EL NACIONALISMO 2

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Nacionalismo 2
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Debemos comenzar por corregir los conceptos que tenemos. Bajo la luz del espiritismo, la reencarnación nos enseña que somos ciudadanos del Universo, no somos valencianos, o españoles, o europeos, somos ciudadanos del mundo, y no sólo de este mundo, porque en verdad, puede que en la próxima existencia emigremos a otro planeta que se adapte mejor a nuestras circunstancias espirituales, y debamos cambiar. Es un hecho muy natural que los espíritus cambien de existencia en otros planetas para adelantar su perfeccionamiento, esto está recogido ampliamente en la codificación Kardeciana.

Nada nos pertenece en realidad, todo es un préstamo concedido por lo alto. Lo cierto e irrefutable es que una vida, por muy larga que sea, son apenas unos pocos años: 40, 60, 80, 100… nada comparable con la vida del espíritu, que es eterna, y que se sirve de las experiencias en el cuerpo físico para avanzar, para aprender sin cesar. Cada vida representa un nuevo escenario, nuevas expectativas de progreso; pero una vez alcanzadas esas enseñanzas, deja esa vida y se marcha a otro lugar, a otro distinto; unas veces lo hace de forma voluntaria y otras obligado por tener que someterse a reajustes de su karma.

Por tanto, no es conveniente ni acertado hacer una campaña radical en todo lo que se refiere a nuestra tierra y cultura, porque tampoco nos pertenecen; son heredadas de los ancestros, de los espíritus que reencarnaron allí antes.

Cuando inexorablemente llegue con la muerte del cuerpo físico el momento de nuestra partida, ¿dónde iremos después? Recordemos otra vez las palabras del Maestro: El espíritu, donde quiere, sopla; y oyes su voz: mas no sabes de donde viene, ni adónde va; así es todo aquel que es nacido de espíritu. En qué manos quedarán “nuestra tierra” y nuestro nacionalismo; dónde quedarán una vez nos veamos en esa otra dimensión, alejados y desconectados de la tierra, y podamos comprender lo pueril de nuestros argumentos. Y eso no es todo, porque la ley nos puede enviar en la próxima existencia al otro extremo del globo.

Quizás para recibir una gran lección nos hará reencarnar allí donde veíamos una nación enemiga, un pueblo al que sólo le profesábamos odio, o envidia, o cualquier otro sentimiento mezquino. ¿Adoptaremos entonces otra vez una posición extremista en cuanto al nacionalismo se refiere? Es muy probable, ya que la tierra o la nación en la que estamos encarnados carece de sentimientos; son nuestra mente y nuestra carencia de valores, el amor propio, el orgullo y la soberbia los que nos hacen creer que en lo nuestro está lo mejor, y que nadie tiene derecho a compartir aquello que consideramos propio.

Pongamos un ejemplo. De todos es sabido que entre naciones cercanas se ha creado una gran rivalidad y competencia, debido a la proximidad; se puede dar el caso de que, como franceses, odiamos a los ingleses, porque han sido enemigos históricos. La ley, para darnos una lección y llevarnos a comprender que todos somos hermanos e iguales, nos hará encarnar la próxima vida en Inglaterra; entonces nos inculcarán los valores y la historia de esa nación, odiaremos y veremos a los franceses como nuestros rivales y enemigos; y así podremos estar todo el tiempo que necesitemos hasta que se haga la luz en nuestra conciencia, maduremos como seres espirituales que somos y desarrollemos la humildad, la sencillez y el respeto hacia todos.

¿No nos parece esta situación un completo despropósito?

El nacionalismo es la extraña creencia de que un país es mejor que otro en virtud de que naciste ahí.

(George Bernard Shaw. Nobel de literatura irlandés).

Ahora bien, a la luz de la reencarnación es muy fácil comprender que no debemos encasillarnos, creernos mejores o superiores a los demás, y mucho menos crear barreras o establecer diferencias de clase, de raza o de cualquier otra naturaleza que pueda conllevar marginar o tratar con desprecio y rechazo a los que no consideramos que son de los nuestros.

A nada positivo conducen los sentimientos llevados a la exageración, al fanatismo y a los extremismos. Estamos aquí para comprender a los demás, entonces nos comprenderemos a nosotros mismos. Estamos para tolerar, respetar, compartir y amar. Todos somos iguales y todos somos hermanos; las actitudes y decisiones que se salgan de aquí no conducen nada más que al error, potencian el egoísmo, la ambición y la ruptura y el separatismo entre los pueblos, cosa que es contraria a la ley natural.

Lamentablemente, en muchas ocasiones el nacionalismo va  unido a otro tipo de actitudes, pues el simple hecho de tener un apego exacerbado hacia todo lo que es su propia nación hace que sienta un rechazo y menosprecio hacia las otras nacionalidades y gentes que no comparten sus tradiciones y costumbres. De aquí se desprende el rechazo a lo diferente, el racismo y otro tipo de sentimientos de esta especie que traen el separatismo; la división y hasta odio y resentimiento a todo aquello que quede fuera de sus limitados argumentos, y rompen la convivencia y las estructuras de la sociedad.

Las imperfecciones humanas juegan aquí un rol muy importante: nos hacen creer que estamos cargados de razón, nos hacen pensar que los otros pueblos, incluso aunque sean buenos vecinos, molestan, nos perjudican; no nos interesa compartir nada con ellos, las diferencias son muy importantes y nosotros debemos caminar solos, sin injerencias externas; sin que nada sea un obstáculo para, en definitiva, satisfacer el egoísmo, las vanidades, el afán de protagonismo y, cómo no, los intereses económicos (como telón de fondo).

Ahora, cuando la humanidad camina de forma imparable hacia la globalización, con todo sus pros y sus contras (porque nada hay perfecto en nuestro mundo y porque las tendencias nuevas se tienen que asimilar y perfeccionar), ahora hay un germen de xenofobia, de separatismo por muchos lados que pretenden ir contracorriente, encerrarse en sí mismos, aprovecharse sólo para sus espurios intereses; de lo que para ellos sea beneficioso de la globalización, pero al mismo tiempo separarse, creando barreras y nuevas fronteras si pudieran. Alejarse de las leyes que a todos nos han de gobernar, rompiendo las bases de la convivencia y de los nuevos derroteros que se están generando a nivel internacional, ya que el mundo está cambiando sustancialmente a una velocidad de vértigo y se debe tender hacia la unidad, el entendimiento y la cooperación al máximo en todos los niveles.

Si hay que buscar soluciones y maneras de convivir con la globalización y la inmigración, desde luego que el nacionalismo no es la solución.

No olvidemos las consecuencias que ha provocado el nacionalismo en nuestra humanidad siempre que ha tenido la oportunidad de manifestarse e imponer su ley: guerras que sembraron de terror y de miseria la humanidad, sesgando la vida de millones y millones de seres humanos. Se sabe cómo se empieza, con buenos propósitos aparentemente, pero también se sabe cómo terminaron.

Nacionalismo 2 por:  Fermín Hernández

© Amor, Paz y Caridad, 2018

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