Valores humanos

LA CONFIANZA

 
   Se tiene confianza en quienes apreciamos que nos respetan, que nos quieren bien, que desean lo mejor para nosotros, que nos valoran, y porque su comportamiento es amable y claro, por eso les abrimos una puerta y le brindamos nuestra confianza porque ante él
no tememos expresamos y manifestamos de forma natural sin miedo a que jueguen con nuestros sentimientos, o nos engañen valiéndose de nuestra persona mientras les convenga y apartándonos cuando ya no les interesemos.
 
   La hipocresía, la mentira y la doblez, son todo lo distinto de la confianza, por ello, debemos tener cuidado cuando observemos el más mínimo detalle de estos hacia nosotros para poner las cosas en claro evitando que se llegue a males mayores, pues lo que en un principio es amistad, se puede convertir en abuso de confianza, hecho que ocurre con harta frecuencia y puede terminar más tarde en una enemistad sin tregua.
 
   Por ello es importante no confundir la confianza y la amistad con el abuso de las mismas pues señala dos caminos muy distintos, el de la persona que es sincera en sus relaciones, noble y fiel a unos principios morales, lo cual le lleva a progresar domando sus imperfecciones y sacrificándose por sus amigos y personas en general, y el segundo, el camino de los egoístas, que no saben lo que es ni lo que vale una amistad auténtica, que se aprovechan de los gestos y sentimientos más elevados de sus semejantes buscando siempre su provecho personal, haciendo lo que les da la gana, aunque quieran demostrar lo contrario, llevando en jaque a todos por el camino que quieren y valiéndose de mil argucias para lograr este propósito.
 
   Para todo aquel que se desenvuelve en un grupo, asociación, etc., nada hay peor que abusar de la confianza de sus compañeros, actuar hipócritamente y faltar a su amistad y a su respeto, porque si persisten en ese comportamiento erróneo no tienen futuro, tienen los días contados porque el que más y el que menos les cierra esa puerta que tienen de par en par, porque aunque se crean más listos que los demás se equivocan y sus defectos, que no controlan, les llevan a cometer torpeza tras torpeza incapaces de justificar.
 
   La confianza es uno de los pilares en que se sostienen las relaciones más íntimas entre las personas. Cuando ésta falta, cuando se echa de menos, cuando por cualquier razón se siguen caminos opuestos vemos que ya no existe dicha confianza, que se va perdiendo y se nos desmorona todo el edificio que habíamos levantado y una angustiosa sensación de vacío nos embarga el corazón al dar por perdidos muchos de los sentimientos que habíamos volcado hacia personas queridas.
 
   A la confianza sólo se llega por la limpieza de sentimientos, quien búsca la confianza de los demás, su apoyo, su solidaridad, su amistad, por intereses particulares y egoístas, en realidad lo que está sembrando en un futuro corto no es ni más ni menos que la desconfianza posterior, el abandono a su egoísmo, y lo que es peor la sombra de la duda para el futuro, y la dificultad por recuperar su credibilidad y la nueva confianza en él.
 
   A los valores humanos y por añadidura al afecto y la amistad sólo se llega a través del amor que se refleja en la limpieza de intenciones, y todo lo que se desvíe por caminos de egoísmo empaña, ensucia los canales del amor y por lo tanto, es algo que se descubre tarde o temprano, sufriendo así las consecuencias de desconfianza y falta de credibilidad de aquellos que en otros momentos hubieran puesto la mano en el fuego por defender a capa y espada al amigo en que se confiaba plenamente.
 
   Cuando depositamos la confianza en alguien lo que estamos haciendo es confiar en su honradez, en su honestidad, en su desinterés y altruismo, en su nobleza y autenticidad que está a prueba de falsedades, engaños y mentiras, creemos en él en definitiva, por lo tanto, quien se precie de ser persona en quien se deposita confianza nunca debe perder de vista estos factores, pues si falta a ellos corre el riesgo de que se le descubra tal cual es, con lo cual verá como se hunde sin poder hacer nada sobre el pedestal de barro que elevó sobre sí mismo.
 
   En quien más se confía es al mismo tiempo quien más confianza debe ofrecer a los demás. Quien no es capaz de confiar y confiarse a sus amigos y familiares, sino al contrario, es autosuficiente, teje alrededor suyo una corriente de intrigas, de seguidores y adversarios, enredos y embroyos, está claro que no sigue un camino limpio, porque quien obra de buen corazón, honesta y noblemente, se podrá no estar de acuerdo con él en todo, pero en lo que se refiere a su integridad moral como persona en eso no habrá ninguna sombra de duda por que se capta y se siente en él la limpieza de sus intenciones, su desinterés, su altruismo y su amor a la justicia y a la verdad.
 
   No se le puede exigir confianza a nadie, ésta ha de ser espontánea y natural y aumentará con el curso del tiempo a medida que las relaciones sigan sustentándose en el desinterés y la nobleza de sentimientos. Por lo cual, quien se crea un cerco de confianzas basadas en el temor, en historias artificiales, con hipocresía y engaño, y con toda otra forma de subterfugios, trasmitiendo una imagen que no se posee, que es irreal por lo que es a él mismo a quien se engaña, porque llega un momento en que no puede seguir sosteniéndola, se le escapa de las manos y se hunde con ella, es entonces cuando se le empieza a conocer en sus verdaderas intenciones y cuando se sabe los motivos por los que hace las cosas.
 
   Es en este momento cuando por otro lado se ha de ser justo con ella, dándole la oportunidad para su regeneración, pero no permitiéndole que vuelva a sacar sus defectos para fines egoístas, sino enseñándole a emplear sus cualidades para el bien de todos a través del altruismo y de la limpieza.
 
   Cuando la confianza es mutua no hay problema pues existe un respeto y amistad verdaderos que conduce a que un grupo de personas se ayude en su progreso y todos tengan las mismas opciones para expresarse, para que exista completa libertad y naturalidad para manifestarse y progresar todos a la vez sin detrimento de nadie.
 
    Hay una gran diferencia entre aquellas personas para las cuales el objeto de su vida es un desarrollo de sus valores espirituales y que para ese fin se esfuerzan y se sacrifican, entre aquellas otras que lo que más le preocupa es en primer lugar alcanzar sus objetivos personales y egoístas a costa de lo que sea, evidentemente, entre estos dos grupos existen distintas actitudes de comportamiento a la hora de obrar, siendo así muy difícil que se genere entre ambos una simpatía y una afinidad fuertes y estables dado que lo que ambos persiguen no es lo mismo, aunque en principio los conocimientos espirituales que se tengan sean los mismos.
 
   La sinceridad es el valor inseparable de la confianza, cuanto mayor sea la confianza que nos inspiren las personas más grande será la sinceridad que le dispensaremos. Cuando hay falta de sinceridad hay falta de limpieza, por esta razón debemos ser cautos con todos aquellos que no son sinceros y espontáneos, porque en general esconden intereses particulares que quieren conseguir aprovechándose muchas veces de la buena voluntad de los otros y esto no lo debemos permitir, hemos de ser sinceros en primera persona y ofrecer confianza, pero dejando claro que ese mismo es el camino por donde deseamos que lleguen nuestros semejantes hacia nosotros.
 
F.H.H.
Anteriores Artículos

LA FE

Siguientes Artículos

LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

Sin Comentarios

Deja tu opinión

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.