Convivencia

CONVIVIR ES PROGRESAR

Progresar, es el objeto de la vida. Sin progreso no tiene sentido nuestra estancia en la tierra. Avanzar, mejorar, hacer adelantos en determinada materia. Esta es la acepción que da el diccionario de la real academia de la lengua de esta palabra. Y es a este significado al que nos debemos orientar, buscando los estímulos y las actividades que nos ayuden a forjar en nosotros una línea de comportamiento que no se desmarque de este propósito.

Convivir es algo muy bonito. Y cuando además observamos que dicha convivencia nos reporta multitud de facetas, de actividades con las cuales nos vamos enriqueciendo, entonces es además una gran satisfacción que nos reporta esperanza, optimismo, alegría, ilusión. Motivaciones todas estas necesarias, a la hora de desenvolvernos lo mejor posible en nuestra vida. Sin ilusión y alegría, es difícil mantenernos y emprender caminos que nos conduzcan a alcanzar poco a poco mayor cota de evolución.

No nos debemos conformar con lo alcanzado, hemos de tener aspiraciones e ir evolucionando paulatinamente, hemos de aprovechar la vida en la tierra, disfrutando de las posibilidades que esta nos brinda. No sabemos cuándo volveremos a tener la oportunidad de disfrutar de una materia y de un entorno adecuado para el progreso espiritual. No todas las personas pueden disponer de la facilidad que poseemos nosotros los espíritas, que tenemos a nuestro alcance la filosofía, un grupo de personas afines, unos objetivos marcados por el plano espiritual, la fuerza y la gran ventaja de contar con diferentes puntos de vista y personalidades, dentro del grupo al que pertenecemos, lo cual, es un valor añadido para evitar el estancamiento.

Por todo ello, debemos aprovechar las ventajas y facilidades que se nos han puesto al alcance de la mano, poner nuestro empeño, la fuerza de voluntad, y la ilusión que poseemos para colaborar y ser partícipes de pleno en el logro de las metas y aspiraciones que nuestro grupo se halla trazado, nuestro entorno familiar, etc., aportando nuestro grano de arena al mismo.

Es misión de todos sacar lo bueno de cada uno. En muchas ocasiones las personas llevan en su interior valores y aspectos positivos, pero por diferentes razones, les cuesta mucho sacarlos a la luz, y para tal fin hay que ayudarles. Para ello es muy importante, fijarse y apreciar las cosas positivas que todos y cada uno de nosotros llevamos dentro, dejando las cosas menos buenas, para que sea Dios, el plano espiritual, esa ayuda que todos llevamos a nuestro lado, por medio del espíritu protector, quienes se encarguen de hacernos conscientes de esos fallos, que poco a poco debemos ir corrigiendo.

Hay que ir superando las barreras. Esas pequeñas trabas que solemos ponernos nosotros mismos, haciendo mucho más grandes los defectos que tenemos. Pero en un grupo, si se sabe transmitir el cariño y el afecto, se puede ayudar mucho a que se superen dichos obstáculos. De ese modo, a todos nosotros nos resultará más fácil superar dichas barreras, así serán la espontaneidad y la naturalidad los aspectos que surgirán de cada uno de nosotros, dando pie a la convivencia sana y en libertad, lo cual propicia grandemente el desarrollo y emprendimiento por parte de todos.

La convivencia puede servir de mucho, si se saben conllevar todos los aspectos que nos relacionan con nuestros semejantes. O por el contrario puede servir para poner de manifiesto lo peor de nosotros, si no somos humildes, queremos llevar siempre la razón en todo, o somos dominadores.

Si sabemos entender bien el sentido que tiene la convivencia serán todos los frutos positivos. Porque nos conduce al sendero de la búsqueda de nuestros defectos, y al respeto y tolerancia hacia los demás. Convivir es participar en igualdad como miembros de un conjunto. Un grupo no es más que una micro sociedad que nos brinda la oportunidad de relación e intercambio, lo cual es algo que siempre debe sumar y ofrecernos aspectos positivos.

Lo que puede resultar contrario a la convivencia, es no optar por el deseo de renovación y evolución, si nos mantenemos estáticos, si la comodidad y la monotonía se han adueñado de nuestra voluntad, entonces ser partícipe de un grupo, sea cual sea su característica chocará con nuestros intereses, y comenzaremos a encontrar problemas y a no encontrarnos a gusto. En este caso no podemos achacar la culpa a nadie, sino a nuestra falta de sintonía y predisposición.

Por eso cuando hablamos de convivencia, hablamos de sinónimo de progreso, al menos en el aspecto moral y social. Ser partícipes de un grupo debe servirnos de un gran aliciente y estímulo para ahondar en nuestro carácter con el firme propósito de mejorarnos poco a poco. “Si quieres salvarte del abismo conócete a ti mismo”. Así dice el viejo aforismo griego. Aprovechemos las ventajas que nos puede reportar una convivencia sana y alegre, con el sentido de participación y responsabilidad que nos debe acompañar.

Atrevámonos a ser partícipes de pleno en los grupos y en las relaciones que conforman nuestra vida. Establezcamos relaciones y actividades en las que la unión sincera, el compañerismo y los objetivos comunes sirvan para establecer auténticas bases de fraternidad y amistad.

Fermín Hernández Hernández

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