Libre albedrío

Libre elección de las pruebas

Capítulo importante merece el análisis de esta cuestión, dentro del estudio pormenorizado de cuantos temas puedan intervenir para la mejor comprensión y esclarecimiento de lo que es el libre albedrío.

 El espíritu puede gozar de mayor o menor libertad, en cada una de sus nuevas encarnaciones, a la hora de elegir una serie de circunstancias, cómo son la elección del entorno, de los padres, del país en donde se va a vivir, incluso del trabajo, de los hijos que va a traer al mundo, etc., etc.; y de la libre elección de las pruebas por las que va a tener que pasar de manera irremediable, una vez que se ha comprometido a ello. Hemos de entender que toda vida en la tierra supone una misión para el espíritu encarnado, más o menos arduo y difícil según el adelanto adquirido, y que es por tanto una especie de contrato ante la ley de Dios; compromiso que hemos de asumir e intentar realizar lo mejor posible.

 Para esto lógicamente se tienen en cuenta un buen número de factores a fin de que la nueva experiencia en la tierra le sea provechosa, y consiga adquirir un mayor grado de progreso en dos sentidos; por un lado de liquidación de deudas y faltas pendientes del pasado, y por otro, logre engrandecer sus cualidades y desarrollar otras, que aún no posee. Factores como el grado de evolución espiritual adquirido, las condiciones concretas en las que se encuentre, su predisposición frente a los pagos y experiencias que la ley de acción y reacción le exija; de la ayuda con la que pueda contar para su elevación espiritual, y sobre todo si ha alcanzado un grado de claridad y comprensión, del camino más adecuado que ha de seguir y se ha decidido con fuerza y aptitud positiva para encarar la nueva existencia; todo ello son aspectos que condicionan y limitan el mayor o menor grado de libertad a la hora de venir a la tierra en unas condiciones concretas.

 El ser espiritual que anida en todos y cada uno de nosotros, poco a poco, muy lentamente, va desarrollándose y progresando, a medida que va adquiriendo más amor, más luz y comprensión, se va fortaleciendo y comprendiendo mucho mejor cuál es su papel en la evolución. Al mismo tiempo que va adquiriendo mayor grado de responsabilidad según va ampliando sus conocimientos, fruto de las experiencias que va viviendo, las cuales forjan su carácter, y le van capacitando más y más, vida tras vida.

 En las primeras fases de la evolución necesita ser guiado y orientado en cada momento, precisa adquirir muchas experiencias, es un libro en blanco, y para ello encarna muy rápidamente. Apenas es consciente de una vida a otra.  Le es preciso vivir la mayor cantidad de experiencias en la carne para ir aprendiendo a diferenciar entre el bien y el mal, entre el amor y el egoísmo, y comenzar a crearse una consciencia más clara de las cosas, aprender a rechazar las malas inclinaciones y a esforzarse por adquirir buenas cualidades, y a sacrificarse en pos de los demás, siempre que ello le ayude al progreso de su ser espiritual.

 Desde el plano espiritual está siendo ayudado continuamente, es como un bebe espiritualmente hablando, al que no se le puede dejar solo. Pero esta primera fase se prolonga solo hasta que le sea necesario, principalmente en los mundos primitivos. Muy despacio este ser va progresando, desarrollando su propia personalidad y va teniendo preferencias, ya es más consciente, ya no necesita ir tanto de la mano. Sí que sigue necesitando mucha ayuda del lado espiritual superior, muchos consejos, una guía que a nadie nos viene mal, pero poco a poco se le tiene que ir dejando su propio protagonismo.

 Superada esta etapa, está preparado para la vida en los mundos de expiación y prueba. En esta nueva andadura, aunque estamos muy lejos de poseer una evolución espiritual que nos permita saber en cada momento lo que más nos interesa, sí que empezamos a elaborar, en pequeña parte nuestro propio destino, y vamos tomando cada vez más decisiones. Aunque siempre sabiendo que con base a los méritos y deméritos de los que disponemos,  tendremos más o menos limitaciones. El karma más o menos incipiente, el karma acumulado y otra serie de cuestiones que se tienen en cuenta por la ley espiritual, nos permitirá mayor o menor capacidad de decisión propia a la hora de disponer de total libertad en la próxima encarnación que vayamos a tener.

 El plano espiritual superior, que vela en todo momento por nuestro bien; esos seres espirituales de luz, encargados de llevar las riendas de los mundos hacia estadios cada vez más elevados de pureza y perfección, aplauden y valoran muy positivamente  todas las iniciativas que con buena voluntad y con deseos de progreso se procuran  los espíritus de mediana evolución, a fin de ir consiguiendo en cada nueva existencia, dar un paso más dentro del largo y empinado camino de la evolución.

 Es por ello, que siguen a nuestro lado, por supuesto, no nos  quepa la menor duda, pero si somos prudentes y sabios, nos dejaremos aconsejar, y sugerir qué es aquello que más nos interesa a fin de no equivocarnos, y evitar sufrir las consecuencias de no haber sabido medir bien nuestras fuerzas, cualidades y defectos.

 En este sentido, hay espíritus más prudentes, que prefieren ir poco a poco en el recorrido del sendero espiritual;  no tienen grandes desafíos, grandes deudas, y tampoco llevan en su mochila un gran retraso espiritual, con lo cual miden bien sus fuerzas y se planifican existencias de las que puedan responder positivamente, sin grandes quebrantos.

 Hay otros, que por el contrario, sí que llevan en su haber grandes pérdidas de tiempo, complicaciones, deudas pendientes que ya toca ir saldando; y es entonces cuando siendo conscientes, del tiempo tan valioso que han perdido, saben que tienen que apostar muy fuerte y se disponen a prevalerse de la mayor preparación, de fuerzas y acopio de valor para enfrentarse en la nueva existencia, a pruebas y expiaciones que le van a exigir un grado muy alto de valor, y de humildad. Eligen libremente, con el visto bueno de los espíritus que le amparan y le ayudan,  una encarnación fuerte, repleta de experiencias que le van a exigir mucho, pero sabedores de lo difícil que son estas vidas, lógicamente  también piden contar con la ayuda de espíritus protectores que les protejan y amparen en dicha encarnación, a fin de superarla lo mejor posible, y no sucumbir ante la misma. Hay que tener en cuenta que una vez aquí en la tierra, con el velo que nos ponen del pasado, que nos impide recordar el compromiso asumido, es muy fácil rebelarse y echar por tierra todo el trabajo y la preparación que con tanto ahínco efectuamos antes de nacer. En muchos casos vuelven a brotar los defectos que nos llevaron a cometer los mismos errores una y otra vez, y lejos de controlarlos pueden volver a coger más fuerza.

 Con lo cual, vemos que en gran medida, parte del destino lo traemos prefijado desde el plano espiritual. Es el pasado el que marca en muchas ocasiones el compás de los acontecimientos presentes y futuros. Podemos tener una libre elección de las pruebas a vivir en cada existencia; pero ésta, estará condicionada por la siembra del ayer, ya que hay que solucionar ciertas cosas antes de poder emprender otras.

 La evolución es lenta, pero es coherente y justa. Cada uno tiene lo que se merece, y aunque el margen que nos da la ley es amplio, llega un momento en la evolución en que ya no somos niños, y tenemos que aprender  que existen unas normas y reglas que debemos aprender y respetar. Pasada una fase en la que se nos concedieron, fruto de la inexperiencia y de la falta de madurez una serie de existencias en las que apenas se nos exigían responsabilidades, llega el momento de asumirlas,  de entender y hacernos conscientes de que la siembra es libre, pero la cosecha es obligatoria. Esa es la ley,  a cada uno se le retribuye según sus obras, de manera sabia y equilibrada.

 Es por ello que el Padre, en su infinito amor, nos permite que podamos elegir libremente las pruebas y nuevas experiencias a vivir en cada nueva existencia, pero siempre tendremos que tener en cuenta: el debe y el haber de nuestra evolución.  A veces se nos impone un alto en el camino, porque hemos agotado el saldo de esa libre elección, no hemos sabido aprovechar bien las oportunidades y nos hemos cargado de errores; que antes o después hemos de asumir y liquidar.

 El libre albedrío no comienza en la vida actual, sino en las decisiones y elecciones que por nuestro propio beneficio tomamos antes de encarnar, sabedores de lo mucho que tenemos que rectificar y que lo primero es estar en paz con la ley y con nuestros semejantes. Aunque a veces esto sea difícil de aceptar una vez encarnados. Pero sepamos, que todos sin excepción venimos con un contrato firmado, y tenemos una misión que realizar nos guste más o menos

Fermín Hernández Hernández

2015, Amor, paz y caridad

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