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HOSPITALIDAD

Hospitalidad:

1. Virtud que se ejercita con peregrinos, menesterosos y desvalidos, recogiéndolos y prestándoles la debida asistencia en sus necesidades.

 Hemos de distinguir las diferentes facetas en las que puede manifestarse esta virtud. En la primera acepción tendremos que hacer gala especialmente de valores ligados todos ellos a la caridad en su expresión más delicada. La entrega  a las personas necesitadas, que lo pueden ser por diferentes motivos, prestándoles una atención primaria, y facilitándoles todos aquellos recursos y bienes que puedan estar necesitando para coger fuerzas y proseguir su camino.

Toda persona a la que se le preste en un momento dado la atención, cuidados y detalles, que se le trate con respeto y en definitiva se le auxilie de algún modo en aquellas necesidades de las que precise, no lo olvidará nunca, y se llevará en su alma un ejemplo que sin duda le servirá, antes o después, como pauta de conducta, a lo largo de su experiencia en la tierra.

En efecto, como telón de fondo tiene que existir en nosotros un sentimiento de ayuda y caridad, porque para practicar esta virtud, es necesario que llevemos dentro  esa cualidad que nos alienta a entregarnos a los demás, si no poseemos ese espíritu de entrega, pasarán por delante de nosotros, a lo largo de nuestra vida, multitud de experiencias en las que podamos desarrollar esta virtud, y sin embargo, nos pasarán desapercibidas.

Más tarde, cuando nos encontremos ya en el mundo espiritual, se nos pasará el video de lo  nuestra vida, para que nos hagamos conscientes de las veces que pudimos y debimos ser hospitalarios, y no lo fuimos. Será ese un momento de pesar para nuestra alma.

La práctica de la hospitalidad debiera ser una pauta natural en todos aquellos que poseemos inquietudes espirituales y deseos de progreso, pues es la manera más pura y limpia de demostrar lo que hemos aprendido. Lo que se aprende en las aulas, en los libros, en las reuniones, se ha de plasmar después en la vida real.

Es en la vida real donde se aprende y se demuestra todo aquello que hemos asimilado. Para eso encarnamos en una materia, para corregir los errores cometidos por un lado, y para desarrollar los conocimientos adquiridos.

Una práctica muy común, por parte de muchos grupos y personas anónimas, es la entrega de alimentos, para socorrer a familias y personas necesitadas. Esto está muy bien, y es algo que en estos tiempos se hace necesario, pero es una forma material de practicar la caridad, que no implica muchos de los valores que deben concurrir para ejercer la hospitalidad, que va mucho más allá de este  hecho.

Para ejercer de manera correcta las virtudes del espíritu, lo importante no es lo que se hace, sino cómo se hace, qué es lo que se transmite, cómo se llega al corazón de las personas. Hemos de tener en cuenta que lo importante son siempre las personas, antes que otras muchas cosas. Siempre hay que establecer un orden de prioridades, a la hora de aprovechar bien nuestro tiempo, y debemos saber qué es a lo que nos queremos dedicar. En este apartado, es preciso tener en cuenta que las personas deben figurar en los primeros puestos de nuestras preferencias.

Podemos apartar momentáneamente  a un lado  actividades, que se pueden dejar para mañana, pero a las personas si las dejamos para mañana, podemos perder muchas oportunidades de progreso y de perfección. No olvidemos que nos hacemos mejores, y adquirimos la  perfección que vamos buscando, en el contacto con las personas, a través de la hospitalidad, gracias a nuestra entrega y ayuda siempre desinteresada.

El estudio, el conocimiento, no nos hace mejores si no lo llevamos a la práctica, tan solo nos puede hacer más responsables. A más conocimiento más responsabilidad, pero no produce en nosotros una mejora significativa, ni mucho menos. En muchas ocasiones el  conocimiento y  el estudio nos suben el orgullo y la vanidad, nos llevan incluso a una falsa modestia, pero no nos hace mejores. En una palabra, necesitamos estudiar menos y practicar más.
Se produce una gran decepción cuando personas preparadas intelectualmente, y con una gran instrucción vemos que no van acompañadas de una buena práctica. Entonces pasa lo de siempre, “predica fraile, que predicas en el aire”.

Para llegar a ser hospitalarios, se precisa una buena escuela, no una escuela de estudiar y estudiar, sino una escuela en la que la prioridad sea el progreso del espíritu, una escuela que nos lleve a pensar en los demás, una escuela en la que nos digamos ¿Y esto como se hace? Después del estudio ¿Cómo lo llevo a la práctica? Desde luego si todas las actividades que desarrollamos se dedican al estudio. ¿cuando las voy a poder aplicar?

Hospitalidad:

2. Buena acogida y recibimiento que se hace a los extranjeros o visitantes.

Esta segunda acepción del diccionario es sumamente importante, pues se refiere a una hospitalidad de carácter más espiritual, ya entran en juego otros valores como la amabilidad, el afecto, el cariño, la amistad, la cortesía, las buenas maneras, el amor en definitiva . Aquí ya es diferente la actitud que hemos de tomar con amigos, y visitantes. Es una prueba en la que verdaderamente vamos a sacar lo que llevamos dentro, y vamos a mostrar lo que hemos aprendido, si han sido sólo conocimientos, que quedan ahí, o auténticamente hemos sacado la esencia de los mismos.

Como anfitriones el buen trato, el afecto, el cariño, la amabilidad, la delicadeza, la atención, y otras muchísimas facetas de la educación y las buenas formas, no nos pueden faltar nunca cuando tengamos la ocasión de recibir a quién nos venga a visitar a nuestra casa. No podemos menos que ser cordiales, conciliadores y respetuosos. Actuar de la misma manera que nos gustaría que nos tratasen a nosotros. Hemos de procurar por todos los medios que nuestros visitantes se sientan en primer lugar cómodos, como si estuviesen en su casa, como se suele decir, pero de verdad, que no sea una frase hecha, integrados, que sientan el afecto y que en serio son bien recibidos.

Llega un momento que es la hora de la acción, cuando el vaso está lleno hay que saber darlo en buenas dosis. Qué mejor ocasión que cuando se nos presenta la oportunidad de abrir nuestro corazón y dar rienda a los valores del espíritu. No es preciso esperar que vengan a visitarnos, también es necesario abrir la puerta de nuestra casa, invitando a aquellos que comparten nuestros ideales, y a todos aquellos que de una u otra forma llamen a nuestra puerta. Pensemos que no será casualidad que alguien llegue a nuestra casa, tal vez sea la prueba que necesitamos para dar paso a la practica de lo aprendido en la teoría.

Hay multitud de maneras de ser hospitalario, y de llevar a buen fin  una jornada de convivencia con seres amigos o con personas que nos quieren conocer, compartir experiencias, fomentar un buen diálogo, exponer opiniones y maneras de hacer las cosas, organizar un buen almuerzo, etc. todo lo que pueda contribuir a pasar una jornada amena y atractiva en la que nuestros visitantes pueden marchar satisfechos y con la sensación de haber aprovechado positivamente un viaje.

En algunas ocasiones hemos ido a algún lugar y nos hemos sentido extraños, incómodos, como que  molestamos, no nos hemos encontrado a gusto, deseamos marcharnos, ¿cuál es la razón? Sin duda el desconocimiento por parte de los anfitriones de lo que significa la hospitalidad.

Es una pena que no siempre se valore lo que significa el esfuerzo que representa el que unas personas vengan a visitarnos. Pero lo peor es que se dejan al descubierto muchas carencias que todavía tenemos, y que es preciso descubrir para ponerse a trabajar cuanto antes sobre las mismas.

Haz a los demás lo que quisieras que te hicieran a ti.

Fermín Hernández Hernández

© 2014 Amor, paz y caridad

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