¿Crisis que crisis?

REGENERACIÓN 

 

 
  Es una cosa ya cierta que todos los sistemas probados en nuestro mundo han fracasado. De uno a otro lado del globo ideologías y sistemas totalmente opuestos no han logrado traer el bienestar a nuestra sociedad, la llamada sociedad del bienestar, disfrutar de una buena calidad de vida, es algo que sólo lo han podido hacer
unos pocos en el occidente de nuestro planeta. Para la mayoría ha sido la escasez, la miseria, enfermedades, hambre, y un largo etcétera que mas vale no enumerar ahora. 
 
 Lo que falla principalmente no son los sistemas, aunque reconozcamos que unos pueden ser más favorables que otros, pero sin lugar a dudas el fallo no está en los mismos, sino en las personas, en todos nosotros. Si las personas no somos perfectas, no diremos tanto, sino que el lado que más inclina la balanza en cada uno de nosotros no es el lado bueno, sino que priman las imperfecciones, los vicios y los defectos, por mucho que los sistemas sean buenos, el hombre los hace malos, porque no se llevan a la practica tal y como han sido concebidos. 
 
  La clave para el progreso, para el bienestar de todos, para que el nuestro no sea un mundo de lágrimas sino un mundo de dicha y de alegrías está en la regeneración de la humanidad, a través de la transformación moral de todos sus miembros. Todos hemos de llegar a estar más o menos a la misma altura, todos hemos de perseguir los mismos intereses y tratarnos con el debido respeto, tolerancia y comprensión. Si esto no es sí se produce un desequilibrio importante con el cual se hace muy difícil la convivencia y el entendimiento recíprocos. La cuestión es si esto está dentro de las posibilidades en nuestra sociedad. 
 
  “Ama al prójimo como a ti mismo” cuantas veces hemos oído esto. No es sólo una frase del Maestro Jesús, está recogida por todos los grandes avatares y maestros espirituales que han bajado a la Tierra portadores de un mensaje de luz, de verdad y de ejemplo. Buda, Krishna, Mahoma, etc. Todos la han divulgado, es la base de todas las religiones, pero sigue siendo la asignatura pendiente de todos nosotros, de todos. Qué pocos la hemos llevado a la práctica. 
 
  Tiene una explicación clara y lógica, para lograr amar al prójimo como a ti mismo, hay que estar despojado de muchas imperfecciones morales, hay que estar satisfecho consigo mismo, hay que guardar un equilibrio espiritual profundo, para poder sentir que la felicidad de los demás es la nuestra propia. Hasta ahí no llegamos. Pero tenemos que llegar, lenta y pausadamente, pero hemos de llegar, sino este mandamiento tan promulgado, y que es la base de todas las religiones no tendría sentido ninguno que nos lo hubieran transmitido. 
 
  En lo más profundo de nuestra conciencia y de nuestro corazón lo llevamos grabado a fuego y sentimos que debe ser así. Pero comúnmente se antepone nuestro yo, primero yo y luego yo. Sabemos lo que tenemos que hacer. No hacer daño, de ninguna manera a nadie, esto es ni de palabra, ni de obra, ni de pensamiento, qué difícil se nos hace, no mentir, no engañar, no sacar provecho del esfuerzo ajeno, y muchas otras cosas que están ahí en las enseñanzas, en los evangelios, en las doctrinas de ética y de moral. 
 
  Sin embargo ocurre a diario todo lo contrario, hasta hay formulas de lo más legales para que se pueda oprimir, esclavizar, explotar, etc. etc. Hasta hace no muchos siglos era legal el comercio de esclavos, con eso todo está dicho. Poco a poco hemos ido mejorando las leyes, la sociedad también ha suavizado sus costumbres, pero no es suficiente. 
 
  De hecho en la actualidad son muchísimos los frentes abiertos, las guerras y los conflictos que se llevan miles de vidas todos los años, y los consiguientes efectos secundarios y consecuencias de las mismas que son peor todavía. Hoy día tenemos una guerra más instalada en la humanidad, una guerra no declarada oficialmente, la guerra económica que es la causante de otras muchas guerras que se producen merced a esta. Es preciso por tanto que se medie una regeneración profunda en lo moral, que impida que se produzcan todos estos fenómenos. 
 
  A nadie nos gusta la guerra, pero miles y miles de nosotros formamos parte de los ejércitos, nos hacen pensar que son necesarios, nos ofrecen muchos argumentos positivos para que se mantengan las cosas como hasta ahora; ser militar es una profesión de prestigio en muchos países, es una fuente de generación de puestos de trabajo, la industria armamentística, también genera trabajo, y unos pocos se hacen multimillonarios con esa fuente de trabajo, es un negocio redondo, cada día mejores armas, mejor munición. Los países pobres no tienen para comer, pero sí para comprar armamento y poder matarse mutuamente en guerras genocidas. Se intercambian los recursos naturales por armamento, no por el bienestar social, y la lucha contra las enfermedades, y la formación, etc. Eso no importa, importa que unos pocos tengan el poder, aunque no sea legítimo, pero mientras a esas industrias les beneficie, cierran los ojos y no quieren saber nada más. 
 
  Porque no se hace lo contrario, en lugar de hacernos pensar que los ejércitos son necesarios que lo imprescindible fuera eliminar de la faz de la tierra dichos ejércitos, y emplear toda esa industria y toda esa juventud en otras cosas que son mucho mas necesarias, como lo es por ejemplo paliar el hambre y acercar la tecnología a aquellos pueblos que llevan un atraso en ese sentido. 
 
  Esto es tan sólo un ejemplo, de las muchas cosas y situaciones que se producen a diario en nuestra humanidad y que impiden que la sociedad se pueda regenerar. Hay que cambiar el rumbo completamente, caminamos hacia nuestra propia destrucción, en lugar de tratarnos como hermanos, y amarnos lo que mandan son los intereses, el mundo está gobernado por “los mercados”, hay que establecer un nuevo orden, hay que establecer prioridades, y esto desde luego va en contra de los mercados y de todos aquellos que ahora llevan las riendas y dirigen el destino de los pueblos. 
 
  Es momento de reflexión, de empezar a construir desde abajo, desde la base de esta sociedad una nueva forma de relacionarnos basada en la igualdad, la fraternidad, y la solidaridad. Los que mueven los hilos de este planeta que agoniza, no pueden ser los que creen la condiciones para la construcción de un mundo mejor. No pienses que esto son palabras bonitas con aspiraciones que todos tenemos, piensa que es posible y que esta en tu mano en que algún día pueda realizarse. 
 
F.H.H.
© Grupo Villena 2012
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