Mediumnidad

SUSPENSIÓN DE LA MEDIUMNIDAD


 

Si bien la mediumnidad se nos ha “dado gratis”, tal como indicamos el mes pasado, no por ello quiere decir que no le debamos prestar la debida valoración y cuidados que la misma requiere. Nada más lejos de la realidad, porque cuanto más cuidado se ponga en su ejercicio y cuanto más nos preocupemos
por nuestro per­feccionamiento, la mediumnidad puede adquirir una mayor dimensión, engrandeciéndose paulatinamente.
Sin embargo, no siempre ocurre así como sería de desear. Encontramos mediumnidades que se han estacionado por no haber sabido darle a su facultad la importancia y el estudio que requiere. Otras veces al ejercerla, por mera obligación, por­que sabemos que si no la ponemos en práctica no nos encontramos bien, tampoco entramos en sintonía con esa vía de desarrollo que tanto beneficiaría al médium en su progreso, pues no se evoluciona tan solo con poner la facultad en práctica, sino que cuenta mucho la intención con que se hace.
Lo peor de todos los casos ocurre cuando por diversos motivos, de arriba se ven obligados a suspendernos la mediumnidad, hecho que lamen­tablemente puede suceder.
Estos motivos son los siguientes: por hacer un mal uso de la facultad, por no ejercerla y por falta de moralidad.
¡Qué equivocados se hallan aquéllos que creen que pueden usar de la mediumnidad a su antojo! Aquéllos que se consideran seres privi­legiados por el sólo hecho de poseer una faculdad, ignoran la tremenda responsabilidad que contraen y las posteriores consecuencias a las que tendrán que hacer frente.
En efecto, la mediumnidad puede llegar a suspenderse cuando el médium no está actuando correctamente y el Padre considera que es mejor anular esta facultad porque con ella causa más daño que beneficios, a sí mismo y a sus semejantes.
Es éste el primero de los casos citados, porque cuando un médium después de recibir las oportunas y repetidas instrucciones de su protec­tor, hace caso omiso y puede perjudicar a otras personas, las cuales no tienen ninguna responsabi­lidad, como es obvio, entonces el protector, no queriendo verse implicado en dicha situación, in­forma al Padre de la actuación de su protegido y solicita le sea cesada la facultad, y en este punto es ya decisión de Dios hacer una u otra cosa.
El segundo de los casos es por no ejercerla. Viendo el espíritu protector que la persona es absolutamente reacia a poner en práctica la facultad y, después, lógicamente, de haber hecho todo lo posible por hacer consciente a su materia de la misión que trae y de dejarle claramente de relieve que es poseedor de una facultad medium­nica, para no perder el tiempo inútilmente puede también obtener el permiso del Padre para dejar a este médium y emprender una nueva misión más provechosa para él.
Y por último, otra de las causas que puede motivar el cese de una facultad mediumnica, y que también ocurre por desgracia, como en los casos anteriores, es la falta de moralidad del médium, siendo ésta una de las más graves en la que puede incidir el médium. Ya que en definitiva, cuando un espíritu viene desde el espacio a la tierra con una mediumnidad, lo que más le preocupa es adquirir un grado de moralidad, que le falta, y que es consecuencia de haber cometido errores y daños a sus semejantes, por lo que tiene acumuladas deudas que ha de pagar cuanto antes mejor.
Si un médium no lleva a efecto su misión perfectamente, pero la ejerce, puede pagar parte de las deudas que se había propuesto pagar, pero si moralmente va de mal en peor, no sólo no paga lo que debe, sino que aún se endeuda más. Por tal razón se le quita la facultad, porque además en esas condiciones el protector se ve prác­ticamente imposibilitado de ejercer su misión.
Ahora bien, ¿qué ocurre con esta circuns­tancia? Que son muchos los que siguen queriendo aprovecharse de esa facultad porque se han servido de ella para explotarla en lugar de servir a los demás, y pretenden continuar haciendo el “papel de médium”, engañando de este modo a todos aquéllos que acuden en busca de alivio, pero que ciertamente no lo van a encontrar, puesto que no existe la facultad debido a la ausencia de protector.
De esta forma se endeudan kármicamente mucho más, con lo que la justicia divina le pondrá otras pruebas en futuras existencias para que este espíritu vaya corrigiendo los errores y faltas cometidos.
F.H.H.
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