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EFICACIA

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Hay personas en nuestro mundo que prácticamente consiguen todo lo que se proponen alcanzar, mientras que otras hay que andan tras la consecución de un objetivo año tras año y nunca logran los resultados apetecidos, nos hallamos sin duda ante un problema de éxito y eficacia en los propósitos y objetivos que tenemos, mientras que unos siguen una línea que les ofrece los mejores resultados, otros no terminan de acertar en sus decisiones.

Hay algunos aspectos que no podemos pasar por alto si queremos alcanzar con eficacia nuestros objetivos. El primero puede ser tener bien claro lo que queremos conseguir. Para poder volcar nuestras energías y todos nuestros recursos sin malgastar fuerzas y tiempo es preciso que establezcamos ciertas prioridades y preferencias, según sean nuestros propósitos e ideales. Así podremos trazar el camino a seguir y elaborar una estrategia que nos permita llevar a cabo el mejor plan para lograr con el menor esfuerzo y lo antes posible nuestros objetivos.

Si a ese fin no tenemos las ideas claras es fundamental que hagamos primero un examen de conciencia para adquirir la seguridad de que eso y no aquello es lo que nos interesa, como también recurrir al consejo y ayuda de aquellas personas que por su trayectoria comprendamos que nos puedan ayudar en ese objeto.

Para ello es importante que seamos objetivos, es decir que pongamos los pies en el suelo para saber establecer la realidad que vivimos, hemos de ser francos y sinceros con nosotros mismos, saber discernir de toda la confusión y desequilibrio que rodea nuestra verdad y de ese modo apartar de nuestra mente y corazón aquello que nos lleve al autoengaño o a un camino fácil que en verdad no es el que nos interesa. Hemos de aprender a ver las cosas tal como son, con objetividad, hemos de saber aceptar la realidad de nuestro entorno, de nuestro auténtico yo y aprender a percibir lo que nuestra conciencia y nuestro espíritu nos dicta, como fiel juez y severo de los pasos que damos cada día de nuestra vida. Si no somos capaces de aceptar esta realidad, ignorándola, difícilmente vamos a encontrarnos bien y a sacarle buen partido a las experiencias que vivimos, ya que estamos engañándonos a nosotros mismos. En ese caso hay que resaltar que son muchas las personas que viven a espaldas de lo que les dice su razón y su corazón y sólo se dejan llevar por sus gustos, es decir por su egoísmo y otros defectos no logrando progresar nunca en el apartado espiritual que es el que a nosotros nos interesa.

Otro aspecto a resaltar es aprender del camino que otros llevan ya adelantado, de su ejemplo, de sus consejos, del diálogo que surge espontáneamente entre amigos y en el que se muestran los aciertos y errores que unos y otros han tenido, diálogo en el que se comentan las vivencias del día a día, los problemas, las alegrías, los proyectos, es decir todo, es como un filtro en donde volcamos nuestros hechos y entre unos y otros sacamos las mejores conclusiones. En este apartado hay que hacer justicia y resaltar lo mucho que se puede aprender de los demás, y el gran salto que podemos dar si sabemos sacar lo mejor de cuanto puede enseñarnos la experiencia ajena para llevarla a la práctica y conseguir ir con paso más seguro en pos de nuestros objetivos.

En este sentido es bueno recordar una frase antigua de la cual desconozco su autoría: “Sólo el necio necesita aprender de sus propias experiencias”. Ampliando así la frase Bernabé Tierno, “El que tiene vocación de sabio, el verdaderamente inteligente, aprende de la experiencia de los demás”. Es cierto ¡cuánto más se puede aprender si tenemos en cuenta las experiencias de los demás! Así es la vida, quienes se empeñan en ir solos sin aprender de los demás, creyendo que saben más que nadie, están labrándose una vida de dificultades, de sinsabores y desde luego una vida abocada al fracaso y al desaliento en la mayoría de los casos.

Ahora bien, en ese sentido hay un escollo muy difícil de saltar para muchos, el propio orgullo y la falta de humildad hacen que creamos que no podemos equivocarnos, que somos más listos que los demás y que no tenemos por qué reconocer los aciertos de nuestros semejantes, porque eso nos dejaría en evidencia y es algo a lo que el orgulloso no puede enfrentarse.
En términos espirituales la eficacia está probada cuando se trabaja en equipo, cuando se está abierto al diálogo y cuando sobre todo se parte de una base de humildad, afirmando como Sócrates que no sabemos nada, y que necesitamos de contrastar ideas y opiniones sin el afán de que las nuestras sean las mejores. Lo que para uno puede ser harto difícil de lograr o de hallarle explicación, según el caso, para un equipo no hay barrera que no se pueda superar.

Después de estar seguros de que no estamos solos en el camino y estar rodeados de buena gente que comparte nuestros objetivos y que está dispuesta a ayudarnos al igual que nosotros lo estamos hacia ellos, hay otro punto clave, me refiero a la perseverancia que hemos de poner en el día a día, sabiendo que no todo nos va a salir a pedir de boca, que habrán días en los que no nos salgan las cosas bien, pero que no importa ya que estamos dispuestos a mantener una actitud mental positiva y a luchar mañana para superar los errores y aprender de las equivocaciones que sin duda vamos a cometer “Roma no se hizo en un día” y nosotros lo que no podamos hacer en un día pondremos nuestro empeño en el siguiente, esperando que Dios nos ayude y nos permita ver las cosas poco a poco con más claridad. La convicción y la perseverancia serán nuestros aliados en el devenir de nuestros días unido a la armonía de nuestro círculo familiar y de amigos que sin duda sabrán sobreponernos en los momentos de bajones de moral que podamos tener en un punto del camino en el que no sepamos por donde echar.

Fermín Hernández Hernández

¿QUIÉNES SON?

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¿quienes son?

A muchas personas que carecen de conocimiento espiritual les debe asaltar esta pregunta, ¿Quiénes son los extraterrestres? Sabemos que vienen a la Tierra desde tiempos inmemoriales, sabemos que están aquí pero, ¿quienes son en realidad?

 Es natural que, sin conocer la Ley de Evolución, la gran mayoría de las personas se formulen este interrogante, inclusive para muchos de aquellos que profesan ideologías de orden espiritualista, y que admiten la creencia en la Ley de Reencarnación y por ende en la pluralidad de mundos habitados,  también les crea estos y otros interrogantes el tema que nos ocupa.

 Es así, abriéndose  muchas puertas para la indagación, ya que es algo novedoso y que además se presta a muchos matices, y sobre todo es muy fácil caer en la fantasía y en la imaginación, con lo cual hemos de ser prudentes y no dar pasos en falso, siendo preferible rechazar cualquier posible teoría sin confirmar; antes que aceptar todo lo que nos llegue a nuestro círculo.

 Por tanto lo primero es aclarar que, los extraterrestres no son otra cosa que hermanos que vienen de otros mundos. De mundos de regeneración, que son superiores al nuestro. Que no tienen otra intención sino es la de ayudar. Y que no vienen por su cuenta y riesgo, sino que forman parte de una planificación espiritual de la que es líder el Maestro Jesús, como bien sabemos, y que al igual que los hermanos espirituales desencarnados, cada cual realiza la función que tiene asignada y que por su grado de espiritualidad y de progreso pueden llevar a cabo con éxito.

 Este matiz es sumamente importante, comprender que por ser extraterrestres no hay que pensar en nada negativo. Son hermanos nuestros, que se diferencian de los hermanos espirituales en dos condiciones, la primera, que vienen de otros planetas, y la segunda que tienen materia, por lo demás no debemos extrañarnos más de la cuenta, sino hacer un esfuerzo para llegar a entender todas las circunstancias que rodean su presencia aquí en la Tierra.

 Vienen con materia, lo cual no les impide realizar una labor espiritual, y todo aquello que sea necesario y oportuno, debido a los  momentos de transición que estamos experimentando. Precisamente el hecho de venir con materia les permite realizar algunas actividades que en estado espiritual no podrían realizar.

 Como bien podemos comprender, estos hermanos han alcanzado un grado de evolución que les permite desdoblarse de su materia con suma facilidad, y realizar trabajos de carácter espiritual, tal como si estuviesen desencarnados, esto no representa para ellos ninguna dificultad, y les permite colaborar junto a los hermanos espirituales en los trabajos en los que sea necesaria su aportación, lo cual supone para los hermanos espirituales una ayuda extraordinaria.

 Esta cuestión a los espiritistas no nos debe causar ninguna duda o extrañeza, ya que en la Tierra ha habido muchos ejemplos de personas con esta facultad de desdoblarse, y de poder realizar viajes astrales, para ampliar su conocimiento y principalmente para ayudar. En este sentido, son muy conocidas las prácticas y los estudios que realizó nuestro buen amigo brasileño Waldo Vieira, desencarnado hace muy pocas semanas. (1)

 Prácticamente casi toda la labor que ejercen los extraterrestres, la realizan de esta manera, a excepción de los avistamientos que pueden ofrecernos en diversos momentos para que la humanidad en general vaya familiarizándose con este hecho y pueda asimilar que no estamos solos. Puede que llegado un momento la presencia física de estos hermanos tenga que ser más patente, y que incluso necesitemos de su ayuda física y tecnológica, en función de las necesidades del momento.

 Al mismo tiempo, los gobiernos de la tierra también se van haciendo a la idea de que están en un nivel muy superior al nuestro, y que entre otros factores, no podemos disponer del planeta a nuestro antojo, especialmente cuando la sostenibilidad del mismo se pueda hallar en peligro. En este sentido queda más que demostrada la superioridad tecnológica que estos poseen, y por descontado también la superioridad moral.

 La presencia de los hermanos extraterrestres en nuestro planeta obedece únicamente a la ley del Amor, el que está más adelantado ayuda al que lo está menos. Es caridad y solidaridad universal. Solo desde el punto de vista espiritual se puede entender con claridad y en toda su dimensión la presencia ovni-extraterrestre en la Tierra.

 Una humanidad superior puede ayudar indirectamente a una humanidad inferior, sin violar su libre albedrío, sin forzar ninguna situación. Mientras que una humanidad inferior no puede hacer lo opuesto. Si nosotros hubiéramos podido acceder a un planeta inferior al nuestro, lo primero que hubiéramos hecho seria poner la bandera y los cañones, e intentar aprovechar al máximo los recursos del mismo, exactamente lo mismo que hicimos en el pasado colonizando y explotando a los más débiles.

 Esto no ocurre a nivel interplanetario, quedando así anuladas las diversas teorías que intentan dar una explicación al fenómeno extraterrestre, sin lógica ni razonamientos coherentes, al faltarle precisamente el aspecto espiritual que es la pieza del rompecabezas que da sentido a todo lo demás.

 Son muchos los grupos en diversas partes del mundo que han podido establecer comunicación por vía mediúmnica con este tipo de hermanos; ahora bien, estos grupos son seleccionados por ellos, tratándose de grupos de una preparación tanto moral como de conocimientos espirituales sólidos.

 No obstante, en algunos casos, esta comunicación se ha establecido después de cierto tiempo y estar muy seguros, de que se trataba de hermanos positivos, ya que al tener una apariencia distinta a la de los hermanos espirituales, los médiums con facultades de videncia, los han rechazado, al no estar seguros de su categoría espiritual, ya que los hermanos negativos se pueden disfrazar y aparentar en muchas ocasiones lo que no son, para engañar. Es mejor y más correcta esta actitud, de prudencia hasta confirmar quien es quien, que aceptar a la primera lo que llegue a nuestras reuniones.

 Debemos pues asimilar que los hermanos extraterrestres son nuestros hermanos mayores, que velan por la continuidad de la vida en la Tierra, y que están colaborando arduamente en el proceso de transición de la misma, siguiendo las instrucciones de los espíritus superiores, encabezados por el Maestro Jesus.

 (1) Entre la literatura que podemos estudiar del doctor Waldo Vieira, recomendamos su obra «Proyecciología” a la que dedicó muchos años de su vida, y que cuenta con más de 1000 páginas, en las cuales aborda de forma extraordinaria la práctica del desdoblamiento y el viaje astral.

¿Quienes son? por: Fermín Hernández Hernández

©2015, Amor, paz y caridad

HERRAMIENTAS DEL PROGRESO I

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Como espíritus que somos, provenientes de la fuente de donde todo emana en el universo, Dios, tenemos a nuestra disposición diferentes herramientas con las que trabajar para llegar a la meta, que es adquirir la perfección y contribuir con el Padre en la propia Creación. Somos una centella cósmica, emanada de la ¡Llama Divina! creados para alcanzar la perfección.

Por tanto el Padre no nos va a dejar desamparados,  al pairo de los elementos y de todos los aspectos que se conjugan a medida que  vamos progresando, especialmente cuando estamos encarnados. La dificultad para el progreso es grande, puede serlo más o menos, según las complicaciones en las que un espíritu se puede ir viendo envuelto, si se ha ido equivocando reiteradamente y contrayendo deudas y responsabilidades que, antes o después tendrá que ir asumiendo.

Las leyes universales, están ahí para nuestro propio desarrollo y beneficio, la ley de evolución tratará por todos los medios de encaminarnos hacia el bien y el progreso, pero no coartará nuestro libre albedrío, salvo en ciertas excepciones que por supuesto también las hay, llegado un punto extremo en el que un espíritu no puede por sí mismo alumbrarse y saber cómo puede redimirse y rescatar un pasado plagado de faltas a la Ley.

Cuando un espíritu es atraído por el camino del mal, sus armas son el propio egoísmo, la maldad, el orgullo, el despotismo, la impiedad; se vale de toda su fiereza, de su capacidad para imponerse a los demás y crear sufrimiento a su alrededor, usando su fuerza mental, su inteligencia, su capacidad para odiar, para la venganza, y toda la secuela de defectos que se puedan mencionar.

Sin embargo, Dios, nuestro Padre, nos ha creado inocentes, sin maldad, y nos ha dotado de herramientas para que podamos alcanzar cotas mayores de progreso y perfección en el menor tiempo posible, sin necesidad de caer en el abismo del mal. Porque el mal es un abismo del que en ocasiones es difícil de salir.

Estas herramientas son la conciencia, la intuición, la fuerza de voluntad y la capacidad de desarrollar esa gran fuerza cósmica que es el amor. De la fuerza de voluntad ya hablamos en un número anterior de esta revista.

La conciencia según el diccionario de la RAE, entre otras definiciones, es una facultad del ser humano, que nos permite distinguir el bien del mal.

Además, en el aspecto espiritual es algo que va más allá de eso, es una cualidad del espíritu, una cualidad que se va engrandeciendo a medida que el ser espiritual evoluciona, ya que es el fruto de las experiencias vividas anteriormente, y que aunque por ley de evolución, en el estadio en el que nos encontramos no podemos recordar nuestras vidas pasadas, con sus errores y aciertos, sí que nos queda el efluvio más o menos subconsciente que nos advierte, o más bien nos puede orientar a la hora de tomar ciertas decisiones importantes. La expresión «la voz de la conciencia» viene a definir esto exactamente, y lógicamente esa voz no es ni más ni menos que el resultado, el eco de las experiencias vividas con antelación, en esta vida o en las de atrás.

Somos creados a imagen y semejanza de Dios, esto nos pone en relación con nuestro Creador, queramos o no, siempre existirá un hilo más o menos vigoroso que nos mantiene unidos al Creador, podremos revelarnos ante este hecho, cuando por las circunstancias nos veamos alejados de Él, y consideremos que se ha cometido una injusticia con nosotros. Como el mito de los Ángeles caídos, de aquellos espíritus que por la fuerza de sus obras contrarias a la ley de evolución se ven  a sí mismos, enfrentados con el Creador, embrutecidos, desprovistos de las virtudes de los ángeles buenos, piensan que han sido creados distintos al resto, y que le pueden echar un pulso al mismo Dios.

Somos conciencias en proceso evolutivo, una veces estamos en el espacio, y otras encarnados, por tanto la conciencia es el reflejo de nosotros mismos, de cada cual según el punto del camino en el que se encuentre. Lo que si hemos de tener en cuenta, es que a mayor transparencia, a mayor sinceridad, humildad, a mayor deseo de progreso, la conciencia se haya más libre, más capacitada para hacerse oír y generar los estímulos y la confianza que necesitamos para ir labrándonos un camino más feliz y venturoso cada vez que encarnamos en la tierra.

El espíritu es por tanto la propia conciencia encarnada, hoy como cada día es más frecuente observar como desde la propia investigación científica, psicología, neurocirugía, psiquiatría y ciencias de la medicina análogas, se habla con mayor profusión de la conciencia; para un gran número de investigadores, profesores y doctores que están en el día con sus pacientes, la conciencia es la causa del pensamiento, la fuente de los sentimientos y además está separada del cuerpo físico, siendo este un instrumento de la misma. El cuerpo morirá, pero la conciencia ya se empieza a comprender con claridad, que es anterior al nacimiento del cuerpo y que sobrevive a la muerte, la conciencia es sinónimo de espíritu, pero para la ciencia hablar de espíritu es todavía muy atrevido.

Por lo tanto podemos distinguir dos facetas, la propia conciencia, como nuestra realidad existencial, y la voz de esa misma conciencia que es el jugo que extraemos del recorrido milenario en el que nos hemos desenvuelto, vida tras vida.

Conciencia es una de esas palabras tan grandes, tiene tanto significado, y sin embargo no le damos la debida importancia, ¿Por qué? Si le diéramos la transcendencia que tiene, si le prestáramos la atención y el merecido respeto, haciendo caso de sus advertencias, ¡cuántos errores y sufrimientos nos podríamos evitar! La conciencia nos susurra al oído, no al oído físico, sino al oído de nuestra alma, habla a nuestro yo consciente y nos dicta una sentencia, ¡no obres así! O por el contrario nos dice sí, ese es el camino acertado, esa es la obra que debes realizar, esa es la acción que toca ahora.

Sin embargo, por orgullo, por el qué dirán, por tantas cosas, no le hacemos caso, aunque se nos quede muchas veces un peso en el estómago, aunque pasemos muchas noches sin dormir, despreciamos la voz de la conciencia. Por los propios defectos encontramos mil y una excusas para no hacerle caso, y así una y otra vez dejamos pasar la oportunidad del progreso, de adquirir humildad y fuerza de voluntad.

Dios nos ayuda siempre, de mil maneras, sus ángeles, que son los espíritus que ya están encaminados en la vía de la perfección nos influyen positivamente, nuestros espíritus guardianes, espíritus familiares se desviven por nosotros, sabedores de lo que tenemos que adelantar, pero hay algo que inclina más la balanza, los defectos e imperfecciones que arrastramos y de los cuales no nos queremos hacer lo suficientemente conscientes y responsables, hasta que arrecie el dolor y no nos quede otra posibilidad.

De esta manera nuestro espíritu se va achicando, ensuciando, ennegreciendo, y esa voz de la conciencia cada día va teniendo menos potencia, se va distanciando del alma y nos quedamos con una herramienta en desuso, casi inservible. La conciencia que nos queda entonces es la conciencia del yo, del egoísmo. Obramos en conciencia, o mejor dicho a conciencia, solo a favor de los intereses materiales, de los espirituales ni nos acordamos, Dios no existe. ¡Craso error!, del que algún día nos comencemos a arrepentir. Porque nuestro Creador si dispone de las herramientas necesarias para hacernos volver al camino.

 Los espíritus que escogen la vía del esfuerzo, de la superación, de no hacer mal a nadie, elevan su conciencia de tal modo que son incapaces de matar una hormiga, mientras los otros por su propio beneficio, son capaces de matar hasta su propia madre. ¡Qué caminos tan distintos, y que alejados están el uno del otro, verdad! Pero no ha sido Dios, como piensan algunos, el causante de dicha y abismal diferencia, sino el ejercicio del libre albedrío de cada uno, tal y como estamos deduciendo.

Tenemos conciencia de ser y existir, del estado en el que nos encontramos, del deber que tenemos, de la repercusión de nuestros actos, en definitiva tenemos conciencia del bien y del mal, solo nos falta ambición de progreso espiritual y seguir con más ahínco las instrucciones que nos dicta la voz de la conciencia. Como dice la expresión: ¡Allá cada uno con su conciencia!

Fermín Hernández Hernández

2015  © Amor, paz y caridad

NATURALIDAD

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He aquí una de las metas que todo aquél que pretende conseguir una realización espiritual ha de alcanzar, la naturalidad en su actos y forma de proceder que deje traslucir con toda limpieza la auténtica naturaleza de nuestros sentimientos y pensamientos.

Para llegar a conseguir esto está claro que nuestro corazón ha de estar limpio de toda sombra de rencores, resentimientos o malas inclinaciones, los cuales acostumbramos a esconder y dejarles rienda suelta cuando nos interesa. Igualmente hemos de estar libres de segundas intenciones, dobleces y de cualquier manifestación de hipocresía que es lo contrario de ser natural y espontáneo.

Muchas personas tienen dificultad en comportarse de modo natural porque también carecen de seguridad en sí mismos, y esto es sin duda una traba importante pues sus complejos, dudas e inseguridades son una barrera que les impide su libre manifestación, con lo cual tienen que hacer verdaderos esfuerzos para ser ellos mismos sin importarles el qué dirán ni el miedo al fracaso.

Ser natural es una gran virtud pues nos acerca a los demás sin obstáculos, las personas van conociéndonos tal como somos facilitando así el que día a día puedan tener una mayor confianza y seguridad en lo que pueden recibir de nosotros. Si una persona obra en conciencia y conforme a la naturaleza de sus sentimientos se va abriendo camino en sus relaciones humanas de forma progresiva, porque se llega a confiar en él, ya que no ofrece dudas y se sabe que su conducta no responde a mentiras, falsedades o artimañas para conseguir con su actuación un segundo objetivo oculto.

Es decir se puede ser natural cuando no se tiene nada que esconder, cuando no se teme al fracaso, cuando se es fiel a sí mismo y no se pretende conseguir a través de la mentira y la hipocresía ningún tipo de favores, prestigio o admiración que no responda a la realidad de uno mismo.

Hay personas en nuestra sociedad que están acostumbradas a pensar una cosa y, sin embargo, decir otra muy distinta de la que están pensando, o dan a entender que se encuentran en una situación o postura cuando la realidad es otra muy diferente, actuando así de forma hipócrita e interesada porque es evidente que no les interesa sacar a la luz sus verdaderos pensamientos o intenciones, sin embargo no se dan cuenta que muchas veces los que están a su alrededor saben que no está siendo fiel a la verdad, y por lo tanto mantienen un paréntesis hacia esta persona en prevención de lo que puedan querer obtener con su forma de proceder.

Esto es un gran error, pues las personas han de entenderse a través del diálogo y del respeto. Si entre varias personas no hay total comunión de ideas, pero algo que es muy importante comparten los proyectos y objetivos, siempre que haya sinceridad en sus relaciones y naturalidad en sus comportamientos, el camino de la armonía y del entendimiento entre ellos está trazado ya que se cierra el paso para otras complicaciones u obstáculos que se pueden producir al no tener claro cuál es su postura u opinión acerca de algo. El diálogo y la sinceridad traen de paso a la amistad y la simpatía entre las personas lo cual es también un punto de encuentro entre ellos que puede hacer desaparecer ciertas diferencias que son mínimas y que algunas veces toman mayor fuerza debido a la cabezonería propia del ser humano y al no querer reconocer los errores y estar dispuestos a aceptar que nos podemos equivocar.

Es una actitud muy distinta el dar a conocer nuestras verdaderas ideas u opiniones aunque sean distintas a las de los demás y entablar una relación natural y sincera, a la de llevar por “bajo manga”, como solemos decir, nuestras verdaderas ideas e intenciones y querer de forma poco noble que estas poco a poco vayan prevaleciendo y contagiando a otros. La primera actitud nos engrandece, nos muestra a los demás con transparencia, no deja lugar a recelos y nos une a los demás; mientras que la segunda nos rebaja al grado de hipocresía y nos separa de los demás porque va enfriando las relaciones, no deja lugar al diálogo y por lo tanto aleja el entendimiento que podría venir de una discusión tranquila serena y en la que todos puedan dar a conocer sus argumentos y razones para mantener su postura.

Por otra parte, la naturalidad tiene también sus inconvenientes y desventajas, ya que debido a que no somos perfectos hemos de saber controlar nuestros impulsos no dando rienda suelta a nuestra forma de ser ya que por el sólo hecho de que seamos de una forma u otra no quiere decir que sea siempre lo más correcto.

Fermín Hernández Hernández

2015  © Amor, paz y caridad

UN NUEVO CAPÍTULO PARA LA HUMANIDAD

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Abordamos una nueva sección, en la que como su título dice, vamos a enfocar el tema de la posibilidad de la  existencia de seres extraterrestres en nuestro planeta; desde un punto de vista espiritual, para intentar comprender con profundidad, que hay de positivo y real en este tema; que hay de verdad y de mentira en todas aquellas noticias que van surgiendo en el día a día; que tiene de fantasía y de ilusión; y sobre todo, qué  nos aporta esta realidad que durante ya algunas décadas, está  presente en los círculos de diálogo y de opinión.

Sin embargo, apenas nos llegan comentarios y noticias, a no ser  de índole más bien científico;  falta por supuesto una explicación y un desarrollo espiritual de la cuestión. También presentan a los hermanos extraterrestres en plan negativo, e incluso aduciendo que han podido hacer daño a la humanidad o servirse de nosotros como laboratorio para sus intereses e investigaciones.  Nada más lejos de la realidad.

La verdad es que desde un punto de vista espiritual, hay muy poco en donde poder estudiar,  para llegar a hacernos una idea amplia y clara del porqué y para qué están aquí, qué pretenden, qué buscan, en qué nos pueden ayudar. Una vez que nos ponemos a hacernos preguntas y a investigar, son infinidad las dudas que nos asaltan y el deseo de comprender y hallar respuestas lógicas y definitivas va creciendo.

Como pueden observar, he dicho hermanos extraterrestres, porque para nosotros no son más que hermanos que vienen de mundos superiores con el único ánimo de ayudar.

Son muchos los interrogantes, las dudas, las cautelas que surgen en torno a este, por un lado tan atractivo, y por otro tan delicado tema. Sin embargo, desde el punto de vista de la doctrina espírita , ha de ser algo natural, y que se presta a estudio y divulgación, “la casa de mi Padre tiene muchas moradas” anunció Jesús hace ya 2000 años, y el espiritismo avanzó la revolucionaria idea de “pluralidad de mundos habitados”; por tanto se debe de poder  enfocar este tema de manera razonada, natural,  sin cortapisas, desvelando lo que puede haber de verdad y de positivo, y descartando la fantasía y todas aquellas tendencias que rozan el fanatismo, la ignorancia espiritual de las leyes que rigen nuestro proceso de evolución y la falta de realismo en sus argumentos.

No debemos tener miedo en enfocar este tema tan controvertido hasta el día de hoy, hemos de emplear el razonamiento, la lógica, y tener en cuenta los planteamientos y aseveraciones de la doctrina. Este es un tema muy poco debatido y discutido, y en muchas ocasiones ha servido para arrojar sobre él  infinidad de falacias y extremos muy alejados de la realidad. Motivo de más para encarar este tema, que encierra una gran transcendencia, con seriedad, responsabilidad y con un actitud positiva.

Es hora de que podamos hablar de él sin cortapisas, arrojar la luz que nos puede ayudar en nuestro progreso y descartar las ideas contrarias a la doctrina, que son fruto del desconocimiento, de la fantasía y en otras ocasiones, de la intervención del plano espiritual negativo en su esfuerzo y encono por crear confusión y poner todo tipo de trabas para la perfecta comprensión del tema. De este aspecto tan importante también nos ocuparemos.

Son muchas las preguntas que nos podemos hacer, las cuales serán  objeto de estudio y de análisis en este apartado. Sólo  pretendemos aclarar y llegar un poco más lejos de lo que hasta ahora se ha llegado en este tema tan  crucial e importante dada la hora en la que estamos, CAMBIO DE CICLO.

¿Porqué es ahora precisamente cuando más se habla y se comenta de esta realidad?

¿Tienen algo que ver los extraterrestres con el cambio de ciclo, en el que, sin duda ninguna, estamos ya inmersos?

¿Es posible que vengan a evitar que los seres humanos podamos dañar más de la cuenta al propio planeta?

¿Es posible que puedan visitarnos hermanos de otros mundos?

Si es así, ¿vienen con materia o solo en estado espiritual?

¿Pueden existir extraterrestres negativos, que vengan sólo  a aprovecharse de nosotros y hacer de la tierra su laboratorio?

¿Qué misión podrían tener?

¿Porqué  no se manifiestan clara y rotundamente?

¿Vienen por sí mismos, o forman parte de una planificación?

¿Qué nos quieren dar a entender?

¿Están aquí desde hace cientos de años o acaban de llegar?

¿De qué mundos vienen, de mundos como el nuestro o de mundos de regeneración o superiores?

En fin, estas y otras muchas preguntas han de tener una respuesta lógica, clara y razonada. El espiritismo debe dar respuesta a todos estos interrogantes, y a otros muchos más, con el objeto de que podamos arrojar luz y claridad ante tantos y tantos disparates que se han dicho sobre esta cuestión. Debemos ser valientes y hacer acopio de nuestra gran filosofía, pues esta se caracteriza por su versatilidad, por la capacidad de responder a tantos y tantos interrogantes que la humanidad no ha sabido descifrar por sí sola, y en esta cuestión no se puede mantener al margen, ni encogerse de hombros. Eso sí, siempre respetando las reglas de la lógica, el discernimiento y los postulados  sobre los cuales se asienta nuestra filosofía.

Lo cierto y preciso es que en cada momento de la humanidad surgen nuevos capítulos, nuevas experiencias y necesidades que se deben encarar y han de ser objeto de estudio e investigación, creemos que este es el momento idóneo de afrontar esta realidad.

Si hay en la tierra una filosofía que pueda y deba responder a todos estos interrogantes e inquietudes que tiene una buena  parte de nuestra humanidad, esa no es otra que el espiritismo, puesto  que ya dedica un capítulo, en el libro de los espíritus, a la pluralidad de mundos habitados, remarcando que no estamos solos en el universo, y que estamos llamados a subir en esa escala de la evolución. Asimismo nos enseña que existe una ley de solidaridad y fraternidad universal, por la cual los que están arriba ayudan a los que están abajo, y esta regla rige también entre los diferentes tipos de mundos.

Hemos de aportar pues nuestro grano de arena, tenemos el deber de arrojar luz sobre este asunto, no es un tema trivial que debamos dejar al margen de nuestra lucha por la difusión de todo cuanto la sociedad se pregunta, y también tenemos el deber de despejar y rechazar tantas teorías que se han vertido a la sociedad, especialmente aquella totalmente errónea, que quieren hacernos ver que los extraterrestres que nos visitan pueden resultar negativos para nosotros.

Insisto, dejemos a un lado el fanatismo y la ilusión, la fantasía y la ignorancia, abordemos este tema con responsabilidad, con discernimiento y con razonamientos acompañados de la lógica y el sentido común, y veremos cómo se pueden despejar muchas dudas y aportar mucho de positivo a la sociedad y a nosotros mismos.

  Fermín Hernández Hernández

2015  © Amor, paz y caridad

PROGRESO Y RESPONSABILIDAD

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A mayor conocimiento, mayor grado de responsabilidad, eso es algo que hemos oído en muchas ocasiones. Y es cierto, puesto que al ser más conscientes de nuestros actos, de sus repercusiones, por lógica hemos de ser mucho más responsables, que aquellos; que por su grado de evolución, son ignorantes o desconocedores de las consecuencias de sus actos.

 Asimismo, la omisión de los deberes y obligaciones que nos impone nuestro grado de adelanto, nuestra posición en el mundo, etc., también supone un grado de responsabilidad que en un futuro deberemos asumir.

 Al igual que a cada uno se le dará según sus obras, también se puede decir sin miedo a equivocarnos, que se nos pedirá en función de nuestra formación, conocimiento, preparación, etc.

 Cada espíritu cuando viene a la tierra trae una misión, ningún espíritu viene, por así decirlo, de vacaciones a la tierra. Salvo excepciones, que también las hay, pero que no es el caso de este artículo, pararse a desarrollar dicha cuestión.

 Dicha misión tiene la particularidad de ponerle a prueba, en cuanto a las nuevas experiencias y objetivos que viene a desarrollar; y como no, también le someterá a prueba en el sentido de comprobar si es capaz de poner en práctica los conocimientos y las cualidades que ya ha adquirido. Dado que aunque haya adquirido alguna virtud o cualidad, todavía no ha alcanzado la perfección absoluta, y mientras tanto las vidas en la carne le someten a una gran diversidad de pruebas y de circunstancias a fin de que siga desarrollando sus atributos, y servir también de modelo y de ejemplo hacia sus congéneres.

 Es por ello que no debemos descuidarnos en ningún momento de nuestra vida; ya que las pruebas no sabemos en qué momento se nos pueden presentar; tampoco sabemos la misión exacta que hemos venido a cumplir, aunque podamos tener una intuición más o menos clara. No obstante, son muchos los momentos que podemos vivir en los que atravesemos alguna nube oscura que no nos deje ver el horizonte con claridad, y que nos difumine el camino que hemos de seguir, con lo cual hemos de pensar siempre positivamente, manteniendo la guardia para no dejarnos llevar por el plano material y por la comodidad, que son los peores enemigos que podemos tener, junto a la siempre y constante posibilidad de que seamos presa, o víctima de la parte espiritual negativa que en su trabajo siempre buscará la oportunidad para distraernos y llevarnos por el camino fácil, el de la pasividad, la comodidad, la vida fácil, y la búsqueda de los placeres temporales y efímeros que conlleva el estar en la materia.

 Los espíritus menos adelantados tienen la obligación de buscar la perfección que aún no han adquirido, e ir escalando en la empinada cuesta de la evolución, adquiriendo mayores conocimientos, soportando las inclemencias de los martirios o sufrimientos que conlleva el estar encarnados en mundos inferiores, formando parte de una sociedad imperfecta, compuesta en la mayor parte de espíritus atrasados, de toda índole, que buscarán aprovecharse y explotar sus debilidades en su beneficio personal, y sufrir propiamente por su falta de evolución.

 Mientras que los espíritus más adelantados, tienen la obligación de ayudar, de servir de ejemplo, de conquistar nuevas metas y proyectos, y de comportarse y actuar equilibradamente, demostrando su grado de adelanto  y de conocimientos.

 Es una lástima que llegados a un nivel de evolución, y sin duda de un nivel de compromiso espiritual, pueda darse la posibilidad de que nos acomodemos en la materia, por poder disponer de una vida más o menos llevadera, o de una situación que nos facilita todo lo que materialmente podamos necesitar, y olvidemos por contra que también necesitamos dar de sí, de todo aquello que llevamos dentro, lo que sin duda nos ha costado muchas existencias alcanzar, muchos sacrificios, mucha renuncia y esfuerzo, y que llegados a un punto importante en nuestra evolución, olvidemos todo eso y por simple comodidad material, pasividad, o por un momento de crisis que podamos atravesar, no saquemos nuestra fuerza interior, para romper de una vez esa barrera y estemos dispuestos a hacer lo que tenemos que hacer, lo que hemos venido a hacer.

 Esto puede suponer un corte, un paréntesis peligroso en nuestra evolución personal y espiritual, una mancha en nuestro expediente de trabajo y de realizaciones en el plano material, que es donde se producen estos errores y tropiezos, y que naturalmente será necesario casi sin duda, volver a la tierra en una  encarnación posterior similar para reparar y dar cumplimiento a la misión que dejamos sin cumplir.

  Las vidas fáciles y sin esfuerzo no suponen un punto a favor para los espíritus encarnados, sino todo lo contrario, suelen conllevar faltas y errores y un grado de estancamiento que puede costarle a este espíritu una o más vidas de expiación para recuperarse de ese estado de pasividad y de comodidad por la que se dejó llevar.

 En estos casos, las protecciones y los espíritus que vienen acompañando a estas personas, tratan de ayudarles por todos los medios disponibles, para que sean conscientes de su situación y de la misión que han traído a la tierra y que deben retomar cuanto antes, pero no siempre lo consiguen, desafortunadamente, dejando a esta persona con su libre albedrío que actúe como crea conveniente. Será más adelante cuando se dé cuenta, después de desencarnar cuando le presenten lo que tenía que hacer, y lo que por fin pudo hacer, con el saldo a favor o en contra, en su cuenta de acciones.

 No debemos confiarnos, la vida en la materia es muy peligrosa, en cuanto a que es muy fácil equivocarnos. Igualmente es fácil también reaccionar, dar marcha atrás y rectificar, siempre y cuando tengamos deseos de progreso y sepamos escuchar los consejos y sugerencias que puedan ofrecernos, tanto desde el plano material como espiritual.

 

Fermín Hernández Hernández

2015  © Amor, paz y caridad

 

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“Confiamos en todos vosotros porque espiritualmente os conocemos, y os hemos elegido para formar parte de este grupo y realizar la misión a la que nos hemos comprometido, vosotros encarnados, nosotros en espíritu, pero como estáis en la materia, lo tenéis que demostrar cada día.”

(Comunicación espiritual obtenida en un trabajo mediúmnico)

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DESPRENDIMIENTO

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Sacrificio y renuncia han sido a lo largo de los siglos las consignas de las grandes filosofías espirituales, todos los Iniciados que han encarnado en la Tierra han llevado a sus discípulos esta enseñanza como pieza clave para una realización auténtica en el campo de la espiritualidad. El maestro Jesús nos legó como principal fundamento de su doctrina la práctica del amor fraterno, del amor altruista y desinteresado hacia nuestros hermanos, el amor llevado a la práctica con justicia y con sabiduría, pero basándose en la puesta en acción de la caridad, del perdón y de la renuncia a sí mismo.

La vida del sublime nazareno fue un ejemplo constante de pensar antes en los demás que en sí mismo, él basó todos sus hechos en dejarnos claro cómo teníamos que obrar para ser verdaderos aspirantes a la nueva vida en un mundo mejor que está por llegar, y lo plasmó sin lugar a equívoco en su ejemplo de darse a los demás, de pensar en cómo enseñarnos el camino pero no de forma teórica, sino en la práctica.

En este sentido hay una lección muy clara que nos enseñó, entre otras muchas, el desprendimiento y desapego que debemos tener hacia las cosas materiales. La doctrina del desprendimiento es también una constante en las enseñanzas filosóficas de todos los tiempos que nos enseñan a no atarnos ni esclavizarnos con las cosas relativas a este mundo puesto que tarde o temprano tendremos que abandonarlas. Todas las cosas de la Tierra tienen una función, esta es la de servirnos en nuestro paso por la vida, tan sólo  como herramienta de trabajo.

La persona que está como solemos decir materializada se siente vacía si no ansia poseer cosas, si no se ve rodeada de bienes, de dinero, de lujo y de todo eso, es como si no hubiera conseguido nada en la vida, quieren conseguir más cada día, y lo peor es que si esto es a costa de otros, con el menor trabajo y esfuerzo mucho mejor. No miran en su interior, se fijan sólo en las apariencias, quieren estar bien mirados en la sociedad, y se olvidan de si sus obras y su proceso en la vida está siendo agradable a Dios, porque en realidad se han olvidado de Dios. Es por esto que cada día crece su apego hacia las cosas terrenales, porque en realidad no tienen otra cosa a la que asirse puesto que su fe está francamente reducida al mínimo. No esperan nada del cielo, no esperan nada de los demás, piensan que dependen sólo de ellos y por eso su razón de ser consiste en labrarse un porvenir a nivel material y asegurarse el futuro lo mejor posible, todo ello en términos materiales. Y así siguen día a día sin preocuparse de su verdadero futuro, que reside en la paz de su espíritu y en tratar de realizar en la Tierra aquello que a nivel espiritual se han comprometido antes de encarnar.

Es cierto que hay que preocuparse por la parte material, planificar nuestra vida lo mejor que se pueda, aspirar a un puesto de trabajo, etc…,  pero esto no debe hacernos olvidar la parte espiritual relegándola a un último plano, precisamente porque no somos espíritus que estemos sobrados de valores y de progreso espiritual, y lo que es más importante, si guardamos un equilibrio espiritual lo suficientemente consistente, basado en las enseñanzas que hemos recibido nos será mucho más fácil alcanzar un equilibrio en la parte material, aprendiendo día a día a darle importancia y prioridad a lo que en realidad haya que dárselo.

La parte material y espiritual se complementan perfectamente. Ahora bien quien ha adquirido unos valores espirituales importantes estará centrado en su vida, sabrá dedicarle a cada cosa su tiempo y su importancia y hará en cada momento lo que sea justo y conveniente. Mientras que la persona que no esté centrada y equilibrada en su parte espiritual, irá de cabeza, como solemos decir, las cosas y preocupaciones materiales le absorberán de tal manera que no encontrará nunca un hueco para dedicarse al trabajo espiritual, e irá desconcertado y sin llegar a sentir esa paz de espíritu y esa tranquilidad de conciencia que es la que transmite el espíritu a la materia cuando de verdad está haciendo aquello que ha venido a hacer en la Tierra, tanto material como espiritualmente.

Es entonces, cuando se tiene ese equilibrio entre la parte material y espiritual, cuando la persona es capaz de prescindir de muchas cosas materiales, porque sabe que no le van a reportar nada válido ni para su felicidad hoy día, ni para el mañana. Hasta que no se tiene ese grado de perfección espiritual asistimos a una carrera desventurada por la dicha y la alegría de vivir pero chocamos continuamente con la ilusión y la fatal búsqueda de cosas artificiales que nunca terminan de satisfacernos del todo.

Sin fe en la vida espiritual, y sin tener las ideas claras es muy difícil llegar a ese desapego o desprendimiento tan divulgado por todas las ideas filosóficas, ya que no es lo mismo tener el conocimiento de que eso es así, a haberlo asimilado y estar dispuesto a llevarlo a la práctica. Es por eso que esta virtud, la del desprendimiento en bien de nuestros hermanos es un fiel en el que nos podemos medir para saber hasta qué punto tenemos un equilibrio entre lo que sabemos de teoría y lo que llevamos a la práctica.

Fermín Hernández Hernández

2015  © Amor, paz y caridad

EL DESEO DE PROGRESO

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No basta creer y saber, es necesario vivir nuestra creencia, o sea, hacer entrar en la práctica diaria de la vida los principios superiores que adoptamos.

 León Denis. El problema del ser y del destino. Cap. XXIV

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Son muchos los factores que nos impulsan cada día en la toma de decisiones. Normalmente muchas de las cosas que realizamos no son meditadas, las hacemos por costumbre, por rutina, monótonamente. Los pensamientos que pululan en nuestro entorno, nuestros sentimientos, las noticias con las que nos bombardean continuamente, el miedo a ser auténticos, transparentes, los conflictos internos, el que dirán, los prejuicios y convencionalismos, y sobre todo, el carácter que llevamos forjado desde hace siglos es lo que mas influye en nuestro desenvolvimiento rutinario.

Por lo tanto, podemos decir que, estamos sujetos a muchos condicionamientos, la mayoría de los cuales no somos conscientes. De modo que, no somos libres del todo a  la hora de elegir nuestros actos, aunque parezca que si.

Son fases del progreso propio e individual de cada uno de nosotros. No todos estamos en las mismas condiciones. Hay muchas personas que ya han pasado por la fase, por ejemplo, del que dirán, y no les importa lo que la sociedad pueda pensar por su comportamiento. Ellos ya han aprendido que cada uno es responsable de sus actos, que no se puede culpar a nadie por lo que se hace o se deja de hacer. Ya se han forjado un carácter, en el que prima su voluntad, su libre decisión, y están por encima de los prejuicios, confían en sus pensamientos y planteamientos, se han decidido a llevar un camino y una actitud ante la vida y esto no hay nada que se lo impida.

Esta es una faceta muy importante para El Progreso que como individuos tenemos la obligación de alcanzar. Muchas personas se echan atrás por el miedo a que se sepa cual es su forma de pensar, la filosofía que abrazan, las creencias que tienen. Esa especie de cobardía es un freno para el proceso de evolución individual, y es uno de los escollos a superar. Si no hay el suficiente deseo de progreso interno no se pueden saltar esas barreras que nosotros mismos nos ponemos, preferimos quedar en segundo plano, no despertar comentarios que nos puedan incomodar, y seguir nuestra vida de rutina. Aunque hay algo en nuestro interior que nos dice que existe algo mas, y que estamos aquí por algo y para algo distinto a la lucha de los intereses  materiales.

Nos falta la fuerza y el deseo de progreso vivo y latente para emprender un camino espiritual, distinto al de la mayoría de las  personas que nos rodean.

Hay un momento en la evolución de todos los individuos en el que sentimos nuevas aspiraciones, algo en nuestro interior está despertando, un impulso distinto, un sentimiento de querer investigar, descubrir, desentrañar interrogantes, un deseo de querer saber y conocer, se nos están abriendo nuevos rumbos, que den un sentido más amplio y profundo a nuestro paso por la tierra. Esto no es ni mas ni menos que el llamado de nuestra conciencia, de nuestro yo espiritual, el yo interno; llamado que resuena en lo mas profundo de nuestro ser y al que debemos prestar la debida atención, para identificarlo con la mayor claridad y enfocar, u orientar nuestra vida hacia la consecución de lo que esa llamada nos demanda y solicita.

En unos puede ser por que viene marcado por un destino determinado hacia nuevas conquistas dentro del campo de la medicina, de la ciencia en cualquiera de sus apartados; otros vienen predestinados a fecundar la tierra con sus nuevas formas de escribir y ofrecer planteamientos filosóficos o culturales, otros vienen predispuestos a servir de medios para formar y crear a las juventudes, esos profesores y tutores a los que tanto debemos en nuestra formación, etc. Son muchos los llamados a lo que podemos venir predispuestos, porque nos hemos comprometido con lo que es nuestro “plan de evolución individual” y son sin duda facetas que debemos ir adquiriendo.

Y otras veces venimos mas o menos libres, pero eso si, impulsados por una fuerza superior, una fuerza interna, que nos impele a movernos, a no caer en la monotonía, a rebelarnos con todo aquello que va quedando caduco y obsoleto, y que ya no sirve como forma y pauta de conducta de las nuevas generaciones. Todos de un modo u otro venimos comprometidos a aportar nuestro granito de arena en pro de las mejoras y avances de la sociedad.

Aunque el progreso es individual, llega un momento en el que es la suma de todos lo que cuenta, y la que por la fuerza natural de los acontecimientos no se puede detener, dando lugar a los nuevos procesos, los cambios tan profundos y necesarios que marcan las etapas y los principios de una nueva fase en la sociedad, en lo que a actitudes, libertades, maneras de entendernos y de comportarnos como seres humanos. Esto es algo que se puede apreciar con facilidad en el transcurso de la historia.

Es por ello importante en los momentos en los que sentimos esa voz interior, prestarle como ya hemos mencionado, la atención necesaria, pues en estos momentos contamos con una ayuda espiritual especial; desde  arriba acuden hasta nosotros los espíritus simpáticos, familiares y protectores que se comprometieron con nosotros para despertarnos, y hacer posible que nos encaminemos a la búsqueda de las tareas que antes de encarnar nos propusimos.

Si ponemos de nuestra parte empeño y voluntad, no nos costara identificar el camino que hemos de emprender; alas invisibles nos ayudarán a orientarnos y ponernos en el camino, despejando y apartando aquellas cosas que pudieran entorpecernos y difuminar nuestro cometido. En ese momento, la ilusión que nos entra por todos los poros es fundamental, cualquier cosa nos parece posible. El entusiasmo unido a la fuerza que el Padre nos da para alcanzar nuestras metas, unidas al deseo de progreso, hacen que nada pueda pararnos y alejarnos de ese llamado interior, que no es otra cosa que la respuesta a nuestro plan de evolución.

Ahora bien, al otro lado esta la parte material, la comodidad, la pereza, los amigos con los que puede haber choque de intereses o prioridades. Incluso la familia se puede oponer al proyecto que nosotros internamente nos hemos trazado. Son todos estos factores que pueden menoscabar, la fuerza, la ilusión y el deseo de progreso que es algo innato en nosotros, porque esta claro que hemos alcanzado un cierto grado de madurez espiritual, y ha llegado el momento en el que hemos de demostrar lo que somos, hasta donde hemos llegado y lo que queremos ser.

El plano material, cuenta también con sus necesidades, la sociedad puede arrastrarnos sigilosamente hacia otros derroteros, hay aquí muchos enemigos ocultos que hemos de saber sortear, enemigos entre comillas, siempre y cuando permitamos que nos confundan y nos debiliten. Pero hay que tener mucho cuidado, de ahí la importancia de abrazar con fuerza esos impulsos, tanto internos como externos, que nos llegan en un momento dado. Es el momento del cambio. Es el momento en el que se alían todos los astros a nuestro favor, es entonces cuando hemos de hacer acopio de fuerzas, unirnos con aquellos que sean  afines a esos principios para que la union que hace la fuerza nos ayude en los momentos de flaqueza.

Ninguno de nosotros está exento de momentos de flaqueza y debilidad, somos espíritus imperfectos en busca de la felicidad, caminamos al encuentro de nuestra propia realidad, al mismo tiempo que nos hemos comprometido con la causa del Maestro, a mejorar la sociedad aportando en primer lugar nuestro propio ejemplo.

Como vemos, no hay libre albedrío sin responsabilidad, sin planificación. Hay si un plan divino de la evolución, y unas metas individuales que alcanzar, en eso se basa el libre albedrío primero, en saber elegir, y después en ser capaces de alcanzar los logros de aquellas realizaciones que nos capacitan mas y mejor en el proceso de nuestro crecimiento.

Fermín Hernández Hernández

2015  © Amor, paz y caridad

CONCLUSIONES

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Nos disponemos a cerrar con este último artículo la sección que nos ha ocupado durante todo un año,  dedicada a la convivencia,  habiendo procurado contribuir con una serie de ideas a un mejor entendimiento de esta palabra CONVIVENCIA, que para nosotros es tan importante.

Con solo tener en cuenta una serie de reglas, podemos practicar una buena convivencia, en cualquier entorno en el que nos desenvolvamos, y dar lugar a crear un clima de paz y de amor entre nuestros seres queridos, compañeros de ideal, amigos, equipo de trabajo, y en general en todas nuestras relaciones humanas.

Debemos tener en cuenta que ninguno de nosotros somos perfectos, al contrario, son muchos los defectos que hemos de pulir, manchitas que limpiar, y un sin fin de detalles que nos afloran en el día a día, que no controlamos y que sin darnos cuenta, podemos llegar a molestar e incluso herir o perjudicar a todos aquellos con los que nos desenvolvemos cotidianamente.

Como ya sabemos, debemos tratar a nuestros semejantes como queremos ser tratados; esta es la Ley y aquí se haya toda la filosofía.

Por tanto en nuestro quehacer diario, debemos ser conscientes de lo mucho que tenemos que aprender, y no digo esto a un nivel intelectual, o de conocimientos, que también, por supuesto. Sino que el momento actual de nuestra evolución es quizás más importante, aprender a vivir, y para esto ineludiblemente hemos de pasar por saber convivir.

La buena convivencia, genera paz, entendimiento y amor.

Donde no existe esa buena convivencia puede producirse todo lo contrario, disensiones, enfrentamiento, luchas por el liderazgo, envidias, y en otros casos deseos de mal y de perjudicar.

La unión hace la fuerza. La separación nos debilita y destruye los cimientos de una nueva sociedad, que entre todos hemos de levantar, basada en la hermandad, la solidaridad y la fraternidad.  Todos los que de uno u otro modo, tenemos inquietudes espirituales, tenemos un compromiso con lo Alto, y no es otro que forjar con nuestro trabajo y ejemplo la tierra prometida, que no es otra cosa que una nueva humanidad teniendo sus bases firmes y sólidas en los valores humanos.

Los que están más atrasados en el camino de la evolución, necesitan del cariño, la ayuda y la solidaridad, de los que están más adelantados. No obstante, debemos aprender todos de todos, porque no existiendo la perfección en ninguno de nosotros, Dios pone a nuestro  lado a espíritus que nos den ejemplo o que pongan a prueba nuestro adelanto, y también lógicamente que dentro de su imperfección puedan aportarnos algo de lo que nosotros carecemos. Esta última es una idea nada descabellada, porque muchas veces tenemos a nuestro lado a personas que dentro de su sencillez y limitaciones, tienen valores de los que otros más adelantados intelectualmente pueden carecer.

Todos debemos ayudarnos, eso es lo mejor. Para eso, contamos con la  inestimable virtud de la humildad, que es ausencia de orgullo y amor propio, característica primordial de los espíritus más perfectos y adelantados que han pisado la tierra y que nosotros hemos de imitar, y seguir su ejemplo.

Sin humildad, y sin deseos de progreso, cualquier organización está abocada  al fracaso.

Sin caridad y sin deseos de anular de una vez por todas, el egoísmo y la vanidad, tampoco conseguiremos llegar muy lejos en cualquiera de los objetivos a los que estamos llamados.

Estas son las dos premisas fundamentales sin las cuales no se puede avanzar en el sendero de la evolución. Las organizaciones espirituales que en la tierra, en estos momentos de transición plantearía han venido a dar un ejemplo, sembrando un semilla, para que fructifique cuando sea llegado su momento, no pueden evitar someterse a una disciplina de solidaridad, de respeto y tolerancia en sus relaciones, porque entonces ya no están dando el ejemplo debido, y no obtienen la fortaleza moral para ser portavoces de un mundo diferente, un mundo en el que el evangelio será la guía definitiva que oriente nuestras vidas.

No imponer nada a los compañeros, de ninguna de las formas, es una regla primordial. Han de ser siempre el diálogo, las buenas maneras y el cariño los resortes por los que se muevan los hilos y se tomen las iniciativas que a todos competen. De esa forma todos somos iguales y todos tenemos las mismas oportunidades para participar, compartir y colaborar.

No censurar, no dar paso a los cotilleos, no menospreciar a nadie,  no dar pie a la maledicencia, ni dejar a nadie apartado; todo esto son errores de lo más comunes y son el inicio del desmoronamiento de los grupos, y con ello abrimos la puerta a las perniciosas influencias negativas tan dañinas en los grupos de índole espiritual.

Al contrario, abrir la puerta a la comprensión, e intentar ponernos en el lugar de los demás, entonces podremos empezar a tolerar y a echar una mano, para que todos los miembros del grupo puedan ponerse a la misma altura, en lugar de crear compartimentos y categorías dentro de un mismo conjunto. Hemos de saber que en un grupo somos todos necesarios y ninguno imprescindible, por mucho que algunos así lo crean.

La rebeldía, es otro de los factores que no se pueden permitir en los grupos espirituales. A nada conduce, solo a crear mal ambiente y a provocar males mayores, es propia de espíritus atrasados poco interesados en cambiar y mejorar. Hay que erradicarla por completo si queremos de verdad elevarnos por encima de las pequeñeces y de los intereses particulares.

La crítica destructiva es la antítesis de lo que uno ha de procurar, una persona que se ha decidido a llevar a la practica la mejora de sí mismo no puede permitirse el lujo de ir criticando y creando malestar y divisiones, porque esto es lo que se quiere conseguir la parte negativa. Como dijo el Maestro, hemos de ver la viga en nuestro ojo y no la paja en el ojo ajeno.

Hemos de estar abiertos al aprendizaje constante, a la renovación de nuestra personalidad; sin esto no hay progreso, hay por el contra, estancamiento, comodidad y amor propio. Nunca sabemos por dónde pueden soplar los vientos del cambio, y lo que nuestros propios compañeros nos pueden enseñar, de las personas podemos aprender más que de los libros, si somos observadores, valoramos a nuestros amigos y estamos dispuestos a hacer el esfuerzo necesario para cambiarnos a nosotros mismos, y no nos empeñamos a que sean siempre los demás los que deban cambiar.

Estas y muchas otras cuestiones hemos querido remarcar y llevar al análisis  de todos nuestros lectores, esperamos haberles podido ayudar al menos un poquito a valorar el sentido de la palabra CONVIVENCIA.

Fermín Hernández Hernández.

©2015, Amor,paz y caridad

INDEPENDENCIA

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Los valores humanos, adquieren un significado distinto según sea la perspectiva desde la que se les contemple. El enfoque material no será exactamente igual al enfoque espiritual, ya que espiritualmente hablando se tienen en cuenta una serie de factores que no se hallan contenidos desde un punto de vista meramente social, político, etc.

El sentido de la independencia con respecto a la personalidad de cada individuo en relación con su entorno se halla hoy en día muy resaltado. Todas las personas es cierto que necesitamos de cierta independencia para poder desarrollarnos según nuestra idiosincrasia e ir formándonos con base a las experiencias que vivimos. Necesitamos pensar por nosotros mismos para que nos sean válidas las aptitudes y decisiones que tomamos, así poco a poco vamos madurando y haciéndonos conscientes de quiénes somos y cómo nos va en el entorno en el que nos desenvolvemos.

Sin embargo, no hemos de pasar por alto que vivimos en una sociedad que hemos de compartir con nuestros congéneres y que por lo tanto hemos de aprender a vivir en comunidad. Es por lo tanto una situación que debemos tener clara, que por mucho que queramos ser totalmente independientes es muy difícil, porque además tanto necesitamos nosotros de los demás, como nuestros semejantes de nosotros.

¿Para qué nos puede servir ser totalmente independientes sí es que esto es posible? Desde un punto de vista espiritual, para acrecentar nuestro egoísmo. Puesto que ello traería más cosas negativas a nuestra formación y evolución que apartados positivos. Seríamos independientes para aquello que nos interesara, nada más, y cerraríamos nuestras puertas a todo aquello que dejara de interesarnos o que nos resultara molesto.

Ser independiente vendría a ser: nadie decide por mí. No tengo que dar cuentas a nadie de lo que hago o digo. No estoy sometido a disciplina alguna, sólo a mis intereses o necesidades. Y cosas por el estilo. Esto lleva a la persona a no querer compartir responsabilidades, salvo que sean de su agrado, por que otras evidentemente no las aceptaría. Nos lleva también a rehusar compartir experiencias o actividades que no entran dentro de nuestros deseos, porque atacaría nuestra autonomía. Nos impediría ceder en algo en lo que no estamos de acuerdo. Crearía en definitiva una actitud mental de rechazo y de barrera con todo aquello que no encaje en lo que son nuestros deseos centrales y formas de pensar.

Es por ello que encuentro en este valor, porque en realidad es un valor que hay que poseer en ciertas dosis, un arma de doble filo. Sólo las personas moralmente formadas y muy experimentadas en la vida pueden tener un grado de independencia superior, independencia que lógicamente se han ganado a pulso, pero que les lleva a estar más comprometidos con la sociedad, más unidos a la familia humana, más solidarios y atentos a lo que puedan ayudar. Es una independencia que no es arrogante ni altanera, no es rebelde ni descontrolada, es una independencia que se usa para dejar a un lado los entorpecimientos que muchas veces surgen cuando las personas desean darse a los demás y estar activos a fin de ser útiles al mundo donde han nacido.

Esto es lo que entiendo por independencia: no un acto de insumisión y de irresponsabilidad o egoísmo que nos podría sumir en un aislamiento de la sociedad, o de nuestra misma familia o amigos.

Si el ser humano hubiera sido creado para la independencia tal como la entienden algunos, que no es sino un acto de comodidad, y de querer satisfacer únicamente sus deseos, Dios nos hubiera colocado a cada uno de nosotros en un planeta, y como vemos no es así; nos ha colocado en un mundo donde estamos todos juntos para aprender a convivir, a compartir, a ser solidarios y a saber renunciar a nuestros gustos, primera regla de oro para llevar a la práctica una vida espiritual sana y de provecho para nuestra evolución.

Esta es la pauta que debería regir nuestra independencia, analizar que hacemos uso de ella no para nuestro único beneficio, no para aislarnos de los demás, sino todo lo contrario para prepararnos en el aprendizaje de la convivencia y para que nada nos pueda importunar o impedir estar cuando la ocasión lo requiera al lado de la necesidad.

No debemos dejar que nadie gobierne nuestra vida, ni uno sólo de nuestros pensamientos y sentimientos, porque entonces de poco nos valdría lo realizado bajo esa condición. Igualmente hemos de tener mucho cuidado con nuestras imperfecciones y trabas de nuestro carácter, pues son estos los que nos pueden obstaculizar y desviar más nuestra evolución y perfecto desarrollo en la vida. Dicho de otro modo, si debemos tener cuidado para ser en todo momento nosotros mismos, también debemos de tener mucho cuidado con nuestros defectos que son la causa que más daño puede hacernos y que bajo la excusa de nuestra independencia y mil formas más nos llevan por derroteros que no son nada recomendables para adelantar en la formación de nuestra personalidad y sacarle el mayor provecho a esta vida.

Poseer un exceso de autosuficiencia, de autonomía, de independencia no es nada bueno, facetas éstas que siempre van demasiado acompañadas de orgullo, vanidad, etc…, pues nos impiden tener en cuenta muchos consejos que se nos pueden dar, ejemplos y enseñanzas. Todos estos comentarios no los realizo porque esté en contra de que debamos tener nuestra independencia, sino porque mal orientados en este valor nos puede crear más repercusiones negativas que positivas, y en general no estamos lo suficientemente preparados para estar dotados de plena independencia.

Los padres tienen una gran responsabilidad y son quienes han de ir dando a sus hijos la confianza y la independencia que pueden sobrellevar, sin temor a exponerlos a experiencias desagradables. Y los mayores hemos de tener la humildad y la valentía para exponer nuestros criterios a las personas de confianza, hemos de ir contrastando con nuestras ideas y vivencias para discernir con seguridad que estamos en un buen camino de progreso, que nuestros actos no atentan contra leyes universales y que nuestra conciencia no se aparta de los demás seres humanos a los que sin duda tanto les debemos y tanto tenemos que ofrecer.

En suma, la independencia de nuestra personalidad ha de ser un valor que lejos de apartarnos de la sociedad nos ha de servir para engrandecernos con ella.

Fermín Hernández Hernández

2015  © Amor, paz y caridad

REENCARNACIÓN: CLAVE DE LA EVOLUCIÓN

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Conferencia Reencarnación clave de la evolución de Fermín Hernández ofrecida en el Centre Civic i Social «El Llombo» en la ciudad de Onteniente (Valencia). Se desgranan diversas e interesantes cuestiones acerca de esta interesante ley. 18 de abril de 2015.

Redacción

LA INFLUENCIA DE LOS BUENOS Y MALOS ESPÍRITUS

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Como vamos entendiendo cada vez mejor, nuestros actos diarios, están condicionados por diversos factores, tanto materiales como también espirituales. No sólo nos puede influir aquello que nos entra por los sentidos, sino que también estamos expuestos a las influencias del plano espiritual. ¿Por qué? Muy sencillo, los seres humanos compartimos el espacio con todos aquellos seres que vibran en nuestra misma condición. No estamos solos, muy al contrario estamos rodeados por infinidad de aspectos que aunque no vemos si nos podemos ver influenciados sin siquiera darnos cuenta.

 Al igual que somos creadores y transmisores de pensamientos y sentimientos, que se convierten en acciones, somos también receptores de pensamientos y sentimientos que se pueden transmutar del mismo modo en acciones.

 Esto no significa que seamos marionetas expuestas por completo por aquellos seres que ya no están aquí, que ya partieron al mundo espiritual, pero sí que podemos atraer por sintonía y afinidad a todos aquellos que aún no han encontrado su sitio, que se sienten imantados y atraídos en gran medida por el plano material y no quieren marchar hacia el plano que por evolución les corresponde, para seguir progresando. Aquí es donde juega una parte fundamental el control y grado de equilibrio espiritual que hayamos alcanzado.

 Los espíritus, una vez despojados de su envoltura corporal, siguen siendo iguales que eran en la tierra, la muerte no nos transforma. Lo que nos transforma es el conocimiento y la conciencia que vamos tomando día a día, y el esfuerzo que realizamos para transmutar las debilidades y defectos por fortaleza y valores.

 Los espíritus que han adquirido un grado de conciencia y evolución, enseguida comprenden cual es el objeto de venir a la tierra, y una vez cumplida la existencia terrenal admiten que han de abandonar la esfera terrestre, ir hacia su nueva morada en el espacio, y seguir su ascensión espiritual. Cada cual según sus méritos y el grado de perfección adquirido va a un plano u otro, al que le corresponda.

 Pero los que se hallan muy materializados, llenos de egoísmo y otras imperfecciones morales, quedan imantados, a la corteza terrestre, a los lugares y espacios en los que se sienten más o menos cómodos por sus gustos y apetitos materiales, por sus vicios y tendencias sociales.

 Aparte de esto, buscan personas «afines» a las que puedan dominar fácilmente para servirse de ellas, a través de su influencia por medio de los sentimientos y pensamientos. Los que son fumadores, buscarán a aquellos que gusten de ese hábito, pues así ellos en parte encuentran una mínima satisfacción inhalando del éter que emanan los fumadores, así ocurre con los que gustan del alcohol, o de cualquier otro vicio o hábito. El caso es no sentirse solos, buscar el amparo de los encarnados para seguir aferrándose al plano material e insistir en sus vicios, y pasiones materiales.

 Igualmente, los hay que buscan cualquier forma de perjudicar a todos aquellos con los que no simpatizaban, y lo que es peor, buscan saciar su sed de odio y venganza con aquellos que consideran que les causaron algún mal, del tipo que sea, o creen que les perjudicaron en la vida en la tierra, o hacia los que han sentido envidia, a los que consideran sus enemigos, etc. El caso es que todos estos espíritus muy poco evolucionados, en el aspecto moral, que no han adquirido la capacidad de comprender y perdonar, desean tomarse la justicia por su cuenta, se ven en ventaja al estar desencarnados y harán todo lo que esté en su mano para hacer todo el daño que puedan a las materias que, desprovistas de conocimiento espiritual, de autocontrol y de equilibrio personal, vayan sin la debida precaución y protección en la tierra.

 Para entender este tipo de situaciones y de relaciones que se pueden establecer entre encarnados y desencarnados,  hemos de saber y conocer que existe una ley universal que es la ley de vibración, o ley de afinidad, que es la que rige todos estos fenómenos que estamos mencionando, y que tiene una lógica y una sabiduría excepcional, como todo lo creado por Dios.

 A esta ley no podemos escapar, ni los encarnados ni los desencarnados. Al igual que en la tierra nos asociamos y nos reunimos por gustos y aficiones, en el espacio ocurre igual, cada uno está en el lugar que le corresponde por su grado de evolución. Y por la propia afinidad sintonizamos con aquellos que vibran en nuestra misma sintonía.

 A esto se debe en muchos casos la gran dificultad que entraña para muchas personas que han caído en alguno de los vicios y pasiones terrenales, poder liberarse y rehabilitarse, ya que tienen que luchar, por un lado, contra esa debilidad y enfermedad que han contraído, y al mismo tiempo con esos enemigos ocultos que con todas sus fuerzas nos estimulan, con su poder mental a no dejar dichos hábitos, impidiendo que razonemos y que escuchemos los buenos consejos que por parte de familiares, amigos e incluso de los propios médicos nos dan por nuestro bien y nos marcan las pautas y tratamientos a seguir, pero que desde ese otro lado, sin que seamos conscientes nos hacen menospreciar y desoír dichos consejos.

 En estos casos es necesario un trabajo de desobsesión bien coordinado y efectuado por aquellos grupos que cuenten con la preparación y la fuerza necesaria.

 Todo esto nos lleva a comprender que, una vez más, nuestro libre albedrío se puede ver aminorado y muy entorpecido por infinidad de factores que ni siquiera vemos y de los que no somos conscientes. Ser libre consiste en romper muchas cadenas. No se puede ser libre si estamos atados a infinidad de vicios, pasiones, malos hábitos e imperfecciones morales, empezando por el egoísmo y el materialismo.

 Precisamente, muchas personas que adolecen de la libertad para pensar y actuar, con autocontrol y conscientes de la repercusión de sus actos, se acogen al derecho a la libertad, para hacer lo que  quieren, lo que les dé la gana, como suele decirse, sin darse cuenta de que no son nada libres, sino esclavos de sí mismos, y presas de su inconsciencia e irresponsabilidad.

 Es por ello que hemos de prestar mucha atención, estar alerta de los pensamientos y sentimientos que albergamos en nuestro interior, y de los que a su vez recibimos, somos antenas, estamos emitiendo y recibiendo, y lamentablemente, los espíritus que rondan nuestro espacio común, son inteligentes, juegan con la ventaja de que no los vemos, y si somos débiles y no tenemos firmes propósitos de progreso  y trabajo en pos de nuestra mejora moral,  podemos ser presa fácil para ellos.

 Por contra si sabemos rechazarlos, y usamos nuestra fuerza de voluntad, se cansaran y buscarán a otros con los que tengan más «sintonía» y puedan ir poco apoco minando su voluntad y su personalidad.

 Nos creemos libres y estamos sometidos al imperio de nuestros sentidos, y lo que es peor de las imperfecciones y defectos morales contraídos, permitimos inconscientemente que espíritus de un nivel inferior exploten dichos defectos, nos abandonamos a nosotros mismos, olvidamos el programa con el que hemos venido a la tierra y desperdiciamos una oportunidad tan importante como lo es el haber podido tener una materia y disponer de infinidad de experiencias positivas.

 No nos confundamos, esforcémonos por comprender y mejorarnos, por poco que sea, pero no demos pasos atrás, atraigamos la ayuda de los espíritus superiores, para que nos inspiren, nos fortalezcan, y nos contagien su deseos de amar y de progresar. Tenemos las dos opciones, ¿cual escogemos?.

            Fermín Hernández Hernández

©2015, Amor,paz y caridad