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LA FAMILIA

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La familia

“El libro de los Espíritus”, Allan Kardec. Cap. IV. Ley de reproducción:Consulta artículo 695: El matrimonio, esto es, la unión permanente de dos seres, ¿es contrario a la ley natural?

Respuesta: Es un progreso en la marcha de la humanidad.

Consulta artículo 696: ¿Qué efecto tendría sobre la sociedad humana la abolición del matrimonio?

Respuesta: El retorno a la vida de los animales.

La unión libre y fortuita de los dos sexos es el estado natural. El matrimonio constituye uno de los primeros hechos de progreso registrados en las sociedades humanas porque establece la solidaridad fraternal y se le encuentra en todos los pueblos, si bien en condiciones diversas. La abolición del matrimonio sería, pues, el retorno a la infancia de la humanidad y colocaría al hombre por debajo incluso de ciertos animales que le ofrecen el ejemplo de uniones constantes.

En temas relevantes y de especial sensibilidad debe recurrirse al substrato de los propios conocimientos. En este caso, las enseñanzas entregadas por los espíritus a Allan Kardec en el libro antes citado.

La afirmación de los espíritus resulta pues categórica. La humanidad dio un salto cualitativo cuando, en las primeras fases de la sociedad, se constituyó sobre la base de la unión del hombre y la mujer, es decir la unión conyugal, el matrimonio, el pilar básico en la formación del núcleo familiar.

La familia es la aglutinante natural para los seres necesitados de experiencias materiales; experiencias de aprendizaje y rescate. Les posibilita encarnar unidos por lazos de sangre y ADN comunes. No obstante, esta unión va mucho más lejos: permite la unión de espíritus afines y comprometidos entre ellos; espíritus que comparten ideales y metas comunes. Merced a ese vínculo superior, la Providencia facilita al individuo la posibilidad de conseguir su meta final: la propia evolución.

Herbert Spencer incluyó a la familia entre las instituciones que dan forma a la vida social. (Mr. Herbert Spencer, naturalista inglés, filósofo, sociólogo, psicólogo y antropólogo (1820-1903).

Cuando el individuo asume que es espíritu encarnando una materia o cuerpo físico, encuentra ante sí una doble encrucijada. Además de la responsabilidad de su propia evolución, se enfrenta también al compromiso de influir positivamente en el resto de personas de su grupo familiar. Personas que serán sus padres, hermanos, hijos y nietos y con quienes compartirá un vínculo común. Serán una extensión de sí mismo y convivirá con ellos en una constante interrelación. Presionará y se verá, a su vez, presionado por las personas de su círculo familiar. Sus instintos se depurarán en él, al igual que en sus vástagos y familiares, creándose entre ellos sentimientos comunes. La ley natural, actuando, creará vínculos de responsabilidad, dónde todos se protegerán entre sí de las amenazas e influencias externas y de sus propias debilidades y limitaciones.

¿Más, dónde quedan los límites de esa interrelación?: El propio egoísmo, la comodidad y la inadecuada preparación, entre otras motivaciones, pondrán límite a tales desvelos. Resumiendo, el nivel evolutivo de cada individuo marcará sus propias limitaciones. Y la ley natural, actuando desde el plano espiritual, facultará la intervención de determinados seres, personas, cada una de ellas con sus características y peculiaridades propias, aunque compartiendo metas comunes. Dicho vínculo imprimirá al grupo familiar un fuerte sentimiento de cohesión, responsabilidad y respeto mutuo, que se sumará a los vínculos meramente humanos. En el plano espiritual, antes de tomar cuerpo, de encarnar, los componentes de la agrupación familiar contraen compromisos de orden evolutivo y moral para su evolución íntima y grupal.

Auguste Comte considera  la familia  la célula básica de la sociedad, el embrión y modelo de ésta, de manera que para él, la sociedad perfecta será aquella que funcione como una familia(Auguste Comte, filósofo francés considerado el creador del positivismo y de la sociología; (1798-1857).

Si se analiza en profundidad el sinnúmero de beneficios obtenidos mediante la formación grupal, la familia, se llega a entender su necesidad. Se comprende como dichas relaciones, obligaciones y trabajo en común benefician a la agrupación familiar y al cumplimiento de esas metas comunes; de la planificación y objetivos previstos en el plano espiritual para la nueva existencia terrena. Tratar a fondo esta temática requeriría numerosos volúmenes, qué, con vuestro permiso, queridos lectores, dejaremos para más adelante.

Imaginemos por un momento ¡cuánto podemos aprender por el hecho de venir amparados por unos padres y un grupo familiar de cierta evolución! De progenitores que se han brindado a colaborar para el progreso espiritual común y que permiten integrarnos en su familia durante una o varias generaciones. ¡Hagamos abstracción por unos instantes e imaginemos en qué medida el individuo puede evolucionar aceptando el rol comprometido antes de encarnar!

 En orden inverso, imaginemos también por un momento, una civilización en la que no existiesen vínculos de sangre y compromisos evolutivos; donde la familia estuviese infravalorada y sus componentes tratados como personas extrañas y ajenas al viaje común de las experiencias terrenas. Difícil imaginar semejante caos. No obstante, mirando en derredor, podemos observar como la sociedad camina en esa dirección. La reducción de las tasas de natalidad en los países desarrollados y el irresponsabilidad general a la hora de constituir un núcleo familiar basado en el matrimonio resulta más que evidente y llama a reflexión. Trataremos este asunto en artículos futuros.

Ahora bien la sociedad nunca permanece estática, evoluciona. Y al hacerlo, consigue incrementar su calidad de vida y desarrollo. Se superan así viejas costumbres y quedan obsoletos modismos culturales y tradiciones que frenaban la evolución general.

Marx y Engels, por su parte, la conceptuaron como el primer grupo histórico, la primera forma de interacción humana. Mr. Karl Heinrich Marx: filósofo prusiano, economista, sociólogo, periodista e intelectual; (1818-1883) Mr. Friedrich Engels: filósofo, sociólogo, periodista, revolucionario, teórico comunista y socialista alemán; (1820-1895).

Estamos asistiendo actualmente a un periodo de grandes cambios; cambios sociales, de estructuras, de modos de vida, pensamiento e ideas. Estos constantes cambios, no obstante, conviene someterlos a un análisis imparcial, que permita determinar su validez. Aceptarlos o rechazarlos en base a la propia comprensión. Pues no todo cambio ha de ser forzosamente conveniente.

A tal fin, las enseñanzas de los espíritus y su legado habrán de ser la piedra angular que ayude a la sociedad a determinar la idoneidad de los cambios, tanto a corto como a largo plazo. Su puesta en práctica requerirá mucho tiempo, aunque estamos en el camino.

Cuando una sociedad ha alcanzado su madurez y el adecuado nivel de comprensión de las leyes que rigen el universo, en paralelo a su proceso evolutivo; las transformaciones conseguidas repercuten, por lo general, en el bien común y cumplen la proyección evolutiva diseñada en los planos elevados. En la medida que una sociedad asciende en su nivel vibratorio o espiritual, alcanza mayor comprensión de sus objetivos y metas, plasmándolos, en paralelo, en sus leyes sociales.

Tristemente, la sociedad actual no se rige aún por un código moral avanzado, por valores éticos. No se rige por su nivel espiritual o por las leyes universales. Más bien al contrario, esta sociedad es una muestra palpable de egoísmo y materialismo desenfrenados, a pesar de los avances tecnológicos y científicos en prácticamente todas las áreas del conocimiento.

Remarcaré: el grado de desarrollo alcanzado por una sociedad marca su ritmo evolutivo. Merced a la presión social, las autoridades políticas y administrativas se ven obligadas a promulgar y modificar un sinnúmero de leyes. Dentro de una sociedad escasamente espiritualizada y desconocedora del para qué y porqué de su destino, los cambios se producirán, atendiendo a criterios intrínsecamente materiales, nunca a sus necesidades reales. Dicha sociedad tenderá a liberar sus vicios, desenfrenos y comportamientos delictuosos. Justo lo contrario que necesita para crecer. Mal le irá a esta sociedad, si los políticos, en su afán de justificarse ante el electorado, atienden todas las peticiones sociales, justificadas o no, manteniéndolas al margen de su moralidad o justicia.

Son muchos los pueblos y sociedades que tras haber alcanzado un elevado desarrollo, se han desmoronado con el tiempo, porque sus generaciones finales no supieron estar a la altura de su legado. Y lejos de seguir avanzando en el orden social, se abandonan, se abocan al declive y a la destrucción.

Actualmente, la sociología de familia, la psicología social y las diferentes escuelas de psicología que tratan sobre el individuo reconocen la importancia básica de la familia.

El concepto de familia no escapa a este proceso de cambios. La familia que hemos conocido hasta ahora, la familia tradicional, pierde relevancia. Podemos observar cómo, poco a poco, se va desintegrando; como aparecen nuevos  modelos. Nada que objetar pues, ya que todos los caminos se dirigen hacia una meta común, que no es otra cual la evolución espiritual del individuo. Cada senda conlleva sus propios beneficios e inconvenientes, sus aflicciones y sufrimientos; sus alegrías y satisfacciones.

Cada persona es dueña de su vida y destino; escoge el camino que estima más conveniente para sus preferencias y educación. Es aquí donde el grado evolutivo diferencia a cada individuo. Cada persona necesita transitar determinadas encrucijadas; experiencias que le permitan crecer y expandir la conciencia. Las experiencias forjan el carácter y sus consecuencias, inevitables, son el crisol que transforman al ser. Por ello, el respeto a las decisiones ajenas, con sus lógicas limitaciones, debe primar en la vida social de los individuos. Son esas experiencias y decisiones las que les permiten construir su futuro. No importa las veces que yerren y se equivoquen; ese bagaje de experiencias construye su futuro espiritual.

Lo significativo es la capacidad del individuo para comprender, respetar, aceptar y tolerar; de permitir que esos valores íntimos transmuten a las personas en auténticos seres humanos.

La familia por:Fermín Hernández Hernández

© 2019 Amor, Paz y Caridad.

TIEMPOS DE TRANSICIÓN

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Tiempos de transición

Sin duda, estamos viviendo Tiempos de transición, una etapa de la humanidad en la que se están produciendo multitud de cambios en la sociedad. Son momentos de transformación en todos los sentidos, que a mi juicio están poniendo a prueba todos nuestros valores, todo aquello que hemos podido aprender a lo largo de muchos siglos, ya que como espíritus en proceso de evolución hemos gozado de múltiples existencias, animando diferentes personalidades según las épocas, y experimentando aquellas vivencias que necesitábamos para nuestro progreso.

El objeto de venir a una nueva existencia no es otro que disponer de distintas facetas a desarrollar en diferentes circunstancias y características, emprender nuevos retos, afrontar aquellos proyectos necesarios para cada espíritu en particular, con el fin de engrandecernos y desarrollar los atributos internos que poseemos. Así pues, venimos unas veces animando personalidades masculinas, otras en cuerpo de mujer; unas veces rodeados de lujo y poder, otras pasando miseria y necesidad. Es decir, pasamos por la prueba de la riqueza y de la pobreza, de la salud y la enfermedad, todo ello encaminado a nuestro progreso espiritual.

Asimismo, las leyes que rigen nuestra evolución ya nos ponen en el camino aquello que sembramos en el pasado y que ahora es el momento de recoger, tanto positivo como negativo. No se presentan las pruebas y expiaciones por azar o casualidad, sino que obedecen a un determinismo justo y sabio amparado por la sabiduría cósmica universal que rige los destinos de universo, tanto material como espiritualmente. Mucho de cuanto nos acontece en la vida a modo de retiros, pruebas, sufrimientos etc., viene como consecuencia de esa siembra que hicimos en el pretérito.

De todo lo que vive y experimenta nuestra alma vamos aprendiendo.

Si hemos aprovechado las diferentes existencias que la vida nos ha concedido como auténticas oportunidades de aprendizaje, de rectificación y progreso, sabremos qué hacer cuando se nos someta a prueba y no tengamos más remedio que  tomar decisiones importantes. Pasaremos las nuevas pruebas, que son asignaturas pendientes, exitosamente, y actuaremos en armonía y consonancia con la ley natural, avanzado más rápidamente. Si no hemos aprendido de dichas existencias y todavía vamos rezagados en cuanto a humildad y deseos de progreso, tropezaremos en los mismos errores y no sabremos cuál es el camino cierto a seguir; estaremos confusos o actuaremos dejándonos llevar por nuestro egoísmo, tomando el camino más fácil, aquel que luego tendremos que desandar, rectificando todos aquellos errores en los que hayamos podido incurrir.

Para eso nos preparamos en el plano espiritual antes de encarnar; hacemos una revisión de todos aquellos débitos que tenemos, estudiamos las debilidades e imperfecciones que nos llevaron a equivocarnos, a hacer un mal uso de nuestro libre albedrío, y de todas aquellas acciones y circunstancias que propiciamos y que hicieron que nos endeudáramos y contrajésemos responsabilidades con otros espíritus que esperan que les restablezcamos en todo aquello en que les perjudicamos.

Todo eso le lleva un tiempo al ser espiritual. Tiene que hacerse consciente de todo cuanto pudo hacer y no hizo, de lo que hizo equivocadamente; ha de entender que no se puede escapar de la justicia divina, que con sus leyes imparciales e inexorables espera que retornemos al camino recto y que corrijamos todos aquellos errores que, por ignorancia unas veces, por egoísmo y comodidad otras, cometimos en el pasado y que más adelante deberemos subsanar”.

 Y ese momento siempre llega. A veces tarda siglos en llegar, pero las almas se reencuentran, la ley de justicia sale a su encuentro y llega un momento en el que ya no se puede esperar más.

Son momentos de reajuste, de reconocer los errores, incluso las maldades, las imperfecciones, la falta de conocimiento de nuestro auténtico sentido de la existencia… todos ellos nos juegan malas pasadas y nos llevan a atentar hasta contra los seres más queridos, de nuestra propia familia. Entonces, la parte espiritual positiva, aquellos hermanos que velan por nuestro progreso, por nuestra rectificación, por nuestra felicidad, nos iluminan y aconsejan, haciéndonos ver nuestras actuaciones del pasado y el modo en que estas perturbaron y perjudicaron a nuestros deudos.

Llega el momento de la reconciliación en el que ese grupo de espíritus que se ven encadenados por sus odios y desencuentros del pasado tienen que tomar la decisión de perdonarse y de venir nuevamente a lavar aquellas faltas, aquellos hechos que nos produjeron tanto dolor y desencuentro, que son una mancha en nuestro libro de ruta y que nos convierten en esclavos de ese pasado turbio y convulso.

Nos dan toda su ayuda, orientación, consejos, y se comienza a trabajar por la reparación, ya conscientes del retraso espiritual y de lo lamentable que es permanecer atados al rencor, pensando solo en la venganza y en causar más dolor y sufrimiento. Todos ponen de su parte para emprender una nueva experiencia en la carne, en la que cada uno tomará la responsabilidad que le competa y le permita el reajuste y la liberación, por fin, de todas aquellas deudas que les impiden elevarse y engrandecerse.

Porque mientras en nuestro interior se halle el veneno del odio y la venganza, el alma ni puede elevarse ni comprender ni razonar ni verse libre de esa cadena que es la ignorancia, que nos vincula a los planos de oscuridad y confusión.

Cada nueva vida podría decirse que es una transición hacia el encuentro con nosotros mismos y con todos aquellos que apartamos de nuestro lado por motivos egoístas y materiales; por eso siempre nos falta algo, porque hasta el mismo momento de la muerte tenemos que trabajar y trabajar para ir reconciliándonos, con nosotros mismos por un lado, y por otro con todos nuestros hermanos de camino, a los que unas veces hemos atropellado y otras tan solo les hemos puesto una pequeña zancadilla. Pero todo se tiene que resolver, de otro modo, esas cuantiosas semillas de luz y de amor que permanecen adormecidas en nuestro fuero interno no pueden salir al aire y dar sus frutos.

Pero esto es solo una parte del capítulo, porque la ley del progreso, además, nos presenta nuevas lecciones que aprender, ya que la vida y la sociedad progresa, y ese progreso no siempre obedece a la ley natural, no siempre responde de manera positiva a lo que, como seres en proceso de evolución, hemos de ir mejorando en la Tierra. Está claro que tenemos que progresar y mejorar las condiciones de vida. ¿Para qué? Para hacer de este un mundo mucho mejor, más igualitario, más justo, más armónico, en donde todos podamos disponer de las mismas oportunidades de alcanzar la meta de la felicidad y el desarrollo personal; en el que todos nos sintamos iguales y solo nos puedan estorbar o aplacar las propias debilidades y faltas del carácter. Esto cada uno debe ir resolviéndolo por sí mismo.

El karma es cierto que nos va reajustando y poniendo en el camino los detalles que cada uno necesita para su elevación, así que no hay que pensar en el karma que, tanto individual como colectivo, tenemos, sino que debemos luchar por hacer que esta nuestra sociedad evolucione a mejor, siempre dentro de los cauces de la espiritualidad. Hay que tener conciencia para saber discernir lo verdadero de lo falso, lo justo de lo injusto, lo necesario de lo superfluo, y así sucesivamente. Por eso es preciso un estudio y análisis de todos aquellos avances y conquistas de la sociedad, que sin duda tiene mucho en lo que mejorar.

Pero una cosa es mejorar por el camino adecuado y otra es crear o instituir nuevas formas de vida y comportamientos que quizás no rimen en consonancia con la espiritualidad. Debemos reflexionar para llegar a comprender lo mejor posible todos los cambios y los avances que estamos experimentado en la sociedad en las últimas décadas, unos debidos a los grandiosos avances de la medicina y de la tecnología y otros debidos a la necesidad que se tenía de ir transformando la sociedad en libertades, derechos, justicia… y la emancipación de la mujer, que concretamente estaba necesitada de irrumpir en la vida social y colaborar en ella como un elemento igualitario al hombre.

Luego, muchos cambios se están produciendo en nuestra sociedad, ¿están todos ellos de acuerdo con la espiritualidad? ¿Son todos ellos un beneficio para el ser humano? ¿Propician todos ellos nuestro adelanto y elevación espiritual?

En esto es en lo que debemos profundizar con rigor y seriedad, bajo la luz y los principios fundamentales del espiritismo. Para eso nos legaron las leyes morales en el Libro de los Espíritus y para eso siguen dándonos instrucciones continuamente.

Es este un trabajo de análisis que nos propusimos estudiar y profundizar, y que en próximos artículos iremos desarrollando. Por ejemplo, con el importantísimo tema de la familia, el matrimonio, los hijos, la educación y muchos más aspectos que giran en torno al núcleo familiar, el cual está experimentado cambios profundos; y siendo a mi entender el crisol en donde debe forjarse la educación y el porvenir de los hijos, hemos de dedicarle una mención especial.

Tiempos de transición por: Fermín Hernández

© 2019 – Amor, Paz y Caridad 

MACHISMO Y FEMINISMO

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Machismo y feminismo

Machismo y Feminismo

Machismo. – R.A.E.: Actitud o manera de pensar de quien sostiene que el hombre es por naturaleza superior a la mujer.

Feminismo– R.A.E.: Doctrina y movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de unas capacidades y unos derechos que tradicionalmente han estado reservados para los hombres.

Hay quien todavía no ha entendido lo que significa y representa el feminismo, quien piensa que el feminismo es lo mismo que el machismo pero por parte de las mujeres hacia los hombres, y esto es una idea muy equivocada, como bien se puede comprender a raíz del significado que nos ofrece la R.A.E.

A consecuencia de los excesos del machismo es muy normal y comprensible que el colectivo femenino rechace esta situación. Lógico también que se esté propagando de la manera que estamos apreciando en la actualidad el movimiento feminista, que poco a poco va tomando gran auge, en especial en las naciones mas desarrolladas. Gran importancia ha tenido la incorporación de la mujer al ámbito social y laboral, lo que ha propiciado su emancipación y liberación económica. Le ha permitido decidir su propio futuro.

Queda muy atrás esa imagen en que la mujer se encontraba obligada a someterse a la voluntad del marido en todas las facetas de la vida. Estaba básicamente inhabilitada para la toma de decisiones que no fueran otras que las meramente domésticas. Esta circunstancia ha venido manteniendo a la figura femenina dentro de grandes limitaciones, coaccionada, oprimida y viviendo constantemente bajo la tutela masculina. Sucedía, simplemente, que el hombre, al ser más fuerte físicamente e imponiendo la sociedad sus costumbres ancestrales, se consideraba más capacitado para dirigir los asuntos familiares y, en general, todos los asuntos de orden social. Pesaban sobre él las decisiones y la dirección, tanto familiar como extra familiar.

Habría que estudiar qué argumentos, desde tiempos muy remotos, sirvieron para la asignación de estos roles tan claros y específicos que han llegado hasta nuestra época. Lo que está claro es que por fin se están eliminando progresivamente dichas actitudes, y que gracias a la educación y al desarrollo cultural, ético y moral, van corrigiéndose las posturas y equilibrándose las tendencias.

El machismo lleva consigo muchas situaciones injustas y humillantes. No es solo el hecho de que la figura masculina se haya considerado superior a la mujer, sino que esto ha traído como consecuencia ningunear y desprestigiar a esta en muchos aspectos. Veremos a continuación algunas ideas consideradas normales en el pasado, de las que algunas aún colean.

No era apta para el trabajo fuera del hogar.

Estaba “hecha” únicamente para la procreación y crianza de los hijos.

Debía satisfacer al hombre siempre que este lo exigiese.

La mujer podía ser tratada como un objeto cuando interesase.

Se le ha faltado al respeto por su condición de mujer.

Ha soportado cargas de trabajo muy superiores a las del hombre.

Ha sufrido multitud de vejaciones y abusos, en especial en el apartado sexual.

La mujer podía sufrir discriminación laboral respecto al hombre.

Se le ha considerado inferior al hombre intelectualmente.

Y así una larga lista de apreciaciones.

Se podría afirmar, sin riesgo al equívoco, que en todos los ámbitos de la vida, la mujer ha sufrido y aún hoy sufre los estigmas atávicos de su condición femenina, ya sea en los aspectos laborales, culturales o legislativos, ya que la mujer no ha participado en la creación de las leyes ni tenía la misma representación que el hombre a nivel jurídico. Su coeficiente intelectual ha sido menospreciado; es considerada el sexo débil… Con todo esto, podríamos decir que históricamente el sometimiento que el hombre ha ejercido hacia la mujer ha sido exagerado, y esto debía y debe tener un fin.

Por lo cual, es lógico y natural que el colectivo femenino tenga que unirse y reivindicar sus derechos e igualdad a los de los hombres, por medio de manifestaciones, huelgas y otros modos sin los cuales sería muy poco efectiva su lucha y su protesta. Desde aquí no podemos hacer otra cosa que ponernos de su lado y apoyar en todo lo posible todo este tipo de reivindicaciones. No obstante, también se puede hacer una crítica constructiva y tratar de analizar aquellos otros aspectos que siempre se pueden mejorar, y elucidar con argumentos y un análisis imparcial aquello que se sale de la propuesta feminista, que por inercia aparece y tampoco es del todo justo aceptarlos.

Sucede con harta frecuencia cuando tratamos de superar una injusticia debido al fanatismo, al exceso de ímpetu, a la impaciencia y en suma a las carencias y debilidades humanas, que solemos pasar de un extremo a otro, y esto es lo que debemos evitar para no caer de unos errores a otros.

La mujer en muchos aspectos no necesita ni debe igualarse al hombre, sencillamente porque tiene capacidades, emociones y sensibilidades diferentes, y en algunos aspectos superiores  a las del hombre. Como ser espiritual ha alcanzado y desarrollado unos  valores difíciles de alcanzar a gran cantidad de personas en su rol masculino.

Hombres y mujeres, mujeres y hombres, todos, deben avanzar juntos, comprendiendo y aceptando que son chispas divinas en evolución, carentes de condición sexual, y que ese rol es únicamente la herramienta para su  progreso; la herramienta que les facilitará los medios más propicios para desarrollar las múltiples facetas de su personalidad, de su alma y espíritu.

Debemos abrirnos y comenzar a racionalizar los procesos de evolución, de libertad y de proyección en esta pequeña esfera terrestre como parte de un proceso de escolarización por el que todos pasamos, teniendo en cuenta que la pluralidad de existencias otorga al espíritu humano tantas oportunidades como necesite para abrirse camino en el intrincado recorrido en pro del desarrollo de sus facultades espirituales.

Una vez más reiteramos, el espíritu como tal carece de sexo; el sexo pertenece a la condición humana, masculina o femenina. El desconocimiento de esta gran verdad por la mayor parte de la humanidad ha generado grandes diferencias de género y también el fanatismo de las sociedades respecto a la condición sexual. El ser humano, hombre y mujer, el espíritu en busca de evolución, ha olvidado su necesidad de transcender; el progreso de su espíritu.

El problema del machismo, que es grave y vergonzoso, solo se podrá superar con la educación y con la reprobación, a mi juicio, no solo de las mujeres que con valentía están decididas a extirpar esta lacra de la sociedad, sino también con la reprobación de los hombres y el ejemplo que tenemos que dar todos aquellos que ya nos vamos iluminando con la luz de la ciencia del espíritu, de aquellas personas que de modo claro y evidente buscan encontrar su papel en el concierto universal.

La vida es un auténtico regalo del Creador, o mejor dicho, es la herencia recibida de Dios. Corresponde al individuo encontrar su utilidad, aceptar el porqué de la vida y cómo hemos de invertir nuestros esfuerzos y luchas diarias. No hay mejor inversión que dignificarla, engrandecerla y desarrollarla a través de los valores, la ética, y con amor, que es la energía más poderosa del cosmos y la guía que todo lo eleva, sublima y que es fuente creadora de felicidad.

La sexualidad marca unas diferencias, lo queramos o no, que cada uno de nosotros debe aprovechar muy bien en su favor. En definitiva, nuestro cuerpo físico no es mas que una herramienta de progreso; no supone ventaja o desventaja venir “equipados” con un cuerpo de hombre o de mujer, ya que el espíritu en su condición de espíritu libre, cuando se está preparando en el espacio para una nueva encarnación, elige, en la mayoría de las ocasiones con libertad, qué experiencias, objetivos y metas quiere alcanzar y cuál es el sexo mas adecuado a fin de lograr aquellos objetivos.

Esto no le quita ni un ápice a las injusticias y abusos que históricamente se vienen cometiendo simplemente por razón del sexo o condición sexual.

Ahora bien, si se entiende bien la idea, asumido el sentido y la razón de ser de la ley de reencarnación, el individuo estará en condiciones de afrontar mejor su existencia, y según el sexo elegido, de aprovechar su existencia terrena y el desarrollo de los valores que cada rol le propicia.

Existe una línea muy delgada en la expresión de la condición femenina, es decir, de sus propios y lógicos derechos, oportunidades y relaciones con el género masculino. La sexualidad no puede, ni debe, reducir o incrementar derecho alguno, porque, por encima de cualquier otra consideración, el ser humano posee unas características bien concretas según su rol. La mujer no debe ni necesita imitar al hombre en sus expresiones, ademanes y actos, debe huir de extremismos que siempre resultan perjudiciales.

Por ejemplo, si el hombre es camionero, la mujer quiere serlo también; si el hombre es astronauta la mujer también lo quiere; si el hombre juega al fútbol la mujer también lo quiere. Está claro que tiene el mismo derecho, y es respetable, ¿pero es esta la cuestión? ¿Es esto exactamente lo que defiende el feminismo, o lo que se defiende es borrar de nuestro subconsciente la vieja y caduca idea de que el hombre es superior a la mujer y debe respetarla y querer para ella los mismos derechos y libertades?

Es difícil establecer los criterios y poner límites a todo este tipo de situaciones y circunstancias. No obstante, si lo que se persigue es hacer lo mismo que el hombre, a mi criterio la mujer perdería mucho, y no lograría ese sentimiento interno de verse a la par que el hombre, porque entonces perdería sus rasgos más íntimos femeninos y dejaría de cumplir con las elevadas tareas y responsabilidades que, por su naturaleza, la ley de evolución le tiene asignada.

Esta búsqueda de igualdad, llevada así, implicaría que la mujer estaría perdiendo sus propios valores y esencia femenina, pues comportarse como un hombre le igualaría a él. El hombre tiene unas características determinadas y la mujer también las suyas, y cada uno tiene la misma responsabilidad ante la vida; no obstante, el signo con el que viene cada uno le coloca en una posición diferente, sin que por esto tenga que haber criterios de superioridad e inferioridad, hecho que es sólo propio de las sociedades poco avanzadas intelectiva y espiritualmente.

Todo aquel que se manifieste superior a la mujer se está colocando en una posición de inferioridad respecto a ellas, ya que es un concepto insostenible. Dejemos ya de establecer esa falsa superioridad y de dividir el mundo entre dominadores y dominadas, tan perjudicial para la condición humana.

Los problemas existentes y el actual cambio de situación de la mujer no se van a resolver porque nos dejemos llevar por el código de masculinidad imperante hasta ahora. La condición femenina no se sentiría realizada si igualase al rol masculino, pues tiene atributos diferentes que desarrollar. Atributos que le permitirán realizarse en un camino similar, pues ambos géneros deben evolucionar juntos, enriquecer su conciencia en caminos paralelos, no necesariamente idénticos.

Este redactor entiende que el hombre y la mujer se complementan perfectamente, y esa es la premisa evolutiva. Imaginemos un mundo solo de hombres, o un mundo solo de mujeres, o un mundo de hombres y mujeres en los que se hayan eliminado los valores y las características naturales de masculinidad y feminidad; no sería lo mismo. Qué tristeza de mundo, qué monotonía, ¡qué tragedia!

La mujer no puede, no debe, renunciar a su condición femenina, a ser mujer; no debe abandonar su propia esencia por querer parecerse al hombre y querer imitarle en sus realizaciones; estaría faltando a su condición femenina creadora de vida, a los objetivos comprometidos antes de encarnar. No es lo mismo reivindicar la igualdad de género que disfrutar de los derechos inherentes a todo ser humano, independientemente de su condición sexual.

Hay un hecho que resalta mucho, como lo es el índice de natalidad. Cada década va bajando de manera exponencial, lo cual está suponiendo el envejecimiento de la sociedad. En Europa esto supone un desequilibrio y un desastre que desestabiliza todas las previsiones económicas y sociales. Y me pregunto: ¿Esto estaría sucediendo si se hubiera entendido bien el rol que cada sexo representa para el cumplimiento de la misión con la que hemos venido a la Tierra?

Machismo y feminismo
Machismo y feminismo

Igualdad de género no significa que hombres y mujeres tengan que convertirse en lo mismo, sino que sus derechos, responsabilidades y oportunidades no dependerán del hecho de haber nacido hombre o mujer.

202.Cuando se es Espíritu, ¿se prefiere encarnar en el cuerpo de un hombre o en el de una mujer?

  -Esto importa poco al Espíritu. Depende de las pruebas por las que tenga que pasar.

Los Espíritus encarnan en hombres o mujeres, pues no poseen sexo. Como deben progresar en todos sentidos, cada sexo, así como cada posición social, les ofrece pruebas y deberes particulares y la ocasión de cosechar experiencias. El que hubiera sido siempre hombre sólo sabría lo que saben los hombres.

(El libro de los espíritus, Capítulo IV, Pluralidad de las existencias. Allan Kardec).

Como espíritus que somos, es condición ineludible ir perfeccionándonos y exteriorizar los valores íntimos. Por tal razón, cuando hemos de afrontar una nueva existencia en la materia elegimos el sexo mas idóneo, a fin de ir adquiriendo las facultades y valores que más nos interesa realzar en nuestra personalidad. Buscamos reajustarnos y equilibrarnos, tanto en amor como en sabiduría, y para ello unas veces nos conviene más tomar una materia femenina y otras una materia masculina. Nada más simple.

Ahora bien, debido a la falta de una conciencia de la transcendencia del espíritu sobre la materia en los individuos de nuestra sociedad que padecemos, y sin la compresión del porqué y para qué estamos aquí, hemos preconcebido roles y establecido que los hombres    tenían que hacer esto y las mujeres lo otro. El resultado es que nos hemos venido estorbando y perjudicando mutuamente a lo largo de estos siglos.

Vivimos una era convulsa; muchísimas cosas están puestas en cuestión. Es normal, ¡estamos evolucionando! Hay que derribar los viejos edificios gastados y levantar unos nuevos, los cimientos de esta civilización se tambalean. Tengamos en cuenta que hay mucha confusión en la humanidad, estamos cansados de tropezar en la misma piedra; nuestro subconsciente lo intuye y lo sabe y quiere avanzar, pero no todas las ideas viejas han dejado de valer, y no todas las ideas nuevas son correctas; analicemos y filtremos todo con el tamiz de la razón y de la nueva conciencia que va emergiendo de mano de la espiritualidad superior.

Pero pensemos que todos hemos cometido esos excesos, porque el que hoy se viste de hombre ayer se vestía de mujer, y nadie está a salvo de haber cometido infinidad de desmanes y tropelías. Somos libres para sembrar, pero la cosecha es obligatoria. La ley de consecuencias se encarga de poner las cosas en su lugar.

Machismo y feminismo por: Fermín Hernández

© Amor, Paz y Caridad, 2019

La ideologia feminista de los tiempos modernos, sin embargo, con sus diversas banderas políticas y sociales, puede ser un veneno para la mujer descuidada de sus grandes deberes espirituales en la faz de la Tierra.

(Psicografía de Chico Xavier en su obra “El Consolador”).

LA ILUSIÓN POR LA VIDA

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La ilusión por la vida

Sin ilusiones la humanidad moriría de desesperación o de aburrimiento.

Anatole France. Premio Nobel de Literatura en 1.921

Los valores humanos, no actúan en solitario, se unen y armonizan unos con otros, la ilusión por ejemplo da pie a la esperanza, de ese modo nos ayudan a realizar, a construir un porvenir y un  futuro en el que desarrollar todos aquellos proyectos que podemos trazarnos y lo que es muy importante a vivir el día a día con mayor alegría lejos de la rutina y la desesperación.

Es difícil vivir en la sociedad y en este tiempo con el corazón alegre, con esperanza, con ilusiones, son muchos los nubarrones que atisbamos que se acercan. Más aún debido a nuestra naturaleza humana en muchos momentos frágil y débil, que se deja llevar por el desaliento, y se deja envolver o contaminar por los problemas y la falta de horizontes claros y hermosos a la vista.

Es por eso que debemos mantener una actitud equilibrada, sin dejar de ser soñadores; tener la ilusión por crecer día a día, dando pasitos –por pequeños que sean- hacia la felicidad y la plenitud que nos aguarda. Y no debemos permitir que esta vorágine de nubes grises que sobrevuela constantemente nuestro mundo –léanse los acontecimientos que pasan a diario- nos amilanen. Con la fortaleza de nuestro espíritu podemos evitar que nos reste fuerza e ilusión la ola, cada día más creciente, de materialismo, violencia, injusticia, guerras, crímenes y crisis.

La lucha la debemos mantener con nosotros mismos, para no decaer dejándonos llevar por la vida material y todas sus sombras, somos seres espirituales en construcción, tenemos un poder maravilloso dentro de nosotros para cambiar la realidad y para ver cada día brillar el sol con más fuerza y más esplendor. Pongámonos las gafas de la realidad espiritual que gobierna ciertamente nuestro mundo, elevemos nuestro pensamiento por encima de las pequeñeces materiales que nos absorben y podremos comprobar que es mucho mayor la luz que la oscuridad, más mucho más grande el bien que el mal, aunque no lo parezca.

Lo que ocurre es que los hombres estamos dormidos, – en cuanto a los principios espirituales se refiere- nos dejamos llevar, nos contagiamos por el ambiente materialista y el mundo que nos rodea, porque no estamos unidos sino separados, cada uno de nosotros vive angustiado por sus problemas, se ocupa de su trabajo, de su familia, de aquello que considera más importante y se olvida de lo demás, y eso es un error porque nos estamos privando de vivir en solidaridad, nos hemos olvidado de que somos hermanos todos y de esa gran lección, y a su vez, el nuevo mandamiento que nos legó el Maestro de Maestros, Jesús de Nazaret: AMA A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO.

Vivimos con una gran presión, nosotros mismos nos la hemos impuesto, vivimos en grandes ciudades, aprisionados, sin apenas sitio siquiera para aparcar el automóvil, la ciudad está hecha a la medida de la tecnología muchas carreteras, muchos cables, muchas tuberías, la hemos llenado de señales, de escaparates, de rascacielos, todo está pensado para darnos placer y satisfacción, comodidades y felicidad,  “pero no somos felices”, las ciudades cada vez son más frías no tienen el calor que necesitamos los seres humanos, ni siquiera tenemos tiempo para disfrutar. Ni para educar a nuestros hijos. Siempre tenemos cosas que hacer, llegamos a casa tan cansados de trabajar o de resolver problemas que no tenemos tiempo para hablar con nuestros hijos, y eso que en teoría son lo más importante para nosotros.

Debemos proponernos romper con todo eso, no dejarnos llevar por la rutina, la monotonía y el pensamiento generalizado de que esta vida es así y no la podemos cambiar, porque si podemos cambiarla, podemos cambiar nuestra actitud, somos lo que pensamos y a estas alturas estamos ya convencidos de que no somos materia, sino espíritus, y que albergamos en nuestro interior toda la fuerza y las cualidades para crecer, fortaleciendo nuestro carácter y sobre todo para encaminarnos a la consecución de aquellos objetivos de más altura, de índole espiritualista, por medio de los valores que ennoblecen y dignifican al ser humano.

Como bien decía Séneca: “Felicidad es no necesitarla”. Gran pensamiento este porque la felicidad no está en ningún sitio, está dentro de nosotros, mejor dicho forma parte de nosotros, es inherente a nuestra realidad espiritual, pero de eso aún no estamos convencidos por eso no la alcanzamos.

La clave se halla en que lo que nos hace falta es realizarnos, ser nosotros mismos, vivir ilusionados, comprometidos con nosotros mismos, con nuestra conciencia. La mayor ilusión que podemos tener es ser nosotros mismos, vivir con autenticidad, libres de prejuicios, de convencionalismos y de todo aquello que nos hace vivir con pobreza, no material sino de espíritu, es la mayor traición que podemos hacer contra nosotros mismos.

La ilusión despeja esos nubarrones que vienen como consecuencia del sistema de vida que hemos adoptado, trae la esperanza, moviliza nuestras fuerzas internas, la voluntad, el coraje, la intuición, el deseo de trabajar, proyecta nuestras aspiraciones y nos presenta un camino a seguir cada día mejor para conseguir aquello que vibra en nuestro interior, lo cual si no nos ponemos a ello nunca lo descubrimos y nunca sabremos qué hacer y hacia dónde dirigirnos.

Cuando vislumbramos lo que en realidad somos ese ser espiritual en vías de su desarrollo, y nos volcamos en hacer aquello para lo cual hemos venido a esta existencia, fuerzas invisibles superiores nos acompañan en el día a día, seres de luz que vibran con deseos de amor y de ayuda hacia la humanidad son atraídos hacia nosotros por conectar con nuestros pensamientos y sentimientos de sincera realización. Es entonces cuando comenzamos a despertar el verdadero objetivo de nuestra estancia en este pequeño planeta que nos sirve de escuela, y junto al deseo de progreso y la ilusión que ponemos cada nuevo día se nos va iluminando la conciencia y cada día nos sentimos más seguros de qué es aquello que hemos venido a realizar, comenzando por el amor a nuestra familia, aquella que hemos formado, nuestros seres más queridos.

Asimismo también podremos afrontar con más fuerzas y convencimiento según el grado de compromiso adquirido antes de encarnar aquellas misiones o realizaciones especiales que se nos han concedido poder hacer en aras de un mayor progreso, aprovechando al máximo nuestra estancia en la tierra.

La vida en la tierra, las imperfecciones y debilidades que arrastramos de nuestro pasado, el materialismo, los problemas que surgen propios de un mundo inferior como es el nuestro condicionan mucho nuestro comportamiento y son un verdadero escollo a veces muy difícil de sobrellevar, las pruebas e el diario vivir son constantes, por ello cada día necesitamos renovar nuestros principios, que no nos falten claridad de ideas y deseos de realizarnos. Necesitamos de la ilusión por emprender, por trazarnos metas y no olvidar por qué y para qué estamos aquí. De otro modo nos arrastrará la corriente y pronto perderemos esa luz espiritual que es la guía y el soporte para nuestra conciencia, pudiendo caer en el hastío y la desesperación que conducen a muchas personas a la pérdida del sentido de la existencia y al  suicidio  psicológico, cuando no al propio suicidio físico.

Con ilusión cada día veremos ante nosotros un horizonte hacia el que dirigirnos, mantendremos viva, intacta la ambición positiva de alcanzar aquello que nos hemos propuesto, sabremos lo qué queremos, cómo alcanzarlo y que es aquello que nos estorba y que no debemos dejar que nos obstaculice.

Cuan diferente es levantarse cada día con el ánimo entero, llenos de autoestima y decirnos sigo teniendo la ilusión por vivir, se lo que quiero, comprendo el sentido de la vida, pido a nuestro Padre y Creador me conceda la luz y la fuerza que necesito para mi emprendimiento espiritual. También conozco mis limitaciones, pero sé que poder es querer y yo quiero conseguir todo esto y sé que puedo hacerlo, para ello tengo que trabajar estos valores, despejar aquellas dudas, superar esas cositas que me venían limitando porque no creía en mí. Soy sincero conmigo mismo me conozco y sé cuáles son mis aspiraciones y lo que tengo que ir haciendo para alcanzar mi desarrollo.

Autoestima, confianza, optimismo, fe, ilusión, esperanza, actitud positiva, todos estos valores son armas, instrumentos de nuestro yo superior que conforman poco a poco nuestro carácter y que son esa palanca que potencia nuestras fuerzas y nos hacen ver que todo cuanto nos propongamos con visos de realidad, es posible.

El que se despojara de todas sus ilusiones quedaría desnudo.

Arturo Graf, poeta y crítico literario italiano.

Comenzar cada día sin ilusión, sin un porvenir que me incentive, que me estimule, levantarme ya derrotado con el pensamiento de que será un día más como otro cualquiera, un día pesado y aburrido que no me aporta nada,  no es lo que quiero. Una vida sin aspiraciones, una vida guiada por el tedio y la monotonía no es la vida de un ser racional llamado a ser una conciencia libre, dueña de sí misma, y que es potencialmente rica en valores, no en vano somos HIJOS DE DIOS, HECHOS A IMAGEN Y SEMEJANZA SUYA.

El pesimismo, la desconfianza, la desmoralización, la tristeza, el desánimo, la desilusión, todos estos son enemigos del éxito y de la auto-realización, son sentimientos que debemos rechazar con energía para poder desprendernos de los mismos.

Con un pequeño paso por nuestra parte basta para que se desvanezcan los miedos, las dudas y vacilaciones que nos mantienen limitados y sin fuerzas para asumir todo cuanto podemos hacer en pro del adelanto de nuestro espíritu, rechacemos con energía la pereza, el miedo y la comodidad, veamos cual es la razón de nuestro existir y pidamos ayuda para emprender ese trabajo con  la energía que nace de la ilusión y el deseo de progreso.

La ilusión por la vida por: Fermín Hernández Hernández

© Amor, Paz y Caridad, 2019

CÓMO SER FELIZ EN EL DÍA A DÍA

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Cómo ser feliz en el día a día

Esto es lo que todos nosotros deseamos, ser felices en el día a día, y buscamos la manera de alcanzar esa felicidad. Quizás no sea del todo correcto el término “buscar“, pero es el vocablo que generalmente utilizamos, creyendo que la felicidad está en algún sitio, fuera de nosotros, y que la vamos a encontrar en los placeres materiales, en la sensualidad, en la comida, en los diferentes divertimientos y pasatiempos que la sociedad nos presenta. Otros creen que está en el  disfrute de una vida rodeada de lujos, teniendo muchas posesiones… pensando que todo aquello que se puede comprar con dinero va a proporcionar la felicidad. Sin embargo, no se presta atención al “yo” interno, a nuestra alma, que es la que a ciencia cierta puede proporcionar esa felicidad tan ansiada.

Podemos distinguir varios grados o estados de satisfacción, que son los que nos motivan a realizar aquello que consideramos nos puede proporcionar bienestar y felicidad. Por ejemplo, podríamos distinguir entre pasarlo bien, sentirnos satisfechos con la vida que llevamos porque estamos conformes con la misma; es decir, tenemos trabajo, una casa, una familia; no pasamos grandes necesidades, nos va bien, podemos vivir con lo que tenemos y no aspiramos a nada más. O, en otro aspecto, porque disfrutamos de la vida yendo a la playa cuando toca, al cine, a restaurantes… en fin, llevamos una vida en la que podemos disfrutar hasta ciertos límites de lo que la sociedad puede ofrecernos, y con eso nos sentimos plenos. Cada persona tendrá, pues, sus preferencias y apetencias dentro de un orden.

Todo esto y muchas otras cosas más podríamos considerarlas factores externos que, de hecho, son importantes, pero realmente ¿pensamos que en todo eso consiste la felicidad?

También internamente podríamos decir que nos sentimos bien: llevamos la vida con alegría, estamos a gusto con nosotros mismos, tenemos la conciencia tranquila, sentimos fluir la vida dentro de nosotros, esa energía, fuerza y luz que da brillo a nuestra existencia y nos impulsa a vivir con amor e ilusión.

Otro aspecto de suma importancia es la felicidad que reina en nuestros hogares, junto a nuestra pareja e hijos. ¿Hemos logrado que en nuestro hogar reine un clima de unión y de armonía? O, por el contrario, lo que se respira es rutina y monotonía, y cada uno de los miembros va a la suyo sin hacer partícipes al resto. La realidad de la vida de las parejas y la convivencia dentro de casa apunta a que es muy precaria en términos de armonía y de amor en familia, pues la estadística nos cuenta el gran número de matrimonios que se separan por diferentes motivos; uno de los más comunes es que a la pareja “se le terminó el amor”.

Este hecho es un síntoma más de que algo estamos haciendo mal, puesto que no hemos sabido mantener viva la llama del amor de pareja, y una vez consumados los apetitos sensuales nos sentimos vacíos. Creemos entonces que vamos a encontrar en otra persona la pareja perfecta y claudicamos, dejamos de luchar por lo que en un momento fue una promesa de amor de por vida.

Se podría definir la felicidad como un estado del alma, un estado interior. Si la felicidad dependiera de esos factores externos que hemos mencionado con anterioridad, al menos en occidente deberíamos vivir muy felices una mayoría de los que gozamos de esos privilegios: estaríamos todos contentos; iríamos dándonos abrazos constantemente por la calle; todo sería alegría, entusiasmo; todo el mundo estaría vibrando con energía positiva; nos daríamos los buenos días sin parar; nos dejaríamos las puertas de casa abiertas porque no temeríamos a nada ni a nadie; ninguno viviría enfadado, los vecinos serían de lo mejor, nuestro jefe sería una persona extraordinaria; como estamos felices y satisfechos apenas caeríamos enfermos; no tendríamos ningún tipo de crisis. El occidente sería lo más parecido a un paraíso, y sin embargo vemos que esto no es así, ni mucho menos.

No dejes el mundo con las manos vacías. Acumula la suprema riqueza del alma. No pierdas la dorada oportunidad, que te ofrece esta vida, de conocer a Dios. (Swami Sivananda).

A poco que observemos, la realidad es muy diferente: Casi nadie está contento con lo que tiene; la vida está llena de complicaciones; la mayoría de los obreros trabaja en condiciones muy precarias; son los que menos responsabilidad tienen de la crisis que nos ha caído encima y, sin embargo, son los que más la sufren. Los políticos no cesan de pelearse entre ellos, se faltan al respeto, se insultan, se corrompen con un facilidad pasmosa y no se ocupan de los problemas ni de dirigir y gobernar al pueblo, tal y como prometen o juran cuando asumen sus cargos. Los centros de salud ven cómo cada día las consultas están más repletas de enfermos y pacientes que demandan más ansiolíticos, tranquilizantes y todo tipo de fármacos para solucionar sus problemas de estrés y de otras muchas patologías relacionadas con los tiempos modernos en los que vivimos.

La verdad es que no estamos preparados para ser felices; la sociedad y el modo de vida que se han implantado en nuestro mundo son incompatibles con la felicidad. Y sin embargo, internamente estamos programados para la conquista de la felicidad, porque es algo inherente a nuestra propia esencia espiritual. De ahí que exista una lucha interior entre nuestra conciencia superior, que sabe a qué está llamada, y nuestra conciencia humana, conciencia de lo inmediato, que todavía no se ha identificado con la realidad de que la naturaleza de la felicidad es inherente al alma, a los valores que vamos desarrollando y que no depende de factores externos. De esta lucha interna se generan los estados de desarmonía, desequilibrio y confusión.

Por otro lado, una vez hemos satisfecho un deseo o adquirido cualquier posesión, vemos con el tiempo que no nos ha llenado; enseguida necesitamos otro, y otro; necesitamos otras cosas que perseguir, que vuelvan a llenarnos ese vacío interior, sin darnos cuenta de que estamos cometiendo errores continuos. ¿Por qué? Muy sencillo: nos equivocamos en el planteamiento de pensar que la felicidad depende de las cosas externas. Al final, todas ellas son algo efímero. Como dicen las corrientes espiritualistas orientales desde tiempos remotos, son “Maya”, una ilusión, y como toda ilusión es pasajera y no contiene el fruto de lo verdadero y auténtico, que son los valores del alma, con los que nuestra identidad espiritual se identifica y se siente plena, consciente y dichosa.

Adquirir la felicidad no es nada complicado, basta solo con hacer el bien a los demás. Esa es la ley. Cosechamos lo que sembramos. Si hacemos bien recogeremos bien, si hacemos mal recogeremos mal, si hacemos felices a los demás los demás nos harán felices, si vamos por la vida con alegría la vida nos devolverá alegría, y así sucesivamente. Ahora reflexionemos y preguntémonos qué estamos sembrando. Lo que sembramos en el pasado, en otras vidas, es lo que estamos recogiendo ahora, y lo que incluso podremos recoger más adelante: es el llamado karma acumulado, el cual corresponde a la ley del karma, la cual va administrando y ajustando las pruebas según sean nuestras necesidades evolutivas; de ahí que muchas cosas sean difíciles de cambiar, porque nos corresponde vivirlas para nuestro aprendizaje.

Pero el futuro sí lo podemos mejorar. ¿Cómo? Haciendo las cosas bien, pensando en nuestro prójimo, sembrando buenas acciones, pensamientos y sentimientos nobles y generosos, porque todo ello, repito, volverá a nosotros en forma de karma positivo. Sólo nosotros, como seres humanos, como espíritus encarnados que somos, estamos dotados de la facultad de pensar, reflexionar y distinguir el bien del mal, por eso somos responsables de nuestro destino.

No hay otro camino, somos lo que pensamos. Comencemos por ahí, pensando positivamente; amemos de corazón a nuestros seres queridos, a todos cuantos nos rodean, incluso a los animales; hemos de ser buenos y sembrar bondad por doquier. Tal como dice el espiritismo, ser buenos no consiste en no hacer el mal, sino en hacer el bien.

Esta vida es un camino de paso hacia la inmortalidad. (Swami Sivananda).

Por fortuna, en esta época estamos disfrutando de tener al alcance diferentes ramas de la psicología, como son por ejemplo la humanista, la positiva y la psicología cognitiva, que centran sus estudios en las bases del bienestar psicológico y de la felicidad, así como de las fortalezas y virtudes humanas, destacando los valores como la autoestima, la alegría, la ilusión, el entusiasmo, la voluntad, la resiliencia, el amor, el perdón, etc., etc. Son los que dignifican la vida humana y nos conducen a un estado de bienestar y, en consecuencia, de felicidad interna, al margen de nuestra condición social, de riqueza, etc., ya que todos los seres humanos albergamos en potencia las mismas cualidades. La diferencia está en creerlo y en poner en marcha las habilidades que se hallan ocultas en todos nosotros. En otras palabras, se está hablando de las facultades innatas e inherentes al espíritu humano.

Si cambiamos de actitud ante la vida, asumiendo que somos responsables en primera persona de nuestro destino, que el día de mañana disfrutaremos de lo que estemos haciendo en el presente, no debiera costarnos demasiado empezar a trabajar para comenzar esa siembra fructífera que se inicia con hacer el bien siempre que se nos presente la oportunidad. Para ello basta con tenerlo presente y con hacer los cambios oportunos en nuestro carácter que nos permitan dedicarnos a esa labor constructiva.

Deberemos ir conociéndonos a nosotros mismos día a día, para ir corrigiendo aquellos aspectos de nuestra personalidad que se alejan de los valores humanos y de la ética, y desarrollando las virtudes, todo ello con optimismo, entusiasmo, humildad y autoestima; así venceremos las dificultades que, sin duda, se nos presentarán cuando menos lo esperemos.

Entonces tendremos humor, creatividad, aprenderemos a compartir, a convivir, a darnos a los demás; saldremos a la calle con la sonrisa en la cara, daremos los buenos días con alegría a quienes comparten esta vida con nosotros y estaremos predispuestos a sacar cada día lo mejor de nosotros. Dejaremos la seriedad, la tristeza, la amargura, el pesimismo, la soledad, la rigidez y el egoísmo a un lado, dejaremos de ir por la vida con la cara mustia y la veremos de otro color. Basta con que nos dispongamos con firmeza a realizar nuestro trabajo, a amar y ser amados.

Dejaremos fluir nuestra energía, estaremos en contacto con la fuente de luz y de poder que esta ahí en el universo para nosotros, y nos sentiremos uno con la creación. Entonces otro espíritu nos animará, dejaremos de darle tanta importancia a las cosas materiales y trabajaremos con ahínco por lo que de verdad nos ha traído hasta aquí: la necesidad de progreso.

Cómo ser feliz en el día a día por: Fermín Hernández

© Amor, Paz y Caridad, 2019

HIGIENE MENTAL

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Salud mental

Higiene Mental

Esta es la definición que hace la O.M.S de la salud: “Un estado de completo bienestar físico, mental y social y no la simple ausencia de enfermedades o afecciones”.

Este bienestar está asociado al hecho de ser felices, tener ganas de vivir, sentirnos dichosos por el sólo hecho de existir y de concebir que somos seres espirituales en un proceso de evolución sin fin. Somos, en definitiva, seres inacabados por lo mucho que nos queda por comprender, alcanzar, realizar y completarnos como obra hecha a imagen y semejanza de un Creador que nos ha dotado de infinidad de cualidades que están por explotar.

Con frecuencia nos damos cuenta de que los resultados de nuestros actos no nos llevan hacia ningún lugar positivo, pero volvemos a reincidir en ellos una y otra vez. Somos nosotros mismos los que, de esa forma, renunciamos a la felicidad que queremos, no somos capaces de cambiar nuestra rutina y superar los obstáculos que nos impiden estar cada día más armonizados y equilibrados.

Mens sana in corpore sano, a lo que ahora debemos integrar también el concepto de espíritu. Somos de naturaleza corporal, psíquica-mental y espiritual, y esta trilogía de nuestra personalidad es indivisible (mientras estamos encarnados). Estos tres aspectos conforman nuestra personalidad, están muy íntimamente relacionados, por lo que uno afecta al otro y viceversa. Nuestra misión como árbitros y jueces de nuestro destino es lograr esa perfecta comunión y sintonía, de modo que gocemos de un estado de salud pleno, tanto físico como mental y espiritual, sin los cuales no podremos llevar a cabo muchas de las empresas y labores que quisiéramos realizar. La falta de salud, no cabe duda, es un hándicap que merma nuestras posibilidades y limita nuestras pretensiones, por lo cual hemos de ser ecuánimes y procurar estar, en la medida de lo posible, lo más sanos y equilibrados a fin de poder ser lo más útiles para nuestro progreso individual y como partes de una sociedad a la que nos debemos.

Los beneficios se notan con facilidad; si tenemos un cuerpo sano, esto se refleja en que tenemos una mejor aptitud y nos predisponemos con mayores energías para emprender cualquier realización, y si hemos alcanzado un equilibrio y salud emocional y psíquica dominaremos  nuestros pensamientos y sentimientos, seremos capaces de doblegar los instintos  propios de la naturaleza inferior, cual herencia recibida de un pasado milenario que todavía arrastra pasiones e instintos de naturaleza animal. Lograremos así anteponer a otras cuestiones los buenos sentimientos y el deseo de realizar buenas obras. Nuestro espíritu, que en definitiva comanda como conciencia que «es» todos estos procesos, se sentirá satisfecho, dichoso y adquirirá cada día más fuerza y más energía para continuar en su marcha ascendente de crecimiento y asimilación de experiencias.

Debemos cuidar la alimentación, rechazar el ser sedentarios mediante la practica de alguna actividad deportiva, realizar paseos, disfrutar de los ambientes sanos que la naturaleza nos brinda, filtrar nuestras emociones, pensamientos y sentimientos a la luz de nuestros principios espirituales, conocimientos y sentido común. Debemos ser coherentes y saber establecer preferencias para emplear el tiempo libre y todas y cuantas actividades contribuyan en beneficio de nuestra higiene total, como una realidad cuerpo-mente-espíritu que somos.

La vida no es un camino de rosas, conlleva también sus espinas. En esta andadura de mejora y construcción de nosotros mismos, debemos saber afrontar los conflictos, los impedimentos y todos aquellos obstáculos y vicisitudes que nos puedan asaltar; de esta forma, nos vamos fortaleciendo mentalmente, creyendo cada día un poquito mas en nuestras posibilidades. Esta es la forma de adquirir el equilibrio mente-espíritu, ambos se complementan y crecen juntos. Superar las pruebas, no escondernos ante los problemas y asumir nuestra responsabilidad suponen un aspecto importante en nuestra higiene mental, y nos van capacitando para afrontar cada día mayores empresas con mas posibilidades de éxito.

Hombres de poca fe, les decía el Maestro a sus discípulos, ofreciéndoles una sagrada lección de sabiduría espiritual; esta fe no es cosa de creer por creer, sino que viene como recompensa de un trabajo bien hecho, continuado y basado en la convicción de que con energía, convencimiento y deseos de progreso y mejora, todo se puede ir alcanzando, máxime cuando la ley de evolución sólo pone en nuestro camino aquellas experiencias y pruebas que están a nuestro alcance realizar.

Sin embargo, como hasta ahora hemos mantenido la creencia de que sólo tenemos una vida y que fuera de este mundo material no hay nada más, le hemos dado preferencia total a nuestro organismo; al cuerpo le brindamos todo tipo de cuidados, terapias, masajes, gimnasio, descanso, entretenimiento, etc. Prácticamente nos hemos olvidado de cuidar nuestra alma, es decir, aquella parte de nuestro yo real que son la mente y el espíritu, como estamos diciendo en este breve artículo. De ahí que, cuando nos queremos dar cuenta, muchas personas han perdido su salud mental y con ello comprometen su personalidad, pues sin una mente sana el cuerpo decae también y deja de funcionar correctamente, el sistema nervioso se descompensa y los órganos se deterioran en la misma medida que perdemos el norte de quienes somos y hacia donde nos dirigimos.

Solamente hay verdadera vida donde la actividad del cuerpo y del espíritu mantienen una viva reciprocidad, en perfecto orden. Froebel. Pedagogo alemán.

Es preciso recomponer esto, y de hecho, desde hace unas pocas décadas han surgido diferentes corrientes dentro del terreno de la psicología y la psiquiatría en las que ya no se observa a la persona como un conjunto de huesos y nervios comandados por un cerebro, sino que ya caen en la cuenta de que somos algo más, mejor dicho, mucho más. Es necesario mover los músculos de la mente, recurrir a esa voz de la conciencia que es la guía que no falla nunca; hacer uso de la intuición, de la voluntad; dejar salir la esencia de nuestro espíritu, que es pura reflexión, es la emancipación de los grandes valores que alberga nuestro ser interno. Es necesario poner a trabajar nuestra mente, que tiene un poder ilimitado para indagar, para investigar aquello que desconocemos, para ir en busca de lo verdadero, de pensar y creer en sí misma. El poder de nuestra mente, cuando la ponemos en marcha, obra prodigios, pero debemos expresar y sacar afuera lo autentico de nuestro yo superior. Vayamos en pos de la felicidad a través de una búsqueda sincera de nuestra realidad, emprendamos la aventura de ser nosotros mismos, volemos alto y vayamos en búsqueda del amor y de la sabiduría que mora en nuestro interior.

Tenemos que abrirnos al mundo. ¿Por qué? Porque estamos aquí, estamos para ser y sentir, sentirnos libres, protagonistas, descubrir lo que valemos, y eso lo descubrimos cada día por lo que somos capaces de hacer, tanto por los demás como por nosotros mismos, porque cuando hacemos algo por los demás, lo hacemos también por nosotros mismos, por la vida, por todos. Tenemos que vivir la vida plenamente, esa es la salud mental; una buena higiene mental no puede alcanzarse si no nos damos a los demás. Al estar abiertos a la sociedad, al hacer obras de bien recibimos, en contrapartida, una lluvia de luz y de energías espirituales que vivifican nuestro yo real y nos mantienen unidos a ese todo que es el universo.

La vida es el bien más preciado que tenemos, y es nuestra obligación vivirla plenamente. En la misma medida que nos damos a los demás recibimos luz y fuerza espiritual, que son los nutrientes de los que se alimenta el yo superior que somos. Para alcanzar esa porción de felicidad que nos merecemos es imprescindible que dos demos a los demás y que vaciemos nuestro yo de todas las dádivas que contiene en su interior. La salud no es sólo el bienestar físico, sino además la sensación de sentirnos libres, mentalmente despiertos, con aspiraciones de crecer y comprender cada día un poco mejor el mundo que nos rodea; es la ausencia de sufrimiento y de los trastornos que vienen como consecuencia de llevar una vida desordenada, falta de realizaciones altruistas, dominada por el egoísmo, la envidia, la pereza y los deseos insanos que enturbian nuestra conciencia.

Debemos rechazar cuantas nubes negras quieran aparecer en nuestra vida, el pesimismo, la baja autoestima, la negación, el sentimiento de culpa, la depresión, los pensamientos ruines y de baja naturaleza; todo aquello que redunda en que nos mantengamos quietos, desestructurados, aislados, pensando que no podemos aportar nada a la sociedad, todo eso hay que rechazarlo con energía, pues ello significa que hemos perdido el sentido de la vida, de nuestra estancia aquí en la Tierra, y lo debemos recuperar; es el objetivo primero, sin el cual nuestra salud está quebrada y nuestro paso por la existencia habrá sido una gran pérdida de tiempo. Este es el mayor pecado que podemos cometer, no realizarnos, no crecer, no progresar después de tantas oportunidades que la vida nos brinda.

«Camina el hombre siempre entre precipicios, y quiera o no, su más auténtica obligación es guardar el equilibrio». Ortega y Gasset. Filósofo español.

No echemos la culpa a nadie, al sistema, a la sociedad en conjunto, porque eso es lo más fácil. No nos justifiquemos y afrontemos nuestra realidad, no atentemos contra nuestra salud e higiene mental, no eludamos la responsabilidad que como espíritus tenemos y abordemos la mayor aventura de la vida, ¡reconocer lo que somos poniendo el rumbo hacia la construcción de nuestro carácter y personalidad!

Higiene mental por: Fermín Hernández Hernández

© Amor, Paz y Caridad, 2019

EL PROBLEMA DE LA INMIGRACIÓN

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El problema de la inmigración
Inmigrantes procedentes de Europa desembarcando en Ellis Island en Nueva York (Estados Unidos), en 1902.

Libro de los espíritus, Ley de igualdad, Item “803. ¿Todos los hombres son iguales ante Dios?

 – Sí, todos tienden hacia el mismo fin y Dios ha hecho sus leyes para todos ellos. Con frecuencia decís: “El sol nace para todos, y estáis manifestando una verdad mayor y más general de lo que pensáis”.

A lo largo de la historia siempre ha habido luchas entre tribus, pueblos, razas, y ha existido la creencia de que unas eran superiores a las otras. Unos pueblos han conquistado a otros -más débiles- provocando con ello la explotación, la subyugación y la denigración de los vencidos. La esclavitud, el comercio y los abusos de todo tipo han sido hasta hace pocos lustros un hecho común en muchas partes del mundo. Siempre ha habido migraciones, ya que el hombre, en su afán de bienestar y asegurarse el sustento diario, ha ido buscando mejores asentamientos, climas, tierras, prosperidad en suma, aquello que le permitiera subsistir e ir mejorando poco a poco.

Actualmente, con motivo de la globalización y de la facilidad que los medios nos proporcionan para movilizarnos, es más frecuente el hecho de la inmigración, que se produce a diario, principalmente de los países menos desarrollados a los mas adelantados. Las personas siguen buscando una mejoría y huyen de la miseria, de la guerra, del terror y de tantas circunstancias que se generan en sus pueblos que les impiden permanecer allí, y salen, no por capricho, sino en busca de una mejor situación.

Esto genera diferentes opiniones, unas a favor de este hecho y otras en contra. Las naciones procuran legislar para que todo se desarrolle adecuadamente conforme a la ley, controlando así los flujos de migración, y los deberes y derechos que deben amparar a estas personas que, no por gusto, se ven forzadas a dejar sus casas, sus familias y su tierra natal.

No obstante, es irremediable que a nivel particular cada cual se posicione y manifieste su opinión; asimismo, surgen muchos grupos que, coincidiendo en sus argumentos, procuran influir en los gobiernos para que se legisle según ellos consideran. Hay en la actualidad una tendencia, que poco a poco va creciendo, que considera al extranjero, al inmigrante «pobre», un estorbo, alguien que esta de más en “su» sociedad. Se dice que son ilegales, incluso delincuentes. Consideremos seriamente el término que se utiliza, personas, seres humanos, son ilegales por el hecho de querer formar parte de nuestra sociedad y querer prosperar junto a nosotros.

La gran mayoría de las personas que dejan sus países y todo lo que tienen lo hacen por necesidad y quieren trabajar, ganarse la vida con el sudor de su frente, algo que no pueden lograr allá de donde vienen. Por tanto, debemos dejar a un lado, en este breve análisis, a ese otro posible grupo que es una minoría que puede que no venga con ese objetivo y que incluso puedan darse en algún miembro tendencias delictivas; pero hemos de ser sensatos y prudentes: no debemos meter a todos en el mismo saco. No deben pagar justos por pecadores.

Ante todo, hemos de reflexionar y someter a un sano juicio esta delicada cuestión que representa la inmigración. Hemos de procurar ser justos y ecuánimes, para no incurrir en errores que supongan un daño irreparable a muchas personas que llegan a nuestros países con el sueño de prosperar y de contribuir en consecuencia a la mejora de nuestros pueblos. Son precisamente los estados que más emigrantes han recibido los que más rápidamente han prosperado y se han desarrollado de un modo que, sin este hecho, ni siquiera hubieran podido imaginar. Naciones como Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia, Suiza y otros dieron cabida en sus fronteras a millones de inmigrantes que contribuyeron de tal forma en el desarrollo y expansión de su economía, su industria, etc., que hicieron de estos países los mas desarrollados y económicamente mejor posicionados. Luego, esto dice bien a las claras la necesidad de comprender bien este «supuesto problema» antes de emitir juicios gratuitos y sin la debida reflexión y análisis en todos sus términos.

Nuestro país, España, sin ir más lejos, ha sido históricamente una tierra en la que encontraron y se posicionaron diferentes pueblos y culturas: fenicios, celtas, iberos, visigodos, romanos, musulmanes, judíos, desde siempre nuestra tierra ha asistido en el tiempo a movimientos extraordinarios. Más adelante se convirtió en una nación poderosa, la más poderosa del mundo, gracias al descubrimiento del nuevo mundo, que propició un cambio en nuestra humanidad como nunca lo hubo. El mundo cambió para siempre, y todos los pueblos que llegaron a aquellas costas lo hicieron por codicia, ambición, afán de poder y de dominio sobre las demás. Todas se enriquecieron debido a la explotación de sus recursos naturales y, lo que es peor, de sus gentes, a las cuales anularon, sometieron y casi exterminaron. Esto es historia, innegable; ahora preferimos no recordarlo, pero fueron acontecimientos que nunca se han subsanado.

Nadie dice ahora que todo aquello fue ilegal. No hablemos de lo que se hizo en Africa, quizás el continente más atropellado y en donde se generó más sufrimiento con el comercio de esclavos que duró varios siglos. Ahora sin embargo, todos aquellos que vienen aquí a nuestra civilizada y rica Europa son ilegales. Bajo la luz del espiritismo, todo esto no tiene ningún argumento, ningún sentido, ya que todos los hombres somos iguales ante Dios. El sol sale para todos, y es deber de los más adelantados ayudar a los que van por detrás en el camino. Ayudar se puede hacer de una y mil formas, se deberá estudiar, analizar y brindar todas aquellas soluciones más acertadas y prometedoras; pero lo que no se puede hacer ahora es poner barreras, muros, alambradas y negarles el auxilio a los que están apunto de naufragar en mitad del mar. Eso sí es ilegal, inhumano y falto de toda caridad, que es el principio primordial del amor.

No obstante, como países civilizados necesitamos todavía de sus recursos, la madera, el petróleo, el gas, los minerales, los alimentos, frutas, verduras… a estos no les negamos el paso, pero sí a las personas, o tratamos algunos de tacharlas de ilegales; pero sus recursos sí los queremos, y si es a un buen precio, barato, mucho mejor. ¿No es esto pura hipocresía?

“Queremos lo que tenéis para seguir manteniendo nuestra calidad de vida y nuestras industrias, pero a vosotros no os queremos. A vosotros os queremos para venderos armas, bombas, tanques, toda la maquinaria de guerra, para que os matéis entre vosotros, y así os debilitáis y dependáis más de nosotros; no nos interesa apenas nada más”.

“Seguimos pensando egoístamente, seguimos queriendo esclavizaros, seguimos considerando que somos mejores que vosotros y por tanto no os merecéis otra cosa”. ¡Qué hacen si no las grandes multinacionales en los países menos desarrollados cuando implantan allí sus industrias, dejando sin trabajo y abandonados a su suerte a los trabajadores de sus naciones. ¡Pero eso, claro, es legal; la ley lo ampara, ley humana por supuesto, no ley natural ni de Dios.

Como vemos, es esta cuestión muy delicada y tiene muchos puntos de vista, pero el conocimiento de nuestra doctrina debe servirnos para tener una visión amplia, seria, razonable y justa de los hechos. No podemos erigirnos en propietarios de nuestra tierra, todos somos viajeros del tiempo, todo lo que tenemos es un préstamo; por ser europeos no quiere decir que seamos dueños de este territorio, porque en realidad no nos pertenece, y no sabemos a ciencia cierta cuáles son los designios de Dios y la jugada maestra que nos tiene reservada con relación al fenómeno de la inmigración, que a no dudar todos somos, espiritualmente y en mayor o menor medida, responsables, los que vienen y los que estamos. Nada ocurre por azar.

Puede ser una prueba que debamos pasar los países mas adelantados, puede ser incluso fruto de la siembra anterior, de aquello que hicimos cuando no había ley ni gobierno, sólo ambición y afán de conquista. Una prueba desde luego lo es, sin duda, y tenemos la obligación en primer término de tender la mano, de ayudar, y después de ello vendrán otras consideraciones, como legislación, soluciones en los lugares de origen y muchísimas cuestiones que los hombres verdaderamente de estado, aquellos que deben trabajar y velar por la seguridad y la prosperidad de los pueblos, deben hallar para lograr soluciones.

Cerrar las puertas no es ninguna solución, no se pueden poner puertas al campo. Pero nos debe asistir el espíritu de la caridad, de la solidaridad y de la buena voluntad; otro modo de hacer sólo traerá más problemas añadidos, y lejos quedarán las soluciones y el afrontar los problemas como se deben afrontar, con grandeza, con humanidad, con votos de paz y de fraternidad entre los pueblos.

El mundo ha cambiado, nosotros lo hacemos más despacio, acomodados a lo que tenemos; nos cuesta mucho transformarnos, nos da miedo el cambio, no queremos perder lo que tenemos y por ello pensamos que los que vienen de fuera nos pueden arrebatar lo nuestro. Quizá sea reminiscencia de un pasado no muy lejano, porque nosotros, cuando hemos salido, lo hemos hecho con la idea de arrebatar lo que no era nuestro. El caso es que el mundo nunca va a volver a ser lo mismo, y que hemos de emprender una política diferente. No deberíamos cambiar por la fuerza de las circunstancias, cosa que ya está pasando, deberíamos adelantarnos, ver las cosas venir y actuar en consecuencia para que no nos desborden los acontecimientos. Hemos llegado tarde y ahora se impone una realidad a la que no hemos sabido darle su sentido y ver sus consecuencias positivas. Las personas no son de usar y tirar, como los pañuelos, las personas tienen sentimientos iguales a los nuestros, y si están aquí tienen una razón de ser. En este sentido, nuestro orgullo, prepotencia e ignorancia de las causas espirituales nos pueden llevar a equivocarnos. De todos los errores se recogen antes o después sus resultados. La ley de reencarnación se encarga de darnos las vidas, y en ellas las experiencias que necesitamos pasar. El karma ajusta todo eso infaliblemente.

El caso es que no podemos afrontar este hecho tan sumamente importante de manera trivial: ¡Que se vayan por donde han venido! Los expulsamos y nos quitamos el problema. De verdad pensamos, en primer lugar, que no los necesitamos. Pensamos que son un problema. Pensamos que esa es la solución, así de simple.

Hermanos, la solidaridad toca a nuestras puertas, la fraternidad es algo que no se ha consumado aún en nuestra humanidad; fraternidad es amor entre hermanos. Todos los seres humanos somos hermanos, sin duda. Tenemos ahora lo que hemos sembrado y las pruebas que deben forjar nuestro espíritu; y debemos demostrar que no rechazamos a nadie, que no somos mejores que nadie, y que por encima de todo estamos para ayudar.

¿Puede un padre amar más a unos hijos que a otros? ¿Puede amar mas a su primogénito por ser el primero y menos a los que llegaron después? El sano juicio y la pureza de sentimientos nos dicen que no. Una familia lo es porque se respetan y se aman todos por igual. Pues un pueblo o una nación es igual que una familia, todos se deben respetar y amar por igual. Los que estuvieron antes no debemos olvidarlos, por lo que representaron y lo que hicieron dejándonos su legado; los que están y los que lleguen,  provengan de donde sea, todos son iguales, todos tienen los mismos derechos, y se merecen el mismo amor.

Pensemos en la parábola de los obreros de la última hora, ¿no pueden ser acaso los inmigrantes algo parecido? Si vienen a nuestra tierra con ganas de trabajar, con el deseo lícito de prosperar, y piden trabajo, por qué no darles la oportunidad. Muchos de estos inmigrantes demuestran que quieren trabajar, en lo que sea, tal es la forma de salir de la necesidad en que se encuentran. Muchos de los patriotas, los que hemos nacido con el DNI europeo, no queremos trabajar en muchas cosas, no nos acomodan, no hemos nacido para eso; los trabajos más pesados y menos retribuidos son para los inmigrantes. Eso que muchos dicen de que los inmigrantes nos quitan el trabajo, son excusas baratas.  Lo que subyace en el fondo es la idea preconcebida de que somos superiores a ellos; nosotros los merecemos todo, aunque no hagamos méritos, y  ellos no se merecen nada.

La inmigración no es un problema, este lo creamos nosotros con nuestra forma de ser prepotente, orgullosa, e incluso soberbia. Nos creemos mas puros de sangre por tener la piel blanca, cuando la pureza de una persona no se halla en la sangre ni en la raza, sino en el espíritu; en su adelanto y evolución espiritual, ahí radica la pureza y la elevación de los seres humanos y no en el aspecto material que nos envuelve. El espíritu no tiene sexo, tampoco tiene raza ni color, sopla donde quiere pero no sabes de dónde viene ni adónde va, en referencia a la lección que el maestro de Nazaret le ofreció a Nicodemo.

No es la raza ni el color de la piel lo que importa, eso es temporal, pasajero y no sabemos en efecto de dónde venimos ni dónde encarnaremos en nuestra próxima existencia; pero por nuestras obras así recogeremos. Seamos prudentes y sabios, y no tentemos a la ley y nos ponga en alguna situación que ahora mismo puede no gustarnos nada.

El problema de la inmigración por: Fermín Hernández Hernández

© Amor, Paz y Caridad, 2019

LA CARIDAD: PRINCIPIO UNIVERSAL

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La caridad, ¿Cómo, cuándo, y dónde?

La caridad es, sin duda alguna, la asignatura pendiente de nuestra humanidad. Sin caridad no podríamos entender el amor; la caridad es la hermana mayor de ese valor tan grande e incomprendido, “el amor”; la mayor potencia del espíritu, la virtud por excelencia, la energía que irradia nuestro Creador y que impregna y envuelve el universo infinito.

Es bueno y conveniente que cada cierto tiempo repasemos y estudiemos esta virtud sin otro propósito, que ver hasta qué punto forma parte de nuestra personalidad y  de nuestras vivencias cotidianas. Esto significará que estamos en el camino; si no es así, algo no acabamos de entender o bien no estamos aún maduros para recibir los dones del amor, y nos resistimos a dejar el materialismo y el egoísmo a un lado. Lo que sí es cierto es que para avanzar en el largo y difícil camino del progreso, sin esfuerzos, sin sacrificios y sin renuncias, poco es lo que podemos avanzar, por muy elevados que podamos vernos; pues en tal caso, nos estaremos engañando a nosotros mismos.

Así como el Amor envuelve todo el universo, siendo su fuerza motriz, generadora de toda la energía y fuente de luz y vitalidad, también nos hermana, armoniza y une en una especie de simbiosis colectiva a todos los seres entre sí, a todos aquellos que ya vibran en ese estado de conciencia superior. Nuestro mundo será mucho mejor a medida que cada vez sean mas los que practican la caridad y el perdón, entendiéndose sin necesidad de otro lenguaje.

La caridad, que es llevar nuestro amor a los otros, tiene múltiples beneficios. Por ejemplo, tiene el poder de transformar a quien lo recibe, porque algo le dejamos en su interior, parte de nuestra alma se queda en él; puede tener un reconocimiento de ese poder de elevación que también él lleva dentro. Si se practicaran la caridad, la comprensión, la dulzura con mayor profusión y por parte de todos aquellos que poseen condiciones para ejercerla, otro ambiente se respiraría en nuestra sociedad. Al propio tiempo, al que las pone en práctica lo purifica, lo ennoblece, lo eleva por encima de las limitaciones e impurezas que todavía arrastra.

Tiene tantas versiones la caridad bien entendida que todos podemos practicarla, si no de un modo, de otro. Unos podrán ejercerla mediante la limosna, que cuando se hace con amor y con respeto es una bella forma de caridad, ya que muchos necesitan para poder llevar el alimento a su boca; otros, mediante la buena actitud, el respeto, la tolerancia y el afecto; otros divulgando el conocimiento espiritual, algo muy importante y necesario; otros mediante una sonrisa, un gesto, un apoyo, un aliento; mediante la oración; cuidando sus hogares y su familia con el mayor cariño y dedicación; cuidando de sus mayores… todo aquello que salga de nuestra alma con el dulce objeto de servir de ayuda y de guía hacia los demás es un gesto de amor y caridad.

Si se nos educara durante la más tierna infancia en los valores del dar, y hubiéramos recibido más amor y entrega por parte de quienes nos deben servir de ejemplo y modelo, la sociedad estaría mucho más humanizada, dando paso a la solidaridad y a todos aquellos valores que sostienen la paz y la fraternidad entre los pueblos.

La mayor urgencia del amor: dar lo que se es y también lo que se posee.

(A.C. Comín)

La caridad, la tolerancia, el respeto -el amor, en suma- son valores esenciales que nos ayudan a crecer, a dar de nosotros mismos; son la base de la existencia, una necesidad de expresión de nuestro ser espiritual; sin ellos, carecería de sentido haber llegado hasta aquí.

Dar un poco de lo que nos sobra no cuesta nada. Es el precio que tenemos que pagar para acercarnos a Dios, esa fuente de amor que todo lo llena. El amor y la caridad son la conexión que necesitamos para acercarnos a nuestro Creador, dando un salto cualitativo en busca de nuestra identidad espiritual. La felicidad no la podemos conseguir en este mundo, no es el objeto de esta vida, sino adquirir el carácter y la fortaleza para desprendernos de nuestro yo inferior que nos impide elevarnos. Para ese culmen la vida nos brinda infinidad de experiencias, probándonos a fin de que superemos cuantas lecciones se nos presenten para adquirir el grado de perfección que debemos lograr en cada existencia, y expiando los viejos errores: «aquello que se siembra se ha de recoger”.

La caridad no es una acción solamente, es una intención, un sentimiento, una llama que arde dentro de nuestro interior y que siente la necesidad de trasmitir su luz y su calor al exterior. La acción es el fruto, la consecuencia de la explosión de amor y de respeto por la vida que va emanando de esa chispa divina que llamamos espíritu, y que llega un momento en nuestra evolución que va creciendo conscientemente.

Una vez que el hombre ha llegado a un grado de elevación no puede dejar de ponerse en acción y emprender actividades que le acerquen a sus hermanos; tiene que ayudarles, serles útil, tiene que sentirse unido a ellos, porque la obra de Dios consiste en la unión por medio del amor de todos sus seres. Todos llegaremos a ese nivel, a ese grado; mientras tanto, entre los seres humanos tenemos que forjar una especie de cadena en la que todos, como eslabones, debemos estar unidos, ayudando los que están más adelantados a los que están en el otro extremo. Esa cadena, si está unida, va trasmitiendo la ayuda desde un extremo al otro. Por amor nunca se rompe, esa es la ley. Los de arriba la cumplen; nunca hemos estado solos, siempre han descendido de los planos mas elevados multitud de hermanos mayores para trasmitirnos sus enseñanzas a través también de su ejemplo. Somos los de abajo los que cortamos la cadena, ya que el egoísmo es un aislante que nos separa de nuestros hermanos.

Ejercer la caridad es una responsabilidad y un deber moral.

La caridad: Principio universal por: Fermín Hernández

2019 © Amor, Paz y Caridad

La prueba del éxito en la educación no es lo que un muchacho sabe, según los examenes, al salir del colegio, sino lo que está haciendo diez años más tarde. (Robert Baden-Powel)

LIBERTAD Y LEY NATURAL

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Libertad y ley natural

El artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada en 1948, establece que​: “Todos tienen derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye la libertad de mantener opiniones sin interferencia y de buscar, recibir e impartir información e ideas a través de cualquier medio y sin importar las fronteras».

Relación con otros derechos: El derecho a la libertad de expresión está estrechamente relacionado con otros derechos y puede estar limitado cuando entra en conflicto con otros derechos.​

Escogemos este mes un tema que sin duda es de destacada actualidad, dada la constante problemática social que en nuestros días se produce cono motivo de diferentes circunstancias que enfrentan a unos colectivos contra otros colectivos de ciudadanos. Cuestión delicada de analizar, pues siempre puede resultar difícil a quién dar la razón. Necesitamos, pues, recurrir a la LEY NATURAL, aquella que está fuera del tiempo y que no se atiene a ningún tipo de privilegio y que es incapaz de inclinar su balanza a favor de quien tenga una posición social más fuerte, más cercanía al poder, o pueda verse favorecida por cualquier tipo de favor hacia aquellos que ostentan el poder o la capacidad de decidir posicionarse a uno u otro lado de la balanza para impartir justicia.

Como sabemos, todas las leyes de los hombres están sujetas al tiempo y al grado de civilización alcanzado; no son perfectas, así como los hombres que las promulgan tampoco lo son; son si acaso un acercamiento a la ley natural que, con el avance de las sociedades y principalmente debido a la aparición en escena de hombres buenos y sabios, hacen que la legislación se vaya perfeccionando, propiciando el cambio para mejor de la sociedad en unos pocos años, lo que no se pudo conseguir quizás en décadas. Pero sabido es que a lo largo de los siglos se establecieron muchas leyes completamente injustas que, sin embargo, se vieron en su momento aprobadas o bien vistas por una mayoría social; quizá por eso se pudieron mantener durante un tiempo, como por ejemplo, y sin ir muy lejos hacia el pasado, la ley que permitía la esclavitud, el comercio de seres humanos que provocó tanto dolor y tantas tragedias. Y así, muchas leyes se establecen para favorecer a unos pocos en perjuicio de una mayoría que en general son las clases más débiles.

Así pues, veamos lo que nos dicen los espíritus acerca de la libertad en general, ya que el libro de los espíritus en su apartado de las leyes morales no hace mención explícita a la libertad de expresión, ya que es un término relativamente moderno en cuanto a su incidencia en nuestra sociedad, pero sí que traza unas líneas maestras de las que podemos extraer consecuencias muy claras y precisas.

Libro de los espíritus, pregunta 825: ¿Hay posiciones en el mundo en las que el hombre pueda jactarse de disfrutar de libertad absoluta? –No, porque todos necesitáis los unos de los otros, así los humildes como los poderosos.

Pregunta 826: ¿En qué condición podría el hombre gozar de absoluta libertad? –El eremita en un desierto. Tan pronto como haya dos hombres juntos, tendrán derechos ajenos que respetar y, por tanto, ya no gozarán de libertad absoluta.

Por tanto, de esta forma tan sencilla aparece el término respeto, que es lo que a veces se nos olvida poner en práctica; pensamos sólo en nuestros intereses, no calculamos el daño que podemos hacer al manifestarnos de manera totalmente “libre” y sin reparar en sus consecuencias y en el perjuicio que podemos ocasionar a otros en virtud de dicha libertad de expresión, tan cacareada últimamente. Este es el fallo que se produce y que genera por contrapartida nuevos problemas y enfrentamientos.

Nuestra libertad primera y última termina donde comienza la de los demás. Esto no es una simple frase, es la clave para no atentar y faltar al respeto a nuestros hermanos de sociedad, y es lo que no se tiene en cuenta. Precisamente, en la declaración de los derechas humanos se contempla esta posibilidad, y por dicha razón se pone un tope o una limitación en cuanto a la manera en que se debe ejercer la libertad de expresión. Sin embargo, en la práctica es muy difícil de controlar. Si cada uno de nosotros se tomara la justicia por su mano, este mundo nuestro sería ingobernable y se cometerían infinidad de injusticias y errores difícilmente reparables en un futuro.

La libertad de expresión debe ejercerse teniendo siempre en cuenta el respeto hacia los otros, y en ello va implícita su intimidad, su privacidad, su dignidad y todos los valores que nos deben proteger por encima de los individualismos y los intereses particulares.

            Con el pretexto de la libertad de expresión no se debe faltar el respeto a ideas, creencias o formas de entender la vida que no concuerden con las nuestras; siempre por encima de todo deben prevalecer la aceptación del diferente, la tolerancia, la moderación y la prudencia. Cuánto daño están haciendo las nuevas tecnologías, internet y los medios de comunicación difundiendo todo tipo de noticias, vídeos, fotografías, muchas veces falsas o cuanto menos falseando la verdad, lanzando a la luz pública en todo el mundo de manera instantánea contenidos que pueden perjudicar y perturbar la vida de una persona y marcarla para siempre. A menos que esta persona sea lo suficientemente fuerte y tenga una educación, preparación o pueda recibir la ayuda necesaria para retomar su vida después de haberse visto afectada, sin su permiso ni consentimiento, por una serie de difamaciones que por otra parte no son del interés de nadie, salvo de aquellos que por intereses económicos u otro tipo de motivos espurios den publicidad a hechos que, cuando menos, se deben reservar par la intimidad de la persona.

No estamos educados para el momento que estamos viviendo. Las leyes hacen lo que pueden, y las personas que deben velar para el cumplimiento de las mismas, digamos también que hacen lo que pueden para no profundizar más en el tema, pero es completamente insuficiente. Lo primordial es la educación en valores, de los cuales carecemos, y no aspiramos una gran mayoría social a tenerlos y sobre todo a preservarlos. Nos gusta tomarnos la libertad para todo, exigimos el derecho a todo, ¿pero qué decir de la responsabilidad?, ¿nos hacemos luego responsables de los daños que podamos cometer? Libertad y responsabilidad van unidos de la mano, la misma libertad que ejerzo para manifestarme y obrar libremente, exige de mi al menos la responsabilidad del mal que pueda cometer.

Por tanto, necesitamos ser conscientes de todo lo que conlleva el ejercicio de la libertad. Si cortamos una carretera para ejercer nuestros derechos, los que sean, impedimos que cientos, miles de personas puedan desempeñar su trabajo al que también tienen derecho; por consiguiente, estamos produciendo un mal, un trastorno que tiene una repercusión y causa diferentes tipos de daños y perjuicios a otros, ¿Es esto compatible? ¿O estoy actuando de modo egoísta y sin pensar en dichos perjuicios? ¿Quién paga los platos rotos?

Nos falta comprender que no estamos solos en la sociedad. No somos ermitaños; ellos no tienen a quien perjudicar, a quien respetar, han elegido ese modo de vida; pero los que vivimos en sociedad debemos ser conscientes y responsables y debemos hallar el camino que nos permita luchar por nuestros ideales, creencias, lo que sea para defenderlos y luchar por ellos; entonces demostraremos la razón que nos asiste, nos podremos ganar el respeto y la aprobación de todos, demostraremos madurez, experiencia, cordura y seguro que hallaremos el modo de ser escuchados y tenidos en cuenta.

          Pero si tomamos el camino del medio, como solemos decir, encontraremos rechazo, violencia, desagrado, incomprensión y mucha resistencia, lo contrario de lo que queremos. En los tiempos que vivimos no se pueden conseguir muchos logros por la fuerza; ese modo de actuar pertenece al pasado.

Estamos muy centrados en la creencia de que las leyes sociales, las leyes establecidas, son capaces de resolver los problemas que más nos acucian y que saltan día a día a la actualidad de la calle, y sin embargo vemos que no es así: hecha la ley, hecha la trampa, máxime cuando las condiciones sociales no acompañan sino que, por el contrario, no son entendidas ni compartidas por una mayoría social que se ve privada de muchos recursos mientras otros disfrutan de diferentes privilegios.

Hemos de girar la vista, debemos encontrar solución a los problemas que nos acucian y que generan tanta distorsión y sufrimiento, y eso es solo posible conectando con lo que somos realmente,  espíritus en un mundo que no es precisamente el paraíso; es un mundo y una vida en la que estamos para adquirir experiencia, sabiduría, aprender la lecciones que la vida nos presenta paulatinamente y elevarnos por encima de lo material y lo superfluo. En este sentido, aprender a vivir en sociedad respetando al prójimo es una forma de adelantar muy rápido.

Girar la vista es empezar por el principio, escuchar nuestra conciencia, ahí está escrita la Ley de Dios; estamos perfectamente capacitados para distinguir el bien del mal. La ley se puede resumir de ese modo tan sencillo y ponerlo en práctica. Por más que queramos, se puede decir que las leyes sociales son una especie de envoltorio que se da a la Ley Natural, que es la que debemos seguir. Queremos interpretar las leyes de Dios y les damos una y otra vuelta, una y otra interpretación, cuando en muchas ocasiones bastaría escuchar la voz de la conciencia, ponernos en el lugar de los demás y no hacer para ellos lo que no nos gustaría que nos hiciesen.

Practicar la caridad, desempolvar ese baúl que todos escondemos y en cuyo interior hay infinidad de amor, de fraternidad y de ternura y cariño hacia todo, pero que lo guardamos solo para nosotros, pensando que se puede gastar. El Maestro nos dijo: ¿de qué nos vale ganar el mundo si perdemos el alma en ello?, y eso nos está afectando demasiado para nuestro progreso y elevación spiritual, que es el objeto de la vida. Hacernos fuertes, desarrollar el carácter y sacar a la luz los valores de los que somos herederos, el amor y la sabiduría por excelencia.

Así que, o volvemos al sendero del conocimiento espiritual, haciendo de las leyes universales nuestro cuaderno de bitácora, o estamos destinados al fracaso en cuanto a conseguir los logros por los que hemos encarnado, por muy bien que nos vaya, material y socialmente hablando.Bajo la luz del espiritismo somos de libre albedrío; si no fuera así, seriamos máquinas sin voluntad de maniobra, pero la libertad también conlleva responsabilidad, y tenemos suficiente racionalidad para distinguir el bien del mal; es lo que nos diferencia del reino animal, que sólo se rige por sus instintos. De ahí que a la hora de aplicar nuestros derechos sepamos también cuáles son las obligaciones que tenemos para con nuestros congéneres; es el camino para no crear más conflictos de los que ya tenemos y para sembrar un mañana más venturoso y feliz.

Ahora cosechamos inevitablemente los frutos que sembramos. Nuestra vida actual está condicionada en parte por ese pasado que ahora se nos presenta, pero hemos de aprender la lección y tenemos la oportunidad de, respetando al prójimo y deseándole lo mismo que a nosotros, adelantar un peldaño más en este empinado camino de la evolución.

Ley humana o ley de Dios, cada uno de nosotros tiene la libertad de decisión; lo que más nos conviene sin duda es someternos, por comprensión y razonamiento, a la ley de Dios, que solo nos propiciará parabienes. En muchísimas ocasiones las leyes de los hombres, pese a su envoltorio de legalidad, no tienen nada de ética ni de moralidad espiritual; después sufriremos sus consecuencias y recogeremos el fruto que nos corresponda, dulce o amargo, según el grado de comprensión que tengamos entre el bien y el mal.

Libertad y ley natural por:  Fermín Hernández

© Amor, Paz y Caridad, 2019

LA VIDA: UN CAMINO DE AMOR Y SABIDURÍA

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La vida: Un camino de amor y sabiduría

¿Qué es la vida? Es esta una gran pregunta, simple y breve, pero de gran profundidad. Se podría contestar de mil y una formas, cada cual dependiendo de su grado de experiencia, de su formación, de sus preferencias, de sus conocimientos e incluso según sus ilusiones y expectativas. Nosotros  vamos a intentar responderla con simplicidad y profundidad al mismo tiempo, procurando acercarnos lo mejor posible al terreno espiritual que es lo que mas nos interesa.

La vida es de por sí sencilla, es una serie de acontecimientos que se van sucediendo uno tras otro y a los que hemos de dar igualmente respuesta, afrontándolos con buena actitud y  predisposición, con soltura y dinamismo, con alegría y determinación, con sentido de responsabilidad y conciencia.

Otra cosa es que, debido a nuestros intereses, a la falta de control sobre nuestros impulsos o a decisiones erróneas en momentos determinados, se nos vaya complicando la vida. Pero a priori, la vida es sencilla y es esencialmente una oportunidad de progreso. Deberíamos considerar cada día como una bendición y un motivo para estar dichosos al poder hacer bien las cosas, alcanzando así un grado más elevado en nuestra evolución. Esto es una realidad palpable y cierta, depende de nosotros.

Nadie mejor que nosotros somos capaces de complicarnos la vida, o bien lo contrario, de hacer cada día un elemento motivador y de emprendimiento.

Tener plena conciencia del porqué estamos aquí, para lograr aprovechar bien el tiempo. Comprender que todos cometemos errores, por lo que hemos de ser tolerantes. Admitir que cada uno de nosotros, por haber alcanzado un nivel y estar en un grado de maduración de nuestra evolución, tenemos nuestras propias opiniones diferentes a las de otros, por lo tanto hemos de ser respetuosos con todos, amables, comprensivos, afectuosos para poder convivir juntos y con armonía. No hay otro secreto más que el saber compartir y ser buen amigo y compañero.

Para poder vivir en armonía en esta sociedad  hace falta tener un gran corazón y un poco de sabiduría, y no lo contrario. Quien apuesta más por la sabiduría, a falta de valores en su personalidad, es más fácil que se equivoque ante las pruebas y decisiones que la vida le pueda deparar. Nos referimos a errores en el sentido espiritual, el cual infinidad de veces está reñido con el aspecto material. Lo que es bueno en un sentido puede no serlo en el otro: «aquí hay que procurar atinar». Somos muchos los que, al dejar la materia, nos encontramos con que infinidad de las cosas que pensamos que hicimos bien no lo fueron, además de tantas otras que dejamos de hacer por no haberles dado la debida importancia. En esta cuestión tiene mucho que ver anteponer la mente y las ideas al corazón.

El hombre sabio lo es porque ha llegado a un grado de perfeccionamiento superior de sus cualidades, especialmente en el desarrollo de aquellas virtudes que se desprenden del tronco del amor. No se llega a la sabiduría por el solo hecho de adquirir conocimientos. La inteligencia y la sabiduría son dos cosas diferentes. Se puede haber adquirido un gran caudal de conocimientos y ser muy inteligente, pero esto no da la sabiduría. El amor y la sabiduría van sin duda de la mano y dan como resultado el sentido de la justicia, un valor o cualidad a destacar también como parte esencial del espíritu.

No basta con alcanzar la sabiduría, es necesario saber utilizarla

Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.

En el actual estado de evolución en el que nos encontramos, estamos en mi opinión más faltos de amor que de otra serie de cualidades. Aunque no se puede discriminar a ninguna de ellas, sencillamente vamos progresando vida tras vida y nos vamos elevando poco a poco en cada nueva existencia. No obstante, por defecto se aprecia más en estos estadios de baja evolución lo que son los valores intelectuales, quizás porque en el aspecto material se tiene una ventaja sobre las personas menos formadas y capacitadas intelectualmente.

Sin embargo, nuestra mente y la cultura en la que nos desenvolvemos se puede volver en nuestra contra, al actuar con orgullo, amor propio, soberbia, vanidad, codicia, o incluso con maldad, al hacer un uso inadecuado y egoísta de nuestras capacidades intelectuales. A falta de un desarrollo moral ante las experiencias de la vida es muy fácil equivocarnos al dejarnos llevar por el yo y la arrogancia de nuestro súper ego, y la creencia de que por tener mas conocimientos que los otros siempre nos deben dar la razón. Creemos también que en base a nuestra inteligencia no nos podemos equivocar, y lo peor que ocurre es que ya de por sí la base que sostiene nuestra actitud y comportamiento es errónea. La ceguera espiritual que poseemos por la arrogancia de creemos superiores nos impide comprender la posición en la que nos encontramos.

Lo único que es superior en las personas dotadas de grandes capacidades intelectuales y un buen fondo de conocimientos es su grado de responsabilidad, porque al que más sabe más se le exige. Y se le exige a nivel espiritual obras y ejemplo. Las palabras se las lleva el viento. Muchas grandes empresas han fracasado debido precisamente a que sus líderes -los cuales en muchas ocasiones se auto proclaman líderes-, por exceso de engreimiento, de arrogancia y de afán de superioridad no han sabido gestionar ni convivir con la humildad y la sencillez que requiere ser un líder. Se fanatizan, se endiosan, se vuelven extremistas y no suelen hacer caso de los buenos consejos y ejemplos que les brinda su entorno. En definitiva, si la capacidad intelectual es guiada por el amor, la humildad y especialmente por un trato de igual a igual con su entorno, se puede hacer mucho bien y ayudar sobremanera a todo un equipo o conjunto.

El amor, además de ser lo más necesario para nuestra humanidad, es un atajo, por así decirlo, para llegar a la senda de la sabiduría. Obrando con amor, por el bien común, tratando de no perjudicar ni de estar por encima de nadie, se adelanta muchísimo en una sola vida y nos da la oportunidad de que, cuando se vayan engrandeciendo en nosotros los valores intelectuales, los empleemos en el bien, con lo cual es muchísimo lo que puede adelantar el espíritu si se va encauzando en la vida en la forma citada, es decir, dándole preferencia a los valores que más tienen que ver con el amor y la caridad.

No sabe más el que más cosas sabe, sino el que sabe las que más importan.

Bernardino Rebolledo (1597-1676). Militar, poeta, diplomático español.

Si revisamos la vida del espíritu más adelantado que encarnó en la Tierra, Jesús de Nazaret, y las enseñanzas que nos han llegado mediante los evangelios, llegaremos sin duda a obtener una respuesta positiva en este sentido, sin menoscabar las virtudes de las capacidades intelectuales. La grandeza del maestro estribaba en su capacidad de amor, el amor mueve al ser humano más que nada de este mundo. La inteligencia nos arroja mucha luz, pero en muchas ocasiones queda ahí, no nos mueve a la acción de la forma en que lo hace  el amor.

Pero hemos querido expresar con claridad que sabio no es el que más sabe, sino aquel que se ha perfeccionado equilibradamente en estos dos sentidos. Particularmente nos decantamos por dar preferencia, en estos mundos inferiores en los que nos encontramos, a los valores relacionados con el amor, la humildad y la limpieza de corazón.

Los dos elementos son necesarios, con la particularidad de que si nos equivocamos por amor,  que también ocurre, por supuesto, siempre será, seguramente, menos dolorosa su consecuencia. Aunque no seamos conscientes, el amor en muchas ocasiones nos puede llevar a obrar con sabiduría, moviliza la conciencia, la intuición; por ley de vibración nos une a los planos espirituales superiores, donde se encuentran aquellas entidades espirituales que vibran con deseos de bien y de amor hacia nuestra humanidad.

Tolerancia, respeto, sencillez, humildad… valoremos la oportunidad que tenemos de ser felices, solo por el hecho de estar aquí y de responder acertadamente a las pruebas que la vida nos pone delante; empleemos el sentido común, analicemos, reflexionemos, pensemos, seamos conscientes de nuestro compromiso con la vida, con la ley y de nuestra responsabilidad, pero pongamos el corazón como brújula y guía en nuestras decisiones; hará nuestro camino y el de los demás más fácil. No nos olvidemos de poner bondad, caridad, indulgencia en nuestros sentimientos.

La mayor sabiduría consiste en diferenciar el bien del mal, esto es lo realmente importante, y si no tenemos un buen cimiento de amor, humildad y bondad, francamente nos será muy difícil en muchas ocasiones acertar, porque siempre aparecerán esas grandes debilidades fruto del egoísmo y de las imperfecciones humanas que provienen de la carencia de amor.

El intelecto es una gran herramienta para el ser espiritual, pero es muy difícil de dominar, y por ello es conveniente vigilar nuestra actitud y el camino por donde nos puede llevar.

Si no tengo amor, no tengo nada.

Pablo de Tarso.

La vida: Un camino de amor y sabiduría por: Fermín Hernández Hernández

© Amor, Paz y Caridad, 2018

EL NACIONALISMO 2

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Nacionalismo 2
Dominio público, Enlace

Debemos comenzar por corregir los conceptos que tenemos. Bajo la luz del espiritismo, la reencarnación nos enseña que somos ciudadanos del Universo, no somos valencianos, o españoles, o europeos, somos ciudadanos del mundo, y no sólo de este mundo, porque en verdad, puede que en la próxima existencia emigremos a otro planeta que se adapte mejor a nuestras circunstancias espirituales, y debamos cambiar. Es un hecho muy natural que los espíritus cambien de existencia en otros planetas para adelantar su perfeccionamiento, esto está recogido ampliamente en la codificación Kardeciana.

Nada nos pertenece en realidad, todo es un préstamo concedido por lo alto. Lo cierto e irrefutable es que una vida, por muy larga que sea, son apenas unos pocos años: 40, 60, 80, 100… nada comparable con la vida del espíritu, que es eterna, y que se sirve de las experiencias en el cuerpo físico para avanzar, para aprender sin cesar. Cada vida representa un nuevo escenario, nuevas expectativas de progreso; pero una vez alcanzadas esas enseñanzas, deja esa vida y se marcha a otro lugar, a otro distinto; unas veces lo hace de forma voluntaria y otras obligado por tener que someterse a reajustes de su karma.

Por tanto, no es conveniente ni acertado hacer una campaña radical en todo lo que se refiere a nuestra tierra y cultura, porque tampoco nos pertenecen; son heredadas de los ancestros, de los espíritus que reencarnaron allí antes.

Cuando inexorablemente llegue con la muerte del cuerpo físico el momento de nuestra partida, ¿dónde iremos después? Recordemos otra vez las palabras del Maestro: El espíritu, donde quiere, sopla; y oyes su voz: mas no sabes de donde viene, ni adónde va; así es todo aquel que es nacido de espíritu. En qué manos quedarán «nuestra tierra» y nuestro nacionalismo; dónde quedarán una vez nos veamos en esa otra dimensión, alejados y desconectados de la tierra, y podamos comprender lo pueril de nuestros argumentos. Y eso no es todo, porque la ley nos puede enviar en la próxima existencia al otro extremo del globo.

Quizás para recibir una gran lección nos hará reencarnar allí donde veíamos una nación enemiga, un pueblo al que sólo le profesábamos odio, o envidia, o cualquier otro sentimiento mezquino. ¿Adoptaremos entonces otra vez una posición extremista en cuanto al nacionalismo se refiere? Es muy probable, ya que la tierra o la nación en la que estamos encarnados carece de sentimientos; son nuestra mente y nuestra carencia de valores, el amor propio, el orgullo y la soberbia los que nos hacen creer que en lo nuestro está lo mejor, y que nadie tiene derecho a compartir aquello que consideramos propio.

Pongamos un ejemplo. De todos es sabido que entre naciones cercanas se ha creado una gran rivalidad y competencia, debido a la proximidad; se puede dar el caso de que, como franceses, odiamos a los ingleses, porque han sido enemigos históricos. La ley, para darnos una lección y llevarnos a comprender que todos somos hermanos e iguales, nos hará encarnar la próxima vida en Inglaterra; entonces nos inculcarán los valores y la historia de esa nación, odiaremos y veremos a los franceses como nuestros rivales y enemigos; y así podremos estar todo el tiempo que necesitemos hasta que se haga la luz en nuestra conciencia, maduremos como seres espirituales que somos y desarrollemos la humildad, la sencillez y el respeto hacia todos.

¿No nos parece esta situación un completo despropósito?

El nacionalismo es la extraña creencia de que un país es mejor que otro en virtud de que naciste ahí.

(George Bernard Shaw. Nobel de literatura irlandés).

Ahora bien, a la luz de la reencarnación es muy fácil comprender que no debemos encasillarnos, creernos mejores o superiores a los demás, y mucho menos crear barreras o establecer diferencias de clase, de raza o de cualquier otra naturaleza que pueda conllevar marginar o tratar con desprecio y rechazo a los que no consideramos que son de los nuestros.

A nada positivo conducen los sentimientos llevados a la exageración, al fanatismo y a los extremismos. Estamos aquí para comprender a los demás, entonces nos comprenderemos a nosotros mismos. Estamos para tolerar, respetar, compartir y amar. Todos somos iguales y todos somos hermanos; las actitudes y decisiones que se salgan de aquí no conducen nada más que al error, potencian el egoísmo, la ambición y la ruptura y el separatismo entre los pueblos, cosa que es contraria a la ley natural.

Lamentablemente, en muchas ocasiones el nacionalismo va  unido a otro tipo de actitudes, pues el simple hecho de tener un apego exacerbado hacia todo lo que es su propia nación hace que sienta un rechazo y menosprecio hacia las otras nacionalidades y gentes que no comparten sus tradiciones y costumbres. De aquí se desprende el rechazo a lo diferente, el racismo y otro tipo de sentimientos de esta especie que traen el separatismo; la división y hasta odio y resentimiento a todo aquello que quede fuera de sus limitados argumentos, y rompen la convivencia y las estructuras de la sociedad.

Las imperfecciones humanas juegan aquí un rol muy importante: nos hacen creer que estamos cargados de razón, nos hacen pensar que los otros pueblos, incluso aunque sean buenos vecinos, molestan, nos perjudican; no nos interesa compartir nada con ellos, las diferencias son muy importantes y nosotros debemos caminar solos, sin injerencias externas; sin que nada sea un obstáculo para, en definitiva, satisfacer el egoísmo, las vanidades, el afán de protagonismo y, cómo no, los intereses económicos (como telón de fondo).

Ahora, cuando la humanidad camina de forma imparable hacia la globalización, con todo sus pros y sus contras (porque nada hay perfecto en nuestro mundo y porque las tendencias nuevas se tienen que asimilar y perfeccionar), ahora hay un germen de xenofobia, de separatismo por muchos lados que pretenden ir contracorriente, encerrarse en sí mismos, aprovecharse sólo para sus espurios intereses; de lo que para ellos sea beneficioso de la globalización, pero al mismo tiempo separarse, creando barreras y nuevas fronteras si pudieran. Alejarse de las leyes que a todos nos han de gobernar, rompiendo las bases de la convivencia y de los nuevos derroteros que se están generando a nivel internacional, ya que el mundo está cambiando sustancialmente a una velocidad de vértigo y se debe tender hacia la unidad, el entendimiento y la cooperación al máximo en todos los niveles.

Si hay que buscar soluciones y maneras de convivir con la globalización y la inmigración, desde luego que el nacionalismo no es la solución.

No olvidemos las consecuencias que ha provocado el nacionalismo en nuestra humanidad siempre que ha tenido la oportunidad de manifestarse e imponer su ley: guerras que sembraron de terror y de miseria la humanidad, sesgando la vida de millones y millones de seres humanos. Se sabe cómo se empieza, con buenos propósitos aparentemente, pero también se sabe cómo terminaron.

Nacionalismo 2 por:  Fermín Hernández

© Amor, Paz y Caridad, 2018