Valores humanos

EL CONOCIMIENTO INTERIOR

 
  He aquí la clave del progreso espiritual “El Conocimiento Interior”, que acompañado del deseo de corregirse moralmente y de la voluntad, puede elevar nuestra personalidad a límites insospechados. La voluntad es una cualidad con la que el Padre
nos dota, basta con querer algo con una firme voluntad, con poner el esfuerzo necesario y si no de inmediato con el trabajo constante podemos conseguirlo.

 Con nuestra personalidad ocurre lo mismo, no nos vale el tópico que utilizan muchas personas diciendo que ellas son así y que no pueden cambiar, sí se puede cambiar, se puede y además se debe cambiar ya que el destino de la humanidad no tendría sentido si no fuera por la ley de evolución, presente desde siempre en el universo motivando a todas las estructuras a cambiar, a progresar sin fin, hacia mejores estadios de perfección.

  Todos aquellos que estamos interesados en nuestra transformación moral, que es algo tan necesario como respirar, de lo cual no podemos prescindir para cumplir con nuestros compromisos aquí en la Tierra, no es difícil de lograr, si somos sinceros con nosotros mismos y estamos revestidos de la humildad mínima para aceptarnos tal como somos, sin rebelarnos, sin justificarnos ni excusarnos, sino asumiendo nuestra naturaleza moral interior, para que a partir de ahí podamos empezar a construir sobre los auténticos valores humanos, librándonos de todas aquellas actitudes que son contrarias a la ley de amor y ley de evolución.

  La mayor importancia que adquiere el conocimiento interior estriba en la gran ayuda que supone para todos y cada uno de nosotros en no contrariar las leyes espirituales, sino actuar acorde con ellas, de este modo no nos endeudamos kármicamente, no adquirimos imperfecciones que nos alejan del camino de la felicidad y recorremos los eslabones de la evolución más rápidamente, sin sufrimientos innecesarios.

  Por tanto, hacemos hincapié en la necesidad de partir de una buena base de humildad, que nos permitirá aceptar nuestros equívocos, y las actitudes que están fuera de una línea de comportamiento libre de egoísmo. Por contra el orgullo, el creerse más listo que nadie, es un gran impedimento para el conocimiento interior.

  El orgulloso, al estar poseído de un sentimiento de superioridad hacia los demás se siente incomodado cuando recibe un buen consejo, impedido para admitir que otros puedan estar más acertados que él sobre cualquier tema, encontrando justificación en sus actos, en sus razonamientos, con lo cual lejos de realizar el trabajo de corregir sus errores, irá subiendo en su escala de orgullo hacia estados de soberbia, prepotencia, etc., todo menos escuchar debidamente a los demás y ceder.


  Practicar el autoanálisis es la mejor forma de llegar a conocerse lo mejor posible. Bastaría con dedicar unos minutos cada día al final de la jornada para hacer examen de las acciones que ese día nos propició y hacer balance final de todo ello, con la resolución enérgica de no volver a incurrir en los fallos, en aquello con lo que no quedemos satisfechos, y sabemos que no estuvo bien.
  Es necesario observar nuestras actitudes, y comprender si nos movemos motivados por nuestras inquietudes e ilusiones positivas, por los principios que dan forma y orden a nuestra vida, por el esfuerzo, por causas altruistas, por el sacrificio y el sentido del deber, o si por contra nuestra voluntad está minada por la comodidad y el egoísmo, y nuestra materia se rebela al tener que realizar el esfuerzo para movilizar los valores internos y doblegar sus debilidades e imperfecciones.

  El Libro de los Espíritus en su capítulo “Perfección Moral” y en su apartado “conocimiento de sí mismo”, nos plantea algunos interrogantes muy sencillos, pero muy interesantes que podemos hacernos para ir sacando conclusiones sobre nuestro estado interior, estos son algunos de ellos: ¿He faltado a mi deber?¿Ha tenido alguien quejas sobre mí? Y sigue diciendo: examinad todo lo que hayáis podido hacer contra Dios, contra vuestro prójimo, y contra vosotros mismos, en fin. Las contestaciones serán reposo para vuestra conciencia, o indicación de un mal que es preciso curar…

  Los interrogantes más sencillos son siempre los más profundos. Contestándonos sinceramente a estas preguntas podremos sacar conclusiones provechosas para medir nuestros valores humanos, o bien para detectar las deficiencias que de ellos tenemos.

  Cada una de estas preguntas agrupa grandes aspectos de nuestra personalidad y resumen en definitiva nuestra forma de ser, si sabemos analizar por qué no hemos cumplido con el deber, y por qué recibimos quejas de los demás.

  Nada hay mejor para la propia tranquilidad, para las buenas relaciones, para el logro del autocontrol, y para adelantar aunque sólo sea un poco cada día en nuestro progreso que el conocimiento de nuestro lado bueno y nuestro lado menos bueno, es la mejor forma de evitar muchos fallos, que si bien es verdad a veces los cometemos inconscientemente, debido a que no nos conocemos bien, o a que no le damos la debida importancia al hecho de que hay que subsanarlos para siempre. No olvidemos que aunque no nos demos cuenta de los errores, son trabas al fin y al cabo que mejor antes que después hemos de detectar para poderlos corregir, ya que actuar erróneamente aunque sea sin quererlo supone una responsabilidad que es preferible evitar.


  Es preciso pues no demorarnos más y comenzar cuanto antes a descubrirnos tal como somos internamente, así lograremos llevar a la práctica el contenido de los conocimientos espirituales que vamos atesorando, pues una cosa es adquirir conocimientos, a través de la lectura, las conferencias, etc., etc., y otra es llegar a conocernos a nosotros mismos, con todas sus consecuencias, y a esto si no estamos dispuestos nadie nos puede ayudar, es un trabajo íntimo, callado, sacrificado, pero que se nota por sus frutos, además de la satisfacción que reporta el hecho de comprobar que con buena voluntad además se puede cambiar a mejor, y asimismo mejorar nuestro entorno más próximo.
  Tampoco podemos pasar por alto que conocernos nos ayuda también a conocer a los demás, y a saber por tanto comprender todos los comportamientos, a ser tolerantes, a dejar a un lado la intransigencia, a mostrarnos en nuestras relaciones de forma que en ningún momento demos pie a la discusión violenta, al enfado, censura, etc.
  En nosotros está cumplir con este deber ineludible, que nos conduce directamente al progreso y mejora de nuestra personalidad, primer compromiso sin duda que tenemos como espíritus en proceso evolutivo en cada existencia que venimos a la Tierra, ya que el Padre en su inmenso amor nos las concede precisamente para enriquecernos de experiencias puliéndonos en los errores que en otras vidas pasadas tuvimos por causa de los defectos.
F.H.H.
 
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