LIBERTAD Y LEY NATURAL

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Libertad y ley natural

El artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada en 1948, establece que​: “Todos tienen derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye la libertad de mantener opiniones sin interferencia y de buscar, recibir e impartir información e ideas a través de cualquier medio y sin importar las fronteras”.

Relación con otros derechos: El derecho a la libertad de expresión está estrechamente relacionado con otros derechos y puede estar limitado cuando entra en conflicto con otros derechos.​

Escogemos este mes un tema que sin duda es de destacada actualidad, dada la constante problemática social que en nuestros días se produce cono motivo de diferentes circunstancias que enfrentan a unos colectivos contra otros colectivos de ciudadanos. Cuestión delicada de analizar, pues siempre puede resultar difícil a quién dar la razón. Necesitamos, pues, recurrir a la LEY NATURAL, aquella que está fuera del tiempo y que no se atiene a ningún tipo de privilegio y que es incapaz de inclinar su balanza a favor de quien tenga una posición social más fuerte, más cercanía al poder, o pueda verse favorecida por cualquier tipo de favor hacia aquellos que ostentan el poder o la capacidad de decidir posicionarse a uno u otro lado de la balanza para impartir justicia.

Como sabemos, todas las leyes de los hombres están sujetas al tiempo y al grado de civilización alcanzado; no son perfectas, así como los hombres que las promulgan tampoco lo son; son si acaso un acercamiento a la ley natural que, con el avance de las sociedades y principalmente debido a la aparición en escena de hombres buenos y sabios, hacen que la legislación se vaya perfeccionando, propiciando el cambio para mejor de la sociedad en unos pocos años, lo que no se pudo conseguir quizás en décadas. Pero sabido es que a lo largo de los siglos se establecieron muchas leyes completamente injustas que, sin embargo, se vieron en su momento aprobadas o bien vistas por una mayoría social; quizá por eso se pudieron mantener durante un tiempo, como por ejemplo, y sin ir muy lejos hacia el pasado, la ley que permitía la esclavitud, el comercio de seres humanos que provocó tanto dolor y tantas tragedias. Y así, muchas leyes se establecen para favorecer a unos pocos en perjuicio de una mayoría que en general son las clases más débiles.

Así pues, veamos lo que nos dicen los espíritus acerca de la libertad en general, ya que el libro de los espíritus en su apartado de las leyes morales no hace mención explícita a la libertad de expresión, ya que es un término relativamente moderno en cuanto a su incidencia en nuestra sociedad, pero sí que traza unas líneas maestras de las que podemos extraer consecuencias muy claras y precisas.

Libro de los espíritus, pregunta 825: ¿Hay posiciones en el mundo en las que el hombre pueda jactarse de disfrutar de libertad absoluta? –No, porque todos necesitáis los unos de los otros, así los humildes como los poderosos.

Pregunta 826: ¿En qué condición podría el hombre gozar de absoluta libertad? –El eremita en un desierto. Tan pronto como haya dos hombres juntos, tendrán derechos ajenos que respetar y, por tanto, ya no gozarán de libertad absoluta.

Por tanto, de esta forma tan sencilla aparece el término respeto, que es lo que a veces se nos olvida poner en práctica; pensamos sólo en nuestros intereses, no calculamos el daño que podemos hacer al manifestarnos de manera totalmente “libre” y sin reparar en sus consecuencias y en el perjuicio que podemos ocasionar a otros en virtud de dicha libertad de expresión, tan cacareada últimamente. Este es el fallo que se produce y que genera por contrapartida nuevos problemas y enfrentamientos.

Nuestra libertad primera y última termina donde comienza la de los demás. Esto no es una simple frase, es la clave para no atentar y faltar al respeto a nuestros hermanos de sociedad, y es lo que no se tiene en cuenta. Precisamente, en la declaración de los derechas humanos se contempla esta posibilidad, y por dicha razón se pone un tope o una limitación en cuanto a la manera en que se debe ejercer la libertad de expresión. Sin embargo, en la práctica es muy difícil de controlar. Si cada uno de nosotros se tomara la justicia por su mano, este mundo nuestro sería ingobernable y se cometerían infinidad de injusticias y errores difícilmente reparables en un futuro.

La libertad de expresión debe ejercerse teniendo siempre en cuenta el respeto hacia los otros, y en ello va implícita su intimidad, su privacidad, su dignidad y todos los valores que nos deben proteger por encima de los individualismos y los intereses particulares.

            Con el pretexto de la libertad de expresión no se debe faltar el respeto a ideas, creencias o formas de entender la vida que no concuerden con las nuestras; siempre por encima de todo deben prevalecer la aceptación del diferente, la tolerancia, la moderación y la prudencia. Cuánto daño están haciendo las nuevas tecnologías, internet y los medios de comunicación difundiendo todo tipo de noticias, vídeos, fotografías, muchas veces falsas o cuanto menos falseando la verdad, lanzando a la luz pública en todo el mundo de manera instantánea contenidos que pueden perjudicar y perturbar la vida de una persona y marcarla para siempre. A menos que esta persona sea lo suficientemente fuerte y tenga una educación, preparación o pueda recibir la ayuda necesaria para retomar su vida después de haberse visto afectada, sin su permiso ni consentimiento, por una serie de difamaciones que por otra parte no son del interés de nadie, salvo de aquellos que por intereses económicos u otro tipo de motivos espurios den publicidad a hechos que, cuando menos, se deben reservar par la intimidad de la persona.

No estamos educados para el momento que estamos viviendo. Las leyes hacen lo que pueden, y las personas que deben velar para el cumplimiento de las mismas, digamos también que hacen lo que pueden para no profundizar más en el tema, pero es completamente insuficiente. Lo primordial es la educación en valores, de los cuales carecemos, y no aspiramos una gran mayoría social a tenerlos y sobre todo a preservarlos. Nos gusta tomarnos la libertad para todo, exigimos el derecho a todo, ¿pero qué decir de la responsabilidad?, ¿nos hacemos luego responsables de los daños que podamos cometer? Libertad y responsabilidad van unidos de la mano, la misma libertad que ejerzo para manifestarme y obrar libremente, exige de mi al menos la responsabilidad del mal que pueda cometer.

Por tanto, necesitamos ser conscientes de todo lo que conlleva el ejercicio de la libertad. Si cortamos una carretera para ejercer nuestros derechos, los que sean, impedimos que cientos, miles de personas puedan desempeñar su trabajo al que también tienen derecho; por consiguiente, estamos produciendo un mal, un trastorno que tiene una repercusión y causa diferentes tipos de daños y perjuicios a otros, ¿Es esto compatible? ¿O estoy actuando de modo egoísta y sin pensar en dichos perjuicios? ¿Quién paga los platos rotos?

Nos falta comprender que no estamos solos en la sociedad. No somos ermitaños; ellos no tienen a quien perjudicar, a quien respetar, han elegido ese modo de vida; pero los que vivimos en sociedad debemos ser conscientes y responsables y debemos hallar el camino que nos permita luchar por nuestros ideales, creencias, lo que sea para defenderlos y luchar por ellos; entonces demostraremos la razón que nos asiste, nos podremos ganar el respeto y la aprobación de todos, demostraremos madurez, experiencia, cordura y seguro que hallaremos el modo de ser escuchados y tenidos en cuenta.

          Pero si tomamos el camino del medio, como solemos decir, encontraremos rechazo, violencia, desagrado, incomprensión y mucha resistencia, lo contrario de lo que queremos. En los tiempos que vivimos no se pueden conseguir muchos logros por la fuerza; ese modo de actuar pertenece al pasado.

Estamos muy centrados en la creencia de que las leyes sociales, las leyes establecidas, son capaces de resolver los problemas que más nos acucian y que saltan día a día a la actualidad de la calle, y sin embargo vemos que no es así: hecha la ley, hecha la trampa, máxime cuando las condiciones sociales no acompañan sino que, por el contrario, no son entendidas ni compartidas por una mayoría social que se ve privada de muchos recursos mientras otros disfrutan de diferentes privilegios.

Hemos de girar la vista, debemos encontrar solución a los problemas que nos acucian y que generan tanta distorsión y sufrimiento, y eso es solo posible conectando con lo que somos realmente,  espíritus en un mundo que no es precisamente el paraíso; es un mundo y una vida en la que estamos para adquirir experiencia, sabiduría, aprender la lecciones que la vida nos presenta paulatinamente y elevarnos por encima de lo material y lo superfluo. En este sentido, aprender a vivir en sociedad respetando al prójimo es una forma de adelantar muy rápido.

Girar la vista es empezar por el principio, escuchar nuestra conciencia, ahí está escrita la Ley de Dios; estamos perfectamente capacitados para distinguir el bien del mal. La ley se puede resumir de ese modo tan sencillo y ponerlo en práctica. Por más que queramos, se puede decir que las leyes sociales son una especie de envoltorio que se da a la Ley Natural, que es la que debemos seguir. Queremos interpretar las leyes de Dios y les damos una y otra vuelta, una y otra interpretación, cuando en muchas ocasiones bastaría escuchar la voz de la conciencia, ponernos en el lugar de los demás y no hacer para ellos lo que no nos gustaría que nos hiciesen.

Practicar la caridad, desempolvar ese baúl que todos escondemos y en cuyo interior hay infinidad de amor, de fraternidad y de ternura y cariño hacia todo, pero que lo guardamos solo para nosotros, pensando que se puede gastar. El Maestro nos dijo: ¿de qué nos vale ganar el mundo si perdemos el alma en ello?, y eso nos está afectando demasiado para nuestro progreso y elevación spiritual, que es el objeto de la vida. Hacernos fuertes, desarrollar el carácter y sacar a la luz los valores de los que somos herederos, el amor y la sabiduría por excelencia.

Así que, o volvemos al sendero del conocimiento espiritual, haciendo de las leyes universales nuestro cuaderno de bitácora, o estamos destinados al fracaso en cuanto a conseguir los logros por los que hemos encarnado, por muy bien que nos vaya, material y socialmente hablando.Bajo la luz del espiritismo somos de libre albedrío; si no fuera así, seriamos máquinas sin voluntad de maniobra, pero la libertad también conlleva responsabilidad, y tenemos suficiente racionalidad para distinguir el bien del mal; es lo que nos diferencia del reino animal, que sólo se rige por sus instintos. De ahí que a la hora de aplicar nuestros derechos sepamos también cuáles son las obligaciones que tenemos para con nuestros congéneres; es el camino para no crear más conflictos de los que ya tenemos y para sembrar un mañana más venturoso y feliz.

Ahora cosechamos inevitablemente los frutos que sembramos. Nuestra vida actual está condicionada en parte por ese pasado que ahora se nos presenta, pero hemos de aprender la lección y tenemos la oportunidad de, respetando al prójimo y deseándole lo mismo que a nosotros, adelantar un peldaño más en este empinado camino de la evolución.

Ley humana o ley de Dios, cada uno de nosotros tiene la libertad de decisión; lo que más nos conviene sin duda es someternos, por comprensión y razonamiento, a la ley de Dios, que solo nos propiciará parabienes. En muchísimas ocasiones las leyes de los hombres, pese a su envoltorio de legalidad, no tienen nada de ética ni de moralidad espiritual; después sufriremos sus consecuencias y recogeremos el fruto que nos corresponda, dulce o amargo, según el grado de comprensión que tengamos entre el bien y el mal.

Libertad y ley natural por:  Fermín Hernández

© Amor, Paz y Caridad, 2019

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