Valores humanos

LA RESPONSABILIDAD

Uno de los valores que tienen más aprecio desde un punto de vista espiritual, es éste que trata el artículo de este mes. Esta particularidad tiene también gran importancia en el terreno humano a cualquier nivel, ya sea profesional, familiar, o social.

Por responsabilidad entendemos la obligación que se tiene de responder ante algo concreto. En el terreno espiritual, que es el que a nosotros nos interesa, responsabilidad es asumir con efectividad, con voluntad, y con todas las actitudes necesarias para ello, una tarea encomendada. Responsable es pues la persona que manifiesta una voluntad para cumplir o llevar a cabo aquello con lo que se ha comprometido, y lo hace de buena gana, con desprendimiento y soltura, puesto que es algo que ha aceptado y asumido libremente.

Una persona responsable debe ser por tanto consciente, trabajador, despierto y no tolerarse ni permitirse ningún tipo de negligencia o menoscabo en el cumplimiento de las obligaciones y deberes que le han sido confiados.

Responsabilidad es un sentimiento interior que transmite fuerza y decisión para tomarnos las cosas con la debida seriedad y disciplina. Responsabilidad es poner todos los medios y cualidades a nuestro alcance en marcha para resolver de las obligaciones y compromisos que tenemos y que se nos plantean cada día en todos los terrenos y actividades.

Una persona responsable transmite seguridad y tranquilidad. Sabemos cómo va a reaccionar, conocemos que es una persona noble y digna de fiarle empresas y tareas de dedicación y de corte delicado. Sabemos, en una palabra, que no nos va a fallar, que es leal y que su conducta, sus reglas y principios le llevan en todo momento a actuar honradamente, fiel al cumplimiento de sus responsabilidades.

Cuando una persona es responsable siempre da la cara, expone el resultado de sus acciones y difícilmente se ve asaltado por el elemento sorpresa, porque es al mismo tiempo precavido y sabe desenvolverse ante las dificultades, ya que le gusta cumplir con su cometido y no rendirse a las primeras de cambio. La responsabilidad es un sentimiento que se lleva dentro, es parte del progreso del espíritu, de aquellos que saben que no se puede engañar a nadie, que es uno a sí mismo a quien se engaña, que la verdad no se le puede ocultar al Padre que todo lo ve, y que nos juzga por todos nuestros actos, sean mayores o menores.

Si por el contrario se es inconsciente e irresponsable, se tratará de buscar excusas y justificaciones cuando no hemos cumplido con el deber asignado, o con aquello que moralmente era de nuestra obligación atender, o en el peor de los casos tratar de volcar la responsabilidad en otros. A veces cuesta más trabajo ocultar la verdad y querer evitar que se conozcan nuestros fallos, que asumir nuestros errores, o simplemente reconocer que no hemos podido hacer todo cuanto hubiéramos querido.

“Hace más el que quiere que el que puede”. Esta cita, que procede del refranero español, encierra una de las características que trae consigo el ser responsable y voluntarioso. La responsabilidad al ser un valor espiritual motiva a la persona al cumplimiento de sus funciones y deberes, y sobre todo al cumplimiento de los principios que como norma interior y sagrada le va marcando en cada momento la conciencia, como patrimonio personal adquirido en el transcurso de su evolución. Por eso a la persona responsable no es necesario hacerle hincapié, ni insistirle, sino que ella misma con esa regla interior que le guía y a la que se debe, tratará siempre de hacer las cosas lo mejor posible, porque principalmente esta es la forma de sentirse mejor consigo mismo.

Vemos que la responsabilidad es, aparte de una obligación, que nos puede corresponder por el mero de hecho de ocupar un cargo o un rango, una característica personal de cada individuo, y una distinción que le define del resto, como persona a la que se puede acudir en un momento dado, al merecernos seguridad y confianza y saber que siempre está dispuesto a ayudar y a hacer algo por sus semejantes.

La responsabilidad es por tanto una virtud muy especial, una característica de aquellas personas emprendedoras, valientes, luchadoras y de corazón noble, que ansían conseguir algo en la vida, y que se hacen adelante comprometiéndose con misiones y tareas, por su propia voluntad y deseos de trabajo y cooperación con otros. Por lo tanto, ser responsable es una actitud que se va manifestando poco a poco ya desde la niñez, y que los padres y educadores han de ir ayudando a que el niño vaya desarrollando aptitudes que le vayan responsabilizando, en la medida de sus posibilidades, no sólo a que sea responsable con sus decisiones y obligaciones, sino también a incentivarlo en la toma de responsabilidades, con lo cual el niño aprende a actuar con disciplina y seriedad, cuando así lo demanden las situaciones, y se evita el riesgo de convertir al niño en un ser ocioso, cómodo, perezoso y demás actitudes que son el contrapunto de la responsabilidad.

No obstante, ante la responsabilidad que se adquiere al hacernos cargo y asumir un compromiso, hemos de tener en cuenta nuestra fuerza y las posibilidades reales que tenemos para la consecución de aquello, y no aceptar una responsabilidad que no podamos o no sepamos si podremos llevar a cabo; o que por algún motivo no estemos dispuestos a realizar. Hemos de ser conscientes de que cuando se toma una responsabilidad estamos dispuestos a cumplir con ella, y que poseemos los medios necesarios para no fallar. De lo contrario se nos puede tildar de irresponsables.

Fermín Hernández Hernández
© 2014 Amor, paz y caridad
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