Este interesante personaje hindú suscitó mi curiosidad cuando tuve conocimiento de su persona a través de un documental de YouTube (cuyo título incluyo al final, en la documentación del artículo), por su manera de entender el yoga.
Nació en Calcuta en 1872, y muy jovencito su padre lo mandó a estudiar a Inglaterra. Desde muy pronto tuvo afición por la poesía, llegando a ganar varios premios en esta disciplina literaria. Acabó siendo un gran poeta, así como un importante filósofo y un activista político a favor de la independencia de India. Tras cultivarse en Cambridge, a los 21 años regresó a su país, donde, debido a su formación en el idioma inglés, se preocupó de aprender las lenguas nativas, el sánscrito y el bengalí.
Militó en un partido político extremista, que estaba dispuesto a emplear la violencia para lograr sus propósitos independentistas. Acusado de participar en un atentado, fue condenado a prisión, donde pasó un año, tiempo que aprovechó para leer, escribir, continuar con los estudios de filosofía india y practicar yoga. Pero un yoga diferente, un yoga que él definía como «integral», claramente orientado a fines sociales. Así lo expresó él mismo con estas palabras que transcribo literales:
«Cuando tomé contacto con el Yoga, resolví practicarlo, y lo hice con esta oración: Si tú existes, sabes lo que hay en mi corazón, sabes que yo no pido mukti (liberación), ni nada de lo que otros piden. Sólo pido fuerza para levantar a esta nación, sólo pido permiso para trabajar por este pueblo que amo».
Y dentro de la prisión, su pensamiento cambió profundamente. Tras los primeros momentos de turbación y preocupación, en su celda no experimentó miedo sino presencia, convirtiéndose este lóbrego lugar en un espacio de iniciación espiritual. Leyendo el Bhagavad Gita, comenzó a entender que el Misterio Universal es inmanente en todo cuanto nos rodea. Con un bello lenguaje poético, decía que desde los barrotes de hierro oxidado y los mendrugos de pan hasta los demás delincuentes de la prisión, todos «eran krishna», divinidad. Es decir, ese algo divino que nos sobrepasa está impregnándonos a todos nosotros y a cuanto nos rodea. Cambió entonces su visión del mundo, comprendiendo que lo más importante no era liberar a la India, sino liberar a la humanidad. Y así se centró en el trabajo interior.
Al salir de la cárcel, después de demostrarse su inocencia de los delitos que se le imputaban, fundó dos semanarios, uno en inglés y otro en bengalí. Cierta noche fue avisado de que iban a registrar su despacho en Karmayogin, por lo que marchó a esconderse a otra población cerca de Calcuta. Y aquí sucedió otro episodio trascendental: recibió «una orden de lo Alto» para ir a Pondicherry, ciudad a la que arribó en 1910 y donde pasó el resto de su existencia en la materia.
Tras cuatro años practicando yoga en el silencio, en 1914 fundó una revista filosófica mensual llamada Arya, donde explicó con un elevado lenguaje su perspectiva del hombre y de la Historia, su destino divino y el camino a recorrer para alcanzarlo, así como el hecho incuestionable de que la humanidad marcha hacia una unidad y armonía. Creo que estos puntos nos suenan bastante en nuestra doctrina. También profundizó en los conocimientos recogidos en los Vedas, los Upanishad y la Bhagavad Gita ya mencionada.
En aquella ciudad de Pondicherry fundó su «Ashram». ¿Y qué es un «áshram»? Es un centro de retiro espiritual, una especie de monasterio tradicional hindú, pero abierto a cualquier persona de cualquier cultura. En él se ofrece un espacio tranquilo donde meditar, practicar yoga, estudiar textos filosóficos y promover un estilo de vida sencillo y de crecimiento interior, apoyado asimismo en el servicio desinteresado al prójimo. El Áshram de Aurobindo se llama Auroville, y en él no solo se realizan las actividades indicadas, sino que dispone de instalaciones para obras de caridad: albergues para niños huérfanos, comedores gratuitos y dispensarios para atender médicamente a los más necesitados, y escuelas para todas las edades, niños, adolescentes y adultos que deseen profundizar en las prácticas hindúes. Actualmente cuenta con más de dos mil miembros que organizan actividades culturales, como conciertos y teatro; dispone de biblioteca, centro deportivo, etc. Se asemeja bastante, en muchos de sus aspectos, a la «Mansión del Camino» que fundara en Brasil Divaldo Pereira Franco.
En 1926, Sri Aurobindo se retira de la vida pública y toma las riendas del ashram su compañera espiritual, Mirra Alfassa, quien terminará de organizar el centro, haciéndose cargo de su dirección hasta fallecer en 1973. Esta extraordinaria mujer, que merece un artículo propio, fundó la “Escuela Internacional de Educación”; y fue conocida con el cariñoso apodo de La Madre.
Las enseñanzas de Aurobindo son claras. Plantean la existencia de un principio activo de la divinidad (al que él llama Supermente), que tiene en sí mismo la capacidad de cambiar el curso de la humanidad desde su actual ignorancia hasta un grado evolutivo con mayor presencia de luz y consciencia. Y esta divinidad no es algo lejano e inaccesible, sino que está por todas partes y en lo más interno del ser humano. A este principio divino de nuestro interior, Aurobindo lo denomina «ser psíquico», con el cual podemos entrar en contacto para lograr que su influjo sirva positivamente en el desarrollo de la vida exterior.
El yoga integral de Sri Aurobindo, por tanto, no pretende la renuncia al mundo, sino que busca la evolución de la conciencia (no liberándose del mundo, sino viviendo libre EN el mundo), apoyada en uno de sus principios básicos: Toda vida es yoga; o sea, yoga no es sentarse un rato todos los días para sosegarse y meditar, sino que cualquier instante de la vida (el trabajo, las relaciones sociales) sirve para hacer yoga. Y esta práctica no tiene por qué ser la misma para todos, sino que cada uno puede encontrar el medio o método que mejor se le adapte. Por ende, no es un yoga individual, egoísta, para transformarse uno a sí mismo, sino para toda la conciencia planetaria: con mi transformación contribuyo a la de toda la humanidad. Y esto también me recuerda mucho al ‘dar ejemplo’ de nuestra filosofía espiritista; la espiritualidad cobra así un sentido más profundo cuando se aplica a la vida.
Yoga es para Aurobindo el proceso de evolución del universo, donde estamos nosotros y al que pertenecemos.
Sri fue nominado dos veces al Premio Nobel de Literatura (1943 y 1950), y una al de la Paz, también en 1950, último año de su vida, apoyado por dos figuras destacadas de la literatura ganadoras de sendos premios Nobel, a saber, Gabriela Mistral y Pearl S. Buck. No obtuvo ninguno.
Sri Aurobindo por: Jesús Fernández Escrich
Documentación:
̶ Wikipedia, artículos Sri Aurobindo, Mirra Alfassa y Áshram (monasterio).
̶ editorialkairos.com, Las enseñanzas de Sri Aurobindo.
̶ escuelamahashakti.com, Biografía de Sri Aurobindo.
̶ YouTube, documental Sri Aurobindo: El sueño de una nueva conciencia.






