Valores humanos

EDUCACIÓN

La educación es la base que ofrece a la persona la mayor garantía para un desenvolvimiento correcto en las diferentes facetas que la vida nos presenta. La mejor ayuda que se nos puede prestar como individuos, desde que nacemos, es la de formarnos con una educación lo más completa posible, sin descuidar ni el menor detalle, para que a partir de ahí, desde la más tierna infancia siempre se tenga una guía, una claridad sobre la que ir compartiendo y encaminando nuestros pasos por la vida lo más certeros posible.
La educación no consiste sólo en dar al niño buenos estudios, una buena casa, unos padres que lo quieran y por ello le den regalos, le complazcan y procuren que el niño no sufra por nada. Digo esto así porque esas son, al parecer, las prioridades que muchos padres tienen para sus hijos, y aunque todo eso es bueno y está bien, no lo es todo.
Si el niño lo recibe todo, sin dar a cambio nada, podemos convertirlo en un ser egoísta y orgulloso. Si no se le enseña que debe guardar a los padres un respeto, y a las personas mayores también, aprenderá a vivir sin reglas, haciendo lo que en cada momento le venga bien a sus intereses; siendo muy difícil más adelante esperar de él un aprecio por las cosas y por las personas, impidiendo que se atenga a unas normas de conducta establecidas por la sociedad para bien de todos. Es bueno y justo hacer conscientes a los niños que han de aprender a ganarse por méritos propios lo que desean, estimulándoles de esa forma a ganarse el cariño y el aprecio de los otros hermanos, parientes o amiguitos, con su buena conducta y actitudes. El niño viene muy preparado desde el mundo espiritual, tiene una gran capacidad para captar los sentimientos y el aprendizaje; correspondiendo a los padres encauzarlo correctamente desde el principio, para que no emplee de forma egoísta sus cualidades en su exclusivo beneficio.
Ser educado no consiste sólo en los estudios y conocimientos que se tengan, sino por los buenos sentimientos, hábitos y actitudes que se hayan desarrollado. Por el respeto que se ha de sentir hacia todas las cosas. Por el miramiento hacia los semejantes para no causarles ningún daño. Por la delicadeza con que se hacen las cosas, por la obediencia hacia los padres, etc… Hay que distinguir entre la educación escolar que nos preparará para desarrollar más adelante otros estudios superiores y una profesión, y la educación que nos preparará para darle un sentido más profundo a nuestra vida, y le dará la ética y la moral que nos servirán de guía interior en cada experiencia que tengamos que pasar, acercándonos a la perfección que hemos de ir adquiriendo en el transcurso de nuestra evolución.
La universidad de la educación ha de ser el propio hogar, reducto insustituible para el niño en donde debe aprender lo que es bueno y malo, de la mano de sus padres. Si el niño recibe una buena educación sabrá distinguir, con esa base y ejemplo que sus padres le dan, todo lo demás que verá en la calle y en el colegio, y sabrá a qué atenerse en sus relaciones. Aunque sabemos que muchos niños se comportan en casa de una manera y en la calle de otra, al menos si se les está dando una buena educación, podrán resistirse y defenderse mejor cuando estén fuera del hogar en contacto con otros niños que están recibiendo otro tipo de educación.
Es en el hogar donde los niños han de aprender reglas de conducta y adquirir una formación íntegra, que les fortalezca y les dé seguridad a la hora de relacionarse fuera de él. Es un trabajo por parte de los padres muy arduo, que requiere paciencia, amor hacia los hijos, responsabilidad, y también ser conscientes del momento que vivimos, en el cual los niños están expuestos a multitud de influencias de todo tipo, desde la televisión, el cine, los videojuegos, las modas, el comportamiento de otros niños, etc.. Ellos se enfrentan a tanta variedad de actitudes y tendencias en la actualidad, que los padres deben hacerle el camino lo más fácil posible,  enseñándoles a distinguir en todo momento lo que está bien y está mal.
Otro aspecto fundamental, muy importante, es saber qué debilidades y defectos trae el niño para ayudarle a corregirse, antes que esas taras cojan tal fuerza que ya sea imposible frenarlos y se vean doblegados por las mismas. Esto es educar en la corrección de los hábitos desviados, sustituyéndolos por los hábitos buenos correspondientes.
En efecto, eso es tarea personal e ineludible de los padres, que son los responsables de la educación del niño, y que han de ser conscientes que todos los seres humanos que habitamos este planeta venimos a él en condiciones de necesidad, de progreso y para corregir viejos errores y defectos que traemos del pasado. Estos defectos e imperfecciones pronto comienzan a manifestarse desde la más tierna edad, siendo ese el momento en que los padres deben detectar dichas peculiaridades y características del niño que no son correctas, que son un peso con el que han venido y que a esa tierna edad es cuando deben empezar a corregirse, porque cuanto más tarde es más difícil. Y eso no es obligación de los profesores ni de nadie, y quién mejor que los padres para darse cuenta de esto y tenderle una mano a su hijo en la eliminación de dichas taras.
Pero esa es una labor muy costosa, que exige de los padres gran dedicación, paciencia y cariño, y a la que muchos no están dispuestos a sacrificarse por sus hijos; renunciando a muchas otras cosas a las que también tienen derecho. Muchos padres se amparan en que están cansados del trabajo, en que no tienen tiempo, etc…, y dejan su responsabilidad de padres a un lado, con lo cual, aunque lleven a sus hijos a muy buenos colegios y después a las mejores universidades, se convierten en unos completos desconocidos para sus hijos, con los que tienen muy poco en común, y entonces se dan cuenta  y comprenden que ni han visto a sus hijos crecer, ni tienen su respeto, y su cariño.
Educar es formar a los hijos en las más elementales normas de convivencia humana, ética y moral. Hacerles comprender por qué han de hacer las cosas, ganarse su respeto con la disciplina adecuada, y el amor verdadero, amor de padres bien entendido, ayudándoles a tener los menos obstáculos posibles en sus relaciones con el mundo que les rodea. Facilitar que desarrollen su personalidad lo más completa posible, asumiendo que están aquí por y para algo, conscientes de que han de encontrarle el sentido a todo lo que en su vida vayan aprendiendo.
Este es el mejor regalo que se le puede ofrecer a un hijo, ayudarle a crecer en un ambiente ejemplar, a saber escuchar lo que se le dice, a ser disciplinado, a querer a sus hermanos etc…, son muchas las cosas que se podrían decir, pero que están en la mente de todos y que hemos de llevarlas a la práctica si queremos verdaderamente que nuestros hijos sean el día de mañana como siempre se ha dicho “hombres de bien y de provecho”.
Educar es, en otra palabra, enseñar. Y para enseñar lo primero que hace falta es dar ejemplo, porque si el niño no ve que cumplimos lo que le decimos perdemos el tiempo, y peor aún, estaremos enseñándole a ser hipócrita, a mentir, nos ganaremos su temor y su miedo, pero no su cariño y respeto. Es aquí donde también muchos padres fallan, porque a la hora de la verdad no son el modelo que deberian ser para sus hijos. Los niños han de aprender en el hogar sólo cosas buenas y positivas, a ver en sus padres sólo buenos gestos, han de verse rodeados de cariño y de buenas formas y maneras, que después en la calle ya verán otras cosas menos positivas, entonces el niño irá sacando conclusiones y sabrá dónde tiene la seguridad, en quien confiar, e irá capacitándose para salvaguardarse de las malas amistades y los malos ejemplos.
Cada niño, según su forma de ser necesitará una determinada postura por parte de los padres, pues cada uno viene en unas condiciones distintas y hay que darle lo que necesita para su formación y desarrollo progresivo. Educarlos en la disciplina y el amor es el mejor legado que unos padres pueden dar a su hijo; pues con la primera se le corrigen los malos hábitos que trae del pasado y con el segundo se le abre la puerta a ser una persona íntegra y honesta, útil a su familia y a la sociedad.
Fermín Hernández
® 2014 Amor, paz y caridad
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