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¿POR QUE LAS CRISIS?

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Los acontecimientos no ocurren por azar. En el Universo, todo tiene un porqué y un para qué. Todo en él está llamado al progreso, todo va en busca de su mejora y perfeccionamiento. Las leyes universales, tanto del universo físico, como del espiritual son perfectas, porque han sido creadas por un ser perfecto, que es Dios. No hay un determinismo ciego, no existe la casualidad, no existe el azar, todo está regido por leyes sabias y
perfectas que aún no conocemos, creadas para nuestro bien y felicidad. A medida que el ser humano las vaya conociendo y actuando acorde a sus principios irá perfeccionándose y mejorando en todo, eliminado así de la faz de la tierra todas las situaciones y despropósitos que nos hunden en la miseria espiritual, en el dolor y la infelicidad.
 
        Venimos de las cavernas, de sociedades primitivas, del principio de la evolución, nada se nos regala, todo hemos de conquistarlo a pulso. Somos espíritus forjados a través de los siglos a costa del dolor y del error,  hemos llegado hasta aquí y debemos continuar mirando siempre hacia adelante, superando todas las adversidades y dificultades, superándonos a nosotros mismos.
 
Ahora afrontamos nuevos retos, el siglo XXI nos ha sorprendido, la globalización nos ha desbordado, las nuevas ciencias, la tecnología. Las técnicas de comunicación nos hacen más conscientes de todo cuanto está a nuestro alrededor y los sistemas se han quedado anquilosados, nuestra conciencia ha crecido, es más sensible, todo está cambiando muy rápidamente  y como consecuencia de todos estos cambios que están siendo radicales nos encontramos ante una nueva crisis, que no es una crisis económica, como nos están haciendo creer.
 
Es necesario elevar la mirada por encima de lo inmediato y lo efímero para que podamos comprender que existe una planificación por encima de nosotros, que los cambios y las crisis obedecen a principios superiores, hemos de pensar con perspectiva,  abrirnos a un conocimiento e intuición de futuro, y esto sólo lo pueden entender aquellas personas que a través de sus esfuerzos y sacrificios del pasado han atesorado unos mínimos niveles de ética y de moral  que ahora les hacen comprender que estamos en una nueva era, que va a poner fin a una larga etapa y dará comienzo a otra mucho más venturosa, eso sí, no sin esfuerzo y renuncia a los viejos y maltrechos hábitos e ideas caducas del pasado.
 
        La humanidad en general no llega a entender el porqué de muchos de los acontecimientos que vivimos, ¿por qué en una vida de apenas unos cuantos años hemos de experimentar en muchos casos tanto dolor y sufrimiento? ¿El por qué se produzcan tantas tragedias? ¿Que en apariencia haya tanta injusticia y desigualdades de todo tipo? ¿Qué sentido tiene todo esto?¿Cómo podemos hacer que la vida en la tierra sea diferente? Y que sea lo que todos queremos que sea, un mundo de paz, un mundo solidario en el que todos seamos hermanos y en el que se produzcan todos los días buenas noticias y en el que todas las personas tengan las mismas oportunidades para desarrollarse y crear su propio bienestar y felicidad.
 
        Es la falta de conocimiento espiritual lo que nos impide comprender muchas cosas, mientras el hombre no sepa de donde viene, porque está aquí y hacia donde se dirige. Mientras no conozca que su origen es espiritual y que la tierra y los planetas son escuelas a las que venimos a aprender y a despojarnos de las imperfecciones, mientras el objeto de la vida sea solo material y procuremos nada mas que  nuestra felicidad, sin pensar en los demás,  y el egoísmo y la ambición sean los motores que guíen el norte de esta civilización, como ha acontecido hasta ahora, no se efectuará ese cambio y no podremos construir una nueva civilización diferente.
 
        El progreso es lento, pero es constante. Las crisis no son otra cosa sino el hecho de que se ha llegado al final de un ciclo. Nos indican que se ha de poner orden, nos hacen mirar hacia atrás para poder comprender los errores que se han cometido y corregirlos mediante nuevas leyes, sistemas, etc. Pero no nos engañemos porque por mucho que cambien los sistemas, y las leyes, y los dirigentes, etc., sino cambia el ser humano no sirve, tiene que surgir un hombre nuevo de todo esto. Es un trabajo interno que se produce en el interior de cada una de nuestras conciencias y en el que cada cual según el nivel de evolución alcanzado saca unas conclusiones y se prepara para adaptarse a los cambios que se van a producir de manera irrefrenable. Son muchos los que ya están en este proceso, de ahí muchas de las protestas y de las reivindicaciones sociales que asaltan a menudo las noticias.
 
        Mientras, otros suelen resistirse a los cambios, les da miedo el porvenir, y prefieren seguir fieles a las viejas tradiciones y costumbres, aunque no sean lo mejor para todos, se rebelan y son un freno para las nuevas conquistas; este tipo de actitudes responden normalmente al egoísmo personal. A estos las propias leyes del universo los pondrá también en el lugar que les corresponda para que ansíen un cambio, pero este tendrá que producirse primero en su interior.
 
        Las revoluciones sociales y todo tipo de acontecimientos extraordinarios que se han venido repitiendo a lo largo de la historia, y que han incidido en mayor o menor medida en la humanidad, tienen por objeto pulir nuestras conciencias y elevarnos por encima de los valores e ideas establecidas alcanzando cotas más altas de perfección.
 
Todo encaja dentro de un orden natural y progresivo en el que estamos inmersos y del que somos enteramente partícipes sin darnos cuenta, porque todos sin excepción estamos llamados a participar de la perfección y de la felicidad, para la que hemos sido creados.
 
Llegados a este punto, son cientos de miles de personas las que ansían un mundo mejor, es algo que se percibe, ya está dejando de ser algo abstracto, porque se siente, se quiere y se ha llegado al convencimiento de que hay que cambiar, esto es algo que ya no tiene marcha atrás. No importa la ideología que se tenga, la religión que se profese, el lugar donde se viva, el mundo está globalizado … el mundo ya no es lo que era, y aunque los ejes del poder, de todo tipo, estén pegando los últimos coletazos para mantenerse y pretender que todo siga igual, eso ya no es posible.
 
Y ¿Por qué no es posible? Porque no han contado con la parte espiritual, la dirección espiritual que rige nuestro planeta, encabezada por el Maestro de Maestros, Jesús de Nazaret, definida en el evangelio como el Consolador Prometido, ya hizo acto de presencia en nuestro mundo, advirtiéndonos que este cambio, que esta crisis que atravesamos es distinta a las demás, puesto que va a marcar un antes y un después en el proceso de evolución de nuestra humanidad, convirtiéndola en una humanidad con mayoría de edad en la que ya no se permiten atrasos en la evolución de los espíritus y ciertos comportamientos en los que la personalidad del individuo está dominada todavía por los instintos primarios como son el egoísmo, el orgullo y demás imperfecciones morales propias de mundos de expiación y mundos de prueba, al que la tierra ha permanecido hasta ahora, pero no de mundos de regeneración en el que la tierra está ya en puertas.
 
La Tierra como planeta ha cumplido su función, en ella hemos vivido muchos cursos y ciclos intermedios para llegar hasta aquí, todos y cada uno de nosotros hemos tenido una y mil oportunidades para progresar, experimentando cientos de pruebas en cientos de encarnaciones diferentes, hemos vivido la riqueza y la pobreza, la fealdad y la belleza, el poder y la debilidad, hemos tenido todo tipo de experiencias para poder asimilar y exprimir los recursos de nuestro espíritu, pero por encima de todo Dios ha respetado nuestro libre albedrío y lo que a unos les ha servido y han ido dando pasos en su evolución, despojándose de los defectos e imperfecciones,  otros se han anclado en el tiempo y en las viejas glorias o desdichas y no han ido superando las pruebas, por rebeldía, por comodidad, por distintos motivos unos han avanzado más que otros, pero todos hemos dispuesto de las mismas oportunidades y ahora ha llegado el examen final.
 
        De ahí lo convulso de los tiempos que vivimos, la confusión, la falta de esperanza, la ansiedad de querer vivir algo diferente, la inconformidad, y todo lo que estamos viendo, no hace falta extendernos. El caso es que las revoluciones y las crisis han transformado la sociedad a lo largo de la historia. Estos cambios han sido locales, nacionales o todo lo más continentales, la crisis de ahora es mundial, y es general, es decir incide en lo más íntimo del ser humano, no es meramente una crisis económica, o de esto o aquello es una crisis más profunda que pide un cambio integral de todas las estructuras.
 
¿Por qué la crisis? Aquí tenemos la respuesta: cambio de ciclo planetario.
 
F.H.H.
 
Grupo Villena 2012 ©
 
 
Recomendamos repasar el capítulo “Los tiempos han llegado” de la obra El Génesis de Allan Kardec.

EL IDEAL DEL EQUILIBRIO 

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   Continúo la exposición del pasado mes tratando ahora de hacer un esbozo de lo que a mi minúsculo entender significa el equilibrio para el desarrollo de nuestra personalidad. 
 
 
  Como ya expliqué, el equilibrio viene por el predominio de la fuerza y las cualidades del espíritu, de la conciencia, sobre los instintos y tendencias de la materia. Equilibrio por tanto es sinónimo de autocontrol, templanza, madurez, humildad, objetividad, imparcialidad, justicia, cono cimiento, percepción del trasfondo de las cosas, etc., etc., porque podríamos citar innumerables cualidades ya que en realidad el equilibrio es consecuencia del progreso de la personalidad humana, pero progreso nivelado de valores, ya que si desarrollamos valores intelectuales en gran medida y por contra escaseamos de valores espirituales contraemos un desequilibrio en nuestro carácter que denotará una mente fría y calculadora carente de sentimientos delicados, por poner un sólo ejemplo. 
 
  Entiendo por tanto que el equilibrio es saber desarrollar nuestra personalidad de modo que la suma de nuestros Valores no desequilibren nuestra personalidad. Trataremos de aprender cuanto esté a nuestro alcance, pero siempre y cuando esto tenga un valor práctico, nos sea útil en nuestra vida diaria y pueda expresarlo y manifestarlo, ponerlo en práctica, entonces no acumularemos conocimientos sin sentido, sino que terminarán de comprenderse en la experiencia de la vida. 
 
   Es mejor y más sencillo para el progreso de nuestra personalidad, de nuestro espíritu, ir adquiriendo la escala de valores desarrollándonos poco a poco, sin traernos desequilibrios de aptitudes, es preciso entonces mirar en nuestro interior y ver de que pie cojeamos para poder ponerle la solución rápida y práctica. La comodidad es el mayor enemigo del equilibrio, por tanto, es donde más nos cuesta, donde precisamente nos tenemos que esforzar porque ese es uno de nuestros puntos flacos y debemos atajarlo. 
 
   Al equilibrio no se llega fácilmente, y es más estoy convencido de que las personas equilibradas, a las que aparentemente vemos sosega­das, en calma, dueñas de sí mismas, prudentes, pacientes, llevan por dentro una vida interior intensísima, que nosotros no podemos apreciar, pero que sus sentimientos, sus pensamientos, su cerebro es un continuo procesar de detalles, emociones, razonamientos para afinar en cada momento y situación la actitud, la palabra, el gesto, la opinión más acertada de que sean capaces por su grado evolutivo. 
 
   Por tanto, vemos que para estar en calma, en paz consigo mismo, para dominar las situaciones, nuestra conciencia, nuestro ser interno, sin embargo, no está quieto, está siempre activo, vigilante para mostrar su autoridad absoluta, para demostrarse que es dueño de sus más ínfimas vibraciones y emociones y sensible a los demás, sin lo cual no se completa porque son el complemento de su vida. 
 
   La persona equilibrada lo es en virtud de sus semejantes, siente que tiene una deuda con la sociedad, por lo cual tiene que estar siempre dispuesta a dar lo mejor de sí a los demás, a los cuales nunca pide, siempre da, porque es en el ofrecer y el compartir en lo que encuentra su razón de ser. 
 
  La persona equilibrada es moderada, busca en todo el término medio, ese término medio que para la gran mayoría es tan difícil de coger, andamos de un lado a otro de la balanza, como suele decirse «o nos pasamos o no llegamos», sabe situarse en ese punto medio, no se hace destacar, ni tampoco se esconde de nada, no rehuye ninguna situación, suele discernir sin embargo, la forma de afrontar cada circunstancia y por eso prácticamente destaca porque es justo, ecuánime y con él siempre sabemos a qué atenernos, siempre sabemos dónde lo podemos encon­trar, porque no se va hacia los extremos, y por ello con él siempre vamos a encontrar una respuesta sabia y sensata. 
 
   La persona equilibrada es también emprendedora, amante de las realizaciones, de la actividad, gusta de estar ocupada en empresas nobles, capta con facilidad las necesidades ajenas y normalmente se halla involucrado cooperando con aquellos grupos y asociaciones que ayudan a los más necesitados, tanto del cuerpo como del espíritu. 
 
  De aquí les viene en gran parte la paz que sienten consigo mismos, de saber que han cumplido con su misión al tratar de cubrir no sólo sus necesidades sino de paliar en lo posible la gran necesidad material y espiritual en que vive gran parte de nuestra humanidad. 
 
  Una gran virtud en las personas equilibradas es la comprensión, que les lleva a un gran respeto y tolerancia hacia los demás, por lo que generalmente optan por decir las cosas con el ejemplo. Odian tener que dar queja a los demás debido al gran respeto que sienten por el libre albedrío ajeno, por ello son capaces de perdonar y de soportar lo insopor­table, hasta que llega un momento en que no ven otro remedio que dar cumplida cuenta de las incorrecciones que observan, ya sea hacia ellos ya sea hacia otros, según los casos para dar fin a una situación molesta o errónea y aprovechan esa oportunidad para enseñar al que no sabe lo que no deben volver a hacer. 
 
  Y así podríamos citar numerosas virtudes que acompañan a las personas equilibradas, porque son estables, amantes de la paz y de la justicia, del bien y de la fraternidad, y claro está, con estas premisas y con esa escala de valores, bien podemos imaginar cada uno de nosotros cómo es ese ideal de equilibrio que deseamos alcanzar. 
 
F.H.H.
 


VISITAS DE DORMITORIO

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26/06/2012, en referencia a la entrevista de radio de Miguel Blanco.

   Dentro de las manifestaciones que pueden producirse de seres espirituales en nuestro mundo material, las denominadas visitas nocturnas o visitas de dormitorio suscitan muchos interrogantes, y además generan miedo y cierto estado de nervios y malestar a las personas que las sufren, a veces se llega incluso a estados de
depresión que les impiden seguir el curso normal de sus vidas. Estas personas necesitan sobre todo saber a que se deben estas manifestaciones y cómo se puede dar término a estos hechos.
 
   En muchos casos las personas que tienen estas experiencias no sólo sienten la presencia de estas entidades y sufren distintos tipos de abusos y manifestaciones todas ellas desagradables, sino que también pueden llegar a ver físicamente a los espíritus que les perturban.
 
   Hay que partir de la premisa de que todo cuanto acontece tiene una explicación lógica, nada ocurre porque sí, que hay unas leyes que regulan estas manifestaciones, y que los espíritus no irrumpen en nuestras vidas a su antojo, sino que como ahora intentaremos explicar existen diferentes razones que sometemos a su criterio y análisis.
 
   ¿Por qué ocurren estas manifestaciones? Pueden deberse a diferentes motivos. En primer lugar debemos entender que para que los espíritus se puedan manifestar en nuestro entorno necesitan de una serie de fluidos sin los cuales no pueden materializarse, en mayor o menor grado, estos fluidos los poseemos todas las personas pero especialmente aquellas que están dotadas de algún tipo de sensibilidad psíquica o facultad espiritual, poseen estos fluidos en mayor cantidad y calidad por lo cual en un momento dado un entidad espiritual puede valerse de ellos para manifestarse.
 
   De ahí que podamos sentar una primera base: aquellas personas provistas de algún tipo de sensibilidad psíquica son las más susceptibles de padecer este tipo de influencias. Esto normalmente el plano espiritual superior permite que se produzca para que la persona en cuestión movilice sus recursos y pueda llegar a comprender que quizás está llamada a realizar algún tipo de labor en el ámbito espiritual.
 
   No es casualidad que se posea esta sensibilidad, los hechos que se viven no se puedan negar y son la prueba más evidente de que existe algo más que escapa a nuestros sentidos, esto produce en nosotros una inquietud que nos lleva a iniciar una búsqueda de respuestas. El conocimiento que viene como consecuencia de esa búsqueda aclarará nuestras dudas, nos llevará a contactar con personas ya con experiencia en este terreno y se disiparán el miedo y los temores.
 
   Por lo tanto en muchos casos estas manifestaciones no tienen otro sentido que el de servir de aviso y de prueba de que “hay algo más”  a las personas, para que indaguen y se genere en ellos una inquietud que les lleve posteriormente a la clarificación de sus ideas y asimilación de unos principios espirituales. De no producirse estas manifestaciones nos sería mucho más difícil admitir la parte espiritual y que en efecto venimos dotados de unas facultades especiales con las cuales podemos hacer un trabajo espiritual y cumplir con unos compromisos adquiridos antes de encarnar.
 
   En este sentido hemos de confirmar que son muchas las personas que a raíz de estos acontecimientos han logrado encauzar sus vidas dentro de unos derroteros espirituales y que una vez puestos en el camino y aclaradas todas las incógnitas, aquellas manifestaciones se quedan en una mera anécdota y se les da la importancia que tienen que nos es otra que servir para el despertar a un conocimiento espiritual tan natural como la vida misma.
 
   También hay que decir que no sólo se producen manifestaciones producidas por espíritus de orden inferior, sino que también y son las mas de las veces, son efectuadas por nuestros propios espíritus protectores o espíritus amigos que también nos quieren ayudar en ese despertar de inquietudes a una realidad espiritual. Otra cosa es que debido a nuestra ignorancia y desconocimiento, estas manifestaciones nos produzcan ese miedo y temor al que hacíamos referencia, y que lógicamente rechacemos estos hechos al no saber a qué atribuirlos, no obstante de este modo nos están brindando la oportunidad de conocer que no estamos solos. Nuestro deber a partir de este momento está en descubrir a que se deben estas manifestaciones, y si estamos guiados por la buena voluntad y predisposición sin duda que vamos a llegar a comprenderlo y a saber todos los porqués.
 
   Otra cosa es que lo queramos admitir y queramos profundizar en la materia, ahí entra en juego nuestro libre albedrío y deseos de emprender un trabajo espiritual, podemos admitirlo o rechazarlo y esto tendrá unas consecuencias u otras. Pero nunca podremos negar que el mundo espiritual nos echó una mano y quiso hacernos conscientes de unas tareas que teníamos asignada antes de encarnar.
 
   Ahora bien no todos los casos son iguales, y no se puede generalizar, debiendo hacer otro análisis diferente dentro de este tipo de manifestaciones que también se producen. Estos son los hechos efectuados por entidades espirituales de orden inferior, y que no buscan otra cosa que no sea entorpecernos y hacernos hasta cierto punto  algún daño.
 
  ¿Por qué se permiten estas manifestaciones de orden negativo? En la mayoría de los casos son espíritus que, tanto el encarnado como el desencarnado que ya se conocen de otras existencias, que tienen vínculos que les unen, pero no son vínculos de amor, sino de odio y de viejas querellas y rencillas, el uno se siente víctima del otro, y en su afán de buscar la justicia por su mano busca la venganza y no desea otra cosa que mortificar a su enemigo, el caso es que les falta a ambos el suero del perdón y la comprensión, y hasta que esta situación no se produzca el ser que está en el espacio tiene cierta ventaja sobre el que está encarnado. Se sabe que hay espíritus que pueden estar durante siglos, existencia tras existencia en un estado de lucha permanente, debido al daño que el uno al otro se causaron y que ninguno de los dos quiere poner fin. De ahí que en ocasiones se pasa de la simple influencia que puede ser más o menos molesta y perturbadora, a los grados mas elevados de posesión, subyugación y fascinación, dependiendo de la maldad y de los lazos que unen a ciertos espíritus.
 
   De arriba permiten hasta cierto punto estas manifestaciones del espíritu agresor, que una vez cometido el delito, por llamarlo de alguna manera, pueden reprenderle y llamarle al orden separándolo a la fuerza de la víctima, no obstante, estos espíritus están imantados por el odio y el rencor, mientras que el amor une, el odio imanta, es por eso que a veces el espíritu agresor como fruto de los hechos del pasado tiene la puerta entreabierta hacia su enemigo y pueden volver a producirse sucesivamente tales influencias.
 
  ¿Qué se puede hacer? Recurrir al perdón, recurrir a la oración para que paulatinamente vayan suavizándose las relaciones entre ambos y desapareciendo esas viejas rencillas. No olvidemos que durante el sueño el espíritu se emancipa de la materia y puede trabajar en ese espacio de tiempo para su regeneración, aceptando los errores del pasado y limando las asperezas con sus enemigos de otrora.
 
   Pero esto a veces es difícil y se puede tardar hasta siglos para enmendar los errores y que la otra parte se sienta satisfecha y oriente también su vida lejos del odio y del rencor. Es por eso que cuando un espíritu henchido de sentimientos de venganza y de odio, encuentra a su enemigo que ahora está encarnado pueda llegar a hacerle daño de diferentes maneras. Los lazos del pasado son para él como un pasaporte hacia su victima, con la que cual tiene cuentas pendientes, pero eso ha de llegar a buen fin, a través del perdón y la reparación.
 
  En este punto recurrir a la oración en favor de nuestros enemigos es fundamental siendo lo más efectivo para que podamos ir desembarazándonos de este tipo de manifestaciones. De hecho, existen algunos grupos espíritas especializados en labores de desobsesión, ya que hay muchas personas con verdaderos trastornos de personalidad, en procesos de obsesión etc., que no son mas que fruto de este tipo de uniones del pasado.
 
  Es muy necesario insistimos en recurrir a la oración para que la parte espiritual superior vaya haciendo ese trabajo de acercamiento fraterno entre ambos  y se rompan esas cadenas tan vigorosas que mantienen imantados como decimos a estos espíritus.
 
 
F.H.H.
© Grupo Villena 2012
 

CONTROL DE LA MEDIUMNIDAD

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Control de la mediumnidad
El éxito o el fracaso de la mayoría de los médiums depende en gran parte del control que tengan de sus facultades, el cual ha de ir unido también ineludiblemente a una moralidad intachable. 
 
  Por un lado, si el comportamiento del médium en su vida diaria es acorde a unos principios espirituales, por sintonía estará rodeado de buenas influencias que le reportarán una ayuda y protección muy importantes tanto en su quehacer cotidiano, como en el intercambio mediúmnico. 
 
 Y por otro lado, si es consciente de la transcendencia de la comunicación con el plano espiritual, intentará siempre ser responsable del uso que haga con su facultad, y en este sentido, pondrá de su parte todo el cuidado y el control posibles para que a través de su mediumnidad no se propicie ninguna manifestación propia de los espíritus de grado inferior. 
 
  Si estudiamos la escala espírita nos damos perfecta cuenta de que existen espíritus en todos los grados de progreso, desde los inferiores hasta los más superiores, y como médiums tenemos la obligación de saber en todo momento qué clase de espíritus son los 
que vienen a comunicar por nuestro intermedio, pues de ello depende, evidentemente, la realización del trabajo que se haga y consiguientemente el provecho que saquemos del mismo. 
 
 Muchos médiums no se encuentran satisfechos del trabajo que realizan precisamente porque el ambiente espiritual que preside sus trabajos está dominado por entidades de carácter inferior. Este dominio en los trabajos mediúmnicos de entidades inferiores, del bajo astral como solemos denominarlas, es debido a la falta de control de la mediumnidad, y generalmente también por falta de conocimientos y de una moralidad elevada. 
 
 Si estamos orientados por nuestros espíritus protectores y escuchamos sus consejos y sugerencias, iremos como se suele decir por buen camino y lo demostraremos con nuestro comportamiento y las obras positivas que realicemos. Llegados a este extremo no podemos dejar de mencionar las palabras de Kardec: «Se reconoce al verdadero espírita por su progresiva transformación moral». Es hacía esa transformación moral donde quieren conducirnos siempre los espíritus superiores, encabezados por los propios protectores, esto es una norma segura para saber a ciencia cierta si estamos orientados y asistidos por dichos espíritus o sucede todo lo contrario, estamos siendo engañados por espíritus burlones que quieren hacernos fracasar en la misión que hemos traído. 
 
 Los espíritus superiores necesitan que los médiums conserven en todo momento un control de su facultad, porque esta es la única forma de poder ellos comunicar y decir lo que consideran necesario. Asimismo, los espíritus superiores no son capaces en ningún momento de efectuar una comunicación violenta en ninguna de sus formas, ni de imponer a nadie lo que vienen a transmitir, sencillamente lo exponen esperando que no caiga en saco roto. Y no sólo no son capaces de realizarlas, sino que tampoco son partidarios de que se propicien. 
 
 No obstante, si el médium no guarda un control de su facultad y permite que por ella se manifiesten todo tipo de espíritus, en esas condiciones poco puede hacer el espíritu protector para interrumpir dicho proceso, porque es el médium en primera persona quien tiene que poner los medios a su alcance para evitar caer en esto. Guardando el médium un control de su facultad y haciendo méritos con su comportamiento diario, el espíritu protector si puede evitar cualquier tipo de manifestación negativa, porque esa es una labor en la que el médium tiene un papel protagonista siendo consciente y responsable de su trabajo. 
 
 Hay factores que son imprescindibles para que la unión con el espíritu protector sea tal que no exista la posibilidad de contactar con entidades inferiores e impedir asi el estar dominado por las mismas. Uno de ellos es el conocimiento de uno mismo. Si como espiritas, y máxime como médiums deseamos nuestra progresiva transformación moral, hemos de partir del conocimiento de nuestra personalidad, imparcialmente. Debemos llegar a conocernos tal como somos en realidad, sin excusas ni justificaciones. De este modo, sabremos qué facetas de nuestro carácter hemos de eliminar porque nos están entorpeciendo y abren brecha para que se filtren entidades negativas. Asi es como sabremos cuáles son nuestros valores positivos para ir desarrollándolos más y más. 
 
 Aun cuando hay imperfecciones que no se pueden eliminar drásticamente, porque las venimos arrastrando de otras existencias, al menos se ha de tener un control de las mismas e impedir que se pongan de manifiesto, asi con el tiempo se van debilitando y le vamos dando paso a los valores positivos. 
 
 Otro aspecto importante es el saber rechazar las influencias de entidades inferiores. El médium hay momentos en los que siente la presencia de entidades burlonas, entidades que quieren pasar un buen rato a costa de él, entidades que no traen buenas intenciones, entidades que le causan malestar, etc., es en esos precisos momentos cuando el médium tiene que rechazar esa influencia, tiene que demostrarle que no está dispuesto a ser juguete de la misma, y con su rechazo, con su voluntad y con su oración, ayudar a que esta entidad sea consciente del error que está cometiendo y al mismo tiempo sea recogida por espíritus superiores. 
 
 Hay que tener en cuenta que entre los espíritus inferiores los hay muy listos, con una gran inteligencia, pero que sin embargo, no la emplean en el bien, y desde su posición pueden estudiar nuestras imperfecciones y conocer cuales son nuestros puntos débiles. Esta es su forma de trabajar: primero conocen cómo somos en realidad, profundizando en cuales son nuestros deseos más incipientes y después tratar de confundirnos y explotar dichas debilidades seduciéndonos y haciéndonos ver que todo cuanto realizamos está bien llevado a cabo. En este sentido la humildad es el arma más eficaz que podemos emplear para no caer en sus redes y aspirar siempre a más. Este es el modo más positivo para progresar y desembarazarse de entidades negativas. 
 
 En definitiva, el médium ha de ser consciente de que hay unas leyes que rigen el intercambio del mundo espiritual con el mundo material, estas son la ley de vibración y ley de afinidad, según sea nuestro estado interno asi recibiremos. Por tal razón, el médium ha de preocuparse de guardar un control de sus pensamientos, sentimientos y emociones y comprender que no puede guardar un control de su facultad si primero no lo guarda como persona. Para ser un buen médium se ha de ser en primer lugar una buena persona, de la cual se observe una moralidad elevada e intachable, sólo entonces tendrá la seguridad de que todos sus trabajos gozarán de la garantía y la tranquilidad de saber que son de provecho. 
 
F.H.H. 

INTRODUCCIÓN

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  Se habla por todas partes de crisis. La crisis está presente en todos los foros, en la prensa, en la televisión, en las tertulias. Los gobiernos están en crisis, las empresas en crisis, las familias en crisis, los bancos en crisis. En otras palabras, el mundo está en
crisis. Esta llega a todas partes y en mayor o menor medida a todos nos afecta. La crisis está marcando el devenir de nuestra vida en estos momentos. Esta crisis en principio parece ser económica, la culpa de todo la tiene la economía. Hemos gastado demasiado, hasta lo que no teníamos. Hemos invertido mal. Se ha hecho un mal uso del dinero, de los fondos públicos, etc.
 
  La solución está en los recortes, hay que recortar en todo, y hay que producir más, hay que crecer, hay que consumir, hay que hacer esto y lo otro, pero el caso es que no se ven visos de mejora y la sociedad que lo sufre y está expectante lo que ve es que el sistema no funciona y que una y otra vez se repiten los mismos problemas, llámensele ciclos, o como se quiera explicar, pero no hemos dado con el modo de que en nuestro mundo se pueda convivir en paz y armonía, en donde todos tengan al menos lo imprescindible. Ocurre todo lo contrario, unos países viven en la opulencia, mientras que otros son esclavos de los primeros.
 
  Por otra parte otras voces,achacan las razones de la crisis a una falta de valores humanos, de aquellos valores que estaban más presentes en la sociedad en otros momentos. En este sentido yo me sumo a este colectivo que piensa que no todo se debe a la economía.
 
  En efecto, la economía y los recursos de que disponemos dependen de como se utilicen que den un resultado u otro. Y también influye mucho quién o quienes mueven los hilos de esos recursos y con que fin los utilicen. Pero sin duda alguna son los valores imperantes en nuestra humanidad los que hacen que se tomen unos u otros derroteros. Hace falta la conjunción de una serie de factores para que se puedan llegar a consumar una serie de hechos como los que coinciden y se dan ahora, y que han llevado a la humanidad en general al estado de desequilibrio en se encuentra.
 
  Para hacer un buen menú se necesitan de varios ingredientes y de toda una suerte del buen hacer de un chef. Para que en la Tierra se hayan dado y sigan produciéndose los acontecimientos que nos afligen o descontrolan, por decirlo de alguna manera, algunos ingredientes se han tenido que conjugar. Las cosas no pasan porque sí. Los responsables no son solo unos pocos. Siempre se ha dicho que cuando el terreno está preparado germina la semilla. Esto es igual. Todos somos responsables en mayor o menor medida. No se puede señalar a nadie con el dedo, habrá sin duda quienes sean más responsables, pero como estos no nos van a sacar de la crisis, tenemos que irnos a otro tipo de análisis y planteamiento y tomarnos cada uno de nosotros nuestro grado de responsabilidad.
 
  Los abusos que se han producido, los actos de corrupción, el despilfarro acontecido, los desajustes y problemas financieros, y un sinfín de actuaciones que han desencadenado los desajustes económicos, la crisis en definitiva, se deben sin duda a la falta de valores de unos y de otros. Las cosas se producen porque existe el caldo de cultivo para que surtan efecto, sino no se podría haber llegado hasta donde estamos viendo.

 

  Vivimos en un mundo en el que todo vale, el fin justifica los medios en muchos casos, se quieren conseguir las metas y los objetivos sin esfuerzo, sin sacrificio, o a costa del esfuerzo y el sacrificio de los demás. Lo importante es triunfar, la fama, tener calidad de vida, sin importarnos como lo están pasando los demás, estén estos muy cerca o muy lejos. Me importo yo. Todo es competitividad, todo es estar por encima del resto. Hay que llegar el primero, si hace falta pisando por encima a nuestros semejantes.

  En este sentido muchos de nosotros nos hemos dejado arrastrar y ahí hemos cometido nuestro error, hemos entrado en ese modo de vida, hemos dejado a un lado lo transcendente, la parte espiritual, el por qué y para qué estamos aquí, y hemos aceptado un modelo de vida materialista, basado en el aquí y ahora, y esto se ha generalizado, hasta que no se ha podido mantener y entonces han venido los problemas.

Todos los países quieren riqueza, todos quieren prosperar, todos quieren alcanzar mayores niveles en calidad de vida. Lo importante es el crecimiento, la economía. Se hacen innumerables congresos sobre sostenibilidad, ecología, sobre superar la pobreza, el hambre, y todas esas cosas buenas, pero lo cierto es que nada se sostiene, el planeta cada día está más enfermo, las especies desaparecen, lo que crece es la contaminación, cada día hay más hambre, más pobreza y unos cuantos triunfadores más, unos cuantos millonarios más, hombres a los que hay que imitar, para que en el otro lado mueran y se empobrezcan unos cuantos miles más.

  De lo que adolecemos en definitiva es de un planteamiento sincero y honesto, de limpieza y rectitud y de apoyarnos en los valores humanos en todas las cuestiones de la vida, porque si estos faltan, las actuaciones ya no son las que deben ser y todo lo demás se desmorona.

  Se habla de paz, los países tienen que basar sus relaciones en la diplomacia, hay que cooperar, hay que entenderse, para eso están los políticos, -falso planteamiento- si hace falta salen de debajo de las piedras, los hay a miles, expertos en política, en diplomacia, en economía, en periodismo, cuánto y cuánto se habla todos los días y a todas horas, muchos hombres estudiosos en todo, todos opinan, todos dan soluciones, todos saben, pero nadie acierta y cada día mueren más personas en las guerras, son muchos los países que ahora estarán en guerra, o con relaciones tensas, el caso es que cada día nuestras creencias y costumbres, religiones, y sobre todo nuestros intereses particulares provocan más conflictos y desórdenes.

  Al igual que unos padres de familia no deben delegar la educación de sus hijos en los profesores, la sociedad en general no debe delegar el rumbo del planeta en los políticos, y esto es lo que hacemos. Somos cómodos por naturaleza y dejamos que hagan y deshagan, confiados en que lo harían bien y no ha sido así, y cuando digo políticos digo de ahí para abajo cada uno en su responsabilidad. Esto es por poner un ejemplo. Así pues no podemos culpar a sólo unos pocos porque repito cada uno en su medida tiene su grado de responsabilidad.

  La sociedad en general está cada día más desencantada, ya no creemos en nada, la sombra de la desilusión se cierne sobre el horizonte. No tenemos confianza y credibilidad en casi nada. Sálvese el que pueda, estamos en crisis y creemos en lo que podemos conseguir pornosotros mismos, para mí y los míos. Es este el próximo paso o salida que nos espera. ¿No lo sé?. Pero el caso es, que luces y esperanzas vemos pocas.

  Porque lo que crece es el egoísmo de la mayoría, el materialismo embrutecedor, las buenas ideas y filosofías de vida no están de moda. Cuanto más adelantados estamos intelectual y tecnológicamente más atrasados parece que estamos en el resto de las cuestiones. Y si no porqué pasa todo lo que está pasando.

  Si estuviéramos arropados por un buen ramillete de valores humanos, si lo que imperase en todo fuera la ética moral y profesional, ¿hubiéramos llegado hasta aquí?, me parece que no.

  No creo que la crisis sea económica y financiera. La crisis la provocan la falta de valores y de ética en todos los aspectos y todos hemos contribuido, en mayor o menor medida, por acción u omisión consintiendo que se instale en nuestra sociedad.La falta de valores es lo que mina nuestra sociedad, desde la familia pasando por todos los demás estamentos y hasta que no consigamos un equilibrio y madurez espiritual, las cosas no cambiarán.

  Esa es nuestra asignatura pendiente, se acerca un nuevo mundo, y se necesitan nuevas soluciones: los sistemas conocidos, capitalismo, comunismo, consumismos están caducos, ya no sirven, es la era de la espiritualidad, de la universalidad, se debería enseñar en las escuelas cómo se vive en un mundo globalizado, en un mundo que ya no admite los conceptos de primer y tercer mundo. Hay que repartir, hay que compartir, hay que crear igualdad y distribuir los recursos por igual, hay que terminar con los sistemas que hemos experimentado y no han sido válidos, o estos sistemas terminarán con nosotros.

F.H.H. 
Grupo Villena 2012 ©

EL IDEAL DEL EQUILIBRIO

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Continúo la exposición del pasado mes tratando ahora de hacer un esbozo de lo que a mi minúsculo entender significa el equilibrio para el desarrollo de nuestra personalidad.

  Como ya expliqué, el equilibrio viene por el predominio de la fuerza y las cualidades del espíritu, de la conciencia, sobre los instintos y tendencias de la materia. Equilibrio por tanto es sinónimo de autocontrol, templanza, madurez, humildad, objetividad, imparcialidad, justicia, conocimiento, percepción del trasfondo de las cosas, etc., etc., porque podríamos citar innumerables cualidades ya que en realidad el equilibrio es consecuencia del progreso de la personalidad humana, pero progreso nivelado de valores, ya que si desarrollamos valores intelectuales en gran medida y por contra escaseamos de valores espirituales contraemos un desequilibrio en nuestro carácter que denotará una mente fría y calculadora carente de sentimientos delicados, por poner un sólo ejemplo.

  Entiendo por tanto que el equilibrio es saber desarrollar nuestra personalidad de modo que la suma de nuestros Valores no desequilibren nuestra personalidad. Trataremos de aprender cuanto esté a nuestro alcance, pero siempre y cuando esto tenga un valor práctico, nos sea útil en nuestra vida diaria y pueda expresarlo y manifestarlo, ponerlo en práctica, entonces no acumularemos conocimientos sin sentido, sino que terminarán de comprenderse en la experiencia de la vida.

   Es mejor y más sencillo para el progreso de nuestra personalidad, de nuestro espíritu, ir adquiriendo la escala de valores desarrollándonos poco a poco, sin traernos desequilibrios de aptitudes, es preciso entonces mirar en nuestro interior y ver de que pie cojeamos para poder ponerle la solución rápida y práctica. La comodidad es el mayor enemigo del equilibrio, por tanto, es donde más nos cuesta, donde precisamente nos tenemos que esforzar porque ese es uno de nuestros puntos flacos y debemos atajarlo. 

  Al equilibrio no se llega fácilmente, y es más estoy convencido de que las personas equilibradas, a las que aparentemente vemos sosegadas, en calma, dueñas de sí mismas, prudentes, pacientes, llevan por dentro una vida interior intensísima, que nosotros no podemos apreciar, pero que sus sentimientos, sus pensamientos, su cerebro es un continuo procesar de detalles, emociones, razonamientos para afinar en cada momento y situación la actitud, la palabra, el gesto, la opinión más acertada de que sean capaces por su grado evolutivo.

   Por tanto, vemos que para estar en calma, en paz consigo mismo, para dominar las situaciones, nuestra conciencia, nuestro ser interno, sin embargo, no está quieto, está siempre activo, vigilante para mostrar su autoridad absoluta, para demostrarse que es dueño de sus más ínfimas vibraciones y emociones y sensible a los demás, sin lo cual no se completa porque son el complemento de su vida.   La persona equilibrada lo es en virtud de sus semejantes, siente que tiene una deuda con la sociedad, por lo cual tiene que estar siempre dispuesta a dar lo mejor de sí a los demás, a los cuales nunca pide, siempre da, porque es en el ofrecer y el compartir en lo que encuentra su razón de ser.

  La persona equilibrada es moderada, busca en todo el término medio, ese término medio que para la gran mayoría es tan difícil de coger, andamos de un lado a otro de la balanza, como suele decirse «o nos pasamos o no llegamos», sabe situarse en ese punto medio, no se hace destacar, ni tampoco se esconde de nada, no rehuye ninguna situación, suele discernir sin embargo, la forma de afrontar cada circunstancia y por eso prácticamente destaca porque es justo, ecuánime y con él siempre sabemos a qué atenernos, siempre sabemos dónde lo podemos encontrar, porque no se va hacia los extremos, y por ello con él siempre vamos a encontrar una respuesta sabia y sensata.

   La persona equilibrada es también emprendedora, amante de las realizaciones, de la actividad, gusta de estar ocupada en empresas nobles, capta con facilidad las necesidades ajenas y normalmente se halla involucrado cooperando con aquellos grupos y asociaciones que ayudan a los más necesitados, tanto del cuerpo como del espíritu.

   De aquí les viene en gran parte la paz que sienten consigo mismos, de saber que han cumplido con su misión al tratar de cubrir no sólo sus necesidades sino de paliar en lo posible la gran necesidad material y espiritual en que vive gran parte de nuestra humanidad.

   Una gran virtud en las personas equilibradas es la comprensión, que les lleva a un gran respeto y tolerancia hacia los demás, por lo que generalmente optan por decir las cosas con el ejemplo. Odian tener que dar queja a los demás debido al gran respeto que sienten por el libre albedrío ajeno, por ello son capaces de perdonar y de soportar lo insoportable, hasta que llega un momento en que no ven otro remedio que dar cumplida cuenta de las incorrecciones que observan, ya sea hacia ellos ya sea hacia otros, según los casos para dar fin a una situación molesta o errónea y aprovechan esa oportunidad para enseñar al que no sabe lo que no deben volver a hacer.

   Y así podríamos citar numerosas virtudes que acompañan a las personas equilibradas, porque son estables, amantes de la paz y de la justicia, del bien y de la fraternidad, y claro está, con estas premisas y con esa escala de valores, bien podemos imaginar cada uno de nosotros cómo es ese ideal de equilibrio que deseamos alcanzar.

F.H.H.

¿CUANDO SE OTORGA LA MEDIUMNIDAD?

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  La comprensión de todo cuanto acontece en torno a la mediumnidad es importante por cuanto nos ayuda a entender con más claridad el objetivo de la misma y la transcendencia que conlleva su ejercicio. De aquí que, en el presente artículo, nos detengamos en un factor que también contribuye para asimilar
mejor la gran responsabilidad que contrae todo aquel que viene provisto de mediumnidad en cualquiera de sus facetas.
 
  La mediumnidad es un compromiso adquirido por el espíritu antes de su encarnación en una próxima existencia. ¿Qué significa esto? Ni más ni menos que somos conscientes, y así lo hemos asumido, de la labor que hemos de realizar en la tierra cuando se ponga de manifiesto dicha mediumnidad. Es una tarea a la cual nos hemos comprometido de pleno, sin peros, y que hemos sellado con nuestra firma reconociendo que estábamos dispuestos a ejercerla.
 
  Es evidente a todas luces, y así hemos de reconocerlo, que una responsabilidad del caracter que tiene la mediumnidad no es algo que se nos ofrece por capricho y sin ningún tipo de preparación previa en el espacio. Sino todo lo contrario, es el espíritu desencarnado que, por diversas circunstancias que concurren en su trayectoria evolutiva decide, una veces por sí sólo, y otras obedeciendo los consejos y sugerencias de espíritus más elevados, venir a la Tierra provisto de mediumnidad para adelantar más rápidamente en su progreso.
 
  Comprendamos que cuando estamos fuera del cuerpo, libres de la envoltura corporal, el espíritu es más libre y comprende mejor su situación y por ende, las necesidades más urgentes que como espíritu a evolucionar ha de conseguir.
 
  Estando el espíritu desencarnado, en definitiva, no piensa como ahora, sus intereses son neta y exclusivamente espirituales y, hallándose libre de prejuicios y presiones sociales, opta por una vida que le sea de máximo provecho para poder recuperar el tiempo perdido, y dentro del programa a realizar en su próxima existencia se planifica un proyecto que incluye la mediumnidad preparándose debidamente para llevarlo a cabo y poder cumplir perfectamente tanto con sus responsabilidades humanas como con las espirituales.
 
  De aquí se desprende que quien comprende perfectamente el objetivo y transcendencia de la mediumnidad, lejos de rehusarla y de no querer saber de ella, la asumirá con todas sus consecuencias, porque sabe lo mucho que tiene en juego y es consciente de que es una oportunidad que se le ha concedido por su propio beneficio y comprende que los de arriba no le han olvidado y quieren ayudarle.
 
  Vistas estas consideraciones ya podemos dilucidar si es pertinente o no rechazar la mediumnidad, hecho que por desconocimiento de estos planteamientos muchas personas hacen, consiguiendo con ello lamentablemente dar un espaldarazo a su propia evolución espiritual endeudándose más de lo que ya estaban. Pero esto no es todo, puesto que mientras en la tierra hacen un esfuerzo estéril por dar de lado a su condición de médiums, de compromiso ante un plano espiritual, lo cual supone molestias e inconvenientes que derivan de ese rechazo a su facultad, mientras que aquí no queremos aceptar la situación, una vez desencarnados esta es una postura que ya no podemos mantener, porque entonces se nos presenta la firma que estampamos con anterioridad a nuestra encarnación y nuestro espíritu vuelve a tomar conciencia de su estado espiritual y de la responsabilidad que traía al venir dotado con una mediumnidad.
 
  Es entonces cuando este espíritu no se perdona su comodidad e inconsciencia y al comprender que se ha traicionado a sí mismo y ha echado a perder todo un programa establecido, con el trabajo que ello conlleva para los espíritus que estaban a su cargo, sufre enormemente y sabe que ha perdido una existencia.
 
 ¿Por qué digo que ha perdido su existencia? Porque generalmente, cuando una persona que viene con mediumnidad no la acepta, debido a las influencias negativas que le asedian y a su espíritu que siente lo que tiene que hacer pero que es incapaz de imponerse entra en un desequilibrio y desarmonía que no le dejan siquiera realizarse normalmente como persona, al saber que una vez libre de la materia este espíritu sufre muchísimo al verificar todo cuanto tuvo a su alcance y que no aprovechó.
 
  Nunca se debe rechazar una facultad, porque no es casualidad que la tengamos, es una responsabilidad que ha de ejercerse con la máxima limpieza y dignidad que podamos. Además la consecuencia de no cumplir con este compromiso no es otra que tener que volver no una vez sino cuantas veces haga falta a repetir dicha existencia hasta que seamos capaces de cumplir con el compromiso asumido antes de encarnar. No lo olvidemos, todo cuanto se promete y se firma hay que cumplirlo, no hay justificación válida y más vale no dejar para mañana lo que podamos hacer hoy, porque entonces con toda seguridad nos costará mucho más trabajo.
 
F.H.H.

EL EQUILIBRIO 

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El equilibrio
En la lucha por la superación personal, entendiendo ésta desde una perspectiva espiritualista, buscando la anhelada perfección progre­siva de nuestra personalidad, y no como superación meramente material, profesional, de éxito personal, etc. nos encontramos con la continua búsqueda del equilibrio en todas las facetas de nuestra vida. 
 
Ser persona equilibrada es, a no dudar, algo que todos deseamos, sin embargo, cuántas veces nos decimos a nosotros mismos: «estoy descentrado», «descolgado», «no me siento bien con mi conciencia», » no me encuentro a gusto ni conmigo y mucho menos con los demás», » no sé qué hacer», etc., etc., estados todos estos de nuestro ánimo que denotan esa falta de equilibrio interno y que no obedece sino a esa lucha constante que se está librando en nuestra conciencia entre la parte espiritual y la material que anidan en nosotros. Nuestro espíritu como ser eterno, transcendente, libre, quiere desarrollar sus valores propios inmanentes en él, quiere emanciparse del yugo de los bajos instintos y pasiones egoístas. 
 
La parte material, humana e instintiva, no quiere hacer ningún esfuerzo, no sabe de perfección, ni de valores, ni de conquistas, ni de felicidad, sólo quiere soltar sus instintos sin freno ni control, quiere el placer de la comodidad, de la inconsciencia, de ahí esa gran batalla que nos acompaña en el transcurso primario de nuestra evolución hasta que, los valores éticos y la fuerza de nuestra voluntad sean superiores a la fuerza que llevan consigo los instintos primarios, y la propia ignorancia que vela el conocimiento de nuestra verdadera identidad que es espiritual. 
 
Como entidades espirituales que somos, todos y cada uno de nosotros, hemos venido a este plano de existencia, a esta vida humana, «cargados de ilusión», y esperanzados en alcanzar unos objetivos que embellecieran nuestra alma, que es el verdadero carnet de identidad que poseemos, dispuestos a corregir viejos hábitos, costumbres y defectos que nos mantuvieron y todavía nos retienen estancados en el progreso por no responder a la armonía, al amor, a la comprensión de todos los seres y las cosas que nos rodean, y cómo no, con la tarea de emprender nuevos propósitos para seguir evolucionando, para coger en cada existencia más fuerza y más luz, más dominio de nuestra parte espiritual sobre la material. 
 
He ahí donde en gran medida reside el equilibrio, en el predominio del espíritu por su autoridad y su conciencia superior sobre la parte material. 
 
 Y es precisamente cuando nos desviamos de estos objetivos y propósitos, cuando nuestra conciencia se va sintiendo de mal en peor, y trata de manifestarse al plano humano de la manera que puede: nos avisa, nos empuja a actuar, nos reprocha el no hacer esto o aquello, nos acusa. No le hacemos caso hasta que por fin se siente tan débil, tan asfixiada, que es cuando a muchas personas les sobreviene la depre­sión, la apatía, la falta de interés por todo en general, porque ha llegado a un extremo de dejadez, de confusión, de debilidad espiritual al desviarse de sus verdaderos objetivos por los que se encuentra en el mundo pero perdida y desorientada, hasta que con la ayuda y las atenciones necesarias, tanto médicas como espirituales, vaya recupe­rando su estado de ánimo normal y con los conocimientos espirituales adecuados logre salir de esa crisis y conectar con el llamado de su conciencia, para encauzarse adquiriendo el equilibrio justo que le salve de volver a recaer en situaciones de ese tipo, tan desfavorables para la evolución espiritual, y así pueda cambiar su vida a mejor sintiéndose dichosa y feliz por lograr que aquello por lo que ha venido a la tierra pueda ir desenvolviéndolo con facilidad. 
 
En general podemos decir que la mayoría de los trastornos psíquicos, los desequilibrios emocionales, vienen como conse­cuencia de un desajuste que traspasa los límites de lo normal entre las dos fuerzas que se manifiestan en nuestro fuero interno, la espiritual y la material. 
 
De aquí que sea tan necesario concebir a nuestra persona como una entidad comprometida consigo misma y con el propio Universo a progresar, a mejorarse, porque indefectiblemente ese es nuestro destino, mejorar, progresar sin cesar, a costa del esfuerzo, del trabajo, del estudio, del darse a los demás, porque sólo con estas premisas enfocaremos nuestra vida hacia la ansiada felicidad que no es una utopía, no es un espejismo, pero que no se nos da gratis, hay que conquistarla en el día a día del trabajo sobre nuestros valores humanos, porque nuestra naturaleza no es otra cosa sino cualidades, caracterís­ticas innatas propias de nuestra herencia divina que está esperando que la descubramos, que la modelemos, para sentirnos felices y dichosos, íntegros, más conscientes, más abiertos, más fuertes para superar las indecisiones, los inconvenientes, los temores y vacilaciones. 
 
 Mientras no hagamos esto seremos vaivén de las circunstancias, estaremos expuestos a todo tipo de influencias externas, seguiremos sin conocernos tal como somos en realidad y por lo tanto faltos del equilibrio que da el sentido auténtico a nuestra existencia y nos arroja toda la luz sobre dónde tenemos que volcar nuestras fuerzas y nuestros intereses para alcanzar las metas que más urgen a nuestro ser espiritual. 
 
He mencionado el conocimiento interior, esta es la clave del progreso, por lo cual pronto dedicaremos un artículo a este tema, ya que conociéndonos nos daremos la oportunidad de auto-criticarnos, y por lo tanto seremos más conscientes de hacia dónde dirigir nuestras energías para conseguir el propósito de vencer en esa lucha continua, de alcanzar el equilibrio interior que nos permita actuar correctamente en cada momento, guiados por nuestra conciencia superior que sabe bastante bien qué camino ha de escoger, guiados por nuestros principios e ideales que surgen por el anhelo de progreso y por la sensibilidad que se va desarrollando en nuestro interior cuando rompe­mos las barreras que el egoísmo y demás imperfecciones ponen en nuestro caminar. Facetas todas éstas que debemos proponernos con disciplina para no olvidarlas ni relegarlas a un segundo plano, para no vernos debilitados y empujados «sin que creamos poder evitarlo» por la parte material e inferior que quiere llevarnos a su terreno, que no es otro que la vida fácil, cómoda, sin responsabilidad, sin compromisos, exenta de realizaciones. 
 
 No lo olvidemos, todo aquél que se deje engañar por pensa­mientos o deseos de vida fácil y placentera, que mire a su alrededor y comprobará que todo aquél que lleva una vida sin esfuerzo, sin trabajo, sin estudio, tarde o temprano cae presa de la propia trampa que él mismo se tendió: desequilibrios, hastío, pérdida de las ganas de vivir, falta de buenos amigos, relaciones familiares difíciles, etc, etc., además de ser esclavo de vicios y malos hábitos. Todo ello amarga sus vidas y les crea a la larga una honda insatisfacción que por más que quieran, sino salen de ese círculo de comodidad y de rebeldía ante su propia realidad espiritual, no logran comprender el porqué y para qué están aquí, comprensión ésta que es la mejor forma de que comiencen a darle un sentido a su vida y a reencontrar el equilibrio. 
El equilibrio por: Fermín Hernández

ORIENTACIÓN ESPÍRITA DE LA MEDIUMNIDAD II

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  Tal y como expresamos el pasado mes, «El Libro de los Médiums» explica el porqué de la mediumnidad, pone a estos en antecedentes de los riesgos que pueden presentárseles, la responsabilidad que conlleva, el modo de estudiar las comunicaciones, los requisitos
personales que ha de cumplir el médium, todo esto y mucho más que expone el espiritismo es lo que ofrece al médium espírita la seguridad en si mismo, y la confianza de poder practicar la mediumnidad con la garantía de estar a salvo de incurrir en errores que derivan precisamente del desconocimiento que existe en torno al mundo espiritual. 
 
  Es preciso dejar bien claro que el estudio es sumamente necesario, unido lógicamente a la puesta en práctica del mismo. Es importante comprender que si bien del intercambio con el mundo espiritual se puede y se debe aprender, ello no está en ningún momento reñido con lo que nosotros podamos aprender gracias a nuestra propia iniciativa. Son muchos los conocimientos que grandes autores han vertido en sus obras, siendo precisamente muchas de estas obras de índole mediúmnica. 
 
  ¿Por qué insistimos en esto? Por la sencilla razón de que hay médiums que son aconsejados por sus pseudo-guias a no estudiar, ya que aquello que necesiten saber ellos mismos se lo comunicarán. Basta un análisis breve para comprender que esa postura nos priva de nuestro libre albedrío y del derecho a desarrollar nuestra personalidad, nos impide satisfacer nuestros deseos de saber y de progreso. 
 
   Es evidente, a todas luces, que esta es la forma más fácil de estar dominados por dichos pseudo-guias: nos mantienen en la mayor ignorancia, limitándonos a lo que ellos nos «enseñan», y no nos permiten razonar ni discutir si están o no en lo cierto. 
 
   Por otro lado, es del todo ilógico pensar que los espíritus dicten por medio de la psicografía obras para el conocimiento de los médiums y de toda la sociedad en general, y al mismo tiempo otros espíritus no dejen a quienes acompañan estudiarlas. Basta que comprendamos que el plano espiritual superior es solidario y que no se puede contradecir, para entender qué clase de guías son los que no nos permiten estudiar. 
 
   Hay por tanto que distinguir entre el médium espirita del que no lo es, ya que para ser médium no es preciso ser espirita. El médium espirita estudia, se perfecciona día a día moralmente para así mejorar también su mediumnidad, y rechaza que le alaben porque comprende que es mucho lo que le falta por conseguir. 
 
    Mediumnidad es la facultad que nos permite entrar en contacto con el mundo espiritual. El espiri­tismo es la filosofia espiritualista que entre sus conceptos admite la posibilidad de dicho intercambio, pero que abarca otros muchos principios partiendo de la creencia en Dios. 
 
   Según el espiritismo, la mediumnidad es una fase que vive el espíritu encarnado para acelerar su proceso evolutivo, bien porque así lo ha pedido como fuente y recurso de múltiples experiencias, bien como prueba a superar, o, para redimirse de viejos errores acumulados que quiere subsanar rápidamente. 
 
  Esta última probabilidad es la que mayor número registra debido a que nuestro planeta es todavía un mundo de expiación y prueba y presenta una mayoría de espíritus endeudados con la Ley de Justicia. 
 
  Lo importante no es saber qué tipo de mediumnidad es la que poseamos cada uno de nosotros, si es natural, de prueba o impuesta. Lo positivo es que con ella podemos efectuar un trabajo muy bonito, que nos ennoblece, que podemos progresar mucho y adquirir nuevas cualidades al tiempo que saldamos viejos errores. 
 
   Esto no es poco, ya que pocas experiencias en la tierra nos van a dotar de tantas oportunidades para engrandecernos espiritualmente, sobre todo, porque la mediumnidad nos lo exige. 
 
   Mientras que de otro modo, la mediumnidad podría pasar por ser una situación incomprendida y que la rechazaríamos casi con toda seguridad, el espiritismo nos enseña a valorarla como una herramienta valio­sísima de trabajo, que no se nos concede por casua­lidad, ni por privilegio. Todo esto es preciso tenerlo bien claro para no incurrir en defectos como son el fanatismo y el endiosamiento. 
 
   No se nos concede por casualidad porque todo está gobernado por leyes justas, leyes creadas por Dios que no se equivocan, sino que dan a cada cual lo que se merece fruto de sus obras anteriores. 
 
   No se trata de ningún privilegio porque Dios es justo, y dentro de su bondad nos quiere a todos por igual, y no da a unos lo que negaría a otros. 
 
F.H. H.
 

HACIA LA UNIDAD POR EL RESPETO 

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Hacia el respeto por la unidad
 Los valores humanos brillan por sí solos. Cuando una persona ha tejido en su carácter una red de valores que consolidan firmemente su personalidad, ésta destaca por sobre las demás con claridad. Destaca por su forma de proceder, por su naturalidad, porque no realiza ningún esfuerzo para manifestarse, sencillamente deja fluir sus sentimientos, opiniones, emociones, etc., no imita a nadie, no aparenta, no engaña, no disfraza sus gestos, sus palabras, la constancia en su comportamiento nos indica que estamos ante una persona limpia, noble, responsable, dueña de sus actos, y somos nosotros quienes no tardamos en reconocer ante qué clase de persona estamos, a partir de entonces ésta nos merecerá un respeto muy profundo y tendremos en cuenta cada uno de sus actos con una estimada valoración. 
 
  Si bien esto es así, si ya a nivel particular somos capaces de captar cuando tenemos a nuestro lado a una persona madura y experimentada, limpia de muchas de las manchas que aún acompañan a la mayoría de nosotros, en un grupo todavía destacan más estos valores, si la mayoría de sus miembros se hallan en un nivel similar de conducta y de trabajo interior. 
 
  Por contra, si ocurre lo contrario, también se observará rápidamente el estado lamentable de dicho grupo por el deterioro del respeto y de las relaciones en general que se profesan. 
 
  Todo tiene sus ventajas y sus desventajas. Y si bien en un grupo que persigue un ideal espiritual, cuyo objeto principal es la mejora de su progreso moral, mientras unos se dedican a este objetivo con total entrega de espíritu a esta causa, honestamente, prestando atención a sus reacciones, convencidos de que el progreso espiritual viene por el esfuerzo particular y constante, otros, en cambio, van pasando el tiempo ocultando sus malos hábitos y conductas del pasado, pero no las eliminan, las esconden, y por contra crece en ellos una ambición por crearse una imagen dentro del grupo, fruto esto de la falta de una verdadera preparación espiritual, por querer dominar a los demás, queriendo que vayan por donde ellos creen que se debe ir, sin darse cuenta que sus propósitos están muy condicionados por la falta de equilibrio espiritual que predomina en ellos, y aunque sin mala intención desean que todos sigan su camino y no siempre utilizan los medios más adecuados, que son el diálogo, la libertad de ideas y el respeto por todos, usan más bien la presión, infundir temor, el chantaje y la confianza depositada en ellos, precisamente por no imaginar ni el menor ápice de pillería por su parte. 
 
  Como esto no es correcto, tarde o temprano se descubre este despropósito, se comprende que una persona por sí sola por muy buenos que sean sus deseos, no está capacitada para conducir a un grupo y se aprende que a este se le debe guiar entre todos, porque esa es labor de todos, cada uno en la medida de su entendimiento, pues al no estar nadie libre de imperfecciones no se le puede dar credibilidad absoluta, ni tampoco confianza ciega y total, sino que cada cosa se ha de presentar y analizar bien, por parte de cada uno, para no cometer errores por otros. Los errores se han de cometer porque uno libremente toma una decisión, y entonces si se equivoca puede corregir porque sabe cómo y porqué ha errado, pero si el no ha errado, sino que le han infundido esa idea y se ha dejado llevar, le queda una frustración y una confusión que resta fuerza al espíritu. 
 
  A veces resulta que quien más equivocado parece estar, resulta ser quien mejor ve la solución de un problema, precisamente porque tiene la objetividad y la libertad fuera de toda influencia que le impiden ver dicha solución. Pero si no se tiene el debido respeto hacia esta persona y el grado de análisis imparcial para examinar su opinión, es muy fácil caer en el error de menospreciar y dejar en saco roto sus ideas, hasta que llegados los acontecimientos, hasta cierto punto, podamos ver que tenía razón, y entonces debemos corregir y replantearnos nuestro comportamiento. 
 
  Con los comentarios planteados quiero expresar que es muy bonito participar de un grupo unido y conjuntado, pero esto requiere de un esfuerzo y de un constante ejercicio de respeto, valoración de los demás, y renunciar a nuestros gustos particulares. No es lo mismo estar juntos que estar unidos. Al mismo tiempo que hay que actuar cada cual según su personalidad y sus criterios, tiene que ceder en favor del bienestar general, tiene que aprender a escuchar a todos, sin menospreciar ni crearse ningún ídolo de barro, tiene que aprender a ser responsable en todo momento de sus obras y para eso deberá tanto no hacer caso de aquello que a su conciencia no convenga y seguir el ejemplo de aquellos otros que en su conducta moral piense que le están marcando un buen camino. 
 
  Esto último no es difícil de percibir, pues quien esté interesado en el bien del grupo, se verá que mira por el bien de todos, antes que por su interés particular, que no persigue ningún fin para sí mismo, que no hunde a nadie para salir él destacando, etc., etc., que cuando es preciso corregir a alguien, antes se analiza la situación entre varios componentes para asegurarse de que hace falta hacer esto y entonces poniéndose en su lugar y con la máxima delicadeza se le trata de ayudar, y después se le da la fuerza moral para que pueda salir del apuro sin sentirse avergonzado, sino apoyado por unos amigos que quieren lo mejor para él. 
 
  Es de esta forma que en los miembros del grupo, poco a poco, va apareciendo su personalidad, porque todos se sienten dignos como personas y como miembros de ese grupo de pleno derecho en el que todos se respetan, ninguno se hace daño, sino al contrario, se procuran el bien tolerando los defectos y ayudándole a sacar sus cosas buenas. Entonces todos sienten que en el grupo nadie es el número uno, nadie es más que nadie, porque quien está más adelantado moralmente sabe estar en cada situación sin prepotencia y sin arrogancia, guardando cariño y respeto por los otros, ganándose así su aprecio verdadero y sin crearse envidias ni recelos, cada uno tiene sus cualidades, nadie gana ni pierde particularmente, sino que el grupo en conjunto progresará más o menos según el esfuerzo que individualmente se realice. 
 
  Es muy importante lograr este objetivo, que el grupo evolucione de forma natural y con la participación de todos, pues aunque como es obvio siempre habrá personas con más experiencia y conocimientos, que llevarán siempre el aval de su conducta y su ejemplo ganándose así el respeto y la aprobación de todos, por lo que se recurrirá a ellos en caso de necesidad. 
 
  Es, como trato de explicar, conveniente que los miembros del grupo aprendan a actuar con personalidad, pero con respeto hacia todos, y hacer así más fácil la tarea del conjunto haciendo la convivencia agradable y provechosa, libre de las maldades e hipocresías que priman en la sociedad en general. 
 
Hacia la unidad  por el respeto por: Fermín Hernández

MARÍA UNA VIDA DE ENTREGA AL PRÓJIMO

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María una vida de entrega al prójimo

MARÍA MARÍN

Un día 2 de abril del año 1.997, desencarnó, la fundadora del Grupo Villena; y desde estas páginas, ahora que se cumplen 15 años de su partida al mundo espiritual, queremos rendirle un sincero homenaje a la que fue nuestra madre espiritual: María Marín Marín.

 María era nuestra madre; sí, porque el Grupo Villena, sin ella, no se hubiera creado. Y con el grupo, nació la revista; Amor, Paz y Caridad; que era su estandarte, la tarjeta de visita del Grupo Villena, como ella nos decía. Y las charlas-coloquio que se realizaron durante más de 20 años. Y tantas y tantas cosas que se hicieron, gracias a su espíritu emprendedor y su gran capacidad.

 Han pasado ya 15 años; pero para nosotros, sigue aquí; porque fue tanto y de forma tan sencilla aquello que nos legó, que no podemos olvidarlo; su sencillez, su sabiduría, su afán de entrega, sus enseñanzas, la disciplina y los buenos hábitos que nos transmitió han calado muy hondo en nosotros. Todo ello, hace que su ejemplo siga vivo y presente en nuestras vidas, como no podía ser de otra manera.

 María era todo afán de ayudar a los demás. Ésta era una palabra clave para ella, AYUDA. Cuando alguno de los componentes del grupo necesitaba ayuda, cuando cualquier persona que se le acercaba le pedía ayuda; nunca daba un no por respuesta, ahí estaba siempre y en todo momento; para prestar esa ayuda que ella sabía ofrecer de manera desinteresada; sin alardes y sin pedir nada a cambio. Lo cierto es, que cuando acudías a ella salías reconfortado, con las ideas claras y con ganas e ilusión. Y a María, hay que decirlo; fueron muchas, muchísimas personas que a lo largo de su vida la visitaron, para pedirle ayuda, consejo y orientación espiritual.

 María era una transmisora de ilusión, de alegrías; todo lo veía realizable, a todo le hallaba solución; sabía darle a las cosas materiales la importancia que tenían. Pero su norte, era la vida espiritual, y ayudarnos a todo nosotros, a cumplir con los compromisos y objetivos espirituales que habíamos dejado firmados antes de encarnar. Por eso, ella siempre daba ejemplo, y era la primera en poner en práctica las lecciones espirituales que se hayan en los libros y en la propia experiencia que nos da la vida.

 Persona de grandes capacidades para la mediumnidad, y en especial para la facultad de videncia. Era también, mujer dotada de grandes dosis de humildad y de sencillez, características que le hacían ser muy asequible y cercana a todos. Tenía ese don especial para ganarse a las personas y que estas, confiaran en ella. Es por eso, que logró rodearse de un grupo muy numeroso y muy joven, que permitió, que se hiciera la labor que se pudo hacer en todos los años que María permaneció a nuestro lado. Esta fue sin duda una de las grandes misiones que cumplió, cual fue; lograr encauzar y formarnos a todos nosotros, dentro de la doctrina espírita, en unos años y dentro de un entorno que lo tenía todo muy difícil; no obstante lo consiguió.

 Para María, el espiritismo era su vida. Lo conoció desde muy joven, y sus facultades espirituales asimismo, se manifestaron a temprana edad. Con la ayuda de una persona que también poseía una facultad de videncia extraordinaria, comenzó su camino ayudando tanto a familiares, como a muchísimas personas; vecinos y no vecinos de Villena, que se acercaban a su casa para consultarle y pedirle consejo y orientación.

 Las obras de Allan Kardec; de las cuales conservaba las ediciones del pasado siglo XIX, nunca dejó de releerlas y estudiarlas; lo cual, no le impedía tener su mente analítica y abierta a otras obras, y a otros conocimientos, que pudieran venir de otras fuentes. Ese afán por el estudio, también nos lo transmitió. De ahí, surgió la idea, de que el Grupo podía emprender la tarea de editar una revista, de carácter mensual y gratuito, y difundirla en todo el mundo; ya que los tiempos modernos y la nueva sociedad, necesitaban tener cerca la filosofía del espiritismo; y de esa manera, se podía contribuir y aportar un granito mas de arena en su divulgación. Los componentes del grupo, que entonces no éramos más que un grupo de veinteañeros, no podíamos sospechar que fuésemos capaces de acometer semejante empresa; sin embargo, llevados por esa ilusión que caracterizaba a María, esa fuerza que nos envolvía sin darnos cuenta; la fe que teníamos en ella, su espíritu de convicción en que podíamos comenzar esa labor, y que sería algo positivo, tanto para nosotros, como para muchas personas y grupos…, hizo que le diéramos el voto de confianza y que nos pusiéramos manos a la obra.

 Y surgieron miembros del grupo capaces de escribir artículos y poesía; otros se encargaban de componer, maquetar e imprimir sus páginas; y otros formaban el equipo de encuadernación, y etc., etc.; de modo y manera, que la revista, salía de la sede de la asociación, íntegramente realizada por el grupo.

 Poco a poco la revista se fue abriendo paso, llegando a enviarse a 36 países de todo el mundo. La revista nos dió a conocer, y permitió que hasta nuestros locales, nos visitaran hermanos y personajes de renombre del espiritismo mundial; como: Divaldo Pereira, Waldo Vieira, Juan Antonio Durante, Hermas Culzoni, Rafael González Molina, Jon Aizpurúa…etc, y muchos otros, de entre los cuales destacamos por la vinculación que tuvimos en el tiempo a: Sebastián de Arauco, ese gran orador, escritor y maestro del espiritismo, que para muchos ha pasado desapercibido; no así su obra: “ Tres Enfoques sobre la Reencarnación”.

 Actualmente la revista se edita por internet, y en ella, seguimos plasmando aquellas ideas y artículos que puedan contribuir a difundir la doctrina .

 Podríamos contar muchas anécdotas de esos encuentros; como por ejemplo, las palabras que le manifestó Waldo Vieira: “María yo quiero hacer méritos en esta vida, para que en la próxima, pueda venir acompañado por un grupo como el tuyo”. Anécdotas aparte, lo importante era, que esos momentos felices henchían nuestro espíritu de entusiasmo y de responsabilidad al mismo tiempo; al ver y comprobar, que nuestra labor era útil y daba sus frutos.

 Todas estas visitas nos hicieron comprender otra cosa; y era, que la persona que comandaba nuestro grupo, nuestra querida María; esa pequeña mujer guardaba en su interior un gran espíritu; era como esos perfumes que “se guardan en frascos pequeños”; así era María, menudita por fuera pero grande por dentro. No nos equivocamos al aceptarla como nuestra madre espiritual y nuestra maestra. Nuestros espíritus la reconocieron como algo especial; como esa punta de lanza del Grupo Villena. Cuando ella decía es por aquí, era por ahí; así nos lo hicieron saber estos personajes que nos visitaron y que cuando conocían a María detectaban que estaban delante de un ser especial; un espíritu que había encarnado para ayudar con mayúsculas, y a ello dedicó toda su vida. 

 Afable y cariñosa. Tolerante para con nuestros defectos y comprensiva con nuestras muchas faltas. Muchas lecciones fueron las que nos enseñó con su ejemplo; destacando: las del perdón, de la humildad y la sencillez; la del amor y el servicio desinteresado, la del conocimiento de uno mismo, la de la mediumnidad,…etc.

 Hemos de aprender a perdonar. Todos cometemos errores. Y en un grupo de carácter espiritual no caben los rencores, el odio ni las desavenencias; esto hay que corregirlo, y no hay que dar lugar a que se originen otros problemas consecuencia de esto.

 Otra gran lección es la de la humildad y la sencillez, el grupo era lo importante; en él todos cabemos, y cada persona tiene su personalidad, aportando su colaboración. Nadie es imprescindible, todos somos necesarios, y nadie es más que nadie. Tan importante es el que tiene capacidad como orador, como el que es observador y no se le escapa el detalle para que a ese orador no le falta su vaso de agua encima de la mesa. De este modo queda desterrado el afán de protagonismo, la vanidad y otras secuelas que pueden hacer mella en un grupo y llevar hacia la rivalidad a sus miembros.

 La lección del amor; basada en la caridad y en la ayuda al prójimo; empezando por nosotros mismos, sin olvidar que como miembros de una sociedad, nos debemos también a ella y debemos contribuir en su mejora y sostén. De ahí que el grupo Villena haya colaborado en considerables actos de orden local, que llevados a cabo por otras asociaciones, pero con falta de medios de todo tipo, no dudaban en pedir nuestra colaboración, con la certeza de que nuestra ayuda siempre la tendrían.

 La lección del conocimiento, siempre hay que seguir aprendiendo, nunca podemos afirmar que lo sabemos todo, o que ya sabemos bastante; siempre hay que ir profundizando para mantenernos ágiles y estar a la altura de los tiempos que nos toca vivir; ya que la sociedad no deja de evolucionar y surgen nuevas dudas y nuevas necesidades.

 La lección del saber que estamos inmersos entre dos mundos, y que el plano espiritual, tanto nos puede ayudar, si somos bien intencionados, y procuramos hacer las cosas bien; pero que si nos descuidamos, puesto que somos todos médiums en potencia, también nos podría perjudicar e influenciar sobremanera la “parte espiritual negativa”, que tratará de poner piedras en nuestro camino, de sacarnos de él y de que perdamos la fe en nuestra misión. En estas cosas, debido a su clarísima facultad de videncia, ella, siempre nos ponía sobre aviso: ”… hay que estar vigilantes con los defectos; porque son un freno que nos dificultan el progreso y nos impiden comprender las cosas tal como son”. 

 La gran lección del conocimiento de uno mismo. Esa era la gran escuela que nos legó María; el conocimiento de nuestros defectos, y no permitir que estos, irrumpieran en nuestra convivencia y en nuestras relaciones humanas. Si no trabajamos en nuestra mejora interna, se puede decir que de poco nos ha servido el espiritismo. Y en verdad, esto es lo más importante para nosotros dentro del espiritismo; que nos transformemos y nos preparemos moralmente cada día, para superar los obstáculos y dificultades que se nos puedan presentar.

 Si hay algún tipo de carnet, que nos permita identificarnos como espiritistas, no es el pertenecer o estar asociado a algún grupo. No, nos engañemos. Ese carnet, está impreso en nuestra alma; se refleja en el aura, y está formado por nuestros valores humanos, valores que María insistía en que había que desarrollar a través de la eliminación de los defectos.

 La lección de la mediumnidad, de la que María nunca alardeó, ni se endiosó, ni se lucró; la puso al servicio del prójimo, dándole todo el mérito de su labor a los espíritus protectores y espíritus superiores que con ella colaboraron, y que ayudaron a la formación y desarrollo de este grupo.

 Tu vida fue el grupo. Tu misión, recogernos a todos y orientarnos. María muchas gracias por todo lo que nos has transmitido, y por la forma con que lo hiciste. Sin tí, no hubiéramos llegado hasta aquí. Gracias también a los fieles hermanos espirituales, que aún hoy, siguen con nosotros, igual que tú; tenemos de sobra constancia de ello. Supiste, no sólo enseñarnos, sino mostrarnos el camino con tu ejemplo; hacernos comprender el por qué y para qué estamos en la tierra y en este grupo en concreto. Supiste darnos las alas necesarias para emprender el viaje y nosotros sentimos esa responsabilidad y estamos dispuestos a llegar hasta el final. 

No dejes de transmitirnos tu fuerza, tu fe y guíanos para que podamos el día de mañana reunirnos contigo satisfechos y felices por la labor cumplida. Gracias Maestra.

 
María una vida de entrega al prójimo por: Fermín Hernández
Grupo Villena 2012 ©
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ORIENTACIÓN ESPÍRITA DE LA MEDIUMNIDAD I

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La gran mayoría de las personas ajenas al conocimiento del espiritismo asocian la mediumnidad de tal modo que consideran que ambos conceptos son lo mismo. Se confunde la mediumnidad con el espiritismo y viceversa, y ¿qué trae ello consigo?: Un considerable
perjuicio para el espiritismo, pues es el saco a donde van a parar todas las inconveniencias y errores que se cometen a través de la mediumnidad cuando ésta es practicada sin la orientación tan magníficamente trazada por Allan Kardec, con la ayuda de las altas esferas del plano espiritual que le asistían.
Pero que esto haya ocurrido y ocurra todavía, tiene una explicación lógica y sencilla, el espiritismo es la única filosofía que ha hecho frente al estudio de la mediumnidad y ha elaborado un método, por llamarlo de algún modo porque es más que un método, una serie de instrucciones tan profundas y completas que quien las siga no corre ningún riesgo de hacer el ridículo ni poner en peligro su integridad física, psíquica, o moral.
Mientras tanto otras tendencias espiritualistas, no sólo han rechazado el estudio profundo de la mediumnidad, sino que lo han criticado y han llegado a atacar a quienes han tenido la valentía de llevarlo a cabo.
De aquí que siendo el espiritismo la punta de lanza, la filosofía espiritualista que ha visto la necesidad de crear una doctrina consecuente con los momentos actuales de la humanidad y ha consagrado parte de su obra a aclarar las ideas y combatir el fraude, el fanatismo y la ignorancia, es por contra, injustamente, a juicio de aquellos que no están bien informados, el responsable del mal uso y abuso de la mediumnidad.
¿Que sería entonces la mediumnidad si todo el mundo que posee facultades para contactar con el plano espiritual la practicara indiscriminadamente? Si aun habiendo el espiritismo abordado el complejo mecanismo de las leyes que rigen el intercambio con el mundo espiritual vemos cuanto desconocimiento existe, y el mal uso que se hace de ella por intereses personales, podemos pues hacer una valoración del estado en que se encontrarían dichos intercambios de no haber ningún concepto al que recurrir para no incurrir en errores. Sencillamente estaríamos todavía como en los tiempos de oscurantismo en que todo se achacaba al demonio y en donde tanta confusión, temor y fanatismo existía.
Que la mediumnidad y por tanto la comunicación con el mundo espiritual es posible, ya lo pone de manifiesto Moisés cuando prohíbe al pueblo judío que comunique con los espíritus, está claro que desde el momento que la prohíbe es porque existe dicha comunicación, sino sería absurdo que lo prohibiera, la pregunta es: ¿porqué lo prohíbe? Porque aquel pueblo no tenía conocimiento de cómo realizar dicha comunicación, ni conocía las bases más elementales para no dejarse engañar por el primer espíritu que llegara, etc., etc., sencillamente no era el momento de adquirir dicho conocimiento ni de efectuar tales comunicaciones.
Esto y la propia historia, tan plagada de acontecimientos y de fenómenos relacionados con el mundo espiritual y su influencia sobre el nuestro, nos da a entender la gran necesidad que había de darle una orientación positiva a la mediumnidad, de limpiar toda la atmósfera de miedos y confusión que se había creado en cientos de años y comenzar una nueva etapa, con conocimiento de causa y con los conceptos claros del porqué y para qué de la mediumnidad, esta orientación, que sepamos, sólo la ha ofrecido la doctrina espirita.
Con lo expuesto, queremos sugerir y aconsejar a todos los médiums en general y personas que participen del intercambio mediúmnico que es necesaria una preparación precedente a la práctica de la mediumnidad, y que para conseguir dicha preparación no hay nada mejor que el estudio de la doctrina espirita, especialmente «El Libro de los Médiums» de Allan Kardec, porque es la que va a enseñarnos el terreno por el que pisamos, advirtiéndonos de lo que debemos y no debemos hacer.
F.H.H.