MACHISMO Y FEMINISMO

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Machismo y feminismo

Machismo y Feminismo

Machismo. – R.A.E.: Actitud o manera de pensar de quien sostiene que el hombre es por naturaleza superior a la mujer.

Feminismo– R.A.E.: Doctrina y movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de unas capacidades y unos derechos que tradicionalmente han estado reservados para los hombres.

Hay quien todavía no ha entendido lo que significa y representa el feminismo, quien piensa que el feminismo es lo mismo que el machismo pero por parte de las mujeres hacia los hombres, y esto es una idea muy equivocada, como bien se puede comprender a raíz del significado que nos ofrece la R.A.E.

A consecuencia de los excesos del machismo es muy normal y comprensible que el colectivo femenino rechace esta situación. Lógico también que se esté propagando de la manera que estamos apreciando en la actualidad el movimiento feminista, que poco a poco va tomando gran auge, en especial en las naciones mas desarrolladas. Gran importancia ha tenido la incorporación de la mujer al ámbito social y laboral, lo que ha propiciado su emancipación y liberación económica. Le ha permitido decidir su propio futuro.

Queda muy atrás esa imagen en que la mujer se encontraba obligada a someterse a la voluntad del marido en todas las facetas de la vida. Estaba básicamente inhabilitada para la toma de decisiones que no fueran otras que las meramente domésticas. Esta circunstancia ha venido manteniendo a la figura femenina dentro de grandes limitaciones, coaccionada, oprimida y viviendo constantemente bajo la tutela masculina. Sucedía, simplemente, que el hombre, al ser más fuerte físicamente e imponiendo la sociedad sus costumbres ancestrales, se consideraba más capacitado para dirigir los asuntos familiares y, en general, todos los asuntos de orden social. Pesaban sobre él las decisiones y la dirección, tanto familiar como extra familiar.

Habría que estudiar qué argumentos, desde tiempos muy remotos, sirvieron para la asignación de estos roles tan claros y específicos que han llegado hasta nuestra época. Lo que está claro es que por fin se están eliminando progresivamente dichas actitudes, y que gracias a la educación y al desarrollo cultural, ético y moral, van corrigiéndose las posturas y equilibrándose las tendencias.

El machismo lleva consigo muchas situaciones injustas y humillantes. No es solo el hecho de que la figura masculina se haya considerado superior a la mujer, sino que esto ha traído como consecuencia ningunear y desprestigiar a esta en muchos aspectos. Veremos a continuación algunas ideas consideradas normales en el pasado, de las que algunas aún colean.

No era apta para el trabajo fuera del hogar.

Estaba “hecha” únicamente para la procreación y crianza de los hijos.

Debía satisfacer al hombre siempre que este lo exigiese.

La mujer podía ser tratada como un objeto cuando interesase.

Se le ha faltado al respeto por su condición de mujer.

Ha soportado cargas de trabajo muy superiores a las del hombre.

Ha sufrido multitud de vejaciones y abusos, en especial en el apartado sexual.

La mujer podía sufrir discriminación laboral respecto al hombre.

Se le ha considerado inferior al hombre intelectualmente.

Y así una larga lista de apreciaciones.

Se podría afirmar, sin riesgo al equívoco, que en todos los ámbitos de la vida, la mujer ha sufrido y aún hoy sufre los estigmas atávicos de su condición femenina, ya sea en los aspectos laborales, culturales o legislativos, ya que la mujer no ha participado en la creación de las leyes ni tenía la misma representación que el hombre a nivel jurídico. Su coeficiente intelectual ha sido menospreciado; es considerada el sexo débil… Con todo esto, podríamos decir que históricamente el sometimiento que el hombre ha ejercido hacia la mujer ha sido exagerado, y esto debía y debe tener un fin.

Por lo cual, es lógico y natural que el colectivo femenino tenga que unirse y reivindicar sus derechos e igualdad a los de los hombres, por medio de manifestaciones, huelgas y otros modos sin los cuales sería muy poco efectiva su lucha y su protesta. Desde aquí no podemos hacer otra cosa que ponernos de su lado y apoyar en todo lo posible todo este tipo de reivindicaciones. No obstante, también se puede hacer una crítica constructiva y tratar de analizar aquellos otros aspectos que siempre se pueden mejorar, y elucidar con argumentos y un análisis imparcial aquello que se sale de la propuesta feminista, que por inercia aparece y tampoco es del todo justo aceptarlos.

Sucede con harta frecuencia cuando tratamos de superar una injusticia debido al fanatismo, al exceso de ímpetu, a la impaciencia y en suma a las carencias y debilidades humanas, que solemos pasar de un extremo a otro, y esto es lo que debemos evitar para no caer de unos errores a otros.

La mujer en muchos aspectos no necesita ni debe igualarse al hombre, sencillamente porque tiene capacidades, emociones y sensibilidades diferentes, y en algunos aspectos superiores  a las del hombre. Como ser espiritual ha alcanzado y desarrollado unos  valores difíciles de alcanzar a gran cantidad de personas en su rol masculino.

Hombres y mujeres, mujeres y hombres, todos, deben avanzar juntos, comprendiendo y aceptando que son chispas divinas en evolución, carentes de condición sexual, y que ese rol es únicamente la herramienta para su  progreso; la herramienta que les facilitará los medios más propicios para desarrollar las múltiples facetas de su personalidad, de su alma y espíritu.

Debemos abrirnos y comenzar a racionalizar los procesos de evolución, de libertad y de proyección en esta pequeña esfera terrestre como parte de un proceso de escolarización por el que todos pasamos, teniendo en cuenta que la pluralidad de existencias otorga al espíritu humano tantas oportunidades como necesite para abrirse camino en el intrincado recorrido en pro del desarrollo de sus facultades espirituales.

Una vez más reiteramos, el espíritu como tal carece de sexo; el sexo pertenece a la condición humana, masculina o femenina. El desconocimiento de esta gran verdad por la mayor parte de la humanidad ha generado grandes diferencias de género y también el fanatismo de las sociedades respecto a la condición sexual. El ser humano, hombre y mujer, el espíritu en busca de evolución, ha olvidado su necesidad de transcender; el progreso de su espíritu.

El problema del machismo, que es grave y vergonzoso, solo se podrá superar con la educación y con la reprobación, a mi juicio, no solo de las mujeres que con valentía están decididas a extirpar esta lacra de la sociedad, sino también con la reprobación de los hombres y el ejemplo que tenemos que dar todos aquellos que ya nos vamos iluminando con la luz de la ciencia del espíritu, de aquellas personas que de modo claro y evidente buscan encontrar su papel en el concierto universal.

La vida es un auténtico regalo del Creador, o mejor dicho, es la herencia recibida de Dios. Corresponde al individuo encontrar su utilidad, aceptar el porqué de la vida y cómo hemos de invertir nuestros esfuerzos y luchas diarias. No hay mejor inversión que dignificarla, engrandecerla y desarrollarla a través de los valores, la ética, y con amor, que es la energía más poderosa del cosmos y la guía que todo lo eleva, sublima y que es fuente creadora de felicidad.

La sexualidad marca unas diferencias, lo queramos o no, que cada uno de nosotros debe aprovechar muy bien en su favor. En definitiva, nuestro cuerpo físico no es mas que una herramienta de progreso; no supone ventaja o desventaja venir “equipados” con un cuerpo de hombre o de mujer, ya que el espíritu en su condición de espíritu libre, cuando se está preparando en el espacio para una nueva encarnación, elige, en la mayoría de las ocasiones con libertad, qué experiencias, objetivos y metas quiere alcanzar y cuál es el sexo mas adecuado a fin de lograr aquellos objetivos.

Esto no le quita ni un ápice a las injusticias y abusos que históricamente se vienen cometiendo simplemente por razón del sexo o condición sexual.

Ahora bien, si se entiende bien la idea, asumido el sentido y la razón de ser de la ley de reencarnación, el individuo estará en condiciones de afrontar mejor su existencia, y según el sexo elegido, de aprovechar su existencia terrena y el desarrollo de los valores que cada rol le propicia.

Existe una línea muy delgada en la expresión de la condición femenina, es decir, de sus propios y lógicos derechos, oportunidades y relaciones con el género masculino. La sexualidad no puede, ni debe, reducir o incrementar derecho alguno, porque, por encima de cualquier otra consideración, el ser humano posee unas características bien concretas según su rol. La mujer no debe ni necesita imitar al hombre en sus expresiones, ademanes y actos, debe huir de extremismos que siempre resultan perjudiciales.

Por ejemplo, si el hombre es camionero, la mujer quiere serlo también; si el hombre es astronauta la mujer también lo quiere; si el hombre juega al fútbol la mujer también lo quiere. Está claro que tiene el mismo derecho, y es respetable, ¿pero es esta la cuestión? ¿Es esto exactamente lo que defiende el feminismo, o lo que se defiende es borrar de nuestro subconsciente la vieja y caduca idea de que el hombre es superior a la mujer y debe respetarla y querer para ella los mismos derechos y libertades?

Es difícil establecer los criterios y poner límites a todo este tipo de situaciones y circunstancias. No obstante, si lo que se persigue es hacer lo mismo que el hombre, a mi criterio la mujer perdería mucho, y no lograría ese sentimiento interno de verse a la par que el hombre, porque entonces perdería sus rasgos más íntimos femeninos y dejaría de cumplir con las elevadas tareas y responsabilidades que, por su naturaleza, la ley de evolución le tiene asignada.

Esta búsqueda de igualdad, llevada así, implicaría que la mujer estaría perdiendo sus propios valores y esencia femenina, pues comportarse como un hombre le igualaría a él. El hombre tiene unas características determinadas y la mujer también las suyas, y cada uno tiene la misma responsabilidad ante la vida; no obstante, el signo con el que viene cada uno le coloca en una posición diferente, sin que por esto tenga que haber criterios de superioridad e inferioridad, hecho que es sólo propio de las sociedades poco avanzadas intelectiva y espiritualmente.

Todo aquel que se manifieste superior a la mujer se está colocando en una posición de inferioridad respecto a ellas, ya que es un concepto insostenible. Dejemos ya de establecer esa falsa superioridad y de dividir el mundo entre dominadores y dominadas, tan perjudicial para la condición humana.

Los problemas existentes y el actual cambio de situación de la mujer no se van a resolver porque nos dejemos llevar por el código de masculinidad imperante hasta ahora. La condición femenina no se sentiría realizada si igualase al rol masculino, pues tiene atributos diferentes que desarrollar. Atributos que le permitirán realizarse en un camino similar, pues ambos géneros deben evolucionar juntos, enriquecer su conciencia en caminos paralelos, no necesariamente idénticos.

Este redactor entiende que el hombre y la mujer se complementan perfectamente, y esa es la premisa evolutiva. Imaginemos un mundo solo de hombres, o un mundo solo de mujeres, o un mundo de hombres y mujeres en los que se hayan eliminado los valores y las características naturales de masculinidad y feminidad; no sería lo mismo. Qué tristeza de mundo, qué monotonía, ¡qué tragedia!

La mujer no puede, no debe, renunciar a su condición femenina, a ser mujer; no debe abandonar su propia esencia por querer parecerse al hombre y querer imitarle en sus realizaciones; estaría faltando a su condición femenina creadora de vida, a los objetivos comprometidos antes de encarnar. No es lo mismo reivindicar la igualdad de género que disfrutar de los derechos inherentes a todo ser humano, independientemente de su condición sexual.

Hay un hecho que resalta mucho, como lo es el índice de natalidad. Cada década va bajando de manera exponencial, lo cual está suponiendo el envejecimiento de la sociedad. En Europa esto supone un desequilibrio y un desastre que desestabiliza todas las previsiones económicas y sociales. Y me pregunto: ¿Esto estaría sucediendo si se hubiera entendido bien el rol que cada sexo representa para el cumplimiento de la misión con la que hemos venido a la Tierra?

Machismo y feminismo
Machismo y feminismo

Igualdad de género no significa que hombres y mujeres tengan que convertirse en lo mismo, sino que sus derechos, responsabilidades y oportunidades no dependerán del hecho de haber nacido hombre o mujer.

202.Cuando se es Espíritu, ¿se prefiere encarnar en el cuerpo de un hombre o en el de una mujer?

  -Esto importa poco al Espíritu. Depende de las pruebas por las que tenga que pasar.

Los Espíritus encarnan en hombres o mujeres, pues no poseen sexo. Como deben progresar en todos sentidos, cada sexo, así como cada posición social, les ofrece pruebas y deberes particulares y la ocasión de cosechar experiencias. El que hubiera sido siempre hombre sólo sabría lo que saben los hombres.

(El libro de los espíritus, Capítulo IV, Pluralidad de las existencias. Allan Kardec).

Como espíritus que somos, es condición ineludible ir perfeccionándonos y exteriorizar los valores íntimos. Por tal razón, cuando hemos de afrontar una nueva existencia en la materia elegimos el sexo mas idóneo, a fin de ir adquiriendo las facultades y valores que más nos interesa realzar en nuestra personalidad. Buscamos reajustarnos y equilibrarnos, tanto en amor como en sabiduría, y para ello unas veces nos conviene más tomar una materia femenina y otras una materia masculina. Nada más simple.

Ahora bien, debido a la falta de una conciencia de la transcendencia del espíritu sobre la materia en los individuos de nuestra sociedad que padecemos, y sin la compresión del porqué y para qué estamos aquí, hemos preconcebido roles y establecido que los hombres    tenían que hacer esto y las mujeres lo otro. El resultado es que nos hemos venido estorbando y perjudicando mutuamente a lo largo de estos siglos.

Vivimos una era convulsa; muchísimas cosas están puestas en cuestión. Es normal, ¡estamos evolucionando! Hay que derribar los viejos edificios gastados y levantar unos nuevos, los cimientos de esta civilización se tambalean. Tengamos en cuenta que hay mucha confusión en la humanidad, estamos cansados de tropezar en la misma piedra; nuestro subconsciente lo intuye y lo sabe y quiere avanzar, pero no todas las ideas viejas han dejado de valer, y no todas las ideas nuevas son correctas; analicemos y filtremos todo con el tamiz de la razón y de la nueva conciencia que va emergiendo de mano de la espiritualidad superior.

Pero pensemos que todos hemos cometido esos excesos, porque el que hoy se viste de hombre ayer se vestía de mujer, y nadie está a salvo de haber cometido infinidad de desmanes y tropelías. Somos libres para sembrar, pero la cosecha es obligatoria. La ley de consecuencias se encarga de poner las cosas en su lugar.

Machismo y feminismo por: Fermín Hernández

© Amor, Paz y Caridad, 2019

La ideologia feminista de los tiempos modernos, sin embargo, con sus diversas banderas políticas y sociales, puede ser un veneno para la mujer descuidada de sus grandes deberes espirituales en la faz de la Tierra.

(Psicografía de Chico Xavier en su obra “El Consolador”).

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