Libre albedrío

INTRODUCCIÓN

           Sin duda afrontamos una cuestión de lo más interesante, por su significación, por las consecuencias que se derivan de nuestros actos, y porque sin duda alguna comprender este aspecto de la ley natural nos puede ayudar a entender mucho mejor el sentido de la vida, especialmente cuando atravesamos experiencias duras y amargas, hechos inesperados, accidentes y todo tipo de circunstancias que nos hacen flaquear e incluso renegar de Dios.

            Es esta una sección de difícil comprensión para algunas personas,  que por tanto debemos abordar con profundidad, con un estudio serio y reflexivo, analítico y concienzudo, desarrollando mes tras mes diferentes aspectos de las Leyes Espirituales que inciden en el proceso evolutivo de  nuestra conciencia individual y por ende de la comprensión o no de esta cuestión.

            La comprensión del libre albedrío, ha constituido un enorme debate en diferentes épocas por parte de filósofos, pensadores, religiosos, etc., siendo una materia difícil de acordar, habiendo algunos movimientos que no comparten la idea de que el ser humano disponga de esta cualidad, o facultad por así llamarla para que pueda tomar sus libres decisiones en el transcurso de su vida.
            Algunas corrientes abogan que el hombre esta a merced de sus circunstancias, y que estas junto a los instintos y procesos biológicos nos impiden tomar decisiones libremente, es decir que son muchos los hechos que coartan la libre voluntad que como seres libres deberíamos poseer. Es como si una corriente nos arrastrara río abajo y nos impidiera domar ese curso, con lo cual no seriamos responsables de nuestros actos, ya que estos en su mayoría estarían justificados por dichas circunstancias.
            Solemos decir, por poner un ejemplo: esta persona tenía que terminar así, no podía terminar de ninguna otra manera pues debido a todo lo que le estaba pasando, no tenía otra opción y ha terminado por acortar sus días mediante el suicidio.  Por otro lado reza un refrán: Dios aprieta pero no ahoga. Ya tenemos aquí la contraposición a lo anterior.
           
            ¿Se pueden cambiar o modificar los destinos? ¿O existe por el contrario un fatalismo o determinismo ciego que ha posado su mano sobre algunas personas conduciéndoles a la desdicha más absoluta?
            ¿Por qué ante las mismas circunstancias unos obran con humildad y resignación, superando grandes dificultades y sufrimientos, y otros se rebelan contra todo, actúan con orgullo y rechazan todo tipo de esfuerzo y sacrificio, y sólo esperan que sean los demás quienes arreglen sus problemas?
            Son muchos los matices y apreciaciones que debemos tener en cuenta para poder realizar un análisis completo y exhaustivo de todos los pormenores que inciden en el complejo análisis del porqué y para qué ocurren las cosas, por qué estamos rodeados de tanta desigualdad tanto intelectual, económica y sobre todo moral. Porqué cada uno de nosotros es de una forma tan distinta a los otros, y porqué desde el mismo momento en que nacemos parece que hay unas líneas maestras que pueden marcar el desarrollo que mas o menos vamos a poder realizar en nuestra vida.
 
            Por todo ello pedimos al lector por contrapartida, que tenga amplitud de miras, que no se ciña a enjuiciar los acontecimientos de la vida desde un punto de vista de una sola existencia, porque desde ese planteamiento será imposible admitir y entender el significado de la vida, sobre todo cuando como decimos nos asolan circunstancias que parece ser que nos abocan a un determinismo y fatalismo ciego que no es posible cambiar, con lo cual hemos de pensar que no existe la justifica divina, ni nada parecido, que todo es obra de la mala fortuna, y de que no tenemos derecho a ser felices y a disfrutar de una vida digna, sosegada y placentera.
            Trataremos de ampliar los conceptos de creación y evolución, de libertad y responsabilidad, de causa y efecto, reflexionaremos acerca del destino y la fatalidad, del dolor y la dicha, abordaremos cuestiones como la conciencia, el discernimiento, la intuición, la voluntad, el bien y el mal y otras que puedan ir surgiendo como consecuencia del estudio que nos hemos propuesto.
            ¿En qué consiste realmente el libre albedrío? ¿Existen los destinos fatales que no podemos evitar? ¿Somos dueños de nuestro destino? ¿Hay vidas destinadas al dolor y el sufrimiento? Conocedores como ya somos de la ley de los renacimientos cabe preguntarnos: ¿A medio y largo plazo cuál es la consecuencia de nuestras acciones, pensamientos y sentimientos?
            Así como analizaremos cuando empieza realmente la elección de nuestro destino ¿Tenemos capacidad para elegirlo? ¿Podemos redirigir nuestro destino? ¿Somos libres para elegir un tipo u otro de vida?
            Y qué decir del dolor, ¿por qué de la existencia del dolor y el sufrimiento? ¿Qué sentido tiene? Cuál es el papel de la misericordia y del amor divino en todo este proceso del que nadie prácticamente escapa, en mayor o menor medida. Cuestiones todas estas de gran profundidad, pero que necesario es  entender y conocer, para alcanzar una mayor claridad en todo lo que la vida nos depara día a día y tener la posibilidad de obrar siempre con acierto.
            Convencidos estamos  que tenemos la potestad para obrar por libre reflexión y elección  a lo largo de la vida. Somos libres para pensar, somos libres para obrar, aunque muchas veces esto no esté en consonancia con la sociedad que nos ha tocado vivir o atente contra nuestros intereses particulares y pasemos a desoír la voz de la conciencia que actúa como fiel consejera para nuestro bien. Son entonces nuestras flaquezas e imperfecciones las que nos conducen a actuar deliberadamente en contra de lo que sería más correcto o adecuado a la ley de Dios, es entonces cuando nos estamos forjando un determinismo de causas que antes o después tendremos que afrontar.
            Pero para terminar esta introducción no quiero dejar de expresar que lo que rige todo el Universo tanto en sus aspectos material como espiritual, es la Ley del Amor, que es el principio fundamental de nuestro Padre; ese eterno creador que llamamos Dios, pero que apenas comenzamos a vislumbrar o entender, El es el sumo hacedor que ha creado unas leyes sabias, justas y perfectas, sin hacer diferencias ni crear privilegios entre ninguno de sus hijos.
 
 Fermín Hernández Hernández

© Amor, paz y caridad 2014
 
Cada uno de nosotros es el heredero forzoso de sus propias conquistas en el pasado, así como de sus propios errores. (Sebastián de Arauco)
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