LA ILUSIÓN POR LA VIDA

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La ilusión por la vida

Sin ilusiones la humanidad moriría de desesperación o de aburrimiento.

Anatole France. Premio Nobel de Literatura en 1.921

Los valores humanos, no actúan en solitario, se unen y armonizan unos con otros, la ilusión por ejemplo da pie a la esperanza, de ese modo nos ayudan a realizar, a construir un porvenir y un  futuro en el que desarrollar todos aquellos proyectos que podemos trazarnos y lo que es muy importante a vivir el día a día con mayor alegría lejos de la rutina y la desesperación.

Es difícil vivir en la sociedad y en este tiempo con el corazón alegre, con esperanza, con ilusiones, son muchos los nubarrones que atisbamos que se acercan. Más aún debido a nuestra naturaleza humana en muchos momentos frágil y débil, que se deja llevar por el desaliento, y se deja envolver o contaminar por los problemas y la falta de horizontes claros y hermosos a la vista.

Es por eso que debemos mantener una actitud equilibrada, sin dejar de ser soñadores; tener la ilusión por crecer día a día, dando pasitos –por pequeños que sean- hacia la felicidad y la plenitud que nos aguarda. Y no debemos permitir que esta vorágine de nubes grises que sobrevuela constantemente nuestro mundo –léanse los acontecimientos que pasan a diario- nos amilanen. Con la fortaleza de nuestro espíritu podemos evitar que nos reste fuerza e ilusión la ola, cada día más creciente, de materialismo, violencia, injusticia, guerras, crímenes y crisis.

La lucha la debemos mantener con nosotros mismos, para no decaer dejándonos llevar por la vida material y todas sus sombras, somos seres espirituales en construcción, tenemos un poder maravilloso dentro de nosotros para cambiar la realidad y para ver cada día brillar el sol con más fuerza y más esplendor. Pongámonos las gafas de la realidad espiritual que gobierna ciertamente nuestro mundo, elevemos nuestro pensamiento por encima de las pequeñeces materiales que nos absorben y podremos comprobar que es mucho mayor la luz que la oscuridad, más mucho más grande el bien que el mal, aunque no lo parezca.

Lo que ocurre es que los hombres estamos dormidos, – en cuanto a los principios espirituales se refiere- nos dejamos llevar, nos contagiamos por el ambiente materialista y el mundo que nos rodea, porque no estamos unidos sino separados, cada uno de nosotros vive angustiado por sus problemas, se ocupa de su trabajo, de su familia, de aquello que considera más importante y se olvida de lo demás, y eso es un error porque nos estamos privando de vivir en solidaridad, nos hemos olvidado de que somos hermanos todos y de esa gran lección, y a su vez, el nuevo mandamiento que nos legó el Maestro de Maestros, Jesús de Nazaret: AMA A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO.

Vivimos con una gran presión, nosotros mismos nos la hemos impuesto, vivimos en grandes ciudades, aprisionados, sin apenas sitio siquiera para aparcar el automóvil, la ciudad está hecha a la medida de la tecnología muchas carreteras, muchos cables, muchas tuberías, la hemos llenado de señales, de escaparates, de rascacielos, todo está pensado para darnos placer y satisfacción, comodidades y felicidad,  “pero no somos felices”, las ciudades cada vez son más frías no tienen el calor que necesitamos los seres humanos, ni siquiera tenemos tiempo para disfrutar. Ni para educar a nuestros hijos. Siempre tenemos cosas que hacer, llegamos a casa tan cansados de trabajar o de resolver problemas que no tenemos tiempo para hablar con nuestros hijos, y eso que en teoría son lo más importante para nosotros.

Debemos proponernos romper con todo eso, no dejarnos llevar por la rutina, la monotonía y el pensamiento generalizado de que esta vida es así y no la podemos cambiar, porque si podemos cambiarla, podemos cambiar nuestra actitud, somos lo que pensamos y a estas alturas estamos ya convencidos de que no somos materia, sino espíritus, y que albergamos en nuestro interior toda la fuerza y las cualidades para crecer, fortaleciendo nuestro carácter y sobre todo para encaminarnos a la consecución de aquellos objetivos de más altura, de índole espiritualista, por medio de los valores que ennoblecen y dignifican al ser humano.

Como bien decía Séneca: “Felicidad es no necesitarla”. Gran pensamiento este porque la felicidad no está en ningún sitio, está dentro de nosotros, mejor dicho forma parte de nosotros, es inherente a nuestra realidad espiritual, pero de eso aún no estamos convencidos por eso no la alcanzamos.

La clave se halla en que lo que nos hace falta es realizarnos, ser nosotros mismos, vivir ilusionados, comprometidos con nosotros mismos, con nuestra conciencia. La mayor ilusión que podemos tener es ser nosotros mismos, vivir con autenticidad, libres de prejuicios, de convencionalismos y de todo aquello que nos hace vivir con pobreza, no material sino de espíritu, es la mayor traición que podemos hacer contra nosotros mismos.

La ilusión despeja esos nubarrones que vienen como consecuencia del sistema de vida que hemos adoptado, trae la esperanza, moviliza nuestras fuerzas internas, la voluntad, el coraje, la intuición, el deseo de trabajar, proyecta nuestras aspiraciones y nos presenta un camino a seguir cada día mejor para conseguir aquello que vibra en nuestro interior, lo cual si no nos ponemos a ello nunca lo descubrimos y nunca sabremos qué hacer y hacia dónde dirigirnos.

Cuando vislumbramos lo que en realidad somos ese ser espiritual en vías de su desarrollo, y nos volcamos en hacer aquello para lo cual hemos venido a esta existencia, fuerzas invisibles superiores nos acompañan en el día a día, seres de luz que vibran con deseos de amor y de ayuda hacia la humanidad son atraídos hacia nosotros por conectar con nuestros pensamientos y sentimientos de sincera realización. Es entonces cuando comenzamos a despertar el verdadero objetivo de nuestra estancia en este pequeño planeta que nos sirve de escuela, y junto al deseo de progreso y la ilusión que ponemos cada nuevo día se nos va iluminando la conciencia y cada día nos sentimos más seguros de qué es aquello que hemos venido a realizar, comenzando por el amor a nuestra familia, aquella que hemos formado, nuestros seres más queridos.

Asimismo también podremos afrontar con más fuerzas y convencimiento según el grado de compromiso adquirido antes de encarnar aquellas misiones o realizaciones especiales que se nos han concedido poder hacer en aras de un mayor progreso, aprovechando al máximo nuestra estancia en la tierra.

La vida en la tierra, las imperfecciones y debilidades que arrastramos de nuestro pasado, el materialismo, los problemas que surgen propios de un mundo inferior como es el nuestro condicionan mucho nuestro comportamiento y son un verdadero escollo a veces muy difícil de sobrellevar, las pruebas e el diario vivir son constantes, por ello cada día necesitamos renovar nuestros principios, que no nos falten claridad de ideas y deseos de realizarnos. Necesitamos de la ilusión por emprender, por trazarnos metas y no olvidar por qué y para qué estamos aquí. De otro modo nos arrastrará la corriente y pronto perderemos esa luz espiritual que es la guía y el soporte para nuestra conciencia, pudiendo caer en el hastío y la desesperación que conducen a muchas personas a la pérdida del sentido de la existencia y al  suicidio  psicológico, cuando no al propio suicidio físico.

Con ilusión cada día veremos ante nosotros un horizonte hacia el que dirigirnos, mantendremos viva, intacta la ambición positiva de alcanzar aquello que nos hemos propuesto, sabremos lo qué queremos, cómo alcanzarlo y que es aquello que nos estorba y que no debemos dejar que nos obstaculice.

Cuan diferente es levantarse cada día con el ánimo entero, llenos de autoestima y decirnos sigo teniendo la ilusión por vivir, se lo que quiero, comprendo el sentido de la vida, pido a nuestro Padre y Creador me conceda la luz y la fuerza que necesito para mi emprendimiento espiritual. También conozco mis limitaciones, pero sé que poder es querer y yo quiero conseguir todo esto y sé que puedo hacerlo, para ello tengo que trabajar estos valores, despejar aquellas dudas, superar esas cositas que me venían limitando porque no creía en mí. Soy sincero conmigo mismo me conozco y sé cuáles son mis aspiraciones y lo que tengo que ir haciendo para alcanzar mi desarrollo.

Autoestima, confianza, optimismo, fe, ilusión, esperanza, actitud positiva, todos estos valores son armas, instrumentos de nuestro yo superior que conforman poco a poco nuestro carácter y que son esa palanca que potencia nuestras fuerzas y nos hacen ver que todo cuanto nos propongamos con visos de realidad, es posible.

El que se despojara de todas sus ilusiones quedaría desnudo.

Arturo Graf, poeta y crítico literario italiano.

Comenzar cada día sin ilusión, sin un porvenir que me incentive, que me estimule, levantarme ya derrotado con el pensamiento de que será un día más como otro cualquiera, un día pesado y aburrido que no me aporta nada,  no es lo que quiero. Una vida sin aspiraciones, una vida guiada por el tedio y la monotonía no es la vida de un ser racional llamado a ser una conciencia libre, dueña de sí misma, y que es potencialmente rica en valores, no en vano somos HIJOS DE DIOS, HECHOS A IMAGEN Y SEMEJANZA SUYA.

El pesimismo, la desconfianza, la desmoralización, la tristeza, el desánimo, la desilusión, todos estos son enemigos del éxito y de la auto-realización, son sentimientos que debemos rechazar con energía para poder desprendernos de los mismos.

Con un pequeño paso por nuestra parte basta para que se desvanezcan los miedos, las dudas y vacilaciones que nos mantienen limitados y sin fuerzas para asumir todo cuanto podemos hacer en pro del adelanto de nuestro espíritu, rechacemos con energía la pereza, el miedo y la comodidad, veamos cual es la razón de nuestro existir y pidamos ayuda para emprender ese trabajo con  la energía que nace de la ilusión y el deseo de progreso.

La ilusión por la vida por: Fermín Hernández Hernández

© Amor, Paz y Caridad, 2019

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