LA VIDA: UN CAMINO DE AMOR Y SABIDURÍA

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La vida: Un camino de amor y sabiduría

¿Qué es la vida? Es esta una gran pregunta, simple y breve, pero de gran profundidad. Se podría contestar de mil y una formas, cada cual dependiendo de su grado de experiencia, de su formación, de sus preferencias, de sus conocimientos e incluso según sus ilusiones y expectativas. Nosotros  vamos a intentar responderla con simplicidad y profundidad al mismo tiempo, procurando acercarnos lo mejor posible al terreno espiritual que es lo que mas nos interesa.

La vida es de por sí sencilla, es una serie de acontecimientos que se van sucediendo uno tras otro y a los que hemos de dar igualmente respuesta, afrontándolos con buena actitud y  predisposición, con soltura y dinamismo, con alegría y determinación, con sentido de responsabilidad y conciencia.

Otra cosa es que, debido a nuestros intereses, a la falta de control sobre nuestros impulsos o a decisiones erróneas en momentos determinados, se nos vaya complicando la vida. Pero a priori, la vida es sencilla y es esencialmente una oportunidad de progreso. Deberíamos considerar cada día como una bendición y un motivo para estar dichosos al poder hacer bien las cosas, alcanzando así un grado más elevado en nuestra evolución. Esto es una realidad palpable y cierta, depende de nosotros.

Nadie mejor que nosotros somos capaces de complicarnos la vida, o bien lo contrario, de hacer cada día un elemento motivador y de emprendimiento.

Tener plena conciencia del porqué estamos aquí, para lograr aprovechar bien el tiempo. Comprender que todos cometemos errores, por lo que hemos de ser tolerantes. Admitir que cada uno de nosotros, por haber alcanzado un nivel y estar en un grado de maduración de nuestra evolución, tenemos nuestras propias opiniones diferentes a las de otros, por lo tanto hemos de ser respetuosos con todos, amables, comprensivos, afectuosos para poder convivir juntos y con armonía. No hay otro secreto más que el saber compartir y ser buen amigo y compañero.

Para poder vivir en armonía en esta sociedad  hace falta tener un gran corazón y un poco de sabiduría, y no lo contrario. Quien apuesta más por la sabiduría, a falta de valores en su personalidad, es más fácil que se equivoque ante las pruebas y decisiones que la vida le pueda deparar. Nos referimos a errores en el sentido espiritual, el cual infinidad de veces está reñido con el aspecto material. Lo que es bueno en un sentido puede no serlo en el otro: “aquí hay que procurar atinar”. Somos muchos los que, al dejar la materia, nos encontramos con que infinidad de las cosas que pensamos que hicimos bien no lo fueron, además de tantas otras que dejamos de hacer por no haberles dado la debida importancia. En esta cuestión tiene mucho que ver anteponer la mente y las ideas al corazón.

El hombre sabio lo es porque ha llegado a un grado de perfeccionamiento superior de sus cualidades, especialmente en el desarrollo de aquellas virtudes que se desprenden del tronco del amor. No se llega a la sabiduría por el solo hecho de adquirir conocimientos. La inteligencia y la sabiduría son dos cosas diferentes. Se puede haber adquirido un gran caudal de conocimientos y ser muy inteligente, pero esto no da la sabiduría. El amor y la sabiduría van sin duda de la mano y dan como resultado el sentido de la justicia, un valor o cualidad a destacar también como parte esencial del espíritu.

No basta con alcanzar la sabiduría, es necesario saber utilizarla

Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.

En el actual estado de evolución en el que nos encontramos, estamos en mi opinión más faltos de amor que de otra serie de cualidades. Aunque no se puede discriminar a ninguna de ellas, sencillamente vamos progresando vida tras vida y nos vamos elevando poco a poco en cada nueva existencia. No obstante, por defecto se aprecia más en estos estadios de baja evolución lo que son los valores intelectuales, quizás porque en el aspecto material se tiene una ventaja sobre las personas menos formadas y capacitadas intelectualmente.

Sin embargo, nuestra mente y la cultura en la que nos desenvolvemos se puede volver en nuestra contra, al actuar con orgullo, amor propio, soberbia, vanidad, codicia, o incluso con maldad, al hacer un uso inadecuado y egoísta de nuestras capacidades intelectuales. A falta de un desarrollo moral ante las experiencias de la vida es muy fácil equivocarnos al dejarnos llevar por el yo y la arrogancia de nuestro súper ego, y la creencia de que por tener mas conocimientos que los otros siempre nos deben dar la razón. Creemos también que en base a nuestra inteligencia no nos podemos equivocar, y lo peor que ocurre es que ya de por sí la base que sostiene nuestra actitud y comportamiento es errónea. La ceguera espiritual que poseemos por la arrogancia de creemos superiores nos impide comprender la posición en la que nos encontramos.

Lo único que es superior en las personas dotadas de grandes capacidades intelectuales y un buen fondo de conocimientos es su grado de responsabilidad, porque al que más sabe más se le exige. Y se le exige a nivel espiritual obras y ejemplo. Las palabras se las lleva el viento. Muchas grandes empresas han fracasado debido precisamente a que sus líderes -los cuales en muchas ocasiones se auto proclaman líderes-, por exceso de engreimiento, de arrogancia y de afán de superioridad no han sabido gestionar ni convivir con la humildad y la sencillez que requiere ser un líder. Se fanatizan, se endiosan, se vuelven extremistas y no suelen hacer caso de los buenos consejos y ejemplos que les brinda su entorno. En definitiva, si la capacidad intelectual es guiada por el amor, la humildad y especialmente por un trato de igual a igual con su entorno, se puede hacer mucho bien y ayudar sobremanera a todo un equipo o conjunto.

El amor, además de ser lo más necesario para nuestra humanidad, es un atajo, por así decirlo, para llegar a la senda de la sabiduría. Obrando con amor, por el bien común, tratando de no perjudicar ni de estar por encima de nadie, se adelanta muchísimo en una sola vida y nos da la oportunidad de que, cuando se vayan engrandeciendo en nosotros los valores intelectuales, los empleemos en el bien, con lo cual es muchísimo lo que puede adelantar el espíritu si se va encauzando en la vida en la forma citada, es decir, dándole preferencia a los valores que más tienen que ver con el amor y la caridad.

No sabe más el que más cosas sabe, sino el que sabe las que más importan.

Bernardino Rebolledo (1597-1676). Militar, poeta, diplomático español.

Si revisamos la vida del espíritu más adelantado que encarnó en la Tierra, Jesús de Nazaret, y las enseñanzas que nos han llegado mediante los evangelios, llegaremos sin duda a obtener una respuesta positiva en este sentido, sin menoscabar las virtudes de las capacidades intelectuales. La grandeza del maestro estribaba en su capacidad de amor, el amor mueve al ser humano más que nada de este mundo. La inteligencia nos arroja mucha luz, pero en muchas ocasiones queda ahí, no nos mueve a la acción de la forma en que lo hace  el amor.

Pero hemos querido expresar con claridad que sabio no es el que más sabe, sino aquel que se ha perfeccionado equilibradamente en estos dos sentidos. Particularmente nos decantamos por dar preferencia, en estos mundos inferiores en los que nos encontramos, a los valores relacionados con el amor, la humildad y la limpieza de corazón.

Los dos elementos son necesarios, con la particularidad de que si nos equivocamos por amor,  que también ocurre, por supuesto, siempre será, seguramente, menos dolorosa su consecuencia. Aunque no seamos conscientes, el amor en muchas ocasiones nos puede llevar a obrar con sabiduría, moviliza la conciencia, la intuición; por ley de vibración nos une a los planos espirituales superiores, donde se encuentran aquellas entidades espirituales que vibran con deseos de bien y de amor hacia nuestra humanidad.

Tolerancia, respeto, sencillez, humildad… valoremos la oportunidad que tenemos de ser felices, solo por el hecho de estar aquí y de responder acertadamente a las pruebas que la vida nos pone delante; empleemos el sentido común, analicemos, reflexionemos, pensemos, seamos conscientes de nuestro compromiso con la vida, con la ley y de nuestra responsabilidad, pero pongamos el corazón como brújula y guía en nuestras decisiones; hará nuestro camino y el de los demás más fácil. No nos olvidemos de poner bondad, caridad, indulgencia en nuestros sentimientos.

La mayor sabiduría consiste en diferenciar el bien del mal, esto es lo realmente importante, y si no tenemos un buen cimiento de amor, humildad y bondad, francamente nos será muy difícil en muchas ocasiones acertar, porque siempre aparecerán esas grandes debilidades fruto del egoísmo y de las imperfecciones humanas que provienen de la carencia de amor.

El intelecto es una gran herramienta para el ser espiritual, pero es muy difícil de dominar, y por ello es conveniente vigilar nuestra actitud y el camino por donde nos puede llevar.

Si no tengo amor, no tengo nada.

Pablo de Tarso.

La vida: Un camino de amor y sabiduría por: Fermín Hernández Hernández

© Amor, Paz y Caridad, 2018

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