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NO SEPARÉIS LO QUE DIOS HA UNIDO

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No separéis lo que Dios ha unido

No separéis lo que Dios ha unido. Algunas máximas del maestro Jesús pueden ser susceptibles de distintas interpretaciones, y un juicio a la ligera o demasiado estricto nos puede conducir al error. Una cosa es la ley de Dios y otra muy diferente las leyes humanas. El sentido del matrimonio a lo largo de la historia ha ido variando sustancialmente, unas veces en sentido positivo y otras no tanto; dependiendo de la evolución social, religiosa, política y moral. Por ejemplo, durante muchos siglos existió el matrimonio de conveniencia; los intereses económicos y de posición social eran el filtro por donde pasaban las decisiones de los tutores o familiares, sin la intervención de los verdaderamente interesados, los cónyuges. No digamos ya, cuando se trataba de la nobleza o de, sobre todo, de los intereses de la realeza. Muy pocos se atrevían a desafiar estas costumbres poderosas de fuerte arraigo.

Sin duda, la mujer a una edad muy temprana era la gran damnificada, a veces como un simple objeto de cambio. Ante esa cruda realidad, muchas de ellas optaban por la vida monástica, cuando les era posible, huyendo de unas imposiciones demasiado duras y amargas.

Con el paso del tiempo las costumbres fueron cambiando, al mismo tiempo que evolucionaba la sociedad y su forma de ver las cosas. Hoy día las religiones ya no juegan, en la mayoría de países, un papel intrusivo en las vidas de los ciudadanos. La libertad de conciencia y de religión ha permitido elegir el modo de relacionarnos y de establecer uniones formales con otras personas; nos referimos más concretamente a la formación de una pareja y de una familia.

El sentido espiritual de la unión por el matrimonio no es otro que el de presentar en sociedad, sobre todo a las personas más queridas y allegadas, la culminación de unos vínculos creados y madurados durante un cierto tiempo. Es también, el “compromiso noble ante Dios y ante los demás” de que se va a compartir una vida en común, bajo un mismo techo. Un amor que ha de favorecer el vínculo entre las dos familias que acogen con satisfacción y complicidad esta nueva unión, cuyo fruto serán los hijos. Es en definitiva, la asunción de un compromiso asumido antes de encarnar, o quizás, un compromiso que surge del amor entre dos personas que se consideran fortalecidas y reforzadas en sus tareas espirituales en esta encarnación con dicha relación matrimonial. Todo ello, en aras del progreso, de la evolución, del crecimiento en el amor, ampliando los círculos afectivos.

Por otra parte, cuando el sentido espiritual se desdeña y se someten a otro tipo de intereses, surgen los conflictos y las dudas. Es lógico que ante la inseguridad, los miedos y unos sentimientos nada claros se necesite de un tiempo de conocimiento mutuo para evaluar si dicha relación tiene posibilidades. Sin embargo esta no puede ser una postura acomodaticia y permanente, es decir, con el argumento de que como disfrutamos el uno del otro pero sin ninguna responsabilidad y ante la incertidumbre (casi siempre la hay), del futuro laboral, etc.; optan por continuar indefinidamente con dicha situación, esperando el momento propicio que nunca llega.

Somos seres humanos imperfectos y por ello no existe una garantía de éxito en todas las empresas importantes de nuestra vida. El matrimonio no puede ser una excepción. Empero, cuando se superan las dificultades, cuando triunfa el amor por encima de los intereses egoístas, las relaciones salen fortalecidas y el progreso se hace efectivo.

Por otro lado, cuando lo que predomina es el sensualismo, el egoísmo por ambas partes, la persecución de unos objetivos puramente materiales, erosionan y agotan rápidamente las relaciones, convirtiéndolas muchas veces en vacías, sin sentido. De ahí que muchas parejas fracasen estrepitosamente, e incluso se genere un poso intoxicado de rencor y hasta de odio.

En este tipo de situaciones los más damnificados son los hijos que contemplan con estupor la descomposición de sus familias, carentes de afecto y cariño. El mensaje que reciben es negativo y un mal ejemplo de futuro. Muchos de ellos arrastran secuelas importantes en su adolescencia y juventud.

Como podemos comprobar hasta ahora, el sentido que se le dé al matrimonio, a la relación de pareja es fundamental, de gran trascendencia. Estamos hablando de la familia, de lo más querido, la parte más sensible del ser humano y que afecta a sus sentimientos, a su vida íntima.

Por todo ello, cuando el Maestro dice: No separéis lo que Dios ha unido, se refiere a su sentido profundo, verdadero. Diferenciando las relaciones superficiales, exclusivamente caprichosas, materiales, incoherentes; (que no proceden de Dios), de aquellas que son un compromiso, quizás un desafío del pasado, de cuentas pendientes de otras vidas que venimos en esta a resolverlas, supliendo las deficiencias producidas por nuestros errores y defectos de antaño por una convivencia de amor, tolerancia, comprensión, etc.; la formación de un verdadero hogar de paz y armonía.

Como podemos ver, la propuesta es grandiosa. A esa clase de unión se refería el Maestro Jesús.

Los compromisos, los deberes, hay que cumplirlos, de lo contrario, se adquiere una responsabilidad. Somos de libre albedrío y podemos tomar el camino que queramos; el del amor, de servicio, de sacrificio; o el camino del orgullo, la intolerancia, del “yo” y mi bienestar por encima de todo.

El problema surge cuando los conflictos conyugales, las diferencias de pareja son muy grandes. Es una cuestión de dos, una sola parte del problema no lo puede solucionar si la otra parte no quiere ¿Hasta qué punto es conveniente y necesario luchar por una relación, por una estabilidad? Esta pregunta sólo la puede contestar cada quien, en función de su situación. El sentido común aplicando los valores morales y el conocimiento espiritual nos dice que hay que agotar todas las posibilidades, todos los recursos para reconducir las situaciones, cambiando nosotros mismos e invitando, cuando sea el caso, a que los demás hagan lo mismo. Cuando esto ya no es posible y han fracasado todas las opciones, es momento de tomar decisiones por el bien de todos, especialmente por los hijos, cuando los hay.

Efectivamente, hay casos en que la renuncia total y el sacrificio no son suficientes para reconducir posturas enquistadas, irreversibles, y que mantenerlas no puede generar más que dolor inútil y frustración. Ante esta disyuntiva es mejor un cambio: “El divorcio es una ley humana que tiene por objeto separar legalmente lo que estaba separado de hecho; no es contraria a la ley de Dios.” (Capítulo XXII; El divorcio-5. – El Evangelio según el Espiritismo)

Para ir concluyendo debemos decir que “el matrimonio no es un hecho religioso sino espiritual.” Por lo tanto, el formalizar una relación y llevarla adelante con sentido de la responsabilidad es un verdadero acto de amor que redunda en beneficio de todos, especialmente entre los mismos cónyuges, aportándoles la estabilidad, la armonía, el equilibrio afectivo y emocional; imprescindibles para afrontar todas las vicisitudes de la vida.

La vida significa asumir riesgos, decisiones, compromisos; nuestra conciencia así nos lo indica. Los desafíos existenciales, las ilusiones, los ideales, cuando se comparten se refuerzan. Por todo ello, la vida en pareja y sobre todo la familia, serán sin ninguna duda, uno de los pilares de la nueva humanidad que se encuentra en ciernes, cuando el cambio de ciclo se haya completado.

 

No separéis lo que Dios ha unido por:   José M. Meseguer

©2016, Amor, Paz y Caridad

 

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“El matrimonio es y seguirá siendo el viaje de descubrimiento más importante que el hombre pueda emprender.”

Sören Kierkegaard

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LA DEPRESIÓN

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La depresión

La depresión es en esencia un problema psicológico-espiritual de los más importantes de nuestra época. Psiquiatras y psicólogos de todo el mundo se encuentran con este problema-desafío cuyos márgenes para definirlo y tratarlo a veces resulta complicado.

Desde el punto de vista biológico se presenta como un disturbio que afecta a las neuronas cerebrales ante la falta de dopamina, serotonina y la noradrenalina, entre otras substancias, que son los que afectan directamente al bienestar psicológico como son la alegría, el equilibrio, el bienestar, etc. Se le atribuyen factores hereditarios, genéticos, etc. No obstante, afrontar el problema, como ocurre en otros casos, desde un punto de vista exclusivamente material, no ayuda a resolver definitivamente un problema que además de muy numeroso puede llegar a ser grave.

Partimos de dos premisas fundamentales. Desde el punto de vista de la reencarnación, sabemos que tenemos un pasado, un bagaje de vivencias y experiencias en contacto con nuestros semejantes. Del mismo modo, actualmente somos el fruto de una personalidad forjada a lo largo de los siglos. No somos algo espontáneo que dependa exclusivamente de una organización celular, hereditaria que nos marca un destino. Esto sería como elevar como causa fundamental lo que es en realidad, la consecuencia de una manifestación espiritual que es quien da la verdadera vida al ser. Al mismo tiempo y como consecuencia de ese trabajo pretérito, con sus aciertos y errores; traemos un compromiso, una tarea a desarrollar, una serie de desafíos que van a ir marcando el devenir de nuestra vida, en base al desempeño y uso del libre albedrío del que Dios nos dota. A mayor evolución, mayor nivel de conciencia para identificar los compromisos y el desenvolvimiento feliz de las tareas encomendadas. Sin embargo, el atraso evolutivo que caracteriza a la mayoría de seres que poblamos la Tierra, nos condiciona ante las imperfecciones que todavía arrastramos. Las mismas que nos endeudaron en el pasado y que nos indujeron a cometer errores, afectando nuestra condición humana actual.

La segunda es el poder de la mente. Somos lo que pensamos. Actuamos según el nivel de conciencia adquirido y condicionado por las circunstancias que nos envuelven en la actual existencia. El hombre, como ser integral, influye con sus pensamientos continuos en el organismo vivo que lo sustenta. “Mens sana in corpore sano” (Mente sana en cuerpo sano) como reza el viejo axioma. De tal forma que cada pensamiento, sentimiento y emoción impregna positivamente o negativamente todas las células del cuerpo humano. Por tanto, el pensamiento, la mente, es un poderoso generador que no actúa sólo. Vive en constante contacto con otros “generadores” encarnados o desencarnados, que interactúan mutuamente.

La llave que permite cambiar la naturaleza de dichos pensamientos se llama “voluntad”. Somos los responsables directos de aquello que pensamos, somos los forjadores de nuestro destino. Las decisiones que tomamos en cada momento, marcan el rumbo y el devenir de nuestra vida, sea para bien o para mal. Formamos parte de una gran escuela de aprendizaje preparada concienzudamente, para que crezcamos y evolucionemos sin fin, adquiriendo nuevas conquistas, superando retos, reparando errores del pasado, desarrollando cualidades innatas, que todos poseemos en estado latente en el camino de la perfección.

Efectivamente, con la voluntad orientamos el barco de nuestros pensamientos, de aquello que interpretamos respecto a las situaciones que nos asaltan, nos envuelven. Debido a nuestra niñez espiritual, todavía no hemos sido capaces de salir del “hombre fisiológico” hacia el “hombre integral”, consciente, lúcido, asumiendo las riendas de su progreso, aceptando y esforzándose por comprender el sentido superior de aquello que le acontece, como elemento educador y ascensional.

Joanna de Ângelis reflexiona al respecto: “Una importante mayoría de individuos solo abrigan ideas negativas, elucubran pesimismo, sustentan malestar. Como resultado, se debilitan sus resistencias morales, debilitándose también los valores espirituales y se alimentan de la propia insania.”

Como nos comenta la Mentora Joanna de Ângelis, la mente mal orientada actúa como un poderoso factor de perturbación; el pesimismo, la retroalimentación de experiencias desagradables, la visión negativa de aquello que nos rodea, bombardea la mente, muchas veces descontroladamente, en caída libre, generando perturbación psíquica de consecuencias anímicas y orgánicas.

La falta de un ideal superior, ciñéndose exclusivamente a ciertas aspiraciones materiales genera frustración cuando no se consiguen los objetivos inmediatistas, y un vacío interior cuando se pasa de “poseedor de riqueza ha poseído por la misma”, dejándose dominar por la ambición y las ansias de notoriedad.

Por lo tanto, el materialismo, el pesimismo, los pensamientos negativos consecuencia de nuestras imperfecciones morales, pueden desembocar fácilmente en rebeldía interior, insatisfacción o frustración por no conseguir los objetivos inmediatistas anhelados.  Además el odio, rencor, etc. hacia nuestros semejantes, encuentran rápidamente sus análogos que los refuerzan, de mentes tanto encarnadas como desencarnadas que sintonizan rápidamente, potenciando los estados depresivos y autodestructivos.

No obstante, dentro de las causas de la depresión existen otros factores más o menos sutiles que también pueden degenerar en esta problemática. Por ejemplo, la pérdida de seres queridos, pasando de una tristeza natural por la “ausencia” convirtiéndola en un “apego” injustificable que puede durar muchos años. La falta de fe, la autocompasión, la falta de autoestima, también son elementos que arrastran, cuando no se dispone de recursos o de voluntad firme, hacia estados de desequilibrio, alimentados por ley de afinidad y como hemos comentado, por espíritus obsesores que potencian dicho estado.

Otro factor muy importante como posible causa del problema es la “obsesión”. Es decir, enemigos del pasado que vuelven para cobrarse los agravios de situaciones vividas generalmente en otras vidas. Espíritus inferiores que vienen con la intención de desestabilizar lo máximo posible a su víctima de hoy, tomándose la justicia por su mano. Estos son los casos más difíciles y delicados pues requieren de un tratamiento espiritual adecuado. Tratando a dos bandas tanto al intruso como al afectado.

Sin duda, la mejor terapia, además de las ya conocidas llevadas a cabo por especialistas y por personas con un amplio conocimiento espiritual para que nos puedan orientar, es la oración, ya que nos sintoniza con la Fuente Suprema, de donde parten todas las esencias de amor y sabiduría, regenerando, reorientando, fortaleciendo en una palabra, aquellas defensas que quedaron disminuidas, erosionadas por las luchas diarias. No existe mejor terapia, más poderosa. Del mismo modo, cuando esa oración es colectiva, con otras personas que buscan unos mismos objetivos superiores, las fuerzas no se suman sino que se multiplican.

Esa es la gran tarea, buscar el verdadero sentido de la vida, un significado profundo, superior. Cuando nos apartamos del camino, y sobre todo cuando persistimos en el error, en la percepción equivocada de la realidad, se encienden las alarmas, las luces rojas que nos empujan a comprender que no vamos en la dirección adecuada. Una de esas luces rojas es la depresión; estado interior, que más pronto o más tarde nos impulsa a buscar soluciones para modificar la situación incómoda, lamentable, reorientándonos hacia la comprensión del problema, al cambio de actitud ante la vida, de la percepción de los problemas saturados de viejos clichés caducos y nocivos.

En la mayoría de los casos, la ciencia moderna ha comprendido el sentido del problema, explorando y potenciando el valor del pensamiento positivo, incluso el valor de la oración, como comentábamos anteriormente, como práctica demostrada de regeneración interior, del ser, con sus innumerables beneficios terapéuticos. Convergiendo inevitablemente en el cruce de caminos que ya está uniendo a la ciencia con la visión espiritual de la vida.

 

La depresión:    José M. Meseguer

©2016, Amor, Paz y Caridad

LOS FALSOS PROFETAS

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Los falsos profetas

“Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y mostrarán grandes señales y prodigios, para así engañar, a ser posible, aun a los escogidos.” (Mateo; 24: 24)

La palabra profeta ha tenido una evolución a lo largo de los siglos. En la antigüedad era considerado un enviado de Dios, un revelador de las verdades divinas, un paranormal capaz de recibir e interpretar los mensajes venidos de lo Alto para transmitirlos al pueblo. No necesariamente implicaba ser un adivino del porvenir, o un, lo que denominaríamos actualmente, futurólogo.

No obstante, esta frase del evangelio de San Mateo nos habla de una época concreta, “que había de venir”. El final de los tiempos, el juicio final, con sus innumerables matices.

Afortunadamente y una vez más, el Espiritismo aborda el tema con una claridad meridiana. Situando su verdadero significado a la luz de los conocimientos de que dispone transmitidos por los espíritus, y que en muchos casos coinciden con informaciones y referencias de otras tradiciones religiosas, que nos hablan de las diferentes etapas de la evolución en los planetas, los límites del libre albedrío así como los plazos para ir adaptándose a los cambios morales y espirituales que dicha evolución requieren.

En el ínterin de dichos cambios se deben de producir ciertas señales precursoras que demuestren la cercanía de los mismos. A ello se refiere el Maestro cuando habla de los falsos cristos y los falsos profetas. La época de transición planetaria que señala el final del periodo evolutivo: “Expiación y Prueba”; para pasar a la siguiente etapa llamada: “Regenerativa o de Regeneración”.

Por las informaciones que nos llegan, la agitación en el mundo espiritual es grande. Están siendo desalojados de determinadas zonas del astral, a ciertos espíritus rebeldes, de gran inferioridad y fuertemente comprometidos con la ley, por los atropellos y barbaridades que cometieron en el pasado, para ofrecerles oportunidades de progreso, reencarnando en este periodo decisivo, en el que estamos inmersos desde hace bastantes décadas, como última oportunidad para engancharse al progreso previsto para esta humanidad, de lo contrario, tendrán que emigrar a otro mundo, también de expiación y prueba pero en sus comienzos.

Bien sabemos que lo vivido en la Tierra, en el plano físico es un pálido reflejo de lo que se está gestando en el astral, en la psicoesfera terrestre. Por lo tanto, las informaciones que se están recibiendo desde hace tiempo y por diferentes fuentes de todo el mundo, confirman el hecho de esa Gran Transición. Los síntomas de toda índole, tanto físicos como espirituales se multiplican por doquier. Como indicó Hermes Trismegisto hace muchos siglos: “Como es arriba es abajo”.

Un signo característico de ese cambio global inevitable, es la gran confusión de ideas que existen hoy día. Por un lado, las religiones decadentes, ya no satisfacen las necesidades de una mayoría; dejándose llevar las masas por el materialismo que la sociedad consumista nos sugiere, en el inmediatismo de los objetivos y placeres materiales, como un escape para no afrontar los verdaderos problemas existenciales. Y por otro, aquellos que buscan respuestas a las perturbaciones espirituales y a los fenómenos que les están sucediendo y no saben el origen ni el sentido que tienen. De tal modo que, tanto dentro como fuera del espiritismo, existe una abundancia de manifestaciones mediúmnicas, también anunciada por el Maestro como signo de los tiempos: “Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán. Vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños” (Hechos; 2, 17)

En ese marco global y ante las necesidades que van surgiendo, aparecen los falsos profetas, o lo que es lo mismo, médiums, conscientes o no de su mediumnidad, con un mensaje que puede ser bastante cuestionable. Haciéndose muy recomendable seguir los consejos de San Juan cuando nos dice: “Amados míos, no creáis a todos los Espíritus, más probad si los Espíritus son de Dios” (San Juan, Primera Epístola, cap. IV, v.1)

Algunos médiums de todas las condiciones y culturas se encuentran fascinados, ante la falta de conocimientos y sobre todo ante la falta de vigilancia y moralidad, caen presos de las sugestiones de falsos guías espirituales que los seducen, los llegan a inducir sin darse apenas cuenta, a un misticismo fanático, y les hacen creer que poseen una misión superior. Lo cual les empujan a adoctrinar a las gentes, a publicar libros, a desarrollar charlas, conferencias, con su interpretación muy particular de las cosas espirituales.

Algunos de ellos no es que hayan recibido falsas comunicaciones, el problema reside en que, en lugar de tomárselas con humildad para ellos mismos, para estudiarlas, meditarlas y cotejarlas con otras personas, separando la paja del grano, tomándose un tiempo de maduración personal y de trabajo interior, por el contrario, se lanzan a divulgarlas, programándose una actividad intensa de cara al exterior.

No están maduros para una labor que les sobrepasa, carecen de preparación en todos los aspectos y dan una imagen negativa del verdadero sentido espiritual. Dicho de otro modo, sus actos no coinciden con sus prédicas. Son un mal ejemplo, que en lugar de atraer, lo que hacen es disuadir y desinformar generando todavía mayor confusión. Como nos podemos imaginar, la responsabilidad en esos casos es muy grave. Como recoge el evangelio de San Mateo; 15:13. “Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada.”

 Por desgracia, esto no ocurre solamente fuera del espiritismo, sino que dentro del mismo, hay médiums que no han aprovechado las enseñanzas que tienen al alcance de la mano, y unas veces por falta de estudio riguroso, de preparación moral, y otras por la fascinación espiritual de la que hablábamos al principio, usan los centros espiritas para, en lugar de orientar y aclarar a quienes acuden en busca de ayuda, lo que consiguen sin querer es todo lo contrario, confundiendo más y desviando del verdadero objeto que tiene la doctrina codificada por Allan Kardec. Esto, por desgracia es lamentable. Ser, en definitiva, juguete de las entidades engañosas que seducen tanto, en los trabajos mediúmnicos presentándose como espíritus elevados, respetables, como en las sugestiones que provocan en las reuniones de aprendizaje, atraídos por sintonía y por falta de vigilancia, provocando unos resultados, todo lo contrario a los esperados.

Tanto unos como en los otros casos, se convierten, sin darse cuenta, en falsos profetas. Por ello es fundamental, la prudencia, la vigilancia interior, el estudio y análisis de los amplios conocimientos que la doctrina nos ofrece, dialogar con otras personas, con otros grupos, pues no lo sabemos todo. El error y la equivocación se pueden instalar en nuestras vidas durante mucho tiempo sin darnos cuenta. Si amamos la verdad debemos de tener el coraje de enfrentarnos con determinación a nuestras imperfecciones y a aquellos errores que nos pudieran entorpecer. “No hay árbol bueno que pueda dar fruto malo, ni árbol malo que pueda dar fruto bueno” (Lucas 6:43). No nos podemos convertir en ciegos que conducen a otros ciegos, porque al final, todos caeríamos contrayendo una grave responsabilidad ante la ley.

 

José Manuel Meseguer

©2016, Amor, Paz y Caridad

PEDAGOGÍA ESPIRITUAL

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Pedagogía espiritual

Combinar ilusión por conseguir unos objetivos concretos pero sin alejarse del realismo cotidiano, es una de las tareas, entre otras muchas, que nos trae el mundo espiritual cuando trabaja con los encarnados. A esto lo llamamos pedagogía espiritual.

Aunque es cierto que la codificación espírita es todo un tratado espiritual que apela al buen juicio, al raciocinio y al análisis; atributos imprescindibles para comprender la doctrina codificada por Allan Kardec y conducirse por un camino recto, también es verdad que en las manifestaciones mediúmnicas se producen, sobre todo al principio, fenómenos anímicos, y algunas comunicaciones de hermanos engañosos o mixtificadores, necesarios para ejercitarse en un análisis desprovisto de fanatismos, fantasías y todo aquello que pueda estimular la vanidad y el orgullo.

Siempre se ha dicho que la mediumnidad es una simple herramienta, muy útil cuando se utiliza adecuadamente, empero, no es un privilegio de nadie ni un síntoma de superioridad de unos sobre otros. Tampoco es un “atajo” para resolver por la vía rápida aquellos problemas comunes al resto de mortales. La única ventaja, si es que se puede considerar como tal, es la concienciación espiritual que nos aporta sobre el papel que juega la justicia divina en las vicisitudes de la vida, inevitables para todos.

El secreto del éxito en esto como en cualquier empresa reside en el trabajo, el esfuerzo y si es necesario, el sacrificio para superar las dificultades del camino. Por lo tanto, hemos de incidir en que nadie es superior a nadie.

No obstante, aquellos que se deciden a trabajar en la senda del bien, que conocen los mecanismos de intercambio con el mundo espiritual, viven un sinfín de experiencias. Incluso algunas pueden parecer extrañas y más propias, a simple vista, de hermanos engañosos que de seres espirituales de los planos superiores.

Pongamos algún ejemplo. Existe la experiencia de una gran espírita del pasado, en contacto formal y serio con el mundo espiritual a través de la mediumnidad, que en un momento determinado de su vida, de gran tribulación, preguntó a los “hermanos superiores”, a sus “guías” que cuándo iban a terminar los dolores, sus sufrimientos de la vida. La contestación fue más o menos la siguiente: “En el plazo de un año se resolverán todos sus problemas y será definitivamente feliz”.

Como se pueden imaginar la satisfacción para ella fue grande, porque era capaz, así se lo habían dicho, de saber con exactitud cuándo finalizarían sus penas. Fueron pasando los meses, ella continuó con su trabajo material y espiritual, avanzando siempre, pero con una esperanza añadida, una ilusión que cada día se le acercaba para cumplir un deseo, una esperanza, como era el fin de sus problemas. Fue pasando el tiempo hasta llegar a la fecha que ella había calculado para tal fin….

Desgraciadamente ese día no pasó nada, la vida transcurría igual. Dejó pasar algún tiempo más, pero no cambiaron las cosas. Hasta que un día se le ocurrió preguntar sobre el hecho esperado. El hermano que se manifestó le contestó más o menos lo siguiente: “Hermana, hay que confiar siempre en la bondad y misericordia de Dios. Tómalo como una prueba para desarrollar la paciencia, la resignación, aceptando las vicisitudes de la vida con ánimo y entereza. Piensa que durante todo este tiempo, esa ilusión por alcanzar este objetivo imposible, te ha ayudado mucho durante este último año que ha sido para ti especialmente difícil. El pensar en un final próximo, en una esperanza cercana te aliviaba y te daba coraje para seguir luchando. Este fue el sentido real y no otro de nuestras palabras. Reflexiona y comprenderás.”

Pudo haber sido un hermano engañoso, sin embargo con la explicación precedente todo adquiere un sentido lógico y positivo. El hermano espiritual relativizó el presente con una propuesta ilusionante para que ella pensara en un futuro mejor. Además, le sirvió también como experiencia para comprender que no existen plazos fijos, exactos, salvo rarísimas excepciones, que puedan marcar el devenir de determinados acontecimientos particulares o generales.

Tenemos otro caso mucho más famoso. El médium Francisco Cándido Xavier, cuando comenzó a trabajar con su guía espiritual Emmanuel. Francisco le preguntó cuál era su compromiso y este le comunicó que serían unos veinte libros a psicografíar. Cuando alcanzó el objetivo oró dando gracias a Dios y a su mentor por el trabajo realizado. Emmanuel se le volvió a hacer visible y le comunicó que serían treinta. Al completar el trabajo el médium se sintió muy feliz, nuevamente se le apareció su guía y le comunicó que el trabajo había que prolongarlo hasta los cuarenta o sesenta. Francisco afirmó: “Me asusté, ¿pero qué podía hacer?”

Una vez concluido el trabajo que se prolongó en el tiempo, el notable médium brasileño pensó que ya era suficiente, había concluido su compromiso espiritual y quedaba libre de responsabilidades. Una vez más el noble espíritu de Emmanuel se le presentó diciéndole con austeridad y severidad que ya no se pertenecía. Es decir, que a partir de ese momento no debía pensar en marcarse unos límites, puesto que esos límites sólo se los podía marcar Dios, concretamente a través de su compromiso con el Maestro Jesús. Debía pues de entregarse en cuerpo y alma a un trabajo con una finalidad superior. Siendo dócil y siempre dispuesto para las tareas encomendadas.

Seguramente, y a la vista de los hechos, de la experiencia de Cándido Xavier, si le hubiesen comunicado desde un principio que debía psicografíar indefinidamente gran cantidad de libros, quizás hubiera sido una carga psicológica muy grande para él. Fue una manera de aliviarlo, de dosificarlo, de dejar pasar el tiempo, los acontecimientos para que pudiera asimilar su trabajo. También como una prueba, puesto que a veces, los médiums, que al fin y al cabo son personas como las demás, pueden sufrir altibajos y caer en entorpecimientos que pueden condicionar el devenir de una facultad y su trabajo futuro.

El mundo espiritual superior conoce perfectamente las fragilidades humanas. Saben de las enormes limitaciones que supone el venir con una materia física, además de los entorpecimientos propios de las imperfecciones y debilidades que todos, en mayor o menor medida poseemos. Es por ello que dentro de la gran prudencia que les caracteriza, además de aconsejarnos y de orientarnos nos pueden hacer indicaciones que, a simple vista, parezcan engañosas.

Aunque no por ello, debemos de olvidar siempre la necesidad de estudiar, analizar y escrutar todo sin apasionamiento, sin fanatismos. Hay que tener presente que todos los médiums son vulnerables y que los espíritus no lo saben todo; como nos explica muy bien Allan Kardec en las obras de la codificación, especialmente en el Libro de los Médiums.

Por otro lado, dicha pedagogía espiritual también ha podido ser aplicable a ciertos mensajes que se han recibido en distintos puntos de nuestro globo en los que se marcan unos plazos respecto al Cambio de Ciclo en el que estamos inmersos, incluso, hablando de la “inminencia” de los acontecimientos. Seguramente con la finalidad de concienciar sobre la urgente necesidad de un cambio moral en nuestras vidas.

Los acontecimientos mundiales en gran parte, dependen del libre albedrío de los países, de sus gobiernos y sociedades. De hecho, ya se están produciendo cambios desde hace bastantes décadas. Cada uno de nosotros estamos en un nivel evolutivo que el mundo espiritual superior conoce perfectamente y saben lo que nos falta para estar en condiciones de poder formar parte de esa nueva sociedad, que supondrá el cambio definitivo a un mundo de regeneración. Aun así, pese a las advertencias: “Para algunos, mañana será tarde”.

También hemos de ser conscientes de que para ellos, inmateriales de otra dimensión, tienen otra percepción muy distinta del tiempo a como la tenemos nosotros. Observan lo que está ocurriendo en el astral, como preludio de lo que acontecerá más tarde en la materia.

En resumen: Para conseguir hechos concretos hace falta muchas veces propuestas  cercanas, casi palpables y más concretas. Algo que forma parte del trabajo pedagógico del mundo espiritual, consciente de las necesidades más urgentes y de nuestra fragilidad moral y material. Sepamos por tanto, darle el valor que merecen.

 

               Pedagogía espiritual por:   José M. Meseguer

©2016, Amor Paz y caridad

LOS OBREROS DE LA ÚLTIMA HORA

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Los obreros de la última hora

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(*) “El obrero de la última hora tiene derecho al salario, pero es menester que su voluntad haya estado a disposición del señor que debía emplearlo, y que este retraso no sea fruto de su pereza o de su mala voluntad. Tiene derecho al salario, porque desde el alba, esperaba impacientemente a que, al fin, lo llamarían al trabajo; era trabajador, sólo le faltaba trabajo.

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La parábola del obrero de la última hora posee toda la vigencia hoy en día. Es el cambio, el paso definitivo a través de las buenas obras, es un cambio de actitud frente a la vida, de percepción sobre las personas, viéndolas como verdaderos hermanos en proceso de evolución, formando parte de un mismo rebaño que algún día abra de reunirlos a todos en torno al ideal superior propuesto por el Maestro Jesús.

La convocatoria no es nueva, se ha ido sucediendo a través de los siglos. Muchos la rechazaron en otras épocas, otros aprovecharon la llamada para transformar sus vidas, cambiar su paisaje interior, a través de la renovación de sus principios fundamentales, anteponiendo los valores espirituales sobre los materiales. En un esfuerzo continuo de ascensión y caídas, de luchas, de trabajo interior por superar sus malas inclinaciones, aceptando las pruebas y las vicisitudes de la vida como peaje necesario para el rescate de las deudas del pasado y como aprendizaje de capacitación para otras realizaciones más nobles, más elevadas.

Por tanto, el pasado y el presente se funden, se entrelazan. La evolución a través de las distintas encarnaciones nos traslada a un escenario, este, el que nos ha tocado vivir actualmente. Vivimos el final de un ciclo, es la noche que precede a la nueva aurora. El dueño de la viña continúa buscando obreros para las tareas finales. Sigue convocando a aquellos que lo rechazaron o no lo quisieron ver en el pasado, en anteriores convocatorias. Empero, espíritus muy preparados, trabajadores del ayer retornan a la materia física para continuar su trabajo, aunque la sociedad no sea capaz de identificarlos todavía. A ellos se unen otros trabajadores también que proceden de otras viñas, de otros mundos más evolucionados que vienen a trabajar, a colaborar, convocados por el mismo dueño.

A simple vista, la percepción que nos puede llegar es que dichos trabajadores pueden estar pasivos pero, como concluye el párrafo de cabecera: “…Era trabajador, sólo le faltaba trabajo.” Lo cual significa que muchos de ellos, sobre todo jóvenes, aguardan su oportunidad. Viven lo que la sociedad les transmite, aunque en muchas ocasiones no se identifiquen con aquello que les ofrece. Otros discretamente aguardan, porque no les gusta lo que ven en su entorno, un materialismo que no les atrae; es como una espera, no se sabe muy bien a qué. Sin embargo, algunos canalizan sus inquietudes, su bagaje espiritual en actuaciones sociales, en trabajos anónimos, sin notoriedad social, ofreciendo sus buenas cualidades a la sociedad, aunque su preparación en realidad esté diseñada para tareas mucho más trascendentales, de mucha más envergadura. Son también los considerados niños y jóvenes Índigo y Cristal, de lo que tanto se habla hoy día, se caracterizan por una sensibilidad y una inteligencia fuera de lo común.

Tanto los ya preparados como los rezagados, aquellos que han despertado a través de nobles filosofías, como pueda ser la doctrina espirita, tienen derecho a un salario justo, que no se puede medir desde la óptica de una sola vida puesto que desconocemos el pasado. El premio será el adecuado a los merecimientos de cada quien. Por lo tanto, no nos podemos dejar engañar creyendo en una superioridad espiritual de aquellos que, por ejemplo, poseen hermosas facultades mediúmnicas, o de aquellos que imparten conferencias o escriben artículos o libros. Todo ello tiene su valor, pero otros que quizás no forman parte de dichos círculos, pueden traer, como comentábamos anteriormente, el trabajo hecho del pasado. Ellos aprovecharon en su día las oportunidades que les proporcionaron y los trabajadores actuales quizás no. “… ¡pero cuantos siglos hace desde que el Señor os llamó a su viña sin que hayáis querido entrar en ella!..”

Los obreros de la primera hora fueron aquellos avatares como Moisés, Buda, Juan el Bautista, Jesús, etc., que vinieron a sembrar en un terreno todavía improductivo, no obstante, dejaron su huella. Con el paso de los siglos otros sabios y filósofos continuaron sembrando y el ser humano se fue aprovechando de su trabajo. Los últimos en llegar fueron los espiritas con su doctrina renovadora, el Consolador prometido por Jesús, enriquecido por nuevas ideas que aclaraban lo que había quedado incompleto u obscuro. Es la solidaridad de un trabajo de crecimiento constante, en consonancia a la evolución del pensamiento humano y su capacitación para nuevas adquisiciones.

A veces, son esos mismos espíritus notables que iniciaron su trabajo en el pasado y vienen ahora a concluirlo. Es la solidaridad universal, el aprovechamiento del esfuerzo humano de todas las épocas por el progreso en todos los ámbitos, en una línea siempre ascendente.

Otros, no obstante, y siguiendo con la parábola del Maestro se hacen la siguiente reflexión: (*) “Tengamos paciencia, el reposo me es agradable; cuando suene la última hora, será tiempo de pensar en el salario de la jornada: ¿por qué tengo necesidad de molestarme por un patrón que no conozco, a quien no quiero? Cuanto más tarde, será mejor…”

Muchas veces, cuando se trata el tema del Cambio de Ciclo, la Transición Planetaria, o el Final de los Tiempos, se topan con un debate sobre fechas y tiempos, sobre todo a nivel global, de toda la humanidad. Preguntas como ¿Cuánto tiempo puede quedar para el cambio? ¿Será traumático? ¿Afectará a toda la humanidad? ¿Quiénes se salvaran?, etc., se prestan a numerosas especulaciones.

En este punto es donde debemos tener en cuenta los comentarios del párrafo anterior, es decir, aquellos que no tienen prisa, que relativizan y hacen caso omiso a las frecuentes llamadas. ¡No es un problema de tiempo sino de predisposición al trabajo, de fuerza de voluntad! Cuando nos hablan de alcanzar un nivel moral y espiritual para poder formar parte de esa nueva humanidad anunciada desde hace siglos y refrendada por distintas fuentes espirituales y religiosas, requiere de un tiempo de preparación, de plasmar unos resultados producto de un esfuerzo moral. Para ello se requiere tiempo para dominar las malas inclinaciones. Si ese proceso de preparación no se afronta con determinación, ocurrirá lo que concluye el mensaje en boca del patrón: (*) “…no tengo trabajo para ti por ahora, tú has malgastado el tiempo; has olvidado lo que has aprendido; ya no sabes trabajar en mi viña. Empieza otra vez a aprender, y cuando estés mejor dispuesto, vendrás a mí y te abriré mi vasto campo y podrás trabajar en él todas las horas del día.”

Pero ese trabajo de re-aprendizaje se tendrá que efectuar en un mundo inferior, en otras condiciones no tan ventajosas, hasta alcanzar el mérito que le permitirá retornar al mundo de donde procede.

Como podemos comprobar, el mensaje del Maestro pervive con toda intensidad. Su contenido, a través de aquellas parábolas sencillas, contienen las claves del proceso en el que estamos incursos hoy día.

Oportunidades no nos van a faltar, no obstante el tiempo se agota, porque la vida pasa muy deprisa, es un instante en la evolución pese a que nuestra percepción pueda ser otra. Las sugestiones de la materia y el materialismo que impera actualmente entorpecen la llamada, ese reclamo del Gran Patrón para trabajar en su basto campo ¡No lo desaprovechemos más porque mañana puede ser tarde!

 

José Manuel Meseguer

©2016, Amor Paz y caridad

 

(*) El Evangelio según el Espiritismo; Capítulo XX. Instrucciones de los espíritus; Los últimos serán los primeros.- 2

REENCARNACIÓN Y CRISTIANISMO

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Reencarnación y Cristianismo
Icono conmemorativo del Primer Concilio de Nicea

La reencarnación a lo largo de la historia de Occidente no ha gozado de oportunidades de análisis y desarrollo. Los poderes políticos y religiosos han controlado casi siempre los postulados doctrinarios que consideraron adecuados a su forma de pensar y de sus intereses. El pueblo llano se debía someter a las resoluciones de sus mandatarios. La libertad de pensamiento y sobre todo, de expresión de ideas diferentes a las corrientes oficiales, han resultado punibles  en casi todas las épocas de la humanidad.

La creencia en las vidas sucesivas desde la óptica de los poderes establecidos nunca ha convenido, porque cuestiona los privilegios y las jerarquías, y porque nos indica la transitoriedad de nuestra situación en la vida, sea buena o mala, así como la responsabilidad total de nuestros actos, sin intermediarios con la gracia divina para salvarnos o perdonarnos los pecados.

Las referencias históricas nos hablan de la creencia generalizada en la reencarnación por parte de los primeros cristianos. Así lo confirman algunos pensadores cristianos de los primeros siglos de nuestra era como fueron Tertuliano u Orígenes. Todo nos hace pensar que el Maestro Jesús la transmitía abiertamente  y no la escondía. Es lógico, un concepto tan importante, tan fundamental no podía quedar en una ambigüedad, en una idea confusa. Sin embargo, tal y como nos han llegado los evangelios, (fueron seleccionados entre varios escritos de la época, muy posteriores a la muerte de Jesús),  parece como que ni afirman ni desmienten. No se recoge ningún pasaje que explícitamente el propio Maestro condene las vidas sucesivas. No obstante los hay que sí lo sugieren, pero no de una forma clara y rotunda que no se preste, en dichos escritos, a otras interpretaciones. Como podrán imaginar no tiene mucho sentido, puesto que una idea que compromete radicalmente el origen y destino del hombre y el sentido de la vida presente, no debió quedar relegada sin que hubiera existido un debate abierto, profundo que aclarase las ideas en pos de la auténtica verdad.

Fue en el siglo IV cuando el cristianismo pasó de ser marginal, de ser perseguido a formar parte del estado. El emperador Constantino I el Grande (272-337) adoptó las creencias cristianas en una época de cambios socio-políticos. El problema surgió con las distintas tendencias que impedían poner de acuerdo al cristianismo de oriente con el de occidente. Se convocó un Concilio en Nicea, en el año 325. La intención no fue solo religiosa sino sobre todo política, se trataba de evitar una fractura política del Imperio. Posteriormente otro emperador Justiniano I (483-565), con la misma intención de evitar cismas religiosos de consecuencias políticas también convocó otro concilio, el de Constantinopla II, donde fueron consolidando ciertas ideas que consideraron fundamentales, como por ejemplo; la Santísima Trinidad,  la supuesta divinidad de Jesús, y sobre todo la abolición de la reencarnación en favor de la resurrección; el Papa fue encarcelado porque se negó a firmarla. Sus disidentes (aquellos que estaban a favor de las vidas sucesivas) fueron perseguidos y anatematizados. Por supuesto, si alguno había escrito en favor de dichas ideas eran quemadas y eliminadas.

Para entender la mentalidad y los usos de la época hay que tener en cuenta que el poder político y el religioso eran prácticamente lo mismo. Los primeros concilios, los más importantes que dieron cuerpo a la doctrina que conocemos hoy los convocaron los emperadores; al mismo tiempo, los obispos no podían negarse a su voluntad imperial; de tal forma que, si alguien pensaba diferente o no convenía era apartado, condenado o conminado a retractarse.

Estas ligeras referencias históricas tienen la intención de situar, respecto al cristianismo primitivo, la mentalidad de una época y la evolución de las ideas, sobre todo a lo que respecta a la reencarnación. Su falta de desarrollo y aceptación social no se basó en la debilidad de sus argumentos sino en su prohibición radical.

Otro aspecto muy importante a valorar para comprender el origen y evolución del cristianismo, al menos, el que nos ha llegado hasta nuestros días, es la diferencia que debemos de establecer entre religiosidad y espiritualidad. No necesariamente van unidas. Aquellos que tomaron decisiones doctrinarias como aquellos que continuaron manteniéndolas, muchas veces eran políticos y religiosos desconectados del verdadero mensaje renovador predicado por Jesús. Los fanatismos, los intereses materiales, las ansias de notoriedad, aumentar su cuota de poder, de escalar posiciones con privilegio social, eran el verdadero móvil de sus acciones. Por contrapartida, los bienintencionados, aquellos que buscaban la verdad y el bien común, muchas veces eran marginados o condenados. Por tanto, cuando nos hablan de “la inspiración divina” de aquellos que sentaron las bases de la doctrina cristiana, hay que ponerlo más que en duda, porque fueron hombres comunes, con sus defectos y virtudes. Aunque hay que reconocer que, al menos, el mensaje evangélico, sus parábolas y algunos hechos de la vida del Maestro recogidos en el Nuevo Testamento han perdurado con el paso de los siglos.

Por desgracia no hace falta irnos muy lejos para entender la naturaleza humana y nuestro atraso moral y espiritual. Los escándalos por corrupción política destapados por los medios de comunicación, las malas prácticas que existen hoy día, son un reflejo del modus operandi de la inmensa mayoría de los círculos de poder. Por tanto, hace 1600 años aproximadamente, que es la época a la que estamos haciendo referencia y en base a los datos históricos que nos han llegado, nos demuestra que no eran precisamente mejores.

¡Qué difícil va a ser para los ricos entrar en el reino de Dios!… (Marcos 10:17-31)

Sin duda,  el problema que plantea la idea de la reencarnación a los poderosos es inasumible para una mayoría. El poder económico, político y social, y hasta el religioso queda comprometido cuando hay una idea, la de las vidas sucesivas, que nos habla de la igualdad entre todas las almas. Una igualdad que tan solo les puede interesar después de la muerte, cuando ya no puedan gozar de sus bienes y privilegios. Por esa razón, tuvo más fuerza la idea de una sola vida, una sola oportunidad.

De tal manera que la idea de un infierno y la condenación eterna por un lado, y por otro la posibilidad de un paraíso contemplativo,  debía de ser el temor o el consuelo en este mundo para los enfermos y pobres, para los sufrientes. Sin embargo, los otros, sobre todo los de las clases altas, incluida la  religiosa, se creían con una gracia divina donde, si era necesario podían comprar las indulgencias divinas para lavar sus pecados que dan derecho al perdón de Dios y el acceso  al supuesto Cielo. Por esa razón, muchos de ellos vivían instalados en las creencias superficiales, alejados del verdadero mensaje renovador de sacrificio y renuncia; solidario  unos con otros. Era la forma de acallar su conciencia, y al mismo tiempo de controlar las necesidades espirituales del pueblo sometido.

La historia de la humanidad es la historia casi siempre del predominio de los fuertes sobre los débiles. Lacras sociales como por ejemplo la esclavitud pervivió durante muchísimos siglos. Las discriminaciones por raza, sexo o incluso religión ha sido una constante en el devenir de todas las épocas; incluso hoy día. Por tanto, una idea tan profunda como la reencarnación, que cuestiona la superioridad, el sometimiento de unos hombres sobre otros, que combate  las raíces del orgullo y egoísmo humano no podía tener cabida en dichas sociedades.

No solo son otras filosofías las que apoyan la idea de los renacimientos, desde Platón, el budismo,  pasando por la doctrina espírita, sino que la ciencia viene al encuentro de esta idea, vigorizándola y aumentando su fuerza a través de sus investigadores y descubrimientos.

La certeza de que lo sembrado con nuestros actos es lo que vamos a recoger, no sólo cuando desencarnemos (cuando no es en esta misma vida), sino en vidas posteriores. Que la riqueza mal empleada puede desembocar en otra vida en la miseria, que todo el mal que hacemos revertirá más pronto o más tarde sobre quien lo ha ejecutado; son ideas que transfieren toda la responsabilidad de los actos a nosotros mismos. Somos juez y parte, la siembra es voluntaria pero la cosecha obligatoria.

La reencarnación es la explicación lógica a las desigualdades humanas, a la justicia divina, justicia perfecta sobre la que descansan nuestras acciones y sus repercusiones futuras. Nada queda al azar. No existen privilegios, todas las almas somos creadas iguales. Con nuestro trabajo y esfuerzo nos vamos labrando un futuro cuyo destino final es invariablemente la felicidad y la perfección…. Así de simple y así de profundo.

La ley de la reencarnación o renacimientos nos hace responsables absolutos de nuestros actos. Nos coloca, cara a cara con nuestra realidad espiritual. Lo que no hagamos ahora lo tendremos que hacer en el futuro. Atravesando todas las etapas como hombre y mujer, blanco y negro, etc.

Por lo tanto,  la vida tiene una finalidad superior. Todos venimos con un compromiso espiritual a desarrollar, las particularidades de cada uno; salud, enfermedad, riqueza, pobreza, etc., forman parte de nuestro aprendizaje y trabajo interior. Superar las malas inclinaciones es el fin fundamental en la vida y la llave que nos abrirá la puerta al progreso y a la evolución. Así es como lo entendieron los primeros cristianos y así es como debemos de verlo ahora.

 

Reencarnación y cristianismo por:  José M. Meseguer

© 2016, Amor paz y caridad

FE Y RAZÓN

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Fe y razón

En cualquier realización humana, se requiere de algo que impulse a la voluntad hacia la consecución de su objetivo, y ese recurso es la fe.

El mundo está lleno de casos extraordinarios en los que una poderosa fe ha sido capaz de salvar obstáculos considerados casi como imposibles; por ejemplo, muchos disminuidos físicos que han sabido con sacrificio sobreponerse a sus deficiencias, como es el caso de Alexei Romanov de 15 años, nacido en la ciudad rusa de Kazan, fue abandonado por su madre en un hospital cuando era un recién nacido, carece de manos, sin embargo ha aprendido a tocar perfectamente el piano.

Todos los seres humanos poseemos dos tipos de fe: una innata, acumulada en el devenir de las diversas existencias y otra adquirida, que la vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida, en función del interés y esfuerzo. Por tanto, la fe no se la puede considerar como un don divino o una cualidad especial para algunos privilegiados, porque todos disponemos de los gérmenes para desarrollarla.

Desde otro punto de vista, podríamos clasificarla también en otros dos grupos, como sería la fe dogmática y la razonada. La primera acepta a ciegas conceptos o ideas ya establecidas, generalmente por las tradiciones religiosas; la segunda aunque pueda admitir algún hecho que se le pueda escapar de la comprensión actual, se apoya básicamente en el conocimiento de las leyes naturales o divinas, para nada caprichosas, contradictorias u obscuras. Siempre con argumentos sólidos que sostienen el edificio de sus convicciones utilizando el raciocinio y la lógica.

Ahí se encuentra una de las claves. Sustituir creencias por convicciones. Apoyarse en la ciencia que cada día se aproxima a los grandes postulados espirituales. Poseer la seguridad a través del raciocinio y la experiencia del camino por donde transita, como el viajero que sólo puede otear aquello a donde alcanza la vista, sin embargo es consciente de lo que al final de su trayecto se va a encontrar. No duda, no vacila, comprende las dificultades necesarias para alcanzar el fin propuesto. En pocas palabras, “no necesita ver la meta porque sabe y comprende que es lógico que la vea al final del camino.”

Por contra, con la falta de fe la persona: “No busca los medios de vencer porque cree no poder vencer.” Continuando con el ejemplo anterior, sería una demostración de falta de claridad, con paso vacilante, quizás a la espera de que alguien razone y comprenda por él, cargue con su cruz y lo lleve por el camino cuando esto es imposible. Nadie puede transferir su carga a otro, puede recibir ayuda que le impulse, pero el camino lo debemos recorrer por nosotros mismos, de lo contrario ¿dónde estaría el mérito? ¿Cuál sería la enseñanza de vida si es otro el que nos realizara el trayecto?

“Si tuvieres fe como un grano de mostaza…” (Mateo: 17-20)

No obstante, la misericordia de Dios trabaja constantemente. Existen infinidad de casos de personas que han recibido, de un modo u otro verdaderos regalos, pruebas de la felicidad final, de aquello con lo que se van a encontrar si cumplen con su cometido en la vida física. Son casos de aquellos que soportan una carga muy pesada que al sujeto le proporciona mucha angustia y sinsabores, como puede ser una dolencia física o moral, que oprime al individuo produciéndole un desgaste psicológico y moral difícil de sobrellevar. A estos gladiadores de la vida, al rescate casi siempre de deudas del pasado, además de la ayuda espiritual que poseen, en algunos casos reciben por distintas vías, regalos de luz, como pueden ser los testimonios de aquellos que han vivido y narrado sus experiencias cercanas a la muerte (ECM); por regla general, se ven como transportados a un lugar extraordinario, desconocido en nuestro mundo, por lo que es muy difícil de describir, algo que se podría asemejar a un Edén, un Paraíso.  Al mismo tiempo sienten un gozo inefable, se ven envueltos en un Amor profundo e incondicional, una dicha momentánea que recarga las pilas, refuerza la fe en Dios y en el porvenir.

Otras veces son visiones espirituales espontáneas, de seres de luz o familiares queridos ya desencarnados dando ánimos. Otras veces son sueños muy vívidos, con un contenido muy similar a las experiencias ya explicadas, también con una carga emocional y sentimental muy fuerte. Todo ello, como una inyección reconfortante que refuerza las convicciones del “viajero” temporalmente encarnado en una materia.

Debemos recordar que somos “chispas divinas”, simientes que invariablemente se convertirán algún día en árboles frondosos y majestuosos. Lo Alto lo sabe y aguarda. El proceso evolutivo nos encamina siempre, no tiene prisa. Respeta nuestro libre albedrío para que descubramos por nosotros mismos; equivocándonos, cayendo para levantarnos y volver a caer, así sucesivamente hasta consolidar lo aprendido. La lección aprendida y las cualidades desarrolladas con la experiencia ya no se pierden jamás. Siempre sumando y creciendo sin cesar en todos los ámbitos; a veces, haciendo hincapié en unos aspectos evolutivos, para posteriormente desarrollar otros.

Por el contrario y en base a la reencarnación y a las consecuencias de nuestros actos anteriores, muchos espíritus reencarnan con un déficit de fe en Dios y todo lo relacionado con la espiritualidad, a consecuencia de su orgullo y vanidad manifiesta en otras vidas. Generalmente fueron personas de ciencia o intelectuales que despreciaron lo que consideraron creencias vulgares, incluso alimentando el materialismo y la nada futura, creando un perjuicio a muchas personas que valoraban sus opiniones como altamente cualificadas. Otros, peor aún, fueron autoridades religiosas que no hicieron honor con sus actos a la elevada misión de ejemplificar aquello que predicaban. Estos espíritus, se encuentran al desencarnar con la contrariedad y la vergüenza por sus actos y también al descubrir la verdadera realidad de “la vida después de la vida”. Muchos de ellos se ven abocados, en su futura existencia,  a un vacío espiritual contra el que tienen que luchar constantemente. Son algunas clases de escépticos o aquellos que suelen decir: “Envidio tus convicciones, tu seguridad en algo Superior; me gustaría creer pero me cuesta mucho”

Por lo tanto, hemos de ser analíticos, pensar por nosotros mismos, pero sin caer en el otro extremo, en un empirismo absoluto o un razonamiento total, porque no todo se puede comprobar ni razonar. Como cita el ilustre Blaise Pascal: “El corazón tiene razones que la propia razón desconoce”. El cuerpo físico es un filtro muy denso que nos limita extraordinariamente, sobre todo si tenemos en cuenta el nivel evolutivo de nuestro planeta. Es por ello que no podemos pretender conocer a Dios u otras cosas trascendentes con total profundidad, algo que pertenece a seres ya desprendidos de la materia y de un nivel de conciencia mucho más elevado. No obstante, facilita la comprensión espiritual el trabajo interior, aquellos que se esfuerzan por controlar sus pasiones y defectos, que piensan y viven por y para el bien. De ese modo, se sintonizan con los planos sutiles, ampliando el campo de comprensión, elevándose sobre las percepciones exclusivamente materiales.

Teniendo en cuenta todas esas circunstancias, es cuando adquiere mayor relieve la célebre frase de Jesús: «La fe mueve montañas», porque cuando se es capaz de desarrollar esta cualidad, los obstáculos se superan con mayor facilidad, puesto que el objetivo que se persigue se tiene presente en todo momento, observando los traspiés y dificultades de la vida como meras pruebas transitorias que de ningún modo deben de entorpecer la seguridad en la meta final.

El Espiritismo como hemos apuntando en tantas ocasiones, nos puede proporcionar los medios necesarios para satisfacer las dudas e inquietudes que nos permita afrontar todas las dificultades que el destino nos puede deparar con calma y confianza, sabiendo él porqué y para qué de la vida y la necesidad de pasar por las pruebas como elementos de aprendizaje. Alcanzando los objetivos que nos propongamos, sabiendo cuáles son nuestras limitaciones, y teniendo en cuenta la aportación tan valiosa que podemos recibir del plano espiritual superior para que nos ayuden durante la travesía para alcanzar el progreso tan ansiado.

 

Fe y razón por:    José M. Meseguer

© 2016, Amor, paz y caridad

FACULTADES PARANORMALES

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¿DON DIVINO O PRODUCTO DE LA MENTE?

Conferencia sobre las causas y características de las facultades paranormales. El origen histórico, algunos personajes famosos de la historia que las ejercieron. La explosión de las manifestaciones en el siglo XIX y la explicación de la filosofía espírita. Aclaración sobre las clases de mediumnidad, la credibilidad de las manifestaciones, la importancia de la moralidad en las personas que las desarrollan. No es un don divino sino una facultad provisoria no ganada cuya finalidad es el progreso.

José Manuel Meseguer

Facultades paranormales por: José Manuel Meseguer

SUICIDIO Y REENCARNACIÓN

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Suicidio y reencarnación

Uno de los problemas más graves a los que se enfrenta el ser humano de hoy día es, sin ninguna duda, a la posibilidad del suicidio. Casi todos los días leemos en los periódicos casos de personas en situaciones límite, que han perdido o están a punto de perder lo que consideramos esencial para nuestras vidas: Por ejemplo, la pérdida de la custodia de los hijos o la posibilidad de poder verlos, un fuerte desengaño amoroso, los desahucios viéndose en la calle, la falta de recursos para poder subsistir, etc. Son situaciones que llevan a muchos a verse como en un callejón sin salida. Una aparente derrota moral y existencial, que, salvo aquellos que confían en sí mismos y mantienen el coraje de la fe en algo superior, en muchos otros significa tirar la toalla y adoptar una decisión lamentablemente extrema.

Salvo en los casos de locura o de obsesión espiritual, se puede considerar el suicidio como la máxima expresión del egoísmo. Una gran prueba existencial, una lucha extrema contra las propias debilidades, para que afloren, como contrapeso, los recursos internos que todos poseemos pero que muchas veces no utilizamos: La fe, el coraje, la esperanza, la fortaleza, la paciencia, la resignación, etc.

El matiz más importante se encuentra en la siguiente idea: Ya no son los problemas sino lo que se interpreta de esos problemas lo que verdaderamente puede hacer más daño. Las dificultades y reveses de la vida se observan como una losa infranqueable en lugar de verlos como retos y posibilidades de crecimiento.

Como comentábamos anteriormente es la ignorancia de las consecuencias lo que lleva a estas personas a la búsqueda de la nada, o un atajo a la piedad divina muy mal entendida,  que creen les llevará a eliminar los sufrimientos a los que se ven sometidos. ¡Gravísimo error!

Dios es misericordioso, es todo amor, pero también es justo. A cada quien según sus obras. Cada caso es diferente, existen agravantes y atenuantes que sólo puede juzgar Dios, sin embargo, no podemos ignorar las consecuencias, a tenor de lo que nos cuentan los múltiples casos recogidos a través de la mediumnidad como aquellos testimonios de personas suicidas, más bien de intento de suicidio, que han experimentado una ECM (experiencias cercanas a la muerte), como recoge en sus libros el doctor Raymond Moody. Las experiencias que narran en unos casos como en los otros son muy similares. El siguiente testimonio de un espíritu es bastante significativo: “¡No sabéis cuanto sufro!… Estoy abandonado, he huido del sufrimiento para encontrar el tormento.”

Para poder comprender las consecuencias de dichos actos hemos de elevarnos por encima de la materia y observar las diferentes vidas físicas como instantes muy cortos en la evolución. Esto desde el cuerpo físico y sus limitaciones cuesta trabajo entenderlo, sin embargo, hemos de ser conscientes de que, por muy severas que puedan llegar a ser las consecuencias del acto del suicidio, le van a servir de gran lección al espíritu. Es muy importante tener presente la “dimensión temporal” de las penas, aunque para el suicida puedan parecerle eternas. Por cierto, nadie se encuentra desamparado en el mundo espiritual. Existen hospitales y colonias de recuperación para estos casos, empero, las dificultades son muy grandes y requieren, por lo general, mucho tiempo para conseguir resultados satisfactorios, es decir, una cierta recuperación psíquica y espiritual de los afectados. Al mismo tiempo, la oración sentida por ellos es un bálsamo poderoso que les alivia sobremanera sus sufrimientos.

Debemos mencionar, además, otros factores decisivos que repercuten directamente en el proceso de separación del espíritu de la materia en el caso de los suicidas; como es la cuota de energía vital que traemos al nacer, la suficiente para abastecer toda una vida física programada. Si se corta de una forma voluntaria antes de tiempo, tiene sus consecuencias puesto que esa energía no desaparece por arte de magia. Además cabe recordar que el espíritu se vale de un cuerpo intermedio, semimaterial que sirve de lazo de unión, de conexión entre el espíritu y la materia. Todas las agresiones que podamos hacerle al cuerpo físico también repercuten en ese cuerpo espiritual, lo cual significa que, el suicida con su acción le causa daños graves al periespíritu, sufriendo desde el mismo instante en que se ha quitado la vida, y  por lo general, debiendo retornar al plano físico con graves problemas y deficiencias físicas en la zona donde se auto agredió, para drenar, restaurar y equilibrar el daño causado.

Por otro lado, contribuyen inconscientemente en la expansión de esta lacra algunos científicos e intelectuales materialistas que pregonan, apoyándose en su prestigio académico y su influencia en la sociedad, que después de la vida existe la “nada”. Al menos, no deberían ser tan categóricos puesto que con sus afirmaciones crean opinión, y las opiniones como las corrientes de pensamiento generan consecuencias. Es de una gran presunción afirmar categóricamente la no existencia de Dios o la imposibilidad de la vida después de la vida. Al menos deberían ser prudentes y no aseverar lo que no han comprobado o no alcanzan a ver. La ciencia avanza a pasos agigantados, empero, no poseen sus investigadores la verdad absoluta, ha tenido que rectificar muchas veces sobre sus postulados.

En este sentido, hay suicidas, y también seres orgullosos, intelectuales  del saber material que al pasar al otro lado y enfrentarse a su nueva realidad se han llevado una gran sorpresa, y han llegado a manifestar a través de la mediumnidad la siguiente reflexión: “Sufro cuando me veo obligado a creer todo lo que negaba.”

Por cierto, esa falta de fe en Dios de algunas personas es la que lleva a mucha gente a preguntarse cómo es posible que hayan materialistas si todos hemos pasado por el mundo espiritual, hemos reencarnado muchas veces. La explicación se encuentra en el atraso evolutivo en el que nos encontramos. El orgullo y el no reconocer nuestras faltas, convierte a muchos espíritus en seres endurecidos cuya situación les impide, una vez vuelven a la vida corporal, desarrollar de forma sencilla la fe innata. Son aquellos que, muchas veces dicen: “Me gustaría creer pero no puedo. Hay algo en mí que me lo impide”. Esta reflexión, refleja muchas veces, la necesidad y la obligación de tener que hacer un esfuerzo mayor que el resto para recuperar la intuición natural, aquella que nos permite reconocer sin dificultad a un Dios Todopoderoso, al Padre amoroso que nos guía y nos conduce.

En conclusión, la posibilidad del suicidio es una prueba difícil para los espíritus débiles, faltos de fe y confianza, en la que muchos espíritus se estancan durante varias existencias. Viéndose en la necesidad de volver a la vida física, en unas condiciones que le empujarán a vivir serias dificultades, hasta el punto de tener que afrontar la tentación que no la necesidad de volver a caer en el suicidio.

Además, es necesario poner de relieve otro tipo de suicidio considerado indirecto, nos referimos al abuso de drogas, del alcohol, del tabaco. También hay que incluir los deportes de riesgo extremo, exponiendo la vida de un modo innecesario, tan sólo por el orgullo de conseguir algún record, o formar parte del libro Guinness. Todos estos casos con final fatal, aunque pueden tener atenuantes, también son considerados como suicidios, por la falta de responsabilidad a la hora de cuidar su vehículo de progreso que es su cuerpo, y por los compromisos que tenemos con nuestros semejantes a los que se dejan de atender por la falta de prudencia en sus actos.

Todo lo contrario a quienes arriesgan su vida por salvar a otros. Esto es diferente. Se trata de un grado de altruismo y de abnegación que el Padre tiene muy en cuenta. No hay que olvidar que aquel que arriesga su vida por salvar a otro, no tiene la menor intención de perderla. Se trata de un acto espontaneo, generoso y de gran valor moral.

La vida es un don precioso. No podemos menospreciarla.

La doctrina espírita nos aporta las claves, el mensaje de esperanza que la sociedad necesita. Avanza poco a poco, cada vez son más sus estudiosos y seguidores. Nos ofrece la certeza en el porvenir, nos explica la temporalidad de las desgracias, también que Dios es justo y jamás nos abandona.

Por todo ello, es necesario un cambio de rumbo. Retomar nuestra esencia espiritual. La nada no existe, y la vida es un ejercicio de amor y de misericordia de Dios. No debemos menospreciarla y sí aprovechar las oportunidades que se nos ofrecen de crecimiento. Hemos sido creados para caminar hacia la perfección, hacia la felicidad más absoluta. Es lo que nos han transmitido los grandes avatares de la humanidad y es la gran verdad de la que no debemos prescindir. Pensemos en ello.

José M. Meseguer

©2016, Amor,paz y caridad

 

MUCHOS SON LOS LLAMADOS …

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MUCHOS SON LOS LLAMADOS Y POCOS LOS ESCOGIDOS

Como hemos comentado en otras ocasiones, cada existencia física nos aporta la posibilidad de realizar un programa espiritual establecido antes de venir al mundo. Una vez encarnados se nos vela la memoria del pasado, y comienza a actuar automáticamente la conciencia, esa voz interior que es la que nos dicta la diferencia entre el bien y el mal.

Al mismo tiempo, a muchísimas personas les surge la inquietud interna que les impulsa a buscar, a indagar él porqué y para qué estamos aquí. Recibimos en nuestra infancia y juventud una educación religiosa, en cada país es distinta, con unas peculiaridades propias. Según las religiones, escuelas y distintas creencias que se profesen, recibimos unas enseñanzas con un trasfondo que fue el que nos legaron los grandes avatares de la Humanidad: Jesús, Buda, Mahoma, Krishna, etc., con sus distintas idiosincrasias, pero con un denominador común: el Amor. Un código moral que nos indica por donde debemos caminar, y también aquello que nos perjudica. En definitiva, un sistema ético-moral, de normas de conducta y de creencias, más o menos perfectas, para que la convivencia con el prójimo sea lo más fraterna posible.

Sin embargo, observamos que la realidad práctica no es así, a nuestro alrededor se suceden las guerras, los odios, las disensiones, etc., y comprobamos que los resultados y actuaciones difieren mucho de lo que esos grandes maestros nos legaron con su ejemplo. De ahí que Jesús, conocedor del atraso evolutivo de esta humanidad nos hablara de «Muchos son los llamados y pocos los escogidos»; porque «la puerta es estrecha», es decir, el camino espiritual exige sacrificios, renuncias y trabajo constante por mejorar y eliminar poco a poco todo lo que estorba: defectos, debilidades, vicios, etc…

Evidentemente no todo el mundo está dispuesto a realizar tan encomiable tarea. Algo que por medio del amor o por el dolor tendremos que asimilar más pronto o más tarde, cuando las leyes divinas, sobre todo la ley de consecuencias o ley de causa y efecto se ven en la obligación de actuar para rescatar del estancamiento y del grado de endeudamiento a muchos distraídos. O dicho de otro modo, para quienes no desean el progreso y la evolución. En los postreros tiempos, es el crujir de dientes a que hace mención el Maestro.

Muchos son los convocados para ese gran festín de bodas, como hace mención la parábola que alegóricamente se refiere, entre otras cosas, a los de la derecha y la izquierda; sobre todo a quienes pueden ser los elegidos para vivir en una paz definitiva sobre la Tierra, con otras aspiraciones más nobles, en una sociedad donde primarán sobre todo los valores superiores y los mecanismos para potenciarlos al máximo. Es el cambio de ciclo en el que estamos inmersos actualmente. Ya no hay marcha atrás, el progreso en todos los ámbitos siguen su curso, y en base al libre albedrío, cada quien deberá decidir si quiere o no quiere encajar en el nuevo modelo de sociedad que se está fraguando. Como es lógico, dicho proceso se está efectuando en primer término en los planos espirituales próximos a la Tierra desde hace bastantes décadas, para posteriormente y como consecuencia trasladarse al plano físico, que es en el que nos movemos actualmente. Las señales ya se dejan de notar en todos los ámbitos, por ejemplo, el cambio climático y sus consecuencias, las agitaciones sociales producto de la falta de valores, están abriendo un surco importante entre las actitudes positivas de unos y las negativas de otros.

La doctrina espirita, con su gran aporte filosófico, científico, de inevitables consecuencias morales, invariablemente ha de jugar un gran papel en el escenario mundial. Es cuestión de tiempo que estas ideas renovadoras, que no son, ni más ni menos que la ampliación de conceptos mal comprendidos de la moral de Jesús, rescata ideas fundamentales, como por ejemplo, la ley de renacimientos o reencarnación,  para sustraernos de la ignorancia espiritual y de un sinsentido respecto a los objetivos en la vida, el origen y destino del ser humano. Transmutando la fe dogmática en una fe razonada, pasando de las creencias a las convicciones. En consecuencia,  el espiritismo juega un papel determinante como continuador de la obra de Cristo, nos ofrece con mayor amplitud los elementos necesarios para ser más conscientes de la realidad espiritual y lo que nos espera una vez abandonemos el cuerpo físico.

En definitiva, no se puede alegar ignorancia cuando el conocimiento espiritual se va extendiendo en sus múltiples manifestaciones. Disponemos de medios tecnológicos como jamás habíamos tenido, facilitándonos la información. Sin embargo, a unos les inspira indiferencia, en otros posponiendo la tarea para mañana, y otros en fin, comprendiendo el sentido del mensaje y la urgencia para ajustarse lo antes posible a un comportamiento que nos armonice con las leyes espirituales y el progreso consciente.

Actualmente, con cada día que pasa podemos estar perdiendo una oportunidad de oro. Nos encontramos ante la “gran convocatoria» que se inició hace dos mil años y que evidentemente ha ido evolucionando con el progreso del pensamiento humano. Sin embargo dicha convocatoria tiene un límite que sólo Dios lo sabe, y que en su momento, no muy lejano, tendrá que ajustar las cuentas de nuestros resultados, determinando por ley. Es decir, cuál es el lugar que nos corresponde, si merecemos formar parte de los elegidos, o por el contrario, tener que reanudar la tarea presumiblemente en peores condiciones de las que nos podamos encontrar actualmente.

Existe más responsabilidad para el que más se le ha dado, para el que es más consciente de su realidad espiritual, y sobretodo comprende las consecuencias de sus actos, en este caso la falta es más grave que en aquellas personas en las que predomina más la ligereza y la ignorancia.

“Los que dicen: ¡Señor! ¡Señor! No entrarán todos en el reino de los cielos; pero sólo entrará aquel que hace la voluntad del Padre que está en los Cielos. Muchos me dirán en aquel día: ¿No profetizamos en tu nombre? ¿No expulsamos los demonios en tu nombre y no hicimos muchos milagros en tu nombre? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” (San Mateo, cap. VII, v. 21, 22 y 23)

Observamos en este pasaje, otro aspecto muy importante de la “Gran Convocatoria Espiritual”. Las apariencias humanas, aun revestidas de prodigios y manifestaciones que puedan resultar llamativas, no significan pureza de corazón ni tampoco entendimiento real y sincero. Hemos de desconfiar de las falsas apariencias. Podemos engañarnos a nosotros mismos pero no a quien se lo debemos todo. Un mal árbol no puede dar buenos frutos, y por tanto, debemos pensar por nosotros mismos, no dejarnos arrastrar por falsos gurús o médiums mixtificadores. La verdad es simple y sencilla, lo cual no es óbice para que sea profunda. Tenemos el ejemplo de las palabras del Maestro, de la nitidez de su mensaje, hablándonos con parábolas para hacerse más entendible. Tergiversado por los intereses religiosos y políticos de otras épocas, que todavía perduran hoy día.

En el ámbito espirita también existen riesgos, la naturaleza humana juega malas pasadas a los incautos y a quienes no han incorporado de una manera real y efectiva la doctrina y su mensaje renovador a sus vidas. Son los que se podrían denominar “espiritas intelectuales”; aquellos que conocen casi a la perfección la doctrina en sus postulados teóricos, pero apenas le dedican tiempo a cultivar el espíritu, a la expresión de los sentimientos, al desarrollo de ese amor espiritual que sea capaz de anular o aminorar los egos, los personalismos, teniendo en cuenta al prójimo de una forma preferente pero no con miras exclusivamente teóricas. ¡Qué mayor divulgación que el ejemplo, el trato cálido y amable sobre las personas que acuden a pedirnos ayuda! Dando preferencia al corazón sobre la razón.

Por tanto, no nos engañemos ni engañemos a otros. Se nos abren ante nuestros ojos un amplio abanico de posibilidades, aprovechémoslas porque el tiempo apremia. Reflexionemos sobre ello, puesto que el esfuerzo de hoy nos traerá consecuencias muy positivas en un próximo mañana.

José Manuel Meseguer

©2016, Amor,paz y caridad

ABORTO Y REENCARNACIÓN

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Aborto y reencarnación

Continuando con el análisis de los distintos aspectos de la reencarnación, ahora nos vamos a detener en un problema muy actual, el del aborto.

Hemos hablado en anteriores artículos sobre la preparación espiritual que precede a una nueva encarnación. La importancia para el espíritu de tomar nuevamente un cuerpo físico que le permita crecer en valores y experiencias, en rescatar deudas del pasado, corrigiendo errores, sometiéndose a distintas pruebas que le permitan engrandecer su conciencia, avanzar en su camino evolutivo.

Por desgracia el materialismo supone un grave hándicap espiritual. Los planteamientos difieren extraordinariamente cuando partimos de unas bases u otras, de unas realidades que muchos desconocen por distintas causas. Pensar que todo empieza y termina con la vida física, que únicamente somos un cuerpo biológico que piensa y trata de sobrevivir sin más; que las cuestiones sobre el más allá, de la vida después de la vida, de una dimensión trascendental, de una planificación divina, pertenecen a la categoría de simples creencias, ajenas a nuestra realidad cotidiana. Dichos planteamientos nos pueden inducir a cometer errores, imprudencias, consecuencia de esa falta de claridad, de un conocimiento verdadero.

Insistimos que no estamos hablando de conceptos religiosos o de creencias, sino de convicciones producto de amplios estudios desde diversos ángulos, tanto científicos, filosóficos como espirituales que convergen en unos puntos comunes, reforzando determinadas ideas fundamentales que ponen en valor la vida y su sentido trascendente.

Partimos de un hecho, y es que desde el momento en que el espermatozoide se une al óvulo, se forma una célula nueva llamado cigoto, que va a recorrer su propio camino de crecimiento, atravesando las distintas etapas de gestación hasta alcanzar su culminación aproximadamente nueve meses después. Por lo tanto, desde un punto de vista biológico estamos hablando de un ser singular, aunque dependiente del seno materno donde se desarrollará y crecerá.

Allan Kardec, el insigne codificador de la doctrina espirita profundiza más y afirma al respecto: “Desde el instante de la fecundación, el espíritu designado para habitar en un cuerpo determinado, se une a él por un lazo fluídico, que no es más que una expansión de su cuerpo espiritual, el cual se va estrechando a medida que el germen se desarrolla.”

Sin embargo, el estudio del conocimiento espiritual nos indica que el proceso no se inicia con la concepción sino mucho antes. El espíritu que va a reencarnar se somete a una planificación espiritual donde se cuidan todos los detalles, a una elección previa de quienes deben ser sus padres, aquellos que por distintos motivos lo deben de acoger en su seno. Por tanto, no es una cuestión menor. Son las necesidades reciprocas las que reúnen a distintos seres bajo un mismo hogar para crecer juntos, amarse, comprenderse y ayudarse mutuamente.

El problema que se plantea para la futura madre y que le provoca el gran dilema, son las circunstancias y el momento de su vida en que le llega el embarazo. No vamos a desglosar las enormes variantes, de todo tipo, algunas muy trágicas, que desembocan en un embarazo inesperado, no deseado. No obstante, hay que valorar el hecho consumado, independientemente de que el origen pueda encontrarse en errores, imprudencias o hechos trágicos de violación, etc. La realidad resultante es la que se debe de afrontar con coraje y amplitud de miras, la aparición de un nuevo ser indefenso, que trata de vivir, de abrirse camino, de amar y que le amen.

“Está demostrado que no existe mayor amor, más puro y desinteresado que el de una madre hacia su hijo.” (Anónimo)

Hay que reseñar que el nuevo ser se va acoplando progresivamente a su nueva madre desde el momento de la concepción, ambos espíritus se sintonizan, interactúan, permanecen conectados psíquicamente. Buena prueba de ello se encuentra en los casos tratados por especialistas, en la denominada Terapia de Vidas Pasadas (TVP); donde se recogen innumerables casos de pacientes con traumas y conflictos psicológicos provenientes del pasado, de otras vidas, incluso provocados durante el periodo de gestación de la madre en esta misma existencia. Casos hay en los que, a través de dichas regresiones o inducciones psicológicas, el paciente revive situaciones de angustia, de sufrimiento, ante la posibilidad de un aborto no consumado, de rechazo, de dudas por parte de los padres. Este hecho traumático provoca secuelas que más pronto o más tarde aparecen de un modo u otro. Lo cual demuestra que el nuevo ser es testigo consciente de los pensamientos, emociones e intenciones, no sólo de la madre sino también del padre o la familia, a través de los estrechos vínculos con ella.

Al mismo tiempo, el rechazo frontal del nuevo ser, cuando la madre decide abortar, cortando toda posibilidad de una nueva vida, para el espíritu en cuestión, si todavía no está esclarecido y no tiene unos valores morales y espirituales desarrollados, puede convertirse en su principal enemigo. Su sufrimiento le puede llevar a no perdonar, pasando de víctima a verdugo, provocando una perturbación espiritual sobre la madre o los padres, dependiendo de los casos, creándose situaciones complejas de las que, casi siempre, cuesta muchísimo salir

Del mismo modo, aquella mujer que se sobrepone a las dificultades, y que afronta con coraje el embarazo desafiando las incertidumbres, puede que esté saldando deudas muy importantes, puede estar solucionando un conflicto con un espíritu enemigo del pasado, puesto que la ley del Amor nos pone en el camino los medios para transmutar el odio en amor, muchas veces reuniendo en un mismo hogar a enemigos acérrimos de vidas pretéritas. El olvido de las existencias anteriores y los lazos familiares producto de la unión de padres e hijos son casi siempre la mejor terapia para resolver problemas enquistados de otras vidas.

Como podemos ver, la decisión última de la gestante, puede ser el final de un conflicto o el principio de otro. La ignorancia y el desconocimiento de nuestra realidad espiritual,  una vez más, nos pueden sumergir en situaciones que contrarían la paz y la estabilidad que se buscan con este tipo de decisiones extremas.

Ahora bien, alguien se preguntará: ¿Y cuando está en peligro la vida de la gestante? ¿A quién se debe de salvar, al feto o a la madre? Sin ninguna duda que a la madre, puesto que ella tiene una vida hecha, otras personas pueden depender de ella, otros hijos, etc., el ser que está en camino todavía no. Cuando no hay más remedio y se tiene que elegir, siempre es más lógico salvar a quien puede entre otras cosas, tener la posibilidad de ser madre en el futuro, cuando sus problemas físicos se solucionen.

Por lo tanto y para ir concluyendo, hay que pensar que el primer derecho natural de todo ser es el derecho a la vida. Las circunstancias y el momento en que llega el embarazo pueden no ser las mejores, pero siempre de un mal, o aparente mal, salen grandes soluciones. La vida es generosa y siempre hay que darse una oportunidad de crecimiento personal tomándose el embarazo como un reto y no como una desgracia o accidente inoportuno.

Vamos a concluir con un ejemplo. El extraordinario tenor italiano Andrea Bocelli contaba en un concierto que a su madre le desaconsejaron los médicos que siguiera adelante con su embarazo puesto que su hijo iba a nacer con malformaciones. Tras agradecer públicamente su decisión de tenerlo concluye diciendo: “Espero que con esa misma valentía muchas madres quieran, en situaciones parecidas, salvar la vida de los hijos.”

 

 

José M. Meseguer

© 2016 Amor, paz y caridad

SED PERFECTOS

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Sed perfectos

El ser humano es un ser social, se mueve en sociedad naturalmente por reciprocidad, interactúa con otros, obrando y esperando de los demás aquello que considera justo y que merece.

Muchas veces hacemos el bien para estar a gusto con nosotros mismos y con los demás, hacemos favores en cuanto se presenta la oportunidad esperando que nos los agradezcan o nos los devuelvan, saludamos cordialmente esperando el saludo correspondiente, y de ese modo, multitud de otras situaciones en la vida.

El Maestro nos habla de un camino de perfección, de una moral superior, que trasciende el simple hecho de devolver bien por bien, o también despreciar o ignorar a quienes nos quieren mal. Para el sublime Jesús, la excelencia, el camino espiritual y moral que conduce en dirección inequívoca hacia Dios y por ende hacia la perfección es el perdonar a quienes nos ofenden, amar a nuestros enemigos, devolver bien por mal. Ahí está la clave que marca la diferencia y que demuestra un conocimiento espiritual profundo y superior.

Sin embargo, amar a nuestros enemigos resulta bastante difícil, devolver bien cuando hemos recibido golpes o incomprensiones requieren de unos recursos íntimos, de renuncia y abnegación al alcance de muy pocos, y es precisamente cuando llegamos a ese punto cuando Él concluye: “Sed, pues, vosotros perfectos, así como vuestro Padre Celestial es perfecto” (San Mateo, cap. V; v. 48).

Allan Kardec interpreta con estas palabras del Maestro que: “La esencia de la perfección es la caridad en su más alta acepción, porque abraza la práctica de todas las demás virtudes.” El amor llevado hasta esos extremos indica el grado de perfeccionamiento del ser. Toda alteración por pequeña que sea denota inferioridad de algún tipo, egoísmo u orgullo en mayor o menor grado.

A quien nos odia o desprecia no podemos amarlo en el sentido literal y más tierno de la palabra, sería como negar la realidad. A lo que se refiere cuando nos hablan de amar a nuestros enemigos es a no desearles mal, aparcar los recuerdos negativos para que no nos sigan provocando sentimientos de animadversión. Orar por ellos para que se den cuenta del perjuicio que se hacen a sí mismos, comprendiendo el error de su actitud y en consecuencia revertir la situación.

Hablar de todas estas cosas en los tiempos tan convulsos como los actuales puede parecer una quimera, pero la crisis que nos envuelve, producto del proceso de Cambio de Ciclo Planetario, es una gran prueba de fuego. Es tiempo para los valientes y audaces, aquellos que prescinden de posturas cómodas para someterse a la voluntad de Dios, aceptando las pruebas en un momento tan delicado para el planeta como es este. Es como nadar contracorriente, con muy pocas cosas a favor, en sentido contrario al materialismo y la confusión.

Empero, una vez se haya completado el proceso de regeneración para este mundo, una nueva aurora se instalará, y la vida espiritual tomará fuerza en la sociedad de una manera clara y patente. En el aspecto ético, la idea de perfeccionamiento será un precepto asumido por una gran mayoría. Todos trabajarán para que los grandes defectos morales que tanto entorpecen la evolución humana, vayan mermando hasta su completa extinción. La superación será una aspiración social perfectamente asumida por todos. Los ejemplos de renuncia y sacrificio serán puestos de relieve como pautas a seguir y un estímulo para luchar y superarse.

Hablar, por tanto, de perfeccionamiento significa también hacer un examen de conciencia con la intención de corregirse y mejorar. Tener la firme voluntad del autoanálisis para localizar las faltas, poniéndose en el lugar del otro para entenderlo mejor, siendo esta la forma más rápida y efectiva para pulir y modificar actitudes.

La investigación científica nos pone de relieve dicha realidad, nos traen infinidad de casos, muy significativos que demuestran las consecuencias de nuestros actos, la importancia del análisis interior a tenor de los resultados que nos tocará vivir en el futuro, una vez hayamos dejado la materia y retornemos a la patria espiritual. En las investigaciones sobre Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM), se recogen testimonios de personas que, mientras su cuerpo se debate entre la vida y la muerte, el alma vive una experiencia vital, un “viaje al más allá”, en donde, en un momento determinado ven pasar, como si de una película se tratara, toda su vida, pero lo más curioso es que, no sólo son los protagonistas sino que además son capaces de percibir las consecuencias de sus actos sobre los otros, es decir, los sentimientos o emociones que han provocado a lo largo de su vida sobre sus semejantes. Este hecho se presta a interesantes reflexiones, una de ellas y bastante significativa supone que más pronto o más tarde, de forma inevitable vamos a ser conscientes de nuestros actos por sus consecuencias sobre los demás, enfrentándonos a una realidad que se manifestará nítidamente en el momento de la muerte física y la recuperación de la libertad del espíritu, dependiendo claro está, del grado de evolución y por ende, de sensibilidad alcanzado.

Otro aspecto muy importante es la aportación de la doctrina espirita al hombre de hoy. No viene a traernos una moral nueva, sin embargo, interpreta como nadie, a tenor de los conocimientos que nos aporta, un enfoque mucho más racional y coherente de la moral evangélica, de la que nos ejemplificó y nos legó el inigualable Maestro Jesús.

Es en esa moral donde podemos encontrar las claves de perfeccionamiento, propuesta que gira entorno a la gran ley del amor, en la incesante búsqueda de adecuar nuestras vidas a dichos parámetros superiores. No existe otro camino para ser una persona de bien y cumplidora de su deber.

El espiritismo por tanto, marca las barreras naturales entre los verdaderos de los falsos o superficiales espiritas. Aquellos que sólo les complacen los fenómenos mediúmnicos, los grandes mensajes pero sin implicación personal, ya que la moral les parece monótona y utópica por su dificultad. Es la puesta en escena de los distintos niveles de conciencia del ser humano. Unos atraídos por su filosofía, comprendiendo la realidad de la vida, y sus consecuencias inevitables de compromiso moral, de cambio en la conducta. Otros sucumbiendo a la menor contrariedad; para ellos los compromisos sociales y materiales son suficientes para desviar la atención, posponiendo a futuro nobles filosofías y aspiraciones superiores. Así es como lo define la parábola del sembrador.

Sed perfectos por :        José M. Meseguer
2015 © Amor, paz y caridad

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“Cuando se trata de hacer el bien, el hombre debe ser semejante a Dios o por lo menos tratar de serlo.”

(Adolfo Kolping)

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