Valores humanos

AUTOCONTROL

  “Todo aquello que digamos o hagamos de manera impulsiva o irreflexiva está condenado al fracaso y nos perjudicará en mayor o menor medida”, dice Bernabé Tierno.
                                         
  A todos nos ha pasado, y nos pasa, en determinados momentos de nuestra vida, que perdemos el control de nosotros mismos y casi siempre, en esos casos, solemos crear situaciones tensas, violentas, de las que después no nos sentimos satisfechos, porque por mucha razón que a priori tengamos, la perdemos en el momento en que nos violentamos y comprendemos después que no hay motivo para perder el equilibrio y la calma interior que nos llevan a esas situaciones desagradables.

  Para hacemos conscientes de este hecho basta con ponemos en el lugar de aquellas personas envueltas en plena discusión y fuera de control de sus palabras y de sus modos en general, ese desagradable y lamentable espectáculo que ofrecen es el mismo que nosotros formamos cuando nos falta el equilibrio, perdemos la calma y creyendo estar poseídos de toda razón defendemos a capa y espada nuestros argumentos, cayendo muchas veces en la grosería, y en la mala educación, debido a la cual en ese mismo momento perdemos el adelanto y el progreso que ganaríamos actuando de otro modo, con serenidad y con delicadeza, pues nuestra persona se vería beneficiada por parte de los demás en estima, respeto y admiración.

  El objeto de nuestra vida, en el ámbito que nos desenvolvamos, no ha de ser otro que la mejora de nuestra conducta, que repercute como premio a nuestro esfuerzo en estar a bien con todo el mundo con quien nos relacionemos, y esta buena conducta hemos de sacarla y ponerla en práctica precisamente en las situaciones más difíciles que se nos presenten, pues no es posible mantener un comportamiento, ecuánime, recto y equilibrado si no somos capaces de controlar nuestros impulsos, en dichas situaciones que ponen a prueba nuestros valores.

  El autocontrol, por tanto, es una meta que debemos marcamos, pues de él depende en gran medida que podamos convertimos en personas prudentes, conscientes, reflexivas, con la mente y el corazón en calma, que nos permitan razonar las cosas, poder examinarlas desde distintos puntos de vista, con imparcialidad y objetividad, sin los apasionamientos que confun­den y oscurecen nuestra razón y no nos dejan ver la realidad de las cosas, que en un momento dado pueden ser vistas de una forma, y sin embargo, ser todo lo contrario, hecho que suele suceder a menudo.

  Perder el control de nuestra personalidad tiene muchos factores negativos que no favorecen en nada nuestro progreso, como pueden ser:

  • – Supone un desconocimiento de nuestro estado interior, moral, intelectual y espiritual.

 

  • – Proviene de una carencia de un trabajo sobre nuestro comportamien­to, lo cual nos da una pobre imagen de lo que somos.

 

  • – Es un obstáculo grandísimo para mantener unas buenas relaciones sociales, familiares y en todo tipo de compañerismo, y no debemos olvidar que cada vez más, la base de una sociedad estable y fraterna estará fijada sobre los pilares del compañerismo y la unión sincera y amiga.

 

  • – No fomenta nuestras cualidades internas, sino todo lo contrario, nos hace irascibles, susceptibles, impulsivos, etc., fruto de no conocemos interiormente y de no admitir nuestros errores, creyendo que la culpa está en los demás.

 

  • – A consecuencia de todo lo anterior la persona se va aislando de las demás, y muchas veces no lo comprende, pero todo es debido a su falta de autocontrol que es un serio problema para la convivencia entre sus semejan­tes.


  En efecto, muchas personas tienen muy buenas cualidades, y como todas son necesarias entre un colectivo, pero tener buenas cualidades no lo es todo, pues si no se tiene un control sobre ellas se puede pecar de no apreciar las cualidades de los demás, incluso de querer eclipsar los valores de los demás, lo cual es un grave impedimento para el avance y progreso de cualquier organización pues en vez de ayudarse e ir todos a una, se entorpecen dañándose y retardan su progreso.

  Esto ocurre fruto del descontrol ya que no se da tiempo uno a sí mismo para poder observar sus errores, y además peca de no valorar las acciones de los demás, dejándoles sin libre iniciativa, y no sólo eso, sino que falta a su deberá como amigo que es el de apoyarles y darles el estimulo que necesitan para poder realizarse, sentirse a gusto con su participación y construyendo su personalidad en un ambiente de confianza, de respeto y de valoración de las cualidades propias de cada persona.

  Y es que el autocontrol viene por dos caminos, uno es el del propio conocimiento de las imperfecciones que se tienen y lógicamente de su deseo de erradicarlas, y otro por la vía del respeto, que nos impulsa a ser prudentes y a fijamos no en los defectos de nuestros semejantes, sino en sus cosas positivas. Esto a mi modo de ver es muy importante ya que si sólo apreciamos los defectos no dejaremos de verlos, pero eso sí, según nuestro criterio y muchas veces nos equivocaremos.

  No es lo mismo ser enérgico que descontrolado. La persona enérgica saca esa fuerza cuando lo requiere la ocasión, para poner las cosas en su sitio, no se pronuncia con malos modos, con palabras bruscas, no raya en la violencia, no ataca, no falta al respeto, y sobre todo no humilla, dejando la oportunidad para que se reconozca el fondo de la cuestión y libre paso a la reconciliación. Ahí está la diferencia entre una persona equilibrada dueña de sus actos, y la otra que se descontrola fácilmente, que pierde el dominio de sus acciones, y que cree que los demás tienen la culpa de todo lo que le pasa, craso error que le lleva a estancarse como individuo en el desarrollo de sus valores, y que crea con su actitud una predisposición de rechazo hacia él por parte de los demás, debido a su forma de ser.

  Hemos de aprender a ser enérgicos, cuando sea necesario, dominando nuestros impulsos, y analizando las situaciones antes de obrar, es preferible pecar de prudentes antes que dar un paso en falso. Como todos sabemos se acepta antes la opinión de una persona equilibrada, que la de una descontrolada, por mucha razón que en ese momento dado pueda tener, pero es que como dijera al principio, la razón se abre paso por muchos caminos pero nunca a través de imposiciones ni de actos de fuerza.

  Disciplina, prudencia, respeto por los demás, y el conocimiento interior son los mejores aliados para conseguir el autocontrol y sobre todo tener un gran deseo de sostener unas buenas relaciones sociales, basadas en el cariño, en la tolerancia y en el perdón, pero no debemos olvidar que la causa de que nos descontrolemos está en nosotros y no en los demás, y quizás por no tener esto claro perdamos el dominio de sí mismos y con el caigamos en el mayor de los ridículos.

  Cada vez que perdemos el control y dominio interior estamos haciendo dos cosas totalmente negativas en contra nuestra: una, damos un paso atrás en nuestro progreso y otra ponemos un ladrillo más en la barrera ante los demás y nosotros, lo cual es otro impedimento de progreso. Por tanto, seamos conscientes de esta realidad, pongamos la fuerza de voluntad necesaria evitando por todos los medios ser descorteses, desagradables, agresivos, maleducados, aun cuando muchas veces creamos estar armados de razón para hacer valer nuestro criterio, hagamos un entrenamiento sujetando nuestros impulsos y seamos flexibles, tolerantes, amables, y de ese modo, poco a poco, nos ganaremos el corazón y la confianza de nuestro entorno lo cual nos llenará de esperanzas y de entusiasmo en lo sucesivo.

F.H.H.
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