Convivencia

CONVIVIR ES RENOVARSE

Renovarse es ley de vida. Es parte del progreso que se manifiesta en todo lo creado, tanto material como espiritualmente. Nada escapa a la lenta pero inexorable Ley del Progreso, y parte de la misma consiste en que nos hemos de ir renovando poco a poco, no podemos quedar estancados, no nos debemos permitir el lujo de acomodarnos en nuestras creencias y quedar estáticos toda nuestra vida, haciendo siempre lo mismo, porque eso deriva en monotonía y comodidad, es contrario a la ley del progreso.

Nuestra obligación es avanzar, abrir nuevos caminos, no conformarnos con lo que tenemos, sino todo lo contrario intentar avanzar, así como la sociedad avanza, lo queramos o no, y es nuestro deber adaptarnos a ella, si lo que queremos es serles útiles y colaborar con el avance y desarrollo de la misma.

Todos y cada uno de nosotros venimos a la tierra condicionados por nuestro grado evolutivo, pero así mismo también venimos con unos objetivos marcados de adelanto y superación, si no que sentido tendría cada nueva vida.

Nuestra vuelta a la vida en la materia obedece a la necesidad que tenemos de progreso, evolución y superación de las imperfecciones adquiridas en el transcurso de los siglos. Es por ello que venimos con esas inquietudes internas, que nos presionan y nos van indicando el camino a seguir.

Pero una vez en la tierra, las comodidades y las viejas tendencias aparecen, y frenan el impulso que traemos desde el espacio, donde preparamos nuestra vuelta a la tierra. Son nuestros enemigos ocultos, viejos defectos, viejas maneras adquiridas. Por esa razón es por lo que también planificamos nuestra vuelta a la escuela de la vida unidos a un circulo de espíritus afines, que nos ayude a traspasar esas barreras que suponen para cada uno de nosotros la carga que traemos del pasado, y que por nosotros mismos, habitualmente,  no somos capaces de detectar, al soler justificarlas,y tampoco somos capaces desde la soledad, la superación y eliminación de las mismas, ya que nos faltarían las herramientas básicas para ello,

Dentro de un grupo de convivencia, se puede realizar todo este trabajo, que traemos como parte de la agenda de la vida, mucho más fácil, más llevadero y se adelanta mucho más rápidamente. ¿Porque? Sencillamente porque la convivencia nos ayuda a salir de la monotonía, nos saca de nuestro cascaron y nos presenta ante nuestros ojos otras formas de interpretar, de llevar a la practica los ideales, nos mueve al deber de compartir, de ceder ante los demás, agudiza nuestro ingenio, nos hace reflexionar, ilumina nuestro camino en una palabra, porque lo que no se entiende o no se llega a comprender por uno mismo, al compartir y debatir los problemas entre todos, se hace la luz con mucha más facilidad.

La convivencia amplifica, por así decirlo nuestros sentidos, nos ayuda a descubrir otras dimensiones del comportamiento y la actuación del ser humano, a vislumbrar otras formas de desarrollar y de emprender. No hay que tenerle miedo a la renovación, no hay que rehuir de la convivencia. Hemos de conservar nuestros valores y nuestra identidad, lógicamente, pero sin caer en el error del estatismo y la comodidad.

El hastío, la desidia, la monotonía, la comodidad, nos hacen caer en una miopía espiritual que nos impide el desarrollo de los valores que hemos venido a cultivar, y nos impide también colaborar en la mejora y avance de nuestra sociedad. Todo eso es un problema que al formar parte de un grupo de carácter espiritual, que ha adoptado el compromiso de evolución y desarrollo del mismo, se puede evitar en gran medida. Al formar parte de un grupo lo que no ven unos lo ven los otros, al participar en conjunto e intentar comprender los pros y los contras de las actuaciones y de las ideas, se llega antes y mejor a la solución de los problemas y a la toma dé medidas y alternativas que se pueden tomar.

Todo esto, traslada animo, optimismo, esperanza, alegría y un sin fin de aspectos positivos que son los que generan la fuerza interior y la puesta en práctica de la fuerza de voluntad en cada uno de nosotros, para superar los obstáculos y todo aquello que pudiera frenar nuestros impulsos.

Saberse respaldado por un grupo, nos brinda una confianza y seguridad difíciles de alcanzar de otra manera, y constituyen una garantía en la continuidad como personas dentro del grupo y el buen funcionamiento del mismo, porque este no está estático, sino que es una fuerza viva que camina en pos de la mejora de sus miembros y de la renovación constante de las fuerzas y los deseos de cumplir con los objetivos firmados antes de venir a la tierra.

Todos nosotros necesitamos, protección, amparo, ayuda espiritual, y como no la llave que abre las puertas para que del cielo se vuelque toda esta ayuda necesaria e imprescindible mientras estemos en la tierra, la tenemos en nuestra mano, si somos nosotros los primeros en dar el primer paso.

No es que la convivencia sea la solución de nuestros problemas, pero nos puede evitar muchos problemas, y sobre todo el que por falta de actividad, o de espíritu de renovación no consigamos alcanzar muchos de los objetivos que nos trazamos al venir a la tierra.

¿Que es una nueva vida en la tierra sino una renovación? No venimos precisamente a ser lo mismo que fuimos, venimos a renovarnos, a aprender cosas nuevas, y a mi manera de entender, la convivencia es una faceta de la vida que nos propicia mucho en ese sentido y puede ser de gran ayuda. Un factor interesante de resaltar en este aspecto, es que mediante ese proceso de convivir, nos podemos dar cuenta de que nos podemos estar quedando atrasados en nuestra actitud y comportamiento, con respeto al grupo, es entonces cuando hemos de hacer un esfuerzo para procurar ponernos al mismo nivel del resto de los compañeros.

Renovar las ideas, los procedimientos, renovar las actividades, las metas y objetivos, ensanchar los principios, y ampliar  horizontes son sin duda uno de los deberes que debe ser una regla dentro de los fundamentos de un grupo que se precie, y que se posicione dentro de los postulados que incesantemente desde el plano espiritual nos trasmiten.

Ir como dice Allan Kardec con la marcha del progreso, en todos los aspectos, a saber, científico, filosófico y moral. Para podré ofrecer en cada momento una respuesta a las necesidades que se propician en nuestra sociedad. Precisamente uno de los aspectos que caracterizan a la sociedad en la que vivimos son los cambios tan rápidos que se producen en la misma. Cambios que hemos de saber asimilar e interpretar para estar preparados y estar en las condiciones idóneas a la hora de saber ofrecer ayuda y orientación.

Los principios fundamentales son los mismos de siempre. Si hay algo que no caduque en nuestra sociedad y por muchos siglos que pasen, es la doctrina de amor de nuestro amado Maestro Jesús, el evangelio es la moral por excelencia, nuestra tabla de salvación que marca las pautas a seguir en nuestro comportamiento. Y por añadidura, la doctrina de kardec como ampliación y esclarecimiento absoluto de todas las materias y conocimientos que necesitamos para nuestro actual estado de evolución. Lógicamente esto no quita el espíritu de renovación y las inquietudes de mejora, que, como tratamos de explicar son un síntoma de que tenemos un carácter abierto y las miras puestas también en el avance que debe marcar cada nueva existencia en la materia.

No renunciemos a la renovación sana y progresiva de nosotros como personas y por ende del conjunto al que pertenezcamos, aspiremos a más, tracemos nuevos objetivos una vez cumplidos los anteriores, seamos capaces de soñar y entreguémonos de cuerpo y alma a la causa en la que estamos, por lo demás no nos preocupemos demasiado ya que el plano espiritual se encargará de guiarnos adecuadamente.

Renovarse o morir es parte de la ley.

Fermín Hernandez Hernández

© 2015 Amor, paz y caridad

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