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LOS DESEQUILIBRIOS INTERNOS

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Los desequilibrios internos

Todos aquellos que de una forma o de otra se han adentrado en un camino espiritual, no importa la ideología que sea, han podido comprobar en sí mismos cuán difícil es mantenerse en un equilibrio emocional y psíquico acorde con aquello que nos aconsejan los principios de la creencia que defendemos.

Son muchas las dudas, dificultades, cambios de actitud y de ánimo que prácticamente a diario se nos plantean y nos repercuten negativamente en la búsqueda de esa paz interior que anhelamos conseguir.

Cualquier persona esté donde esté, por el mero hecho de estar viva tiene una misión que cumplir, ¡Dios no juega a los dados!, como decía Einstein. Cada cual cumple con su cometido (o sería mejor decir -debe cumplir-), ¡podemos ser útiles!, corresponde a nosotros descubrir dónde y cómo.

Si nos mantenemos en una actitud optimista (aunque en algunas ocasiones suframos algún que otro altibajo) encontraremos muchos motivos para ayudar a los demás y ser útiles a la sociedad. Debemos fomentar en nuestro interior una actitud de permanente estudio y reflexión, para valorar con la mayor justicia y ecuanimidad posibles cuantas situaciones se nos planteen.

De igual modo debemos actuar con nuestro interior, porque él «se deja oír» a través de sensaciones: malestar, cansancio, estrés, depresión, hastío, desgana… o todo lo contrario, felicidad, alegría, ganas de vivir, armonía con los que nos rodean…

Hemos de aprovechar ese termómetro que es nuestra conciencia, basta únicamente que le prestemos la debida atención y estudiemos minuciosamente su respuesta ante las diversas actuaciones y comportamientos que adoptamos en el diario vivir. Así, nuestro espíritu, lo que en realidad somos, necesita de cuidados, precisa que atendamos a sus consejos, que le alimentemos con ideas y obras altruistas, que vivamos con honradez, sin dejarnos engañar por el materialismo y el egoísmo desmesurados que desafortunadamente imperan en nuestra sociedad.

Al igual que ocurre con cualquier enfermedad física que se debe normalmente a un descuido en el cuidado de nuestro organismo, esos desequilibrios internos son la lógica consecuencia de un comportamiento erróneo, bien con respecto a otras personas o incluso ante uno mismo.

Los psicólogos y psiquiatras atienden a muchas personas que tienen problemas cuya causa han descubierto que se centra, en buena parte de los casos, «en la desobediencia de los dictados de la conciencia», y únicamente cuando el paciente se autoconvence de esa realidad y la lleva a la práctica, deja de padecer esos malestares, vacíos interiores y depresiones que le agobiaban.

En otras ocasiones, el desconocimiento de principios espirituales básicos como la ley de Vibración y Afinidad y la ley de Causa y Efecto, entre otras, puede llevarnos a cometer errores que, antes o después, generarán a nuestro alrededor un clima negativo que anulará nuestra ya debilitada salud psíquica y mental, y enturbiará nuestras relaciones humanas.

Otro tipo de actitudes como el miedo, la timidez, la rebeldía, que en apariencia solamente molestan al que los alimenta, le conducen a un «círculo vicioso» que impide ver la realidad, aceptar los fallos y potenciar sus valores y cualidades.

Como norma general podríamos decir que los desequilibrios internos que perturban nuestra paz personal pueden ser positivos, pues si observamos cuáles son las causas, podremos erradicarlos trabajando directamente en ellas. De otra forma, si únicamente nos preocupamos en acallar, dominar o impedir que se manifieste nuestro interior, estaremos haciendo oídos sordos a «ese mensaje de alerta».

Es muy fácil pensar que son los demás los que provocan esos desarreglos emocionales que podemos sentir en alguna ocasión, pero si somos sinceros no tardaremos en observar que la verdadera causa está en uno mismo. Es inútil que tratemos de huir de la realidad pues nosotros sabemos cuál es la verdad.

La mayor parte de lo que consideramos problemas nos los hemos buscado nosotros, bien por imprudencia, ignorancia, rebeldía o comodidad. De otro modo, si actuáramos con responsabilidad, aceptando lo que nos viene, buscando soluciones en vez de alimentar quejas, rechazos o «dejar las cosas para mañana», buena parte de lo que llamamos dificultades pasarán a ser experiencias bien asimiladas atesorando valores como: fortaleza, eficacia y satisfacción interior. El axioma «ayúdate y el cielo te ayudará» tiene mucho que ver con el conocimiento de uno mismo, pues al valorar con exactitud tanto errores como cualidades, a fin de corregir los primeros y potenciar los últimos, nos colocamos en predisposición de ser merecedores de la ayuda que tanto «ese cielo» (plano espiritual superior) nos ofrecerá, como de la armonía o paz que sentiremos al ser útiles a los que nos rodean.

Los desequilibrios internos por: F.M.B.

Publicado en el número 127 de Amor, Paz y Caridad en febrero 1993

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