Apartado espírita

EL PODER DE LA ORACIÓN

El pensamiento es una fuerza muy poderosa del que apenas empezamos a vislumbrar su verdadera dimensión. Cuando el Maestro, hace dos mil años indicaba: “Pedid y se os dará”, así como otras afirmaciones en la línea de los recursos que el ser humano puede movilizar, como por ejemplo: “La fe mueve montañas”, del que ya hablamos en esta sección; nos ponen sobre la pista de los enormes recursos de que disponemos pero que, por diversos motivos relacionados con nuestra ignorancia y atraso evolutivo, se encuentran todavía dormidos, en estado latente, apenas aprovechados.

Mucho se ha escrito y hablado sobre la oración desde diferentes ámbitos, como puede ser el religioso, espiritual, o el científico; por sus amplios beneficios, tanto psicológicos como para la salud. En este último aspecto, mencionaremos como ejemplo al doctor Andrew Newberg, director del Hospital Thomas Jefferson y el Colegio Médico de Pennsylvania; quien realizó diferentes estudios utilizando resonancias magnéticas, sobre la actividad cerebral en los momentos de meditación y oración, llegando a la conclusión, en base a los resultados obtenidos, de que dichas actividades espirituales tienen mucho poder, ayudan al ser humano a encontrar su equilibrio, a la recuperación de memoria, y hasta pueden, incluso, curar enfermedades.

De ese modo la ciencia, una vez más, se encuentra en su camino con lo que se consideraba patrimonio de las creencias religiosas y filosóficas de todas las épocas. Aquello que parecía un acto de fe, algo maravilloso y sobrenatural, se ha convertido actualmente, no sólo en un hecho racional y lógico, sino que viene avalado por investigaciones que convergen en un mismo punto, ofreciendo en su conjunto unos resultados concluyentes.

Con todo esto, no estamos significando que la oración sea un remedio infalible, al menos como lo podríamos entender equivocadamente, puesto que hay acontecimientos en la vida que no se puede alterar su curso, como por ejemplo, la pérdida de un ser querido, un accidente o enfermedad que provoque una situación física irreversible, etc. En estos casos la oración puede ayudar a sobrellevar con entereza y serenidad los cambios en la vida que puedan ir surgiendo; a tener valor, paciencia y resignación. O dicho de otro modo, a ajustarnos a la realidad evolutiva que nos corresponde en cada momento. A entender también, el significado, la enseñanza que encierran, porque nos obligan a hacer un esfuerzo moral y de comprensión para adaptarse bien a la nueva situación, sin perturbaciones ni rebeldías.

No obstante, la falta de claridad ante hechos difíciles, y cuando estos, además, se prolongan en el tiempo, también puede ser una prueba: “La incertidumbre nos pone a prueba la confianza y la sumisión a Dios”.

Sin duda alguna, la adquisición de un conocimiento espiritual puede ser muy útil. Buscar respuestas a las preguntas trascendentes de la vida como: ¿de dónde vengo?; ¿hacia dónde voy?; ¿qué sentido tiene la vida?; nos pueden ayudar a comprender los motivos por lo que nos sobrevienen determinadas situaciones.

Al mismo tiempo, a través de la oración, se intensifica la presencia de la misericordia divina, fruto de su amor, que todo lo envuelve. En un ejercicio de humildad cuando pedimos ayuda, se pone en acción su bondad, su generosidad, ajustándose lo máximo posible a nuestra idiosincrasia y problemática del momento. No importa demasiado si la situación que estamos viviendo actualmente obedece a errores del pasado, programada antes de encarnar para ponernos a prueba, o es fruto de nuestros errores actuales. La misericordia actúa siempre ante el acto de pedir ayuda, de solicitud como ocurre comúnmente entre un hijo y su Padre

Fundamentalmente, la oración puede ser orientada en tres vertientes principales:

  • La primera, pedir ayuda para uno mismo. Bien para reponer fuerzas, entender alguna situación que no comprendemos, luchar contra alguna debilidad que nos perjudica, resolver algún problema, etc. O bien pedir por otros, sus necesidades y problemas.
  • La segunda para dar gracias a Dios. Dejarse invadir por un sentimiento de gratitud, por todo aquello que hemos recibido. Es muy importante reconocer que la vida es un don precioso, del que no hemos hecho ningún mérito. Pese a nuestros errores, pese a nuestras imperfecciones, el sol sale igualmente para todos. Disfrutar de la naturaleza con su belleza inmensa. La vida nos ofrece la posibilidad de crecer, de amar, de ser dichosos, la alegría de ser útiles a los demás, de aprender y crecer. Gratitud por este cuerpo que nos posibilita ver, oír, sentir, hacer… En una palabra, tomar conciencia de lo mucho que se nos ha dado y de la generosidad permanente de quien nos ha creado.
  • La tercera, hermana de la propia gratitud, es para loar o glorificar. Del mismo modo que elogiamos y homenajeamos a aquellos que se destacan en el mundo por sus valores y hechos cruciales para la humanidad. Loar a Dios-Padre es homenajear a la vida que nos ha dado, al hecho de habernos creado a su imagen y semejanza, chispas divinas que se van abriendo paso lentamente, escalando los muros de la ignorancia y de la inferioridad espiritual, para algún día alcanzar todo su esplendor.

Estamos en un proceso natural por el que somos conducidos en la vida hacia la plenitud. La oración nos pone en contacto directo con la fuente principal, con la matriz que nos envuelve, coordina, protege y orienta en dirección a nuestro destino inevitable que es la perfección.

“Renunciar a la oración es desconocer la bondad de Dios, es renunciar para sí mismo a su asistencia, y para otros al bien que puede hacérseles”. (Allan Kardec)

Tampoco hay que caer en el error de creer que nos podemos poner muy pesados o que nuestras peticiones pueden no ser  importantes. Existe una gran verdad, dicha por una persona muy sabia que decía; “Nos cansamos antes nosotros de pedir que ellos de dar”.

También hay que valorar la importancia de la oración colectiva, cuando se reúnen varias personas, sea una familia o un grupo espiritual. En esos casos las fuerzas no se suman, sino que se multiplican. Para ello hace falta buena predisposición, fe en aquello que se está realizando, porque la experiencia demuestra que los resultados siempre llegan. Muchas veces, no de la forma que nos gustaría, pero sí, como la situación y las necesidades personales requieren.

Existen planos elevados de luz y amor, seres de gran elevación que se dedican a recoger todas las peticiones, tanto de encarnados como de desencarnados, para elevarlos al Padre, y con sus decisiones, en cada caso, ejecutar su voluntad, correspondiendo con gran maestría y amor a dichas peticiones.

Muchas veces, los resultados no se ven ni se comprenden de inmediato; nos falta la perspectiva que nos proporciona el tiempo adecuado y la experiencia, para poder entender aquello que parecía sin solución o sin una salida.

Nadie vive sólo o desamparado, estamos acompañados siempre por espíritus amigos, que se lamentan cuando nos desviamos y se llenan de alegría cuando transitamos por el camino adecuado. Han podido ser familiares en esta vida o en otras, además del ángel de la guarda, que es un espíritu superior que nos acompaña desde que nacemos hasta que desencarnamos. A ellos les podemos pedir también la ayuda, como seres más cercanos y porque conocen muy bien nuestra problemática.

En definitiva, la oración es el lazo, el nexo de unión que nos sensibiliza y nos acerca a la realidad espiritual superior a la que pertenecemos. Durante el proceso evolutivo, su concurso es cada vez mayor, puesto que el espíritu comprende de su necesidad y de sus grandes beneficios que conducen de retorno hacia aquel que nos creó.

 

José Manuel Meseguer

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