¿Crisis que crisis?

CRISIS ESPIRITUAL, CRISIS DE FE

 
   En artículos precedentes nos hemos decantado por determinar que el origen de la crisis no es económico, sino que sus raíces son más profundas. Es cierto que a los seres humanos lo que más nos duele, es aquello que nos toca el bolsillo por ello ahora se intenta
resolver todo con medidas económicas, anteponiéndose estas incluso a las necesidades esenciales que van a dejar de cubrirse porque se supone que no hay dinero para tal fin. 
 
  Seguimos sin ser conscientes de que la crisis económica es un efecto, no una causa. Y mientras no trabajemos sobre las causas los efectos seguirán acechándonos. En tanto no veamos donde está el principio del error y porqué hemos acometido ciertas líneas de trabajo, las soluciones que pretendemos tomar sólo serán parches, como mucho nos darán una solución a corto plazo, no obstante el problema persistirá. 
 
  La tendencia predominante ha sido el “todo vale”. Para crecer todo valía. Sin tener en cuenta las consecuencias que se iban a acarrear después, sin la reflexión necesaria y la toma de decisiones sin un análisis serio y tranquilo. 
 
  La fama era y sigue siendo algo muy importante. Y es cierto, si eres famoso hagas lo que hagas tienes el éxito casi seguro. Importa tu nombre, lo que hagas ya es casi lo de menos. En la antigüedad importaba lo que hacías. Prácticamente desconocemos la autoría de los maestros de las imponentes catedrales, que se construyeron a lo largo de los siglos. Antes importaba más el qué, ahora nos importa el quién. 
 
  Si una prenda de vestir es de marca la compramos, aunque a veces no se halle dentro de nuestras posibilidades, importa más la marca que la prenda en sí, creemos que eso nos da prestigio. Como si la ropa influyera en nuestra personalidad. Puede elevarnos el ego, la vanidad, a parte de eso poco más nos puede reportar. 
 
  Estos son sólo ejemplos para que nos demos cuenta sobre que base estamos construyendo últimamente nuestra sociedad. El todo vale, el éxito, el afán de poder, de riqueza, la popularidad, el capricho, el lujo, están sustituyendo a valores como la humildad, el esfuerzo, el sacrificio, el trabajo bien hecho, la sinceridad, la honradez, y así nos hemos visto salpicados, por el gasto, por la corrupción, por el materialismo embrutecedor en una palabra. 
 
  Los pilares sobre los que estamos levantado nuestra sociedad están carentes de fundamento y se han venido abajo. Hemos perdido el valor de la individualidad y la autenticidad. Nos ha faltado la educación en lo moral y en lo espiritual que hubiera podido poner algo de freno en toda esa espiral que se ha desarrollado por doquier. 
 
  Hemos experimentado una modalidad de vida, tan material, que seríamos capaces de hacer lo que sea por tener renombre. En el ámbito político a falta de una madurez en lo personal y más aún en lo moral, a falta de una auténtica vocación de servir y de trabajar en pos de una sociedad mejor y más justa, nos hemos visto atrapados por las garras del poder, del dinero y de la corrupción y desfallecemos ante ellas. 
 
  En el ámbito empresarial si hemos llegado a ser líderes, podemos mirar con menosprecio a las capas inferiores. Creamos una barrera de clases infranqueable, y la sociedad se va distanciando cada día más entre ricos y pobres, esto a largo plazo puede derivar como otras veces en la historia ya ha ocurrido en consecuencias nada positivas. 
 
  En definitiva nos dejamos gobernar por un sinfín de cosas, todas ellas efímeras y carentes de valor, son sólo una etiqueta, una marca, un prestigio social sin fundamento verdadero, pero por dentro estamos vacíos, carentes de valores sólidos y transcendentes. Cuando nos faltan todas esas cosas externas nos encontramos solos ante nosotros mismos y entonces nos sentimos infelices, faltos de todo,… 
 
  Lo peor de esto es que todos estos valores del momento han sido un espejo para muchos otros, que creían que ahí estaba la realidad de la vida, había que conseguirlo todo en poco tiempo y con el mínimo esfuerzo, y gran parte de la sociedad se ha contaminado de esta modalidad de vida que no podía ser y que de hecho no ha llegado a buen término. 
 
  En resumen el efecto de dicha modalidad de vida ha culminado en los efectos económicos que estamos viviendo, cuyos presagios no son muy halagüeños y a costa de reiterarme insisto en que gran parte de la responsabilidad de dicha crisis estriba en una gran crisis espiritual, crisis moral y de fe y por tanto de valores humanos. 
 
  No hemos mirado hacia dentro de nosotros intentando mejorar nuestra personalidad, no nos ha interesado, eso no está en nuestros objetivos, no nos importa demasiado nuestro interior, y sin embargo si nos importa el exterior, y las posesiones que podamos alcanzar, y lo bien vistos que estemos socialmente, y de ahí se desprende nuestra carencia de valores y que el edificio se haya venido abajo. Hemos construido una sociedad falta de ideales, no hemos pensado en los que vienen detrás, la generación más preparada de la historia, pero que ahora mismo es la gran olvidada.

F. H. H.
 
© Grupo Villena 2012
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