Convivencia

INTRODUCCIÓN  

Ningún hombre tiene facultades completas. Por medio de la unión social se completan los unos a los otros para asegurarse el bienestar y progresar. De aquí que, necesitándose unos a otros, han sido hechos para vivir en sociedad y no aislados. 

Allan Kardec. Libro de los Espíritus, Cap. VII, Ley de Sociedad.

 

Hemos querido dedicar una sección completa de nuestra revista a este aspecto de la vida social, “LA CONVIVENCIA” debido a la gran  importancia que tiene, a la gran repercusión que conlleva, para bien, en todos aquellos grupos, asociaciones o reuniones de cualquier tipo, que haciendo un buen uso de esta cualidad, logren desarrollarse, compartiendo experiencias, ideas, actividades, sueños, ilusiones, empeños, etc.

La frase que encabeza este artículo nos da a entender lo importante que son las relaciones sociales, y como parte de las mismas la convivencia en todos los ámbitos de la vida. De hecho, no en vano, el libro de los espíritus dedica un capítulo entero a esta cuestión debido a la transcendencia que tiene para el ser humano, para su evolución y desarrollo.

Ningún hombre tiene facultades completas. Cierto, por ello la necesidad de unirse, para que los objetivos trazados puedan llegar a cumplirse, gracias a la voluntad de todos y cada uno de los componentes de una sociedad.

Pero unirse no es estar juntos, es algo muy diferente, se puede estar juntos pero separados por un muro que distancia a las personas. Estar unidos es estar compenetrados, sentirse cercanos, sentirse amigos, atraídos por los fines y objetivos mutuos. Las personas podemos unirnos por muchos aspectos, en nuestro caso es la filosofía espírita la que nos lleva a compartir ideas y criterios y a proponer métodos de acción y un sin fin de actividades que concurran en la difusión y propagación de la idea. Llegados aquí falta lo esencial, esa chispa que ha de movilizarnos e ir nutriéndonos de energías, entusiasmo e ilusión, para emprender este laborioso camino, esa energía sale de la afinidad y la simpatía recíprocas, de la unión sincera entre los componentes de un grupo y del deseo de progresar llevando a cabo dichas metas.

Es por ello que la convivencia cumple una finalidad primordial para llegar a ese punto de encuentro entre las almas y corazones de los miembros de un grupo, sin esta unión sincera y de hermandad no será posible que los objetivos y metas se puedan conseguir. Hemos de ser conscientes de que obstáculos y problemas van a surgir con toda seguridad, y estos  no se pueden superar sin la afinidad y la puesta en marcha de las cualidades morales por parte de todos los componentes. Dichas cualidades se desarrollan por medio de la convivencia, por medio del roce y del cariño que surgen en el trato diario y al compartir los objetivos. Es necesario ir todos a una.

Visto y comprobado está que sin esta unión cada miembro tira para un lado y así no solo es imposible el poder convivir juntos, sino que por el contrario se producen los desencuentros, las críticas destructivas, la separación y disgregación de los miembros del grupo que terminará por disuadirse, o lo que es peor quedará en manos de la parte espiritual negativa que es especialista en crear cizaña y malograr a los grupos para que no lleven a buen fin sus tareas y objetivos.

Es notorio que por multitud de circunstancias, en muchos grupos y asociaciones, así como a nivel familiar, no se practica como es debido esta cualidad, la de convivir. Estamos juntos, compartimos el mismo espacio, pero no nos conocemos, apenas nos tratamos, estamos separados por líneas invisibles que nos impiden disfrutar de la compañía y de las buenas cualidades que tiene el otro. De esta forma, ni las reuniones ni la familia cumplen los nobles y buenos propósitos que han de ser su fin: la ayuda mutua para el progreso social y el desarrollo espiritual individual de cada uno.

Vivimos sin darnos cuenta aislados los unos de los otros, nos cuesta compartir, nos cuesta ofrecer, nos cuesta manifestarnos tal como somos, con naturalidad. Muchas veces esto se debe a la falta de costumbre de convivir y de expresar nuestras ideas con sencillez y humildad. Tememos unas veces el rechazo, que nuestras ideas no sean correctas o acertadas, tememos que no se nos valore, en definitiva el temor, la cobardía, el orgullo, el egoísmo, en resumen los defectos morales, siempre los defectos morales insistimos en esto, provocan una falta de convivencia y por tanto persiste el que nos mantengamos aislados, encerrados en nosotros mismos, aunque compartamos muchas horas de unión con otras personas, pero unión material, no unión espiritual y de compromiso mutuo.

En este sentido la convivencia nos da una oportunidad de oro para que aprendamos a conocernos a nosotros mismo tal como somos, así como a valorar y apreciar el trabajo y el esfuerzo del resto de los componentes, y si verdaderamente estamos dispuestos a cambiar y progresar no nos falta mas que ponernos en marcha, ver qué cambios hemos de dar en nuestra conducta, y qué hemos de corregir y con toda la humildad del mundo ir poco a poco rompiendo moldes y barreras y abriéndonos a los demás, De este modo si que cambiaremos y haremos que nuestro yo espiritual vaya engrandeciéndose.

Si nos mantenemos solos y aislados es muy difícil que podamos llegar a conocernos, no viviremos las experiencias que nos obliguen a mejorar, no tendremos problemas, ni discutiremos con nadie, pero nuestra vida será inocua y falta de sentido, en una palabra habremos perdido la existencia.

Al convivir y compartir nuestra vida colaboramos de buen grado, aportando nuestro grano de arena al conjunto, progresamos individualmente y ayudamos al progreso del conjunto, haciendo fácil lo difícil, y proponiendo cada día metas más elevadas y nobles, dejamos de ver los errores en los demás, ¡son tantos los nuestros! que no perdemos ni un ápice de nuestro tiempo en censurar a los demás. Nos sentiremos a gusto, integrados en el grupo, partícipes de él, en nuestra medida, y contribuimos a crear un buen ambiente dentro del mismo, alejando a la par a las malas influencias, que sin duda siempre estarán revoloteando sobre el mismo intentando repescar a todos aquellos que, por sus defectos no estén en sintonía.

En definitiva la convivencia no trae más que ventajas y cosas positivas, en principio para uno mismo, y por ende para el grupo. No conozco ninguna contraindicación ni desventaja acerca de la convivencia. Todo son ventajas y fórmulas esperanzadoras las que nos ofrece. Aparta de nosotros la comodidad y la monotonía, nos mantiene alerta para no caer en el egoísmo y en causar ningún perjuicio a los demás, abre paso al amor que surge por los lazos de amistad y por los éxitos alcanzados, nos hincha el corazón de alegría y felicidad y pone de manifiesto que entre todos, no hay nada imposible de conseguir.

Porqué entonces no darle el valor que tiene esta cualidad, y nos proponemos como meta fundamental y como premisa para la práctica del espiritismo la obligación de convivir y de crear auténticos lazos de amistad entre los miembros de un grupo.

No dejemos que las comodidades y los defectos nos impidan establecer esas bases, sin las cuales es muy difícil que un grupo cumpla sus objetivos y demos al mundo la verdadera imagen de lo que es el espiritismo.

Fermín Hernández Hernández

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