Valores humanos

GRATITUD

 
“De bien nacidos es ser agradecidos”. Estas sencillas palabras resumen la importancia que tiene en el carácter de las personas saber reconocer la ayuda que se nos presta, y manifestarlo con la debida educación.
El hecho de estar aquí y ahora vivos, en este maravilloso planeta que aún hoy es, pese al daño que continuamente le hacemos, es motivo más que suficiente para estar agradecidos a la vida, a la naturaleza, al cielo y las estrellas, al sol que nos da su luz y calor gratis cada día, al agua, al aire, a la tierra, y por supuesto a ese ser grandioso que nos ha creado y nos da la posibilidad de ir perfeccionándonos, comprendiendo vida tras vida mejor el objeto de nuestra propia existencia, del porqué del dolor, de la lucha, del sacrificio y de todo el trabajo que nos cuesta ir a más, superándonos y creciendo interiormente, intelectualmente, espiritualmente en suma.
Sólo a la vida le debemos agradecimiento por todo lo que nos concede, claro está que es preciso ser conscientes de nuestra propia identidad, y del destino que la Providencia nos tiene reservado, que no es otro que el de gozar plenamente de la creación y de la felicidad que nos aporta el grado de adelantamiento y de perfección espiritual que vamos adquiriendo fruto del trabajo y del estudio que nos va transformando y nos saca de los estadios materiales y egoístas, que van quedando atrás y lejanos en nuestra evolución.
Esto es primordial, quien no se conoce a sí mismo, como ser en estado de evolución, quien no aspira a metas más elevadas, quien no sabe valorar todo lo que el Creador, nuestro padre amoroso ha puesto a nuestro alcance para progresar, poco puede apreciar lo que se halla a su alrededor y poco puede sentir un natural agradecimiento por el hecho de ser y existir. Al contrario, cuando desconocemos nuestro objeto en la vida y creemos que todo es fruto del azar o de la casualidad, todo lo achacamos a la mala suerte, a la buena estrella o a las condiciones innatas con que el azar ha dotado a cada cual, las cuales aprovecha para abrirse camino en la vida y triunfar.
Gratitud le debemos en primer lugar a nuestros padres, que nos han dado la oportunidad de venir en su hogar, nos han criado, nos han ofrecido todo cuanto de bueno poseían y nos han enseñado todo cuanto sabían, queriendo hacer de nosotros personas de bien y de provecho. Gratitud también le debemos a nuestros hermanos que han compartido con nosotros la infancia y la juventud, ayudándonos a crecer y a convivir, dando así los primeros pasos en nuestras actitudes y comportamiento que más tarde nos han de servir para saber comportarnos en sociedad. Gratitud también hacia los amigos y compañeros de escuela, profesores y hacia todas las personas en general, que de un modo u otro están ayudándonos a formar nuestra personalidad, a crecer interiormente. Sin darnos cuenta todo esto es lo que nos ayuda a formarnos día a día, y hace de nosotros lo que somos. Si viviésemos aislados de los demás, poco o nada adelantaríamos en nuestro progreso y ni siquiera llegaríamos a conocernos a nosotros mismos como en realidad somos.
Luego es totalmente falso cuando oímos decir, “no le debo nada a nadie, todo lo que soy me lo debo a mí mismo, porque nadie me ha regalado nada”. Estas palabras tienen en parte razón y en parte no. No obstante, es demasiado afirmar que no le debemos nada a nadie, esto más bien muestra un carácter desagradecido y egoísta, ya que en realidad no seríamos nadie si no fuese por los demás, por hallarnos en este mundo que nos propicia a cada cual los medios más idóneos para nuestro desarrollo y progreso.
La gratitud por lo tanto es algo que nos mueve a mostrarnos en deuda con los demás, y esa deuda la pagamos con amor, con aprecio, respeto y amistad, y se convierte de ese modo en un poderoso acicate que nos lleva a hacer tanto nuestra vida como la de nuestros semejantes mucho mejor. Hay muchas personas que no desean que se les devuelva nada a cambio, por un bien que se les halla hecho, esto es porque son personas verdaderamente altruistas y desprendidas, sin embargo esto no puede hacer que en nosotros halla nacido un sentimiento de amistad y de unión hacia ellas. Y es así, gracias a la educación y a las buenas maneras, como nuestra relación en la vida con otras personas puede ir mejorando y perfeccionándose.
Mostrarnos agradecidos a alguien que nos haya ayudado en algo, es positivo no sólo para nuestro enriquecimiento interior, sino que ayuda también a quien nos ayudó, porque le hace sentirse bien, le ayuda a valorarse a sí mismo, infundiéndole un sentimiento de utilidad hacia la sociedad, lo cual es una parte importante en el ser humano para que viéndose útil y respetado se aprecie a sí mismo y, se sienta digno y honrado de pertenecer a un colectivo social.
Saber manifestar nuestra gratitud hacia los demás, bien sea por pequeños detalles, bien sea por hechos más notorios es signo de delicadeza y de espiritualidad. La gratitud, cuando es sentida, normalmente desea manifestarse de una forma generosa y va más allá de las palabras pudiendo convertirse en un gesto de amabilidad, en una demostración de cariño, de aprecio, de amor.
La gratitud es la recompensa de los buenos actos, cuando caen en alguien que es a su vez educado y correcto. Mientras que otras personas carecen de esta sensibilidad, pensando que todo cuanto se pueda hacer en su favor, es algo que se merecen, o que se lo debemos, o a lo que estamos obligados, mostrando así su inferioridad y su falta de modales, la persona correcta y educada piensa en el bien que se le ha hecho y desea devolver favor por favor.
Es así como nacen entre algunas personas vínculos de amistad y de simpatía, por lo apetecible del trato entre ellas y por los buenos y mutuos sentimientos que se profesan, sabiendo respetarse y no abusando en ningún momento el uno del otro.
Otras personas en cambio, con su actitud, causan rechazo y se muestran hasta poco accesibles y tratables, probablemente no se den cuenta de esto, porque nadie desea verse sólo y aislado, situación que causan como consecuencia de su comportamiento, creen que son los demás quienes los marginan, sin embargo esto no ocurre así, cada cual se margina a sí mismo, y tiene a su alrededor el círculo de amistades que se muestran afines a su condición.
Gratitud es también no dejar caer en saco roto todo cuanto los demás, a menudo nuestros seres más queridos, hacen por nosotros. Por lo que ser agradecidos nos lleva también a ser responsables, dando así motivo de satisfacción a todo aquel que en un momento deseó y obró en nuestro bien.
Un ejemplo claro es el de aquellos hijos que, viendo la preocupación y todo el esfuerzo que en su beneficio derrochan sus padres, manifiestan su gratitud aprovechando sus consejos y los estudios que les facilitan, tomando la educación que reciben, etc…, etc… Esta es sin lugar a dudas una buena manera y muy activa de demostrar nuestro agradecimiento por la ayuda que se nos presta.
La gratitud en suma es una forma de manifestar el respeto y el aprecio que sentimos hacia las personas con quienes nos relacionamos. Hay una frase muy popular que dice así: “La confianza da asco”. En efecto, esto en muchas ocasiones viene a consecuencia de confundir la confianza, con la falta de respeto, con creer que a nuestros amigos o personas más cercanas no le debemos las muestras de gratitud y de respeto, sino que llegamos a abusar de ellos y encima creemos que por obligación han de actuar como nosotros creemos que han de hacerlo. Esto es un error, como ya hemos mencionado más arriba, sucede todo lo contrario, la amistad y el aprecio crecen en la misma medida que sabemos comportarnos con gratitud, y con aprecio, al mismo tiempo que sabemos responder en los momentos en que nos necesitan en cualquiera de las formas.
Fermín Hernández
© 2014 Amor, paz y caridad
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