¿Crisis que crisis?

FASES DEL PROGRESO

La Humanidad ha realizado hasta hoy indiscutibles progresos. Los hombres, gracias a su inteligencia, han obtenido resultados jamás alcanzados en lo que respecta a la ciencia, el arte y el bienestar material. Pero les queda aún por realizar un inmenso
progreso: hacer reinar entre sí la caridad, la fraternidad y la solidaridad para asegurar el bienestar moral.
 (El Génesis, Señales de los Tiempos, ítem. 6 Allan kardec)
Que lejos estamos de alcanzar esa realidad. Sin duda la mayor utopía que pueda albergar el ser humano, y sin embargo, es a lo que está destinado nuestro planeta.
Pero que hace imposible que se pueda realizar ese “sueño”, sin duda que el progreso intelectual es muy superior al progreso moral. Somos inteligentes, pero no sabios. El grado de inteligencia  no está nivelado con respecto al adelanto moral, hay un desequilibrio muy grande. La mayoría de nuestros esfuerzos están encaminados a satisfacernos egoístamente, aquí y ahora, sin pensar en el mañana y mucho menos en el prójimo.
Esta es la razón por la cual nos queda por realizar un inmenso progreso, que es el de nuestro perfeccionamiento. Como seres supuestamente civilizados y racionales que somos. No es difícil de imaginar que si nuestro lado moral  estuviera desarrollado al mismo nivel que la parte intelectual, la vida en la Tierra sería otra cosa muy diferente. 
Pero como expresa el titular de este artículo en el progreso existen fases. Y hemos llegado a la fase en que nuestro mundo ya no puede albergar por mucho más tiempo una humanidad inferior en lo moral como lo es la nuestra. Rotundamente no. La Tierra como tal es una escuela, y nosotros no somos más que alumnos inmersos en un curso en que tenemos que adquirir al menos un mínimo de progreso espiritual para poder seguir estando matriculados en la misma. Ahora viene un curso “superior” y sin la debida preparación no se puede asistir al mismo. Este símil es perfectamente válido para el tema que nos ocupa.
La tierra como escuela también atraviesa sus fases de evolución, y la humanidad que lo puebla tiene que ir al rítmo y compás que marcan las esferas superiores. Hay muchas moradas en la casa de mi Padre, nos recordó Jesús de Nazaret, la Tierra fue un mundo primitivo y pasó a ser un mundo de expiación y prueba, ahora ha cumplido su mayoría de edad y pasará a ser un mundo de regeneración. Y para alcanzar ese estado de superación sólo admitirá a aquellos espíritus que hayan manifestado un esfuerzo en sus múltiples vidas, en esa otra fase ya superada de barbarie y materialismo, y tengan la capacidad y la fuerza moral para seguir aspirando un mundo mejor.
Han sido multitud de existencias, un sinfín de pruebas, de exámenes parciales, de experiencias, de correcciones debido a la faltas y a los fracasos, pero a la postre venciendo las dificultades, los obstáculos, templando el alma, y extrayendo de los cientos y cientos de vicisitudes y circunstancias su parte positiva, ese elixir que constituyen los valores humanos, éticos y espirituales.
Un mundo con ese escenario al que se refiere el Maestro Allan Kardec es una utopía en una sociedad como la nuestra, tan dispar, tan desequilibrada, con tantas diferencias en lo intelectual, volitivo y moral, estando mezclados tan diversos grados evolutivos unos con otros, lo cual es el resultado del esfuerzo y los sacrificios de unos con respecto a los otros, porque a todos se nos han dado las mismas oportunidades y cada una con base a su libre albedrío a actuado de una manera u otra. Pero hágase una selección, colocando a cada cual en el “continente” que vibre acorde a sus pensamientos y sentimientos elevados y libres de ya ese exacerbado y milenario orgullo, ambición y egoísmo, y entonces veremos como si es posible un mundo feliz, o al menos en vías de alcanzar la dicha  y la felicidad que la tierra prometida nos puede reportar.
La tierra prometida, la buena nueva no es otra que la de un mundo igualitario, pero para eso se tiene que realizar una selección, la gran selección que se ha llevado a cabo en los últimos 2.000 años, el último gran ciclo para demostrar a que lado del Padre estamos, si a la derecha o a la izquierda. El examen final lo estamos viviendo aquí y ahora, la crisis mundial no es más que un efecto de este hecho.
Lógicamente todas estas frases hechas, parábolas, todos las promesas que Jesús, y otros muchos nos hicieran no tienen sentido sino se produjera el cambio de ciclo, el fin de los tiempos no es nada más que eso, el fin de una era, no el fin de todo, como preconizan algunas culturas y profecías. La Tierra todavía es un mundo joven al que le queda mucha vida y que nos ha de cobijar hasta que alcancemos mayores cotas de evolución, nuestro destino está unido a él.
Pero en otro sentido sí es el fin del mundo para aquellos que no puedan proseguir su evolución en la Tierra, que tendrán que transmigrar a otro planeta que les dará albergue, y que se encuentra como la Tierra lo estaba hace miles de años. Vuelta a empezar, sabiendo la oportunidad que han perdido y lo mucho que cuesta llegar hasta aquí, será entonces el rechinar de dientes, palabras también recogidas en el mensaje de Jesús.
De igual manera que el hombre ha alcanzado un bienestar material debido al progreso de la tecnología, (sobre todo para aquellos que puedan disfrutarlo, que son los menos), imaginemos como puede cambiar la vida en la tierra cuando toda la humanidad vibre en sentimientos de amor al prójimo, de paz y solidaridad, de fraternidad, etc., etc., cómo será, sin duda no podemos imaginarlo. Si la inteligencia y la tecnología han cambiado la faz del mundo en el terreno material, en el aspecto social, conjugándose las dos cosas tiene que ser algo … para vivirlo. 

Y DEJARÁ DE SER UNA UTOPÍA.

F. H. H.

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