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CONVIVIR ES APRENDER A VIVIR

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Todo se ha de aprender en esta vida. A hablar, a escribir, un oficio. Todo en la vida requiere de estudio y perfeccionamiento. La vida es un continuo aprendizaje, y no debemos desperdiciar ninguna  oportunidad para extraer de las experiencias que vivimos en el día a día, lo que estas nos pueden enseñar.

El comportamiento es también algo que hay que aprender, por muy buenas cualidades que una persona pueda traer innatas, siempre tendrá todo un mundo por delante para desarrollar  nuevas cualidades y perfeccionarlas. Vivir se puede considerar como un arte. No todo el mundo sabe vivir de la misma manera, y para convivir que es compartir la vida  o al menos parte de nuestro tiempo con otras personas, debemos prepararnos, por que de lo contrario serán muchos los obstáculos y dificultades que saldrán a nuestro paso.

De hecho el ser humano le ha dedicado mucho tiempo y estudio, tanto a las formas como al trato que hemos de tener en nuestras relaciones sociales.. Debemos cuidar la etiqueta, las palabras, los gestos, la mirada, etc. Muchos pormenores y detalles entran en juego a la hora de saber convivir y realizarnos como personas.

Sin embargo, en mi opinión se echa de menos la parte fundamental del comportamiento, que no estriba ni en las formas ni en los detalles, aun siendo estos muy importantes, sino en la actitud interior, de sinceridad, de corrección, de manifestar en todo momento una posición de generosidad en cuanto a los sentimientos puros y limpios. Sin limpieza de corazón, sin el deseo sincero de convivir y compartir, no se llega a los demás, no se transmite, y en realidad lo que se hace es cumplir el expediente, pero a la fin se ha perdido el tiempo.

Decimos que la vida es un continuo ir y venir de pruebas y de experiencias, que tienen como sentido ir enriqueciéndonos, pero podemos afirmar que en el momento que estamos conviviendo con alguien estamos pasando una prueba en si misma. Tenemos el deber y la obligación de mantener ese instante con educación, con corrección, con bondad y honestidad, por citar alguno de los valores que son el sostén de las relaciones sociales.

El arte de vivir y convivir, es el arte que aun no dominamos, ni muchísimo menos, el arte de saber pensar en los demás antes que en uno mismo. Cuanto nos cuesta poner esto en practica, de verdad, de corazón;, es un axioma, una frase, una ley, una enseñanza impartida por todos los grandes que han bajado a la tierra, sin embargo, el peso de nuestro yo es todavía tan mayor, tan extenso, tiene tanto cuerpo y esta tan arraigado en nuestro  ego inferior, que nos amordaza y nos aleja sin darnos cuenta de ese principio sagrado.

Pensar en los demás … Hacer a los demás … Amar a los demás … ¡De cuentas maneras se nos ha dicho, y desde hace cuanto tiempo!… Desde siempre y sin embargo la tendencia es pensar antes en uno mismo, querernos a nosotros mismos, y luego ya vendrá lo que tenga que venir.

Necesitamos dedicar muchas vidas para aprender tan fácil lección. La vida esta en lo que estamos. Es un curso intensivo de aprender a vivir, pues está claro que todavía no sabemos, si supiéramos la humanidad estaría en otras condiciones.

No obstante, es un curso abierto, el de aprender a vivir,  en el que cada uno se apunta voluntariamente, si es que quiere. No hay que pagar nada. Se puede hacer en la tierra y en el espacio. Pero en la tierra se adelanta mucho mas si uno se lo propone, porque la herramienta de la que disponemos es mucho mas pesada, y por eso cada paso que damos con ella cuenta como diez o mas.

Apuntarse significa querer avanzar, reconocer que estamos en el camino, y que si nos equivocamos no es por querer, es por no saber. Si hacemos daño no es por que lo queramos hacer, sino por que aun estamos confundidos, aun no sabemos distinguir entre lo que nos interesa, como seres humanos dominados por el yo inferior, o lo que como espíritus destinados a desterrar el yo debemos escoger, que no es otra cosa que pensar también en el prójimo. El prójimo somos nosotros mismos a fin de cuentas, lo que beneficia a los demás, en resumen también nos beneficia a  nosotros y al conjunto en general.

Sabemos que nos quedan muchas jornadas más por vivir, estamos en la antesala de los mundos de regeneración, en ellos es donde se comenzará a poner de manifiesto por parte de la gran mayoría el arte de vivir. No obstante ahora lo que nos toca es ir haciendo ensayos, cuantos mas mejor, así no llegaremos con lo justo a esa esplendorosa etapa, (los que lleguen).

Es aquí y ahora donde nos sacamos el billete para poder optar a encarnar en esos mundos. Sin la debida preparación no somos aptos para ingresar, entre otras cosas porque perjudicaríamos al conjunto, y por otra porque seria para nosotros una vergüenza y un sin vivir vernos en una sociedad en la que no damos la talla, y la diferencia de aptitudes y comportamientos son tan distantes.

No es el momento de perjudicar, no es el momento de entorpecer ni de impedir que otros quieran progresar. Multitud de situaciones de que aun se dan en la tierra, en este final de etapa quedan ya  totalmente extirpadas en los mundos de regeneración, es por eso que el momento par dar un golpe de timón y pisar el acelerador,  es este el momento  y no otro.

Basta con tener buena voluntad, con reconocer los fallos y poner todas nuestras energías en superar las rencillas, las diferencias, los desencuentros y diferencias que tenemos con los que están más cercanos a nosotros, con aquellos que por unos y otros motivos no somos capaces de tolerar, de comprender, de perdonar, de amar en una palabra.

Procuremos tratar a todos por igual, con sensibilidad, con simpatía, con amabilidad, con cariño, con prudencia, con respeto, etc.; Analicemos cada día cual ha sido nuestro comportamiento, nuestra actitud, nuestras reacciones y saquemos conclusiones. El  fallo no esta en los demás, esta en nosotros.

Tenemos que darle una vuelta de tuerca mas a nuestros sentimientos, a nuestros pensamientos, que sea la actitud positiva, la apuesta por la renovación interior de cada día un compromiso en nosotros, y que no tengamos ni un solo enemigo, ni una sola persona en este mundo a la que menospreciemos, o tratemos como a nosotros no nos gustaría ser tratados.

Dejemos de estar aislados de los demás. No creemos mas barreras, mas fronteras, mas distinciones de todas clases, ni separatismos. Todos somos hijos del mismo Dios y todos somos hermanos.

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 “Ama a tu prójimo como a ti mismo»

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 Fermin Hernández Hernández

© 2015 Amor, paz y caridad

LA FELICIDAD

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¿Cuál es la meta del ser humano? O dicho de otro modo ¿A qué aspira toda persona de este mundo? Indudablemente a llevar esta vida de la mejor forma posible, a disfrutar de una estancia en este mundo tranquila, con paz, rodeado de seres queridos, a sentirse amado y a poder amar, a compartir sus alegrías y penas, en una palabra aspiramos a la felicidad.

Cada persona puede tener un concepto distinto de la felicidad, con los años y la experiencia que la vida nos va aportando cambia también nuestro punto de vista y la perspectiva o proyectos que tengamos, pero en general en el fondo es lo mismo, todos deseamos ser felices gozar de una vida plena de sentido, sentirnos dichosos y a gusto con nosotros mismos.

No se puede definir concretamente qué es la felicidad, porque para cada cual estará la felicidad en una cosa, según su forma de ser y de pensar, pero una cosa está clara, hay personas que cada día cuando llega la noche se sienten realizados, se sienten a gusto, disfrutan de la tranquilidad de conciencia y saben que han cumplido con lo que su conciencia le dicta, esto es la felicidad para ellos. No guardan rencor hacia nadie, no achacan sus problemas a ningún otro, no desean lo que no les pertenece, saben que cada día es un reto más, una lucha interminable con las experiencias de la vida. Cada día es para ellos una página que han de escribir sin tachones y el conseguirlo, el mantenerse fieles a sí mismos y el ser útiles a los demás es su objetivo y su recompensa al mismo tiempo.

La felicidad no es un fin en sí misma, es un estado interior de la persona, muchas personas han luchado incansablemente en conseguir algo, pensando que cuando lo lograran serían felices y cuando lo han conseguido no se han conformado, han querido más, no han sabido saborear esa conquista alcanzada y por lo tanto no han obtenido ni el descanso ni el disfrute de lo que habían alcanzado.

Y es que la felicidad no tiene presente, pasado ni futuro, es algo que llevamos a todas partes, una especie de saldo que nuestras pautas de conducta, de pensar y de sentir nos aporta en el instante. No puedo estar toda la semana pensando que cuando llegue el fin de semana haré esto o aquello y entonces será más feliz, no puedo estar todo el año pensando en que han de llegar las vacaciones y entonces haré lo que quiera y seré feliz al menos un mes al año, porque entonces estoy privándome de poder estar satisfecho hasta que llegue ese momento.

La felicidad no es algo artificial, no es algo ficticio o utópico, es lo que queramos nosotros mismos cada día, es lo que nos propongamos y sobre todo de la manera que nos lo propongamos. Si pienso que estoy haciendo lo que debo, ¿por qué no puedo ser feliz por ello?

Vivimos en un mundo que nos ofrece multitud de posibilidades, multitud de facetas, un mundo que por desgracia si no sabemos desenvolvernos adecuadamente para muchas personas se vuelve muy complejo y problemático, por lo cual debemos saber qué es lo que nos conviene, tener claro que a veces buscamos fuera de nosotros y no encontramos nada, cuando en realidad si nos parásemos a ver lo que tenemos a nuestro alrededor y si aprendiéramos día a día a ir conociéndonos comprenderíamos que la felicidad está en nosotros mismos, que no es tan difícil el sentirse dichoso y seguro de sí mismo.

Pero hemos de saber que la felicidad no se nos da gratuitamente, hemos de ir a buscarla con nuestro trabajo, con nuestro esfuerzo, con claridad de miras y de objetivos, sin desesperarnos nunca por nada, sin querer vivir en un día lo que tan sólo puede venir con el tiempo, es como un poso que se nos va quedando, pero que ya no se va, lo que vamos ganando interiormente no se pierde, pero tampoco hemos de descuidarnos hemos de estar atentos y seguir en la brecha. Como todos los licores nuestra felicidad hemos de mimarla para que no se nos estropee.

Como decía anteriormente, en un mundo materialista como lo es el que vivimos, las cosas materiales pueden jugarnos una mala pasada, pueden distraernos y hacernos ir tras ellas alocadamente sin obtener nunca el fin deseado. Las cosas materiales, como todo, tienen su sentido y su medida, pero no podemos esperar de ellas que nos otorguen la felicidad plena, y mucho menos lo que es más principal: “la serenidad de espíritu” y “la seguridad en uno mismo”.

Una cosa es pasarlo bien en un momento dado, distraernos con los hobbies o que disfrutemos con nuestros ratos de ocio, de amigos, etc… cosa que es necesaria y que no tiene nada de malo si no hacemos mal a nadie.

Y otra cosa distinta es el tema que estamos tratando, que es el de la felicidad, que no se puede definir exactamente, cada cual tendrá su propia definición, pero que en el fondo todos y cada uno de nosotros sabemos en que situación estamos y no podemos engañarnos.
Conforme a lo dicho podemos comprender que la persona feliz se hace a sí misma aprendiendo a vivir encauzándose por sí mismo por un sendero u otro, sorteando las dificultades con entereza y haciéndose cada día más fuerte al mismo tiempo que más sensible para captar las bellezas de este mundo y lo favorable que es para nosotros estar aquí y ahora con todo lo que tenemos que aprender.

Fermín Hernández Hernández

2015, Amor, paz y caridad

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El verdadero barómetro de la inteligencia es una vida feliz y afectiva, vivida cada día y en cada momento de cada día.

WAYNE DYER

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Libre elección de las pruebas

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Capítulo importante merece el análisis de esta cuestión, dentro del estudio pormenorizado de cuantos temas puedan intervenir para la mejor comprensión y esclarecimiento de lo que es el libre albedrío.

 El espíritu puede gozar de mayor o menor libertad, en cada una de sus nuevas encarnaciones, a la hora de elegir una serie de circunstancias, cómo son la elección del entorno, de los padres, del país en donde se va a vivir, incluso del trabajo, de los hijos que va a traer al mundo, etc., etc.; y de la libre elección de las pruebas por las que va a tener que pasar de manera irremediable, una vez que se ha comprometido a ello. Hemos de entender que toda vida en la tierra supone una misión para el espíritu encarnado, más o menos arduo y difícil según el adelanto adquirido, y que es por tanto una especie de contrato ante la ley de Dios; compromiso que hemos de asumir e intentar realizar lo mejor posible.

 Para esto lógicamente se tienen en cuenta un buen número de factores a fin de que la nueva experiencia en la tierra le sea provechosa, y consiga adquirir un mayor grado de progreso en dos sentidos; por un lado de liquidación de deudas y faltas pendientes del pasado, y por otro, logre engrandecer sus cualidades y desarrollar otras, que aún no posee. Factores como el grado de evolución espiritual adquirido, las condiciones concretas en las que se encuentre, su predisposición frente a los pagos y experiencias que la ley de acción y reacción le exija; de la ayuda con la que pueda contar para su elevación espiritual, y sobre todo si ha alcanzado un grado de claridad y comprensión, del camino más adecuado que ha de seguir y se ha decidido con fuerza y aptitud positiva para encarar la nueva existencia; todo ello son aspectos que condicionan y limitan el mayor o menor grado de libertad a la hora de venir a la tierra en unas condiciones concretas.

 El ser espiritual que anida en todos y cada uno de nosotros, poco a poco, muy lentamente, va desarrollándose y progresando, a medida que va adquiriendo más amor, más luz y comprensión, se va fortaleciendo y comprendiendo mucho mejor cuál es su papel en la evolución. Al mismo tiempo que va adquiriendo mayor grado de responsabilidad según va ampliando sus conocimientos, fruto de las experiencias que va viviendo, las cuales forjan su carácter, y le van capacitando más y más, vida tras vida.

 En las primeras fases de la evolución necesita ser guiado y orientado en cada momento, precisa adquirir muchas experiencias, es un libro en blanco, y para ello encarna muy rápidamente. Apenas es consciente de una vida a otra.  Le es preciso vivir la mayor cantidad de experiencias en la carne para ir aprendiendo a diferenciar entre el bien y el mal, entre el amor y el egoísmo, y comenzar a crearse una consciencia más clara de las cosas, aprender a rechazar las malas inclinaciones y a esforzarse por adquirir buenas cualidades, y a sacrificarse en pos de los demás, siempre que ello le ayude al progreso de su ser espiritual.

 Desde el plano espiritual está siendo ayudado continuamente, es como un bebe espiritualmente hablando, al que no se le puede dejar solo. Pero esta primera fase se prolonga solo hasta que le sea necesario, principalmente en los mundos primitivos. Muy despacio este ser va progresando, desarrollando su propia personalidad y va teniendo preferencias, ya es más consciente, ya no necesita ir tanto de la mano. Sí que sigue necesitando mucha ayuda del lado espiritual superior, muchos consejos, una guía que a nadie nos viene mal, pero poco a poco se le tiene que ir dejando su propio protagonismo.

 Superada esta etapa, está preparado para la vida en los mundos de expiación y prueba. En esta nueva andadura, aunque estamos muy lejos de poseer una evolución espiritual que nos permita saber en cada momento lo que más nos interesa, sí que empezamos a elaborar, en pequeña parte nuestro propio destino, y vamos tomando cada vez más decisiones. Aunque siempre sabiendo que con base a los méritos y deméritos de los que disponemos,  tendremos más o menos limitaciones. El karma más o menos incipiente, el karma acumulado y otra serie de cuestiones que se tienen en cuenta por la ley espiritual, nos permitirá mayor o menor capacidad de decisión propia a la hora de disponer de total libertad en la próxima encarnación que vayamos a tener.

 El plano espiritual superior, que vela en todo momento por nuestro bien; esos seres espirituales de luz, encargados de llevar las riendas de los mundos hacia estadios cada vez más elevados de pureza y perfección, aplauden y valoran muy positivamente  todas las iniciativas que con buena voluntad y con deseos de progreso se procuran  los espíritus de mediana evolución, a fin de ir consiguiendo en cada nueva existencia, dar un paso más dentro del largo y empinado camino de la evolución.

 Es por ello, que siguen a nuestro lado, por supuesto, no nos  quepa la menor duda, pero si somos prudentes y sabios, nos dejaremos aconsejar, y sugerir qué es aquello que más nos interesa a fin de no equivocarnos, y evitar sufrir las consecuencias de no haber sabido medir bien nuestras fuerzas, cualidades y defectos.

 En este sentido, hay espíritus más prudentes, que prefieren ir poco a poco en el recorrido del sendero espiritual;  no tienen grandes desafíos, grandes deudas, y tampoco llevan en su mochila un gran retraso espiritual, con lo cual miden bien sus fuerzas y se planifican existencias de las que puedan responder positivamente, sin grandes quebrantos.

 Hay otros, que por el contrario, sí que llevan en su haber grandes pérdidas de tiempo, complicaciones, deudas pendientes que ya toca ir saldando; y es entonces cuando siendo conscientes, del tiempo tan valioso que han perdido, saben que tienen que apostar muy fuerte y se disponen a prevalerse de la mayor preparación, de fuerzas y acopio de valor para enfrentarse en la nueva existencia, a pruebas y expiaciones que le van a exigir un grado muy alto de valor, y de humildad. Eligen libremente, con el visto bueno de los espíritus que le amparan y le ayudan,  una encarnación fuerte, repleta de experiencias que le van a exigir mucho, pero sabedores de lo difícil que son estas vidas, lógicamente  también piden contar con la ayuda de espíritus protectores que les protejan y amparen en dicha encarnación, a fin de superarla lo mejor posible, y no sucumbir ante la misma. Hay que tener en cuenta que una vez aquí en la tierra, con el velo que nos ponen del pasado, que nos impide recordar el compromiso asumido, es muy fácil rebelarse y echar por tierra todo el trabajo y la preparación que con tanto ahínco efectuamos antes de nacer. En muchos casos vuelven a brotar los defectos que nos llevaron a cometer los mismos errores una y otra vez, y lejos de controlarlos pueden volver a coger más fuerza.

 Con lo cual, vemos que en gran medida, parte del destino lo traemos prefijado desde el plano espiritual. Es el pasado el que marca en muchas ocasiones el compás de los acontecimientos presentes y futuros. Podemos tener una libre elección de las pruebas a vivir en cada existencia; pero ésta, estará condicionada por la siembra del ayer, ya que hay que solucionar ciertas cosas antes de poder emprender otras.

 La evolución es lenta, pero es coherente y justa. Cada uno tiene lo que se merece, y aunque el margen que nos da la ley es amplio, llega un momento en la evolución en que ya no somos niños, y tenemos que aprender  que existen unas normas y reglas que debemos aprender y respetar. Pasada una fase en la que se nos concedieron, fruto de la inexperiencia y de la falta de madurez una serie de existencias en las que apenas se nos exigían responsabilidades, llega el momento de asumirlas,  de entender y hacernos conscientes de que la siembra es libre, pero la cosecha es obligatoria. Esa es la ley,  a cada uno se le retribuye según sus obras, de manera sabia y equilibrada.

 Es por ello que el Padre, en su infinito amor, nos permite que podamos elegir libremente las pruebas y nuevas experiencias a vivir en cada nueva existencia, pero siempre tendremos que tener en cuenta: el debe y el haber de nuestra evolución.  A veces se nos impone un alto en el camino, porque hemos agotado el saldo de esa libre elección, no hemos sabido aprovechar bien las oportunidades y nos hemos cargado de errores; que antes o después hemos de asumir y liquidar.

 El libre albedrío no comienza en la vida actual, sino en las decisiones y elecciones que por nuestro propio beneficio tomamos antes de encarnar, sabedores de lo mucho que tenemos que rectificar y que lo primero es estar en paz con la ley y con nuestros semejantes. Aunque a veces esto sea difícil de aceptar una vez encarnados. Pero sepamos, que todos sin excepción venimos con un contrato firmado, y tenemos una misión que realizar nos guste más o menos

Fermín Hernández Hernández

2015, Amor, paz y caridad

CONVIVIR ES AMAR

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Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada. El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá.»

Carta de Pablo a los Corintios

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Para estar unidos hay que amarse.

El amor es el fluido invisible que hace que los seres humanos se mantengan unidos, todas las demás formulas con el tiempo terminan por fracasar. Se puede estar unido por un ideal, por un negocio, por la práctica de una afición, de un deporte, por cualquier tipo de interés, incluso por lazos de amistad, de matrimonio, pero si al final no hay amor, un amor lo suficientemente arraigado, llegará a su conclusión dicha unión. Una vez acabado el interés acaba también el de estar juntos, porque ya no hay nada que lo sustente.

No es lo mismo estar juntos que estar unidos.

Se puede estar juntos mientras interese, pero no se puede falsear el amor, es algo imposible. El amor hay que trabajarlo, hay que darlo, ofrecerlo, amasarlo, pero sobre todo sentirlo. El amor es la chispa de la vida, es la energía que da sentido y transcendencia a todo lo demás.

Uno de los problemas más acuciantes de nuestra sociedad, es que no se siente el amor, como se debe sentir, esto es, con limpieza, con nobleza, con altruismo, con generosidad. Es necesario desterrar las formas de amor del pasado, amor con apego, amor por egoísmo, por interés, amor con hipocresía, por dinero, y un sin fin de formas de amor, que solo son eso, una forma, pero no es el amor auténtico, que está basado en el dar sin recibir nada a cambio; y en desear lo mismo  que queremos para nosotros, para nuestros semejantes.

Sin amor no tengo nada, sin amor no soy nada, el amor todo lo puede….. Que palabras tan maravillosas, tan llenas de encanto y de verdad nos regaló el apóstol Pablo. Esas palabras no se pueden pronunciar si no se sienten, si no se lleva a la espalda una vida de entrega y de sacrifico, un convencimiento del mensaje que estaba predicando. ¿Cuántas veces arriesgó su vida este baluarte del cristianismo? Y sin embargo no le importo arriesgar su vida porque por encima de todo estaba obrando con amor y por amor a la humanidad y al mensaje que Cristo le invito a que divulgara.

Pablo tras recibir una prueba del Maestro cambio su vida, se dio cuenta de la nueva orientación que debía adoptar y  se entregó a la misma. Y no sucumbió ante nada, solo la muerte le apartó del camino. ¿Qué pruebas necesitamos nosotros para no sucumbir, para no apartarnos del camino, sino abrazarlo cada día con más voluntad y convencimiento?

Quien necesite de alguna prueba que lo pida con todas sus fuerzas al Creador, y si de verdad la necesita la tendrá. Pero no son pruebas, a mi entender, lo que necesitamos para aprender a vivir y a convivir, precisamos sentir la realidad del amor, la necesidad que tenemos de dar y ofrecer, sin esperar nada a cambio. Es sentir y creer en la necesidad de progreso y de mejora interior, lo que nos va a aportar las pruebas para seguir con nuestra misión adelante, y cada vez mejor y con más fuerza.

Convivir es amor en acción. Es muy difícil pertenecer a un grupo, de cualquier índole, si no estamos unidos a él, al menos por un pequeño hilo de amor, que será lo que nos mantenga unidos, y en los momentos de flaqueza y debilidad, haga que movamos nuestra voluntad para superar las pruebas y los inconvenientes, que sin duda siempre surgen.

Es preciso poner amor en nuestras relaciones. ¿Estamos poniendo el suficiente amor en dichas relaciones? ¿Cuáles son los vínculos que nos mantienen unidos a nuestros seres queridos, y a todos aquellos que representan algo para nuestras vidas? ¿Es el amor? Cada uno de nosotros debe responderse a estas preguntas. Sin embargo, todos queremos ser tratados con amor, con el máximo respeto, con afecto, con indulgencia, con cariñoo. Sería interminable la lista de calificativos y expresiones; pues bien pongámonos a ello. Seamos los primeros en dar el paso y tratar así a los demás, sin quejarnos de nada, y sobre todo, sin esperar a que seamos tratados nosotros así.

Desde el punto de vista espiritual no merecemos nada que no hayamos hecho antes a nuestros semejantes. Si no se siembra no hay cosecha. Y lo sembrado hay que recogerlo.

Con que facilidad olvidamos las leyes espirituales a la hora de convivir con los demás. Casi  todos nosotros, sin darnos cuenta,  vivimos más el día a día en plan material  que espiritual. Por todo, el entorno, el trabajo, la falta de tiempo, el resto de quehaceres y responsabilidades que no nos dan tregua. Es por esa misma razón que nos tenemos que dar un tiempo para la convivencia con los compañeros del grupo espiritual al que pertenecemos, porque fuera de él es difícil poder poner en práctica una serie de cuestiones y de objetivos.

No confundamos lo dicho anteriormente. La vida y el trabajo están allá donde nos encontremos, por supuesto. No obstante hay ciertas cosas que solo son posibles llevarlas a cabo en compañía de personas afines en ideales y filosofía.

Dicho esto, ¿cómo poner en práctica tantas cosas? ¿Cómo probarnos en cuanto a la superación de ciertos defectos y matices que suelen propiciarse y manifestarse precisamente cuando se participa de un grupo y en una convivencia?

En un grupo es natural, lógico y razonable que surjan discrepancias, diferentes opiniones y puntos de vista. Así como diferentes afinidades de unos hacia otros. Puede ser que algunos componentes se conozcan del pasado y estén más unidos, porque se conocen y se toleran más. Pero esto no ha de ser un obstáculo para hacer un esfuerzo e intentar abrirse hacia todos, luchar por conocerse mejor, y fruto de la humildad y del amor, pulir las asperezas y los roces que puedan salir a flote a las primeras de cambio. Este es un trabajo por el que hay que pasar. Lo contrario es hacer caso omiso a la necesidad que tenemos de cambio, en cada uno de nosotros, y en la urgencia de aprender a convivir en sociedad, renunciando a nuestros intereses para alcanzar logros colectivos.

Muy importante es en este sentido, pensar en el grupo, antes que en uno mismo. Hay que ir dejando de pensar exclusivamente en uno mismo, llevamos milenios así y no nos ha ido muy bien. El contraste es espectacular y el panorama que se aprecia completamente distinto. Si no somos capaces de desligarnos durante unas horas a la semana, de la rutina y los quehaceres cotidianos, si no nos damos una oportunidad para convivir, en el sentido más amplio de la palabra, muy costoso nos será poder realizar una labor de conjunto; y lo que es más importante, sacarle el provecho espiritual a nuestra relación con los diferentes hermanos que conforman el grupo.

Convivir no es estar juntos, es estar unidos, y ello sin amor es imposible. La convivencia saca de nosotros lo mejor y también lo peor, esto es lo grande y lo importante. Con lo mejor potenciamos nuestros valores y nos henchimos de ilusión, de optimismo para continuar en el sendero, nos damos cuenta de los valores que ya atesoramos y todo el bien que podemos hacer con ellos, principalmente a nosotros mismos.

Con un análisis sincero tenemos lo posibilidad de conocer y reconocer nuestras flaquezas y fealdades para ir erradicándolas  poco a poco. Hemos de transmutar los defectos por virtudes, y esto no se consigue si no estamos concienciados de ello, y no nos conocemos internamente.

Pero ello no nos debe asustar, nos debe comprometer y responsabilizar. Nunca achaquemos nuestros males y deficiencias a los demás. Cojamos cada uno nuestra cruz, que no son ni más ni menos que los defectos que aun poseemos y trabajemos para eliminarlos.

Amar al fin y al cabo es un arte, al que se llega a través de multitud de cualidades. No se ama simplemente por el conocimiento, interviene también el sentimiento y la voluntad. Somos aprendices de la escuela del amor.

Comprender, para conectar con nuestros semejantes, especialmente con los que más tiempo compartimos, y después con el tiempo y a través de los sentimientos llegaremos a poder amar.

 

 Fermín Hernández Hernández

© 2015 Amor, paz y caridad

LA INDULGENCIA

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La indulgencia, que consiste en perdonar y echar un velo sobre las faltas de nuestros semejantes, es uno de los mayores deberes que debemos observar siempre como verdaderos cristianos que queremos llegar a ser. La doctrina de nuestro maestro Jesús hace hincapié en ello en diversas formas: “No juzguéis y no seréis juzgados” “Perdona a tus enemigos ” “Devuelve bien por mal”, “No miréis la paja en el ojo ajeno ”, “Reconcíliate con tu adversario”, etc.., es decir que esta cuestión ocupa un lugar preferente en la lista de deberes y obligaciones que nos invita a practicar la doctrina del evangelio, y que también el espiritismo amplía y aclara consecuentemente.

Para practicar con éxito la indulgencia es necesario estar imbuido de un sentimiento de caridad y de piedad hacia el prójimo, y también ser consciente de que cuantas experiencias nos ocurren en la vida están destinadas a poner a prueba nuestros valores morales y la convicción que tenemos en la reforma interior que ha de ser una constante a lo largo de nuestra estancia en la Tierra.

Quien es consciente de que ha de aprovechar al máximo las experiencias y pruebas que la vida en la Tierra nos proporciona y se ha propuesto progresar al máximo poniendo en práctica los conocimientos espirituales, tiene en su haber como herramientas de trabajo todas las virtudes morales para aplicarlas en el momento necesario, que es cuando surge una necesidad determinada y cuando en nosotros se produce esa lucha interior en la cual hemos de vencer nuestros defectos y limitaciones para obrar lo más acorde a las enseñanzas que nuestro Maestro Jesús nos legó, con su ejemplo.

Soportar las faltas, ofensas, agravios, etc… no es sólo un deber, sino que además hemos de ser capaces de olvidarlos, para que en nosotros no haya ni un ápice de rencor, resentimiento o cualquier otro tipo de sentimiento negativo de aversión o rechazo hacia esa persona y no nos veamos imposibilitados de obrar hacia ella con nobleza de sentimientos y como lo haríamos con la debida naturalidad y con un sentimiento cristiano. Es más, la doctrina de nuestro Maestro Jesús nos habla de devolver bien por mal, lo cual nos está diciendo que hemos de ganarnos a esa persona para que comprenda que no le deseamos ningún mal y tenemos también el deber de hacerle comprender con toda benevolencia y delicadeza si ha incurrido en alguna falta hacia nosotros para que pueda reconocerlo y no repetirlo.

Si actuamos faltándoles de la misma forma que se nos pudo faltar a nosotros no hacemos más que echar más leña al fuego y en lugar de “reconciliamos con nuestro prójimo”, como se nos ha enseñado, nos alejamos de él, distanciándonos también del camino que se nos ha marcado para nuestro mejoramiento.

La indulgencia nos obliga a no practicar la maledicencia, a no practicar la crítica destructiva, a no deteriorar la imagen de una persona, al contrario hemos de aprender a saber guardamos de divulgar las faltas y defectos de los demás, paliándolas y empequeñeciéndolas, siendo esta una forma de demostrar la amistad que deseamos profesar y reprimiendo así el instinto que nos sale de destruir y de hacer daño a nuestros semejantes. Hemos de ver sus cosas buenas y positivas y procurar que estas las desarrolle aún más, dejando a Dios que el día de mañana le juzgue por sus obras negativas y pueda darle una existencia para que se regenere de todo ello.

Sólo Dios conoce los sentimientos de cada uno de nosotros y puede reprendemos para que nos corrijamos.

No ganamos nada divulgando a los cuatro vientos los defectos de los demás, sino que podemos llegar a herir y hundir a una persona. No, nuestro deber es siempre el de ayudar y esto lo haremos si nos es posible, haciéndole entender que está estancado en el camino del progreso debido a que no es consciente de sus faltas.

Otra cuestión es que una persona, en perjuicio de todo un conjunto, practique el mal en cualquiera de sus formas y esto no cause más que perjuicios propios y ajenos, entonces es justo que para evitar males mayores, quien esté dotado de autoridad moral pueda reprenderlo para hacerle comprender el error en su actitud y comportamiento y pueda corregirse, pero esto siempre ha de hacerse sin faltarle al respeto, con una sana intención y mostrándole un deseo sincero de ayuda.

Nuestro interés ha de ser siempre el de progresar, sin fijarnos en lo que hacen los demás, nuestro modelo ya sabemos cuál es y es ese el que hemos de ir comprendiendo mejor día a día y acercamos a él. Si hacemos sólo bien a quienes nos lo hacen a nosotros no hacemos nada, estamos demostrando un egoísmo. Es necesario que demostremos que somos capaces de elevamos por encima de nuestras limitaciones e imperfecciones y que somos capaces de devolver bien por mal, única manera de hacer que las relaciones entre las personas mejoren y que todos se avengan al bien y al respeto mutuo, tolerancia y convivencia en paz y en verdadera fraternidad.

Apliquemos siempre la máxima de ser indulgentes con los demás y severos con nosotros mismos y empezaremos a andar por el camino del progreso a pasos agigantados, a hacer el bien por doquier y a acostarnos todos los días con la conciencia tranquila de que no tenemos nada en contra de ninguno de nuestros semejantes.

Fermín Hernández Hernández

© Amor, paz y caridad

LA AYUDA DEL PLANO ESPIRITUAL

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Vamos comprobando que la tarea que como espíritus tenemos es muy laboriosa y difícil. Sobre todo en los mundos de expiación y prueba, como en el que nos encontramos nosotros en esta fase de la evolución.

A la difícil labor de controlarnos, intentando que nuestras imperfecciones no nos traicionen, que la comodidad no nos haga estancarnos, o realizar las cosas de una manera diferente a como se tienen que efectuar; nos enfrentamos a unas circunstancias y obstáculos por añadidura, que no son otros que el contacto con los demás seres humanos. La vida social, en mundos como el nuestro, es en la práctica como una carrera de obstáculos en donde tenemos que sortear infinidad de minas y alambradas que pueden estar en cualquier parte, si no las detectamos podemos caer en ellas, sucumbiendo ante dichas pruebas y escollos que surgen en nuestro caminar.

Para ir alcanzando el progreso y la perfección a la que estamos llamados todos, sin ninguna excepción, en cada nueva existencia nos tenemos que enfrentar a nuevas pruebas y dificultades, sin las cuales nos sería muy difícil ir adelantando y desarrollando nuestros valores.

Las diferentes posiciones sociales, que hacen que una persona en la tierra deba enfrentarse a circunstancias y matices de la vida, destacadas e importantes, que forjan al espíritu en su proceso evolutivo, dotándole de pruebas determinantes, como por ejemplo son los distintos grados de riqueza y pobreza, de fealdad y belleza, de salud y enfermedad, así como el poder, el éxito, y todas las diferentes problemáticas relevantes, son experiencias que prácticamente tenemos que vivir todos y cada uno de nosotros en las diferentes existencias que tenemos que afrontar.

No nos extrañe este planteamiento, necesitamos vivencias y renovación en las diferentes existencias que nos aguardan en la vida en la materia. Tener existencias que nos pongan de manifiesto la necesidad de vivir con humildad, que pongan a prueba nuestro grado de caridad, de amor, de entrega y sacrificio, de patriotismo, de trabajo por la ciencia, es algo que todos y cada uno sin excepción tenemos que experimentar.

De otra manera, es muy difícil establecer baremos para que vayamos comprendiendo en qué grado de la escala evolutiva estamos, qué grado de valores y defectos tenemos; unos por arraigar y otros por eliminar. Aceptar que sin duda, no es lo que la vida nos depara únicamente lo que marca nuestros aciertos y errores en la tierra, sino que también influye sobremanera el grado de preparación espiritual alcanzado para poder sortear estas pruebas, actuando correctamente, o que simplemente por la falta de preparación sucumbimos ante las mismas, dejándonos llevar por los defectos que rigen nuestros actos, y que nos llevan a abusar de la riqueza que se nos concedió, del poder, del encanto que posee la materia o cualquier otra condición que tengamos.

Todos hemos de pasar por las diferentes vivencias y experiencias de la materia, sin excepción. Recordemos la justicia de Dios, de sus leyes, pues son iguales para todos; no hay privilegios, ni concesiones, todos somos iguales para El. Como hijos suyos nos ama a todos por igual, con lo cual no nos extrañe que el mendigo del hoy, pueda ser el millonario del mañana. Como pueda actuar en cada existencia será en parte condición de su grandeza o miseria espiritual. Y después sacará sus enseñanzas, sus conclusiones, y por tanto, tendrá que asumir en el futuro las consecuencias, para lo bueno y para lo malo de sus obras.

Por esta razón, desde el principio de nuestra andadura espiritual, en los mundos más atrasados, contamos con la ayuda inestimable del mundo espiritual, que nos guía y trata de que encaminemos nuestros pasos, y planificarnos cada existencia lo mejor posible, de acuerdo al grado de evolución alcanzado y de los objetivos a alcanzar que más puedan interesarnos en cada nueva existencia.

Hay espíritus que se dejan ayudar más que otros. Al igual que en la tierra, hay quien se deja aconsejar, escucha y después pone en práctica los buenos consejos recibidos por personas que tienen más conocimientos y más experiencia, y otros que no se dejan aconsejar, que optan por obrar de acuerdo a sus instintos y que no confían en nadie más. En el plano espiritual, pasa exactamente igual, la muerte no nos cambia, nos coloca en el lugar que por afinidad nos corresponde, nos hace ver la realidad de nuestra esencia, esto como es lógico ayuda a comprender, nos puede hacer más razonables por la fuerza de las pruebas, pero no nos cambia.

Es por ello, que los espíritus, cuanto más adelantados, o cuanto más humildes y dóciles son, más se dejan ayudar y guiar, pidiendo consejo a los espíritus de más categoría espiritual, que velan por el progreso de la humanidad, y que su interés no es otro que ayudarnos para que cada paso que demos sea lo más acertado posible, y que por tanto, no nos arriesguemos a afrontar pruebas en la nueva encarnación para las cuales no estamos preparados, y podamos fracasar, complicando nuestro futuro próximo en el que tengamos que venir a corregir, y saldar deudas.

Afrontar la prueba de la riqueza, para los espíritus que van adquiriendo cierto grado de comprensión y desarrollo, es un examen que van aplazando para más adelante, porque es muy difícil de superar. Una prueba que puede llevarnos a errores y equivocaciones muy importantes, y deshacerlos puede suponer un gran coste y muchos sufrimientos. Sin embargo, para un espíritu que esté despojado de egoísmo, y posea una gran fuerza de voluntad venir rodeado de riqueza y de recursos más que suficientes, puede suponer que haga mucho bien, generando trabajo, creando beneficios por doquier y contribuyendo al bien de la humanidad.

Son dos maneras de actuar muy diferentes, por ello hay que saber tomar decisiones, sobre todo si son importantes, ya que ello va a contribuir en gran medida en nuestro devenir de las siguientes encarnaciones.

En el mundo espiritual hay espíritus que nos ayudan a tomar estas decisiones, planificando nuestro futuro, conscientes como son que hacer un uso inadecuado de nuestro libre albedrío puede complicarnos mucho, o por el contrario, ayudarnos en gran medida. Pero no siempre estamos predispuestos a aceptar dicha ayuda. Preferimos en muchas ocasiones experiencias cómodas, vidas fáciles, que luego por falta de preparación espiritual, se vuelven en nuestra contra.

Una vez en la tierra, siempre tenemos a nuestro lado esa ayuda espiritual que necesitamos, para que podamos conducirnos lo mejor posible, es el espíritu protector, que todos tenemos, y que en función de nuestro adelanto y misión que traemos a la tierra puede ser de mayor o menor elevación espiritual, pero todos lo tenemos.

En definitiva no podemos imaginar el gran despliegue de ayuda que pone el Creador a nuestra disposición desde los primeros inicios de nuestra evolución. Sin embargo en muchos casos no lo sabemos apreciar y aprovechar. Si somos dóciles y deseamos progresar rápidamente,  aceptaremos de buen grado los consejos y sugerencias, tendremos en cuenta las propuestas que nos indican para orientar cada nueva existencia lo más acorde a nuestras necesidades, nos esforzaremos para lograr los objetivos, y no adquiriremos en cada nueva existencia ningún grado de maldad, al contrario nos iremos sensibilizando y puliendo, haciendo aflorar las cualidades del espíritu.

Somos niños espiritualmente hablando, estando muy alejados todavía de alcanzar la madurez y la sabiduría necesaria que nos permita tomar las decisiones más apropiadas en cada momento. Si como niños hacemos caso a las indicaciones y sugerencias de nuestros padres, que quieren siempre lo mejor para nosotros, adelantaremos mucho en el menor tiempo posible, y nos evitaremos muchos sufrimientos y penalidades.

 

Fermín Hernández Hernández

2015  Amor, paz y caridad

CONVIVIR ES SER HUMILDE

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“Todo espírita debe portarse con la mayor humildad posible, frente a sus hermanos. Porque la humildad es siempre un ejemplo de buenas maneras; jamás nos compromete, ni es causa de disturbios ni riñas. Esa humildad sin embargo, no debe nunca de ser fingida, sino leal y siempre dispuesta a servir. El espírita debe siempre considerarse inferior a sus hermanos, disponiéndose a ser el servidor de todos.”

Extraído de la obra: “El tesoro de los espíritas”;  Miguel Vives. Cap. El espírita entre sus hermanos y en los centros.

 [/infobox]Humildad, entendiéndose como tal la superación del orgullo, de la vanidad y el amor propio, y no tal y como se entiende en la forma material, que puede significar como de poca importancia, de poco grado o valía. Todo lo contrario, la humildad es una cualidad del espíritu que cuesta mucho alcanzar, y que solo la poseen los espíritus mas adelantados en el progreso espiritual.

Es una de las virtudes más importantes junto a la caridad, para adelantar más rápidamente en el sendero de la evolución; sin ella es muy difícil superar ciertas pruebas y adquirir un grado de perfección espiritual. Miguel Vives lo tenía muy claro y es por eso que precisó con tanta rotundidad la necesidad de comportarnos con la mayor humildad posible; sabedor que sin esta manera de proceder sería muy difícil la convivencia y el entendimiento en los centros y entre los hermanos espíritas, y por añadidura en todos los círculos en los que nos desenvolvemos.

¿Por qué? Sencillamente porque con mucha facilidad nos creemos sabedores de todo. Y por la vanidad y el orgullo nos creemos que estamos por encima de los demás. El orgullo no deja que se nos puedan dar directrices a seguir, no deja hacer a los demás, nos ciega y no nos deja ver que podemos estar equivocados o que simplemente debemos escuchar la opinión de los otros. El amor propio impide que podamos admitir críticas y entender que todos los miembros de un grupo son igual de valiosos. La vanidad lleva al endiosamiento y al fanatismo, y crea una barrera entre nosotros y los demás; barrera a veces muy difícil de superar, pues el vanidoso en su afán de protagonismo, y deseos de destacar, nunca estará satisfecho y siempre querrá sobresalir por encima de los demás.

En un grupo ha de acontecer todo lo contrario, hemos de crear las bases para cimentar  día  tras día el cariño, la amistad, el afecto, la comprensión, el respeto, la ternura, etc., valores estos que parten de la raíz del amor y de la caridad, pero que sin un espíritu de humildad, es muy difícil que se puedan conseguir. La humildad es el antídoto que evita que se manifiesten todas las imperfecciones morales citadas anteriormente.

Para esto nos hemos de ver todos iguales, todos necesarios y ninguno imprescindible, no importa la función que cada uno tenga en el grupo, porque insisto, todos somos necesarios, y en la diversidad está la belleza y la importancia del conjunto.

Los defectos como el orgullo, la vanidad y el amor propio, crean diferencias, grados, ello conlleva en definitiva, queramos o no, cierta marginación, cierta valoración,  y coloca a cada uno de los miembros de un grupo en un rasero, según el valor que desde el punto de vista de esos defectos se aprecie. Lo más común en ese tipo de valoraciones es equivocarnos, porque no tenemos en cuenta los valores positivos de las personas, solo vemos lo superficial, y desde luego bajo el prisma de nuestro criterio que no es el más correcto y válido del mundo, es solo el nuestro y como no somos perfectos tampoco va a ser perfecto el análisis que hacemos de las personas que nos rodean.

Este análisis y apreciación a menudo está enfocado sobre como vemos y entendemos nosotros el mundo, sin tener muchas veces en cuenta como lo ve el plano espiritual, que nos pide y nos demanda a cada uno de nosotros, según el grado de responsabilidad que hemos traído en esta vida, conforme al compromiso firmado y las capacidades que podamos tener en mayor o menor medida.

Pero desde luego, aparte de las capacidades que podamos tener individualmente, no hemos de pasar por alto que la capacidad que el grupo pueda tener, esta lógicamente determinada por la sincronización y unión que tenga todo el conjunto.

La humildad lleva a la armonía, a la unificación, a la búsqueda de soluciones, a la integración en una palabra, a perseguir un fin común, haciendo los logros y éxitos del grupo una conquista de todos. Mientras que el orgullo, el egoísmo y la vanidad, trabajan en el sentido contrario.

Si un grupo tiene muy buenas individualidades, pero estas no están unidas, no han creado el vínculo de la amistad y el compañerismo; serán islas que harán la guerra por su cuenta y los resultados obtenidos por el conjunto serán muy escasos.  No se trata de que brille un estrella se trata de que brille todo el firmamento. ¿Qué es una estrella en medio del infinito universo?

Las individualidades generalmente suelen traer aparejadas consigo guerras internas, entre los miembros del grupo que también quisieran destacar. Nos debemos hacer conscientes de que en los mundos superiores prima el trabajo en equipo, la ayuda mutua, la cooperación y el que cada uno aporte lo que pueda según su capacidad y su personalidad, el trabajo es de todos y el éxito también es de todos. El plano espiritual superior no quiere individualidades, quiere trabajo en equipo en donde se resalten las ciento y una cualidades que cada uno posee y que por este trabajo se engrandezcan y enriquezcan todos sus miembros. Eso es fraternidad puesta en práctica, altruismo y amor sincero entre todos.

El trabajo en equipo, bien entendido, con amor y humildad, con la complicidad y la participación de todos, despeja un buen número de problemas que surgen con muchas frecuencias en los centros espiritas, a saber, los celos y envidias, la rivalidad, el egoísmo, el rencor, los malos pensamientos y sentimientos, por nombrar algunos. Todos  estos problemas pueden surgir cuando hay falta dé humildad, de fraternidad y de compañerismo, y eso algo que no nos debemos consentir, el que puedan darse lugar esta serie de circunstancias en los grupos espiritas y entre los hermanos que acuden a los mismos; porque esta es una señal inequívoca de que estamos fallando en algo, y que las cosas lógicamente no se están haciendo bien.

No se nos debe olvidar que por el hecho de formar parte de un grupo espírita, somos mejores que nadie, sino que quizás se nos está brindando la oportunidad de que podemos dar un salto en nuestro progreso porque seguramente estamos más necesitados o endeudados en cierto modo con la ley amor y progreso.

Muchos grupos y personas en el ámbito espírita están empeñados en gran medida en la divulgación de la doctrina, a través del conocimiento, olvidando que la mejor forma de divulgación está en primer lugar en predicar con el ejemplo y la práctica de los ideales que sostenemos.

La misión más importante de un grupo es que entre los componentes del mismo se lleven bien. Esta es una característica que debe reinar en los grupos, pues si entre nosotros no somos capaces de generar la caridad, el respeto y el amor, ¿Cómo va a ser posible que lo traslademos al resto de los hermanos de la sociedad. ¿Que ejemplo es el que estamos ofreciendo? ¿Qué poder de atracción es el que vamos a generar para que las personas nos visiten y vean en nosotros una fuente en la que puedan beber y adquirir los conocimientos y experiencias que les ayuden a forjarse un camino y a asumir el espiritismo como su filosofía de vida?

Si no somos capaces de crear en nuestra institución un ambiente de fraternidad y entendimiento, de respeto, compañerismo y amor, como lo vamos a ofrecer a quienes no conocemos de nada ni nos une ningún vínculo y compromiso. Sencillamente es imposible; estamos viviendo una hipocresía y una falacia, y no estamos cumpliendo con nuestros deberes.

El maestro Jesús atraía a las masas por su amor y ternura, por la caridad y la compasión que manifestaba en todos sus actos, y después adoctrinaba, pero primero se ganaba el respecto y la consideración por sus obras, no lo olvidemos, y este es el modelo que nosotros hemos de imitar.

El amor y la caridad son la bandera que ha de enarbolar nuestras instituciones. No el conocimiento y las individualidades. Los grupos y las instituciones se hacen día a día por el esfuerzo y el trabajo que realizan todos sus miembros y por el esfuerzo que cada uno íntimamente desarrolla para tolerar, entender y amar a sus hermanos, entonces estará limpiando su corazón de impurezas, y su carácter de las faltas propias del estadio de evolución en el que nos encontramos.

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Fermín Hernández Hernández

© 2015 Amor, paz y caridad

OBEDIENCIA

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¿Es la obediencia una virtud vigente en nuestros días? Es probable que haya quien piense que no, puesto que en la actualidad se lucha y se defiende por la propia auto- realización, por la personalidad del “ser uno mismo”, hoy en día todos tienen su opinión personal acerca de casi todas las cosas, su forma de enfocar los asuntos, su modo de llevar las cosas a la práctica, sus deseos que realizar, que en general están por encima de todo lo demás.

¿Son obedientes los hijos hacia los padres? ¿Y los jóvenes hacia los adultos? Digo obediencia y quiero delimitar dentro de este planteamiento el respeto y la consideración, sin los cuales es evidente que poca obediencia puede existir. ¿Son obedientes los alumnos hacia sus maestros o profesores? De pequeños vivimos la etapa en la que más se nos exige ser obedientes, por eso centro mis primeras reflexiones en ese ámbito. Pero también de adultos debemos ser obedientes, por ejemplo muchos padres todavía nos dictan sus consejos, quizás comparando nuestras vidas con el modelo de vida que ellos vivieron, pero a mi juicio lo más importante es que el cariño de los padres cambia poco, sigue siendo cariño y eso es en lo que hemos de fijarnos cuando recibimos consejos y opiniones de nuestros padres, los cuales saben más de la vida que nosotros y por norma general poco daño pueden hacernos sus consejos, al contrario mucho bien si los sabemos asimilar y extraer su enseñanza.

También hemos de ser respetuosos y obedientes con nuestros superiores a nivel profesional, simplemente si alguna persona mayor que nosotros nos pide algo, siempre con la debida educación, también deberíamos tener la capacidad para satisfacerles, debemos obediencia asimismo a un sinfín de reglas sociales, normas de conducta aceptadas aunque no estén escritas en ningún papel, obediencia a las leyes y, para finalizar y no hacer más extenso este artículo, obediencia a los dictados de nuestra conciencia.

Sin embargo, podemos apreciar que esta faceta de la obediencia, tanto hacia las personas, como hacia las leyes, a las conductas o normas establecidas, es algo que por regla general nos viene muy cuesta arriba, normalmente somos obedientes respondiendo positivamente a aquello que nos indican, o realizando algo que se espera de nosotros, cuando posteriormente vamos a recibir algo a cambio. Si no es por eso obedecemos pero a regañadientes y porque no podemos librarnos de ninguna manera. En definitiva no nos gusta que nadie nos dé órdenes, ni siquiera consejos o sugerencias. No nos gusta ser subordinados de nadie, si lo somos es por dinero o por cualquier otro género de egoísmo.

Obedecer significa responder a la voluntad de otro y esto entraña una falta de independencia de nuestro ser, esta es la razón de que por dentro nos rebelemos y no queramos vernos sujetos a la voluntad de nadie. No obstante, en el terreno espiritual la obediencia tiene otras facetas que no tienen nada que ver con esta definición que responde a un apartado material del tema.

En el terreno espiritual mandar, ejercer dominio sobre los demás es un aspecto que entraña una gran responsabilidad. No es una situación que se presente habitualmente, dado que el respeto a la libre voluntad de cada cual es primordial la ley del libre albedrío hace a cada persona dueña de su vida y puede hacer lo que desee de ella, a sabiendas de que somos a posteriori responsables de nuestros actos. El papel de los padres en relación a los hijos no está fijado en la obediencia absoluta de los hijos a los padres, sino que son los padres los que han de ser fieles a sus principios enseñando con su ejemplo la forma de actuar a los hijos, los cuales aprenden y van aceptando la autoridad de los padres por su autenticidad, los padres son el modelo para los hijos, si este modelo es fiel a sí mismo, es a su vez dado con el amor y la delicadeza que los hijos requieren. Los hijos por correspondencia natural se convierten en obedientes de las conductas de los padres, no de las ordenes y mandatos que son situaciones que se producen a falta del verdadero ejemplo y disciplina de los padres, profesores, educadores o ambientes que elijamos.

Para ser obediente hace falta primero ser respetuoso y considerado, es decir tener la educación básica que nos lleva a ser desprendidos y generosos, actuar sin pereza a la hora de hacer caso de algo o a alguien. Esto es lo que hay que trabajar en los niños y en las personas sobre las cuales tenemos cualquier tipo de ascendencia. Porque obedecer ha de ser un acto libre y voluntario, un acto llevado a cabo de buena gana, con responsabilidad y cariño, no un acto de sumisión impuesta de la que no podemos evadirnos.

Se es obediente cuando se comprende el porqué de las cosas, cuando se sabe valorar lo que se tiene. Por ejemplo, si se es consciente de todo lo que nos quieren nuestros padres, de todo lo que han hecho por nosotros, los hijos es de lógica que sean dóciles y no les cueste el entenderse entre ambos, es algo que los hijos aceptan de buen grado ya que no consideran extraño que puedan recibir por parte de sus progenitores toda clase de orientaciones y consejos, no como órdenes, sino como resultado del conocimiento y experiencia que tienen.

Luego lo principal, es comprender que los adultos en primer lugar, educadores, padres, etc…, todos deben obediencia a multitud de aspectos, el médico, el abogado, el juez, el policía, todos por completo, es así como puede funcionar la sociedad de este mundo, a base de respeto hacia las reglas y con una conducta ejemplar cada cual en su cometido, hasta llegar a los planos más bajos en donde los jóvenes y niños aprenden de lo que observan, y se rebelan si se les imponen unas normas y obediencia por doquier cuando a su alrededor aprecian que viven en un mundo de mentira e hipocresía.

Así podemos comprender cuanto de positivo entraña la obediencia, que abarca a todos y a todo, no hay excepciones. No digamos si hablamos de la moral que Moisés con los “Diez Mandamientos» nos legó y que la tenemos tan olvidada. Ser obediente es estar abierto a todo, tratando de aprender sin cesar, procurar ser amable, aceptar sugerencias. Quien no es capaz de cambiar su conducta moldeándola para mejor como fruto de sus vivencias, demuestra que no se conoce en absoluto, y que no tiene aprecio hacia las personas o cuando menos las aprecia pero menos que a sí mismo, que sólo es un montón de orgullo y prepotencia.

Ser obediente implica también saber escuchar razonando lo que se nos dice, antes que dejar que nuestro yo inferior se nos imponga y nos haga responder con una negativa, escuchemos a todos aquellos con quienes nos relacionamos, escuchemos con predisposición y comprenderemos que poco cuesta ser complacientes, actuar con generosidad y dar nuestro brazo a torcer, entonces se crea una corriente de simpatía entre las personas a las que nada les cuesta tratarse con ese respeto, esa delicadeza y actuar el uno sobre los gustos que posee el otro, sin que haga falta que se lo pida.

Fermín Hernández Hérnandez

© Amor, paz y caridad

CONVIVIR ES PROGRESAR

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Convivir es progresar

Progresar, es el objeto de la vida. Sin progreso no tiene sentido nuestra estancia en la tierra. Avanzar, mejorar, hacer adelantos en determinada materia. Esta es la acepción que da el diccionario de la real academia de la lengua de esta palabra. Y es a este significado al que nos debemos orientar, buscando los estímulos y las actividades que nos ayuden a forjar en nosotros una línea de comportamiento que no se desmarque de este propósito.

Convivir es algo muy bonito. Y cuando además observamos que dicha convivencia nos reporta multitud de facetas, de actividades con las cuales nos vamos enriqueciendo, entonces es además una gran satisfacción que nos reporta esperanza, optimismo, alegría, ilusión. Motivaciones todas estas necesarias, a la hora de desenvolvernos lo mejor posible en nuestra vida. Sin ilusión y alegría, es difícil mantenernos y emprender caminos que nos conduzcan a alcanzar poco a poco mayor cota de evolución.

No nos debemos conformar con lo alcanzado, hemos de tener aspiraciones e ir evolucionando paulatinamente, hemos de aprovechar la vida en la tierra, disfrutando de las posibilidades que esta nos brinda. No sabemos cuándo volveremos a tener la oportunidad de disfrutar de una materia y de un entorno adecuado para el progreso espiritual. No todas las personas pueden disponer de la facilidad que poseemos nosotros los espíritas, que tenemos a nuestro alcance la filosofía, un grupo de personas afines, unos objetivos marcados por el plano espiritual, la fuerza y la gran ventaja de contar con diferentes puntos de vista y personalidades, dentro del grupo al que pertenecemos, lo cual, es un valor añadido para evitar el estancamiento.

Por todo ello, debemos aprovechar las ventajas y facilidades que se nos han puesto al alcance de la mano, poner nuestro empeño, la fuerza de voluntad, y la ilusión que poseemos para colaborar y ser partícipes de pleno en el logro de las metas y aspiraciones que nuestro grupo se halla trazado, nuestro entorno familiar, etc., aportando nuestro grano de arena al mismo.

Es misión de todos sacar lo bueno de cada uno. En muchas ocasiones las personas llevan en su interior valores y aspectos positivos, pero por diferentes razones, les cuesta mucho sacarlos a la luz, y para tal fin hay que ayudarles. Para ello es muy importante, fijarse y apreciar las cosas positivas que todos y cada uno de nosotros llevamos dentro, dejando las cosas menos buenas, para que sea Dios, el plano espiritual, esa ayuda que todos llevamos a nuestro lado, por medio del espíritu protector, quienes se encarguen de hacernos conscientes de esos fallos, que poco a poco debemos ir corrigiendo.

Hay que ir superando las barreras. Esas pequeñas trabas que solemos ponernos nosotros mismos, haciendo mucho más grandes los defectos que tenemos. Pero en un grupo, si se sabe transmitir el cariño y el afecto, se puede ayudar mucho a que se superen dichos obstáculos. De ese modo, a todos nosotros nos resultará más fácil superar dichas barreras, así serán la espontaneidad y la naturalidad los aspectos que surgirán de cada uno de nosotros, dando pie a la convivencia sana y en libertad, lo cual propicia grandemente el desarrollo y emprendimiento por parte de todos.

La convivencia puede servir de mucho, si se saben conllevar todos los aspectos que nos relacionan con nuestros semejantes. O por el contrario puede servir para poner de manifiesto lo peor de nosotros, si no somos humildes, queremos llevar siempre la razón en todo, o somos dominadores.

Si sabemos entender bien el sentido que tiene la convivencia serán todos los frutos positivos. Porque nos conduce al sendero de la búsqueda de nuestros defectos, y al respeto y tolerancia hacia los demás. Convivir es participar en igualdad como miembros de un conjunto. Un grupo no es más que una micro sociedad que nos brinda la oportunidad de relación e intercambio, lo cual es algo que siempre debe sumar y ofrecernos aspectos positivos.

Lo que puede resultar contrario a la convivencia, es no optar por el deseo de renovación y evolución, si nos mantenemos estáticos, si la comodidad y la monotonía se han adueñado de nuestra voluntad, entonces ser partícipe de un grupo, sea cual sea su característica chocará con nuestros intereses, y comenzaremos a encontrar problemas y a no encontrarnos a gusto. En este caso no podemos achacar la culpa a nadie, sino a nuestra falta de sintonía y predisposición.

Por eso cuando hablamos de convivencia, hablamos de sinónimo de progreso, al menos en el aspecto moral y social. Ser partícipes de un grupo debe servirnos de un gran aliciente y estímulo para ahondar en nuestro carácter con el firme propósito de mejorarnos poco a poco. «Si quieres salvarte del abismo conócete a ti mismo». Así dice el viejo aforismo griego. Aprovechemos las ventajas que nos puede reportar una convivencia sana y alegre, con el sentido de participación y responsabilidad que nos debe acompañar.

Atrevámonos a ser partícipes de pleno en los grupos y en las relaciones que conforman nuestra vida. Establezcamos relaciones y actividades en las que la unión sincera, el compañerismo y los objetivos comunes sirvan para establecer auténticas bases de fraternidad y amistad.

Convivir es progresar por: Fermín Hernández Hernández

© 2015 Amor, paz y caridad

LA VOLUNTAD

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«Hay una fuerza motriz mas poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.»

Albert Einstein

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La fe mueve montañas.

Qué no se podrá hacer usando la fuerza de voluntad; frases como las anteriores nos dan una idea aproximada acerca de la grandeza e  importancia de este atributo, cuando es parte del carácter en una persona.

Para comenzar hemos de indicar que la voluntad es un atributo que todo ser humano posee en mayor o menor medida, dependiendo del esfuerzo que realice para aplicarla, a fin de conseguir sus metas y objetivos. Es una cualidad intrínseca en el ser humano, sin excepción. Todos poseemos fuerza de voluntad, otra cosa es que la pongamos en práctica y que la ejercitemos debidamente. Pero todos y cada uno de nosotros la tenemos en potencia.

La voluntad es un atributo de Dios, esto es algo que no tiene discusión, para todos aquellos que somos espiritualistas. Por tanto, como atributo es algo que también lo poseemos todos y cada uno de nosotros. No olvidemos que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, por supuesto no en cuanto a imagen material, que no la tiene, sino en cuanto a capacidades.

La diferencia  es que en nosotros están en potencia. Nuestro trabajo consiste en desarrollarlas a medida que vamos evolucionando. Somos como una semilla, que contiene en potencia la posibilidad innata de convertirse en un árbol gigantesco. Si no tuviese esa cualidad natural, de ninguna manera podría erguirse ese árbol majestuoso.

Este hecho debemos tenerlo muy en cuenta, pues sin dicha fuerza de voluntad sería muy difícil acometer ciertas pruebas y experiencias en la tierra, como espíritus encarnados. Para todo hay que tener fuerza de voluntad, pero especialmente para realizar actuaciones y afrontar situaciones  que no son de nuestro gusto y que quizás nos pueden venir muy cuesta arriba al pensar que es un imposible realizar tales cuestiones.

Sin embargo poseemos la fuerza de voluntad, que puesta en práctica con decisión y fe constituye una ayuda fundamental, para «poder subir esa montaña» y lograr los objetivos que debemos alcanzar. La fuerza de voluntad es algo que está a nuestra disposición pero que guardamos y no la utilizamos siempre que debemos. Es como si tuviéramos los bolsillos llenos y no la empleamos, nos estamos limitando y perjudicando grandemente en nuestro proceso evolutivo.

“Hace más el que quiere que el que puede”. Que gran verdad encierra esta frase. Normalmente nos movemos por impulsos, por instintos, por egoísmo, hacemos lo que nos conviene o interesa. Entonces demostramos que sí tenemos fuerza de voluntad, y que somos capaces de realizar grandes esfuerzos. Especialmente esto ocurre cuando por motivaciones e intereses materiales podemos conseguir bienes, dinero, fama, etc. Sin embargo, cuando tenemos que realizar esfuerzos o sacrificios para conseguir cosas que no redundan en nuestro propio beneficio, es ahí cuando demostramos que no aplicamos la fuerza de voluntad.

Todos y cada uno de nosotros venimos por un lado condicionados y limitados por nuestras imperfecciones morales, las cuales nos desvían a menudo del sendero que debemos tomar. Y por otro lado, tenemos que luchar también con las tendencias de la materia, la cual es cómoda y perezosa y tiende a dejarnos estáticos y a que rechacemos cualquier tipo de esfuerzo a realizar.

Es por ello, que nos debemos proponer en el día a día, no dejarnos llevar por la comodidad y la pereza, teniendo un control de nuestros pensamientos, sentimientos, pasiones y emociones, a fin de que sea nuestra parte espiritual la que rija nuestras acciones y escoja el camino a seguir.

La voluntad es la palanca que mueve el mundo. Como espíritus que somos, además, estamos dotados de otros atributos, como lo son el amor y la sabiduría. El amor es la guía que sublima nuestros sentimientos y nos impulsa a ayudar, a esmerarnos en el trato con nuestros semejantes. La  sabiduría  es la síntesis de los conocimientos adquiridos en el transcurso de nuestra historia, una vez que hemos asimilado el resultado de nuestras actuaciones y experiencias. Es por ello que a medida que un espíritu va evolucionando, va respondiendo más y más a sus intuiciones y a la voz de su conciencia, que no es otra cosa que el fruto de su esfuerzo y progreso.

Los sentimientos se van engrandeciendo, se van limpiando de impurezas. La conciencia nos va indicando la forma más correcta de actuar, y la voluntad hace que no nos resulten imposibles los nuevos pasos a dar. Nos ayuda a rechazar las malas prácticas y acciones y nos conduce al sendero del bien y del amor. De esta manera el espíritu va allanando su camino y en cada nueva encarnación se propone nuevos y mayores objetivos, resultándole más fácil la consecución de los mismos.

Si no ponemos en marcha la fuerza de voluntad, el espíritu se ve dominado por fuerzas poderosas, como son las debilidades que arrastra, la característica egoísta de la materia, la fuerza de sus defectos, las inclinaciones y tentaciones hacia el mal, y un sin fin de contrariedades e influencias malsanas que pueden llevar al espíritu al abandono de sí mismo, de sus características, que al no ejercerlas, va como olvidando y llegando a creer que en él, no está la posibilidad de vencer los obstáculos y las pruebas que las leyes universales les ponen en su camino.

Entonces llega la rebeldía, y ese espíritu entra en un espiral de guerra contra todo, desarrollando las cualidades negativas, hundiéndose en el egoísmo, el orgullo y la maldad es sus diferentes facetas. Apliquemos la fuerza de voluntad, que la tenemos, sin ella nos rebajaríamos al nivel de las bestias, que solo actúan por la fuerza de sus instintos primarios. Por la fuerza de voluntad como seres humanos nos elevamos hacia estadios superiores de conciencia y de luz, de entrega y sacrificio, en aras de misiones especiales o existencias con pruebas o expiaciones muy duras. No desdeñemos esa fuerza poderosa con la que Dios nos ha dotado y comprobaremos lo mucho que podemos hacer en el día a día, sobre todo cuando se nos ponga a prueba y pensemos que no somos capaces de superarnos o realizar aquello que a priori vemos muy difícil.

El maestro Jesus nos instó a esto, al decirnos que “si tuviéramos fe con un grano de mostaza”, indicándonos que siempre tenemos la posibilidad de realizar aquello con lo que nos hemos comprometido, basta con tener fe y poner en práctica esa fuerza de voluntad, sacándola de nuestro interior.

Hernández Hernández

© 2015 Amor, paz y caridad

SEGURIDAD

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La seguridad en uno mismo es una característica de las personas que poseen una personalidad propia. El tener una personalidad acentuada como rasgo fundamental de nuestro carácter es muy importante, pues es la base que necesitamos para una buena realización en nuestras relaciones humanas.

Sin esa cualidad es difícil que nos atrevamos a sacar a relucir todo aquello que deseamos que salga de nosotros, ya sea una opinión, un tipo de conducta, una labor, etc…, porque nos sentimos cohibidos por los demás. El qué dirán nos hace mucho daño interiormente, así como el pensar que no vamos a ser aceptados, o también que al no hacer o pensar lo que hacen todos los demás vamos a ser una partícula aparte, no admitida en un conjunto donde se supone que todos deben ser iguales.

Nada más lejos de la realidad, normalmente las personas que han adquirido una personalidad propia y que son francas y sinceras en su vida social, espontáneos y naturales sobre todo, son valoradas y estimadas en gran medida, ya que en ellas se ve el reflejo de lo que al final todos queremos llegar a ser. La persona insegura desgasta grandes cantidades de energía pensando una y otra vez lo que ha de hacer, pero al final no es capaz de llevarlo a la práctica, por todo ese tipo de contradicciones, de complejos o de problemas que pertenecen a su fuero íntimo y que no le permiten ser libre y manifestarse como ella es en realidad. Digamos que trata de hacer o realizar las cosas de forma que satisfagan a los demás, en vez de realizar las cosas de modo que la satisfecha sea su propia conciencia.

Sin duda es una batalla interior la que ha de librar la persona que no logra emanciparse de sus complejos, de sus defectos morales y de sus limitaciones que le condicionan en gran medida, para sacar lo bueno que lleva dentro y dejar a un lado todo aquello que le obstaculiza y que no le deja mostrarse tal como es. Pero ha de hacerlo; es como si tuviera que romper una barrera que lleva consigo y que hasta ahora no ha tenido el suficiente impulso para elevarse por encima de ella y ver todo lo que hay detrás.

Además, la persona insegura, tiene un inconveniente para desenvolverse en el mundo en el que hoy vivimos, y es que es presa fácil de todos aquellos que viéndole esa debilidad van a hacer todo lo posible para aprovecharse de ella y no dejarle que se desenvuelva libremente, sino que van a intentar dominarla, influenciarla y valerse de su debilidad para que ella sea portadora de sus deseos. Esto hemos de evitarlo por todos los medios, porque hemos de ser nosotros mismos siempre, para eso Dios nos ha dado la capacidad de razonar y de pensar, nos ha dado la inteligencia para que vayamos haciéndonos conscientes de todo lo que nos rodea y de qué es lo que nosotros por deber y responsabilidad hemos de ir haciendo. De esta manera si nos equivocamos, nos duele, porque viene de una decisión nuestra y podemos observar que nos hemos equivocado, entonces si se tienen deseos de progresar pronto se pone manos a la obra para corregir ese fallo. Pero si no hacemos las cosas por nosotros mismos, nos duele menos el error porque decimos, eso lo he hecho porque me lo han dicho, en cierto modo me obligaron a hacerlo pero yo sabía que eso era así, y a veces no somos capaces de comprender de qué manera nos hemos equivocado, debido precisamente a que nos habían manipulado y eso dificulta tanto comprender las cosas como luego sacar la fuerza necesaria para corregirlo lo antes posible.

Seguidamente hemos de comprender la importancia que tiene ir desarrollando una personalidad propia, porque éste es el camino más corto para hacernos con una seguridad interior que nos guíe y que no se deje condicionar o arrastrar por otras personas, a las que por otra parte les hace falta aprender a respetar a los demás y no tratarlos como si fueran algo que les perteneciera y a los que deben dirigir.

Nosotros hemos de saber controlarnos, hemos de saber discernir bien las cosas antes de hacerlas y hemos de aprender a tomar decisiones. Ese es un trabajo personal y el fruto de ese trabajo es la seguridad que se va cogiendo poco a poco, una vez que has ido sacando la valentía, la voluntad y la ilusión por hacer las cosas y de orientar tu vida de modo que, aunque sí que es a base de riesgos y de determinaciones, lo bueno es que vas empezando a ser tú mismo.

Esto redunda en otro orden de beneficios para la persona, como por ejemplo el que vamos conociéndonos más rápidamente, y en un sinfín de aspectos que antes por estar estancados no podíamos llegar a conocer, por lo tanto es una oportunidad inmejorable para el perfeccionamiento y desarrollo de nuestros valores morales. La vida desde esta óptica adquiere una mayor dimensión: hemos de estar pendientes de nuestra vida, hemos de estar atentos para saber en cada momento qué hemos de hacer y cómo hacerlo. Hemos de razonar y saber qué soluciones tenemos para las experiencias que el día de hoy nos va a presentar.

Es otra manera más intensa de llevar la existencia, obviamente no es lo mismo dejar que nos digan lo que hemos de hacer o lo que hemos de pensar que nosotros, con nuestro estudio, con nuestro conocimiento de las materias y con el diálogo y la conversación diaria con las personas que nos rodean vayamos haciéndonos conscientes de cuantas cosas nos competan.

Esta es la forma más práctica y eficaz de ir cogiendo la tan apreciada experiencia. Se dice: la experiencia es un grado; y es verdad, qué seguridad nos transmiten las personas mayores, o también las personas que con menos años a sus espaldas pero con un gran bagaje de experiencias vemos desenvolverse en la vida con seguridad, con serenidad y con maestría, es consecuencia de que han hecho acopio de un montón de buenas experiencias, las han asimilado y ahora las vierten hacia nosotros con ese respeto, con esa comprensión, de buen agrado y con el deseo de que a nosotros también nos sirvan.

Pero para llegar hasta ahí mucho han tenido que trabajar en su personalidad, se han tenido que enfrentar a los miedos y complejos que ellos también llevaban en su interior, han tenido que luchar con los prejuicios, con los convencionalismos, han tenido que soportar muchas críticas, y también muchos riesgos y errores, pero han extraído al final el elixir de la experiencia y eso les da ahora la seguridad que todos queremos alcanzar.

A nivel espiritual sabemos que hay que ayudar a todas las personas a que vayan conociéndose cada vez mejor y al mismo tiempo debemos hacer lo posible para que vean sus problemas y dificultades lo más pequeños posibles, alentándoles a enfrentarse a ellos y a ir superándolos día a día.

Hay personas que llevan en su interior cosas muy buenas, que no son capaces de sacar al carecer de falta de personalidad y de seguridad, hagamos lo posible por facilitarles esa bonita labor que tienen por delante y que redundará en grandes progresos para ellas.

Fermín Hernández Hernández

Amor, paz y caridad

CONVIVIR ES RENOVARSE

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Renovarse es ley de vida. Es parte del progreso que se manifiesta en todo lo creado, tanto material como espiritualmente. Nada escapa a la lenta pero inexorable Ley del Progreso, y parte de la misma consiste en que nos hemos de ir renovando poco a poco, no podemos quedar estancados, no nos debemos permitir el lujo de acomodarnos en nuestras creencias y quedar estáticos toda nuestra vida, haciendo siempre lo mismo, porque eso deriva en monotonía y comodidad, es contrario a la ley del progreso.

Nuestra obligación es avanzar, abrir nuevos caminos, no conformarnos con lo que tenemos, sino todo lo contrario intentar avanzar, así como la sociedad avanza, lo queramos o no, y es nuestro deber adaptarnos a ella, si lo que queremos es serles útiles y colaborar con el avance y desarrollo de la misma.

Todos y cada uno de nosotros venimos a la tierra condicionados por nuestro grado evolutivo, pero así mismo también venimos con unos objetivos marcados de adelanto y superación, si no que sentido tendría cada nueva vida.

Nuestra vuelta a la vida en la materia obedece a la necesidad que tenemos de progreso, evolución y superación de las imperfecciones adquiridas en el transcurso de los siglos. Es por ello que venimos con esas inquietudes internas, que nos presionan y nos van indicando el camino a seguir.

Pero una vez en la tierra, las comodidades y las viejas tendencias aparecen, y frenan el impulso que traemos desde el espacio, donde preparamos nuestra vuelta a la tierra. Son nuestros enemigos ocultos, viejos defectos, viejas maneras adquiridas. Por esa razón es por lo que también planificamos nuestra vuelta a la escuela de la vida unidos a un circulo de espíritus afines, que nos ayude a traspasar esas barreras que suponen para cada uno de nosotros la carga que traemos del pasado, y que por nosotros mismos, habitualmente,  no somos capaces de detectar, al soler justificarlas,y tampoco somos capaces desde la soledad, la superación y eliminación de las mismas, ya que nos faltarían las herramientas básicas para ello,

Dentro de un grupo de convivencia, se puede realizar todo este trabajo, que traemos como parte de la agenda de la vida, mucho más fácil, más llevadero y se adelanta mucho más rápidamente. ¿Porque? Sencillamente porque la convivencia nos ayuda a salir de la monotonía, nos saca de nuestro cascaron y nos presenta ante nuestros ojos otras formas de interpretar, de llevar a la practica los ideales, nos mueve al deber de compartir, de ceder ante los demás, agudiza nuestro ingenio, nos hace reflexionar, ilumina nuestro camino en una palabra, porque lo que no se entiende o no se llega a comprender por uno mismo, al compartir y debatir los problemas entre todos, se hace la luz con mucha más facilidad.

La convivencia amplifica, por así decirlo nuestros sentidos, nos ayuda a descubrir otras dimensiones del comportamiento y la actuación del ser humano, a vislumbrar otras formas de desarrollar y de emprender. No hay que tenerle miedo a la renovación, no hay que rehuir de la convivencia. Hemos de conservar nuestros valores y nuestra identidad, lógicamente, pero sin caer en el error del estatismo y la comodidad.

El hastío, la desidia, la monotonía, la comodidad, nos hacen caer en una miopía espiritual que nos impide el desarrollo de los valores que hemos venido a cultivar, y nos impide también colaborar en la mejora y avance de nuestra sociedad. Todo eso es un problema que al formar parte de un grupo de carácter espiritual, que ha adoptado el compromiso de evolución y desarrollo del mismo, se puede evitar en gran medida. Al formar parte de un grupo lo que no ven unos lo ven los otros, al participar en conjunto e intentar comprender los pros y los contras de las actuaciones y de las ideas, se llega antes y mejor a la solución de los problemas y a la toma dé medidas y alternativas que se pueden tomar.

Todo esto, traslada animo, optimismo, esperanza, alegría y un sin fin de aspectos positivos que son los que generan la fuerza interior y la puesta en práctica de la fuerza de voluntad en cada uno de nosotros, para superar los obstáculos y todo aquello que pudiera frenar nuestros impulsos.

Saberse respaldado por un grupo, nos brinda una confianza y seguridad difíciles de alcanzar de otra manera, y constituyen una garantía en la continuidad como personas dentro del grupo y el buen funcionamiento del mismo, porque este no está estático, sino que es una fuerza viva que camina en pos de la mejora de sus miembros y de la renovación constante de las fuerzas y los deseos de cumplir con los objetivos firmados antes de venir a la tierra.

Todos nosotros necesitamos, protección, amparo, ayuda espiritual, y como no la llave que abre las puertas para que del cielo se vuelque toda esta ayuda necesaria e imprescindible mientras estemos en la tierra, la tenemos en nuestra mano, si somos nosotros los primeros en dar el primer paso.

No es que la convivencia sea la solución de nuestros problemas, pero nos puede evitar muchos problemas, y sobre todo el que por falta de actividad, o de espíritu de renovación no consigamos alcanzar muchos de los objetivos que nos trazamos al venir a la tierra.

¿Que es una nueva vida en la tierra sino una renovación? No venimos precisamente a ser lo mismo que fuimos, venimos a renovarnos, a aprender cosas nuevas, y a mi manera de entender, la convivencia es una faceta de la vida que nos propicia mucho en ese sentido y puede ser de gran ayuda. Un factor interesante de resaltar en este aspecto, es que mediante ese proceso de convivir, nos podemos dar cuenta de que nos podemos estar quedando atrasados en nuestra actitud y comportamiento, con respeto al grupo, es entonces cuando hemos de hacer un esfuerzo para procurar ponernos al mismo nivel del resto de los compañeros.

Renovar las ideas, los procedimientos, renovar las actividades, las metas y objetivos, ensanchar los principios, y ampliar  horizontes son sin duda uno de los deberes que debe ser una regla dentro de los fundamentos de un grupo que se precie, y que se posicione dentro de los postulados que incesantemente desde el plano espiritual nos trasmiten.

Ir como dice Allan Kardec con la marcha del progreso, en todos los aspectos, a saber, científico, filosófico y moral. Para podré ofrecer en cada momento una respuesta a las necesidades que se propician en nuestra sociedad. Precisamente uno de los aspectos que caracterizan a la sociedad en la que vivimos son los cambios tan rápidos que se producen en la misma. Cambios que hemos de saber asimilar e interpretar para estar preparados y estar en las condiciones idóneas a la hora de saber ofrecer ayuda y orientación.

Los principios fundamentales son los mismos de siempre. Si hay algo que no caduque en nuestra sociedad y por muchos siglos que pasen, es la doctrina de amor de nuestro amado Maestro Jesús, el evangelio es la moral por excelencia, nuestra tabla de salvación que marca las pautas a seguir en nuestro comportamiento. Y por añadidura, la doctrina de kardec como ampliación y esclarecimiento absoluto de todas las materias y conocimientos que necesitamos para nuestro actual estado de evolución. Lógicamente esto no quita el espíritu de renovación y las inquietudes de mejora, que, como tratamos de explicar son un síntoma de que tenemos un carácter abierto y las miras puestas también en el avance que debe marcar cada nueva existencia en la materia.

No renunciemos a la renovación sana y progresiva de nosotros como personas y por ende del conjunto al que pertenezcamos, aspiremos a más, tracemos nuevos objetivos una vez cumplidos los anteriores, seamos capaces de soñar y entreguémonos de cuerpo y alma a la causa en la que estamos, por lo demás no nos preocupemos demasiado ya que el plano espiritual se encargará de guiarnos adecuadamente.

 

Renovarse o morir es parte de la ley.

 

Convivir es renovarse por:  Fermín Hernandez Hernández

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