Convivencia

CONVIVIR ES SER HUMILDE

“Todo espírita debe portarse con la mayor humildad posible, frente a sus hermanos. Porque la humildad es siempre un ejemplo de buenas maneras; jamás nos compromete, ni es causa de disturbios ni riñas. Esa humildad sin embargo, no debe nunca de ser fingida, sino leal y siempre dispuesta a servir. El espírita debe siempre considerarse inferior a sus hermanos, disponiéndose a ser el servidor de todos.”

Extraído de la obra: “El tesoro de los espíritas”;  Miguel Vives. Cap. El espírita entre sus hermanos y en los centros.

 

Humildad, entendiéndose como tal la superación del orgullo, de la vanidad y el amor propio, y no tal y como se entiende en la forma material, que puede significar como de poca importancia, de poco grado o valía. Todo lo contrario, la humildad es una cualidad del espíritu que cuesta mucho alcanzar, y que solo la poseen los espíritus mas adelantados en el progreso espiritual.

Es una de las virtudes más importantes junto a la caridad, para adelantar más rápidamente en el sendero de la evolución; sin ella es muy difícil superar ciertas pruebas y adquirir un grado de perfección espiritual. Miguel Vives lo tenía muy claro y es por eso que precisó con tanta rotundidad la necesidad de comportarnos con la mayor humildad posible; sabedor que sin esta manera de proceder sería muy difícil la convivencia y el entendimiento en los centros y entre los hermanos espíritas, y por añadidura en todos los círculos en los que nos desenvolvemos.

¿Por qué? Sencillamente porque con mucha facilidad nos creemos sabedores de todo. Y por la vanidad y el orgullo nos creemos que estamos por encima de los demás. El orgullo no deja que se nos puedan dar directrices a seguir, no deja hacer a los demás, nos ciega y no nos deja ver que podemos estar equivocados o que simplemente debemos escuchar la opinión de los otros. El amor propio impide que podamos admitir críticas y entender que todos los miembros de un grupo son igual de valiosos. La vanidad lleva al endiosamiento y al fanatismo, y crea una barrera entre nosotros y los demás; barrera a veces muy difícil de superar, pues el vanidoso en su afán de protagonismo, y deseos de destacar, nunca estará satisfecho y siempre querrá sobresalir por encima de los demás.

En un grupo ha de acontecer todo lo contrario, hemos de crear las bases para cimentar  día  tras día el cariño, la amistad, el afecto, la comprensión, el respeto, la ternura, etc., valores estos que parten de la raíz del amor y de la caridad, pero que sin un espíritu de humildad, es muy difícil que se puedan conseguir. La humildad es el antídoto que evita que se manifiesten todas las imperfecciones morales citadas anteriormente.

Para esto nos hemos de ver todos iguales, todos necesarios y ninguno imprescindible, no importa la función que cada uno tenga en el grupo, porque insisto, todos somos necesarios, y en la diversidad está la belleza y la importancia del conjunto.

Los defectos como el orgullo, la vanidad y el amor propio, crean diferencias, grados, ello conlleva en definitiva, queramos o no, cierta marginación, cierta valoración,  y coloca a cada uno de los miembros de un grupo en un rasero, según el valor que desde el punto de vista de esos defectos se aprecie. Lo más común en ese tipo de valoraciones es equivocarnos, porque no tenemos en cuenta los valores positivos de las personas, solo vemos lo superficial, y desde luego bajo el prisma de nuestro criterio que no es el más correcto y válido del mundo, es solo el nuestro y como no somos perfectos tampoco va a ser perfecto el análisis que hacemos de las personas que nos rodean.

Este análisis y apreciación a menudo está enfocado sobre como vemos y entendemos nosotros el mundo, sin tener muchas veces en cuenta como lo ve el plano espiritual, que nos pide y nos demanda a cada uno de nosotros, según el grado de responsabilidad que hemos traído en esta vida, conforme al compromiso firmado y las capacidades que podamos tener en mayor o menor medida.

Pero desde luego, aparte de las capacidades que podamos tener individualmente, no hemos de pasar por alto que la capacidad que el grupo pueda tener, esta lógicamente determinada por la sincronización y unión que tenga todo el conjunto.

La humildad lleva a la armonía, a la unificación, a la búsqueda de soluciones, a la integración en una palabra, a perseguir un fin común, haciendo los logros y éxitos del grupo una conquista de todos. Mientras que el orgullo, el egoísmo y la vanidad, trabajan en el sentido contrario.

Si un grupo tiene muy buenas individualidades, pero estas no están unidas, no han creado el vínculo de la amistad y el compañerismo; serán islas que harán la guerra por su cuenta y los resultados obtenidos por el conjunto serán muy escasos.  No se trata de que brille un estrella se trata de que brille todo el firmamento. ¿Qué es una estrella en medio del infinito universo?

Las individualidades generalmente suelen traer aparejadas consigo guerras internas, entre los miembros del grupo que también quisieran destacar. Nos debemos hacer conscientes de que en los mundos superiores prima el trabajo en equipo, la ayuda mutua, la cooperación y el que cada uno aporte lo que pueda según su capacidad y su personalidad, el trabajo es de todos y el éxito también es de todos. El plano espiritual superior no quiere individualidades, quiere trabajo en equipo en donde se resalten las ciento y una cualidades que cada uno posee y que por este trabajo se engrandezcan y enriquezcan todos sus miembros. Eso es fraternidad puesta en práctica, altruismo y amor sincero entre todos.

El trabajo en equipo, bien entendido, con amor y humildad, con la complicidad y la participación de todos, despeja un buen número de problemas que surgen con muchas frecuencias en los centros espiritas, a saber, los celos y envidias, la rivalidad, el egoísmo, el rencor, los malos pensamientos y sentimientos, por nombrar algunos. Todos  estos problemas pueden surgir cuando hay falta dé humildad, de fraternidad y de compañerismo, y eso algo que no nos debemos consentir, el que puedan darse lugar esta serie de circunstancias en los grupos espiritas y entre los hermanos que acuden a los mismos; porque esta es una señal inequívoca de que estamos fallando en algo, y que las cosas lógicamente no se están haciendo bien.

No se nos debe olvidar que por el hecho de formar parte de un grupo espírita, somos mejores que nadie, sino que quizás se nos está brindando la oportunidad de que podemos dar un salto en nuestro progreso porque seguramente estamos más necesitados o endeudados en cierto modo con la ley amor y progreso.

Muchos grupos y personas en el ámbito espírita están empeñados en gran medida en la divulgación de la doctrina, a través del conocimiento, olvidando que la mejor forma de divulgación está en primer lugar en predicar con el ejemplo y la práctica de los ideales que sostenemos.

La misión más importante de un grupo es que entre los componentes del mismo se lleven bien. Esta es una característica que debe reinar en los grupos, pues si entre nosotros no somos capaces de generar la caridad, el respeto y el amor, ¿Cómo va a ser posible que lo traslademos al resto de los hermanos de la sociedad. ¿Que ejemplo es el que estamos ofreciendo? ¿Qué poder de atracción es el que vamos a generar para que las personas nos visiten y vean en nosotros una fuente en la que puedan beber y adquirir los conocimientos y experiencias que les ayuden a forjarse un camino y a asumir el espiritismo como su filosofía de vida?

Si no somos capaces de crear en nuestra institución un ambiente de fraternidad y entendimiento, de respeto, compañerismo y amor, como lo vamos a ofrecer a quienes no conocemos de nada ni nos une ningún vínculo y compromiso. Sencillamente es imposible; estamos viviendo una hipocresía y una falacia, y no estamos cumpliendo con nuestros deberes.

El maestro Jesús atraía a las masas por su amor y ternura, por la caridad y la compasión que manifestaba en todos sus actos, y después adoctrinaba, pero primero se ganaba el respecto y la consideración por sus obras, no lo olvidemos, y este es el modelo que nosotros hemos de imitar.

El amor y la caridad son la bandera que ha de enarbolar nuestras instituciones. No el conocimiento y las individualidades. Los grupos y las instituciones se hacen día a día por el esfuerzo y el trabajo que realizan todos sus miembros y por el esfuerzo que cada uno íntimamente desarrolla para tolerar, entender y amar a sus hermanos, entonces estará limpiando su corazón de impurezas, y su carácter de las faltas propias del estadio de evolución en el que nos encontramos.

“Los últimos serán los primeros” (Jesús de Nazaret)

 

 

Fermín Hernández Hernández

© 2015 Amor, paz y caridad

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