Inquietudes

ATENCIÓN FRATERNA

 
La atención fraterna es una de las bases que sustentan a los grupos espiritas. Sin esta dedicación les faltaría algo., puesto que la razón principal del espiritismo como doctrina, y por consiguiente de los grupos animados de esta filosofía es la atención y la práctica de la caridad, en especial a las personas que acuden a los mismos porque generalmente tienen problemas de índole espiritual, tienen necesidad de conocimientos por las inquietudes que traen innatas. Tanto por un motivo u otro los grupos espiritas, como pequeñas micro sociedades, están obligadas por el carácter que tienen, a servir de ayuda y de amparo a todos aquellos que llaman a sus puertas.
 
 
No obstante, es preciso tener una buena estructura de grupo, formación, preparación, voluntad y porque no mencionarlo, una mínima vocación para poder desarrollar esta labor lo mejor posible.
 
No basta con querer hacer el bien, también es necesario disponer de las herramientas necesarias, es imprescindible la ayuda de un conjunto armónico entre los miembros del grupo, un buen ambiente espiritual. En este sentido se tiene que velar para que así sea, promoviendo siempre en el conjunto la convivencia, el compromiso de todos  y el buen hacer para que en ningún momento nos puedan sobrepasar las posibles experiencias y adversidades que los grupos sin duda tienen que pasar.
 
 También es muy importante saber ponernos en el lugar de los demás para poder prestarles la ayuda idónea que les ponga en el camino, se lo allane y que puedan desarrollar por sí mismos, con la ayuda precisa y el proceso necesario, el camino que el Padre les ha asignado en esta existencia.
 
La ayuda fraterna no se puede ofrecer de cualquier manera. Como digo se necesitan unos requisitos de grupo. Se tiene que valorar, además, que es una de las facetas más importantes que podemos emprender, y que por lo tanto no la podemos relegar a un último lugar.
 
Con lo cual tenemos que anteponer como premisa, la debida preparación y formación, habiendo desarrollado las iniciativas básicas para poder ejercer la función de amparo y enseñanza con eficacia y humildad, como auténticos representantes de una doctrina como lo es el espiritismo, que tiene como emblema el amor, la caridad y la instrucción.
 
Si bien todo es importante en los grupos: el estudio, el ejercicio de la mediumnidad, la convivencia, etc., al final es en la ayuda fraterna donde demostramos lo que hemos aprendido, lo que llevamos internamente y de qué manera hemos comprendido el Mensaje. Los ingredientes de los que está compuesto el espiritismo por encima de otros muchos, son el amor y la caridad, la humildad y la hospitalidad e impartir una enseñanza de los postulados clara y concisa. El estudio y todo lo demás van enfocados a hacernos mejores, es decir, mejoramos cuando desarrollamos los valores internos, y estos necesitan de una buena dosis de ayuda al semejante para que surtan efecto.
 
En muchas ocasiones los grupos carecen de un espacio, de un tiempo, de una formación y preparación adecuada para prestar la ayuda fraterna que muchísimas personas necesitan. Aquellos que acuden a solicitar ayuda, especialmente porque poseen alguna mediumnidad en desarrollo, porque son facultades entorpecidas, porque andan buscando donde expresar sus inquietudes, de carácter espiritual, muchas veces se pueden presentar sin previo aviso, pueden desviarnos de  los planes que habíamos previsto, pueden en definitiva romper con la rutina que previamente tenemos establecida. Es en esos momentos cuando hemos de tener la capacidad de adaptación, viendo en este hecho una prioridad a la que hay que atender, y no por ello pensar que estamos faltando a los principios del grupo, todo lo contrario, estamos actuando con caridad y amor, dándole preferencia a una necesidad que no se puede dejar para otro momento.
 
¿Acaso nos podríamos imaginar al Maestro relegando la ayuda fraterna y desinteresada porque estuviera dando un sermón a un reducido número de personas por poner un ejemplo? Por eso que el estudio y otras muchas actividades no pueden interferir sistemáticamente a la hora de prestar la atención fraterna para quien la necesite en un momento dado. Hemos de tener la previsión necesaria y los mecanismos de ayuda siempre dispuestos. Esa ayuda en ese momento concreto puede representar el todo para una persona, puede suponer una claridad para recomponer su vida, comenzar a comprender las cosas espirituales y de ahí en adelante que cambie su rumbo encontrando así la vía que le lleve al desarrollo de su misión en la tierra.
 
            Por lo tanto, si no ofrecemos un buen ejemplo y la ayuda sincera en el momento adecuado podemos estar perdiendo una oportunidad de oro para nuestro progreso, esto es, fracasar en las pruebas que el Padre nos coloca en el camino y no ver las posibilidades de  trabajo para nuestra evolución.
 
            Por eso es importante que los grupos dispongan de una buena organización, estableciendo preferencias. No nos podemos permitir el lujo de que los que lleguen a nuestro grupo en busca de ayuda, de conocimientos, de pautas de conducta, se marchen del mismo insatisfechos, con una mala imagen, con la decepción de sentir que no se les prestó la atención necesaria, la hospitalidad básica, en definitiva el buen hacer y la buena práctica de un grupo que lleva el apellido de “espírita”. Si no somos capaces de ofrecer una ayuda plena no merecemos la dignidad de llamarnos espíritas.
 
            Otra cosa es que la persona no esté de acuerdo en los principios fundamentales, que no sea lo que ande buscando, que no esté dispuesta a dar el pasito necesario para empezar a cambiar. Esto será otra cuestión; pero sobre todo, han de llevarse el ejemplo, la solidaridad y la atención fraterna, en eso no podemos fallar. Toda aquella persona que toque a nuestra puerta ha de llevarse una impresión positiva, de nuestro buen hacer y de la solidaridad y atención fraterna prestada. Se ha de poner el corazón y los mejores sentimientos, este lenguaje lo entiende todo el mundo y es lo que, en definitiva le va a quedar, al margen de estar de acuerdo o no en la teoría.
 
 
Fermín Hernández Hernández.
© Grupo Villena 2014
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