EL ESPÍRITU: SER EN EVOLUCION
LA LIBERTAD
INTRODUCCIÓN
Es esta una sección de difícil comprensión para algunas personas, que por tanto debemos abordar con profundidad, con un estudio serio y reflexivo, analítico y concienzudo, desarrollando mes tras mes diferentes aspectos de las Leyes Espirituales que inciden en el proceso evolutivo de nuestra conciencia individual y por ende de la comprensión o no de esta cuestión.
© Amor, paz y caridad 2014
LA RESPONSABILIDAD
EDUCACIÓN
AMOR A LOS ELEGIDOS
«Y si esos días no fuesen abreviados, ningún hombre se salvaría; pero esos días serán abreviados en atención a los elegidos.”
(San Mateo, 24:15 a 22.)
Estas palabras deben hacer, cuando menos, despertar en nosotros una especie de incertidumbre, desasosiego o preocupación. Hemos de tener en cuenta que estamos tratando de desentrañar algunas de las frases dichas por el maestro Jesús, que quedan recogidas en el Nuevo Testamento. Este hecho no lo podemos pasar por alto, y por supuesto debemos de afrontar con seriedad que estas palabras, no las diría porque sí; sino por una razón concreta y específica.
El Maestro, no hablaba por hablar. Y aunque en muchas ocasiones utilizase parábolas o alegorías, hablando en sentido figurado,..; no siempre era así. El objetivo era llevar la luz y el entendimiento; unas veces para el presente, y otras, las más de las veces, con la mirada puesta en el porvenir. Dicho esto, no deberíamos de tomar el sentido de estas palabras a la ligera; sino tratando de hallar el significado oculto, velado; aquel que no se podía descifrar todavía, pero llegado el momento de su cumplimiento sí. Un significado del que, aunque no lo podamos desvelar al cien por cien, si pudiéramos acercarnos y hacernos una idea lo mas exacta posible.
Es por ello que pese a parecer una aventura arriesgada nos ponemos en este empeño con la máxima humildad y corriendo el riesgo de que efectivamente podamos errar en todo o en parte.
Las palabras que encabezan este artículo son, eso sí, claras y sencillas. Anuncian un estado de las cosas más bien alarmante y preocupante. Sin querer ser agoreros; ni pretender traer el pesimismo; no transmiten estas palabras un orden social de optimismo e ilusión; sino todo lo contrario.
No vemos más allá que nadie acerca del futuro; no lo podemos predecir; no, nosotros no; pero el Maestro sí. ¿Cuál sería la visión profética que le hizo pronunciar estas palabras? Palabras, que a mi juicio, no son parte del pasado, sino para cumplirse de aquí en adelante; son palabras ligadas al final de los tiempos, es un mensaje que encaja plenamente en una experiencia que corresponde a los momentos de cambio, de transición planetaria.
Anuncian si duda momentos difíciles, acontecimientos que se escapan a nuestro control, dificultades, sufrimientos, experiencias dolorosas, que incluso alcanzarán a los elegidos. ¿Quienes son los elegidos? Deben ser aquellos espíritus, que a lo largo de los siglos, han alcanzado un nivel mínimo de moralidad, acorde a los valores del Evangelio y a las enseñanzas de bien y de amor que Jesús nos indicó que habíamos de incorporar a nuestra alma. Pues hasta estos, los más evolucionados moralmente del planeta, corren el peligro de no ser salvos. ¿Salvos de qué? Esta es la pregunta.
Jesús hablaba al espíritu, no a la materia; hablaba a nuestro yo espiritual, y no se dirige a nadie en particular; Él, es el guía de la humanidad; por lo tanto, debemos enfocar esta materia como una cuestión general que nos atañe a todos los pobladores de la tierra en estos momentos. Está sin duda advirtiéndonos de los momentos de crisis espiritual que se puedan vivir una vez encarnados y que nos pueden sumir en el olvido y alejamiento de los propósitos que como espíritus comprometidos traemos a la tierra.
Para nosotros claro está, habla una vez más de la necesidad de un cambio de ciclo, necesario para que una parte de la humanidad pueda restablecerse de una vez por todas de todos los obstáculos y el sin fin de entorpecimientos que amenazan y destruyen el programa moral de los espíritus moradores en la tierra que quieren progresar dejando a un lado las debilidades de la materia y los defectos del espíritu. Por ello se deben abreviar los días de la tierra como planeta de expiación y prueba, mediante una selección espiritual, ha de llegar un momento en que se produzca un corte más o menos drástico.
Estando el mundo, su sociedad, tan materializada, impregnada por toda clase de imperfecciones, con tantos problemas tan acuciantes, y viendo que son muy, muy poquitos los que están dispuestos a poner de su parte, se hace necesario cortar de raíz; separar a los de la derecha y la izquierda del Cristo.
Como vemos todo está dicho, y muy bien explicado, Sólo nos queda a nosotros aceptarlo, comprenderlo, tener la suficiente humildad para entender que esta época tan determinante y difícil nos ha tocado a nosotros vivirla. Aunque nadie quiera estar aquí y vivirlo en su propia piel. Algunos dirán con tantos millones y millones de espíritus que nos encontramos como alumnos en la tierra, encarnados y desencarnados, y nos ha tenido que tocar a nosotros vivir los momentos proféticos del final de los tiempos. Pero este planteamiento no es del todo correcto, porque las difíciles experiencias de la transición planetaria nos toca vivirla a todos, a cada cual en el lugar donde se encuentre, pero a todos y cada uno de nosotros este hecho tan transcendental nos colocará en el lugar que nos corresponda, en virtud de los méritos realizados.
Ay de aquellos que no sepan interpretar que estamos siendo sometidos a un examen final, ay de aquellos que no hayan sabido aprovechar las diferentes existencias que se nos han ofrecido para ser convidados en el juicio final a participar de la nueva era, porque entonces no nos quedará otra que reajustarnos, transmigrando a otro planeta que nos recibirá para ofrecernos de nuevo las lecciones no asimiladas hasta ahora. Para todos ellos será el rechinar de dientes, porque ese planeta se encuentra en un grado de evolución similar al que estuvo la tierra hace miles de años y significa volver a repetir otra vez experiencias y sufrimientos que ya hemos vivido. Todo ello con el recuerdo y la nostalgia interior de haber perdido una oportunidad de oro.
¿A donde nos lleva todo esto?, a una reflexión necesaria. Hemos de estar preparados para que venga lo que venga nuestros valores deben quedar íntegros, fieles al Maestro, soportando todas las pruebas que nos puedan sobrevenir, además de servir de soporte y de ayuda a todos los que se encuentren a nuestro alrededor y que puedan necesitar de nuestro apoyo y esclarecimiento.
Cuando la debilidad es fuerte y las pruebas nos puedan sumir en el sufrimiento, cuando se ponen a prueba nuestros valores, cuando nuestra fe se pone al límite, es entonces cuando hemos de dar el do de pecho, sacar fuerzas de flaqueza y demostrar las enseñanzas y la fortaleza interna que hemos adquirido. No sabemos lo que el Padre tiene dispuesto para nosotros, pero sí sabemos que antes o después a todos se nos ponen pruebas y experiencias en el camino para que demostremos el progreso alcanzado.
Por lo que vamos entendiendo no parece que la transición planetaria, el cambio de ciclo o como queramos llamarle, vaya a ser fácil, que sea sólo cuestión de un proceso de tiempo y por generación espontánea las cosas vayan a ir arreglándose. Al menos lo que se desprende de las palabras de Jesús lo desmiente, o por lo menos nos pone sobre aviso, insisto, SI NO FUESEN ABREVIADOS AQUELLOS DÍAS NINGÚN HOMBRE SERÍA SALVO.
Si Jesús, como guía espiritual de la Tierra, con toda esta serie de palabras que manifiesta en el evangelio, no se estuviera refiriendo a los días previos al cambio de ciclo… ¿A qué entonces se puede estar refiriendo? ¿A qué otro momento de la Historia? ¿Si esa parte de la Historia ya ha pasado, cuál es? Y si tiene que llegar, no nos queda otro momento crucial, si no es, el cambio de ciclo.
Es lógico pensar que parte del mensaje Jesús lo reservara precisamente a transmitirnos señales y enseñanzas de lo que acontecería en esos días.
Por lo tanto lo mejor que podemos hacer es prepararnos para ese momento lo mejor que podamos, empezando por tratar de entender que en efecto los tiempos son llegados; sea que nos encontremos encarnados o desencarnados, eso da igual; aunque los más afectados seamos los que nos encontremos encarnados, por la oportunidad que tenemos de aprovechar esta existencia, cumpliendo con los objetivos trazados antes de nacer.
Creemos que los momentos que vienen a la Tierra no son de dulce, se aproximan tiempos difíciles, que pondrán a prueba hasta a los elegidos, no debemos pues confiarnos, no dejemos en el olvido las advertencias de Jesús y pongámonos en el trabajo de perfeccionamiento que no admite esperas, ya no hay tiempo de reserva.
La falta de conocimiento espiritual es bestial. Muchos de los llamados han desoído la voz. Al entrar en la materia y estar en contacto con el mundo, tal como está, se han dejado llevar por el materialismo y el estado de las cosas. Lo que desde el plano espiritual se ve muy claro, una vez aquí en la materia es difícil llevarlo a la práctica.
La vida tal como se está desarrollando no apunta a una mejoría de la humanidad, la situación analizada desde el punto de vista al que se someta, no augura una mejoría en ningún aspecto. Nombrar los aspectos económicos, sociales, el terrorismo, el medio ambiente, la inversión de los valores, el cambio climático, los agujeros en la capa de ozono, los disturbios constantes en todo el planeta, las guerras y conflictos que no cesan, así como analizar las políticas que se están emprendiendo en los diferentes países dominantes, no generan esperanza ni optimismo, sino todo lo contrario.
A todos los que se vean forzados por ley a abandonar el planeta, mediante la transmigración que se aproxima, por no haber adquirido los valores necesarios, se llevarán un recuerdo imborrable, ¡la pérdida de la oportunidad que tuvieron al alcance de su mano!
Que están encarnando en la tierra espíritus ya con un nivel que les permite formar parte de un mundo de regeneración es algo que está claro y que se puede percibir. Esto sin embargo no elimina las pruebas y acontecimientos que se tengan que vivir pues esto lamentablemente no soluciona el estado general de las cosas, No es suficiente, ya que una vez aquí, a pesar de sus buenos propósitos e intenciones, se diluyen en el cómputo global de los encarnados. Si analizamos nuestra sociedad, tal y como está, ellos por sí solos no pueden corregir los desvíos y el régimen de las cosas y de vida establecidos.
Son muchos los espíritus buenos que van encarnando paulatinamente, pero por las palabras de Jesús, se han de abreviar los días y dar lugar a un corte más o menos drástico que de comienzo a un nuevo orden y una nueva generación. Entonces sí, en ese nuevo ambiente, la ayuda y el ejemplo de estos espíritus preparados si se hará efectiva y notoria, serán la punta de lanza, aquella que marque las pautas de un nuevo orden social para una nueva humanidad.
Mientras tanto pensar otra cosa parece que es misión imposible.
Fermín Hernández Hernández
© 2013 Amor, paz y caridad
INTRODUCCIÓN CONVIVENCIA
Ningún hombre tiene facultades completas. Por medio de la unión social se completan los unos a los otros para asegurarse el bienestar y progresar. De aquí que, necesitándose unos a otros, han sido hechos para vivir en sociedad y no aislados.
Allan Kardec. Libro de los Espíritus, Cap. VII, Ley de Sociedad.
Hemos querido dedicar una sección completa de nuestra revista a este aspecto de la vida social, “LA CONVIVENCIA” debido a la gran importancia que tiene, a la gran repercusión que conlleva, para bien, en todos aquellos grupos, asociaciones o reuniones de cualquier tipo, que haciendo un buen uso de esta cualidad, logren desarrollarse, compartiendo experiencias, ideas, actividades, sueños, ilusiones, empeños, etc.
La frase que encabeza este artículo nos da a entender lo importante que son las relaciones sociales, y como parte de las mismas la convivencia en todos los ámbitos de la vida. De hecho, no en vano, el libro de los espíritus dedica un capítulo entero a esta cuestión debido a la transcendencia que tiene para el ser humano, para su evolución y desarrollo.
Ningún hombre tiene facultades completas. Cierto, por ello la necesidad de unirse, para que los objetivos trazados puedan llegar a cumplirse, gracias a la voluntad de todos y cada uno de los componentes de una sociedad.
Pero unirse no es estar juntos, es algo muy diferente, se puede estar juntos pero separados por un muro que distancia a las personas. Estar unidos es estar compenetrados, sentirse cercanos, sentirse amigos, atraídos por los fines y objetivos mutuos. Las personas podemos unirnos por muchos aspectos, en nuestro caso es la filosofía espírita la que nos lleva a compartir ideas y criterios y a proponer métodos de acción y un sin fin de actividades que concurran en la difusión y propagación de la idea. Llegados aquí falta lo esencial, esa chispa que ha de movilizarnos e ir nutriéndonos de energías, entusiasmo e ilusión, para emprender este laborioso camino, esa energía sale de la afinidad y la simpatía recíprocas, de la unión sincera entre los componentes de un grupo y del deseo de progresar llevando a cabo dichas metas.
Es por ello que la convivencia cumple una finalidad primordial para llegar a ese punto de encuentro entre las almas y corazones de los miembros de un grupo, sin esta unión sincera y de hermandad no será posible que los objetivos y metas se puedan conseguir. Hemos de ser conscientes de que obstáculos y problemas van a surgir con toda seguridad, y estos no se pueden superar sin la afinidad y la puesta en marcha de las cualidades morales por parte de todos los componentes. Dichas cualidades se desarrollan por medio de la convivencia, por medio del roce y del cariño que surgen en el trato diario y al compartir los objetivos. Es necesario ir todos a una.
Visto y comprobado está que sin esta unión cada miembro tira para un lado y así no solo es imposible el poder convivir juntos, sino que por el contrario se producen los desencuentros, las críticas destructivas, la separación y disgregación de los miembros del grupo que terminará por disuadirse, o lo que es peor quedará en manos de la parte espiritual negativa que es especialista en crear cizaña y malograr a los grupos para que no lleven a buen fin sus tareas y objetivos.
Es notorio que por multitud de circunstancias, en muchos grupos y asociaciones, así como a nivel familiar, no se practica como es debido esta cualidad, la de convivir. Estamos juntos, compartimos el mismo espacio, pero no nos conocemos, apenas nos tratamos, estamos separados por líneas invisibles que nos impiden disfrutar de la compañía y de las buenas cualidades que tiene el otro. De esta forma, ni las reuniones ni la familia cumplen los nobles y buenos propósitos que han de ser su fin: la ayuda mutua para el progreso social y el desarrollo espiritual individual de cada uno.
Vivimos sin darnos cuenta aislados los unos de los otros, nos cuesta compartir, nos cuesta ofrecer, nos cuesta manifestarnos tal como somos, con naturalidad. Muchas veces esto se debe a la falta de costumbre de convivir y de expresar nuestras ideas con sencillez y humildad. Tememos unas veces el rechazo, que nuestras ideas no sean correctas o acertadas, tememos que no se nos valore, en definitiva el temor, la cobardía, el orgullo, el egoísmo, en resumen los defectos morales, siempre los defectos morales insistimos en esto, provocan una falta de convivencia y por tanto persiste el que nos mantengamos aislados, encerrados en nosotros mismos, aunque compartamos muchas horas de unión con otras personas, pero unión material, no unión espiritual y de compromiso mutuo.
En este sentido la convivencia nos da una oportunidad de oro para que aprendamos a conocernos a nosotros mismo tal como somos, así como a valorar y apreciar el trabajo y el esfuerzo del resto de los componentes, y si verdaderamente estamos dispuestos a cambiar y progresar no nos falta mas que ponernos en marcha, ver qué cambios hemos de dar en nuestra conducta, y qué hemos de corregir y con toda la humildad del mundo ir poco a poco rompiendo moldes y barreras y abriéndonos a los demás, De este modo si que cambiaremos y haremos que nuestro yo espiritual vaya engrandeciéndose.
Si nos mantenemos solos y aislados es muy difícil que podamos llegar a conocernos, no viviremos las experiencias que nos obliguen a mejorar, no tendremos problemas, ni discutiremos con nadie, pero nuestra vida será inocua y falta de sentido, en una palabra habremos perdido la existencia.
Al convivir y compartir nuestra vida colaboramos de buen grado, aportando nuestro grano de arena al conjunto, progresamos individualmente y ayudamos al progreso del conjunto, haciendo fácil lo difícil, y proponiendo cada día metas más elevadas y nobles, dejamos de ver los errores en los demás, ¡son tantos los nuestros! que no perdemos ni un ápice de nuestro tiempo en censurar a los demás. Nos sentiremos a gusto, integrados en el grupo, partícipes de él, en nuestra medida, y contribuimos a crear un buen ambiente dentro del mismo, alejando a la par a las malas influencias, que sin duda siempre estarán revoloteando sobre el mismo intentando repescar a todos aquellos que, por sus defectos no estén en sintonía.
En definitiva la convivencia no trae más que ventajas y cosas positivas, en principio para uno mismo, y por ende para el grupo. No conozco ninguna contraindicación ni desventaja acerca de la convivencia. Todo son ventajas y fórmulas esperanzadoras las que nos ofrece. Aparta de nosotros la comodidad y la monotonía, nos mantiene alerta para no caer en el egoísmo y en causar ningún perjuicio a los demás, abre paso al amor que surge por los lazos de amistad y por los éxitos alcanzados, nos hincha el corazón de alegría y felicidad y pone de manifiesto que entre todos, no hay nada imposible de conseguir.
Porqué entonces no darle el valor que tiene esta cualidad, y nos proponemos como meta fundamental y como premisa para la práctica del espiritismo la obligación de convivir y de crear auténticos lazos de amistad entre los miembros de un grupo.
No dejemos que las comodidades y los defectos nos impidan establecer esas bases, sin las cuales es muy difícil que un grupo cumpla sus objetivos y demos al mundo la verdadera imagen de lo que es el espiritismo.
Introducción Convivencia por: Fermín Hernández Hernández
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GRATITUD
ATENCIÓN FRATERNA
CONCORDIA
Afrontamos en esta ocasión desarrollar uno de los valores del que posiblemente estemos más necesitados en la actualidad presente, debido a los innumerables desacuerdos y enfrentamientos que dividen a la sociedad en general. Desacuerdos a todos los niveles, que generan conflictos, desavenencias, rebeldía, malestar en general. Y una sociedad que está dividida y rota, por la falta de concordia, no puede conciliar una vida en paz y orden.
Fundamentalmente, para llegar a crear un espíritu de concordia, es preciso que tengamos voluntad y deseos de lograrlo. Muchas veces carecemos de esta voluntad, preferimos vivir con odios o querellas enquistadas, no saber nada del otro, ignorarlo, o lo que es peor, vivir indefinidamente enfrentados a él. Lo normal en estos casos es pensar que llevamos toda la razón, que de una u otra forma se nos ha ofendido, se nos a faltado el respeto, se ha abusado de nosotros, etc. etc. Lo que sea, da igual, el caso es que sólo vemos la paja en el ojo ajeno, y no entrevemos la viga en el nuestro.
Esto supone lógicamente un verdadero obstáculo para poder llegar a convivir en buena unión y armonía con los seres que nos rodean. Si creemos que tenemos toda la razón, no estaremos dispuestos a ceder ni un ápice. Comienza aquí toda una serie de procesos en nuestra mente y en nuestro corazón, que sólo van a conseguir, aumentar mucho más la raíz del problema y enmarañarlo hasta cotas inusitadas, no vamos a ser capaces de parar ese proceso y, en consecuencia, las fuerzas poderosas de baja condición del mundo espiritual van a potenciar “la discordia” con toda esa serie de pensamientos y sentimientos que lejos de ayudarnos a descubrir nuestros defectos y errores, nos amplificarán y harán ver mucho más grandes los defectos y errores de aquellos con los que tenemos algún desacuerdo.
La Ley de Afinidad juega en estos casos un papel fundamental, pues en la misma medida que damos paso a considerar errores y defectos en los demás, estamos ocultando los nuestros, y sólo atraemos a nuestro raciocinio justificaciones que refuercen la manera de atentar contra el otro; en ese momento nos aliamos a fuerzas negativas que explotarán nuestros defectos sumiéndonos en una vorágine de confusión.
Tener la razón, (si es que la tenemos), no es suficiente. Cuando creemos que estamos armados de razón, actuamos con todas nuestras fuerzas en contra del otro, perdemos el valor de la conciliación, y normalmente actuamos de manera desmedida y con falta de respeto, destacamos los fallos y errores del otro, nos importa más atacar y dejar en evidencia, actuamos como niños enfadados y de ese modo acabamos perdiendo la razón.
Con esta actitud lo que conseguimos es poner a la defensiva a nuestro “enemigo” porque en realidad en el fondo de nuestro corazón lo consideramos enemigo, rival, contrincante. Es aquel que nos ha hecho daño, y lo tiene que reparar por encima de todo, en lugar de intentar hallar una solución que, razones aparte, una fraternalmente a las personas con ese espíritu de concordia y de conciliación que es lo primordial.
Conciliar significa dejar a un lado las razones, para allanar el camino, para tender puentes y conseguir que en nuestra mente y corazón no prosperen los sentimientos inferiores que sacan de nosotros nuestro lado más primario. Significa perdonar, tolerar, comprender, ceder, dialogar, etc. etc. normas de comportamiento que ayudan a establecer lazos de unión y simpatía entre las personas, lazos de afecto y cariño que son las armas que poseemos para rodearnos de un halo de conectividad positiva, tanto entre las personas, como entre los buenos espíritus.
Una actitud mental positiva, una conducta siempre prudente y conciliadora, nos hará rodearnos de fuerzas espirituales superiores que nos procurarán el amparo, la protección y una inspiración siempre inclinada a no culpabilizar a los demás de nuestras desdichas o carencias, sino siempre buscar el modo de corregirnos y buscar el ambiente de armonía y equilibrio tan necesario en nuestras relaciones.
Es muy frecuente advertir serias controversias y disputas entre personas que tienen una relación muy directa. ¿Cuál es el motivo? No es otro que los defectos e imperfecciones que todavía anidan en el carácter. Sin darnos cuenta nuestros instintos nos llevan a querer dominar el entorno. Queremos tener plena preponderancia en nuestra parcela, son los restos de nuestra naturaleza inferior, son los ecos del egoísmo y del orgullo; sino dominamos nuestra parcela nos sentimos débiles, dominados, y los defectos nos juegan una mala pasada, eso es algo que debemos advertir y vigilar para que los mismos no supongan una tara para el perfecto equilibrio y convivencia armónica con nuestros seres más allegados y queridos.
Para todos aquellos que pretendemos desarrollar una vida espiritual, y una mejora en nuestra conducta, aquellos que deseamos elevarnos por encima de los defectos, que son la base de todos lo problemas de la sociedad, tenemos que saber ignorar nuestros egoísmos y orgullos infantiles, para limpiarnos y saber sacar provecho de estos hechos, no justificándonos si tenemos o no razón en nuestros argumentos, sino impidiendo que las bajas pasiones y defectos nos dominen y dejen en evidencia las carencias espirituales que tenemos.
“El corazón tiene razones que la razón no entiende”
Pascal (matemático y filósofo francés s. XVII)
HOSPITALIDAD
[infobox]Hospitalidad:
1. Virtud que se ejercita con peregrinos, menesterosos y desvalidos, recogiéndolos y prestándoles la debida asistencia en sus necesidades.[/infobox]
Hemos de distinguir las diferentes facetas en las que puede manifestarse esta virtud. En la primera acepción tendremos que hacer gala especialmente de valores ligados todos ellos a la caridad en su expresión más delicada. La entrega a las personas necesitadas, que lo pueden ser por diferentes motivos, prestándoles una atención primaria, y facilitándoles todos aquellos recursos y bienes que puedan estar necesitando para coger fuerzas y proseguir su camino.
Toda persona a la que se le preste en un momento dado la atención, cuidados y detalles, que se le trate con respeto y en definitiva se le auxilie de algún modo en aquellas necesidades de las que precise, no lo olvidará nunca, y se llevará en su alma un ejemplo que sin duda le servirá, antes o después, como pauta de conducta, a lo largo de su experiencia en la tierra.
En efecto, como telón de fondo tiene que existir en nosotros un sentimiento de ayuda y caridad, porque para practicar esta virtud, es necesario que llevemos dentro esa cualidad que nos alienta a entregarnos a los demás, si no poseemos ese espíritu de entrega, pasarán por delante de nosotros, a lo largo de nuestra vida, multitud de experiencias en las que podamos desarrollar esta virtud, y sin embargo, nos pasarán desapercibidas.
Más tarde, cuando nos encontremos ya en el mundo espiritual, se nos pasará el video de lo nuestra vida, para que nos hagamos conscientes de las veces que pudimos y debimos ser hospitalarios, y no lo fuimos. Será ese un momento de pesar para nuestra alma.
La práctica de la hospitalidad debiera ser una pauta natural en todos aquellos que poseemos inquietudes espirituales y deseos de progreso, pues es la manera más pura y limpia de demostrar lo que hemos aprendido. Lo que se aprende en las aulas, en los libros, en las reuniones, se ha de plasmar después en la vida real.
Es en la vida real donde se aprende y se demuestra todo aquello que hemos asimilado. Para eso encarnamos en una materia, para corregir los errores cometidos por un lado, y para desarrollar los conocimientos adquiridos.
Una práctica muy común, por parte de muchos grupos y personas anónimas, es la entrega de alimentos, para socorrer a familias y personas necesitadas. Esto está muy bien, y es algo que en estos tiempos se hace necesario, pero es una forma material de practicar la caridad, que no implica muchos de los valores que deben concurrir para ejercer la hospitalidad, que va mucho más allá de este hecho.
Para ejercer de manera correcta las virtudes del espíritu, lo importante no es lo que se hace, sino cómo se hace, qué es lo que se transmite, cómo se llega al corazón de las personas. Hemos de tener en cuenta que lo importante son siempre las personas, antes que otras muchas cosas. Siempre hay que establecer un orden de prioridades, a la hora de aprovechar bien nuestro tiempo, y debemos saber qué es a lo que nos queremos dedicar. En este apartado, es preciso tener en cuenta que las personas deben figurar en los primeros puestos de nuestras preferencias.
Podemos apartar momentáneamente a un lado actividades, que se pueden dejar para mañana, pero a las personas si las dejamos para mañana, podemos perder muchas oportunidades de progreso y de perfección. No olvidemos que nos hacemos mejores, y adquirimos la perfección que vamos buscando, en el contacto con las personas, a través de la hospitalidad, gracias a nuestra entrega y ayuda siempre desinteresada.
El estudio, el conocimiento, no nos hace mejores si no lo llevamos a la práctica, tan solo nos puede hacer más responsables. A más conocimiento más responsabilidad, pero no produce en nosotros una mejora significativa, ni mucho menos. En muchas ocasiones el conocimiento y el estudio nos suben el orgullo y la vanidad, nos llevan incluso a una falsa modestia, pero no nos hace mejores. En una palabra, necesitamos estudiar menos y practicar más.
Se produce una gran decepción cuando personas preparadas intelectualmente, y con una gran instrucción vemos que no van acompañadas de una buena práctica. Entonces pasa lo de siempre, “predica fraile, que predicas en el aire”.
Para llegar a ser hospitalarios, se precisa una buena escuela, no una escuela de estudiar y estudiar, sino una escuela en la que la prioridad sea el progreso del espíritu, una escuela que nos lleve a pensar en los demás, una escuela en la que nos digamos ¿Y esto como se hace? Después del estudio ¿Cómo lo llevo a la práctica? Desde luego si todas las actividades que desarrollamos se dedican al estudio. ¿cuando las voy a poder aplicar?
[infobox]Hospitalidad:
2. Buena acogida y recibimiento que se hace a los extranjeros o visitantes.[/infobox]
Esta segunda acepción del diccionario es sumamente importante, pues se refiere a una hospitalidad de carácter más espiritual, ya entran en juego otros valores como la amabilidad, el afecto, el cariño, la amistad, la cortesía, las buenas maneras, el amor en definitiva . Aquí ya es diferente la actitud que hemos de tomar con amigos, y visitantes. Es una prueba en la que verdaderamente vamos a sacar lo que llevamos dentro, y vamos a mostrar lo que hemos aprendido, si han sido sólo conocimientos, que quedan ahí, o auténticamente hemos sacado la esencia de los mismos.
Como anfitriones el buen trato, el afecto, el cariño, la amabilidad, la delicadeza, la atención, y otras muchísimas facetas de la educación y las buenas formas, no nos pueden faltar nunca cuando tengamos la ocasión de recibir a quién nos venga a visitar a nuestra casa. No podemos menos que ser cordiales, conciliadores y respetuosos. Actuar de la misma manera que nos gustaría que nos tratasen a nosotros. Hemos de procurar por todos los medios que nuestros visitantes se sientan en primer lugar cómodos, como si estuviesen en su casa, como se suele decir, pero de verdad, que no sea una frase hecha, integrados, que sientan el afecto y que en serio son bien recibidos.
Llega un momento que es la hora de la acción, cuando el vaso está lleno hay que saber darlo en buenas dosis. Qué mejor ocasión que cuando se nos presenta la oportunidad de abrir nuestro corazón y dar rienda a los valores del espíritu. No es preciso esperar que vengan a visitarnos, también es necesario abrir la puerta de nuestra casa, invitando a aquellos que comparten nuestros ideales, y a todos aquellos que de una u otra forma llamen a nuestra puerta. Pensemos que no será casualidad que alguien llegue a nuestra casa, tal vez sea la prueba que necesitamos para dar paso a la practica de lo aprendido en la teoría.
Hay multitud de maneras de ser hospitalario, y de llevar a buen fin una jornada de convivencia con seres amigos o con personas que nos quieren conocer, compartir experiencias, fomentar un buen diálogo, exponer opiniones y maneras de hacer las cosas, organizar un buen almuerzo, etc. todo lo que pueda contribuir a pasar una jornada amena y atractiva en la que nuestros visitantes pueden marchar satisfechos y con la sensación de haber aprovechado positivamente un viaje.
En algunas ocasiones hemos ido a algún lugar y nos hemos sentido extraños, incómodos, como que molestamos, no nos hemos encontrado a gusto, deseamos marcharnos, ¿cuál es la razón? Sin duda el desconocimiento por parte de los anfitriones de lo que significa la hospitalidad.
Es una pena que no siempre se valore lo que significa el esfuerzo que representa el que unas personas vengan a visitarnos. Pero lo peor es que se dejan al descubierto muchas carencias que todavía tenemos, y que es preciso descubrir para ponerse a trabajar cuanto antes sobre las mismas.
Haz a los demás lo que quisieras que te hicieran a ti.
Fermín Hernández Hernández
© 2014 Amor, paz y caridad






