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REGENERACIÓN 

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  Es una cosa ya cierta que todos los sistemas probados en nuestro mundo han fracasado. De uno a otro lado del globo ideologías y sistemas totalmente opuestos no han logrado traer el bienestar a nuestra sociedad, la llamada sociedad del bienestar, disfrutar de una buena calidad de vida, es algo que sólo lo han podido hacer
unos pocos en el occidente de nuestro planeta. Para la mayoría ha sido la escasez, la miseria, enfermedades, hambre, y un largo etcétera que mas vale no enumerar ahora. 
 
 Lo que falla principalmente no son los sistemas, aunque reconozcamos que unos pueden ser más favorables que otros, pero sin lugar a dudas el fallo no está en los mismos, sino en las personas, en todos nosotros. Si las personas no somos perfectas, no diremos tanto, sino que el lado que más inclina la balanza en cada uno de nosotros no es el lado bueno, sino que priman las imperfecciones, los vicios y los defectos, por mucho que los sistemas sean buenos, el hombre los hace malos, porque no se llevan a la practica tal y como han sido concebidos. 
 
  La clave para el progreso, para el bienestar de todos, para que el nuestro no sea un mundo de lágrimas sino un mundo de dicha y de alegrías está en la regeneración de la humanidad, a través de la transformación moral de todos sus miembros. Todos hemos de llegar a estar más o menos a la misma altura, todos hemos de perseguir los mismos intereses y tratarnos con el debido respeto, tolerancia y comprensión. Si esto no es sí se produce un desequilibrio importante con el cual se hace muy difícil la convivencia y el entendimiento recíprocos. La cuestión es si esto está dentro de las posibilidades en nuestra sociedad. 
 
  “Ama al prójimo como a ti mismo” cuantas veces hemos oído esto. No es sólo una frase del Maestro Jesús, está recogida por todos los grandes avatares y maestros espirituales que han bajado a la Tierra portadores de un mensaje de luz, de verdad y de ejemplo. Buda, Krishna, Mahoma, etc. Todos la han divulgado, es la base de todas las religiones, pero sigue siendo la asignatura pendiente de todos nosotros, de todos. Qué pocos la hemos llevado a la práctica. 
 
  Tiene una explicación clara y lógica, para lograr amar al prójimo como a ti mismo, hay que estar despojado de muchas imperfecciones morales, hay que estar satisfecho consigo mismo, hay que guardar un equilibrio espiritual profundo, para poder sentir que la felicidad de los demás es la nuestra propia. Hasta ahí no llegamos. Pero tenemos que llegar, lenta y pausadamente, pero hemos de llegar, sino este mandamiento tan promulgado, y que es la base de todas las religiones no tendría sentido ninguno que nos lo hubieran transmitido. 
 
  En lo más profundo de nuestra conciencia y de nuestro corazón lo llevamos grabado a fuego y sentimos que debe ser así. Pero comúnmente se antepone nuestro yo, primero yo y luego yo. Sabemos lo que tenemos que hacer. No hacer daño, de ninguna manera a nadie, esto es ni de palabra, ni de obra, ni de pensamiento, qué difícil se nos hace, no mentir, no engañar, no sacar provecho del esfuerzo ajeno, y muchas otras cosas que están ahí en las enseñanzas, en los evangelios, en las doctrinas de ética y de moral. 
 
  Sin embargo ocurre a diario todo lo contrario, hasta hay formulas de lo más legales para que se pueda oprimir, esclavizar, explotar, etc. etc. Hasta hace no muchos siglos era legal el comercio de esclavos, con eso todo está dicho. Poco a poco hemos ido mejorando las leyes, la sociedad también ha suavizado sus costumbres, pero no es suficiente. 
 
  De hecho en la actualidad son muchísimos los frentes abiertos, las guerras y los conflictos que se llevan miles de vidas todos los años, y los consiguientes efectos secundarios y consecuencias de las mismas que son peor todavía. Hoy día tenemos una guerra más instalada en la humanidad, una guerra no declarada oficialmente, la guerra económica que es la causante de otras muchas guerras que se producen merced a esta. Es preciso por tanto que se medie una regeneración profunda en lo moral, que impida que se produzcan todos estos fenómenos. 
 
  A nadie nos gusta la guerra, pero miles y miles de nosotros formamos parte de los ejércitos, nos hacen pensar que son necesarios, nos ofrecen muchos argumentos positivos para que se mantengan las cosas como hasta ahora; ser militar es una profesión de prestigio en muchos países, es una fuente de generación de puestos de trabajo, la industria armamentística, también genera trabajo, y unos pocos se hacen multimillonarios con esa fuente de trabajo, es un negocio redondo, cada día mejores armas, mejor munición. Los países pobres no tienen para comer, pero sí para comprar armamento y poder matarse mutuamente en guerras genocidas. Se intercambian los recursos naturales por armamento, no por el bienestar social, y la lucha contra las enfermedades, y la formación, etc. Eso no importa, importa que unos pocos tengan el poder, aunque no sea legítimo, pero mientras a esas industrias les beneficie, cierran los ojos y no quieren saber nada más. 
 
  Porque no se hace lo contrario, en lugar de hacernos pensar que los ejércitos son necesarios que lo imprescindible fuera eliminar de la faz de la tierra dichos ejércitos, y emplear toda esa industria y toda esa juventud en otras cosas que son mucho mas necesarias, como lo es por ejemplo paliar el hambre y acercar la tecnología a aquellos pueblos que llevan un atraso en ese sentido. 
 
  Esto es tan sólo un ejemplo, de las muchas cosas y situaciones que se producen a diario en nuestra humanidad y que impiden que la sociedad se pueda regenerar. Hay que cambiar el rumbo completamente, caminamos hacia nuestra propia destrucción, en lugar de tratarnos como hermanos, y amarnos lo que mandan son los intereses, el mundo está gobernado por “los mercados”, hay que establecer un nuevo orden, hay que establecer prioridades, y esto desde luego va en contra de los mercados y de todos aquellos que ahora llevan las riendas y dirigen el destino de los pueblos. 
 
  Es momento de reflexión, de empezar a construir desde abajo, desde la base de esta sociedad una nueva forma de relacionarnos basada en la igualdad, la fraternidad, y la solidaridad. Los que mueven los hilos de este planeta que agoniza, no pueden ser los que creen la condiciones para la construcción de un mundo mejor. No pienses que esto son palabras bonitas con aspiraciones que todos tenemos, piensa que es posible y que esta en tu mano en que algún día pueda realizarse. 
 
F.H.H.
© Grupo Villena 2012

EL CONOCIMIENTO INTERIOR

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El conocimiento interior

He aquí la clave del progreso espiritual «El Conocimiento Interior», que acompañado del deseo de corregirse moralmente y de la voluntad, puede elevar nuestra personalidad a límites insospechados. La voluntad es una cualidad con la que el Padre nos dota, basta con querer algo con una firme voluntad, con poner el esfuerzo necesario y si no de inmediato con el trabajo constante podemos conseguirlo.

Con nuestra personalidad ocurre lo mismo, no nos vale el tópico que utilizan muchas personas diciendo que ellas son así y que no pueden cambiar, sí se puede cambiar, se puede y además se debe cambiar ya que el destino de la humanidad no tendría sentido si no fuera por la ley de evolución, presente desde siempre en el universo motivando a todas las estructuras a cambiar, a progresar sin fin, hacia mejores estadios de perfección.

Todos aquellos que estamos interesados en nuestra transformación moral, que es algo tan necesario como respirar, de lo cual no podemos prescindir para cumplir con nuestros compromisos aquí en la Tierra, no es difícil de lograr, si somos sinceros con nosotros mismos y estamos revestidos de la humildad mínima para aceptarnos tal como somos, sin rebelarnos, sin justificarnos ni excusarnos, sino asumiendo nuestra naturaleza moral interior, para que a partir de ahí podamos empezar a construir sobre los auténticos valores humanos, librándonos de todas aquellas actitudes que son contrarias a la ley de amor y ley de evolución.

La mayor importancia que adquiere el conocimiento interior estriba en la gran ayuda que supone para todos y cada uno de nosotros en no contrariar las leyes espirituales, sino actuar acorde con ellas, de este modo no nos endeudamos kármicamente, no adquirimos imperfecciones que nos alejan del camino de la felicidad y recorremos los eslabones de la evolución más rápidamente, sin sufrimientos innecesarios.

Por tanto, hacemos hincapié en la necesidad de partir de una buena base de humildad, que nos permitirá aceptar nuestros equívocos, y las actitudes que están fuera de una línea de comportamiento libre de egoísmo. Por contra el orgullo, el creerse más listo que nadie, es un gran impedimento para el conocimiento interior.

El orgulloso, al estar poseído de un sentimiento de superioridad hacia los demás se siente incomodado cuando recibe un buen consejo, impedido para admitir que otros puedan estar más acertados que él sobre cualquier tema, encontrando justificación en sus actos, en sus razonamientos, con lo cual lejos de realizar el trabajo de corregir sus errores, irá subiendo en su escala de orgullo hacia estados de soberbia, prepotencia, etc., todo menos escuchar debidamente a los demás y ceder.

Practicar el autoanálisis es la mejor forma de llegar a conocerse lo mejor posible. Bastaría con dedicar unos minutos cada día al final de la jornada para hacer examen de las acciones que ese día nos propició y hacer balance final de todo ello, con la resolución enérgica de no volver a incurrir en los fallos, en aquello con lo que no quedemos satisfechos, y sabemos que no estuvo bien.

Es necesario observar nuestras actitudes, y comprender si nos movemos motivados por nuestras inquietudes e ilusiones positivas, por los principios que dan forma y orden a nuestra vida, por el esfuerzo, por causas altruistas, por el sacrificio y el sentido del deber, o si por contra nuestra voluntad está minada por la comodidad y el egoísmo, y nuestra materia se rebela al tener que realizar el esfuerzo para movilizar los valores internos y doblegar sus debilidades e imperfecciones.

El Libro de los Espíritus en su capítulo «Perfección Moral» y en su apartado «conocimiento de sí mismo», nos plantea algunos interrogantes muy sencillos, pero muy interesantes que podemos hacernos para ir sacando conclusiones sobre nuestro estado interior, estos son algunos de ellos: ¿He faltado a mi deber?¿Ha tenido alguien quejas sobre mí? Y sigue diciendo: examinad todo lo que hayáis podido hacer contra Dios, contra vuestro prójimo, y contra vosotros mismos, en fin. Las contestaciones serán reposo para vuestra conciencia, o indicación de un mal que es preciso curar…

Los interrogantes más sencillos son siempre los más profundos. Contestándonos sinceramente a estas preguntas podremos sacar conclusiones provechosas para medir nuestros valores humanos, o bien para detectar las deficiencias que de ellos tenemos.
  Cada una de estas preguntas agrupa grandes aspectos de nuestra personalidad y resumen en definitiva nuestra forma de ser, si sabemos analizar por qué no hemos cumplido con el deber, y por qué recibimos quejas de los demás.

Nada hay mejor para la propia tranquilidad, para las buenas relaciones, para el logro del autocontrol, y para adelantar aunque sólo sea un poco cada día en nuestro progreso que el conocimiento de nuestro lado bueno y nuestro lado menos bueno, es la mejor forma de evitar muchos fallos, que si bien es verdad a veces los cometemos inconscientemente, debido a que no nos conocemos bien, o a que no le damos la debida importancia al hecho de que hay que subsanarlos para siempre. No olvidemos que aunque no nos demos cuenta de los errores, son trabas al fin y al cabo que mejor antes que después hemos de detectar para poderlos corregir, ya que actuar erróneamente aunque sea sin quererlo supone una responsabilidad que es preferible evitar.

Es preciso pues no demorarnos más y comenzar cuanto antes a descubrirnos tal como somos internamente, así lograremos llevar a la práctica el contenido de los conocimientos espirituales que vamos atesorando, pues una cosa es adquirir conocimientos, a través de la lectura, las conferencias, etc., etc., y otra es llegar a conocernos a nosotros mismos, con todas sus consecuencias, y a esto si no estamos dispuestos nadie nos puede ayudar, es un trabajo íntimo, callado, sacrificado, pero que se nota por sus frutos, además de la satisfacción que reporta el hecho de comprobar que con buena voluntad además se puede cambiar a mejor, y asimismo mejorar nuestro entorno más próximo.

Tampoco podemos pasar por alto que conocernos nos ayuda también a conocer a los demás, y a saber por tanto comprender todos los comportamientos, a ser tolerantes, a dejar a un lado la intransigencia, a mostrarnos en nuestras relaciones de forma que en ningún momento demos pie a la discusión violenta, al enfado, censura, etc.
  En nosotros está cumplir con este deber ineludible, que nos conduce directamente al progreso y mejora de nuestra personalidad, primer compromiso sin duda que tenemos como espíritus en proceso evolutivo en cada existencia que venimos a la Tierra, ya que el Padre en su inmenso amor nos las concede precisamente para enriquecernos de experiencias puliéndonos en los errores que en otras vidas pasadas tuvimos por causa de los defectos.

El conocimiento interior por: Fermín Hernández

© Amor, paz y caridad

SUSPENSIÓN DE LA MEDIUMNIDAD

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Si bien la mediumnidad se nos ha «dado gratis», tal como indicamos el mes pasado, no por ello quiere decir que no le debamos prestar la debida valoración y cuidados que la misma requiere. Nada más lejos de la realidad, porque cuanto más cuidado se ponga en su ejercicio y cuanto más nos preocupemos
por nuestro per­feccionamiento, la mediumnidad puede adquirir una mayor dimensión, engrandeciéndose paulatinamente.
Sin embargo, no siempre ocurre así como sería de desear. Encontramos mediumnidades que se han estacionado por no haber sabido darle a su facultad la importancia y el estudio que requiere. Otras veces al ejercerla, por mera obligación, por­que sabemos que si no la ponemos en práctica no nos encontramos bien, tampoco entramos en sintonía con esa vía de desarrollo que tanto beneficiaría al médium en su progreso, pues no se evoluciona tan solo con poner la facultad en práctica, sino que cuenta mucho la intención con que se hace.
Lo peor de todos los casos ocurre cuando por diversos motivos, de arriba se ven obligados a suspendernos la mediumnidad, hecho que lamen­tablemente puede suceder.
Estos motivos son los siguientes: por hacer un mal uso de la facultad, por no ejercerla y por falta de moralidad.
¡Qué equivocados se hallan aquéllos que creen que pueden usar de la mediumnidad a su antojo! Aquéllos que se consideran seres privi­legiados por el sólo hecho de poseer una faculdad, ignoran la tremenda responsabilidad que contraen y las posteriores consecuencias a las que tendrán que hacer frente.
En efecto, la mediumnidad puede llegar a suspenderse cuando el médium no está actuando correctamente y el Padre considera que es mejor anular esta facultad porque con ella causa más daño que beneficios, a sí mismo y a sus semejantes.
Es éste el primero de los casos citados, porque cuando un médium después de recibir las oportunas y repetidas instrucciones de su protec­tor, hace caso omiso y puede perjudicar a otras personas, las cuales no tienen ninguna responsabi­lidad, como es obvio, entonces el protector, no queriendo verse implicado en dicha situación, in­forma al Padre de la actuación de su protegido y solicita le sea cesada la facultad, y en este punto es ya decisión de Dios hacer una u otra cosa.
El segundo de los casos es por no ejercerla. Viendo el espíritu protector que la persona es absolutamente reacia a poner en práctica la facultad y, después, lógicamente, de haber hecho todo lo posible por hacer consciente a su materia de la misión que trae y de dejarle claramente de relieve que es poseedor de una facultad medium­nica, para no perder el tiempo inútilmente puede también obtener el permiso del Padre para dejar a este médium y emprender una nueva misión más provechosa para él.
Y por último, otra de las causas que puede motivar el cese de una facultad mediumnica, y que también ocurre por desgracia, como en los casos anteriores, es la falta de moralidad del médium, siendo ésta una de las más graves en la que puede incidir el médium. Ya que en definitiva, cuando un espíritu viene desde el espacio a la tierra con una mediumnidad, lo que más le preocupa es adquirir un grado de moralidad, que le falta, y que es consecuencia de haber cometido errores y daños a sus semejantes, por lo que tiene acumuladas deudas que ha de pagar cuanto antes mejor.
Si un médium no lleva a efecto su misión perfectamente, pero la ejerce, puede pagar parte de las deudas que se había propuesto pagar, pero si moralmente va de mal en peor, no sólo no paga lo que debe, sino que aún se endeuda más. Por tal razón se le quita la facultad, porque además en esas condiciones el protector se ve prác­ticamente imposibilitado de ejercer su misión.
Ahora bien, ¿qué ocurre con esta circuns­tancia? Que son muchos los que siguen queriendo aprovecharse de esa facultad porque se han servido de ella para explotarla en lugar de servir a los demás, y pretenden continuar haciendo el «papel de médium», engañando de este modo a todos aquéllos que acuden en busca de alivio, pero que ciertamente no lo van a encontrar, puesto que no existe la facultad debido a la ausencia de protector.
De esta forma se endeudan kármicamente mucho más, con lo que la justicia divina le pondrá otras pruebas en futuras existencias para que este espíritu vaya corrigiendo los errores y faltas cometidos.
F.H.H.

FASES DEL PROGRESO

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La Humanidad ha realizado hasta hoy indiscutibles progresos. Los hombres, gracias a su inteligencia, han obtenido resultados jamás alcanzados en lo que respecta a la ciencia, el arte y el bienestar material. Pero les queda aún por realizar un inmenso
progreso: hacer reinar entre sí la caridad, la fraternidad y la solidaridad para asegurar el bienestar moral.
 (El Génesis, Señales de los Tiempos, ítem. 6 Allan kardec)
Que lejos estamos de alcanzar esa realidad. Sin duda la mayor utopía que pueda albergar el ser humano, y sin embargo, es a lo que está destinado nuestro planeta.
Pero que hace imposible que se pueda realizar ese “sueño”, sin duda que el progreso intelectual es muy superior al progreso moral. Somos inteligentes, pero no sabios. El grado de inteligencia  no está nivelado con respecto al adelanto moral, hay un desequilibrio muy grande. La mayoría de nuestros esfuerzos están encaminados a satisfacernos egoístamente, aquí y ahora, sin pensar en el mañana y mucho menos en el prójimo.
Esta es la razón por la cual nos queda por realizar un inmenso progreso, que es el de nuestro perfeccionamiento. Como seres supuestamente civilizados y racionales que somos. No es difícil de imaginar que si nuestro lado moral  estuviera desarrollado al mismo nivel que la parte intelectual, la vida en la Tierra sería otra cosa muy diferente. 
Pero como expresa el titular de este artículo en el progreso existen fases. Y hemos llegado a la fase en que nuestro mundo ya no puede albergar por mucho más tiempo una humanidad inferior en lo moral como lo es la nuestra. Rotundamente no. La Tierra como tal es una escuela, y nosotros no somos más que alumnos inmersos en un curso en que tenemos que adquirir al menos un mínimo de progreso espiritual para poder seguir estando matriculados en la misma. Ahora viene un curso “superior” y sin la debida preparación no se puede asistir al mismo. Este símil es perfectamente válido para el tema que nos ocupa.
La tierra como escuela también atraviesa sus fases de evolución, y la humanidad que lo puebla tiene que ir al rítmo y compás que marcan las esferas superiores. Hay muchas moradas en la casa de mi Padre, nos recordó Jesús de Nazaret, la Tierra fue un mundo primitivo y pasó a ser un mundo de expiación y prueba, ahora ha cumplido su mayoría de edad y pasará a ser un mundo de regeneración. Y para alcanzar ese estado de superación sólo admitirá a aquellos espíritus que hayan manifestado un esfuerzo en sus múltiples vidas, en esa otra fase ya superada de barbarie y materialismo, y tengan la capacidad y la fuerza moral para seguir aspirando un mundo mejor.
Han sido multitud de existencias, un sinfín de pruebas, de exámenes parciales, de experiencias, de correcciones debido a la faltas y a los fracasos, pero a la postre venciendo las dificultades, los obstáculos, templando el alma, y extrayendo de los cientos y cientos de vicisitudes y circunstancias su parte positiva, ese elixir que constituyen los valores humanos, éticos y espirituales.
Un mundo con ese escenario al que se refiere el Maestro Allan Kardec es una utopía en una sociedad como la nuestra, tan dispar, tan desequilibrada, con tantas diferencias en lo intelectual, volitivo y moral, estando mezclados tan diversos grados evolutivos unos con otros, lo cual es el resultado del esfuerzo y los sacrificios de unos con respecto a los otros, porque a todos se nos han dado las mismas oportunidades y cada una con base a su libre albedrío a actuado de una manera u otra. Pero hágase una selección, colocando a cada cual en el “continente” que vibre acorde a sus pensamientos y sentimientos elevados y libres de ya ese exacerbado y milenario orgullo, ambición y egoísmo, y entonces veremos como si es posible un mundo feliz, o al menos en vías de alcanzar la dicha  y la felicidad que la tierra prometida nos puede reportar.
La tierra prometida, la buena nueva no es otra que la de un mundo igualitario, pero para eso se tiene que realizar una selección, la gran selección que se ha llevado a cabo en los últimos 2.000 años, el último gran ciclo para demostrar a que lado del Padre estamos, si a la derecha o a la izquierda. El examen final lo estamos viviendo aquí y ahora, la crisis mundial no es más que un efecto de este hecho.
Lógicamente todas estas frases hechas, parábolas, todos las promesas que Jesús, y otros muchos nos hicieran no tienen sentido sino se produjera el cambio de ciclo, el fin de los tiempos no es nada más que eso, el fin de una era, no el fin de todo, como preconizan algunas culturas y profecías. La Tierra todavía es un mundo joven al que le queda mucha vida y que nos ha de cobijar hasta que alcancemos mayores cotas de evolución, nuestro destino está unido a él.
Pero en otro sentido sí es el fin del mundo para aquellos que no puedan proseguir su evolución en la Tierra, que tendrán que transmigrar a otro planeta que les dará albergue, y que se encuentra como la Tierra lo estaba hace miles de años. Vuelta a empezar, sabiendo la oportunidad que han perdido y lo mucho que cuesta llegar hasta aquí, será entonces el rechinar de dientes, palabras también recogidas en el mensaje de Jesús.
De igual manera que el hombre ha alcanzado un bienestar material debido al progreso de la tecnología, (sobre todo para aquellos que puedan disfrutarlo, que son los menos), imaginemos como puede cambiar la vida en la tierra cuando toda la humanidad vibre en sentimientos de amor al prójimo, de paz y solidaridad, de fraternidad, etc., etc., cómo será, sin duda no podemos imaginarlo. Si la inteligencia y la tecnología han cambiado la faz del mundo en el terreno material, en el aspecto social, conjugándose las dos cosas tiene que ser algo … para vivirlo. 

Y DEJARÁ DE SER UNA UTOPÍA.

F. H. H.

© Grupo Villena

AUTOCONTROL

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El autocontrol

  «Todo aquello que digamos o hagamos de manera impulsiva o irreflexiva está condenado al fracaso y nos perjudicará en mayor o menor medida», dice Bernabé Tierno.

  A todos nos ha pasado, y nos pasa, en determinados momentos de nuestra vida, que perdemos el control de nosotros mismos y casi siempre, en esos casos, solemos crear situaciones tensas, violentas, de las que después no nos sentimos satisfechos, porque por mucha razón que a priori tengamos, la perdemos en el momento en que nos violentamos y comprendemos después que no hay motivo para perder el equilibrio y la calma interior que nos llevan a esas situaciones desagradables.

  Para hacemos conscientes de este hecho basta con ponemos en el lugar de aquellas personas envueltas en plena discusión y fuera de control de sus palabras y de sus modos en general, ese desagradable y lamentable espectáculo que ofrecen es el mismo que nosotros formamos cuando nos falta el equilibrio, perdemos la calma y creyendo estar poseídos de toda razón defendemos a capa y espada nuestros argumentos, cayendo muchas veces en la grosería, y en la mala educación, debido a la cual en ese mismo momento perdemos el adelanto y el progreso que ganaríamos actuando de otro modo, con serenidad y con delicadeza, pues nuestra persona se vería beneficiada por parte de los demás en estima, respeto y admiración.

  El objeto de nuestra vida, en el ámbito que nos desenvolvamos, no ha de ser otro que la mejora de nuestra conducta, que repercute como premio a nuestro esfuerzo en estar a bien con todo el mundo con quien nos relacionemos, y esta buena conducta hemos de sacarla y ponerla en práctica precisamente en las situaciones más difíciles que se nos presenten, pues no es posible mantener un comportamiento, ecuánime, recto y equilibrado si no somos capaces de controlar nuestros impulsos, en dichas situaciones que ponen a prueba nuestros valores.

  El autocontrol, por tanto, es una meta que debemos marcamos, pues de él depende en gran medida que podamos convertimos en personas prudentes, conscientes, reflexivas, con la mente y el corazón en calma, que nos permitan razonar las cosas, poder examinarlas desde distintos puntos de vista, con imparcialidad y objetividad, sin los apasionamientos que confun­den y oscurecen nuestra razón y no nos dejan ver la realidad de las cosas, que en un momento dado pueden ser vistas de una forma, y sin embargo, ser todo lo contrario, hecho que suele suceder a menudo.

  Perder el control de nuestra personalidad tiene muchos factores negativos que no favorecen en nada nuestro progreso, como pueden ser:

  • Supone un desconocimiento de nuestro estado interior, moral, intelectual y espiritual.

 

  • Proviene de una carencia de un trabajo sobre nuestro comportamien­to, lo cual nos da una pobre imagen de lo que somos.

 

  • Es un obstáculo grandísimo para mantener unas buenas relaciones sociales, familiares y en todo tipo de compañerismo, y no debemos olvidar que cada vez más, la base de una sociedad estable y fraterna estará fijada sobre los pilares del compañerismo y la unión sincera y amiga.

 

  • No fomenta nuestras cualidades internas, sino todo lo contrario, nos hace irascibles, susceptibles, impulsivos, etc., fruto de no conocemos interiormente y de no admitir nuestros errores, creyendo que la culpa está en los demás.

 

  • A consecuencia de todo lo anterior la persona se va aislando de las demás, y muchas veces no lo comprende, pero todo es debido a su falta de autocontrol que es un serio problema para la convivencia entre sus semejan­tes.


  En efecto, muchas personas tienen muy buenas cualidades, y como todas son necesarias entre un colectivo, pero tener buenas cualidades no lo es todo, pues si no se tiene un control sobre ellas se puede pecar de no apreciar las cualidades de los demás, incluso de querer eclipsar los valores de los demás, lo cual es un grave impedimento para el avance y progreso de cualquier organización pues en vez de ayudarse e ir todos a una, se entorpecen dañándose y retardan su progreso.

  Esto ocurre fruto del descontrol ya que no se da tiempo uno a sí mismo para poder observar sus errores, y además peca de no valorar las acciones de los demás, dejándoles sin libre iniciativa, y no sólo eso, sino que falta a su deberá como amigo que es el de apoyarles y darles el estimulo que necesitan para poder realizarse, sentirse a gusto con su participación y construyendo su personalidad en un ambiente de confianza, de respeto y de valoración de las cualidades propias de cada persona.

  Y es que el autocontrol viene por dos caminos, uno es el del propio conocimiento de las imperfecciones que se tienen y lógicamente de su deseo de erradicarlas, y otro por la vía del respeto, que nos impulsa a ser prudentes y a fijamos no en los defectos de nuestros semejantes, sino en sus cosas positivas. Esto a mi modo de ver es muy importante ya que si sólo apreciamos los defectos no dejaremos de verlos, pero eso sí, según nuestro criterio y muchas veces nos equivocaremos.

  No es lo mismo ser enérgico que descontrolado. La persona enérgica saca esa fuerza cuando lo requiere la ocasión, para poner las cosas en su sitio, no se pronuncia con malos modos, con palabras bruscas, no raya en la violencia, no ataca, no falta al respeto, y sobre todo no humilla, dejando la oportunidad para que se reconozca el fondo de la cuestión y libre paso a la reconciliación. Ahí está la diferencia entre una persona equilibrada dueña de sus actos, y la otra que se descontrola fácilmente, que pierde el dominio de sus acciones, y que cree que los demás tienen la culpa de todo lo que le pasa, craso error que le lleva a estancarse como individuo en el desarrollo de sus valores, y que crea con su actitud una predisposición de rechazo hacia él por parte de los demás, debido a su forma de ser.

  Hemos de aprender a ser enérgicos, cuando sea necesario, dominando nuestros impulsos, y analizando las situaciones antes de obrar, es preferible pecar de prudentes antes que dar un paso en falso. Como todos sabemos se acepta antes la opinión de una persona equilibrada, que la de una descontrolada, por mucha razón que en ese momento dado pueda tener, pero es que como dijera al principio, la razón se abre paso por muchos caminos pero nunca a través de imposiciones ni de actos de fuerza.

  Disciplina, prudencia, respeto por los demás, y el conocimiento interior son los mejores aliados para conseguir el autocontrol y sobre todo tener un gran deseo de sostener unas buenas relaciones sociales, basadas en el cariño, en la tolerancia y en el perdón, pero no debemos olvidar que la causa de que nos descontrolemos está en nosotros y no en los demás, y quizás por no tener esto claro perdamos el dominio de sí mismos y con el caigamos en el mayor de los ridículos.

  Cada vez que perdemos el control y dominio interior estamos haciendo dos cosas totalmente negativas en contra nuestra: una, damos un paso atrás en nuestro progreso y otra ponemos un ladrillo más en la barrera ante los demás y nosotros, lo cual es otro impedimento de progreso. Por tanto, seamos conscientes de esta realidad, pongamos la fuerza de voluntad necesaria evitando por todos los medios ser descorteses, desagradables, agresivos, maleducados, aun cuando muchas veces creamos estar armados de razón para hacer valer nuestro criterio, hagamos un entrenamiento sujetando nuestros impulsos y seamos flexibles, tolerantes, amables, y de ese modo, poco a poco, nos ganaremos el corazón y la confianza de nuestro entorno lo cual nos llenará de esperanzas y de entusiasmo en lo sucesivo.

El autocontrol por: Fermín hernández

REMUNERACIÓN DE LA FACULTAD

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  He aquí uno de los aspectos más controvertidos que encontramos en la práctica de la mediumnidad, sobre todo en la faceta de las curaciones. Sin embargo, desde el principio, la doctrina espirita ha dejado bien claro que bajo ninguna circunstancia se debe recibir
ninguna compensación económica ni de ningún otro orden en el ejercicio de la mediumnidad. 
 
  Recordemos la enseñanza del maestro Jesús: «Lo que de gratis se os da, gratis lo tenéis que dar». En estos términos se dirigió el más grande de los espíritus que ha pasado por la tierra cuando ordenó a sus apóstoles a que predicaran su evangelio, hiciesen curaciones, echaran a los demonios, etc., en una palabra cuando invitó a sus apóstoles a que pusieran en práctica las facultades mediúmnicas que poseían. 
 
  Si el mismo Jesús en ningún momento pidió nada a cambio por los prodigios y manifestaciones que realizaba como fruto de su altísimo nivel espiritual, y además recomienda a sus apóstoles que tampoco ellos pidieran nada a cambio, sino que les enseña diciendo «dadlo gratis», ¡vamos a ser nosotros más que el propio maestro Jesús y sus apóstoles! Está claro que no. Nadie es más que nadie, cada uno está en el lugar que le corresponde y ha traído la misión que más le beneficia en el momento actual de su evolución, pero lo que si hemos de entender, con claridad es que las leyes universales son iguales para todos sin excep­ción. Las leyes espirituales no cambian, están esta­blecidas para mantener un equilibrio y armonía perfec­tos tanto en el universo físico, como en el destino de cada una de las almas que Dios ha creado con la finalidad de que lleguen a adquirir la perfección. 
 
  Las leyes no cambian ni con el tiempo ni con las personas, son iguales para todos, y si Jesús nos enseña que lo que viene por medio de una mediumnidad, que no se ha pagado, hay que darlo también gratis, esta enseñanza es aplicable para todos. ¿Pero por qué? LLegados a este punto hemos de recordar el objetivo de la mediumnidad: ayudar al espíritu en su ascenso hacia estadios más altos de progreso y espiritualidad. La mediumnidad es un aspecto netamente espiritual, que no hemos de confundir ni mezclar con nada material, como es comerciar con ella, emplearla por interés personal, afán de protagonismo, etc. 
 
  Mientras que unos espíritus pueden venir con mediumnidad voluntariamente para agilizar su progreso y probarse ciertas cualidades, otros pueden venir obligados para saldar viejas deudas y corregirse de un pasado de errores; pero en cualquier caso es una misión a la que nos hemos comprometido para llevarla a cabo altruistamente, aunque ahora no lo recordemos. 
 
  Cuando un espíritu pide una mediumnidad es para realizar una misión en favor de los demás y lograr engrandecerse más como espíritu dándose a sus semejantes con total desinterés. Pero si una vez aquí se inclina por el lado material y cobra sus trabajos no está cumpliendo con lo que pidió y está dándole paso a su egoísmo, con lo cual no se engrandece como espíritu, sino que se estanca y no vale para nada haber ejercido una facultad, teniendo que volver a repetir la existencia. 
 
  Y si se trae porque es mucho lo que este espíritu debe y a consecuencia de ello lleva mucho atraso en su evolución, si cobra aquí en la tierra no paga aquello que venía a pagar y queda doblemente endeudado. 
 
  Venir con una facultad mediumnica no nos sitúa en una posición por encima de nuestros semejantes, sino todo lo contrario, más vale pensar que somos espíritus endeudados con la ley y que gracias a la facultad podemos rescatar en muy poco tiempo lo que de otro modo nos llevaría quizás varias existencias, a que nos creamos seres especiales y más tarde en el espacio comprobar y reconocer que estábamos totalmente equivocados. 
 
  Cuando Jesús dice que tenemos que darlo gratis nos quiere decir además que lo hagamos con el corazón, porque sólo así nos sale ese gesto de caridad y de fraternidad que sin duda hemos venido a desarrollar. Este planteamiento nos lleva también a comprender que no valen las justificaciones que observamos en muchos lugares, en los que a costa de «aceptar la voluntad» se llegan hasta a ganar verdaderas fortunas: ¿es este el modo de ofrecer un ejemplo de la existencia del mundo espiritual? No nos engañemos a nosotros mismos, porque a Dios tengamos la seguridad de que no lo podemos engañar. 
 
  ¡Cuántos hay que comienzan sinceramente acep­tando la voluntad -quizás porque carecen de conoci­mientos- y terminan por exigir un mínimo de pago ya que se dan cuenta de que de esta forma pueden ganar mucho más que con la profesión que ejercen, la cual llegan en muchos casos a abandonar!. La tentación es muy sutil y puede atacarnos desde diversos ángulos intentando siempre darnos una buena excusa que justi­fique nuestro proceder. Somos espíritus todavía bajos de moralidad y no tenemos bien cimentadas unas cua­lidades espirituales en nuestra alma, por lo que siempre será más prudente cerrar la puerta a esta tentación y evitar caer en la trampa que nos tienden nuestras imperfecciones. 
 
  Todo médium ha de cumplir primero con los deberes que como persona tiene a nivel familiar, profesional, etc., y después según lo que le dicte su conciencia dedicarle el tiempo que crea oportuno a la facultad. Por muchas personas que atendamos si no lo hacemos altruistamente y de corazón de nada nos sirve, más vale que atendamos a una persona pero en las debidas condiciones, que a cien y no lo hagamos bien. 
 
  No debemos confundir la mediumnidad con una profesión, no tiene ningún parecido. La mediumnidad no nos obliga a desatender nuestras obligaciones comunes, las cuales no son menos importantes, ni tampoco nos obliga a un rendimiento. Somos nosotros quienes debemos dominar a la mediumnidad y no ésta a nosotros y darle el uso adecuado así como el ejemplo e imagen de cara al exterior que requiere. 
 
  Al venir a la tierra Dios confía en nosotros para que cumplamos una misión y nos da libre albedrío para que aprendamos a caminar por nosotros mismos, hagamos un esfuerzo por comprender todo este tipo de cuestiones las cuales, sin estudio y análisis por nuestra parte, nos pueden pasar desapercibidas y perder una gran oportunidad para vivir una existencia decorosa, agradable a Dios y que nos sirva para elevarnos por encima de los errores que en el pasado cometimos, librándonos de un peso que arrastra nuestro espíritu y que no le permite tener acceso a vidas más felices y ventajosas. 
 
F.H.H. 
 
 
No es gran virtud la que se tiene por esperanza o por temor; la virtud de más valor es hacer el bien sólo porque es el bien’. 
 
MARIANO AGULLÓ

CRISIS ESPIRITUAL, CRISIS DE FE

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   En artículos precedentes nos hemos decantado por determinar que el origen de la crisis no es económico, sino que sus raíces son más profundas. Es cierto que a los seres humanos lo que más nos duele, es aquello que nos toca el bolsillo por ello ahora se intenta
resolver todo con medidas económicas, anteponiéndose estas incluso a las necesidades esenciales que van a dejar de cubrirse porque se supone que no hay dinero para tal fin. 
 
  Seguimos sin ser conscientes de que la crisis económica es un efecto, no una causa. Y mientras no trabajemos sobre las causas los efectos seguirán acechándonos. En tanto no veamos donde está el principio del error y porqué hemos acometido ciertas líneas de trabajo, las soluciones que pretendemos tomar sólo serán parches, como mucho nos darán una solución a corto plazo, no obstante el problema persistirá. 
 
  La tendencia predominante ha sido el “todo vale”. Para crecer todo valía. Sin tener en cuenta las consecuencias que se iban a acarrear después, sin la reflexión necesaria y la toma de decisiones sin un análisis serio y tranquilo. 
 
  La fama era y sigue siendo algo muy importante. Y es cierto, si eres famoso hagas lo que hagas tienes el éxito casi seguro. Importa tu nombre, lo que hagas ya es casi lo de menos. En la antigüedad importaba lo que hacías. Prácticamente desconocemos la autoría de los maestros de las imponentes catedrales, que se construyeron a lo largo de los siglos. Antes importaba más el qué, ahora nos importa el quién. 
 
  Si una prenda de vestir es de marca la compramos, aunque a veces no se halle dentro de nuestras posibilidades, importa más la marca que la prenda en sí, creemos que eso nos da prestigio. Como si la ropa influyera en nuestra personalidad. Puede elevarnos el ego, la vanidad, a parte de eso poco más nos puede reportar. 
 
  Estos son sólo ejemplos para que nos demos cuenta sobre que base estamos construyendo últimamente nuestra sociedad. El todo vale, el éxito, el afán de poder, de riqueza, la popularidad, el capricho, el lujo, están sustituyendo a valores como la humildad, el esfuerzo, el sacrificio, el trabajo bien hecho, la sinceridad, la honradez, y así nos hemos visto salpicados, por el gasto, por la corrupción, por el materialismo embrutecedor en una palabra. 
 
  Los pilares sobre los que estamos levantado nuestra sociedad están carentes de fundamento y se han venido abajo. Hemos perdido el valor de la individualidad y la autenticidad. Nos ha faltado la educación en lo moral y en lo espiritual que hubiera podido poner algo de freno en toda esa espiral que se ha desarrollado por doquier. 
 
  Hemos experimentado una modalidad de vida, tan material, que seríamos capaces de hacer lo que sea por tener renombre. En el ámbito político a falta de una madurez en lo personal y más aún en lo moral, a falta de una auténtica vocación de servir y de trabajar en pos de una sociedad mejor y más justa, nos hemos visto atrapados por las garras del poder, del dinero y de la corrupción y desfallecemos ante ellas. 
 
  En el ámbito empresarial si hemos llegado a ser líderes, podemos mirar con menosprecio a las capas inferiores. Creamos una barrera de clases infranqueable, y la sociedad se va distanciando cada día más entre ricos y pobres, esto a largo plazo puede derivar como otras veces en la historia ya ha ocurrido en consecuencias nada positivas. 
 
  En definitiva nos dejamos gobernar por un sinfín de cosas, todas ellas efímeras y carentes de valor, son sólo una etiqueta, una marca, un prestigio social sin fundamento verdadero, pero por dentro estamos vacíos, carentes de valores sólidos y transcendentes. Cuando nos faltan todas esas cosas externas nos encontramos solos ante nosotros mismos y entonces nos sentimos infelices, faltos de todo,… 
 
  Lo peor de esto es que todos estos valores del momento han sido un espejo para muchos otros, que creían que ahí estaba la realidad de la vida, había que conseguirlo todo en poco tiempo y con el mínimo esfuerzo, y gran parte de la sociedad se ha contaminado de esta modalidad de vida que no podía ser y que de hecho no ha llegado a buen término. 
 
  En resumen el efecto de dicha modalidad de vida ha culminado en los efectos económicos que estamos viviendo, cuyos presagios no son muy halagüeños y a costa de reiterarme insisto en que gran parte de la responsabilidad de dicha crisis estriba en una gran crisis espiritual, crisis moral y de fe y por tanto de valores humanos. 
 
  No hemos mirado hacia dentro de nosotros intentando mejorar nuestra personalidad, no nos ha interesado, eso no está en nuestros objetivos, no nos importa demasiado nuestro interior, y sin embargo si nos importa el exterior, y las posesiones que podamos alcanzar, y lo bien vistos que estemos socialmente, y de ahí se desprende nuestra carencia de valores y que el edificio se haya venido abajo. Hemos construido una sociedad falta de ideales, no hemos pensado en los que vienen detrás, la generación más preparada de la historia, pero que ahora mismo es la gran olvidada.

F. H. H.
 
© Grupo Villena 2012

LA DELICADEZA

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La delicadeza

Sin duda alguna, al igual que la caridad, la sencillez, el altruismo o la amistad, la delicadeza es uno de los máximos exponentes que marcan la espiritualidad de un individuo.

  «Arrojad un hueso a un perro y con él se largará con el rabo entre las patas, sin la más leve demostración de agradecimiento, pero llamadlo cariñosamente, dadle el hueso con vuestra propia mano y os agradecerá el detalle».

  Efectivamente, esta frase que alguien dijo, define claramente que la delicadeza es la llave que nos abre, que nos permite el acceso a los demás, porque esta manera de ser infunde respeto y confianza, porque a través de la ella aprecian también a alguien que no le puede hacer daño, alguien consciente de la dignidad que merecen todas las personas, animales o cosas, hacía los cuales hemos de tener el máximo cuidado y no sólo eso, sino también cariño, ternura, dulzura, afabilidad en el trato, etc.

  Si observamos la escala social de nuestra humanidad, enseguida nos percataremos que la delicadeza, la amabilidad, la educación y los buenos modales, son la herramienta de las almas grandes, de las personas equilibradas, de todos aquellos que pretenden relacionarse bien con todos, en todo momento y lugar, y es que el lenguaje de la delicadeza y los buenos modos lo entiende todo el mundo porque es universal, y como antes hemos mencionado lo perciben hasta los animales.

  Por el contrario, quien no tiene la sensibilidad de iniciar un trato cordial. afable, delicado, quien enseguida pierde el control de sus palabras, de sus gestos, de sus modos, quien además se irrita fácilmente y pierde los nervios y la compostura, es señal de una ruindad moral que lo empequeñece y que denota el atraso evolutivo en que se encuentra en lo moral y espiritual.

  Esta persona es digna de lástima y compasión porque con esa actitud que manifiéstase mantiene estancar do en su progreso y será casi con toda seguridad el sufrimiento quien le haga a base de experiencias cambiar para comenzar a mostrarse hacia sus semejantes con mejor trato y educación, tal y como se merecen.

 La falta de delicadeza es en muchas ocasiones la causa que no deja lugar para un mayor acercamiento y confianza de unos hacia otros. Las barreras que a veces existen entre las personas y que casi siempre carecen de fundamento pronto se derrumban con un simple gesto de dulzura, de ternura, de simpatía, de buen trato para dejar paso después a ese acercamiento que se convierte con el trato sincero y agradable en sólida confianza y amistad.

  A falta de este comportamiento, si nos mostramos quisquillosos, recelosos, egoístas, acaparadores, etc., etc., lo único que conseguimos es poner cercos a nuestra persona, muros a veces insalvables que nos llenan de infelicidad, porque el ser humano es por encima de todo un ser sociable, y esta es una cualidad que hay que aprender día a día, es un trabajo personal intransferible que hemos venido a realizar y de él depende en gran parte nuestra dicha en la tierra. No es mas dichoso y feliz quien más dinero, fama, títulos o poder acapara, sino quien más amigos sinceros tiene, porque los amigos no se compran, se hacen, y sólo saben hacerlos aquellos que son capaces de renunciar a sus gustos por los demás, que piensan antes que en sí mismos en sus semejantes, y a esto, se empieza por la delicadeza que es la puerta que conduce a la confianza “Esta sociedad nuestra de maravillosos inventos, computarizada y avanzada hasta limites que jamás pudimos soñar está sobrada de casi de todo menos de personas educadas, afables y delicadas, capaces de salir de sí mismas, de pensar en los demás, de llevar siempre dibujada en el rostro una sonrisa de aceptación y aliento, sin dejarse arrastrar por la trepidante dinámica del egoísmo cruel que pisotea los más nobles sentimientos».

  Tiene razón Bernabé Tierno al pronunciar estas palabras, y es que estamos tan inmersos en una sociedad tan competitiva, tan agresiva, tan materializada, tan falta del verdadero y más importante conocimiento que debemos adquirir, que es el espiritual como base de nuestra vida, que con mucha facilidad se nos pasa por alto la importancia que tiene la educación desde la más tierna infancia, y esta educación comprende claro está no sólo los estudios y los buenos modales, sino hacer hincapié en que el niño controle sus defectos y los malos sentimientos y ayudarle a que crezca sin agresividad, sin malicia, sin egoísmo enseñándole a compartir sus juguetes, etc, etc., en definitiva ayudándole para que vaya sacando las buenas inclinaciones y los buenos senti­mientos hacia sus amigos, sus padres y hermanos, sus vecinos, hacia todos los seres en general.

  Con la buena educación y el conocimiento espiritual y de los valores humanos podremos catapultarnos después, con la seguridad de que vamos a actuar lo más correctamente posible, hacia las conquistas y realizaciones, profesionales, sociales, etc., con la ventaja de que entonces con esa firme y sólida base, será más difícil que el materialismo haga presa en nosotros, de que la sociedad nos empuje y nos arrastre por sus derroteros, quitándonos el humanismo que llevamos en nuestro interior, del cual se carece en grandes dosis en nuestra humanidad.

  La delicadeza es el lenguaje de los pequeños detalles, y ahí estriba su gran importancia, muchas personas no le dan relevancia a los pequeños gestos, ni siquiera los saben apreciar, prefieren hacer alarde de grandes cosas porque con ello tienen más eco en la sociedad y su afán de protagonismo se ve recompensado, sin embargo, quizás después a puerta cerrada su hogar carece de paz y de dicha, allí el protagonista es el vacío, la soledad, el sufrimiento. Capaces de hacer grandes cosas, gestos que se vean a la luz de los demás y sin embargo no son capaces de regalar una sonrisa, de dar un gesto de aprobación, de consolar al menos favorecido, de ceder el paso a un peatón, de ir por la vida con simpatía para hacérsela a los demás más agradable, aunque por dentro uno tenga sus preocupaciones, estos detalles no cuestan nada, sólo cuesta habituarse a ellos como norma de conducta para que pasen a ser parte de uno, es un compromiso que como humanos debemos respetar y que nuestros compañeros de lucha y fatigas en el sendero de la evolución se merecen.

  La delicadeza es precisamente eso, vivir los pequeños detalles, te­ner ese gusto y tacto que hace que las cosas, que la vida en general tenga un sentido más amplio, más intenso, sin necesidad de grandes sensaciones. Con la delicadeza vivimos el día a día con más emoción, valoramos mejor cada momento de nuestra vida. Y lo podemos comprobar, hagamos un análisis y veremos que cuando alguien nos agradece con sencillez, pero sinceramente algo que hayamos hecho por ellos, ese gesto nos cala muy dentro y nos hace sentimos útiles, analicemos y descubriremos que cuando alguien pensó en nosotros, cuando alguien nos tendió su mano, cuando alguien hizo algo por nosotros, por muy pequeño que fuera, aunque sólo se trate de ofrecemos un café, si lo hizo de corazón, es decir con delicadeza, con educación, con una sonrisa, con buen gusto, veremos que eso es lo que nos llegó al alma, no el café, no es el hecho en cuestión lo que nos agradó, sino la forma en que lo hizo, es decir su delicadeza hacia nuestra persona, como bien lo define la Real Academia de la Lengua; “Atención y exquisito miramiento con las personas o cosas, en las obras o en las palabras. Ternura, suavidad.”

  Según podemos apreciar, los pequeños detalles, los gestos deli­cados tanto para el prójimo, como para los animales y las cosas, son de gran importancia pues no por pasar desapercibidos en muchas ocasiones y por su sencillez carecen de valor, sino todo lo contrario, es precisamente por estas razones por lo que se revisten de gran importancia estos gestos, y por donde se puede calibrar la espiritualidad de una persona, notando también destacar lo mucho que progresa una persona en una existencia con el conjunto de estos detalles moral y espiritualmente, pues aunque los hombres no lo vean ni lo agradezcan el Padre que todo lo ve, en su infinita bondad y sabiduría sí aprecia y premia a todo aquel que delicadamente trata a los demás.

La delicadeza por: Fermín Hernández

MISIÓN DEL ESPIRITU PROTECTOR

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   Al tratar el tema de la mediumnidad se hace necesario hablar, cómo no, del espíritu protector puesto que no podría existir la mediumnidad sin la ayuda y colaboración que ejercen estas entidades. 
 
   Para tener una visión clara de la misión que realiza el espíritu protector podemos dividirla en varios apartados: 
– La que presta en el espacio, antes de encarnar el futuro médium, ayudándole en su preparación. 
 
– Acompañándole una vez ya encarnado desde una edad anterior al desarrollo de la facultad. 
 
– Efectuar el desarrollo de la facultad mediúmnica. 
 
– Ayudarle a recordar el compromiso adquirido. 
 
– Protegerle de entidades burlonas y engañosas. 
 
– Realizar el trabajo de intercambio mediúmnico. 
 
– Avisarle en caso de que no esté moralmente bien orientado y peligre el cumplimiento de su misión. 
   En primer lugar, estos espíritus en cooperación con otros que son especialistas en esta materia son quienes llevan a cabo el desarrollo de las facultades mediúmnicas. Por lo tanto, podemos considerar la gran importancia que tiene el trabajo realizado por ambos espíritus que son los verdaderos artífices de todo el proceso de desarrollo de la facultad. 
 
   Esta parte de trabajo, anterior a la puesta en práctica de la facultad mediúmnica, es tanto o más difícil de realizar que aquel que lleva a cabo después, y en muchas ocasiones no se le da la importancia que tiene, pues en lugar de darle facilidades para que este hermano realice su trabajo, si bien por desconocimiento muchas veces, se le pone grandes dificultades, por lo cual tiene que realizar ese desarrollo en circunstancias más desfavorables y adversas. 
 
   Con esto hemos de tener claro que la misión que cumple el espíritu protector comienza mucho antes de estar terminada la facultad mediúmnica y en algunos casos empieza su trabajo en el espacio antes de que el futuro médium encarne. Es allí, en el plano espiritual, donde se va cimentando y forjando el espíritu encarnante el proyecto de venir provisto de una facultad espiritual y ya desde esa dimensión el espíritu protector puede ir acompañándole y haciéndole consciente de la preparación que ha de conseguir, puesto que de ello puede depender el principio del éxito a alcanzar por el médium, y esto es un logro en el que el protector pone todo su empeño entusiasmado por ayudar a un alma amiga o bien a un espíritu endeudado con la ley en su progreso. 
 
   De este modo, ambos espíritus van conociéndose, adaptándose y comienzan a estar acostumbrados a trabajar en común, y si entre ambos ya existe una afinidad espiritual previa, establecida en otras existencias les será más fácil efectuar el trabajo al que se comprometieron en la Tierra. 
 
   Otra faceta, también importante, que cumple es la ayuda que presta al médium ya encarnado para que recuerde la misión que ha traído con su facultad. Es lógico que así sea pues es fácil reconocer que aunque el médium venga ya desde el espacio, antes de encarnar, comprometido con una facultad, cuando toma materia pierde el recuerdo del compromiso que trae, aunque como espíritu siente en su fuero interno que hay algo que tiene que hacer. 
 
   Esto explica porqué hay personas que no pueden estar tranquilas, pues viven una sensación íntima que no saben descifrar con precisión, sin embargo se sienten presionadas a buscar algo porque no se sienten satisfechas. Este estado interior es generado por su propio espíritu que le transmite la responsabilidad que tiene con respecto a la labor mediúmnica. 
 
   Es ahí donde presta también un gran apoyo el protector que va intuyendo y orientando al médium para que busque una buena fuente donde le instruyan y le ofrezcan un apoyo para el buen cumplimiento de todo lo que tiene asignado, y si la persona pone de su parte y actúa con buena voluntad sin duda encontrará esa luz que necesita guiado como está por su protector. 
 
   La misión del espíritu protector consiste más en conseguir que el médium lleve una vida correcta y de acuerdo a las leyes espirituales, que otra cosa, porque con esto se logra el fin que todo espíritu trae a la Tierra: su perfeccionamiento espiritual, tanto si ha venido con la facultad como expiación para pagar sus deudas o como prueba. 
 
   Para el espíritu protector, realizar la parte de su trabajo es lo más sencillo, porque tiene la fuerza y la ayuda de Dios y de los espíritus superiores que colaborarán con él en todo cuanto necesite, y porque está haciendo una misión para la cual está preparado, pero muchas veces lo más difícil es precisamente conseguir que el médium se oriente y ponga en práctica los conocimientos morales que las grandes doctrinas espiritualistas nos enseñan. 
 
   La misión que, como podemos apreciar, tiene el espíritu protector es muy amplia y no se limita como a priori se puede pensar en «proteger al médium», puesto que en ello quien más cuidado ha de poner es el propio médium, quien tiene que adoptar una actitud y conducta moral intachables para «aislarse» de entidades espiri­tuales poco deseables. Si el médium, que es el primer interesado en no verse entorpecido e influenciado por estas entidades, pone remedio a esto a través de su moralidad, atraerá por simpatía espíritus buenos que le ayudarán, y su protector podrá tomar tal fuerza y tal control de su mediumnidad, que el éxito estará asegurado para que el médium no se vea en ningún momento afectado y engañado por entidades de baja elevación, las cuales se aferran a las imperfecciones con tanta maestría que logran hacer creer al médium que ellos son los protectores, con lo que estos quedan completamente fuera de lugar. 
 
   Por esta razón, el espíritu protector, hará todo cuando esté a su alcance para que con los medios que cuenta intuya e inspire al médium a que se encamine correctamente, para que cuando su comportamiento no sea el más adecuado sea consciente y pueda corregirse. 
 
   El espíritu protector tiene el permiso de Dios para que cuando el médium se encuentre muy desviado de ese comportamiento y por consiguiente del objeto de su misión, le advierta de un modo especial y drástico como aviso de que está saliéndose peligrosamente del objeto de su existencia, para que no tenga más remedio que reconocer sus errores y esté a tiempo de volver a encauzarse para cumplir con su misión. 
 
   Este aviso especial que puede darle el espíritu protector al médium puede hacerlo hasta en tres ocasiones, y si agotadas estas tres oportunidades el médium se obstina en seguir con su forma de proceder, viendo que no está en condiciones de realizar un trabajo espiritual, el protector se apartará de este médium dejando de realizar la parte de trabajo que tenía asignado. 
 
   Es necesario señalar que si bien el protector, en el caso citado anteriormente, puede apartarse del médium y dejar de realizar su misión, no por ello abandona al médium, sigue con él, para que más adelante no pueda alegar que quedó abandonado y se excuse de responsabilidades. El protector sigue con él durante toda la existencia, pero no realiza sus funciones como tal porque no puede permitir que una mediumnidad sin moralidad, sin responsabilidad y sin deseos de progreso espiritual pueda hacer un trabajo en conjunción con él. 
 
   En definitiva, venir con una facultad mediúmnica, de cualquier tipología, supone bajar a la Tierra con innumerables ventajas para progresar, pues además de la ayuda del espíritu guía contamos con la ayuda del espíritu protector, que supone estar al lado de un amigo entrañable que quiere lo mejor para nosotros, que sabe lo mucho que significa para el médium cumplir con su misión y lo que con ello está arriesgando de cara a su futuro como espíritu. 
 
   Aprovechemos esta gran oportunidad que se nos brinda y el sacrifico que realizan estos espíritus para estar a nuestro lado, con la seguridad de que estaremos forjando, además de un venturoso horizonte espiritual para nuestra evolución, quizás la eterna simpatía y amistad de un espíritu amigo para todos los momentos en que necesitemos ayuda espiritual.
F.H.H.

LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

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  A poco que observemos, podemos apreciar que en la humanidad se está gestando un cambio. Este es un cambio de mentalidad en muchos sectores de la sociedad, especialmente en los jóvenes. Se le ha dado por llamar movimientos sociales. Asimismo en todos los países están
proliferando desde hace ya algunas décadas organizaciones no gubernamentales, (ONG) que pretenden paliar y llegar a prestar determinados servicios que los gobiernos no llegan a cubrir. 
  Estas organizaciones, agrupaciones, asociaciones, no están obligadas por nada ni nadie a prestar estos servicios y acciones. En muchos casos a estas personas les cuesta dinero de su bolsillo, porque sus actuaciones son altruistas y no perciben ningún salario o recompensa, su recompensa es moral, la satisfacción es interior. Por contra les cuesta muchos quebraderos de cabeza, sacrificios, luchar en contra de lo establecido, incluso críticas, la incomprensión a veces de otros sectores, etc. Y sin embargo ahí están cumpliendo un papel y labor muy importantes.  Esto a mi juicio se debe no solo a un cambio de mentalidad, sino también a una madurez espiritual que se ha adquirido y que ahora se pone de manifiesto, porque las circunstancias también lo permiten.

Como bien conocemos en la tierra no estamos solos, no estamos dejados de la mano de Dios, aunque a veces así les pueda parecer a algunos, todo lo contrario, sabemos que el desarrollo y evolución de la humanidad está auspiciado por el plano espiritual superior. Todo en el Universo obedece a Leyes Superiores que aun no bien conocemos, pero que rigen el desenvolvimiento tanto del universo físico como del espiritual, y la tierra no se escapa a esa planificación.

Pero el progreso es muy lento y donde en apariencia hay caos, desorden, destrucción, esto es lo que apreciamos en el momento, trae consigo una nueva revolución y orden en las cosas. Siendo necesario que elevemos la mirada por encima de nuestra personalidad e intereses materiales, para poder ver el conjunto y el nuevo orden de cosas que traen las revoluciones y las nuevas ideas.

  Estas hacen que la sociedad progrese, que se destruyan los antiguos moldes y se de lugar a un nuevo principio basado en mejores interpretaciones y valores. Las sociedades como los edificios con el paso del tiempo se deterioran y hay que sustituirlos por otros muchos mejores, basándonos en la experiencia y en la corrección de los errores del pasado. Todo paulatinamente se va mejorando, se elimina lo inservible, lo caduco lo que hace que la evolución se mantenga estancada.  Esto ya ha sucedido otras veces, y mientras una parte de la sociedad se resiste a los cambios, otra empuja para que estos se produzcan, y entonces se empieza como ocurre ahora por todas partes, la gente se manifiesta, se protesta, se piden cambios a nivel político, se producen enfrentamientos de todo tipo, a veces cuando falta un equilibrio manifiesto y se entra en rebeldía hasta se atenta contra el sistema y se producen manifestaciones fuera de tono como son los hechos de terrorismo en los que se atenta contra las personas. Este no es el camino.

  Desde el punto de vista espiritual sabemos que desde hace ya algunas décadas están encarnando en nuestro mundo espíritus de una condición superior a la media, son espíritus comprometidos con el cambio de era para nuestra humanidad, que son el germen de la nueva humanidad.  El espiritismo esto lo anunció: “la tierra está finalizando su etapa de mundo de expiación y prueba” para pasar a formar parte de los mundos de regeneración. Y esto evidentemente trae consigo muchos cambios, es una nueva metamorfosis, y sabemos que estas no se producen sin cambios notables y muchas veces sin dolor, sino al contrario.

Los movimientos sociales obedecen en muchos casos a esta cuestión, por un lado la fuerza del progreso que se abre paso lentamente pero sin pausas, es preciso destruir lo viejo y caduco, a esto se unen las nuevas generaciones, espíritus viejos encarnados por todas las partes del globo que traen consigo la semilla de una nueva edad y, un compromiso conjunto para cambiar las cosas y con ello la transformación de la sociedad, de las leyes y de todo aquello que mantiene al hombre anclado al pasado.

Son espíritus que traen nuevas inquietudes, espíritus que ya han vislumbrado en el espacio antes de encarnar la nueva humanidad y que se sienten especialmente comprometidos con el cambio, están cansados del viejo orden que no les satisface y que ya no les permite seguir el proceso de evolución natural al que el planeta está llamado. Se ha de subir un nuevo peldaño y no se puede esperar más.

Todos estos movimientos en el fondo lo que hacen es construir los cimientos de una nueva sociedad, esa es la cuestión. No obedecen a nada personal sino a algo más amplio, no es una queja en particular a algo, sino al todo a la generalidad del sistema que ya está agotado.

No están conformes con el curso que han tomado los acontecimientos, han percibido el peligro del progreso intelectual y científico alcanzado que no se corresponde con el progreso moral, ambos progresos deben ir a la par, y hay que corregir ese desequilibrio.

Luego sin darse cuenta estas formaciones de personas inconformes, están contribuyendo sin saberlo al cambio del ciclo esperado. Son personas que muchas de ellas no tienen conocimientos espirituales concretos, pero sí tienen clara una cosa: debe llegar un cambio social que sea más justo y solidario, más humano en definitiva, y sobre todo que esté dirigido por un nuevo orden de valores en el que ya no caben la preponderancia del dinero y del poder del más fuerte sobre el más débil.

En definitiva, la Ley del Progreso está por encima de las preferencias de los hombres y su proceso se cumple inexorablemente, a ella contribuyen millones de espíritus que en sus diversas existencias han llegado a conseguir unos niveles mínimos de progreso moral, y que ahora se reúnen esparcidos por todo el orbe para aunar esfuerzos, aunque inmersos en el cuerpo físico no sean conscientes de ello, es lo de menos, lo importante es que hacen notar su voz y transmitir a la sociedad que se está gestando un cambio que no tiene vuelta atrás.

F.H.H.

 

  El hombre no puede permanecer permanentemente en la ignorancia, porque debe llegar al fin marcado por la providencia. Se ilustrará por la fuerza de las cosas. Las revoluciones morales, como las sociales, se infiltran poco a poco en las ideas y germinan durante siglos enteros y luego estallan de repente y hacen que se hunda el carcomido edificio del pasado, que no está en armonía con las nuevas necesidades y aspiraciones nuevas.

Allan Kardec. Libro de los espíritus. Ley del progreso, pregunta 783.

LA CONFIANZA

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Confianza
Se tiene confianza en quienes apreciamos que nos respetan, que nos quieren bien, que desean lo mejor para nosotros, que nos valoran, y porque su comportamiento es amable y claro, por eso les abrimos una puerta y le brindamos nuestra confianza porque ante él no tememos expresamos y manifestamos de forma natural sin miedo a que jueguen con nuestros sentimientos, o nos engañen valiéndose de nuestra persona mientras les convenga y apartándonos cuando ya no les interesemos.
 
   La hipocresía, la mentira y la doblez, son todo lo distinto de la confianza, por ello, debemos tener cuidado cuando observemos el más mínimo detalle de estos hacia nosotros para poner las cosas en claro evitando que se llegue a males mayores, pues lo que en un principio es amistad, se puede convertir en abuso de confianza, hecho que ocurre con harta frecuencia y puede terminar más tarde en una enemistad sin tregua.
 
   Por ello es importante no confundir la confianza y la amistad con el abuso de las mismas pues señala dos caminos muy distintos, el de la persona que es sincera en sus relaciones, noble y fiel a unos principios morales, lo cual le lleva a progresar domando sus imperfecciones y sacrificándose por sus amigos y personas en general, y el segundo, el camino de los egoístas, que no saben lo que es ni lo que vale una amistad auténtica, que se aprovechan de los gestos y sentimientos más elevados de sus semejantes buscando siempre su provecho personal, haciendo lo que les da la gana, aunque quieran demostrar lo contrario, llevando en jaque a todos por el camino que quieren y valiéndose de mil argucias para lograr este propósito.
 
   Para todo aquel que se desenvuelve en un grupo, asociación, etc., nada hay peor que abusar de la confianza de sus compañeros, actuar hipócritamente y faltar a su amistad y a su respeto, porque si persisten en ese comportamiento erróneo no tienen futuro, tienen los días contados porque el que más y el que menos les cierra esa puerta que tienen de par en par, porque aunque se crean más listos que los demás se equivocan y sus defectos, que no controlan, les llevan a cometer torpeza tras torpeza incapaces de justificar.
 
   La confianza es uno de los pilares en que se sostienen las relaciones más íntimas entre las personas. Cuando ésta falta, cuando se echa de menos, cuando por cualquier razón se siguen caminos opuestos vemos que ya no existe dicha confianza, que se va perdiendo y se nos desmorona todo el edificio que habíamos levantado y una angustiosa sensación de vacío nos embarga el corazón al dar por perdidos muchos de los sentimientos que habíamos volcado hacia personas queridas.
 
   A la confianza sólo se llega por la limpieza de sentimientos, quien búsca la confianza de los demás, su apoyo, su solidaridad, su amistad, por intereses particulares y egoístas, en realidad lo que está sembrando en un futuro corto no es ni más ni menos que la desconfianza posterior, el abandono a su egoísmo, y lo que es peor la sombra de la duda para el futuro, y la dificultad por recuperar su credibilidad y la nueva confianza en él.
 
   A los valores humanos y por añadidura al afecto y la amistad sólo se llega a través del amor que se refleja en la limpieza de intenciones, y todo lo que se desvíe por caminos de egoísmo empaña, ensucia los canales del amor y por lo tanto, es algo que se descubre tarde o temprano, sufriendo así las consecuencias de desconfianza y falta de credibilidad de aquellos que en otros momentos hubieran puesto la mano en el fuego por defender a capa y espada al amigo en que se confiaba plenamente.
 
   Cuando depositamos la confianza en alguien lo que estamos haciendo es confiar en su honradez, en su honestidad, en su desinterés y altruismo, en su nobleza y autenticidad que está a prueba de falsedades, engaños y mentiras, creemos en él en definitiva, por lo tanto, quien se precie de ser persona en quien se deposita confianza nunca debe perder de vista estos factores, pues si falta a ellos corre el riesgo de que se le descubra tal cual es, con lo cual verá como se hunde sin poder hacer nada sobre el pedestal de barro que elevó sobre sí mismo.
 
   En quien más se confía es al mismo tiempo quien más confianza debe ofrecer a los demás. Quien no es capaz de confiar y confiarse a sus amigos y familiares, sino al contrario, es autosuficiente, teje alrededor suyo una corriente de intrigas, de seguidores y adversarios, enredos y embroyos, está claro que no sigue un camino limpio, porque quien obra de buen corazón, honesta y noblemente, se podrá no estar de acuerdo con él en todo, pero en lo que se refiere a su integridad moral como persona en eso no habrá ninguna sombra de duda por que se capta y se siente en él la limpieza de sus intenciones, su desinterés, su altruismo y su amor a la justicia y a la verdad.
 
   No se le puede exigir confianza a nadie, ésta ha de ser espontánea y natural y aumentará con el curso del tiempo a medida que las relaciones sigan sustentándose en el desinterés y la nobleza de sentimientos. Por lo cual, quien se crea un cerco de confianzas basadas en el temor, en historias artificiales, con hipocresía y engaño, y con toda otra forma de subterfugios, trasmitiendo una imagen que no se posee, que es irreal por lo que es a él mismo a quien se engaña, porque llega un momento en que no puede seguir sosteniéndola, se le escapa de las manos y se hunde con ella, es entonces cuando se le empieza a conocer en sus verdaderas intenciones y cuando se sabe los motivos por los que hace las cosas.
 
   Es en este momento cuando por otro lado se ha de ser justo con ella, dándole la oportunidad para su regeneración, pero no permitiéndole que vuelva a sacar sus defectos para fines egoístas, sino enseñándole a emplear sus cualidades para el bien de todos a través del altruismo y de la limpieza.
 
   Cuando la confianza es mutua no hay problema pues existe un respeto y amistad verdaderos que conduce a que un grupo de personas se ayude en su progreso y todos tengan las mismas opciones para expresarse, para que exista completa libertad y naturalidad para manifestarse y progresar todos a la vez sin detrimento de nadie.
 
    Hay una gran diferencia entre aquellas personas para las cuales el objeto de su vida es un desarrollo de sus valores espirituales y que para ese fin se esfuerzan y se sacrifican, entre aquellas otras que lo que más le preocupa es en primer lugar alcanzar sus objetivos personales y egoístas a costa de lo que sea, evidentemente, entre estos dos grupos existen distintas actitudes de comportamiento a la hora de obrar, siendo así muy difícil que se genere entre ambos una simpatía y una afinidad fuertes y estables dado que lo que ambos persiguen no es lo mismo, aunque en principio los conocimientos espirituales que se tengan sean los mismos.
 
   La sinceridad es el valor inseparable de la confianza, cuanto mayor sea la confianza que nos inspiren las personas más grande será la sinceridad que le dispensaremos. Cuando hay falta de sinceridad hay falta de limpieza, por esta razón debemos ser cautos con todos aquellos que no son sinceros y espontáneos, porque en general esconden intereses particulares que quieren conseguir aprovechándose muchas veces de la buena voluntad de los otros y esto no lo debemos permitir, hemos de ser sinceros en primera persona y ofrecer confianza, pero dejando claro que ese mismo es el camino por donde deseamos que lleguen nuestros semejantes hacia nosotros.
 
La confianza por: Fermín Hernández

MEDIUMNIDADES ENTORPECIDAS

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  Cuanto más vamos profundizando en el conocimiento de las leyes de la vida, mejor vamos entendiendo infinidad de situaciones que se nos presentan y que de otro modo, nos seria imposible comprenderlas. 
 
  Si nos situamos en el terreno de la mediumnidad, esta necesidad de conocer el porqué de la misma y cómo hemos de llevarla a la práctica se hace imprescindible. 
 
  La mediumnidad es un arma de doble filo. Con ella hemos venido a adelantar mucho nuestro progreso, pues es grande la oportunidad que nos presta para hacer el bien y que comprendamos muchas cosas; no obstante, si no cumplimos bien con este compromiso que conlleva, significa que nos hemos estacionado habiendo perdido una oportunidad de oro, invalorable como ninguna otra para progresar y rescatar deudas del pasado, y ello habremos de pagarlo en la medida que la justicia divina determine. 
 
  Tal es el caso de las mediumnidades entorpecidas que son aquellas personas que vienen con una facultad espiritual descon­trolada, que manifiestan un gran desajuste psíquico a consecuencia del desequilibrio espiritual que viven internamente, que se ve ampliado además por las influencias de entidades desencarnadas de baja condición moral que le acompañan. 
 
  Son personas que se encuentran en un lamentable estado de existencia humana, el cual es prácticamente irreversible, en tanto no cambie su actitud, ya que este estado es consecuencia del pago de una deuda adquirida en vidas anteriores y casi siempre obedece, precisamente, al rechazo que esta persona hizo de una facultad con la que vino en otra existencia, de la cual no quiso saber nada. 
 
  Pero no necesariamente puede estar una facultad entorpecida como pago de deudas anteriores, porque si una persona viene dotada de mediumnidad y no le presta la atención y la orientación adecuadas, sino que la tiene en un completo abandono, puede en esa misma existencia empezar a sufrir sus consecuencias. Tengamos en cuenta que toda mediumnidad viene acompañada de uno o varios protectores espirituales, según la misión que venga a realizar, y este protector no puede estar perdiendo el tiempo, sino que ha pedido venir con una facultad como forma de progreso para él. 
 
  Cuando el protector comprende que con esta mediumnidad no va a realizar ninguna labor, dadas las condiciones a las que ha llegado: falta de moralidad, abandono y rechazo de la facultad, etc., se ve en la necesidad de dejarlo a su libre albedrío y seguir otra andadura, y es entonces cuando esta mediumnidad empieza a vivir en toda su intensidad el descontrol que se deriva de tener una facultad mediúmnica que le pone en contacto con un plano espiritual de baja condición moral y del cual no tiene apenas protección. 
 
  Nunca debemos incurrir en estos dos errores, es decir, abandonar la facultad mediúmnica no dándole la importancia que tiene, o lo que es peor, rechazarla por completo, porque todo compromiso que venimos a realizar en la tierra hemos de cumplirlo inexorablemente, y si no lo logramos en una existencia queda pendiente para otra posterior en la que tendremos que repetir la experiencia, a fin de conseguir cumplir con los objetivos asumidos. Ahora bien, podemos tener la completa seguridad de que las facilidades y ventajas que se nos conceden en primera instancia no las vamos a disfrutar posteriormente, porque hemos de pagar el error de no haberlas aprovechado antes, sino todo lo contrario, las despreciamos y no les hicimos ningún caso. Así pues podemos comprender esos casos de mediumnidades que vemos que andan con ese descontrol tan grande y del que tanto les cuesta salir. 
 
  La mediumnidad, como ya hemos remarcado en artículos anteriores, es un compromiso espiritual preencarnatorio de una elevada responsabilidad, que si la tomamos con voluntad y predisposición puede ser una experiencia sumamente positiva y enriquecedora para nuestra personalidad, que hemos de intentar llevar a la práctica del mejor modo que sepamos y entendamos, pero nunca debemos dejar de lado porque más adelante se nos pedirán cuentas de nuestra actuación. 
 
F.H.H.