. Es el compromiso con el Maestro para llevarlo hasta las últimas consecuencias. Él no nos va a fallar y nosotros no podemos fallarle. Así de sencillo y así de claro.

Si cultivamos todos esos valores, además de una disciplina moral como pauta de comportamiento, como estilo de vida; entonces la ayuda de los protectores, asistentes, y de los guías, será mucho más patente.

El hecho de venir con una materia conlleva muchos riesgos, muchas dificultades, empero, si se consigue el objetivo y en la balanza sobrepujan las buenas obras a las malas, habremos rescatado numerosas deudas del pasado que nos permitirá retornar al mundo espiritual con alegría y satisfacción. Los amigos, hasta ese momento invisibles, nos recibirán con los brazos abiertos por los éxitos en común logrados.

Pensemos en ello y consideremos si merece la pena el esfuerzo.

 

Guías, protectores y familia espiritual por: José M. Meseguer

© 2017, Amor, Paz y Caridad

ADORACIÓN A DIOS

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Adoración a Dios

Según la Real Academia de la Lengua la palabra adoración significa: “Reverenciar o rendir culto a un ser que se considera de naturaleza divina”. También puede significar: “Amar con extremo”.

Sin embargo, la mejor interpretación, o al menos la más precisa desde mi punto de vista nos viene de la doctrina espírita. En la pregunta 649 del Libro de los Espíritus la concreta de la siguiente forma: “Es la elevación del pensamiento hacia Dios. Mediante la adoración acercamos nuestra alma a Él.”

Todas las criaturas; en especial los seres inteligentes de la Creación necesitamos de Él, puesto que formamos parte de su esencia, somos una chispa divina en desarrollo y crecimiento hacia la perfección.

Elevando el pensamiento nos reforzamos espiritualmente, recibimos inspiración, conectamos con la realidad íntima; entramos en comunión mental con lo divino, nos reajustamos para  recuperar o centrar, en mejor medida, el camino a seguir, en inevitable ascensión hacia la meta soñada.

La adoración supone tomar conciencia de nuestra pequeñez, reconocer la grandeza de nuestro Padre a través de su Obra.

Es buscarle con el sentimiento, proyectar el pensamiento para dejarse envolver por su energía poderosa y para que los vínculos que nos unen se hagan más fuertes, se amplifiquen.

Los ascetas, los místicos, los grandes maestros espirituales; incluso con el esfuerzo estoico de algunos espíritus sumergidos en la retaguardia moral en momentos de grandes dificultades, supieron conectar con esa Fuente Divina para recibir la ayuda necesaria, el flujo de Amor que a todos protege y ampara.

En épocas pretéritas la adoración se manifestaba por medio de distintos tipos de ofrendas y sacrificios, buscando demostrar, a través de los actos externos, la sumisión y la importancia del Dios al que se rendía culto. Hoy día la mentalidad es muy distinta. La forma importa poco y el fondo es el todo. El pensamiento y el sentimiento dirigido hacia lo Alto, con sinceridad, sin artificios ni nomenclaturas estériles, es el único método válido con capacidad de elevación, de llegar con claridad a su objetivo final.

Tampoco existen lugares especialmente adecuados para rendir adoración o culto, como nos han inculcado muchos líderes religiosos a lo largo de la historia. Al menos hoy día, un sector significativo del conglomerado humano ya no necesita de lugares supuestamente sagrados para conectar con Dios, gracias a su comprensión de la realidad espiritual. Sabemos que el verdadero templo de Dios está en todas partes; como refleja la bella poesía de Amalia Domingo Soler titulada LA ORACIÓN. Reproducimos aquí algunas estrofas con su pensamiento:

 

“Para rogar al Eterno

yo no encuentro necesario

entrar en el santuario

que la costumbre fijó.

¡Cuando un alma dolorida

no encuentra a su mal consuelo

le basta mirar al cielo!

¿Hay templo más grande? No.

 

…Cuando me encuentro en parajes

donde no hay templos de piedra,

ni ermitas, donde la hiedra

pueda su manto extender.

Busco en collados y en montes

magnífico santuario,

que en un valle solitario

allí está el Supremo Ser.

 

Allí está el cielo y la brisa,

las cascadas y las flores,

y las aves de colores

que bendicen la creación.

Está la naturaleza,

esa fábrica grandiosa,

de belleza portentosa

y gigante construcción…

 

(Ramos de Violetas, tomo I; Amalia Domingo Soler)

Despojándonos de prejuicios y preconceptos del pasado; estudiando y analizando la grandeza del Creador se nos amplía el campo de visión, la conciencia se expande. Y en la medida en que nos vamos apoyando en El, lo material pierde valor para tomar una mayor importancia lo espiritual. Los problemas y obstáculos de la vida se observan como un trámite necesario que nos han de enriquecer; son experiencias que han de pasar a formar parte del acervo personal, engrandeciéndonos, elevándonos.

La ley innata de adoración nos hace comprender que nunca estamos solos; que manos amorosas nos sostienen. Son en conjunto los mensajeros de Dios que nos guían; es la Armonía Universal que nos dirige con sus manos repletas de generosidad. Al mismo tiempo, este descubrimiento nos envuelve en un profundo sentimiento de gratitud por todo aquello que se nos otorga y que  no merecemos ¡¡Somos tan limitados y pequeños todavía!!

Todo ello nos conduce a una conclusión que representa un compromiso profundo: La necesidad de un cambio interior, la urgencia de servir al prójimo, de hacer todo el bien posible, a manos llenas. Corresponder a las dádivas de Dios devolviendo una pequeña parte de lo que recibimos. Siendo instrumentos del bien; sin pulir todavía pero con capacidad de crecer, mejorar a través del consuelo, de la manifestación de la caridad en sus múltiples formas para acercarse a las necesidades de los demás. Esta es, en definitiva, la mejor ofrenda a Dios, amarle a través del servicio desinteresado; ser partícipe de su obra.

Y puesto que somos tan frágiles, imperfectos y llenos de necesidades, nos sentimos impelidos de una forma innata a solicitar auxilio y amparo.

También la fe en el porvenir nos sostiene. La fe es la antorcha que ilumina el camino, que facilita la comunicación íntima con nuestro Padre. No hay que olvidar nunca que somos parte de Él desde que fuimos creados, somos la consecuencia principal de su amor.

Con la oración o elevación de pensamiento se potencian cualidades como son: la fortaleza, la esperanza, la paciencia, la resignación, etc., para afrontar y resolver con éxito todas las vicisitudes que la vida nos tenga preparadas; superando pruebas, rescatando deudas del pasado.

Algunas circunstancias dolorosas y desagradables de la vida no podremos evitarlas; empero, una mano fuerte, firme nos sostiene; convirtiéndolas en más livianas, más suaves, menos severas.

Por otro lado, hay que considerar que la adoración a través del pensamiento y respaldada con buenas obras supone la base para el cumplimiento de nuestros deberes. Significa abrazar la tarea con confianza, sin miedo; no esperando a que llegue a nosotros sino acudiendo a su encuentro.

Para ir concluyendo queremos recalcar que la excelencia en la adoración se encuentra en los hechos más que en las intenciones, también en los esfuerzos por ser cada día mejor; no hay mejor tributo que ese. Además, cuando se toma la determinación firme de un verdadero cambio moral, una fuerza extraordinaria y poderosa desciende para secundar dicha decisión personal, tomando un impulso imparable. Fue lo que sin apenas percibirlo de una manera consciente demandaba el espíritu ofuscado y perdido de Pablo de Tarso. En un momento clave, se le materializó en el desierto la excelsa figura del Maestro mostrándole el camino, la tarea a realizar. Desde ese momento le acompañó, le sostuvo en sus luchas y sacrificios hasta completar su tarea, convirtiéndose en uno de los más fieles e importantes apóstoles de la cristiandad.

 

Adoración a Dios por:   José M. Meseguer

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EL HECHO MEDIUMNICO

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El hecho mediumnico

Reflejo muy pálido de lo que son las organizaciones de los planos superiores de la espiritualidad,  lo son algunos grupos y asociaciones en la Tierra. En dichas regiones llenas de bondad y sabiduría se asocian, se reúnen para trabajar, asistidos a su vez por otros más elevados, y así sucesivamente hasta alcanzar a la fuente primera, la esencia pura, la causa primera de todas las cosas que es Dios. Del mismo modo, de Él parte, como un torrente inagotable, toda la energía, toda la luz para que el universo continúe su progresión sin límites, para que todas sus criaturas evolucionen en una única dirección; hacia la grandeza, hacia la perfección. La parte material es el último eslabón, el final de la cadena.

Por tanto, la vida en general y la humana en particular, es en cierto modo un hecho mediúmnico, un intercambio permanente. Nosotros todavía ciegos y sordos, no somos capaces todavía de captar la envergadura del trabajo que se desarrolla a nuestro alrededor, siendo muchas veces colaboradores más o menos inconscientes.

Nunca estamos solos. Nuestros éxitos, fruto del trabajo y del esfuerzo, se encuentran respaldados por entidades anónimas que jamás aparecerán como protagonistas. Nadie les recordará en el plano físico, sus nombres no serán citados; dando un ejemplo de abnegación, de renuncia, demostrando una elevación por encima de las vanidades humanas.

Aprovechan el impulso, el esfuerzo, el arduo trabajo material de los encarnados para verter e inspirar su sabiduría, y de ese modo contribuir para completar y perfeccionar las iniciativas humanas en todos los campos del saber.

Son aquellos seres que nos aman, bien por vínculos familiares, afectivos del pasado, o también especialistas, trabajadores invisibles que se interesan por nuestros proyectos, colaborando con ellos; muchas veces, previo compromiso de colaboración mutua, antes de encarnar.

Su objetivo, impulsar el progreso en todos los órdenes de la vida; sobre todo, en el aspecto moral del ser. Induciendo con las sugestiones que nos envían, para que seamos mejor hoy que ayer. Ayudando en la superación de los entorpecimientos y escollos personales, para dar paso al desarrollo de nuestras capacidades, nuestras potencialidades, en el cumplimiento de una misión concreta.

Todos traemos un compromiso en la vida muy importante. El nuestro es el más valioso porque es intransferible. Se trata de un trabajo específico que ha de repercutir en uno mismo y en los demás. Tenemos libertad para cumplirlo o rechazarlo, desarrollar una o varias facetas. Aunque los llevamos grabados en la conciencia, no recordamos los compromisos para no condicionarnos, sin embargo el tiempo es oro. No sabemos de cuánto tiempo disponemos para su realización, aunque a priori, siempre es suficiente. Otra cosa son los entorpecimientos y la voluntad por desarrollarlos. Podemos perder el tiempo olvidando que una existencia con materia es una oportunidad única, singular. ¡Es tanto lo que se puede hacer!

Efectivamente, las ideas e iniciativas que nos surgen pueden estar sugeridas por esas entidades que nos consideran dignos de llevarlas a cabo. Si no encuentran la fuerza o el entusiasmo suficiente, buscarán a otros para su ejecución. El progreso busca su camino, como el agua de un río se abre paso entre las rocas y los arbustos. De ese modo, todos, de una manera sencilla, desde nuestra pequeñez, contribuimos sin darnos cuenta al progreso general.

Es la solidaridad, es la Fraternidad Universal actuando, fruto de la manifestación de la ley del Amor. Son los lazos invisibles que nos conectan unos con otros, estableciendo una conexión, una corriente sólo interrumpida por la prevalencia del mal temporal, del desequilibrio, de la falta de vigilancia y atención; fruto de la ignorancia y del atraso.

Superada esta difícil etapa, la armonía y los vínculos naturales con el prójimo se van perfeccionando. La energía positiva, en lugar de polarizarse sobre uno mismo, fluye cada vez con más fuerza hacia los otros, generando mucho bien, sabiduría, amor en acción.

La inspiración llega por diversos medios. La mente trabaja y se conecta. Estudia, analiza, deduce, amplía. Se crea, en una palabra, el caldo de cultivo para que la respuesta llegue, la tarea se concretice. Tras un comienzo más o menos dudoso, va tomando forma, aparecen ideas con las que no se contaba, consecuencia de la inspiración espiritual que nos llevan en una dirección concreta. Es como recorrer un camino planificado, estudiado, sin embargo van surgiendo de una manera espontánea novedades que enriquecen, que complementan la labor; así sucesivamente hasta su objetivo final.

Además, durante el sueño reparador, la mente espiritual continúa trabajando. Aflojados los lazos con el cuerpo, el espíritu que goza de mayor libertad, intercambia ideas con otras entidades, continúa aprendiendo, comprende mejor. Sin los lazos materiales, ve con mayor claridad cualquier posible error fruto del cansancio o de las vicisitudes que conlleva la materia densa. Recibe consejos, orientaciones; recibe también impulso, inyecciones de entusiasmo, de fuerza, de vitalidad.

Somos médiums en potencia ahora más que nunca. El siglo XIX fue el despertar, el siglo XX del estudio y su desarrollo; el siglo XXI será el de la eclosión definitiva de la mediumnidad.

El hecho difícil y doloroso de la transición planetaria está acelerando los procesos. Por un lado, encarnando espíritus venidos de otra dimensión más evolucionada, y otros que con su compromiso mediúmnico han tomado conciencia de su labor y se encuentran trabajando, con un alto sentido de la responsabilidad, para llevar a cabo sus tareas espirituales.

Paralelamente hay que contar con un numeroso grupo de médiums que se encuentran, por diversas causas, a merced de ciertas entidades negativas, perturbadoras, que a través de sus malas artes, fascinan, perturban, entorpecen y obstaculizan cualquier avance personal o colectivo. Estos se encuentran en todas partes, dentro y fuera de la doctrina espírita.

Son médiums endeudados, rehenes de sus propios defectos, aprovechados por dichas entidades en su propio beneficio, torpedeando, obstaculizando y desanimando para que no se avance en ninguna faceta espiritual. Creando intrigas, desconfianzas, desunión, para que abandonen el barco, desanimados y desorientados, y que sólo queden los afines a su causa poco noble. Apartando de sus conductas, como si de una utopía se tratara, la indulgencia, la tolerancia y el respeto que merecen todos sus compañeros de viaje. Unos valores que salen de sus bocas, pero no parten del corazón.

Son también aquellos que conocen muy bien la teoría, justifican sus faltas, sus errores. Siendo muy condescendientes consigo mismos pero intransigentes y exigentes con los demás.

Olvidando que formar parte de una tarea espiritual, dentro de un grupo, es una misión que previamente se solicitó y rogó insistentemente, muchas veces haciendo méritos, en ese mismo plano espiritual, para ser admitidos en la tarea sacrificial terrena, entre una ingente cantidad de candidatos ávidos de progreso… ¿Y qué ocurre después? Pues que, una vez llegados aquí muchos olvidan, se distraen, o se dejan arrastrar por sus egos, por sus imperfecciones. Es una valiosísima oportunidad no bien aprovechada o incluso perdida.

Vamos a concluir este artículo con el pensamiento del inigualable Leon Denís donde expresa con gran maestría algunas ideas muy interesantes: “Centenares de espíritus superiores se reúnen por encima de nosotros y dirigen el movimiento espiritualista, inspeccionando, inspirando a los médiums, derramando sobre los grupos y sobre los hombres de acción, las vibraciones de su voluntad, las irradiaciones de su genio.

Conozco a varios grupos que poseen una asistencia de este orden. Por la pluma, por los labios de sus médiums, los espíritus guías hacen oír sus exhortaciones, sus consejos, y a pesar de las imperfecciones del centro, a pesar de las sombras que debilitan y velan las irradiaciones de su pensamiento, es siempre un encanto penetrante, una alegría del corazón, un gran consuelo, poder saborear la belleza de sus enseñanzas escritas, oír los acentos de sus voces que nos llegan como un eco lejano de las esferas celestes.” (En lo Invisible; cap. V).

Seamos dignos merecedores de las vibraciones de esos seres de luz a través del trabajo abnegado y del esfuerzo. Ese es nuestro compromiso y ese es nuestro deber.

 

El hecho mediumnico por: El hecho mediúmnico por: José Manuel Meseguer

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LA LEY NATURAL O LEY DE DIOS

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La Ley natural o Ley de Dios

 

LAS LEYES MORALES

Llevamos impresa en la conciencia la noción del bien y del mal que Dios nos ha dado desde que nos creó, con la misma facilidad para inclinarnos al mal como para inclinarnos al bien.

Sin embargo, si observamos la historia de la humanidad comprobaremos fácilmente la mayor propensión al mal del ser humano: odio, rencor, guerras, fanatismos, avaricia, etc. Un sinfín de imperfecciones que nos podría hacer pensar, en una posible incapacidad humana para asimilar moralmente algo mejor.

Puede resultar hasta paradójico intentar comprender: ¡Cómo es posible tener originariamente impresa en la conciencia la ley natural o ley de Dios, y al mismo tiempo olvidarla haciendo todo lo contrario!

El hecho de que esté escrito en nuestra conciencia no es óbice para que en base a nuestro libre albedrío, desoigamos los consejos del Yo Superior y nos inclinemos por las tendencias materiales anteriormente reseñadas.

Al optar por el camino del mal, el sentido espiritual que poseemos se empequeñece, para tomar preponderancia el materialismo que impide el recto discernimiento, pues las pasiones y las ilusiones terrestres impiden razonar acertadamente sobre las pautas a seguir.

Como consecuencia de dicha confusión perdemos el timón del barco; o dicho de otro modo, perdemos el verdadero sentido que tiene la vida, el por qué y para qué estamos aquí. Y por consiguiente, tratamos de justificar nuestra conducta con otros planteamientos muy alejados de la realidad espiritual, puesto que como indicábamos anteriormente, nuestra conciencia real se oscurece.

Dios nos crea sencillos e ignorantes. Nos graba en la conciencia la diferencia entre el bien, (la ley de Dios o ley natural) y el mal (tomar otros caminos, en sentido contrario a las leyes divinas). Lo cual hace que, a medida que el espíritu sin experiencia desoye a su conciencia y a los espíritus guías que le asisten, va cayendo en un pozo de responsabilidad, deudas, sufrimientos. Se impermeabiliza y se oscurece su sentido de la realidad, su meta final.

Este es sencillamente el proceso básico de la inmensa mayoría de espíritus cuando estamos sometidos a las pruebas y vicisitudes de los mundos de expiación y prueba, como es en nuestro caso. Cuesta mucho trabajo salir de ahí, pues adoptamos fácilmente posturas y actitudes negativas que pasan a conformar un elemento más de nuestra personalidad, hábitos y costumbres.

Las leyes de Dios son inmutables, no cambian nunca. Cuando no nos sometemos a ellas sufrimos las consecuencias de nuestras acciones.

Sin embargo, cabe puntualizar que no necesariamente hemos de pasar por las pruebas del mal sino por las de la ignorancia. Es decir, no estamos destinados a caer en el error, y las pruebas no son sinónimo de “trampas”, como alguien puede suponer. Los espíritus que están comenzando su etapa de “humanidad”, adquieren responsabilidad de sus actos a medida que se desarrolla su conciencia, y esta no les engaña nunca; siempre les guía correctamente aunque no tengan experiencia.

Cuando no es así, y se deja llevar por las malas influencias, desoyendo a su voz interior, cometerá muchos errores dependiendo de su voluntad, hasta poner límites a su caída. A partir de entonces tendrá que pasar un tiempo, generalmente mucho, hasta que el espíritu cansado de errar y de sufrir, adopte una postura que le devuelva progresivamente la lucidez, produciéndose, de esa forma, el efecto contrario. A partir de ese momento, las ansias de progreso, de paz, de luz, de felicidad, le impelen al esfuerzo y al trabajo sin descanso con las miras puestas en alcanzar la meta soñada. En ese caso, el espíritu aprovecha las experiencias vividas potenciando su voz interior, la voz de la conciencia, que hasta ese momento se encontraba como adormecida para tomar un impulso definitivo, renovándose. Es el triunfo de la luz sobre las tinieblas, de la libertad individual redescubriendo el camino recto y el amor. Pasamos a rescatar viejas deudas del pasado a través del sacrificio del amor, y no tanto ya por el dolor-rescate.

No obstante, el principal obstáculo son las cicatrices del pasado, los viejos hábitos, las malas tendencias. En definitiva, las imperfecciones morales a las que hay que combatir. El mal deja de estar afuera, para comprender que está en el interior. Es como una vieja casa, de gran valor, que ha estado descuidada durante mucho tiempo, y necesita una renovación profunda; devolverle el brillo, el orden y el sentido acogedor y bello para el que estaba destinada.

Por lo tanto, toda la ley de Dios está resumida en una máxima: “Amarás al prójimo como a ti mismo”. Primero amarnos a nosotros mismos, alejando el sentimiento de culpa, los complejos, elevando la autoestima con pensamientos positivos y edificantes.

Como afirmó el prestigioso médico y filósofo escocés del siglo XIX, Samuel Smiles:

Siembra un pensamiento y cosecharás un acto,

siembra un acto y cosecharás un hábito,

siembra un hábito y cosecharás una personalidad,

siembra una personalidad y cosecharás un destino….

Cuando nos amamos y tenemos claro el camino, llega de una forma natural el amor al prójimo. Dejamos de “polarizar” (guardar para nosotros egoístamente), todo aquello que nos llega de lo Alto, para que a su vez fluya, de forma generosa, hacia todos aquellos que nos rodean.

La misión de los grandes avatares que han pasado por la Tierra ha sido precisamente, en base a cada momento evolutivo de la humanidad, modificar las creencias humanas para acercarlas en la medida de lo posible a Dios, diluyendo la viejas creencias supersticiosas o incompletas, por otras más lógicas, más acordes con las necesidades y la capacidad de comprensión de cada época. Precisamente, en un mundo de expiación y prueba como es el nuestro, donde prevalece el mal sobre el bien, sus intenciones fueron siempre que retomáramos el hilo del progreso a través de sus ejemplos y enseñanzas, recordándonos las leyes naturales o leyes de Dios ya olvidadas o tergiversadas.

Los grandes maestros, con sus conciencias lúcidas, sin dejarse arrastrar por la parte material que como humanos a todos nos influye, fueron capaces de dar testimonio del mensaje renovador inspirado por lo Alto, demostrando que la única vía para alcanzar la felicidad se encuentra en la armonización y sometimiento a las leyes de Dios.

Sirva como símil la observación de la naturaleza, sus leyes promueven el desarrollo de la vida y su equilibrio, facilitando el progreso y la armonía de todas las especies y cosas. Pues bien, ¿qué sería del mundo si cada especie tomara un camino distinto al que está destinado hasta ahora; especies animales que matasen por placer, plantas que olvidasen de cumplir con sus funciones elementales de fotosíntesis o tomar las sustancias necesarias del suelo, o la fauna marina que buscase con ahínco la superficie terrestre a la búsqueda de nuevas sensaciones? Sería absurdo, ¿verdad? Todo se enlaza en la naturaleza de un modo admirable. Siempre, en aras de una armonía sinfónica común.

“La ley natural traza al hombre la frontera de sus necesidades” (Libro de los Espíritus, ítem 633.)

El Maestro Jesús sigue siendo el arquetipo más perfecto que ha pasado por la Tierra. Su ejemplo y vivencia no tienen parangón. Dividió la historia en dos al traer, en unos tiempos difíciles y convulsos, el mensaje de Amor, renovador, que debía de orientar a las almas perdidas y turbadas por las pasiones y la ignorancia.

Él lo dejó muy claro: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.” (Mateo 16:24).

Se refería, entre muchas cosas, a que aceptáramos las vicisitudes que la vida nos tuviera preparada, luchar contra las malas inclinaciones y hacer abnegación de uno mismo.

Sometámonos pues a las leyes de Dios, rechacemos la rebeldía y transmutemos dicha energía en un sentimiento de gratitud por todo lo que nos ofrece la vida, llena de amor, generosidad y de luz.

 

La Ley natural o ley de Dios por: José M. Meseguer

©2017, Amor, Paz y Caridad

SINTONÍA ESPIRITUAL

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Sintonia espiritual

«¿Influyen los Espíritus en nuestros pensamientos y en nuestros actos?

– Mucho más de lo que imagináis. Influyen a tal punto, que de ordinario, son ellos quienes os dirigen.»

(El Libro de los Espíritus, Allan Kardec, pregunta 459).

“Por tanto, puesto que “tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos”, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,” (Hebreos; 12:1)

Como ya es sabido, el pensamiento es una energía poderosa del ser humano que constantemente está emitiendo y recibiendo, tanto de encarnados como de desencarnados.

Rodeados de esos “testigos” e influenciados por ellos, como hacemos mención al principio, hemos de ser conscientes de la alta sensibilidad que nos caracteriza, por el hecho de ser en mayor o menor medida médiums, y por tanto, la influencia que recibimos y ejercemos sobre otros es mayor de lo que nos podemos imaginar.

De ese modo, la actitud y la naturaleza de los pensamientos que emitimos son fundamentales a la hora de hablar de los grupos mediumnicos, pues la sintonía es determinante para atraer fuerzas de un tipo u otro.

Mucho se habla de esa sintonía, del animismo, de las mixtificaciones en los trabajos, de la influencia de los hermanos benefactores. Sin embargo, nos olvidamos que, fuera del trabajo mediumnico, siempre estamos rodeados de entidades de todo orden, especialmente, de aquellas que atraemos por ley de afinidad y de vibración; formando así, una atmósfera propia que unida a la del resto, conforma el ambiente espiritual que se respira en nuestro centro espirita.

Es precisamente en el centro espirita donde se deben de marcar unas líneas de trabajo claras, en base a una disciplina y unos sentimientos sinceros de cambio. Es donde también se deben de  reflejar las más nobles aspiraciones espirituales, conscientes de nuestra inferioridad y de las deudas karmicas que arrastramos del pasado.

Efectivamente, es perentorio realizar un esfuerzo continuado de superación personal, no obstante, las amenazas a las que estamos expuestos.

Aunque pueda existir buena voluntad por parte de todos, los espíritus perturbadores, siempre al acecho, intentarán aprovecharse de nuestros defectos y debilidades, especialmente de aquellos que permanecen distraídos, de los acomodados, de los que no terminan de asumir sus compromisos, dejándose llevar por la corriente de los pensamientos inspirados por esos hermanos de bajo tenor vibratorio.

Si encuentran algún resquicio, tratarán de incentivar, aprovechando los momentos de reunión, las intrigas, desconfianzas, provocando choques inoportunos, discusiones estériles, para que la confianza vaya menguando, y con ella, las ilusiones de compartir, de trabajar juntos con un propósito común. Poniendo a prueba, la solidez, la armonía y la buena voluntad de los componentes del grupo.

Esos seres del bajo astral, son verdaderos artesanos de nuestros defectos. En cuanto nos descuidamos fomentan el personalismo, alimentan a través del pensamiento relajado,  la vanidad respecto a nuestra valía e importancia dentro del conjunto. Inciden para que engordemos el “yo” por encima del “nosotros”. Nos pueden inducir sutilmente a centrarnos en la cuota de trabajo personal, para olvidar que “los otros también trabajan y aportan su granito de arena”, perdiendo el interés por sus “actividades menores” en pos del bien general.

Cada componente del grupo ha de encontrar su sitio, ninguna tarea es más importante que otra, puesto que todas son necesarias para enriquecer al conjunto. En el campo de la mediumnidad ocurre lo mismo, todos son necesarios pero nadie imprescindible. Hay que abandonar los campeonatos de protagonismo en los trabajos mediumnicos. La limpieza de sentimientos y de intenciones es fundamental.

Desde el respeto mutuo, valorar las opiniones y los comentarios de nuestros compañeros; no como un ataque, o una desconsideración, sino como algo edificante y constructivo, que nos puede ayudar a mejorar en nuestro trabajo en común, en aquello que aportamos al conjunto.

Otra de las circunstancias que se pueden dar, generando desequilibrio y problemas, es el de aquellas personas que en base a su buena fe y cierta candidez, son fácilmente influenciables por compañeros a los que les gusta dirigir. Estos últimos creen saberlo todo, necesitan reivindicarse, pero se esconden detrás de una imagen de prudencia, humildad y cordialidad, generando una brecha, un resquicio por donde pueden dichas entidades, filtrarse y actuar con más facilidad.

Por todo ello, es muy importante el estar pendiente de los detalles, demostrando valoración hacía todos sin distinción. Por ejemplo, a la hora de hacer partícipes a la totalidad de componentes del grupo de las iniciativas, cuando son de una cierta relevancia, para que la gente sepa y se ilusione, creando un frente común, y para alejar aquellas ideas fantasmas que puedan provocar recelos y desconfianzas.

Otro de los problemas que suelen generar esos espíritus de baja condición, cuya misión consiste en torpedear cualquier foco de luz, cualquier compromiso colectivo con el Maestro Jesús, lo encontramos muy bien detallado en la obra psicografíada  por Raúl Teixeira “Corriente de luz”. Nos explica el espíritu de Camilo lo siguiente: “La fascinación fundada en la vanidad y en el orgullo va minando siempre las posibilidades de la persona… Muchos dan preferencia al uso de expresiones que bien indican su poca disposición de transformación superior: “no hay nada malo en eso”, “todo el mundo lo hace así”, mientras otros prefieren: “no soy de hierro “, “aún soy humano”, “no soy fanático…”

Es en pocas palabras, acomodarse a una determinada condición espiritual, a una forma de ver las cosas, olvidando, que el verdadero espirita es un trabajador incansable, un servidor que no se puede permitir el lujo de adaptar la doctrina, la vivencia espirita y mediumnica a su interés o capricho.

Por muchos años que podamos conocer y estudiar la doctrina, nunca sabremos bastante. Es necesaria una actitud y una predisposición al cambio, a estar abiertos, con verdadera humildad y un sincero propósito de cambio moral y de aprendizaje.

Como hemos comentado en otras ocasiones, la tarea mediumnica comienza cada día, cada hora. Manteniendo, dentro de nuestras posibilidades, un tenor vibratorio alto, para que esa parte negativa no pueda apartarnos del camino trazado, y así evitar fascinaciones producto de nuestra falta de vigilancia.

Si en alguna ocasión fallamos o nos descontrolamos, tener el suficiente coraje para rectificar y reconducir la nave.

El éxito o fracaso en el intercambio mediumnico depende mucho de las grietas abiertas, de los resquicios por donde esos hermanos ignorantes de su realidad espiritual puedan actuar. Es necesaria mucha dedicación, mucho esmero y atención para no dejarse embaucar. El mundo espiritual superior ayuda muchísimo, sin embargo, necesitan de nuestra colaboración, de nuestra entrega sincera.

Actualmente se está librando una dura batalla entre las dos fuerzas espirituales, unas sutiles, benefactoras, invitándonos al cambio y al sacrificio; y por otro lado, aquellas que tratan de imponerse a través de una estrategia muy bien definida, para casi, sin darnos cuenta, hacernos caer en sus redes, con las lamentables consecuencias que ello supone.

El mundo mayor informa a través de distintas fuentes que ha llegado la hora del testimonio. Debe de existir un equilibrio manifiesto entre la razón y el corazón. El espiritismo exclusivamente intelectual está condenado al fracaso si no viene acompañado de un sentimiento sincero puesto en acción; de esos brotes de amor, compasión, solidaridad, fraternidad, etc. El camino es muy claro y no ofrece dudas.

Por todo ello, es perentorio, ahora más que nunca recordar y tener muy presente las palabras del Maestro cuando afirma: “Orad y vigilad”.

Cuando un grupo trabaja bien, con un alto sentido de la responsabilidad; cuando trata de vivir la fraternidad desde la comprensión y la tolerancia, los resultados no tardan en llegar. Esta circunstancia provoca un efecto contagioso, es decir, se transmite alrededor, sobre todos hacia quienes se acercan a ellos, o cuando viajan a eventos como congresos, convivencias, encuentros, etc.

Sin embargo, cuando se descuida el trabajo interior, la unión se puede resentir, dando paso a las malas tendencias, como pueden ser los comportamientos individualistas, o con la creación de subgrupos dentro del conjunto, dándoles cierta preferencia.

Por lo general, la falta de comunicación, de previsión y de compromiso, demuestra a las claras cómo las influencias negativas corroen las entrañas del centro espírita, provocando tristeza, desaliento, desánimo. Si falla el sentimiento sincero, por muy blindados que estén de conocimientos, es como una gran máquina de producción pero sin corriente eléctrica que la haga funcionar. Es como una gran obra literaria, en la que no se pasa del primer capítulo porque no se termina de entender, obligando a empezar una y otra vez desde el principio. También con excusas como: “La evolución es lenta”, “las cosas espirituales cuestan mucho de implantarse en la sociedad”.

Nadie nos pide ser una especie de místicos o santos. No obstante seamos, en nuestras relaciones sociales, verdaderamente auténticos, naturales y sencillos. Tengamos el coraje de trabajar por el entendimiento mutuo, el trabajo noble y sincero, cargado de buena voluntad para superar todos los obstáculos.

 

Sintonia espiritual por:José M. Meseguer

© 2017, Amor, Paz y Caridad

CARTA A UN AMIGO SOBRE EL SUICIDIO

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Carta a un amigo sobre el suicidio

CARTA A UN AMIGO SOBRE EL SUICIDIO

Mi muy estimado amigo:

Espero que a la llegada de esta carta todavía no se haya producido un desenlace fatal en tu vida. Comprendo en parte tu enorme tribulación, y digo en parte, porque no me voy a arrogar el privilegio de saber tus más íntimos sufrimientos, tus más desagradables preocupaciones.

Estás al límite, sientes que ya no puedes más. Consideras que la vida no te ha dado lo que es justo, y si alguna vez lo has tenido, piensas que te lo han arrebatado sin piedad.

Antes de que tomes una decisión, permíteme querido amigo que te exponga brevemente algunas consideraciones.

La Tierra se formó hace aproximadamente 4.500 millones de años. En su origen los elementos que formaban parte de su masa, se agitaban buscando muy lentamente acomodarse, en un proceso que ha durado millones de años con una finalidad última, la de albergar vida. Posteriormente esa propia vida se fue diversificando hasta la misteriosa aparición del ser humano, para que éste, a su vez, pudiera desarrollar sus capacidades, fruto de su trabajo y libertad. Es importante saber que no estamos hablando del azar, porque no puede existir orden en la naturaleza sin una causa inteligente.

Gracias a la evolución de ese gran proyecto nacido hace tanto tiempo, el ser humano ha podido desenvolverse, ha desarrollado grandes cotas de progreso en casi todos los órdenes de la vida. Ese “Gran Arquitecto” que se ha tomado tanto trabajo en acogernos y facilitarnos un hogar, no lo ha podido hacer con el objetivo último de hacer felices a unos y de perturbar a otros, haciéndolos sufrir, condenándolos a vivir en el fracaso y la frustración; sería absurdo, sin sentido.

Esta reflexión nos puede ayudar un poco para ver las cosas desde otro ángulo. Centrados en nuestros problemas, encerrados en nuestro caparazón personal, no nos permitimos la posibilidad de observar la vida desde otro prisma mucho más amplio, más realista. Y digo realista, porque muchas veces asociamos equivocadamente realismo con desgracia o cualquier otra cosa de carácter negativo. Nos acostumbramos a esa clase de mirada, de análisis nefasto y degradante.

Invariablemente, tanto el dolor como los reveses de la vida han de tener una finalidad trascendente. Formamos parte de ese gran proyecto universal y el hombre es su pieza fundamental. Es quien posee inteligencia, sentimientos, ingenio y un sinfín de capacidades. ¡Cuantos ejemplos tenemos alrededor y no nos damos cuenta! Personas con graves problemas que han sabido resarcirse, salir airosos, con dignidad y la cabeza bien alta.

A pesar de que el mundo está lleno de sufrimiento, también está lleno de personas valientes que están superándolo”. – Hellen Keller

Pensar también  que no todo ha sido dolor y angustia ¡Y qué decir de los buenos momentos en la vida ya olvidados! O las situaciones difíciles de las que hemos salido airosos, achacándolo a la “buena suerte”, al “azar”, a la “casualidad”… ¡Qué pronto olvidamos!

Es fundamental mi querido amigo valorar lo que uno ha conseguido, no colocar el foco exclusivamente en aquello que preocupa o angustia.

Las preocupaciones son como un vaso de agua que apenas pesa sostenido con la mano. Si lo mantenemos durante mucho tiempo en la misma posición termina por cansar e incluso agotar. Lo mismo ocurre con nuestras preocupaciones. Hay que regenerar, oxigenar los pensamientos para poder proseguir con optimismo. Hay que confiar, pero tampoco podemos esperar resultados diferentes con comportamientos idénticos.

“La mente es como un paracaídas… Solo funciona si la tenemos abierta” (Albert Einstein)

Además, olvidamos que existen personas que nos quieren y apoyan, también seres invisibles que nos asisten. Es como una mano oculta que nos sostiene; nos evita muchas cosas pero permite otras que por alguna razón debemos pasarlas.

Si, efectivamente, es la escuela de la vida. Nacimos por y para algo.

La vida es muy corta y todos los acontecimientos que vivimos son pasajeros. Sólo nos quedarán sus enseñanzas y las buenas obras.

Darnos cuenta de que la vida es una escuela, venimos a aprender y desarrollar unas aptitudes concretas:

Necesitamos comprender antes que juzgar.

Persistir antes que abandonar.

Luchar antes que rendirse.

Mantener la esperanza antes que perder la fe.

Y confiar siempre en un futuro mejor…

Tenemos unos recursos internos inimaginables. A veces nos falta la fe en nosotros mismos. No nos sabemos valorar, considerar las cosas que acumulamos buenas, de los éxitos logrados. Tenemos una memoria muy frágil.

Pensar en quitarse la vida con la esperanza de la “nada” es absurdo. Hemos de tener presente que como dijo Cosme Mariño: “El cuerpo es un vehículo, no es la vida en sí misma.

Y que además, algo muy importante:

“Somos un gran proyecto de amor”.

Desde el punto de vista material, como comentaba anteriormente, se nos preparó el terreno. Y desde el punto de vista espiritual, almas amorosas, dedicadas, nos auxilian, nos alientan, nos inspiran con una voz íntima, dirigida al interior del alma que dice: “Vamos”, “adelante”, “un poco más”, “lucha hijo mío”, “no desesperes”,  “se fuerte mi amor”…..

Dejarse llevar por pensamientos derrotistas, negativos, albergando sentimientos de culpa, sin oponer una firme voluntad más optimista, no conduce a nada bueno. Es como la tierra fértil que si no se ara y se cuida, muy pronto empiezan a aparecer malas hierbas, y estas crecen sin cesar, haciendo cada día más difícil su eliminación y entorpeciendo la posibilidad de los buenos cultivos.

Ya sé que los grandes errores y las desgracias acobardan y paralizan pero no olvides que “nadie te puede juzgar”, “nadie te puede condenar”. Por todo ello, es necesario alejar el sentimiento de culpa. Comprender que no somos culpables, somos responsables de nuestros actos.

Mi querido amigo, tomar esa decisión fatal es cortar de raíz todos aquellos parabienes que la misericordia divina nos proporciona. ¡Somos todavía tan ciegos!

Es eliminar de cuajo una planificación cuidadosamente elaborada para hacernos crecer en sabiduría y fortaleza. Es abortar la asistencia de esos seres amorosos que en base a ese acto extremo se romperían bruscamente… En una palabra, desconectar de las experiencias más urgentes para crecer hacia la plenitud, puesto que ese es nuestro destino final.

Es como escupir en la mano de quien te da de comer, es como sacudir de un puñetazo a quien nos sostiene para que no nos caigamos.

¿Y qué es lo que queda? El vacío superlativo, la angustia sin límites, el sufrimiento de ver que los problemas no se resuelven solos, actuando como la cabeza de avestruz bajo tierra. Es volver a la casilla de salida.

La vida es pura energía, y como sabes, ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. La nada no existe.

Somos libres de actuar como nos plazca, sin embargo, no podemos escapar de nosotros mismos, de las  consecuencias de nuestros actos, tanto para el bien como para el mal.

¿Cómo podemos ser tan brutos de correr un riesgo tan grave de quitarse la vida sin tener el más mínimo conocimiento, la más leve seguridad de lo que nos aguarda después de la muerte?

La ignorancia del pasado hizo creer que el suicidio era un acto de honra, un acto de valor y coraje. Hoy día, debido al materialismo embrutecedor, a una educación muy deficiente en valores y proyectos edificantes de vida, se observa entre el estupor y la confusión una grave enfermedad social que cada día siega las posibilidades de muchas personas.

Nadie, a su paso por la vida está exento de sufrimientos y tribulaciones.

Por todo ello, esfuérzate por llevar tu carga con dignidad.

Te pido por favor que recapacites.

¡No tengas prisa por tomar una decisión de esa envergadura!

¡Concédete otra oportunidad!

¡Quiérete mucho más!

Ese “Gran Arquitecto Universal” sabe que tu destino final es el éxito. Él  cree en ti.

Yo creo en ti.

Tú ¿por qué no?

Carta a un amigo sobre el suicídio por: José Manuel Meseguer

©2017, Amor, Paz y Caridad  

LA FAMILIA MATERIAL ¿OBSTÁCULO O AYUDA?

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LA FAMILIA MATERIAL ¿OBSTÁCULO O AYUDA?

El estudio de la doctrina así como las experiencias vividas a lo largo de los años nos permiten hacer una reflexión muy oportuna sobre la diferencia entre los compromisos materiales y los espirituales, así como su importancia. La controversia o la duda nos pueden venir de algunas situaciones y conflictos que se pueden generar en torno a la familia y la forma de solucionarlos correctamente, como por ejemplo, el tiempo que les debemos dedicar, y por otro lado, el tiempo que nos puede quedar para destinarlo en el desarrollo de un ideal y la consecución de unos determinados objetivos espirituales.

 De esta forma, el descubrimiento de un ideal superior que nos llena interiormente, nos puede inclinar a salirnos de nuestra rutina habitual, y a replantearnos el estilo de vida así como los hábitos en las relaciones sociales y familiares. Aunque debemos partir de una base: “La espiritualidad se ha de vivir en todo momento y en toda circunstancia; forma parte del propio ser.”

Actuar con mesura, con equilibrio, tomando las decisiones correctas, no es fácil por cuanto que, en la balanza se conjugan varios factores a favor y en contra. Sólo el paso del tiempo con sus experiencias, aciertos y errores, es como se va aprendiendo a distinguir lo que es esencial de lo accesorio, lo importante de lo intrascendente, lo útil de lo inútil.

Es muy difícil que todos los miembros de una familia compartan las mismas inquietudes espirituales, y por tanto; encontrar una armonía y una homogeneidad familiar es, algunas veces complicado. Ante todo, se debe de realizar una labor en casa, primero explicando lo que uno hace y cuáles son las motivaciones que nos han inducido a buscar un camino espiritual. También haciendo comprender que esta circunstancia no va a suponer un perjuicio para nadie. Y sobre todo, demostrar con hechos la transformación moral, los cambios de conducta a mejor; de tal modo que la familia pueda observar una evolución positiva en nosotros; natural, sin fanatismos, con alegría de vivir, transmitiendo entusiasmo y valores alrededor.

Sin embargo, puede surgir otra amenaza que nos puede provocar algún conflicto familiar, y este es con motivo de las habladurías, de los comentarios despectivos que  se pueden suscitar en la calle, en nuestro entorno social, respecto a las actividades en el centro espiritual o grupo espírita; sobre todo en poblaciones pequeñas con algún arraigo religioso, muy tradicionalista e intolerante. Los seres queridos, ante esta situación, se pueden sentir muy incómodos generándose una situación en el hogar complicada que hay que saber llevar, manteniéndose firmes para no dejar que los prejuicios del entorno nos condicionen y minen las nobles aspiraciones.

En este como en otros casos, pueden quedar patentes las diferencias de criterio, de convicciones y de objetivos en la vida de unos y otros. Por tanto, no se debe ceder ante los prejuicios, el miedo «al qué dirán”. Somos espíritus con libre albedrío y debemos de tomar nuestras decisiones sin pensar en presiones externas. Ahora bien, también es conveniente valorar la conveniencia de aplicar, según las circunstancias, la pedagogía adecuada para no provocar enfrentamientos, disensiones; actuando con inteligencia y prudencia.

Con esto último quiero decir que muchas veces, se anteponen equivocadamente ideas, y preconceptos que la gente no los entiende porque los tiene asociados a otras de carácter negativo; como por ejemplo el tema de la mediumnidad y los espíritus, producto de herencias culturales y religiosas del pasado. En estos casos, puede ser más conveniente actuar con una cierta psicología, enfocando las ideas desde otros puntos de vista o con otros matices, para que puedan ser mejor comprendidas y así mejor aceptadas. Esto no significa renunciar a nada sino más bien, una oportunidad de manifestar tolerancia, evitando conflictos innecesarios, aplicando una buena política con vistas a un futuro, en donde pueda existir una mayor comprensión, una cierta madurez que permita aceptar sin problemas ciertas ideas.

Otra de las trabas que puede surgir en algún caso, es aquel que pone de manifiesto las imperfecciones humanas, es decir, la intolerancia, el rechazo y las incomprensiones de los seres más queridos referente a esas nuevas ideas. Nos estamos refiriendo al poco valor y trascendencia que algunos miembros de la familia pueden hacer de esa nueva postura ante la vida, forzando y provocando situaciones, producto de la confianza y cercanía, para desviarnos de aquello que consideran intrascendente y utópico, buscando motivos de índole familiar o tareas domésticas de dudosa premura, que ponen a prueba la solidez y la determinación para proseguir con un trabajo que le llena el alma y le proporciona plenitud.

Está claro que, como decíamos al principio, se debe buscar siempre un equilibrio en todas las cosas. Hay que valorar si los compromisos familiares son realmente necesarios y los estamos cubriendo adecuadamente, o por el contrario, se puede estar cayendo en el error de un cierto abandono de los mismos por negligencia o fanatismo. Por lo tanto, no es bueno adoptar posturas extremas ni en un sentido ni en otro. Hay que discernir siempre con claridad para no caer en lagunas o debilidades que nos puedan provocar “cargos de conciencia” ni sentimientos de culpa que debilitan y desorientan. Debemos saber en cada momento el terreno que pisamos, con la suficiente lucidez como para adoptar las resoluciones adecuadas y que no causen un perjuicio a nadie, pero que tampoco nos desvíen del compromiso espiritual que traemos.

«Convivir en familia, desde el cariño, el respeto y la delicadeza, no significa necesariamente concordar siempre con sus planteamientos ni con su escala de valores.”

Ahora bien, con todo lo expuesto no pretendemos significar que la familia no sea importante, al contrario, lo es y mucho. El matiz se encuentra en el orden de prioridades, en cubrir la necesidad del momento. También en la interpretación que cada quien hace de la realidad atendiendo a su escala de valores y a las necesidades reales. En cualquier caso, quien más sabe y tiene, es quien más debe de dar.

Pensar más bien, en comprender que en ser comprendido, sabiendo ceder cuando sea necesario. Demostrando respeto y tolerancia hacia los demás; aunque tolerar no significa contentar siempre a todos, esto es imposible. No podemos olvidar nunca que, aunque formamos parte de una familia, somos espíritus individuales, estamos de paso, traemos un compromiso impostergable.

Algunas veces, el abandono de las actividades espirituales no obedece a ningún motivo familiar o personal, más bien, tiene que ver con los problemas internos en los grupos: La falta de flexibilidad en su funcionamiento, el no dar pie a los jóvenes para que manifiesten su personalidad a través de sus iniciativas e ilusiones. La falta de fraternidad, de comprensión, de diálogo entre los componentes, puede crear un clima de desencanto, de falta de motivación que empuje a muchos, a buscar excusas para no acudir a las actividades, a frecuentar el centro.

En otros casos las obligaciones materiales y familiares son una excusa para quitarse de en medio, para quedar bien ante los compañeros de ideal, disimulando la falta de interés respecto a ciertas actividades que puedan suponer un cierto sacrificio, en beneficio de otras que si pueden interesar más, como por ejemplo, las actividades mediúmnicas. Son personas con creencias superficiales, que les mueve más la curiosidad y el deseo de entretenimiento que una verdadera inquietud de aprendizaje y de reforma interior.

Existe un axioma que dice: “Hace más el que quiere que el que puede”. El mundo espiritual no nos pide cosas imposibles. Cuando existen entorpecimientos es porque necesitamos desarrollar un trabajo esencial, previo, para poder alcanzar otras metas. Son muchas veces pruebas, o asuntos pendientes mal resueltos en el pasado, que tocan a la puerta para ser solucionados. No se puede construir una casa desde el tejado. Hay que hacer cimientos fuertes, sólidos para que el edificio resista. La parte negativa también toma parte, creando entorpecimientos, dificultades, desencuentros con los compañeros para erosionar y desmoralizar, sobre todo a los que empiezan; todavía frágiles e inseguros.

El mundo espiritual superior lo permite porque saben que, de un mal se puede sacar un bien, siempre que se haga la lectura adecuada y se pongan los recursos convenientes para conseguirlo. Lo fácil está al alcance de cualquiera, el camino espiritual no es el caso. Se precisa demostrar con hechos el grado de responsabilidad y de compromiso, ya que las entidades espirituales superiores no están para perder el tiempo. Quieren personas decididas, humildes, sencillas y trabajadoras. Sólo así, se puede pensar en conseguir logros significativos.

 

LA FAMILIA MATERIAL ¿OBSTÁCULO O AYUDA? por: José Manuel Meseguer

©2017, Amor, Paz y Caridad

LA EVOLUCIÓN EN LAS MANIFESTACIONES MEDIÚMNICAS 2

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LA EVOLUCIÓN EN LAS MANIFESTACIONES MEDIÚMNICAS 2

Concluíamos el anterior artículo a propósito de la evolución en la mediumnidad con dos ideas fundamentales: “El pensamiento es el todo” y “el verdadero trabajo mediúmnico lo hacen los seres espirituales superiores”.

A partir de esas dos premisas resulta más fácil entender el papel secundario que realizan los encarnados respecto a las actividades mediúmnicas. Es decir, se trata de una aportación pero supeditada al amparo, dirección y supervisión de quienes dirigen  verdaderamente el trabajo espiritual. 

En algunos grupos, fruto de un trabajo colectivo durante años de auténtica fraternidad, con una verdadera sintonía mental y espiritual positiva entre todos sus componentes, se han podido constatar ciertos cambios en el modus operandi, propiciados por las entidades bienhechoras. De tal modo que, en donde había necesidad de mantener un diálogo prolongado con los espíritus sufrientes para adoctrinarlos y orientarlos, se ha observado que son retirados rápidamente, sin apenas tiempo para hablar con ellos, y así sucesivamente con el resto, y de una manera muy rápida. Este hecho tan peculiar se ha convertido en un sello distintivo de una nueva modalidad de mediumnidad, en donde ya no es necesario hablar con dichas entidades sufrientes. Se trata de un trabajo selectivo, muy especializado, en donde los propios mentores espirituales, como verdaderos especialistas que son, seleccionan a un determinado tipo de  hermanos sufrientes, a quienes tan sólo precisan pasar durante un instante por la materia del médium, recibir un fogonazo de luz, una fuerte impresión, para posteriormente completar el trabajo  en el propio mundo espiritual, pero ya en otras condiciones.

Esto supone una ventaja enorme, pues posibilita hacer el bien, ayudar a sacar del bloqueo espiritual a una gran cantidad de espíritus que permanecen en la oscuridad y la confusión. Insistimos en que se trata de un trabajo concreto, muy especializado y que corresponde a las entidades benefactoras decidir en qué grupos se puede desarrollar, ya que han de reunir unas determinadas condiciones, como hemos explicado anteriormente.

Este tipo de facultades, suelen aparecer directamente, con un desarrollo que pasa desapercibido para una mayoría. Son de incorporación, pero con otras características específicas. Los directores de los trabajos por tanto, deben de estar muy atentos por si aparecen estas u otras facultades. Esto es, si son grupos preparados para ello.

La pregunta que nos podría surgir es: ¿Estos grupos mediúmnicos que están desarrollando esta nueva faceta, han de renunciar a hablar con las entidades sufrientes? Sin duda que no. El mundo espiritual superior prevé y clasifica, como comentábamos, a las entidades espirituales, en función de sus necesidades; también clasifican a los mediums para desarrollar una modalidad u otra de esclarecimiento. De tal forma que, los espíritus muy materializados, endurecidos, seguirán necesitando más tiempo para identificarse en una materia que no es la suya, hablándoles con amor y escuchando sus impresiones o quejas.

Esta peculiaridad expuesta antes no es ninguna quimera. No olvidemos, (Estamos cansados de leerlo y escucharlo), que hay entidades desencarnadas desajustadas que, simplemente observando el trabajo que se hace durante la actividad mediúmnica, les es suficiente para ser esclarecidos y obtener otra perspectiva más clara. También sabemos que esto ocurre en ciertas reuniones de estudio y esclarecimiento, o en conferencias públicas, donde son llevados, como espectadores, un determinado tipo de entidades, que apenas necesitan un empujoncito, aclarar su confusión a través de los conocimientos que allí se exponen, para salir de su parálisis y continuar con su evolución.

¿Qué se deduce de todo esto? Pues que el mundo espiritual trabaja con gran detalle, con una gran precisión ante la gran variedad de necesidades que presenta la vida espiritual, trabajando con esmero para proporcionar en cada momento y circunstancia; a cada paciente, valga el ejemplo, la medicina adecuada y su dosis exacta y, de ese modo, conseguir sacarle de su crítica situación temporal.

Este es sin duda, un compromiso espiritual previamente pactado, pero de una enorme generosidad por parte de los mentores espirituales, al permitir a determinados médiums y colaboradores formar parte de esa larga cadena de trabajo, aunque sea en los eslabones finales.

Al mismo tiempo, hemos de ser conscientes del momento especial que nos ha tocado vivir, en pleno proceso de Transición Planetaria, cuando están siendo desalojados de las fajas vibratorias más bajas, entidades espirituales en muy malas condiciones, que perturban a una ingente cantidad de seres encarnados desprevenidos, desviándolos de su camino; de forma tal que cuando desencarnan, se encuentran en una maraña de la que no saben o no pueden salir. Es ahí donde se concreta la respuesta solidaria y fraternal de las entidades espirituales bienhechoras, como venimos comentando, para tratar de resolver en buena parte, la crítica situación de miles de almas que se encuentran, después de la muerte física, totalmente desorientadas, a consecuencia de vivir en una atmósfera cargada de confusión y constante desequilibrio.

Para que este trabajo, un tanto especial, se pueda llevar a cabo, se requiere de un equipo consciente de su gran responsabilidad y también con unas características muy concretas. Además del médium que incorpora a estos espíritus sufrientes con esta nueva y rápida modalidad, también se requiere de una buena cobertura por parte de sus compañeros, como por ejemplo, uno o varios médiums, con la facultad denominada “de elevación”. Se trata de un trabajo que realizan las entidades superiores, también verdaderos especialistas, para recoger todos los pensamientos de los presentes durante  ese momento de la oración para impulsarlos exponencialmente hacia lo Alto y de ese modo recibir la respuesta adecuada, con el potencial adecuado para conseguir el éxito este tipo de trabajos. El médium percibe esa capacidad especial con cierta facilidad.

Además, no podemos olvidar a aquellos que cumplen la misión de colaborar de una manera importante, con la denominada “facultad de apoyo”. Se trata de entidades espirituales que se sirven de algunas materias preparadas para esta faceta, que, de esa manera, ayudan en la armonización, el equilibrio y el éxito de los trabajos, gracias a su valiosa aportación. Por tanto, además del director de los trabajos, los médiums de incorporación en sus diferentes facetas, los médiums escribientes y el resto de participantes, juegan cada uno de ellos sin excepción un papel capital. Por tanto, todos son necesarios para un trabajo en equipo que se desarrolla desde las dos vertientes, tanto por la parte espiritual como por la parte de los encarnados.

No podemos pasar por alto, para entender los motivos de dicha evolución, la importancia que supone el aprovechamiento del tiempo durante los trabajos mediúmnicos y, la necesidad de optimizar los recursos para que estos sean ágiles, dinámicos y fructíferos, dada la gran cantidad de entidades sufrientes que necesitan ayuda, precisamente por las razones muy concretas de esta época que nos ha tocado vivir.

Hablábamos antes de generosidad por parte del mundo espiritual superior porque, además de realizar un trabajo útil para con los demás, resulta también muy necesario para uno mismo. Es decir, hay que alejar la idea de que “En las reuniones mediúmnicas se va a hacer la caridad”. Esto no es del todo exacto. En realidad, es en esos trabajos donde se acude para aprender y “recibir” la caridad. Cada vez que pasa un espíritu sufriente y explica su situación, nos está trasladando un mensaje muy claro: “¡Si no cambias de comportamiento, te va a ocurrir lo mismo que a mí!

Es decir, el primer objetivo de las reuniones es el estudio y el aprendizaje, no podemos pretender encarar la realidad espiritual de los trabajos mediúmnicos como si ya estuviésemos superados, como que la cosa no fuese con nosotros. Todo lo contrario. Somos, cabe recordar, espíritus muy endeudados todavía y con muchos conflictos interiores por resolver. Por lo tanto, no le estamos haciendo un favor a nadie, más bien nos lo hacemos a nosotros mismos, por lo que debemos dar siempre gracias a Dios por permitirnos participar en algo tan positivo, pero que todavía no merecemos.

En el libro ¿Qué es el espiritismo?; cap. II, 50. Allan Kardec expone: “El fin providencial de las manifestaciones, es el de convencer a los incrédulos de que todo no acaba para el hombre con la vida terrestre, y el dar a los creyentes ideas más exactas sobre el porvenir. Los buenos espíritus vienen a instruirnos para nuestra mejora y adelanto, y no para revelarnos lo que aún no debemos saber o lo que debemos aprender mediante nuestro trabajo”.

En conclusión, como hemos podido ir viendo en estos dos artículos, o al menos esa ha sido nuestra intención, ha existido, existe y existirá una evolución en el desarrollo de los trabajos mediúmnicos, por la sencilla razón de que todo evoluciona, y por lo tanto, la mediumnidad no podía ser una excepción. Lo que no significa que todos los avances se manifiesten simultáneamente en todos los lugares y al mismo tiempo, esto es imposible. No obstante, si no nos ha llegado  todavía alguna de las nuevas facetas que ya se han constatado en el desenvolvimiento mediúmnico, no las rechacemos a priori, estemos abiertos.

Estamos muy lejos todavía de comprender las enormes posibilidades del ser humano y de todo aquello que puede recibir y aportar al mundo espiritual. Algunos ya están percibiendo y adaptándose a los cambios. Tiempo al tiempo.

 

LA EVOLUCIÓN EN LAS MANIFESTACIONES MEDIÚMNICAS 2 por: José Manuel Meseguer

©2017, Amor, Paz y Caridad

LA EVOLUCIÓN EN LAS MANIFESTACIONES MEDIÚMNICAS

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La evolución de las manifestaciones mediumnicas

Uno de los primeros fenómenos mediúmnicos de efectos físicos más notorios  durante el siglo XIX fue el de las mesas giratorias. Este fenómeno despertó la curiosidad de muchas personas, que pasaron a practicarlo como un elemento de distracción y curiosidad. Sin embargo, con el tiempo, su uso y finalidad fue diferenciando a sus practicantes. Por un lado, aquellos que lo utilizaban como una moda, apenas un mero pasatiempo, y por otro, aquellos que trataron de encontrar lo que se escondía detrás de dichas manifestaciones y su razón de ser.

Como nos indica el Codificador Allan Kardec; es innegable que el fenómeno de las mesas giratorias supuso un punto de partida a lo que hoy conocemos como Espiritismo.

Cuando se pudo verificar que el comportamiento de las mesas; es decir, los movimientos, ruidos y golpes, obedecían a inteligencias externas, se decidió establecer un código rudimentario, bastante simple, para que dichas entidades contestaran a las preguntas que se les formularán; en principio, con un o un no; para más tarde, perfeccionarlo con un nuevo código de golpes que identificara a cada letra del alfabeto y así, poder construir frases completas, permitiendo un verdadero diálogo, aunque lento y penoso.

Los sistemas fueron evolucionando, comenzando por adosar un lápiz a la pata de una mesa muy ligera, y en el suelo un papel en blanco. Con posterioridad se fue reduciendo, de forma progresiva, el tamaño del soporte del lápiz hasta sujetarlo finalmente en una simple tablilla. En el fondo no eran más que apéndices de la propia mano del médium. Más adelante, se decidió prescindir de los objetos intermedios y sujetar directamente el lápiz con la mano para recibir los mensajes venidos desde el otro plano. A resultas de estos cambios, surgió la psicografía, tal y como la conocemos hoy día.

Comenzaba una nueva era para la Humanidad en la que las manifestaciones mediúmnicas de todo tipo afloraron a lo largo de todo el planeta. El plano espiritual, o si lo preferimos, la otra dimensión, dejaba de ser algo extraño y alejado de la realidad material. Muchos sensitivos percibían de múltiples formas a aquellos que ya no pertenecían al ámbito físico.

El intercambio necesitaba, como hemos podido comprobar en la mediumnidad de efectos físicos, una maduración a través de la práctica y de la experiencia. Los métodos se simplificaban, se perfeccionaban, y han seguido así en constante progresión hasta nuestros días.

Sabemos que el Espiritismo es, ante todo, una ciencia experimental en constante renovación, y como tal, requiere mucha observación y análisis para incorporar aquello que pueda mejorar la comunicación con el mundo espiritual, y al mismo tiempo, prescindir de prácticas que pudieran haber quedado obsoletas.

Del mismo modo que los precursores del pasado se esforzaron para que el trabajo con el plano espiritual fuese cada vez más efectivo, hoy día debemos seguir actuando de idéntica forma.

Antes de seguir adelante debemos recordar que, a través de las múltiples posibilidades que nos presenta la mediumnidad, se consiguen tres objetivos básicos: En primer lugar, la constatación de la vida espiritual y de la supervivencia del alma después de la muerte. En segundo lugar, recibir la formación, los testimonios y los conocimientos en los que beber y estudiar y, en tercer lugar, la práctica de la caridad para con los desencarnados sufrientes, mediante la oración colectiva y la orientación que se les transmite.

Es por tanto, tiempo ya de replantearse los viejos métodos de trabajo para sustituirlos por otros más dinámicos, más eficientes y acordes con la realidad espiritual de este momento; con aquellas exigencias que nos demandan las entidades benefactoras que colaboran con el plano material.

Quedan atrás ciertas prácticas obsoletas e ineficaces, como la de cogerse las manos para formar una cadena. Es totalmente innecesario, el propio Kardec hace mención a este asunto; la cadena que se pretende establecer es psíquica, no física.

Otro error muy habitual es el uso de movimientos de mano sobre el médium que ha incorporado al espíritu sufriente con la intención de “darle luz” y, que ha venido realizándose por parte del orientador. Es un procedimiento completamente estéril que se encuentra ya en desuso en la inmensa mayoría de grupos espiritas.

Otra práctica también innecesaria es la de situar las manos sobre el agua que se desea fluidificar, considerando imprescindible la intervención física y olvidando que son los espíritus colaboradores quienes realmente efectúan el trabajo. Cualquier persona podrá solicitar la fluidificación del agua a través de la oración, por tanto, nadie posee dones especiales.

Alcanza la ignorancia a algunos pseudo-médiums que pretenden hacer creer a los incautos que pueden “desarrollar” las facultades de otras personas, arrogándose así de atributos que en modo alguno poseen. Las facultades mediúmnicas son siempre desarrolladas por los especialistas espirituales en conjunción con los protectores de cada encarnado y, éste último será siempre responsable del uso conveniente de su facultad. Este es un atributo recibido de Dios; por tanto, nadie puede presumir de tener capacidad para ello.

Otra equivocación muy común entre los orientadores, es la pretensión de esclarecer a los espíritus sufrientes preguntando con exceso de detalle sobre su situación, incitándoles a revivir experiencias traumáticas y muy desagradables y, dejándose llevar a su vez por las emociones del perturbado. El orientador debe usar un dialogo breve y conciso, con mensajes claros y sencillos que ayuden al sufriente a reconocer la transitoriedad de su situación y que la ayuda continuará a través de los especialistas del plano espiritual.

Otro error también muy extendido es la costumbre de propiciar el testimonio de los participantes para, después de la práctica mediúmnica, comentar sensaciones, con el peligro de estimular la imaginación y la sugestión, olvidando los códigos de prudencia y dejando de lado el sentido real de los trabajos, que no es otro que la práctica de la caridad desde la humildad y la sencillez.

También el abusar del pase; considerarlo como una especie de asepsia espiritual rutinaria y obligatoria, tanto para entrar como para salir de las reuniones.

Como podemos ver, en casi todos los casos mencionados existe un denominador común, que no es otro que la vieja creencia de considerar necesaria la intervención personal y directa en los trabajos de índole mediúmnica. No caemos en la cuenta de que con dichas prácticas fomentamos el personalismo y el afán de notoriedad; justo todo lo contrario a su verdadero propósito. Recordemos al Evangelio: “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”.

Muchas veces se olvida un axioma fundamental, y es que: “EL PENSAMIENTO ES EL TODO”. El pensamiento es una vibración muy poderosa, que unida a la de otras personas con los mismos deseos e intenciones, se convierte en algo excepcional. Un recurso suficiente para que los mentores espirituales puedan hacer su trabajo con garantías.

Hemos de ser conscientes que “EL VERDADERO TRABAJO MEDIUMNICO LO HACEN LOS SERES ESPIRITUALES SUPERIORES”. La aportación de los humanos es ínfima. ¡¡No lo olvidemos nunca!!.

Para que un trabajo llegue a buen puerto, la reunión mediúmnica debe prepararse a lo largo de toda la semana, manteniendo una forma de vida saludable, unos pensamientos optimistas, apoyándose en todo momento en la oración, para así, mantener el equilibrio y la lucha contra nuestras malas inclinaciones y, cultivando la fraternidad, el compañerismo, la amistad, el diálogo constructivo, la lectura y el estudio en la medida de lo posible. Todos esos elementos de trabajo interior, de buena práctica moral y espiritual son los que nos capacitarán para un correcto desenvolvimiento mediúmnico, personal y colectivo, en el desarrollo de los trabajos.

 

La evolución de las manifestaciones mediúmnicas por:     José Manuel Meseguer

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INCIDENTE DEL EQUINOCCIO DE OTOÑO

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Stanislav Petrov
Stanislav Petrov

Es fascinante constatar la gran dimensión espiritual y humana de algunas personas anónimas cuando la vida les presenta importantes desafíos, como es el caso que a continuación les vamos a relatar.

 A finales del mes de septiembre de 1983, se produjo en la antigua Unión Soviética un hecho de los que marcan profundamente. Un militar que se encontraba circunstancialmente de guardia aquella noche, evitó lo que podría haber sido una catástrofe mundial.

En el centro de mando de la inteligencia militar, se encontraba trabajando la noche del 26 de septiembre el teniente coronel Stanislav Petrov. Estaba sustituyendo, en lo que debía de ser su día libre, a un compañero que estaba de baja por enfermedad. Su labor consistía en analizar y verificar los datos proporcionados por los satélites ante cualquier movimiento militar estadounidense que pudiera suponer una agresión, un ataque a su país para, a su vez, actuar rápidamente con una respuesta militar contundente. Estamos hablando de una época de máxima alerta, de auténtica guerra fría entre las dos superpotencias mundiales.

Tres semanas atrás del incidente que vamos a resumir en este artículo, la propia Unión Soviética había derribado un avión de pasajeros surcoreano por invadir su espacio aéreo. Murieron 269 personas entre las cuales, se encontraban ciudadanos norteamericanos. Esto tensó todavía más las relaciones bilaterales con Estados Unidos, cuya respuesta inmediata se tradujo en unas maniobras militares conjuntas con sus aliados europeos; preparándose, según los soviéticos, para una más que  posible guerra nuclear.

Pasadas las doce de la noche, hora local, un satélite soviético activaba las alarmas del centro operativo y de control, avisando del lanzamiento de un misil desde Montana (USA). Una placa roja se mostraba en la pantalla de los monitores con la leyenda: “ATAQUE DE MISIL NUCLEAR INMINENTE”. Tiempo estimado, veinte minutos hasta el impacto en suelo ruso. Las estrictas ordenanzas militares establecían un riguroso protocolo de actuación en semejante caso.

Stanislav  Petrov quedó estupefacto; se trataba de algo posible pero le pareció muy extraño. Su primer pensamiento fue que no se podía iniciar una guerra nuclear con el lanzamiento de un único misil, debía de existir un error. Sin embargo, la tensión fue creciendo cuando volvieron a sonar las alarmas y el satélite avisaba en muy poco tiempo de otros cuatro lanzamientos más.

Los oficiales que estaban a su cargo le miraban con enorme preocupación esperando órdenes. La duda más grave era si debía informar ya al Alto Mando Militar o esperar hasta confirmar si verdaderamente los ataques se estaban efectuando, aunque sí que tuvo informado en todo momento al general de guardia Yuri Votintsev.

El tiempo avanzaba muy deprisa y la respuesta militar corría el riesgo de llegar tarde. Mientras tanto, los técnicos militares no encontraban las pruebas visuales que pudieran confirmar dichos lanzamientos. Fue una situación muy delicada y de tremendo desgaste psicológico; no obstante, el militar al mando Petrov, supo controlar una situación fuera de lo común. Les habían adiestrado con la idea de que tanto el satélite como los medios electrónicos militares que supervisaban todos los movimientos del posible enemigo no podían equivocarse. El teniente coronel Stanislav no estaba tan seguro.

Sin duda que acertó. Decidió ignorar todas las alarmas, incumplir el protocolo de la cadena de mando y esperar.

“No había ninguna regla sobre cuánto tiempo se nos permitía pensar antes de informar de un ataque…” (S. Petrov)

Este incidente que pudo tener unas consecuencias muy graves, provocó un revuelo entre los altos cargos militares soviéticos. Consideraron que el militar en cuestión, no debió decidir por sí solo, su obligación era haber informado a sus superiores rápidamente para que ellos adoptaran en su caso, las medidas oportunas. Sin embargo, dadas las circunstancias no lo castigaron, pero lo trasladaron a otro puesto de menor responsabilidad hasta su jubilación en 1989.

“Yo era el único oficial del equipo que había recibido una educación civil. Mis compañeros eran soldados profesionales, se les enseñó a dar y obedecer órdenes.” (S. Petrov)

Bastante después del incidente se supo la causa del error. El satélite OKO se había alienado de tal forma con el sol y la tierra, que había confundido la luz solar reflejada en las nubes con el lanzamiento de misiles. El caso que paso a llamarse “El Incidente del Equinoccio de Otoño” fue silenciado por las autoridades soviéticas durante 10 años.

Nuestro protagonista nunca se consideró un héroe: «Todo lo que pasó no me concernía – era mi trabajo. Estaba simplemente haciendo mi trabajo y fui la persona correcta en el momento apropiado, eso es todo. Mi última esposa estuvo diez años sin saber nada del asunto. ‘¿Pero qué hiciste?’, me preguntó. No hice nada». (S. Petrov)

En cuanto la comunidad internacional se enteró de este hecho, distintas instituciones de todo el mundo lo homenajearon, otorgándole premios y distinciones por su contribución a la paz mundial, incluso de la ONU.

La vida está repleta de pequeños detalles, de personajes anónimos que se encuentran en el lugar adecuado en el momento preciso. La frase de Albert Einstein: “Dios no juega a los dados”, nos acerca a una realidad que apenas comprendemos dadas nuestras extraordinarias limitaciones.

Personas honestas, nobles, responsables de sus deberes ante sí mismos y ante la vida, y que en algún momento se encuentran ante un fuego cruzado, ante situaciones embarazosas, delicadas, en donde tienen que decidir si dan un paso al frente, lidiando muchas veces con la incertidumbre de las consecuencias de sus actos.

O aquellos otros, mucho más abundantes; tibios, cómodos, que no les gusta complicarse la vida, que confunden la prudencia con la comodidad. Son aquellos que se abstienen de actuar ante las dificultades; se inhiben, las dejan pasar por miedo al error, a las complicaciones personales que le pudiera suponer.

Conocemos muy poco todavía sobre la naturaleza humana y sus posibilidades. Los desafíos de la vida son los que ponen a prueba el temple, el coraje, la sabiduría, los recursos internos que cada quien posee. En algún momento de la existencia aparece la oportunidad, la prueba, el examen que nos invita o nos exige, dependiendo de las circunstancias, a dar una respuesta adecuada, a sacar lo mejor de nosotros mismos.

Muchas veces es como una especie de luz interior que de repente se enciende, activa la grandeza humana y espiritual del ser; le saca de su fragilidad y le empuja a dar un paso hacia adelante para enfrentarse al problema o al reto que se le presenta. Con la angustia de la incertidumbre, con miedo quizás, pero con resolución. Asumiendo con valor todas las consecuencias.

Mientras tanto, en un mundo de fachadas y de hipocresías, en donde la palabra bien dicha, adornada con hermosos ideales, exhibiendo gran conocimiento teórico desde las tribunas abundan por doquier; otros cumplen con su deber en las distintas facetas de la vida: profesional, familiar, social, etc. Actúan discretamente, sin hacer ruido ni llamar la atención.

Son los verdaderos héroes que dan un sentido superior a la condición humana, en una sociedad un tanto errática y perdida. Son el soporte en donde descansa el equilibrio ante el caos, la sensatez ante la confusión, la paz ante la turbación.

El caso del militar Stanislav Petrov es, sin duda, un claro ejemplo.

 

José M. Meseguer

© 2017, Amor, Paz y Caridad

 

“No siempre podemos hacer grandes cosas, pero si podemos hacer cosas pequeñas con gran amor”  (Madre Teresa de Calcuta)

DIFICULTADES EN EL INTERCAMBIO MEDIÚMNICO

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Dificultades en el intercambio mediumnico

La mediumnidad está ligada a dos grandes leyes, ya conocidas desde la más remota antigüedad, como son la Ley de Vibración y la Ley de Afinidad.

La primera nos muestra que nada está en reposo y que todo vibra en el Universo: los minerales, los vegetales, los animales y, como no, también los seres humanos.

Los pensamientos y sentimientos vibran en una u otra frecuencia en función de su naturaleza positiva o negativa, repercutiendo sobre uno mismo y sobre todo aquello que le rodea. La ciencia a través de la física cuántica nos lo demuestra actualmente. Por ejemplo, se sabe que el ADN no es algo inmutable y que los genes se pueden ver alterados por nuestras emociones y forma de pensar o sentir, también está demostrado que la salud y la enfermedad tiene mucho que ver con el tenor mental y emocional.

La segunda ley, la de Afinidad, actúa por atracción, es decir, el semejante atrae al semejante. De tal forma que los pensamientos positivos, como pueden ser, de bondad, comprensión, amor, etc., atraen a seres que vibran en esa misma sintonía positiva y, por el contrario, los de naturaleza inferior; de odio, rencor, envidia, maledicencia, etc., atraen a espíritus que vibran en idéntica condición.

Por tanto, cuando hablamos de intercambio mediúmnico, hay que tener en cuenta estas dos grandes leyes, porque de ese modo podremos entender mejor los procesos y dificultades en ese intercambio, y la naturaleza de lo que se recibe.

En primer lugar nos hemos de fijar en el papel que juegan los espíritus superiores y los escollos que han de afrontar para conseguir llegar hasta nuestro plano, tan materializado y grosero. Hay que tener en cuenta que su vibración es sutilísima, en algunos casos se trata de espíritus que no encarnan desde hace mucho tiempo. Se encuentran, por tanto, alejados del ambiente espiritual terrestre, por lo que se ven obligados a realizar grandes esfuerzos de reducción vibratoria para acercarse a la nuestra.

Por utilizar un símil, es  como si se tratara de un viajero delicado que vive en ambientes limpios y sanos, tuviera que descender a una mina muy profunda para desarrollar una labor de auxilio y rescate, aportando ayuda y consejos muy valiosos para los mineros que allí trabajan; acostumbrados a un lugar en donde el calor sofocante, el aire escaso, muy viciado, y otros elementos tóxicos, forman parte de esa atmósfera. Sin duda que al viajero le resultaría muy difícil y no podría soportar por mucho tiempo dicho ambiente.

No obstante, pese a las grandes dificultades por las que han de atravesar los espíritus superiores, su trabajo abnegado lo realizan con gusto, no les importa los sacrificios y los esfuerzos cuando observan buena voluntad por parte de los encarnados, o cuando el orgullo, la vanidad y el materialismo no suponen un muro infranqueable; aunque sus mensajes puedan llegar sesgados, manipulados o con interferencias propias (del mismo médium), o ajenas (de los espíritus engañosos). Incluso, cuando se trata de médiums apartados del camino, los enviados de lo Alto, redoblan los esfuerzos para encontrar la manera de hacerse oír, llegar a aquellos que necesitan urgentemente orientaciones y un cambio de rumbo en sus vidas, muchas veces sin éxito.

Aunque existen, como es lógico, distintos niveles evolutivos, según el grado de elevación y progreso realizado, es en función de las necesidades y de la tarea que ha venido a realizar el futuro médium; el que unas veces sean asignadas las protecciones, o en otros casos, sean los propios espíritus bienhechores los que piden desarrollar una labor con determinados espíritus endeudados, por los lazos que les unen de otras vidas. De ese modo, se trata de un compromiso adquirido previamente con ciertos espíritus, para ayudarles antes  de su descenso a la materia para realizar un trabajo en común, que consiste en el auxilio a otras almas y, al mismo tiempo, que le pueda servir de rescate de los errores cometidos en el pasado. Estas protecciones, aunque puedan poseer una elevación significativa, se preparan previamente para permanecer en labor sacrificial, muy próximos a los ambientes densos de la materia, junto a encarnados que traen un compromiso de cierta importancia.

En el mundo espiritual son los seres pertenecientes a los planos más elevados los que determinan la perfecta coordinación y organización para que cada quien, cumpla, en base a su nivel y compromiso, las tareas que les competen, partiendo desde lo más elevado y descendiendo progresivamente hasta llegar al último eslabón que es el médium, el ser encarnado. Cada quien realiza su cometido en ese mundo espiritual. Es una cadena en donde, a mayor elevación, se le asigna una tarea más complicada y de responsabilidad, y a menor elevación, una tarea acorde a sus capacidades.

Dentro de lo que son las distintas posibilidades de auxilio espiritual, en lo que es la manifestación de la misericordia divina, y en su labor de socorrer a los más necesitados, algunos espíritus superiores, renunciando temporalmente a sus ambientes de dicha y plenitud, optan por encarnar, y así trasladar directamente el mensaje puro y renovador, siendo verdaderas antenas vivas y ejemplo para los demás, un foco de luz que contagia a quienes se les acercan con buena voluntad. No podemos olvidar a los grandes avatares de todas las épocas, muchos desconocidos para la historia oficial, y otros de renombre como, Hermes, Buda, Krishna, Jesús, Francisco de Asís, Antonio de Padua, Teresa de Ávila, etc.

Volviendo a esa labor de intercambio, hemos de destacar el verdadero ejercicio de tolerancia, paciencia y comprensión que realizan los protectores, porque apenas escuchamos sus consejos. La mayoría de médiums e incluso de grupos, solemos hacer oídos sordos a sus recomendaciones, pensando que son para los demás, o que son reflexiones bellas, producto de ideales muy lejos de alcanzar, sin darnos cuenta de la necesidad de trasladarlo al mundo de lo concreto, de aquello que vivimos día a día.

 ¡Cuántos grupos mediúmnicos escuchan los mensajes con curiosidad y rápidamente pasan a hablar de otras cosas domésticas! ¡Cuántos médiums olvidan rápidamente las recomendaciones recibidas, sin realizar el pertinente análisis y sin detenerse a desmenuzar los consejos vertidos por los espíritus superiores! Olvidando separar la paja del grano, esforzándose por captar, entre todos, primero, a través del diálogo constructivo; y luego, cada uno en la intimidad de su ser, las enseñanzas del día. Muchas veces repetitivas, por cuanto no hacemos suficiente caso de los consejos de quienes nos conocen y saben perfectamente cuales son nuestros compromisos, de aquello que se ha de corregir para que el médium, así como el resto de componentes del grupo, se pueda ver beneficiado por una transformación moral impostergable.

El carácter sutil y genérico que muchas veces tienen los mensajes, cumple la tarea de dejarnos el mérito a nosotros de su comprensión y aplicación en la vida cotidiana. Son pistas que pueden facilitar el trabajo de auto-examen, para encontrar aquellas deficiencias concretas que debemos de corregir y mejorar.

Su amor abnegado les impermeabiliza de cualquier sentimiento de frustración cuando observan poca atención en sus recomendaciones; puesto que la compasión, producto de su amor limpio, les hace comprender las dificultades de sus tutelados, consecuencia de nuestro atraso evolutivo y de la poca consistencia, o si lo preferimos decirlo de otro modo, la poca fuerza espiritual que todavía albergamos.

Esto no es óbice para que en los grupos de trabajo, cuando un médium se encuentra muy desviado de la línea correcta, y los esfuerzos que realizan los planos sutiles ya no dan resultado y, además se corre el riesgo de contaminar y perjudicar al resto de componentes, es entonces cuando la providencia divina provoca circunstancias que ponen al descubierto sus defectos, como nos señala el propio Allan Kardec, forzando a la toma de una decisión definitiva; o el cambio sincero o el verse apartado de dichas actividades para no seguir perjudicando al resto.

Cuando el problema va más allá, y se encuentra generalizado entre la mayoría de componentes del trabajo mediúmnico, entonces los espíritus bienhechores se apartan, y  se suele encargar la propia parte negativa, los espíritus engañosos, de desnaturalizar y desviar del rumbo, hasta alcanzar límites que suelen desembocar finalmente en su disolución.

Por todo ello, es muy urgente el hacer un esfuerzo para elevar el tenor vibratorio, para facilitarles la labor a los espíritus abnegados que fielmente nos acompañan en todo momento. No podemos olvidar nunca, que la mediumnidad no es un privilegio sino que es el producto de la misericordia divina, que actúa como un padre con sus hijos para rescatarlos del error, del sufrimiento y de la ignorancia. Ellos hacen todo lo que pueden, ahora somos nosotros, los que debemos de someter nuestros defectos para elevarnos y aproximarnos a su ayuda redentora. Pongámonos  pues manos a la obra.

 

José M. Meseguer

©2017, Amor, Paz y Caridad