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ALTRUISMO

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Altruismo

Altruismo es lo contrario a egoísmo. Si egoísmo es pensar para si mismo, querer y desear lo mejor sin pensar en los demás, acaparar aunque no se necesite, satisfacerse a costa de los demás, el altruismo es todo lo opuesto a esto, llegar si es necesario a sacrificar los más íntimos e inmediatos deseos en un acto voluntario de renuncia, para ofrecerse a los demás, para estar disponible y atender las necesidades ajenas.

  La capacidad de entregar parte de la vida, ya sea a un ideal, a la ciencia o investigación, a la perfección de una profesión, etc., este es el don del altruismo, que por bien de algo superior hace que una persona se entregue a ello, prescindiendo de otras cosas, sacrificando otras actividades y situaciones de las que normalmente la gente no puede pasar sin ellas.

  El egoísmo tiene por naturaleza connotaciones puramente materialistas y sus manifestaciones por regla general son dañinas y malévolas, perjudicando el entorno donde se desenvuelve. En cambio el altruismo es por naturaleza espiritual, desprendido, bondadoso y calmo, guiado por el instinto de ayuda siendo cualquier actividad humana campo de expresión del mismo. He aquí la gran diferencia que marca la personalidad de estos dos tipos de carácter en las personas. Uno camina hacia la propia degeneración moral y destrucción del ambiente, ya sea familiar, social, ecológico, etc., mientras que el altruista se eleva por encima de sus ensimismamientos y limitaciones, progresando y ensanchando así el circulo de amistades y de dedicación sin fronteras.

  Muchas veces se habla de hacer el bien, de ayudar, de ser buenos, bien pues puede decirse del altruismo que es el refinamiento y la sofisticación de todo eso porque la persona altruista es desinteresada a manos llenas, en su afán de ayudar no da lo que puede, intenta dar hasta donde hay necesidad y para esto pone en marcha todos los recursos a su alcance, movilizando incluso a las personas que en dicha empresa pudieran asimismo comprometerse en ayudar.

  Su energía nunca se consume, su valor puede con las dificultades, su deseo de ayuda y bienestar supera al suyo propio y su moneda de cambio es el agradecimiento sencillo y nada más. No desea retribución ninguna porque tiene la completa seguridad de que sus obras están ya pagadas, es un tesoro que alberga en su alma que se va vistiendo con un rayito de luz más con cada obra que realiza.

  El altruismo es una de las señas de identidad de las almas nobles que encuentran su felicidad en la alegría y el bienestar común, capaces de sufrir y de sacrificarse en aras de los otros.

  Imaginemos que ocurriría en un grupo reducido de diez personas las cuales cada una de ellas pensara en el bien de los otros nueve aún en perjuicio del suyo e hiciera cuanto antes aquello que pueda beneficiar a cada uno de ellos; al inseguro darle confianza, al débil apoyo, al triste alegría, al confuso orientación y consejo, al fuerte responsabilidad… tendríamos a un individuo recibiendo ayuda de nueve, lo que sin duda le reportará muchos más beneficios de lo que uno a si mismo se puede dispensar.

  ¿No es esto mejor que hacer lo que hasta ahora estamos acostumbrados, que es pensar sólo en nosotros mismos y muy a menudo a sabiendas de que vamos a perjudicar a otros?

  La humanidad de ese modo daria un giro de 180 grados, nos iríamos transformando lentamente en personas totalmente distintas de lo que somos, eliminando de la faz de la tierra todo resquicio de violencia, temor, competencia, desamor, desconfianza, que son el saldo y único beneficio que sacamos a largo plazo de nuestro comportamiento egocéntrico y cómodo.

  Ahora bien, esto está claro que hoy por hoy no puede practicarse en general, pues la propia sociedad pronto se encargaría de quitarnos las ganas de ser y actuar asi. Pero si podemos practicarlo en la familia, siendo esta precisamente el medio del que se vale la Providencia para que vayamos desprendiéndonos de todo nuestro egoísmo y vayamos despertando constantemente las aletargadas fibras de amor que todos llevamos dentro, basta con que pongamos en marcha los resortes necesarios de los que la llave está en nuestro poder, como son la solidaridad, cariño, caridad, renuncia, voluntad, etc.

  Es en la familia donde en primer lugar debemos preparamos para el amor altruista, desinteresado, dejando a un lado nuestro “yo” despojándonos de los tintes que ensucian nuestra alma y no le dejan sacar la auténtica expresión que es bondad, ternura y dar constantemente de si para poder seguir recibiendo los dones de luz y de fuerza que el Padre Amoroso derrocha hacia su creación nutriendo así a todas sus criaturas.

  Si, es en la familia con nuestros seres más queridos donde debemos aprender a darnos, a entregarnos, a compartir solidariamente alegrías y penas, proyectos, esfuerzos, esperanzas, sacrificios, etc., ¿y cómo? Haciendo que la familia sea un algo indestructible, común de todos, donde no hayan diferencias por ser hombre o mujer, padre o hijo, mayor o menor, donde se viva una experiencia de amor, de respeto y comprensión, de apoyo y dulzura, de esfuerzo participativo en el que todos se sientan necesarios, responsables según sus posibilidades.

  Será entonces cuando hacia afuera podremos llevar esa convicción y ponerla a la práctica con suma facilidad cuando lo requiera el momento y la situación, podremos formar parte de asociaciones y grupos de ayuda en todas las facetas humanas, ya que seremos portadores de dicha cualidad, la que llevaremos por todos lados donde caminemos una vez la hayamos desarrollado y aprendido a ejercerla.

  Esa es una responsabilidad muy grave por parte de los padres, que deben dar el ejemplo y enseñar a sus hijos a comportarse de forma altruista en el hogar con sus hermanos, pero si por contra en nuestra casa no vemos ese ejemplo, y se nos deja sueltos a nuestros instintos, y recibimos desamor, indiferencia, trato egoísta, y demás taras morales, entonces será muy difícil que salgamos preparados al mundo, veremos en la sociedad una selva en donde no se puede confiar en nada ni en nadie y llevaremos en germen la semilla del egoísmo que brotará con toda facilidad al tener que protegemos de todo cuanto nos rodea.

  Sin embargo, haciendo una última reflexión sobre este tema, no podemos pasar por alto que toda acción de bien hacia los demás ha de estar refrendada por el respeto hacia nuestra persona, todo aquello que represente menoscabo de la dignidad que como ser humano nos merecemos, y que se nos debe a priori, representa sin duda una cortapisa para llevar a cabo una acción desinteresada, la cual se realiza siempre voluntariamente, por tanto esta es la regla general que hace el altruismo no repercuta en bien de unos y por contra gravosamente para otros, porque esa es la ley que el bien nunca dañe a nadie en beneficio de otros, es ahí donde debemos poner nuestro cuidado, que nuestras obras de bien al tiempo que ayuden a otros, no dañen a nadie y además contribuyan a nuestro progreso moral, sin menoscabo de nuestra dignidad y respeto.

Altruismo por: Fermín Hernández Hernández

 

  Todas las personas cuidamos a diario nuestro cabello,
¿por qué no cuidamos también nuestro corazón? 

MOMENTOS DE CONFUSIÓN

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  Indudablemente estamos viviendo momentos de confusión, nuestra humanidad está siendo “tocada” por diferentes puntos, tal y como están sucediéndose los acontecimientos se nos está escapando la ilusión de muchas maneras, se nos está difuminando la esperanza, la fe en un mañana con porvenir, con paz, con claridad.
 
  De un lado el azote de la crisis económica, de otro la falta de escrúpulos y de moral por parte de los que llevan las riendas de los gobiernos, por otro lado la asignatura siempre pendiente de paliar el hambre, las enfermedades y las miserias injustificables a estas alturas del siglo XXI de los llamados países en desarrollo del tercer mundo, de otro las grandes empresas que se venden al mejor postor y llevan su producción a dichos países convirtiendo a miles de personas en esclavos tan sólo para ganarse la subsistencia. 
 
  Estamos cansados de escuchar tantas y tantas promesas, y todo sigue igual, mejor dicho igual no, peor, es por ello que de seguir así la tristeza y la falta de esperanza van a minar los ánimos de millones y millones de personas porque no se ve un horizonte claro una idea justa a la que asirnos y en la cual depositar nuestros esfuerzos y esperanzas.
 
  Afortunadamente nos queda sí una esperanza, esta no es otra sino que las cosas llegado un momento van a ser distintas, muy distintas. Todos aquellos que de alguna manera estamos en un camino de progreso espiritual tenemos la convicción de que el ser humano no está dejado de la mano de Dios, absolutamente no, hay un plan superior que nos guía y que ha trazado una línea que no se puede sobrepasar. Este plan es el Plan Divino de la Evolución que muchos ya conocemos y que otros tantos van a comenzar a entender y asimilar debido a las circunstancias y acontecimientos que estamos viviendo ya, desde un tiempo a esta parte y que aún nos va a tocar vivir, y que no es otro que el cambio de ciclo planetario, al cual estamos haciendo referencia continuamente en esta serie de artículos.
 
  Las cosas en efecto van a ser muy distintas, el ser humano de nuestra era terminará comprendiendo que todos los sistemas han fallado, porque en todos ellos ha faltado la parte espiritual, esa parte intrínseca de nosotros y que no dejamos salir y expresarse. Acostumbrados a pensar que sólo existe una vida, que todo lo hemos de alcanzar rápidamente y que no hay otra justicia que la del ser humano, de la cual es muy fácil escapar, hemos orientado todos nuestros esfuerzos en adquirir bienes y riquezas materiales y en adaptar los sistemas de vida bajo un prisma absolutamente materialista, olvidándonos por completo del desarrollo y formación de nuestra auténtica naturaleza que es espiritual.
 
  Por tanto hemos de trazar una nueva vía, basada en la evolución de nuestro ser espiritual a través del desarrollo de sus facultades morales y volitivas, que son las que hacen que nuestra andadura en la tierra sea la más correcta, y que no permite desviar el rumbo de la sociedad hacia su propia degeneración y destrucción tal y como hasta ahora está pasando.
 
  Han sido muchas las veces que hemos cometido los mismos errores, pero como digo hay una línea que no se puede traspasar, hay un tiempo que se agota y que llegado está a su final, que marca el inicio de un nuevo tiempo, por eso ahora más que nunca hemos de reflexionar y sacar nuestra fuerzas internas puesto que estamos al final de un largo camino y es en estos momentos en los que hemos de dar el resto y demostrar todo lo que hemos adquirido hasta ahora.
 
  Llegará un momento en que los acontecimientos irán más rápido, hasta ahora apenas se han puesto al descubierto algunas circunstancias, ¡llamadas crisis¡ que no son ni más ni menos que la consecuencia natural del atraso evolutivo que arrastramos de décadas o cientos de años. Lógicamente si hubiéramos adaptado nuestra forma de ser y de actuar a las pautas que nos marca el Evangelio de Jesús, o a las normas y reglas espirituales de otros tantos seres de elevada condición espiritual que sacrificaron su vida para darnos un ejemplo vivo de actuación en la tierra, apartado por completo del egoísmo embrutecedor y del resto de los defectos morales que minan y corrompen nuestra sociedad, otro gallo nos cantaría, como dice el refrán.
 
  No hemos de armar ninguna revolución, ni atentar contra nada ni contra nadie, ni buscar culpables, la revolución ha de ser interior, el enemigo está dentro de nosotros mismos, son nuestros defectos y el no haber sido capaces durante milenios de ver la viga en nuestro ojo y no la paja en el ojo ajeno. Las comodidades, la envidia, el orgullo, la ambición material desenfrenada nos han traído hasta aquí; ahora estamos recogiendo los frutos de nuestras siembras del pasado, pero tenemos ante nosotros un panorama verdaderamente alentador; es que ya vislumbramos un nuevo tiempo en donde inequívocamente las únicas pautas y sistemas en vigor serán las que están basadas en el código de amor y de fraternidad tan predicado desde tiempos inmemoriales por los verdaderos líderes de la humanidad, en especial por el Maestro de Maestros Jesús de Nazaret. 
 
  El camino se tiene que allanar, las “guerras” tienen que terminar, en lo económico, en lo político, de poder, de posición, etc., son muchas batallas ya las que se han ganado pero la batalla final tiene que producirse todavía, y es cambiar nuestra mentalidad de que somos seres perecederos que sólo vivimos una vez y que podemos burlar a la Justicia Divina. Somos entidades espirituales en proceso de evolución y estamos aquí para progresar y corregir las tendencias y errores que adquirimos en el devenir de nuestras existencias pasadas. 
 
  Cuando seamos conscientes de esta realidad los cambios irán produciéndose paulatinamente, de forma natural y espontánea, lo que ahora son apenas reminiscencias y ecos de un futuro pasará a ser la realidad, los valores y la ética serán lo más importante, el objeto de nuestra vida será la mejora interna y con ello aflorará por doquier la justicia, la paz, la fraternidad y el mundo gozará de armonía y entendimiento universal. “Buscar el Reino de Dios, y lo demás se os dará por añadidura”, decía el Maestro, así de fácil es, pero cuanto nos está costando reconocerlo y adherirnos a ese código de amor y de lucha contra nuestro enemigo interior, que son las imperfecciones morales. 
 
  Se necesitan voces que se levanten por todas partes anunciando la nueva ruta a seguir, acompañadas del ejemplo sincero y honesto, voces que aparten a un lado la confusión y el desánimo que inunda ahora a esta humanidad, son momentos de tomar decisiones y de reflexionar para no volver a cometer los mismos errores. Tenemos un gran compromiso, en nosotros no puede reinar la confusión ni la apatía, hemos de transmitir los conceptos de verdad que desde el plano espiritual nos están vertiendo, estemos receptivos, el velo se está descorriendo, la nueva humanidad ya empieza a asomarse, colaboremos en este proceso demostrando que somos capaces de generar confianza e ilusión y que somos espíritus comprometidos con el cambio.
 
F.H.H.
 
© Grupo Villena 2013
 
 

DETALLES 

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  Vamos a tratar en este artículo diferentes situaciones que se pueden presentar en torno a la mediumnidad, todas ellas pequeños detalles que sin duda a muchos de nosotros nos van completando los conocimientos que tenemos, sacándonos de dudas.
 
 
  Una vez más queremos insistir y dejar clara constancia de que no es casualidad que a unas personas se les presente una facultad mediumnica y a otras no. Sino todo lo contrario, la misma viene a causa de haberla pedido el espíritu antes de encarnar, puesto que dejando a un lado los casos excepcionales en que se viene con una facultad impuesta, lo más normal es haberla pedido como medio de progreso. 
 
  Lógicamente al venir en una existencia como facultad, ya venimos preparados con el protector espiritual, que se encargará de realizar su trabajo desde el mundo espiritual. Este protector viene en muchas ocasiones acompañando al futuro médium ya desde corta edad, colaborando con el guia que también traemos, y así espera el momento en que el Padre le ordene el desarrollo de la facultad y a su término que puedan ejercerla. 
 
  Obviamente, el protector y el espíritu que quiere encarnar con el compromiso de desarrollar una  mediumnidad tienen ya unos planes hechos, que deberán efectuar, y en virtud de dichos planes, que son en cada espíritu muy distintos de los de otros, tendrán lugar los acontecimientos. 
 
  Por esta razón, no hay comparaciones en torno al desarrollo y puesta en ejercicio de la facultad, puesto que la misma, tomando como principio que cada espíritu se halla en unas condiciones y que tiene unas necesidades propias, en cada uno el desarrollo de los acontecimientos y las situaciones pueden variar. 
 
  Partiendo de que es una gran responsabilidad para el espíritu que va a encarnar venir con una facultad, éste se prepara para tal fin en el espacio antes de nacer a la vida humana, y lo hace adecuadamente para no fracasar, pues sabe que una vez se encuentre en la materia topará con las dificultades inherentes a la misma. 
 
  Seria pues una situación muy lamentable no llevar adelante el desarrollo y ejercicio de la mediumnidad, pues a todas luces eso supone echar por tierra un trabajo con el cual hemos estado empeñados con gran ilusión, cuando en el mundo espiritual gozábamos de todo nuestro entendimiento y de una más amplia visión del significado de nuestra existencia como espíritu en proceso evolutivo. 
 
  Cuando la mediumnidad es de curación, generalmente el protector es facultativo, ha tenido en alguna existencia como profesión la medicina, muchas veces el médium también lo ha sido, pero no siempre. 
 
  Hay veces en que la facultad se presenta en la persona a una edad ya avanzada, cuando prácticamente esta persona creía que ya lo tenia todo hecho, y sin embargo, aparece la facultad sin previo aviso. ¿A qué puede ser debido esto? Es muy sencillo de comprender. Esta persona tiene que cumplir con unos pocos años que le faltaron en su existencia anterior, en la que ya ejerció la mediunmidad, pero que por cualquier circunstancia no pudo terminar de ejercerla todo el tiempo al que se había comprometido. Puede que esta persona perdiera su materia antes de la fecha predestinada, o por cualquier otra razón. Es por eso que ahora la facultad se le presenta de esta forma para que pueda terminar en la actual existencia lo que no pudo terminar en la anterior, sean uno, dos o los pocos años que le faltaran. 
 
  Otro caso distinto que confirma que no se pueden establecer comparaciones, es el que propician los niños estos que a muy temprana edad aparece la medimnidad. La explicación es similar a la anterior, pues se puede venir en lugar de a una edad avanzada, a que se le presente dicha facultad a una edad muy temprana, esto claro está, depende de los planes que se haga en el espacio, pues este espíritu puede pedir venir a completar los años que le faltaron de la vida anterior y dejar completada dicha existencia, y desencarna cuando su materia todavía es joven. 
 
  Hay personas que en otra existencia ya vinieron con facultad y si lo piden nuevamente, el desarrollo y la preparación ya lo tiene hecho y la facultad se les presenta sin ninguna complicación, y cuando el Padre da el permiso al protector ya pueden comenzar a ejercerla, en este caso el protector se pone en contacto con ellos, le anuncia la labor a realizar y comienzan su misión. Esto cuando no ha pasado ya esta facultad a ser parte integrante de su espíritu como «facultad natural» en sus diversas existencias. 
 
  Puede darse también el caso de que una persona que viene por primera vez con facultad, cuando comienza a sentir los síntomas de la misma, busque a alguien que le explique lo que le sucede y lo que debe hacer, porque no tiene conocimientos al respecto, y en su busca de esa aclaración tropieza con un grupo o personas que no están bien orientados, y en lugar de ayudarle la perjudican y le crean confusión y hasta temor y recelos, porque lo que le enseñan y lo que observa no es bueno. Es muy normal, después de ciertas experiencias que puede pasar, que esta persona tenga miedo, rechaze y no quiera saber nada de la facultad. Esto puede suceder y esta persona terminaría la existencia sin haber cumplido con su misión. 
 
  Como bien podemos comprender, esta persona no adquiere responsabilidad por no haber cumplido con su compromiso, porque quiso llevar adelante la facultad, pero la entorpecieron y decidió abandonarla. Entonces esta persona se vuelve a preparar en el espacio, con más detenimiento para coger fuerza y seguridad en su preparación, para que cuando vuelva nuevamente no le ocurra que pueda fracasar. 
 
  No obstante, hay que señalar que en estos casos el protector puede hacer mucho, y así lo realiza, para orientar a esta persona a otro sitio donde si la puedan ayudar positivamente y logre encauzarse adecuadamente. Pero no siempre lo consigue, pues ya sabemos que no es lo mismo estar en el espacio desencarnado que hallarse en la materia, la cual dificulta mucho recibir las instrucciones de nuestros espíritus amigos para salir de ciertas experiencias que quizás incluso se nos han quedado tan marcadas que ya no damos lugar a nada más, porque hasta la misma materia se puede resistir. 
 
  No acontece lo mismo cuando una facultad es rechazada por el ambiente donde ha venido esta persona, y por prejuicios y convencionalismos se antepone la situación social a la facultad, porque se tiene vergüenza de ejercerla. En este caso, si se contrae una gran rersponsabilidad y este espíritu tendrá que volver a venir con la facultad, pero entonces vendrá en otras condiciones más difíciles para que comprenda la oportunidad tan valiosa que perdió anteriormente, en la que no aprovechó la existencia por propia comodidad. 
 
F.H.H. 

LA ESPERANZA 

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Esperanza, impulso de vida

La esperanza, cómo no, es otro de los muchos valores humanos que toda persona lle­va consigo. La esperanza está implícita en nuestra personali­dad, como lo está la piel y los tejidos, parece que no se la ve pero yo creo que no hay nin­gún ser humano que no alber­gue alguna esperanza, porque si no se tiene esperanza en algo es como si estuviéramos muertos, nos falta algo.

Nos falta el aliento de vivir. De vivir no precisamente para uno mismo, sino de vivir tam­bién para los demás, para ver de qué manera nuestros hijos, vecinos, nuestros pueblos, con sus industrias, el mundo ente­ro progresa, solucionando sus problemas, sus diferencias, etc., etc.

Hay personas en esta vida que viven con la esperanza de ver la alegría en otros, el entu­siasmo, la paz, el perdón, qui­zás porque ellos ya lograron sus proyectos, o porque el ob­jeto de su vida está tan dedica­do hacia los demás que su es­peranza es la esperanza, el ansia de vivir de sus semejan­tes.

Un padre puede que no ten­ga ninguna ambición perso­nal, pero se desvive por sus hijos, por ellos trabaja, por ellos se preocupa, los educa, etc., para que fruto de toda una vida de dedicación pueda un día verlos íntegros, seguros de sí mismos, capaces de triun­far. Esa esperanza es la que les mantiene vivos, ilusionados, es el sentido de su vida, una vida de ejemplo, de esfuerzo, digna y honrosa. No digamos de aquella madre que sólo tiene en el mundo a un niño entre sus brazos, a la que el hori­zonte que se le presenta es de dolor, de lucha, de sacrificio, pero el amor hacia ese niño hijo suyo, la esperanza en dar­le un porvenir, una vida digna, le hará posible salvar los obs­táculos y dificultades y asimis­mo, la esperanza será la base sobre la cual construya su futu­ro y edifique su personalidad.

De este modo podríamos encontrar infinidad de ejem­plos que nos señalan que vivir sin esperanza no es vivir, es abandonarse uno a sí mismo, es no valorar el tesoro que es la vida.

Hoy más que nunca es mo­mento de abrigar infinidad de esperanzas, porque se están derrumbando muchísimos es­quemas, porque aparecen nue­vos factores a los que hay que encarar desde un frente co­mún: enfermedades, catástro­fes, niveles de miseria jamás sospechados en vísperas del año 2.000, luchas fratricidas entre pueblos hermanos, inva­lidez demostrada de sistemas políticos, económicos, etc.

La humanidad de hoy día tiene, como podemos sentir en nuestra propia piel, mucho que aprender de sí misma, del pasado, del presente y del fu­turo, porque tiene sencillamen­te que aprender a vivir en co­munidad, en paz y armonía, sin diferencias, con la única política predominante por en­cima de todas las demás del perdón, de la tolerancia y de la ayuda mutua y recíproca. Lo que no tiene un país o un pueblo, lo tiene otro, al igual que con las personas pasa con los pueblos o los estados, nin­guno es imprescindible y to­dos son necesarios.

Pero a nadie se le puede forzar u obligar, a nadie se le puede transformar en otro que no sea él mismo. El edificio de la estructura humana se cons­truye individualmente, son las experiencias, el dolor y la ale­gría, el éxito y el fracaso, el amor y el desamor, las prue­bas y las vicisitudes, mejor o peor asimiladas las que nos forjan y van definiendo a cada individuo.

Triste es que las experien­cias de unos no nos sirvan de ejemplo, de modelo de apren­dizaje para otros que aún no hemos llegado a ese lado del camino, porque entonces la humanidad se podría evitar muchos trastornos y sufrimien­tos innecesarios, y la pena no es que no sirvan, sino que no las sabemos aprovechar.

Por esto es preciso armar­nos de fe y esperanza en un mañana que se acerca a pasos agigantados, sin previo aviso pese a estar largamente anun­ciado. Un mañana radiante, esplendoroso, fulgurante, car­gado de ventura, de candor, de realización feliz y desen­vuelta por los senderos del bien, de la regeneración par a par entre mundo e individuo, en paz y armonía.

Pero un mañana que no vendrá sin demoler este hoy, y lo aniquilará por antagónico, por cruel y malvado, por egoísta, por su propia esencia materia­lista y destructora de esperan­zas.

De aquí que cuanta más de­solación y desamor se nos cai­ga encima, mayores dosis de esperanza y de entusiasmo hemos de poner para contra­rrestar toda esa campaña ma­ligna que se cierne sobre el planeta y que parece imparable, porque recordan­do a nuestro buen amigo José Fernández:

“Jamás te desanimes por­que el mal quiera herirte y la traición te hostigue, porque la cobardía quiera estorbarte el paso y hacerte claudicar, abdicar del deber; porque el mal no es eterno, ni vencerte podrá la adversidad, si llevas en tu mente Luz Divina y fe en el corazón”. 
 
  Luz Divina y fe en el cora­zón, efectivamente. El mal, la desolación, las penurias son pasajeras, pero se pasan con menos sinsabor si uno piensa en combatirlos con el bien, con esperanza, sin empuñar odios, venganza, envidia o re­beldía, que no hacen más que añadir leña al fuego. Situémo­nos en otra sintonía, seamos fieles a la doctrina del amor, de la mansedumbre, para que resbalen por nuestra piel las maldades y las calamidades y no contaminen la pureza de nuestro espíritu en la que debe mantenerse, fuente de nuestra fuerza y nos señale que nues­tro norte es no manchamos ni de sangre, ni de calumnias, ni de egoísmo, ni de ateísmo embrutecedor y salvaje.

  Nuestro Padre Amoroso y Celestial contempla a nuestra humanidad desde dentro de ella, no desde fuera, y sabe lo que está pasando, pero aguar­da como el herrero ese mo­mento en el cual el metal al­canza las condiciones para ser modelado y darle su forma de­finitiva. Esa es nuestra fe y esperanza, mientras tanto no contemos el tiempo, este pasa fugaz, lo interesante y transcendente es fortalecerse sobre esa convicción y que nuestra metamorfosis alcance la más inimaginable belleza, la de convertimos de demonios que somos por nuestra imper­fección, en ángeles por la pu­reza de nuestros sentimientos e intenciones, entonces estará el trabajo enorme justificado y recompensado, el dolor olvi­dado y gozaremos la felicidad de habernos mantenido fieles a nuestros objetivos de perdón y de sacrificio, de lucha contra el mal y entrega al semejante, sean cuales fueren las circunstancias bajo las cuales nos tocó vivir.

La Esperanza por: Fermín Hernández
 
 
 

El que espera desespera
pero quien no espera no alcanza:
piensa como quien no espera
y obra teniendo esperanza. 


MARIANO AGULLÓ 

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PLANIFICACIÓN ESPIRITUAL

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  En el desarrollo de este temario, estamos intentando explicar que no es casualidad que se estén produciendo los acontecimientos que acaecen en estos momentos prácticamente en todas las partes del planeta. También hemos podido ir apreciando que las causas que
motivan estos acontecimientos y las transformaciones, no son sólo económicas, sino morales. Los cimientos y los pilares sobre los que se asienta nuestra sociedad no han sido los más adecuados para su sostenimiento y por eso la misma se está viniendo abajo. 
 
  Por otro lado, las nuevas generaciones se asemejan a una corriente de agua que va empujando lo que está viejo y caduco abriéndose paso poco a poco y encontrando así nuevos cauces por donde pueda transcurrir tranquilamente. A este impulso de las nuevas generaciones no hay parapeto que le pueda poner freno, es sólo cuestión de tiempo y paciencia. 
 
  No obstante existen más argumentos “invisibles”, pero no por ello menos transcendentes, que son los que vamos a intentar dilucidar aquí. 
 
  La Tierra como planeta, y el espíritu como ser, en constante evolución, son compañeros de viaje, ambos son seres vivos en constante proceso de transformación y evolución. La tierra carece de libre albedrío, como planeta tuvo un principio y tendrá un fin, envejecerá y desaparecerá, es el aula donde el espíritu desarrolla su viaje de autosuperación, de crecimiento en los valores espirituales que alberga en su interior y que son su esencia. El espíritu es creado por Dios, pero a diferencia de los planetas no tiene fin, no muere, muy al contrario se va engrandeciendo y perfeccionando hasta cotas inimaginables para nosotros aquí y ahora y dispone de libre albedrío. Como vemos estas son diferencias muy importantes, la tierra tiene un reloj biológico que marca sus procesos, no se detiene, en ella el tiempo marca inexorablemente su devenir y los ciclos y etapas que atraviesa. Mientras que el espíritu, con su libre albedrío, es el responsable de su estado y del lugar que ocupa en la creación en cada momento. 
 
  No podemos olvidar que la tierra como planeta no es el único, hay cientos de miles de millones de planetas que cumplen su función al igual que la tierra y que también sirven de ¡morada! al espíritu. 

  Según el proceso geológico y de evolución cósmica, el espiritismo aclara que existen mundos primitivos, mundos de expiación y prueba, mundos de regeneración, mundos felices y mundos divinos. La Tierra está finalizando su etapa como mundo de expiación y prueba, es el “fin del mundo” tan profetizado y anunciado por diferentes corrientes espirituales y filosóficas (incluida la cristiana), pero es el fin de un ciclo, no del mundo como tal, ya que la tierra aún se puede considerar un planeta joven. 
 
  Esta es la razón por la cual estos momentos son sumamente transcendentales, la tierra empieza un nuevo ciclo, su reloj biológico le marca el nacimiento de una nueva era. El espíritu en su fuero interno es conocedor de este hecho y, dependiendo de su grado de adelanto y de la fuerza que trae consigo lo intuye en mayor o menor medida, de ahí que exista en la actualidad tanto espíritu de cambio. Este espíritu de renovación obedece a que hay también en nosotros un reloj interno que nos dice que es el momento de inclinarse hacia un modelo de vida pacífico, solidario y fraterno, dejando atrás el modelo que arrastramos desde las remotas épocas donde la barbarie y materialismo embrutecedor eran la nota predominante. 
 
  En esta nueva era sólo tendrán cabida en el planeta los espíritus que hayan adquirido el mínimo de desarrollo espiritual que exigía esa etapa. Para ello hemos de reconocer que a través de todas las edades se nos ha asistido desde el plano espiritual enviándonos multitud de mentores espirituales que han marcado con su ejemplo y sus enseñanzas el camino a seguir; tristemente tan sólo una minoría de nosotros ha sabido darle la importancia debida a todos estos mensajeros espirituales, y no hemos sabido aprovechar todo ese caudal de espiritualidad que se nos ha brindado. 
 
  Estos planteamientos son muy sencillos, nada tienen de ilusorios o fantasiosos, pero comprenderlos y admitirlos no está al alcance de todos, se necesita haber adquirido un mínimo de humildad y de los dichos valores tan nombrados, se necesita algo de estudio, buena predisposición, haber aprovechado bien nuestras existencias anteriores, no estar muy aferrados al materialismo y otra serie de cosas en este mismo orden que todos podemos intuir. 
 
  Lo anunciado por el Maestro de Maestros Jesús de Nazaret “EN LA CASA DE MI PADRE HAY MUCHAS MORADAS” cada día cobra más sentido y muchos ya lo vamos entendiendo, no son solo moradas en el “cielo”, sino moradas en los distintos planetas que pueblan el inconmensurable Universo que como aulas escolares albergan a cada una de ellas a millones de espíritus en función de su grado de evolución. 
 
  Estamos en unos momentos de transición planetaria como nunca antes lo había estado la tierra, son momentos decisivos que marcan a un espíritu para siempre, ya que es el salto más importante que hemos de superar, dejar los mundos de expiación y de prueba, para alojarnos en los mundos de regeneración, en donde el progreso es mucho más rápido, en donde ya no existe tanta diferencia y disparidad de estados de conciencia y evolución, en donde van todos a una y se tiene todo a favor para la conquista de los valores espirituales y para la construcción de un mundo solidario, fraterno y en paz. 
 
  Los mundos de regeneración marcan un antes y un después para la evolución del espíritu, significan salir del ambiente tan hostil de los mundos inferiores, dejar atrás la vorágine del materialismo embrutecedor, de las pasiones que nos esclavizan y de tantas otras deficiencias espirituales que marcan las sociedades atrasadas como lo es la de nuestro planeta actualmente. 
 
  Ahora llega el momento del examen final, y en lo más íntimo de nuestro ser lo sentimos, todos en el fondo sabemos que estamos sujetos a una planificación espiritual, que somos seres evolutivos, y que nuestro mundo está dando los últimos coletazos en el apartado de planeta de expiación y prueba, aprovechemos bien el tiempo que nos resta, no nos quedemos a las puertas de ese nuevo orden de cosas, podemos conseguirlo.
 
F.H.H.

© Grupo Villena 2012
 

EL FANATISMO

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  Si en todos los aspectos de la vida adoptar una actitud fanática es de lo más lamentable que podemos apreciar en las personas, dentro del campo de la mediumnidad es asimismo de los mayores errores en que se puede incurrir. 
 
El fanatismo, como es bien sabido por todos, impide a la persona que pueda utilizar su facultad de análisis y de raciocinio para poder comprender los problemas y situaciones, así como las ideas y los nuevos conceptos que la sociedad a medida que va evolucionando incorpora a su forma de ser y de pensar. 
 
El fanático defiende a capa y espada, con desmesurado apasionamiento, sus propias creencias, cree que él está en lo cierto y de ese modo se limita no dejando lugar a otras posibilidades y alternativas. Las ideas, que son la fuerza que mueve al mundo, son muy difíciles de entrar en una mentalidad de fanatismo que habiendo alcanzado un mínimo de conocimiento se encierra en sí misma, y lo peor de todo es que a veces llega a criticar y atacar otras formas de entender la vida en sus múltiples aspectos. 
 
Esta actitud en el terreno de la mediumnidad es sumamente negativa, porque para llevar a la práctica una facultad mediumnica esperando conseguir resultados positivos, hay que tener una actitud analítica, de estudio y procurar estar al día en cuanto a los pro­gresos y las necesidades que la sociedad con­forme va avanzando requiere de todas las personas. La mediumnidad, al igual que todas las cosas está en constante evolución y sólo aquellos que posean una mentalidad analítica, estudiosa y aperturista podrán avanzar, al mismo tiempo que se mantendrán alejados de la posibilidad de quedarse anclados en el tiempo o poniendo en práctica facultades sin control de las mismas y fuera de todo orden ético y moral. 
 
El fanatismo entorpece mucho a los médiums poco estudiosos y a los que no razonan lo que reciben del plano espiritual, porque al no analizar y estudiar ¿cómo van a tener la seguridad de que el trabajo que realizan está bien o mal? 
 
Pero en la mediumnidad el problema es mucho más grande ya que no sólo afecta a los médiums, sino que arrastra consigo a muchí­simas personas que, por falta de información, por dejarse guiar fanáticamente creen todo lo que pueda venir por un médium, un curandero, un vidente, etc., habiéndose detectado y denunciado muchísimos fraudes, engaños, abu­sos deshonestos, etc. y todo ello aprove­chándose de la buena voluntad de las gentes y de su desconocimiento. 
 
Son muchos los grupos que acuden a los trabajos mediúmnicos sólo para que los protectores les solucionen sus problemas, que les digan lo que tienen que hacer, otros por la curiosidad de escuchar lo que van a decir los espíritus, otros para comunicar con sus familiares fallecidos, en definitiva, se tiene a los espíritus protectores como apuntadores, y eso es un error, porque esa no es su misión, y de ese error se aprovechan muy bien los espíritus de los planos inferiores que se cuidan a la perfección de satisfacer todas las curiosidades que podamos tener para mantenernos alejados del estudio personal y de la responsabilidad de realizar el trabajo que verdaderamente hemos venido a cumplir. 
 
A muchas personas les basta que los espíritus digan una cosa para creerla ciegamente, ¿es eso lo que quieren los espíritus superiores de nosotros? Si es esa la forma de proceder de nuestros guías debemos darnos cuenta de que estamos siendo engañados por espíritus burlones, por espíritus dictadores y de baja condición espiritual, porque los espíritus buenos nunca imponen nada, exponen y con gran delicadeza nos ayudan a comprender y nos llevan a razonar las cosas, para que lo veamos con claridad y, libremente, por propia convic­ción, lo llevemos a cabo. 
 
La ignorancia es pues para mí quizás la mayor aliada del fanatismo. «Conoceréis la Verdad, y la Verdad os hará libres», dijo el Maestro de maestros, vemos pues que el fanatismo lejos de hacernos libres nos estanca, nos limita y nos pone en manos de un bajo astral que cada día alcanza mayor fuerza y dominio sobre la humanidad, hemos pues de salir de ese estado y abrir nuestra mente hacia la razón por el camino del estudio y de la unión con todos aquellos que avanzan según las necesidades que nuestro ser interno cada día nos exige. 
 
El fanatismo ha sido también la causa de que muchas personas rehuyan el tema de la mediumnidad, porque se han visto tantas barbaridades, se han cometido tantos hechos ridículos, tantos abusos en todos los sentidos, se ha ofrecido una imagen de tanta ignorancia, que aquellos que tienen un buen sentido común y se dejan aconsejar por la lógica y la moral, no han tenido otra opción que repudiar la mediumnidad, porque eviden­temente su razón y su corazón les apartan de tales manifestaciones. 
 
Asimismo es también la causa de enfren­tamientos, de división y desunión entre grupos y personas, porque el fanático no puede entenderse con los demás, pues mientras unos van adelantando e incorporando a sus vidas nuevas ideas y descartando otras que estaban menos acertadas, el fanático se queda estancado y no puede seguir el ritmo de los demás, entonces aún se encierra más en sí mismo y es ahí donde corre el mayor peligro, pues mientras puede estar formando parte de un grupo, aunque le cueste, puede ir adap­tándose poco a poco, pero si se queda sólo corre el riesgo casi seguro de caer en las manos de ese bajo astral que todavía le sumirá en mayor confusión. 
 
F. H. H.

LA CARIDAD

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La Caridad

La caridad es la expresión más sublime del amor. Hay muy diversas formas de practicar la caridad, según sean las necesidades de las personas. Si una persona está afectada por una economía baja, se le tendrá que ayudar en ese terreno. Sin embargo ésta a su vez puede poseer otros valores humanos, conocimientos y experiencias que podrán servirle a otros muchos.

 Mucha gente entiende  la Caridad, solamente en el aspecto  de paliar la necesidad material, sin embargo esta es una visión muy reducida de la virtud. Nos encontramos frecuentemente con personas que en el aspecto material parecen tenerlo todo, sin embargo no son felices, viven los mismos sufrimientos y miserias morales que cualquiera. Con esos valiosos talentos que la divina providencia a puesto en sus vidas, si no poseen un adecuado conocimiento moral, espiritual o ético; podrían llegar a cometer muchos y graves errores, por lo que seria  adecuado ofrecer estos valores en forma de ejemplo en primer lugar, continuando  con mucho tacto y comprensión.

  Es precisamente este lado de la Caridad  la parte espiritual la más difícil de trasladar a los demás, porque muchas personas no se hallan en predisposición para escuchar y para comprender, no están todavía en el grado de progreso que les permita abrir sus ojos y sus oídos al plan divino de la evolución, para embarcar sus vidas dentro de las enseñanzas de amor y sabiduría de los grandes maestros espirituales.

«Es enseñar la doctrina
como Cristo la enseñara
esa es la misión divina
que Jesús encomendara.

Francisco Marín

  Por otra parte también se puede cometer el error de pensar que asistir a una persona necesitada materialmente es fácil, se le ofrece un poco de dinero, o bien alimentos etc., y ya se ha cumplido con ese deber, sin embargo esta parte del poema de Francisco Marín nos da una dimensión más profunda de esta faceta de la caridad como es la económica:

«No es la moneda entregada
en una mano extendida,
es un poco de tu vida
sin pedir a cambio nada».

Francisco Marín

  He aquí por tanto dos cuestiones que se deben tener en cuenta, por un lado el hecho material que es el dar algo, lo cual tiene el mérito de que a una persona se le saca de un apuro que le angustiaba, pero por otro más importante es que en este hecho va nuestro progreso espiritual, en él demostramos la fineza de nuestra alma, el amor hacia los demás, o por el contrario, manifestamos nuestro orgullo y superioridad, pudiendo llegar a herir u ofender lo más íntimo de la sensibilidad de las personas.

  La caridad, siendo como hemos dicho la más pura manifestación del amor espiritual, puede traducirse por ayuda. La caridad no podemos pues entenderla fuera del ámbito de la ayuda a las personas, siendo que éstas estén necesitadas de lo más imprescindible para su vida material, o siendo que necesiten una sonrisa de amigo. Todo cuanto una persona necesite para el desarrollo de su vida, en cualquiera de las facetas y que se ofrezca de buena fe, con cariño, con discreción, con tacto, desinteresadamente, todo esto es caridad.

  La caridad pues no tiene límites, como no tiene límites el amor hacia los semejantes, cuanto más limpios de corazón estemos, más podremos practicar la caridad, si no disponemos de bienes materiales podemos poseer otros valores, conocimientos y experiencias que ofrecen muchos más horizontes para poner en práctica la caridad, poseemos lo más importante cual es la voluntad y el deseo de hacer el bien a nuestros hermanos, con esto ya tenemos todas las puertas abiertas para comenzar a aplicar durante toda nuestra vida la ayuda hacia el prójimo siempre que se nos presente la oportunidad.

  Como vemos son muchísimas las formas en que se puede practicar la caridad. Obviamente viviendo en una sociedad tan contrastada como la nuestra, con tantas carencias morales, con las enormes desigualdades que existen por doquier, la caridad debería ser una norma para nuestro desenvolvimiento como seres humanos; la vida en la calle se volvería más pacífica y sosegada, y sobre todo no podemos pasar por alto la recomendación que de nuevo nos recuerda el poema de perdonar los agravios, todos los agravios, los pequeños y los grandes, porque si esto no se hace así comenzamos ya a crear el odio y la tensión en nuestro pequeño círculo social, y con ello empobrecemos nuestra vida y la revestimos de hipocresía pues no se puede vivir con enemistades por un lado y practicando la caridad por otro.

«Es perdonar los agravios
de verdad, de corazón
con una sonrisa en los labios
y una frase de perdón».

Francisco Marín

  Al hermano, al amigo, al pobre, al rico, al vecino, al sano, al enfermo, a todos y con todos se puede practicar la caridad, es en definitiva un humano deber, al cual no podemos faltar, no hay excusas posibles, pues siempre habrá alguien a nuestro alrededor en estado de necesidad en cualquiera de las facetas posibles, y esto es un bien para todos, para el que recibe, y también para el que da.

«Es la ayuda generosa
al hermano desvalido,
porque este hermano ha nacido
con una misión penosa»

Francisco Marín

  No olvidemos el grado de mundo en el que nos encontramos y mientras para unos la vida es una expiación, hallándose en parte a expensas de sus semejantes, para los otros todas estas situaciones son pruebas, las cuales nos dan la oportunidad de hacernos más amorosos y sensibles, nos ofrecen una pauta de conducta que nos ayuda a progresar, no son por tanto experiencias a despreciar sino a aprovechar en toda su dimensión haciendo nuestra vida más útil y más feliz.

 
 
 
 

EL ENDIOSAMIENTO 

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  Si bien todas las imperfecciones morales causan entorpecimientos para el buen desarrollo de la mediumnidad, el tema que ahora vamos a tratar, -la vanidad y el endiosamiento-, defectos estos que se apoderan de muchos médiums, es casi con toda seguridad el peor de los errores que el médium puede cometer. 
 
  Nos referimos a aquellos médiums que creen que son ellos los que tienen la virtud de realizar las curaciones o cualquier manifestación, que por tanto no se consideran intermediarios del plano espiritual, los que se creen seres privilegiados de Dios, que se autoestiman, menospreciando a los demás y creyéndose más que nadie, que creen que todo pueden conseguirlo porque son los elegidos de Dios. 
 
 ¡Cuán equivocados están!, ¿cuál será su reacción cuando comprendan que todo lo que se hayan ensalzado a sí mismos deberán rectificarlo con humildad y comenzar a desandar lo andado? 
 
 ¿Qué significa esto?, ni más ni menos que existe por parte de estos médiums un gran desconocimiento de las leyes de la vida y por consiguiente del porqué y para qué de la mediumnidad, porque si tuvieran un mínimo conocimiento no se dejarían envolver por ese grado tan elevado de vanidad que llega a apoderarse de ellos, llegando hasta ese endiosamiento que les ciega y no les permite comprender el modo en que el médium ha de efectuar su trabajo. 
 
 Endiosarse, creerse más que nadie, es el peor de los errores que puede cometer el médium, porque provoca una corriente de influencias negativas a su alrededor, formándose unos vínculos tan fuertes con los hermanos engañosos de los planos bajos del mundo espiritual del que ya les es muy difícil salir. ¿Por qué? Porque llegados a ese grado ya a nadie hacen caso, no atienden las razones y consejos que se les puede indicar, sino todo lo contrario, pueden llegar a ofenderse e incluso a romper con la amistad y el contacto que durante mucho tiempo han mantenido con compañeros y amigos. 
 
  Siempre está su criterio por encima del de los demás, y cuando no encuentra razones para sostenerlo se ampara en que son los protectores los que le dicen cómo actuar, los que le dan los conocimientos, etc., y ya no se le puede rebatir. 
 
  Es muy lamentable el grado de confusión, fantasía y fanatismo que estos médiums llegan a adquirir, pues cometen ciertas torpezas y llegan a creerse tales comunicaciones, que les hacen ponerse incluso en ridículo delante de personas bien comprendidas y con una mentalidad abierta y analítica. 
 
 Los espíritus inferiores y engañosos pueden conseguir cuanto quieran de estos médiums, ya que los tienen dominados por completo, conocen enteramente su personalidad explotando paso a paso la vanidad que encontraron en su carácter y que han ido engran­deciendo con sutileza hasta llegar a suplantar a los protectores enteramente ya que el médium sintoniza y simpatiza con estos mucho más que con el verdadero protector, que se ve imposibilitado de impedir esta situación. 
 
 La base de la espiritualidad encuentra su mayor punto de apoyo en la caridad y la humildad, y el endiosamiento nos conduce precisamente a todo lo contrario, hemos de estar muy atentos de no caer en sus redes, de no creernos en ningún momento superiores a los demás por el trabajo que realicemos, y si verdaderamente a través de la mediumnidad podemos conseguir mayores logros que otros, hay que pensar que ello es debido a que hemos traído una misión mayor, o mejor dicho, una misión de acuerdo a nuestros errores y deudas del pasado que venimos a pagar y a corregir. Siempre es más positivo pensar de esta manera que endiosarnos porque en realidad como médiums no somos más que instrumentos y quien realiza el trabajo más importante es la parte espiritual, nuestra labor consiste en facilitarles todo lo que podamos para que ellos puedan hacer ese trabajo y esto hemos de hacerlo con sencillez y con humildad. 
 
  De modo que nos causa una gran tristeza ver cómo el endiosamiento se apodera de muchos médiums y el bajo astral se enseñorea, dando una imagen que causa un absoluto rechazo en todas aquellas personas que observan la manifestación de éstos y que no pueden admitir todo cuanto pueden apreciar. 
 
  Esto ocurre por no haber sabido darle el rumbo adecuado a la mediumnidad, por haber dado paso a esos defectos que traemos ya de otras existencias y que a buen seguro hemos venido a corregir. Evidentemente es la baja condición moral que arrastramos de otrora y la falta de trabajo en uno mismo, en desarrollar la propia personalidad de acuerdo a la moral espiritual, la que propicia que nos alejemos del camino a seguir hasta caer en las redes del astral inferior. 
 
  El objetivo de la mediumnidad no es otro que hacer consciente al médium del trabajo interior que tiene que realizar, analizando lo que trae de atrás por corregir y procurando el estudio imparcial de sí mismo, le ayudará a conocerse bien para poder eliminar todo lo que no sea positivo y ponerse en condiciones de que el protector que le acompaña pueda protegerlo y realizar con él la misión que han traído. Pero insis­timos en que el trabajo que el médium ha de realizar en sí mismo es la parte más importante para él, puesto que sin ella le va a ser muy difícil progresar espiritualmente, que en definitiva es a lo que todos hemos venido, valiéndonos para ello, de la forma en que realicemos el trabajo que Dios nos asigne. 
 
  Si lo hacemos así lograremos progresar sin darnos cuenta de lo que estamos haciendo, estaremos adelantando mucho en el camino, siempre pendientes de cuál es la mejor forma de hacer las cosas, tratando de que ese bajo astral no nos engañe y con la mente abierta para escuchar los consejos y advertencias que nuestros amigos nos hagan. Esta es la mejor forma de evitar los peligros a los que nuestros propios defec­tos nos pueden conducir, sobre todo el endiosamiento. 
 
  Si actuamos con humildad estaremos en buena predisposición para escuchar a nuestros compañeros, así como en buena sintonía para escuchar también las indicaciones que los protectores nos transmiten intuitivamente, ellos necesitan de ese requisito, no sólo de que los escuchemos, sino de que les hagamos caso, hagámoslo así y lograremos que nuestra exis­tencia sea provechosa y no sumamente deudora si caemos en la trampa del endiosamiento. 
 
F.H.H. 
 
* * 
 
La vanidad es otra plaga universal de tos hombres, la cual envenena hasta el bien que hacen, porque ese poco bien lo suelen hacer únicamente para que se les vea. Hacen el mal a escondidas y el bien en la plaza. 
 
PAPINI

FALSAS COMUNICACIONES

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255. La cuestión de la identidad de los Espíritus es una de las más controvertidas entre los mismos adeptos del Espiritismo; En efecto, los Espíritus no nos traen una prueba de notoriedad, y se sabe con cuánta facilidad algunos de ellos toman nombres
supuestos; después de la obsesión, es también una de las más grandes dificultades del Espiritismo práctico; por lo demás, en muchos casos, la identidad absoluta es una cuestión secundaria y sin importancia real.
(Allan Kardec. El libro de los médiums. Cap. XXIV. Identidad de los Espíritus.)
 
            
  En efecto, queremos incidir en esta materia porque la experiencia no deja de demostrarnos que, ante la falta de preparación y de madurez en muchos grupos que practican la mediumnidad de incorporación, son muchos los que están siendo engañados por entidades que no son quienes dicen ser. 
 
  Este hecho es lo de menos, lo grave y serio en este asunto es que a partir de ahí muchos de estos grupos están en manos de entidades poco responsables y serías, con lo cual gran parte del trabajo que estos grupos realizan son en vano porque no se realiza lo que supuestamente se va a desarrollar. No dudamos que es una labor llevada a cabo con buenas intenciones y con deseos de ayudar a los espíritus sufrientes, pero esto sabemos por experiencia que no es suficiente. 
 
  Es por ello que dedicamos estas páginas a aclarar algunas cuestiones que nos pueden ayudar a reorientar la labor que se realiza en estos trabajos de una manera más segura con el amparo y la protección verdadera de entidades de luz y elevación que nos garanticen el trabajo en positivo y nos protejan del acecho y el deseo de perturbación y estancamiento al cual nos quieren someter entidades negativas que sabemos que están también pululando alrededor nuestro y que pueden aprovechar todos nuestros defectos y debilidades para entorpecernos. 
 
  En este sentido, hemos de hacer caso a las palabras que nos traslada Allan Kardec: la identidad absoluta es una cuestión secundaria y sin importancia real. 
 
  Sin embargo es en muchos casos, el deseo y la curiosidad que tenemos de saber quiénes son nuestros guías y protectores, lo que nos lleva a darle una importancia excesiva a este hecho, y nos aparta del verdadero sentido del trabajo que es ayudar por el hecho de ayudar, sin necesidad de más. De una manera muy sutil, una vez más nuestros defectos, tales como el afán de protagonismo, el personalismo, la vanidad, etc., nos juegan una mala pasada, de esto no son desconocedores las entidades inferiores del plano espiritual, y ellos pronto se ponen a nuestra disposición para satisfacer nuestro orgullo y vanidad, y a veces falsa humildad, y no tardan en darnos un nombre que por lo normal suele ser un personaje conocido y de prestigio histórico. 
 
  Una vez que se produce este hecho, a esta clase de espíritus les es muy fácil ir desviándonos del trabajo auténtico, dándonos falsas comunicaciones, mezclando verdades con mentiras, pero van halagando nuestra vanidad, y poco a poco van ocupando el lugar de nuestros auténticos guías, a los que no hacemos caso porque ellos no nos ponen ninguna medalla, sino que nos instan a hacer mejor las cosas y nos llevan por el camino recto difícil, que es asumir lo mucho que tenemos que progresar. 
 
  Es lamentable y triste observar cómo numerosos grupos y médiums han caído en esta trampa, llegando a caer en la categoría de médiums entorpecidos, a los que ya es muy difícil ayudar a salir de esos extremos porque no atienden a razones, estando en manos del fraude de estos espíritus mistificadores, que en muchos casos arrastran a estos grupos o personas a la espiral de la obsesión y la fascinación, con lo cual sin quererlo se hacen un daño importante a sí mismos y con su ejemplo a la doctrina en general. 
 
  No hay una verdadera necesidad de saber quiénes son los espíritus que nos ayudan desde ese otro lado a ejercer nuestra faceta mediúmnica. Además hemos de ser conscientes de que los espíritus de elevación, no se consideran ellos importantes, ni mucho menos, sino que rehúyen de esos supuestos títulos, sabiendo lo mucho que les resta por aprender y progresar, y por lo tanto son reacios a dar su nombre, siendo además conscientes del peligro que esto podría generar a nuestro ego. 
 
  Por otro lado no hay tantos personajes importantes y de renombre para la enorme cantidad de grupos que hay esparcidos por todo el mundo, además de que muchos de estos personajes no fueron tan perfectos ni todo lo grandes y buenos que la historia nos dice, y por lo cual muchos de ellos están encarnados, enmendado sus errores y pagando deudas del pasado, en ocasiones, en labores dentro del propio espiritismo, por lo cual debemos dejar de darle importancia a la identidad de los espíritus que están a nuestro lado, lo cual nos evitará entrar en un mundo de fantasía y misticismo. 
 
  Es importante también que sepamos que muchos de estos hermanos espirituales son de la misma categoría espiritual que tenemos nosotros, un poquito más si cabe que la nuestra, lo necesario para que les permita poder desenvolverse en nuestro plano con la ayuda que les dispensan desde los planos superiores y por supuesto con las energías positivas que se desprenden de nuestra buena disposición y elevación a la hora de efectuar los trabajos. 
 
  No obstante, en este sentido también influye sobremanera la misión y los objetivos que un grupo o persona determinada viene a realizar a la tierra, pues depende de los mismos que vamos a necesitar una facultad, y una ayuda desde el plano espiritual concreta y específica. Esto es lógico y natural. 
 
  Volviendo al encabezado del maestro Allan Kardec observemos que dice que después de la obsesión es una de las más grandes dificultades del espiritismo práctico, y es por la razón que acabamos de esgrimir: la curiosidad que sentimos por saber quiénes son nuestros guías y protectores no es una curiosidad sana, a parte de que no nos conduce a nada. Lo que importa e interesa es el trabajo desinteresado que realicemos, y los esfuerzos que hacemos en nuestra vida cotidiana para superar nuestras imperfecciones, eso es lo que cuenta. Pero lo otro, saber quiénes son nuestros guías, sólo conduce a la fantasía, al fanatismo, al endiosamiento y normalmente a engrandecer nuestros defectos. 
 
Esta curiosidad es un foco enorme de atracción para lo espíritus burlones que nos van a mantener estancados, haciéndonos pensar que vamos bien, que todos lo hacemos estupendamente, que somos extraordinarios y que nadie hace lo que nosotros podemos hacer. No es más que ruido y fantasía, ¿Cuántos grupos hemos conocido guiados por espíritus destacados que ya ni siquiera existen? Y que lejos estaban de corresponder a la figura de la que decían ser instruidos. 
 
  Debemos ser conscientes de que los espíritus de cierta evolución espiritual que han bajado a la Tierra con una misión sublime y con altos objetivos, no son por regla general espíritus que tienen como destino servir de guía a los grupos espíritas, no, sino que por su condición espiritual se les encomiendan misiones de más transcendencia. Estos espíritus en muchos casos pueden tener mensajeros que pueden dejar un mensaje o prestar algún tipo de ayuda en un momento dado en su nombre, esto es algo que sí puede suceder pero es muy diferente a que estén dedicados por completo a un grupo. No obstante, también pueden darse casos muy excepcionales. 
 
  Por otro lado, como decimos hay infinidad de espíritus en la esfera espiritual que sin tener renombre ni una destacada evolución espiritual, sí que pueden realizar una labor junto a nosotros, logrando de lo Alto el progreso espiritual tanto de ellos como de nosotros, y en muchos casos son entidades espirituales que están progresando y colaborando a nuestra lado desde hace ya siglos, y esto no les quita ningún mérito. 
 
  Es por ello que hemos de huir de estos detalles, que no son importantes, ni garantizan nada, hemos de encaminar nuestro trabajo de una forma sencilla y humilde, sin pretensiones de ningún tipo. De este modo estaremos rechazando la posibilidad que los espíritus falsos y burlones se puedan entrometer en nuestros trabajos, llevándonos al engaño y haciéndonos creer que estamos progresando mucho y que estamos muy bien guiados, cuando muchas veces sucede todo lo contrario. 
 
L.R.K.
 
© Grupo Villena 2012

HACIA DONDE VAMOS

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  No cabe duda de que estamos viviendo unos tiempos difíciles, unos tiempos con los que muchos de nosotros no contábamos, todo parecía ir medianamente bien y de repente, una “tormenta económica” ha puesto todo del revés, sacudiendo los cimientos del estado del bienestar en muchos países y trastocando los planes de
muchas y muchas familias que en ellos se estaban asentando y construyendo un futuro. 
 
  Por otro lado esta realidad que nos ha traído la crisis, ha dejado al descubierto muchas otras miserias, destapando algunos comportamientos que no eran del todo correctos, pero que mientras vivíamos en la época de vacas gordas no se veían, ahora en la época de vacas flacas estamos conociendo los errores cometidos por unos y por otros. 
 
 Pero no vamos a entrar en esos detalles, el objeto de estos artículos es otro, y procuramos enfocar las cosas de la manera que más nos puedan servir para nuestro progreso y desarrollo espiritual. Baste decir que la crisis ha de servirnos para colocar las cosas en su justo lugar. Ahora hemos de hacer como en el antiguo Egipto, actuar con sabiduría y extraer las lecciones que estos tiempos nos pueden aportar. 
 
  Vivimos en un mundo globalizado, ¿qué significa esto? Depende de la mentalidad que cada uno tenga y de su grado de evolución espiritual que le dará una respuesta u otra. Para unos puede significar acercamiento entre los diferentes pueblos, culturas, oportunidad de unión, de fraternizar, de solidaridad, de ayuda mutua, en definitiva de lograr entre todos un mundo más igualitario, de respeto y de comprensión hacia los que son diferentes a nosotros. 
 
  Para otros será todo lo contrario, más competitividad, mayor lucha por el poder económico, más rivalidad, dificultad de adaptación hacia los que no son ni piensan como nosotros; en definitiva, un nuevo escenario que no esperábamos y que nos aboca a una guerra no escrita o enfrentamiento con esa otra parte del globo con la que no contábamos si no era para obtener un beneficio propio. 
 
  Ahora el panorama ha cambiado, nuestro planeta es un todo, como nuestro cuerpo humano, si una parte de él está enferma, todo el organismo se resiente, por ello, cuanto antes le pongamos remedio mucho mejor. Y qué podemos hacer nosotros: en principio pensamos que poco o nada, sin embargo no es así, pensemos que cada uno de nosotros somos una célula, si las células están sanas, el todo estará sano. Procuremos pues estar sanos y ayudemos a las células que están a nuestro lado a mantenerse también sanas, a que sean conscientes de que todos somos parte de un todo y como tal debemos de contribuir al sostenimiento del sistema en las mejores condiciones. 
 
  Las células malignas por sí solas se destruirán, e intentarán destruir al resto también, por eso hemos de ser conscientes de que no debemos dejarnos llevar ni confundir por elementos extraños, ya que cada célula tiene responsabilidad y por ello, la responsabilidad de nuestros actos recaerá sobre nosotros mismos, no podemos culpar al todo. El todo por si mismo no puede hacer nada sino es con la colaboración de todos y cada uno de nosotros. 
 
  Por ello hemos de saber hacia dónde vamos, como reza el título de este artículo. Somos de libre albedrío, progresamos gracias a nuestro esfuerzo, el todo nos ofrece muchas oportunidades de aprendizaje, nos depara muchas experiencias, cada uno forma parte del engranaje justo y adecuado para su superación y ha de contribuir a que el sistema se perfeccione y se mejore, como células independientes tenemos como misión cooperar y mantener el sistema sano, no podemos achacarle fallos al todo, el todo es la suma de cada uno de nosotros. 
 
  Siguiendo con el símil, como células independientes y como partes de un todo nos necesitamos las unas a las otras, aisladas no podemos vivir, necesitamos del todo, sin él no tenemos razón de ser. Como células vivientes corremos el peligro de enfermar si no nos alimentamos adecuadamente y compartimos correctamente nuestro espacio del que participamos con nuestros vecinos. Los malos sentimientos, los malos pensamientos, las malas acciones, el egoísmo, etc., etc., dañan el sistema, nos hacen entrar en conflicto y generan enfermedades, virus, efectos secundarios, y efectos colaterales…, pueden entender perfectamente a qué me refiero, y no basta con poner una vacuna, o una pomada, hay que llegar a la raíz y eliminar para siempre la causa de esta enfermedad, si no lo hacemos así volveremos a recaer una y otra vez, y esto es precisamente lo que nos está pasando desde hace siglos. 
 
  Pero el todo a su vez tiene una conciencia propia, y también tiene la obligación y la responsabilidad de poner remedio cuando las pequeñas células no se ponen de acuerdo y una y otra vez tropiezan en la misma piedra. Esto es con toda seguridad lo que nos está pasando ahora, el todo nos está sometiendo a un examen especial, célula a célula, está esperando una respuesta individual para resolver si de una vez por todas somos merecedores de formar parte de este todo. 
 
  Queremos un todo solidario y fraterno, queremos un todo en paz, justo y equilibrado, un todo armónico, un todo en el que todos puedan aspirar a la dicha y a la felicidad; entonces, primero hemos de vivir practicando esos sentimientos en nuestra vida cotidiana, para que el todo nos acepte y nos deje seguir siendo partícipes de él. 
 
  Ya somos mayores, tiempo hace que salimos de la barbarie, tenemos que demostrar que somos merecedores de un planeta tan extraordinario como el que la Providencia nos ha dejado, para poner en práctica los recursos de nuestro ser espiritual, dejando a un lado los aspectos primitivos de nuestra personalidad. 
 
 Tengámoslo en cuenta, estamos aquí en este mundo como inquilinos, no tenemos el planeta en propiedad, el pago es nuestra propia evolución espiritual en valores, si no marchamos acorde con el planeta tendremos que buscar acomodo en otro afín a nuestro grado de desarrollo. 
 
  Recordemos la parábola del festín de bodas, “Muchos son los llamados y pocos los escogidos”.
 
F.H.H.
 
© Grupo Villena 2012
 
 
 

FIRMEZA

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Firmeza
«Debéis manteneros firmes como las palmeras del desierto, que por más fuertes vientos que soplen nunca se caen».
 
  Firmeza es sinónimo de entereza, de fortaleza y constancia. Es no ceder ante las adversidades o dificultades, es rectitud en los propósitos, en los ideales. La persona que es firme no cambia según soplan los vientos, pues tiene una guía interior que le orienta y le marca el rumbo a seguir, consciente de que no debe dejarse llevar por los acontecimientos y fuerzas externas y ajenas a él, sino que se crece ante ellos, se resiste por la fuerza interior que posee y por el esfuerzo que realiza para sobreponerse a los momentos de oscuridad que siempre tienen su fin, y que mientras permanecen nos dan la oportunidad de probamos a nosotros mismos para superamos y progresar fortaleciéndonos.
 
  Después de la tormenta viene siempre la calma. Sabias palabras éstas que resumen lo positivo que resulta mantenerse firmes en los momentos difíciles, en los que la niebla nos impide  ver el camino que pisamos. Firmeza, significa también, no dejamos llevar por la desesperación, los fracasos, el temor ante una circunstancia incierta, etc., en esos momentos saquemos nuestros recursos espirituales internos, armémonos de fe, miremos hacia el cielo solicitando ayuda de nuestro Padre, y recordemos además que momentos críticos, todas las personas han de pasar en sus vidas.
 
  Preguntemos a los grandes hombres que han pasado por nuestra humanidad si tuvieron que sostenerse a golpes de tesón y de fe, de constancia y paciencia, teniendo en ocasiones en contra todos los elementos, y sin embargo no cedieron porque llevaban en sus corazones la fuerza de todo su ser y la convicción de que al final lograrían sus objetivos.
 
Por ello la firmeza se provee también de una buena dosis de fe y esperanza, fe en que si se procuran hacer las cosas con el mejor de los deseos y con buena voluntad, al final brilla la justicia y se obtiene el éxito.
 
  Por contra, si no se tiene esa fe y la firmeza suficiente, y se abandona el camino emprendido dejando una labor a medias, más adelante deberemos volver a emprender ese camino, siendo ésta una de las lecciones que nos enseña la ley espiritual.
 
  Antes, en los años pasados, las cosas eran de otro modo. Una empresa se creaba y pasaba de padres a hijos, y eso constituía un orgullo para la familia, y sus trabajadores se perfeccionaban día a día, llegando a ser maestros de su oficio.
 
  Las familias raramente se destruían, existía un mayor respeto entre los cónyuges, y ambos aprendían a lo largo de su vida a comprenderse, tolerarse y amarse, trasmitiendo a los hijos el ejemplo de mantener el hogar unido y el respeto de los hijos hacia los padres.
 
  Ahora éstas y otras muchas situaciones más ya no son así. Los trabajadores no tienen seguridad en sus puestos de trabajo. Muchos hijos ven como sus padres se separan; cuando no, perciben la hipocresía de la relación existente entre ellos. Estas dos características tan fundamentales para crear una sociedad, segura y firme en sus planteamientos, están fallando por completo, puesto que ambas situaciones están en el aire, al antojo de decisiones que se pueden tomar en un momento dado, y es un índice que nos señala la gran fragilidad en que estamos inmersos.
 
  La firmeza en los valores, en el compromiso que supone dar la palabra, está en crisis, ahora impera el «donde dije digo, digo Diego». Ya no hay valores permanentes, se ha perdido el estímulo de la constancia, del esfuerzo diario que hace que la vida recobre su sentido, que tenga una meta por la que valga la pena luchar.
 
  El mencionado refrán español define perfectamente a las gentes que no tienen palabra, que son tan volubles que cambian su pensamiento varias veces al día, debido a su gran egoísmo por el cual cuando observan que no les conviene hacer frente a lo que se han comprometido, incumplen su promesa aprovechando la más mínima excusa.
 
  Por ésta, entre otras razones, estamos contemplando como nuestra sociedad se viene desmoronando poco a poco, de un modo tan perceptible que con el paso de los años han cambiado casi todas las costumbres y los hábitos de vida. Se dice que es la modernidad, que es símbolo de progreso, pero habría que estudiar si es para bien o para mal, porque aunque el cambio está implícito en la sociedad, para que ésta vaya perfeccionándose y renovándose y efectivamente evolucionando, no todo lo que se cambia es bueno, si no está encauzado dentro de las leyes espirituales.
 
  Todo aquello que no nos ayude a construir nuestra personalidad, que no fomente la voluntad, sino todo lo contrario, que nos lleve a evadimos de la realidad y que nos conduzca a una vida fácil y cómoda, no es válido para nuestro progreso, además de ser un obstáculo para la sociedad en general, puesto que es cimentar nuestro futuro en una base de barro que no tiene consistencia ninguna. Hemos de aprender a valemos por nosotros mismos, atentos a nuestros principios, para no dejamos llevar por la comodidad y la hipocresía reinantes en el momento actual de nuestra evolución.
 
 Debemos pues acostumbramos a ser firmes en nuestras resoluciones, a actuar con nobleza, rectos en nuestros propósitos, conscientes de que en muchos momentos de nuestra vida, sabemos de qué modo debemos obrar, fruto de haber recapacitado, de la voz de la conciencia, de haber pensado detenidamente, pero después, a la hora de actuar, salen nuestros defectos y tendencias, la comodidad, la pereza, llegando incluso a actuar en contra de nuestros intereses espirituales, traicionando así a nuestro espíritu que quiere manifestarse y la pesada carga de las limitaciones a las que damos cobijo no le dejan realizarse.
 
  Esto ocurre por falta de firmeza en nuestras convicciones. Es inaplazable la necesidad que tenemos de poner en marcha la fuerza de voluntad que nos permite no paramos ante nada, que nos impulsa a velar siempre por los intereses de nuestro espíritu que son, progresar sin cesar y no dar tregua a las imperfecciones de nuestro carácter, que por cierto, francamente, debemos reconocer que no son pocas.
 
  Responsabilidad, volver a rescatar la nobleza y el honor en nuestros corazones y firmeza en nuestras creencias e inquietudes, dándoles el verdadero valor que tienen y colocándolas en su lugar, no como hace la mayor parte de la humanidad que ha dejado su parte espiritual, sus valores humanos en un segundo plano, dándole solamente importancia a lo material, a las cosas pasajeras, en definitiva a satisfacerse egoístamente sin pensar en los demás.
 
  Es contra esta tendencia, la comodidad, la hipocresía y la desfachatez con lo que tenemos que luchar con todas nuestras fuerzas, demostrando que sólo tenemos una cara, una palabra y que cuando a algo nos comprometemos lo hacemos de verdad, y ponemos todos nuestros medios para cumplirlo, porque somos firmes y responsables, ya que nuestra fuerza moral y nuestro ánimo reside en eso, en ser capaces de afrontar con honestidad los compromisos sociales por un lado, y los que cada uno de nosotros nos ponemos en virtud de nuestro deseo de progreso.
 
  No obstante, no debemos confundir firmeza con inflexibilidad, intransigencia, tozudez o rigidez. Firmeza es coraje, honradez, coherencia y sensatez. Por ello hemos de ser muy prudentes y analíticos, para no caer en ningún extremismo sobre planteamientos que tomemos, sino que es bueno también muchas veces enmendar, hacer marcha atrás siempre que nuestra razón y los buenos consejos nos digan que es preferible hacerlo.
 
Firmeza por: Fermín Hernández

ENDIOSAMIENTO Y VANIDAD

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  En el conjunto de los errores que los médiums pueden cometer ya sea por desconocimiento dé las leyes espirituales, o por otras circuns­tancias menos atenuantes, quizás el peor de todos ellos sea el incurrir en estos defectos morales como son el endiosamiento y la vanidad.

  Esta es una cuestión que podemos ver confirmada por todos los grandes maestros espirituales que han bajado en misión de ayuda a la tierra, puesto que su ejemplo no ha sido otro que el comportarse en todo momento dentro de una pauta de sencillez y de humildad, lo cual es sinónimo de grandeza y su alto nivel de evolución: «si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor», «el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado», enseñanzas como éstas y hechos como la ocasión en que Jesús lava los pies a sus discípulos dan a entender rotundamente, que en la humildad de no creerse superior a los demás y en la puesta en práctica de los principios morales con sencillez fraterna y con caridad, es donde podemos iden­tificar a los grandes espíritus que han pasado por la tierra.

Cuanto más elevado está un espíritu en la escala evolutiva más humilde se muestra hacia los demás, tiene mayor capacidad de adaptarse al nivel de los que están a su alrededor y encuentra la forma de ayudarles en su progreso sin causar menosprecio ni humillación nunca, al contrario se gana la confianza de todos y se hace querido por todos.

Mientras tanto, cuanto menos sea la evolución de un espíritu y esté afectado por esta imperfección como es la vanidad, puede incurrir fácilmente, si posee una facultad mediumnica, en el error de creerse superior a los demás, hasta llegar a endiosarse con la misma creyendo que es él quien realiza las curaciones, o que en las comunicaciones que recibe no pueden haber engaños de entidades de baja condición, etc., es decir, se cree tan grande y tan perfecto que muchos médiums llegan a creerse que son seres elegidos por Dios para la misión que están haciendo, que nadie más podría hacerla, y llega hasta tal punto este endiosamiento que ni siquiera los protectores pue­den hacerles ver el engaño en el que se encuen­tran, dominados como están por el bajo astral que es desde donde les incentivan sus defectos y les llevan a creerse superiores a todos los demás.

Para ejercer bien una facultad mediumnica lo primero que ha de comprender el médium és que él es sencillamente un transmisor entre el mundo espiritual y el terrenal, un canal que ha de estar limpio, sin intereses personales de ningún tipo para que estos no puedan interferir en el intercambio mediumnico. Si el médium comprende que es solo como un aparato y que ha de estar en las debidas condiciones para que puedan servirse de él, no tendrá problemas de vanidad. Ahora, si el médium quiere destacar entre los demás, si busca fama, prestigio, en definitiva, si en lugar de trabajar por su perfección moral busca el afán de protagonismo y gusta que reconozcan lo que él hace, estaré actuando lejos del ejemplo de humildad que los grandes maestros nos han enseñado, olvidando que es sólo un instrumento para el mundo espiritual.

  Como hemos señalado al principio, estos defectos: vanidad y endiosamiento, son junto al fanatismo los que peores consecuencias pueden acarrearle a los médiums porque por Ley de Vibración y Afinidad contactan con las entidades engañosas del astral inferior, entidades inteli­gentes que harán todo cuanto esté en sus manos para impedir que estos médiums puedan cumplir con sus misión y dar un paso importante en su evolución.
  A veces, los médiums se encuentran en este lamentable estado de engaño y confusión, ensimis­mados y endiosados con sus facultades, en muchas ocasiones estas facultades están en manos de ese bajo astral, que no hace otra cosa que halagarlos, «ensalzarlos», dándoles la clase de comunicaciones que a ellos les «complacen», deciéndoles que todo lo hacen bien, que no necesitan del estudio, y de este modo les mantienen en la más basta igno­rancia, sin posibilidad prácticamente de aperci­birse del error que están cometiendo porque ellos son los primeros que no les interesa reconocerlo.

  En definitiva, una existencia actuando bajo el amparo de entidades engañosas deja tras de sí un sinfín de desaciertos, una labor sin realizar, una estela de confusión hacia los demás: en una palabra una existencia sumamente deudora, porque cuanto más alto se sube uno a sí mismo, más tiene después que bajarse y rectificar todo cuanto hizo mal.

F.H.H.

 

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