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SEÑALES PRECURSORAS III

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[infobox]Entonces, los que estén en Judea huyan a los montes; el que esté en lo alto del tejado, no descienda de allí para llevar cualquier cosa de su casa; y el que esté en el campo no vuelva a tomar sus vestiduras.[/infobox]

En estos pasajes del evangelio de San Mateo, el Maestro nos sigue presentando un paisaje desolador, el lenguaje empleado, las alegorías utilizadas, poder adentrarnos en su significado es algo fascinante, no obstante la realidad que refleja es al mismo tiempo de una gran crudeza y dureza.

¿Qué hechos tan traumáticos pueden esconder estas palabras? ¿A qué eventos pueden responder?  Aquellos que hayan escuchado las diversas conferencias pronunciadas por Divaldo Pereira Franco, con este mismo título Transición Planetaria, tienen ya una idea, en mi humilde opinión coincido con este preclaro apóstol del espiritismo, estos hechos responden  a la guerra nuclear, Jesús ha podido vislumbrar los efectos de la bomba atómica en particular, y en general a la cadena de guerras sucesivas que se dieron durante todo el siglo pasado y que hasta hoy día van aconteciendo.

En Nagasaki e Hiroshima, en cuestión de segundos, murieron miles y miles de personas, fue un hecho que marcó un antes y un después, evidentemente como nunca antes había ocurrido. Las inocentes víctimas no tuvieron tiempo de nada, no pudieron escapar, no se podía ir a ningún sitio, no había salvación.

Mas infelices las mujeres que estén en estado de gravidez o amamantando en aquellos días. Porque no son sólo las muertes provocadas en unos instantes, no son sólo los heridos que se pueden contar por miles también, sino las repercusiones que deja la contaminación nuclear, que provocaron durante décadas otros tantos horrores en los nacimientos de niños que a consecuencia de la contaminación nacerían deformes y con secuelas de por vida.

Orad, pues, a Dios para que vuestra fuga no ocurra durante el invierno o en día de sábado, – porque la tribulación de aquellos tiempos será tan grande, que nunca hubo igual desde el principio del mundo hasta ahora, y como nunca más habrá.

El espectáculo que provocó la bomba atómica fue descomunal, la atmósfera se oscurece, el calor es tal que los cuerpos se derriten, no hay a donde ir, ni en los campos ni en las ciudades, eso fue lo que vio el Maestro, la capacidad destructora del ser humano y su ausencia de amor y compasión. Cuando se pone en marcha la máquina de guerra, cuando se cierne sobre la tierra la sombra del mal, y el corazón del hombre está enloquecido, endurecido y ciego a la razón, todo vale.

Hechos como estos sin duda no podían pasar desapercibidos para la extraordinaria capacidad de visión profética, que poseía nuestro Mentor, y tuvo que expresarlo, hasta ahora no podíamos comprenderlo, pero ahora en vista de los acontecimientos nos podemos hacer una composición de lugar.

La nuestra ha sido una generación, salpicada de guerras y más guerras, no sólo en este siglo, sino durante siglos y siglos, pero ahora la diferencia está en la gran capacidad de destrucción que hemos alcanzado, y junto a esa capacidad la ausencia de valores para ponernos de acuerdo en lo más esencial, que es respetar al prójimo, al contrario, amar y perdonar, e ir más allá tendiéndonos la mano para ayudarnos, para que todos podamos disponer de lo justo y necesario para sustentar nuestra vida al amparo de los derechos humanos.

Las condiciones en las que está la tierra son extraordinarias para desarrollar los valores eternos del bien, de la justicia, de la caridad. Podríamos hacer tantas y tantas cosas en favor de los demás, si todos nos considerásemos hermanos, y espíritus en fase de evolución, dentro de un camino de luchas y de superación, podríamos hacer de este mundo un paraíso. Debido a la gran ignorancia espiritual que padecemos, son siempre los defectos morales, los que nos arrastran a cometer tales desmanes y tropelías, como señala fielmente el Maestro en los versículos citados.

 [infobox]Y si esos días no fuesen abreviados, ningún hombre sería salvo, más esos días serán abreviados en favor de los elegidos.

(San Mateo, Cap. XXIV, v. 15 al 22).[/infobox]

 Una sombra de maldad y de negatividad se cierne sobre nosotros, atraemos con nuestro modelo de  ser y de pensar a las entidades organizadas y especializadas en sembrar la maldad, ubicadas  en el umbral y en los más bajos estadios de evolución cercanos a la tierra. Seríamos capaces de provocar una tercera guerra mundial, seríamos capaces de lanzar otra bomba atómica y quizás de mayor envergadura. Hechos terroristas no faltan, continuamente nos vemos salpicados de pequeños brotes de actos en los que mueren de manera trágica muchas víctimas, a priori, inocentes. Son muchas las diferencias por las que estamos divididos, no sólo económicas, también culturales, religiosas, históricas, que motivan un enfrentamiento y una falta de entendimiento continuo en muchos ordenes, esto no conduce a nada bueno, y sobre todo no lleva al espíritu de concordia y de fraternidad universal que debe reinar en un mundo como el nuestro, para que de verdad se pudieran solucionar los problemas de raíz.

Qué responsables somos por todo lo que está pasando, y que aún resta por pasar. La humanidad no cambia, y mientras no cambie el proceso sigue, seguirán  las crisis, la tierra como planeta seguirá reajustándose, seguirán aconteciendo hechos naturales catastróficos, nuevas guerras, nuevos conflictos, hasta que las virtudes del cielo hagan acto de presencia, y se establezca ese nuevo orden, y comience la regeneración de nuestra humanidad.

Sin ánimo de pecar de alarmistas o catastrofistas, hemos de decir que estamos en un proceso de decadencia continuo, son muchas las voces que se levantan alertando de que es necesario un cambio,  es fácil comprobarlo, por todas partes y en todas las naciones hay problemas, escasez de recursos incluso para lo más básico, crece la pobreza con todas sus consecuencias, crecen las diferencias sociales, no somos capaces de erradicar el hambre, no somos capaces de que todas las personas tengan un puesto de trabajo, un hogar, un estímulo.

Ni siquiera hay ya seguridad en los países más avanzados, en los cuales también aparece ya la pobreza, en Estados Unidos son 20.000.000 de personas los que están en el umbral de la pobreza, inaudito,  Europa, el primer mundo también está tocado. El caso es que en una sociedad cada vez más sofisticada, con más tecnología, con más capacidad de producir y producir, sólo unos pocos viven bien, esto es lo importante y lo que nos indica la bajeza moral que nos circunda, nunca hemos sabido gestionar la vida en el planeta, ahora tampoco es más que evidente.

Quisiéramos pensar que esta es una crisis como otra cualquiera, que se superará y que todo volverá a su lugar, sin embargo, a tenor del mensaje de Jesús, no parece que de aquí en adelante las cosas vayan a ir a mejor.Para que las cosas vayan mejor han de serlo para todos, esta es una condición imprescindible, y es una característica que diferencia a nuestra sociedad  en el momento actual, a lo que era el mundo en el pasado, el mundo ahora está globalizado, por tanto las riquezas, la economía, los recursos, la abundancia, tienen también que estar globalizadas, y no lo está ni mucho menos, cómo entonces vamos a salir de la crisis, como vamos a superar el estado de miseria espiritual y material en el que nos encontramos.

El mundo ahora es uno sólo, no hay diferentes esferas, ahora todos los mundos están ya interconectados, el primero, el segundo y el tercero, es como un cuerpo humano, si una parte está mal afecta a todo el conjunto, de esto sí somos conscientes, pero es mejor mirar a otro lado, consideramos que poniendo un parche aquí y allá se soluciona el problema, y no es así. Al no estar dispuestos a solucionar el problema de raíz, es decir a poner en práctica el amor sin condiciones, la fraternidad y la solidaridad universal, caemos una y otra vez en el mismo error, con lo cual los problemas no se solucionan, se agravan.

Por todo ello tiene que intervenir nuestro Padre, ¿De qué forma? A través de la selección espiritual puesta en marcha, en este proceso esperado que llamamos TRANSICION PLANETARIA y que sube a la tierra a la categoría de Mundo de Regeneración.

Fermín Hernández Hernández

 © 2014 Amor, paz y caridad

LA CALMA

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La calma

Esta es una virtud muy necesaria para la mayoría de los seres humanos que no hemos aprendido todavía a sosegar y controlar nuestros impulsos, emociones, instintos y defectos morales. Nos dejamos llevar en muchas de las ocasiones por el primer arrebato, por nuestras creencias e ideas, defendemos a capa y espada lo nuestro sin razonar, sin reflexionar pausadamente, sin escuchar a los demás, y llegamos a desaprovechar los encuentros con amigos o familiares, a desperdiciar las ocasiones que se nos presentaban de charlar amistosamente.

Todo ello por ausencia de control sobre nuestro carácter, por falta de diplomacia, de ponernos en el lugar de los demás y de tantos otros factores en el arte de convivir que aún no hemos aprendido a ejercitar adecuadamente. Mantener la calma, como una acción muy intensa pero de carácter interior, es algo que nos ayuda a saber comportarnos en los momentos difíciles, comprometidos, en los que es muy fácil equivocarse, decir una palabra mal dicha, hacer un comentario inadecuado, reaccionar bruscamente, enfadarse.

Observemos una discusión acalorada, ¿qué es lo que apreciamos?: comentarios fuera de lugar, se sacan los trapos sucios, que quizás ya estaban olvidados, palabras malsonantes, falta de juicio, mala educación, se falta al respeto.

Todo esto es debido a la falta de moderación, y consideración hacia los demás, a caer en un descontrol propio de seres irracionales, en definitiva por perder la calma y entrar en un estado de apasionamiento y de furia, de nervios, que no ayudan en nada, sino que perjudican mucho ya que más tarde nos arrepentimos por qué quizás hemos hecho daño a una persona querida y apreciada por nosotros. Pero cuando se pierde el control de uno mismo, ya todo importa poco, ya no nos faltan razones para cometer los más grandes equívocos, pues en caliente no nos paramos a pensar las consecuencias de nuestros actos, y perdemos del todo el juicio que tenemos.

Por eso es tan importante mantener la calma, el dominio de nuestros defectos e impulsos negativos, razonando en todo momento aquello que estamos expresando, teniendo siempre en cuenta que no podemos faltar al respeto a nadie en ningún momento, que más importante que llevar la razón es, siempre, obrar con educación, con serenidad, y sin perder la compostura.

Hay personas que han perdido sus amigos, hasta sus seres más íntimos por esto precisamente, porque no son capaces de dominarse en un momento dado y hacen daño continuamente de palabra y de obra. Después se arrepienten, pero esto no es todo. Hace falta que cambien su actitud, su comportamiento, y esto se empieza  aprendiendo a respetar y a controlarse, a guardar la calma, sofocando los impulsos de emotividad descontrolada, de ira, de rencor.

Para esto, como para todo, si se quiere llevar una línea de comportamiento de superación espiritual, no se pasa sin el conocimiento de uno mismo. Primero hay que hacerse un estudio de cómo somos en realidad. Tenemos que vernos como en una película, vernos desde fuera, y ser capaces de analizarnos y de detectar nuestros defectos como tan fácil nos resulta verlos en los demás. Entonces si somos sinceros y nobles reconoceremos nuestras faltas. A continuación hay que formularse un deseo sincero de llevarlo a la práctica y comportarnos correctamente cuando surge la prueba, cuando las vivencias cotidianas nos ponen a examen. Si lo hacemos así pocas justificaciones encontraremos para perder la calma, llegando a esas discusiones acaloradas, que no tienen ninguna razón de ser y en donde lo único que se manifiesta es nuestra ruindad espiritual y nuestras mezquindades y egoísmos. Qué pobre imagen damos cuando nos dejamos llevar por el acaloramiento y no somos dueños de nuestros impulsos.

La calma cumple aquí una función eficaz, pues ahoga nuestros defectos, ahoga la furia incontenida de nuestro yo inferior, nos ayuda a saber cortar a tiempo, y dicen nunca mejor dicho que una retirada a tiempo es una victoria. Nos ayuda a sacar la humildad. Aunque veamos que nos asiste la razón preferimos no discutir, pues después se puede convertir la discusión en algo mucho peor, y dejamos al otro con sus ganas de discutir para el sólo. Nos podrán llamar después lo que quieran pero el que ha actuado como un verdadero ser humano es  aquél que se domina a sí mismo y sabe poner fin a las situaciones difíciles, pues lo más fácil es dejarse llevar por el apasionamiento, pase lo que pase.

Por eso mantener la calma en los momentos difíciles no es fácil, es fruto de un trabajo de mucho tiempo, de conocerse muy bien, de tener presente el respeto que debemos a todos los seres humanos, y de la alta aspiración de llevar una línea de comportamiento siempre controlada, de prudencia y moderación. Es un trabajo interno, silencioso, que se nota porque da en la vida muchos frutos, una gran ayuda para no cometer errores por imprudencia, impaciencia, por apasionamientos, etc…, y todo ese dominio a lo largo de una vida hace mucho para la preparación del espíritu más adelante en la vida espiritual.

«Quien vence a los demás tiene fuerza, pero quien se vence a sí mismo es fuerte».

Buda

Ahí diferenció la fuerza del bruto, la fuerza material, de la fortaleza de los espíritus adelantados en el progreso, la fortaleza espiritual de quien se conoce y se controla. La fuerza física acaba en la existencia, pero la fortaleza interior es lo que uno se lleva como premio a su esfuerzo y forma parte de su personalidad en el espacio y en las sucesivas encarnaciones.

© 2014 Amor, paz y caridad

SEÑALES PRECURSORAS II

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[infobox]24:15 Cuando vean en el Lugar santo la Abominación de la desolación, de la que habló el profeta Daniel —el que lea esto, entiéndalo bien—. . .

El evangelio según San Mateo[/infobox]

Al leer esto se nos viene a la cabeza algo parecido a un acertijo, casi indescifrable, ¿Qué querría decir el Maestro con todo esto? ¿Son ideas sueltas o siguen quizás un encadenamiento de hechos? ¿Nos transmitía alguna información relevante? Dentro de nuestra limitada comprensión, deseamos hacer un esfuerzo que aclare las dudas suscitadas y arroje un poco de luz ante estas inquietantes palabras.

Si entendemos como lugar santo, determinadas confesiones religiosas en todo su conjunto, estas palabras pueden encerrar probablemente toda una serie de acontecimientos que están saliendo a la luz pública de todos aquellos casos de pederastia que lamentablemente han acontecido en el seno de las mismas.

Abominable, según el diccionario de la real academia de la lengua, quiere decir que desagrada profundamente, y penosamente es muy cierto que nos ha causado gran tristeza conocer estos hechos, y más todavía si cabe, la escasa adopción de medidas para erradicar este mal.

Al margen también se podrían citar y tener en consideración otros aspectos en los que ciertas instituciones quizás deberían haberse pronunciado, posicionándose al lado y a favor de los más débiles y necesitados. El estancamiento moral les ha impedido desprenderse del condicionamiento histórico. Nadie está exento de cometer errores, los hay en todos los estamentos e instituciones de toda índole, Dios nos libre de hacer de estas palabras una crítica destructiva, “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.

No entra en nuestros deseos profundizar en estos acontecimientos sino denunciar la falta de medidas que les permita retomar ante la Sociedad una imagen pública mucho más favorable y acorde a sus principios, que viniese finalmente a arrojar un rayo de esperanza, tan necesario en estos momentos de grandes dudas de fe.

En este breve análisis podemos concluir que el Maestro vislumbró estos hechos como previos a la instauración de la Nueva Humanidad en la tierra, y también la  decadencia o falta de pureza en muchas de las doctrinas religiosas y espirituales, especialmente en aquellas que se atribuyen, ser los representantes de Dios en el mundo.

Es fruto de la propia evolución del ser humano, todos somos espíritus en proceso de mejora y pertenecer a uno u otro credo, incluso alcanzar una jerarquía elevada dentro de los mismos no nos hace más perfectos, ni mejores. Muchos de nosotros, que ahora pertenecemos a sociedades, grupos e instituciones de carácter espiritualista, ya participamos dentro del seno de los mismos en otras encarnaciones, y cometimos muchos errores, consecuencia de nuestras carencias y defectos, con lo cual, todos sin excepciones estamos en el camino de la regeneración y de la reforma interna, nadie escapa al trabajo de la propia construcción de si mismo.

Por tanto no nos debe extrañar que Jesús señalara también este tipo de desajustes dentro del seno de las confesiones espirituales, que sin duda se pueden y se deben corregir, esa es la responsabilidad que tienen los dirigentes, no ocultarlos sino ofrecer todo un ejemplo de humildad, honestidad y sinceridad al reconocer los fallos y poner las soluciones. Eso es lo que espera toda la sociedad, un ejemplo de transparencia y de rectitud por parte de cualquier institución que han de ser los primeros en dar ejemplo y manifestar en toda su extensión la práctica del evangelio, que es precisamente lo que predican y el principal objeto de su existencia.

Por tanto causa desolación conocer que se puedan producir este tipo de hechos en el seno de  instituciones, que deberían ser modélicas, y que después de tantos siglos, parece que no están a la altura de las circunstancias, sino a veces lo contrario, tienen que pasar siglos para aceptar que no se actuó dentro de los parámetros que deben autoexigirse a sí mismas, sobre todo en velar porque los componentes de la misma al menos hayan adquirido unos valores éticos y morales propios de su condición.

Todo esto insisto no es una crítica destructiva, y no podemos sino reconocer los muchos méritos y buenas acciones que indudablemente hay que conceder a dichos credos e instituciones, y además que representan para millones de fieles su fe y su doctrina, gracias a ellas se ha mantenido durante siglos la tradición y la fe, nada que objetar, solo hemos querido manifestar nuestro punto de vista, y expresar que para estar completa y perfectamente legitimados en cualquier opción hemos de transmitir limpieza, humildad y rectitud, con lo cual no hay que perder el tiempo ni actuar con miramientos cuando se trata de regenerar y ayudar a la propia institución a mantenerse lo más fiel a sus principios, sea cual sea esta institución.

Fermín Hernández Hernández

©  2014 Amor, paz y caridad

ALEGRIA

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Alegria
Al comenzar a escribir este artículo siento que se me estaba quedando en el tintero, es decir, que debiera haberlo abordado mucho antes, pues no exagero si digo que sin alegría en una persona al resto de los valores que posea es como si les faltara algo. La alegría es como ese punto de sal que no ha de faltarle a toda buena comida.

Si en nuestra personalidad nos esforzamos en desarrollar una buena base de valores humanos, que nos ayuden a desenvolvernos tal y como nos impulsan nuestros más nobles sentimientos y deseos, no hemos de olvidarnos en ningún momento de sazonar todos ellos con un animoso toque de alegría, que sin duda potenciará los mismos, y nos hará más fácil el camino de la vida. 
En efecto, el camino de la vida es más fácil si lo vivimos con alegría, con un deseo intenso de vivirla, con un deseo intenso de aprovechar cada momento, cada experiencia que nuestro destino paulatinamente nos depara.
 
Todo en este mundo está irradiando vida, armonía. Todo en la Creación es una cadena de acontecimientos que se perpetúan y que dan al género humano la oportunidad de regenerarse, de aprender, de descubrir cada día cosas nuevas y soluciones a los problemas que se plantea.
 
Sólo la maldad del hombre acaba por descomponer temporalmente esa cadena de vida y de alegría que la Naturaleza otorga al ser humano para su bienestar, mantenimiento, adelanto y progreso. Es sólo el hombre, con sus desatinos, por su ignorancia o maldad, quien rompe el equilibrio natural y trae la desgracia a sí mismo; y es por ello, que el propio hombre tiene la solución y el poder dar fin a la tristeza, al sufrimiento…
 
«Una vida sin alegría, no es vida, es señal de que algo no anda bien en nuestro interior, porque la propia vida es una sinfonía de alegría,» expresado así en palabras del popular psicólogo español Bernabé Tierno, y es cierto, la misma armonía de la naturaleza, de todos los seres vivos contagia alegría a la vida y nos llama a ser alegres, a llevar ese aire dinámico, vibrante, de fuerza y entusiasmo en nuestras relaciones, que nos haga disfrutar de nuestro trabajo, de nuestras actividades, etc.
 
La alegría llama a la alegría, y la tristeza atrae sólo tristeza, esto es parte de una ley, es por esta razón que hemos de aprender a vivir con paz interior, esforzándonos por superar los momentos de dificultades sin perder la calma, con fuerza de voluntad, para poder ver después en el tiempo con satisfacción y alegría los frutos de nuestro trabajo.
 
Alegría no es sinónimo de irresponsabilidad, como muchas veces suele decirse en ese tono «qué alegre es». Porque cuando digo alegría hablo de una alegría sana, jovial que proviene de lo más profundo de nuestra alma y que es el premio de los aciertos en nuestras obras, que nuestro espíritu sabe reconocer tranquilizando y fortaleciendo nuestra conciencia superior, por eso la alegría sale de dentro, no hay que buscarla fuera de nosotros, no se halla en ningún lugar, que bien lo expresó Rabindranaz Tagore: «Buscas la alegría en torno a ti y al mundo ¿no sabes que sólo nace en el fondo del corazón?»
 
Buena parte de la juventud pierde la alegría natural que traen desde su más tierna infancia, que después muchos ya no encuentran nunca, ¿por qué? porque buscan la felicidad tan sólo en las cosas materiales y se olvidan del verdadero significado de la alegría, que es un sentimiento natural de nuestro espíritu, que emana de los buenos propósitos, ideales nobles, buenas acciones, etc.
 
Es por eso que las personas de espíritu sano, fuerte y noble, hallan la alegría en las cosas más sencillas, viven la vida con orden, se ganan el respeto de sus amigos y familiares y saben igualmente repartir con generosidad el beneficio de la alegría.
 
En cambio las personas malvadas, son débiles de espíritu, insensibles para captar las maravillas de la naturaleza y sentir los más elevados sentimientos; obsesivos y deprimentes, no contagian más que pavor, miedo, violencia a su alrededor y no encuentran la alegría ni al más alto precio, y cuando creen que la hallan se les va de las manos.
 
Es necesario que aprendamos a vivir sin rencor, sin maldad, sin egoísmo, y la alegría comenzará a brotar de nuestro interior. Hemos de comprender que los defectos morales y las debilidades humanas son un gran impedimento para que nuestro corazón pueda sentir la alegría de vivir, y demos rienda suelta al deseo de compartir nuestra felicidad con los demás y los buenos sentimientos que muchas veces llevamos escondidos y ocultos en nuestro interior y no los dejamos salir.
 
Realicémonos en aquello que nuestro yo superior nos pide a gritos, hagamos un esfuerzo por cumplir los objetivos que como espíritus hemos traído a la Tierra y veremos cómo nuestra vida se transforma en impulsos positivos, en esperanza, veremos como una fuerza nos sale de dentro que nos lleva a dejar a un lado la monotonía, la soledad, la tristeza y nos nace un deseo de unirnos a los demás, sentiremos que la vida está llena de contenido y de metas a nuestro alcance.
 
© Amor, paz y caridad
 

SEÑALES PRECURSORAS

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En primer lugar queremos hablar de manera concisa de la grandeza de Jesús, ya que el tema de este artículo y sucesivos, va a versar sobre aspectos relevantes que se van a prodigar en los momentos de transición.

Jesús, bien llamado el Mesías, no es un espíritu cualquiera, por mucho que digamos que es el modelo de la humanidad, el espíritu más excelso de los que han encarnado en la tierra, no podemos sino forjarnos una idea muy alejada de la verdadera grandeza de este ser, dado que nuestras limitaciones son muchas, y el vocabulario muy pobre para dar una idea exacta de la magnanimidad de Jesús. Por tanto, cuando nos ponemos a examinar y a intentar descifrar sus enseñanzas, en este caso sus profecías, cosa más difícil, por cierto, hemos de entender que por muy raras o extrañas que nos puedan parecer ciertas expresiones, las mismas, no fueron dichas al acaso, o de manera improvisada, sino todo lo contrario, todo cuanto Jesús manifestaba, dichos o hechos, tenían un porqué y un para qué, un significado más o menos oculto, para el presente o el porvenir, pero tenía su trascendencia sin ningún género de dudas.

Por tanto no sería correcto decir, que parte del mensaje de Jesús sea pura fantasía o imaginación, o que carece de sentido, por muy simbólico o alegórico que nos pueda parecer, o por que nos sea difícil de interpretar. No hay nada que se pueda considerar un despropósito en el mensaje del Maestro, más bien es nuestro limitado entendimiento el que nos puede dejar incapacitados para comprenderlo.

En sus expresiones proféticas, no hay nada de fantasía, pueden sí como aclara Allan Kardec, estar provistas por figuras alegóricas para que nos impacten y nos llamen más la atención, pero el sentido que adquieren no es otro que golpear nuestra conciencia y alentarnos de algún suceso o señal sobre ciertos acontecimientos que con seguridad se deberían producir.

Tengamos en cuenta de que el mensaje de Jesús es para siempre, y para todos, no para unos pocos contemporáneos del momento, el habló para los siglos venideros, y habló especialmente para el momento actual, que es el cénit de nuestra civilización y principio de una nueva era. He aquí que vamos a intentar adentrarnos en parte de las profecías que hacen alusión al “final de los tiempos”, intentando captar el mensaje oculto que encierran ciertas expresiones que no se pudieron comprender en la época de Jesús, pero que ahora quizás sí, debido a la evolución que hemos experimentado.

En cuanto a las señales precursoras para el fin de los tiempos, Jesús enlaza una seria de predicciones en una especie de sermón, que nos dejan boquiabiertos, son de una brillantez y nos causan tal impacto en nuestra imaginación, que son una maravilla, extraordinarias, y nos preguntamos  que quiso decir, a que sucesos tan relevantes y extraordinarios se puede estar refiriendo, porque insisto, Jesús no hablaba por hablar, y no podemos dejar en el olvido o por imposible ninguna parte de su mensaje, cualquier expresión suya por extraña que parezca tiene que tener su significado.

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Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino. Y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de los dolores”.

(San Mateo, 24:6 a 8).
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Este primer apartado en mi opinión carece de dudas. Cuantos países pueden decir que no han participado en ninguna guerra en el último siglo, muy pocos, casi ninguno, en pleno siglo XX, el siglo de la civilización, de la ciencia, de la tecnología, el de la conquista de la luna, el siglo en el que la informática, el láser, la genética, han revolucionado nuestro forma de vida, es el siglo en el que hemos batido todos los récords de guerras y por consiguiente, con el mal uso de los adelantos tecnológicos, el récord también de muertes, se han sesgado más vidas en este siglo XX que en los últimos 2000 años atrás. Menudo mérito.

Jesús, con su visión profética, pudo elevarse por encima de su tiempo y  como es lógico no podía ser desconocedor de estos acontecimientos tan lamentables. Mucho menos cuando se trata de la antesala al mundo de Regeneración, que es el motivo de su venida a la Tierra, no lo olvidemos, Jesús viene a anunciar la buena nueva, y se adelanta a este hecho en 2.000 años dándonos tiempo y margen para que con nuestro progreso vayamos dejando en una serie de existencias todo aquel lastre que nos pueda impedir ser partícipes de él.

Las dos grandes guerras, amén de un sin fin de ellas por todas las latitudes y en todos los continentes son el pronóstico certero de esas palabras pronunciadas como digo por el Maestro hace dos mis años, no se equivocó ni lo más mínimo, negar esto es negar la evidencia.

En otro orden de cosas, las catástrofes naturales van en aumento, debido en parte al deterioro del medio ambiente, al calentamiento global, y a los últimos ajustes que como planeta deben producirse en la Tierra, hacen que se cumpla esa otra parte del texto,  hambres, pestes, terremotos, tsunamis, etc.

“Mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin”.

Es necesario que todo esto acontezca, ¿por qué? El planeta, así como su plano espiritual, han de depurarse, es la condición que exige el nuevo ciclo de progreso, como mundo de regeneración. Hay una gran parte de los espíritus que hasta ahora hemos pertenecido a esta aula que no podrán seguir en ella, por no haber aprobado el curso. Al igual que cuando nuestro cuerpo físico está enfermo, y hay que practicarle un tratamiento, desinfectarlo, incluso llevarlo a quirófano, con el planeta, ocurre igual, necesita una gran transformación, hay que amputar, hay que eliminar las partes dañadas para que pueda regenerarse con garantías.

Esto es lo que está aconteciendo, y mucho más lo que queda por suceder, es necesario sin lugar a  dudas, doloroso, trágico, pero necesario, por eso nos advierte, no os turbéis. Debemos mantenernos firmes a nuestra fe y convicciones, con fortaleza y claridad de ideas, para que podamos servir de luz y guía a muchos, ser su apoyo y cumplir de ese modo con nuestra responsabilidad.

Fermín Hernández Hernández
© 2014 Amor, paz y caridad

LA PAZ

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La paz

Qué decir de la paz, qué decir cuando nos están llegando cons­tantemente cientos, miles de imá­genes, de noticias, en radio, en prensa y televisión de violencia, de guerra. Sin embargo, y a pesar de todo eso, es mucho lo que se puede decir, y debemos decirlo mientras la situación a la que millones de seres humanos se ven sometidos sea esa que tanto terror nos causa.

Lo que vemos en las guerras no es más, a mi modo de entender, que la consecuencia de todos noso­tros con nuestros pequeños actos de cada día, es a causa del compor­tamiento de la humanidad en gene­ral, que, estalla aquí o allá, pero que más adelante puede estallara nues­tro lado, en nuestra propia ciudad.

¿Acaso no lo ha hecho ya infinidad de veces­? ¿Qué punto de este pacífico y bello astro que flota armónico con su sistema no se ha visto asaltado a lo largo de la historia con una guerra sangrien­ta? ¿Qué parte de la Tierra nos podemos atrever a afirmar que está exenta de verse envuelta en una guerra desproporcionada? Ahora quizás hay más posibilidades que nunca de entrar en un conflicto mun­dial, porque un punto negro que exista puede dar lugar a ello, debi­do a las alianzas y pactos existen­tes en el tejido internacional de los estados.

Podría decirse que todo es cues­tión de tiempo. Una parte de la humanidad teme a la otra. Se teme en todos los sentidos, militarmente, económicamente, industrialmente, etc…, ni aún hoy somos capaces de convivir en  paz, en armonía, con verdadera fraterni­dad de viajeros, de vecinos en este mundo que nos debe transportar hacia una evolución y perfección cada día más pura y elevada, unida por lazos de amor y de compren­sión. Por contra sólo nos ha guiado nuestro instinto de rivalidad, de com­petencia, de superioridad, ¡pero qué clase de superioridad habría que añadir!

Creemos que la última guerra emprendida será eso, la última, pero no es así ¿por qué? Porque no cambiamos, es como si no asimilá­ramos bien las experiencias vivi­das, que necesitamos más y más sufrimiento. En efecto no hemos cambiado casi nada, somos los mis­mos que éramos, en distinta época, con distinto aspecto, pero en lo esencial somos los mismos, salvo eso sí, el indudable adelanto inte­lectual y tecnológico, que por care­cer de cualidades morales nos sirve muchas veces para nuestro propio perjuicio.

Como no hemos cambiado, al menos hasta lo necesario, se vuel­ve a repetir la vieja historia, volve­mos a enfrentarnos, y el vencedor dicta nuevas leyes, saca provecho de su victoria, se firman nuevos tratados y pactos, que, a la larga, visto está no sirven de mucho.

La solución no está como se puede comprender fácilmente en la firma de pactos y tratados. Una firma de por sí no es capaz de contener la sed de venganza, el afán de poder, el odio, el rencor, las enemistades en general. La solu­ción no es tampoco entrar en gue­rrear cada unos cuantos años, para que calmados los ánimos y recons­truidos los pueblos se vuelva a emprender otra batalla, como algu­nos piensan.

La solución está en cambiar to­dos y cada uno de nosotros indivi­dualmente. La paz no es un estado de las cosas. La paz es una viven­cia interior, es un estado del alma humana que de una vez por todas desea vivir. Vivir en paz consigo misma, libre de odios y de rencor, libre de egoísmo, de maldad, de la ambición del poder, para trans­mutarlas por las cualidades y valo­res del espíritu tan ansiados en plan espiritual, pero que tan poco eco tienen en el discurso político, ya que se habla de paz, pero no se instruye sobre los caminos que cada uno como personas debemos seguir, se­ habla de paz pero, respal­dados por ejércitos, bombas….

Se habla de desarme, de desnuclearización, pero antes que todo eso ya guerreábamos con piedras, con lanzas y como se podía en cada época. Luego lo que hay que desar­mar es nuestro corazón primero, entonces para nada servirán las armas porque no tendrán ningún objeto; eliminemos el odio de nues­tro corazón, el egoísmo de nuestra alma y el orgullo y la soberbia de nuestra mente, y habremos dado con la solución al problema. Esta es la clave para que no existan tantos conflictos, que abarcan desde el interior de cada hogar hasta nacio­nes y continentes enteros, enzarza­dos en luchas que son al final lu­chas de intereses de todo tipo.

El origen es el mismo siempre, da lo mismo que el conflicto sea de carácter doméstico, que de carác­ter nacional, es siempre la falta de comprensión y de amor, y el deseo de predominio del uno sobre el otro. Es por eso que insisto en la necesi­dad de reconocer nuestros errores pequeños de cada día y trabajar sobre ellos.

Para que la historia no se repita, siendo esta la asignatura pendiente de nuestra humanidad, construya­mos la paz cada uno de nosotros en nuestros corazones, comenzando por las parejas que deben llegar a entenderse con cariño, con com­prensión y amor, transmitiendo así a los hijos el respeto hacia los de­más, la ayuda hacia sus hermanos y amigos, extirpándoles la envidia y los celos, la comodidad y la rebel­día, el egoísmo y demás taras de las que ya son portadores, como agen­tes traídos de otras existencias, construyamos un hogar basado en la armonía, en la tolerancia, en el respeto, etc…, y estaremos haciendo las bases de una nueva sociedad libre de sectarismos, rivalidades, y de toda causa que da después lugar a las riñas y enfrentamientos.

Aprendamos a compartir lo que tenemos, a tolerar las faltas y cómo no las diferencias, como a nosotros nos gusta que nos toleren las nues­tras. ¿Por qué en una ciudad o nación no pueden convivir todo tipo de personas, sean de cualquier raza o color? ¿Es que acaso importa algo el color de la piel? El color de la piel es como el color de la fachada de una casa, a la que si no se entra dentro no se sabe si es confortable o no, etc…, Todos los seres humanos somos iguales, tan sólo nos dife­rencian nuestros valores morales, la forma de ser. La fachada muchas veces no se corresponde con el interior, esto es lo que cuenta a la hora de la verdad. La raza o el color nada aportan a la persona.

El espíritu a la hora de una nue­va encarnación escoge lo que más va a ayudarle en su nueva vida para su progreso espiritual. No hay un tipo de espíritus que tengan el privi­legio de encarnar en una raza y color determinados, en una socie­dad u otra, todos debemos pasar por distintas pruebas y experien­cias a fin de enriquecernos y valorar las distintas situaciones que la vida humana nos aporta como aprendi­zaje en nuestro peregrinar hacia mejores estaciones. Esta es una gran lección que debemos apren­der.

Cuántas personas abusaron de su clase y posición, de su raza y color, en una existencia y tienen que venir después a saldar sus erro­res poniéndose por ley en las mis­mas condiciones de aquellos a quie­nes humilló y abusó. De aquí que el conocimiento de esta Ley Universal de la rencarnación, ­ como una ley plural de pruebas y experiencias para el espíritu sea el mejor tratado para la paz, para establecer de una vez por todas la igualdad, la justicia y la fraternidad entre todos los pue­blos de la Tierra. Sepamos sin gé­nero de dudas que todos somos iguales a los ojos de Dios y que su ley no mira el color de la piel o la raza, y que su obra, que es una obra de amor nos obliga a ayudar a los más necesitados, de aquí que este planteamiento netamente espiritual valedero en los mundos superiores al nuestro, sea la base de su estruc­tura y del pleno funcionamiento de esas humanidades libres ya de los peligros de la guerras a escala local y nacional, a diferencia del nuestro.

Luego el establecimiento de la paz, no corre por cuenta de los parlamentos y los gobiernos, que a veces se ven obligados por la fuer­za de las circunstancias a entrar en conflictos. La paz debemos hacerla entre todos. Debemos comenzar a estar en paz con nosotros mismos, para después poder vivir en paz con nuestros semejantes. 

 

 
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VIDA DESPUÉS DE LA VIDA

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Conferencia Vida después de la vida, ofrecida por nuestro compañero Fermín Hernández Hernández en el  «Centre civic el Llombo» del Ayuntamiento de Ontinyent (Valencia). El 18 de enero de 2014.
Redacción

FALSOS CRISTOS Y FALSOS PROFETAS

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Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Más el que persevere hasta el fin, éste será salvo.

San Mateo, 24: 1 a 14.

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Nos encontramos aquí con una serie de advertencias lanzadas por el Maestro Jesús, que en coherencia tenemos que estudiar y tener en cuenta.

Son características que se harán patentes en la época que sirva de transición hacia el nuevo ciclo que a corto plazo vamos a estrenar. En artículo anterior mencionamos que una de las circunstancias que se harían presentes sería la proliferación de la mediumnidad, siendo éste ya un hecho constatado, esto dará como ya lo hizo en las primeras décadas del espiritismo, lugar a muchos tipos de fraude. Nunca faltan quienes se quieren aprovechar de cualquier oportunidad para de manera egoísta explotar la buena voluntad, la confusión y la ignorancia de la gente.

Esta fase se generaliza por multitud de formas de desequilibrio, tanto material como espiritualmente, la crisis económica, la crisis de valores, y por otro lado, el deseo de cambio, la búsqueda de nuevas formas de entender la vida, las inquietudes espirituales, el eco interior que sentimos de que en efecto algo nuevo se está gestando, son factores que propician el caldo de cultivo apropiado para que se propaguen todo tipo de estafadores y farsantes.

Unos pueden ser llevados por un afán egoísta y meramente materialista, y otros sin embargo, por ser facultades entorpecidas o no del todo comprendidas en la temática espiritual que nos ocupa y que más por ignorancia y por estar al propio tiempo engañados por la parte espiritual negativa, sirvan de transmisores incautos de ese lado que siempre está al acecho y que nos puede llevar con mucha facilidad a la confusión y al engaño.

Como bien sabemos, venir provistos de alguna facultad espiritual, es un arma de doble filo, depende del uso que hagamos de ella, que podremos estar asistidos, en mayor o menor medida por espíritus de bien, que nos ampararán y nos guiarán, prestándonos la protección y la ayuda necesaria, o por el contrario, podremos rodearnos de espíritus que pretendan jugar con nosotros, haciéndonos perder el tiempo y llevándonos a terrenos de fantasía y fanatismo.

Hemos de ser prudentes, toda facultad espiritual, tiene la posibilidad de ser engañada, embaucada, confundida y perturbada. ¿Quién no conoce algún caso? ¿Quién no sabe cómo se han malogrado muchos grupos y reuniones? La parte espiritual negativa tiene muchos recursos para internarse en nuestras actividades y hacerse pasar por buenos y auténticos. Y nosotros como humanos tenemos muchas debilidades y defectos por donde nos pueden atacar e infiltrarse.

“Y muchos falsos profetas se levantarán”. En efecto, muchos de esos falsos profetas, no serán ni más ni menos que personas dotadas de facultad espiritual, pero esto no quiere decir que estén bien orientados, ni mucho menos.

Tenemos una manera para descubrir si son auténticos y vienen de Dios, como dicen las escrituras, o no, y será el ejemplo que transmitan, su manera de proceder, de transmitir. Los buenos médiums, los buenos espiritas, las buenas facultades, no imponen, no propician ningún tipo de espectáculo, no hacen uso mercantil de sus facultades, no generan proselitismo, no buscan la admiración, la fama, la fortuna, ni nada que tenga que ver con temas materiales. No se convierten en un mito, en un ídolo, no buscan sino transmitir claridad, conocimiento, y nada más. Con estas pautas de comportamiento podemos hacernos una idea de todo aquello que nos venga para discernir y sacar conclusiones acertadas, pues no dudemos que en más de una oportunidad vamos a tener ocasión de aceptar o rechazar muchas comunicaciones o cualquier tipo de manifestación que pueda venir en este sentido.

“Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”.Tal será el estado de la sociedad en ciertos momentos que podrá dar lugar al desánimo, la frustración, el desaliento, etc; no obstante estamos advertidos por el Maestro, ya estamos viviendo momentos de crisis muy duros, y no sabemos cual va a ser el desenvolvimiento en el futuro de todos estos acontecimientos, pero por lo que se vislumbra muchos cambios más van a producirse y no parece que vayan a ser muy alentadores a nivel material. No esperemos que nadie resuelva nuestros problemas, el materialismo va in crescendo, la falta de espiritualidad unida a los problemas en los que está sumido el mundo, globalmente, no hacen más que enrarecer más el ambiente día a día, este es el mensaje de Jesús, la maldad, es decir, el estado de las cosas se puede ir empeorando y deteriorando y esto puede repercutir en que bajemos la guardia y nos dejemos llevar por los extremismos y la desilusión.

No dejemos que esto nos ocurra, unamos nuestras fuerzas, no trabajemos solos, y no dejemos que nos contamine el estado general de las cosas, somos de libre albedrío y hemos de saber tomar sabias decisiones, sobre todo en los momentos difíciles, que son los que determinan nuestro grado de evolución y los valores que hemos desarrollado.

«Más el que persevere hasta el fin, éste será salvo». Este sabio consejo, nos pone en aviso para que seamos luchadores y perseverantes. El camino de la búsqueda de la mejora interior, el darle paso a las inquietudes espirituales y llevarlas a la práctica nunca ha sido fácil, llevar a buen término una mediumnidad tampoco, convivir en esta sociedad nos exige mucho esfuerzo, respeto, adaptación, y un sin fin de luchas y sinsabores que hemos de soportar de manera consciente y estoica, pero debemos ser optimistas, al final la vida es corta, sí, y nos duele e incomoda más aquello que no hemos hecho, o que hicimos de manera imperfecta, que aquello que sufrimos o padecimos.

No dejemos que los desaciertos, los fracasos, el sufrimiento, la falta de apoyos o cualquier circunstancia contraria a nuestros deseos e ilusiones nos deprima, nos baje la moral, nos haga abandonar, reflexionemos, veamos cual es nuestra actitud en los momentos decisivos, siempre habrá otra puerta, otra esperanza, el plano espiritual positivo no nos abandona, siempre hay una segunda oportunidad, siempre hay algo que hacer.

Las leyes del Universo que rigen nuestra evolución y que han sido creadas por el Padre, no se equivocan, siempre ponen a nuestro lado las experiencias y el escenario que mas nos conviene para nuestro progreso, somos nosotros los que no entendemos su porqué y podemos desviarnos de las metas y objetivos que nos hemos trazado, antes de encarnar, es por ello que debemos valorar las palabras del Maestro para poder afrontar con buen ánimo todas las dificultades que sin duda se nos van a presentar y llegar al final de la existencia con la conciencia tranquila por haber sabido reaccionar positivamente en cada momento.

Fermín Hernández Hernández

© 2014 Amor, paz y caridad

SINCERIDAD

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Sinceridad

Sinceridad es sinónimo de veracidad. Ser sincero es pues ser fiel a la verdad, estar libre de fingir, de actuar con hipocresía, de vestir la mentira con ropaje de verdad, libre de aparentar, de engañar, de confundir, de mentir, y de toda causa que sea faltar a la verdad simple y pura.Como todos los valores, la sinceridad se lleva dentro. A las personas se nos llega a conocer por nuestra forma de ser en general, hasta por la forma de respirar, y llega un momento en que cuando una persona demuestra que no es fiel a la verdad, que no es sincero en sus obras, que dice una cosa y hace otra, o viceversa; sus palabras ya no le avalan, se deja de creer en él, hasta que con el tiempo corrija esta actitud al comprender que no le trae a la larga más que perjuicios.

La sinceridad no consiste sólo en hablar. Hablar, decir la verdad es un componente importante dentro de la sinceridad, pero es sólo una parte en la integridad del ser humano. Ser sincero es en primer lugar ser fiel a los principios que se tienen. Actuar en consecuencia con los dictados de nuestra conciencia. A esto se le llama ser sincero con uno mismo. Cuando una persona obra consecuentemente, cuando es leal a sus pensamientos y sentimientos positivos, está dispuesta y preparada para ser sincera con los demás.

Por nuestros defectos, acostumbramos a pensar y sentir de una forma determinada, y a obrar de otra muy distinta, entonces sólo nos cabe encubrirnos, disfrazar la verdad y es difícil ser sinceros.

Hay muchas personas que dan una imagen de sí mismos de cara a los demás, pero en realidad no podemos fiamos de lo que están pensando por dentro. Cuando no podemos confiar en una persona quiere decir que esta no es sincera, de poco valen entonces las palabras que pueda decimos, porque no sabemos con qué intereses nos está llegando.

Cuando una persona es sincera puedes llegar a conocerla bien, porque sabes con bastante certeza cómo va a actuar en una situación concreta, sabes que no te va a fallar porque confías en ella por la trayectoria que lleva. Cuando hablas con ella sabes que te dice la verdad, porque no tiene nada que esconder, sus obras le avalan. En general las personas sinceras no son egoístas, ni orgullosas, por lo tanto están en capacidad de cumplir el requisito más primordial de la sinceridad que como hemos dicho era ser veraces, no fingir de ninguna manera.

En términos de amistad, y más en general en el aspecto espiritual, que es lo que más nos interesa a la hora de redactar estos artículos, ser sinceros es confiarle a las personas con quienes nos relacionamos lo que vivimos por dentro, lo que estamos sintiendo de veras.

Normalmente nos cuesta contar las experiencias que estamos viviendo, acostumbramos a decir que todo va bien, cuando en realidad muchas veces no es así, incluso muchas veces rehusamos a ser vistos para no dejar a la luz el momento que estamos pasando. Sea por miedo, recelos, o por lo que sea faltamos a la confianza de nuestros amigos cuando les hacemos ignorar lo que nos pasa.

Esta actitud a nivel espiritual debemos controlarla y superarla, anteponiendo la humildad y confiándonos a nuestros amigos, para que puedan conocernos mejor y entonces puedan ayudarnos a pasar los problemas, que, por nosotros mismos sería muy difícil y más lento de superar.

Ser sincero es ser franco, y nada hay de malo, sino al contrario, el compartir nuestros problemas y vicisitudes con los compañeros de nuestra vida es necesario y justo, pues los amigos no sólo están para los ratos buenos, sino para comprendernos y ser un poco nosotros, dándoles así la oportunidad de demostrarnos el cariño y el aprecio que sienten hacia nuestra persona.

Para llegar a ser sincero es también necesario ser humilde. No avergonzarse ni ofenderse por tener que rectificar una cosa, por tener que reconocer un error. Esto, en nuestra humanidad, con sus imperfecciones es motivo de humillación muchas de las veces, pero para la vida espiritual, es una grandeza del alma, es un paso que se da en pro de la propia evolución, es una manchita que se quita a nuestro espíritu. Mientras que no reconocer un error supone reincidir en él y por lo tanto hacer la manchita más sucia y más grande, es decir estancarnos en nuestro progreso y darle fuerza a nuestra parte negativa.

Una persona llega a ser sincera cuando está dispuesta a progresar moralmente, cuando no se siente más que nadie, cuando no le importa que sus amigos y compañeros le conozcan tal como es de verdad, cuando no se humilla por tener que darle la razón a otro, cuando en fin se sabe imperfecto y con multitud de cosas que perfeccionar en su carácter.

Cuando por contra, una persona se siente superior a los demás todo lo dicho anteriormente le cuesta de llevarlo a la práctica, esconderá sus faltas, le achacará sus errores a otros, dará una falsa imagen de sí y él mismo se convertirá en un obstáculo para alcanzar sus objetivos, tanto espirituales como materiales.

© 2014 Amor, paz y caridad

CON JOAQUIN HUETE

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Entrevista a nuestro amigo Joaquín Huete Puerta, presidente del Centro de Estudios Espíritas de Benidorm, coordinador en diseño e impresión de la Revista Espirita de la FEE, y organizador en los distintos congresos que patrocina la FEE.
Fermín Hernández Hernández
© 2013 Amor, paz y caridad

LA PREDICACIÓN DEL EVANGELIO

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LA PREDICACIÓN DEL EVANGELIO
 
“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”(Mateo 24:14) 
 
Este es otro síntoma, como señal precursora de que nos hayamos inmersos en la transición planetaria, del cual Jesús nos informa. Bajo nuestro punto de vista, es algo que es evidente que se está produciendo. La penetración de la doctrina de Cristo ha llegado a todos los continentes, gracias a la difusión que se hace por parte de todas las corrientes y doctrinas religiosas, filosóficas y espirituales. También esto es posible,  gracias a la facilidad que propician las nuevas tecnologías,  que permiten que un mensaje,  pueda difundirse como un rayo de extremo a extremo del planeta;  en otros tiempos,  esto era algo impensable pero hoy en día no existen barreras.


Por otro lado, también hemos de tener en cuenta que el mensaje de Jesús, que en otras épocas podía considerarse como exclusiva de una religión, en la actualidad, son muchas las escuelas filosóficas y espiritualistas que ven al Mesías como la entidad espiritual más importante que ha pisado nuestra Tierra, y que lo consideran como un Maestro de Maestros, con lo cual todas estas corrientes y escuelas también se han encargado de difundir su mensaje de manera extraordinaria por doquier.
 
Otra corriente espiritual que queremos destacar es la doctrina espírita, que basa toda su obra, conocimientos y mensaje precisamente bajo el auspicio de Jesús, considerándolo el Mentor espiritual de nuestro mundo y el espíritu comprometido con el Padre a conducir a nuestra humanidad hacia su verdadero destino, que no es otro que el de reencontrarse consigo misma y emprender la ineludible tarea del progreso espiritual por encima de toda otra cuestión. Pues, sin progreso espiritual de muy poco sirve todo lo demás.
 
El espiritismo como otras corrientes espiritualistas ha sabido llevar el mensaje de Jesús a todas las latitudes de nuestra humanidad, sacando la idea del Cristo del viejo continente, en donde su pensamiento se había instalado, haciendo que efectivamente su testimonio del todo universal que trasciende todas las fronteras y barreras que en otras épocas podían existir.
 
Ha llegado el momento de someternos a la realidad de nuestra existencia, que no es otra que la de reconocernos como seres individuales y portadores de un espíritu que viene a la tierra a adquirir unas experiencias que son las que le brindan la posibilidad de rectificar errores del pasado y desarrollar los valores espirituales que tiene en potencia.
 
¿Con esto que se está consiguiendo?;  pues por un lado que gran parte de los creyentes presten verdadera atención a la síntesis de su obra, a la parte espiritual, al contenido profundo, despojado de misticismo y de superficialidades sin sentido; es decir que se está procurando la vuelta al Cristianismo auténtico, a la práctica pura de las verdades y ejemplos que el Maestro sembró en su corta estancia entre nosotros, pero que calaron hondo en la sociedad de entonces, y que fue lo que verdaderamente hizo que sus enseñanzas se transmitieran de boca en boca y llegaran hasta nuestros días. También lógicamente queremos dar fe de la labor que en especial han hecho las iglesias cristianas durante muchos siglos manteniendo vivo este mensaje.
 
Pero lo que es más importante es que nos estamos dando cuenta de que debemos volver al Cristianismo auténtico de los primeros siglos de nuestra era;  donde lo fundamental no era la teoría, sino la practica sencilla pero noble de seguir los ejemplos de Jesús. La caridad, la solidaridad, la fe en un Dios de amor y de bondad, el perdón, la tolerancia, el respeto, la humildad, la nobleza, el afán de compartir, el deseo de servir a los demás, ver a todo el mundo como hermanos,  la voluntad  de querer ayudar y no ser motivo de agravio para nadie;  ese es en síntesis el mensaje de Jesús, y es lo que importa, y lo que nos debe movilizar. Para resumirlo de una manera breve hemos de saber luchar contra nuestras imperfecciones morales que son las que nos impiden el progreso y no nos dejan ser cristianos, por mucha ideología o doctrina que tengamos, sino estamos limpios de corazón muy poco lejos podremos llegar y de muy poco servirá nuestra prédica.
 
La prédica del Evangelio no está en las palabras, sino en transmitir un ejemplo noble y sincero por parte de todos aquellos que nos consideramos fieles discípulos suyos. No debemos menospreciarnos;  somos muchos diseminados por todo el mundo, pertenezcamos a una u otra confesión religiosa, filosófica o espiritual, Jesús no hace distinciones;  hemos de ir todos a una, la humanidad necesita ayuda espiritual y hay ya muchos entorpecimientos como para que nosotros no demos nuestro granito de arena.
 
La descreencia religiosa que por otro lado vemos a nuestro alrededor viene sin duda motivada por estos dos conceptos, la falta de evolución espiritual, de la cual somos únicos responsables, y la falta de ejemplo que hemos podido apreciar en quienes hemos considerado que debían ser los primeros en manifestar una conducta acorde a sus principios. Pero eso ya pertenece al pasado, ahora ya no somos niños, ahora ya sabemos lo que queremos, o debemos saberlo, no podemos estar justificándonos eternamente, cada uno somos libres y por lo tanto responsables, si sentimos el mensaje de Jesús dentro de nosotros, debemos exteriorizarlo.
 
No podemos olvidar que se está librando una batalla crucial, sin parangón en la historia de la humanidad, la transición planetaria viene a poner a cada uno en su lugar, esta batalla es entre el bien y el mal, no es fácil desembarazarse de los defectos que arrastramos desde hace siglos, no es fácil posicionarse entre los que quieren vencer sus complejos, debilidades, y emprender la ardua tarea de corregir las viejas tendencias y errores; la parte espiritual negativa en este sentido nos quiere poner un freno, nos lo quiere impedir a toda costa, su objetivo es perturbar, entorpecer, explotar nuestros defectos a fin de que desistamos y nos sintamos imposibilitados de seguir al maestro, pero el maestro está con nosotros, si nos disponemos en serio a llevar el evangelio en todos sus extremos a la práctica, recibiremos la fuerza y las energías necesarias para triunfar en el bien, y levantarnos cada día con las pilas cargadas.
 
La hipocresía y la falsedad, hacen que nuestro espíritu se debilite y que esas energías no nos lleguen, nos conducen a la confusión y al fanatismo haciendo creer que con creer es suficiente; pero no es así, como hemos visto,  predicar el evangelio es vivirlo con todas sus consecuencias. Jesús consiguió que se predicara su evangelio gracias a su ejemplo y a su grandeza espiritual, no lo olvidemos.
 
G.H.M.
 
© Grupo Villena 2013

 LA ARMONIA

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La armonía

La armonía

¿Cuántas veces hemos hablado de la necesidad de mejorar nuestra conducta? ¿Cuántas de controlar nues­tros defectos, mediante el previo conocimiento de los mismos? ¿Cuántas veces he­mos reconocido nuestros errores?
   Muchas, desde luego; y si estamos revestidos de una buena dosis de humildad, primero, y de voluntad en segundo término, estamos en el camino, sin lugar a dudas, porque después de cada tropiezo, de cada metedura de pata viene la reflexión, como fruto del sin­sabor que nos ha quedado en la conciencia, y de nuevo los deseos de renovarse y subsanar el error, para no volver a cometerlo.
  Así es la vida espiritual, un no desfallecer, un admi­tir de buena gana los impul­sos y esfuerzos de nuestra alma, que lucha por eman­ciparse y orientarse hacia los derroteros que ha veni­do a emprender en esta vida, encarnando en un cuerpo físico que es su herramienta y el campo de batalla. Un conti­nuo devenir de experiencias que asimilar y comprender, sin rebelarse ante las apa­rentes injusticias, poniendo en práctica la renuncia y el sacrificio que marcan el rumbo del progreso espiri­tual y que miden las condi­ciones internas en que nos encontramos en cada mo­mento.
La vida espiritual es en realidad la búsqueda y al­cance de la armonía de los estados del ser humano, el físico, mental y emocional. Si somos capaces de vivir en armonía con la naturale­za, con nosotros mismos, lo tenemos todo.
Pero vivir en armonía su­pone llegar a un equilibrio espiritual que pocos alcan­zan en forma continuada. Ya que en nuestro bajo nivel espiritual todavía estamos dominados por bajas pasio­nes, sentimientos ruines y mezquinos, por el egoísmo y la comodidad, que son cual espejismo que nos seduce y nos engaña, llevándonos al fracaso en nuestra vida en la Tierra y al estancamiento en nuestro proceso evoluti­vo.
    Por tanto, para llevar una vida espiritual en la modali­dad que nosotros persegui­mos, que consiste en cono­cernos a nosotros mismos e ir eliminando poco a poco aquellas facetas negativas de nuestro carácter, se hace preciso en primer lugar ad­quirir un grado de armonía interna, un estado de calma interior, un saber qué es lo que queremos de verdad y las claves de que dispone­mos para alcanzarlo.
Hemos de estar seguros de lo que queremos, sabedores de que toda im­perfección o debilidad no se supera sin esfuerzo y sin tra­bajo. Que muchas veces he­mos de trabajar contra co­rriente de nuestras tenden­cias e instintos, los cuales queremos dejar y vencer, pero que nos ponen serias trabas y son un verdadero entorpecimiento para ir avanzando en el comienzo.
    Nuestro verdadero ene­migo somos nosotros mis­mos. Esta es una auténtica sentencia en el progreso es­piritual. No es válida la jus­tificación de abandonar el sendero espiritual por cul­pa de alguien. Porque la vida espiritual no admite abandonos, ya que es un­ camino en el cual en una vida ade­lantamos muy poco. Dejar a un lado la vida espiritual es abandonarse uno a sí mis­mo, lo cual es una especie de muerte en vida para el espíritu, condenado a la cár­cel del cuerpo físico sin dar­le apenas opción a manifes­tarse.
Todos estos planteamien­tos, y muchos más, por su­puesto, debemos ir hacién­donos de cuando en cuan­do, pues es necesario tomar aliento, recoger nuevas fuerzas y emprender el ca­mino con energía renovada y reparadores pensamientos y sentimientos, que nos ayu­den a seguir con el ánimo alto y a no perder la armo­nía, el estado de serenidad y equilibrio que debe orde­nar nuestros impulsos, re­gir nuestras aspiraciones y guiar nuestros pasos.
    Por más que queramos avanzar en la vida espiritual, si estamos desprovistos de armonía interior, que se puede traducir en un estado de paz entre nuestro espíri­tu y nuestra materia, en un estado de concordia entre nuestra conciencia profun­da y los pensamientos que acuden a nuestra mente, en un convencimiento por re­flexión serena y razonada de lo que queremos conse­guir; sin esto, sólo daremos palos de ciego, nos sentire­mos solos, sin acompañan­tes y sin ayuda en el viaje del camino de la vida, que con sus experiencias se hace muy largo, obtuso y penoso.
   Sería mejor si hace falta, hacer una parada en el ca­mino, mirar en qué punto estamos para progresar más certeramente e ir así enca­minándonos hacia el verda­dero objetivo que preside nuestras inquietudes espi­rituales. Hace falta no per­der nunca de vista nuestro norte espiritual, para saber dejar las menudencias a un lado, no hacer caso de las piedras del camino, que las hay y en realidad sirven para que no perdamos la concen­tración y estar pendientes del horizonte a seguir, y de los designios que Dios quie­re para nosotros.
Caminemos sí pero con armonía interior, con clari­dad de criterios, con limpie­za de intenciones, con ho­nestidad, con ilusión y es­peranza. Sin desasosiegos, sin desesperación.
Vivamos con armonía in­terior, que es armonía de espíritu, aprendiendo a di­ferenciar entre el bien y el mal, entre el egoísmo y la caridad, entre el esfuerzo y la pereza, entre el amor y la maldad, etc., y soltemos las ligaduras que atan a nues­tro espíritu, llevándolo todo a la práctica, que es lo impor­tante, lo esencial. Sin llevar los conocimientos y las experiencias a la práctica és­tas no nos sirven de nada, sino para avergonzarnos de saber tanto y de practicar tan poco.
Esta es la auténtica ar­monía, la de aquél que ha conseguido un equilibrio es­piritual, mental y físico, que no tiene cuentas con su alma, que no tiene nada que esconder, que no tiene por qué estar incómodo con nada ni con nadie, porque es responsable de sus ac­tos, es consciente de lo que debe hacer y tiene la con­ciencia tranquila.
Necesario es antes de concluir este artículo hacer mención especial a lo mu­cho que una buena relación con los demás nos ayuda en el camino espiritual, pues ello contribuye a medir nuestras capacidades, a con­trastar nuestros criterios y convicciones, y sobre todo, nos obliga a convivir con amplitud de miras y objeti­vos, con un montón de ex­periencias que realizar para que nuestro espíritu rompa sus barreras y limitaciones y pueda desarrollarse en todas sus facetas. Esto es lo que nuestro espíritu ha que­rido y por eso ha encarna­do, no lo olvidemos.
La armonía por: Fermín Hernández