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SINTOMAS DE UNA FACULTAD

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Sintomas de una facultad
Fotografía de Simon Hildrew

En anteriores artículos hemos mencionado de forma pasajera algunos de los síntomas que se producen cuando empieza el desarrollo de una facultad. Es pues momento de analizar en profundidad este tema tan importante, pues de esta forma tendremos un mayor conocimiento de aquellos aspectos que puedan ayudarnos a discernir cuándo estamos ante una futura mediumnidad o cuando no.

Con frecuencia algunos estados psicológicos y físicos se suelen confundir con los síntomas de desarrollo de una facultad. Existen enfermedades catalogadas por la moderna psiquiatría muchas de las cuales no tienen nada que ver con una enfermedad física sino más bien son enfermedades de la psique, y más concretamente del espíritu. Este es el caso de enfermedades mentales como la epilepsia o la esquizofrenia.

La primera de ellas es una enfermedad tan antigua como el propio hombre y en la antigüedad se relacionaba con las posesiones que los demonios proyectaban sobre los hombres. Referencias de este tipo tenemos a cientos en los libros sagrados de todas las religiones, la Biblia, el Corán, los Vedas, etc..

Hoy en día la ciencia médica ha avanzado notablemente en el estudio de este campo, se puede ya prever los síntomas de un ataque epiléptico, se puede controlar al enfermo en su aspecto físico, aplicando sedantes y tranquilizantes pero lo que no se ha determinado y alcanzado todavía es el origen de las causas epilépticas ni mucho menos la solución total del problema. Esto es así porque la epilepsia es una enfermedad espiritual; en realidad es un ‘’acogimiento espiritual” de entidades que tienen gran facilidad para dominar la voluntad de las personas que padecen esta enfermedad.

En ocasiones los síntomas de la epilepsia son indicadores de una facultad mediúmnica en desarrollo o entorpecida; no siempre esto es así, pero con frecuencia las personas que padecen ataques epilépticos pueden dejar de padecerlos definitivamente si desarrollan convenientemente la mediumnidad que han traído a la tierra y la ponen en práctica de forma ordenada y altruista.

La esquizofrenia tiene, por el contrario, más síntomas de desequilibrio psíquico que espiritual. A veces los esquizofrénicos también son facultades que están en desarrollo y se ven abocados a estos desequilibrios producidos por las influencias de la parte espiritual negativa. En muchos otros casos no es así, se trata simplemente de desequilibrios propios de su inestabilidad psicológica y emocional que han de ser tratados exclusivamente por el médico psiquiatra correspondiente.

Lo importante dentro del campo espiritual es comprender que, muchas de las enfermedades que se denominan «psicológicas” como las neurosis, psicosis, alteración de estados de conciencia, etc…, tienen mucho que ver con la influencia del mundo espiritual; y en una mayoría de casos son síntomas importantes de que una facultad mediúmnica está en pleno desarrollo.

No debemos olvidar tampoco que, cuando se termina el desarrollo de una facultad, todos estos problemas físicos y psíquicos desaparecen por completo; en la mayoría de los casos cuando una mediumnidad termina su desarrollo posee la protección espiritual necesaria que le librará de todas estas influencias espirituales, con lo que las situaciones desagradables que se producen con estas enfermedades dejan de existir.

No obstante, los síntomas más importantes que nos pueden hacer comprender que nos encontramos ante una facultad son aquellos meramente espirituales. Aquellas situaciones que se producen en las personas que, desconociendo por completo el mundo espiritual y sin ningún afán por conocerlo, empiezan a tener manifestaciones espirituales que les sobrecogen porque no llegan a entender.

Manifestaciones tales como ver a los espíritus, oírlos, presentirlos, soñar con acontecimientos que luego se cumplen milimétricamente, tener la capacidad premonitoria de intuir lo que va a acontecer con esta o aquella persona, etc…

Son muchas las manifestaciones de este tipo que se producen, para que las personas despierten a la realidad del mundo espiritual y se den cuenta de que no estamos solos, que la vida tiene un sentido y un significado y que, todas estas circunstancias espirituales que acontecen no ocurren por casualidad, son avisos del mundo espiritual que nos hacen ver que tenemos una misión espiritual que cumplir a través de una facultad mediúmnica, sea del tipo que sea.

Es pues muy importante que, cuando sepamos de personas que padecen síntomas de este tipo, procuremos ayudarlas informándolas de las realidades de una facultad espiritual, cómo se presenta, para qué sirve, cuál es su objetivo, etc…

En algunos casos nos encontramos con situaciones verdaderamente violentas y desagradables en los desarrollos de una facultad. Muchas veces se trata de facultades impuestas, que rechazan la posibilidad de tener una facultad y es entonces cuando el proceso se complica y las entidades negativas se aprovechan de estas situaciones ocasionando cuadros dantescos de sufrimiento y dolor para la persona que rechaza esa facultad.

Sea como fuere, el conocimiento de la mediumnidad, de sus causas y efectos, nos dará una amplia visión de los síntomas de las facultades mediúmnicas, y al propio tiempo nos ofrecerá la posibilidad de ayudar a tantas personas que necesitan del consuelo, el consejo y la ayuda en estos temas en los que la ignorancia es fuente de todos los errores.

Sintomas de una facultad por:   Antonio Lledó Flor

©2016, Amor paz y caridad

«Los que no admiten nada fuera de la materia no pueden admitir causas ocultas; pero cuando la ciencia abandone la vía materialista, reconocerá en la acción del mundo invisible una potencia que reacciona tanto sobre las cosas físicas como las morales»

Allan Kardec ¿Qué es el Espiritismo? Cap. II Item 77

!ATENTOS A UNO MISMO¡

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¡Atentos a uno mismo!

En el transcurso de la evolución y el progreso del ser humano, tanto en el aspecto físico y material como principalmente en el espiritual nada, que tenga verdadero mérito, se consigue sin esfuerzo. A pesar de que la meritocracia es un concepto reutilizado en las empresas y proyectos humanos para mencionar a los individuos que destacan; su origen se encuentra en los postulados de la reforma protestante del siglo XVI.

«Sin conocimiento de uno mismo no hay conocimiento de Dios»
Calvino -Teólogo

El esfuerzo por mejorarse día a día, por alcanzar las metas y objetivos que cada uno se propone tiene un valor extraordinario cuando se comprende su utilidad, sus resultados y su necesidad; a pesar de que mientras trabajamos se nos exige un abandono del ocio, la comodidad o la abulia. Todo esfuerzo tiene su recompensa, pues aunque esta no sea apreciable, en el mismo acto de esforzarse, la persona fortalece sus capacidades internas de voluntad, trabajo, autoestima y deber.

En lo tocante al progreso espiritual, la comprensión del proceso evolutivo del ser a través de las experiencias en sucesivas reencarnaciones, nos destaca el hecho de que aquel que trabaja con denuedo por conquistar el objetivo de su vida en la tierra, alcanza una mayor capacidad al finalizar su jornada, incluso a pesar de no alcanzar del todo el objetivo propuesto. Todo ello deriva del hecho de que nuestro espíritu todo lo recuerda, todo lo integra y todo lo acepta como experiencias que le servirán en un futuro para enfrentar nuevos retos y posibilidades.

Así pues, aquel que se dedica con ánimo y valor en el campo del conocimiento personal a entender su propia naturaleza, para corregir aquello que le estorba y aprender día a día a mejorarse y perfeccionarse, no sólo se fortalece interiormente y amplia sus capacidades, sino que está sembrando las semillas de su dicha futura.

La evolución y el progreso no pueden conquistarse sin esfuerzo, sin sacrificio personal, sin renuncia, sin humildad, sin tolerancia, con egoísmo. Es la condición obligatoria a la que nos impelen las leyes de la naturaleza y sobre todo de Dios. Si el universo no está exento de cambio y transformación constante, el hombre, como un elemento primordial del mismo, tampoco está exento del impulso del progreso, de la necesidad de cambio y de transformación a mejor.

Esta es la única condición obligatoria que se nos requiere: progresar sin cesar, avanzar en el camino de nuestra propia felicidad, y para ello necesitamos trabajar, tener valor y coraje ante las dificultades, enfrentarlas y no rehuirlas. Para crecer, para ser más conscientes de la realidad que nos rodea, de lo que somos, de aquello que hemos venido a realizar.

Hay quien se preguntará, y ¿cómo podemos comenzar este reto?. La primera etapa es muy importante pues únicamente tenemos que estar !Atentos a uno mismo! Si comenzamos por adoptar una actitud de humildad interior y objetividad ante nuestra propia naturaleza, aceptando que somos todavía criaturas en evolución y por tanto imperfectas, seremos capaces de comenzar a conocernos de verdad.

Nuestra personalidad se reviste, como la de todo el mundo, de la máscara propia que todo el mundo lleva; esta máscara no es más que lo que intentamos presentar ante los demás para que nos vean como nosotros queremos. Pero tarde o temprano la máscara se desmorona porque nuestros defectos salen a la luz, y los primeros que los observan y los detectan no somos nosotros sino los demás.

Es inevitable que muchas veces neguemos la realidad de lo que somos porque no nos gusta cuando lo descubrimos; pero este hecho no nos hace mejores. Sólo el reconocimiento sincero y objetivo de nuestros errores y de nuestras imperfecciones morales nos hace ver la necesidad de conocerlos, estudiarlos e intentar corregirlos.

Estas fugas psicológicas que nos hacen mirar para otro lado, intentando no ver aquello que tanto nos perjudica, no sólo retrasan el proceso de nuestro crecimiento interior, sino que nos arrastran a estados de soledad, ansiedad, depresión y tristeza porque el problema no se soluciona sino que se agrava. Con frecuencia creemos que, evitando hablar o conocer aquella imperfección que nos domina, será más fácil olvidarla; nada más lejos de la realidad.

«La angustia es miedo inmenso a un no se qué, a un no sé cuándo y a un no sé dónde, pero que nos hace sufrir sin descanso, como si fuéramos atacados por un enemigo invisible oculto dentro de uno mismo.»

 Krisnamurti – Pensador Hindú

Estas taras morales como el orgullo, la envidia, los celos, la maledicencia, el odio, el rencor, el resentimiento, etc. son venenos del alma que, agazapados en los pliegues de nuestra conciencia, hacen su aparición en el momento que menos esperamos, y con ello nos dejan en evidencia ante los demás y ante nosotros mismos.

No podemos olvidar que muchos de estos incómodos compañeros de viaje, lo son desde tiempos ancestrales, pues fueron incubados tiempo atrás, en otras vidas, y ante la negativa por nuestra parte a rechazarlos o enfrentarlos, fueron creciendo dentro de nosotros hasta convertirse en nuestros mayores enemigos. Tanto es así que, formando parte de nuestra naturaleza, se hacen fuertes y si no los enfrentamos con coraje y valor seguirán con nosotros durante bastante tiempo, ocasionando las causas del sufrimiento hacia otros que deberemos reparar y cumplir con nuestro propio dolor y aflicción cuando la ley de causa y efecto así lo determine.

«No hay una sola imperfección del alma que no lleve consigo sus consecuencias molestas e inevitables, y ni una sola cualidad que no sea origen de un goce. La suma de las penas es proporcional a la suma de las imperfecciones»

Allan Kardec – Libro: El Cielo y el Infierno o la Justicia Divina

Si comenzamos a vigilar nuestras reacciones, nuestras intenciones y nuestros defectos, empezamos a conocernos, y con ello permanecemos atentos a nosotros mismos para de esta forma hacernos conscientes de que hemos de controlar nuestros impulsos, nuestra lengua y nuestras reacciones a fin de evitar que dañen a otros. Todo esto requiere un esfuerzo, pues el trabajo más difícil que un hombre puede acometer es precisamente este, el perfeccionamiento moral sin hipocresía, si intentar engañarse así mismo.

Es algo que deberemos comenzar a trabajar cuanto antes, un reto que no puede posponerse mucho más, pues en ello nos jugamos nuestra dicha futura, nuestro equilibrio personal, el cumplimiento de nuestro trabajo en la tierra en esta vida, etc.

Hay que trabajar y progresar, pues sin ello no tiene sentido la evolución del espíritu, y todo ello requiere esfuerzo, pues sin este último es imposible avanzar.

Atentos a uno mismo por:  Antonio Lledó Flor

©2016, Amor,paz y caridad

«La dicha y  felicidad es inherente al perfeccionamiento del espíritu»

Allan Kardec

INMORTALIDAD Y CLONACIÓN

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¿Es cierta la inmortalidad del alma? ¿Es posible la eterna juventud? ¿La clonación permitirá crear humanos en breve? ¿Hay expectativas de ser inmortales? ¿Qué es el Proyecto Gilghamest?

«Conferencia sobre la Inmortalidad del Alma como convicción interna del hombre  desde el principio de los tiempos; y que ahora viene confirmada por la genética como algo que forma parte de nuestro propio ADN: el gen Vmat2.

La clonación biológica puede ser posible en un futuro; no así la clonación espiritual; pues el espíritu no es materia sino energía; y cada uno es individual, único y diferente a todos los demás. 

La inmortalidad viene confirmada además por las manifestaciones de aquellos que nos precedieron; por las ECM, por la Tanatología, por la Parapsicología, por la filosofía espírita y por la ciencia de la conciencia y la física cuántica.»

Inmortalidad y clonación por:      Antonio Lledó Flor

© 2016 Amor, paz y caridad

BUSCANDO LA INMORTALIDAD (2)

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Buscando la inmortalidad (2)

«El que llamas muerto, no murió, mas partió primero»
Séneca – Filósofo

Hoy la física cuántica y la física de partículas, nos confirman que todo es energía y luz en el universo, y que las manifestaciones de la materia no son más que modificaciones de la energía, nos afirman la existencia de multiplicidad de universos que apenas comenzamos a descubrir. También la astrofísica demuestra que en el Universo no existe el vacío en el espacio, pues todo está ocupado por la materia oscura.

En el campo de la biología evolutiva, las células demuestran su permeabilidad a los pensamientos y emociones del ser humano, siendo estos fuente de disturbios, enfermedades, salud o bienestar en función de su naturaleza. Todo pensamiento o emoción libera corpúsculos energéticos que afectan los núcleos de nuestras células; si estos son pensamientos de odio, de rencor, de envidia, de ira o de emociones desequilibrantes, liberan electrones en el núcleo celular que son capaces de afectar la salud de los órganos de nuestro cuerpo, somatizando enfermedades y deteriorando la salud, a la vez que producen el envejecimiento prematuro de nuestro sistema celular.

Si los pensamientos y emociones son de orden equilibrado y armónico; si obedecen a emociones o actitudes como el amor, la gratitud, la solidaridad, la belleza, el arte, etc. se liberan fotones beneficiosos que revitalizan las células de nuestro cuerpo, fortaleciéndolas, dotándolas de mayor cantidad de energía revitalizante y retrasando el envejecimiento de las mismas, procurando estados de salud y bienestar.

La nueva ciencia de la psico-neuroinmunología ya ha demostrado lo que afirmamos en el párrafo anterior, dicho de otro modo: el estado de ánimo de la persona, su equilibrio mental y emocional son los principales factores desencadenantes de muchas enfermedades mentales y neurosis, así como de la completa salud biológica, mental, psicológica y espiritual.

Para aquellos que aceptamos la inmortalidad del alma humana, es sencillo suponer que los pensamientos y emociones que nuestro espíritu inmortal proyecta y cuyo receptor y transmisor es el cerebro humano, son la propia naturaleza de nuestra conciencia, y a través de ellos nos manifestamos, tanto en la vida física como en la vida espiritual.

Hoy día, científicos de gran prestigio, dedicados al estudio de las emociones y de cómo estas son capaces de modificar la estructura cerebral, no hacen más que confirmar que el cerebro es una cosa y la conciencia o la mente es otra muy distinta.

«La conciencia es independiente del cerebro, y fuera de él, hace a este último el procesador y regulador de los pensamientos.»
Dr. Eben Alexander –  Neurocirujano – Autor de «La Prueba del Cielo»

La mente dirige el cerebro, pero el pensamiento no es una exudación neuronal producida por la combinación de elementos electro químicos del mismo. Es justo al contrario, los pensamientos y emociones que nuestra mente genera, producen esas combinaciones y sinapsis neuronales que liberan los neuro-transmisores responsables de la salud y la enfermedad cuando producen serotonina o cortisol, adrelanina o dopamina, que llega a nuestro torrente sanguíneo afectando a nuestro organismo por completo.

La expresión de «somos lo que pensamos» es cada día una realidad mayor; pero la certeza de nuestra esencia inmortal como un ser eterno, pensante, evolutivo, que transciende el espacio y el tiempo, que supera y se manifiesta más allá de las dimensiones biológicas, psicológicas y sociales, es la gran verdad que desde antiguo han venido defendiendo los filósofos y que hoy, por fin, la ciencia heterodoxa, libre de dogmatismos y prejuicios impuestos por las culturas, creencias, tradiciones y arrogancias intelectuales, viene demostrando.

Es precisamente el principio inteligente lo que denominamos como nuestro ser trascendente; el que piensa, siente, elabora, actúa, controla, dirige y se manifiesta en las dimensiones físicas y espirituales. Es el alma o espíritu inmortal, como le han venido llamando las religiones y las filosofías desde antiguo.

Y la esencia de este «yo superior», «mente superior» o «conciencia» etc., consiste precisamente en trascender los vehículos de los que se sirve para manifestarse; estos últimos son el cuerpo y sus órganos, uno de ellos el cerebro. El envoltorio fluídico que permite la conexión entre el espíritu inmortal y el cuerpo biológico, es el cuerpo denominado como periespíritu, de esencia semimaterial que acompaña nuestro ser inmortal antes de venir a la vida y después de la misma, cuando regresamos al mundo espiritual.

Las actitudes de las filosofías materialistas del XIX y el reduccionismo científico del siglo XX están obsoletas y caducas; el avance de la ciencia para el hombre cada vez necesita de una mayor comprensión de sí mismo, su bienestar ya no procede de la acumulación de bienes materiales, sino de su paz interior, de su equilibrio emocional y mental.  Hoy en día las enfermedades que más proliferan son la depresión, la angustia vital, el estrés y el vacío existencial; y las fugas psicológicas son los elementos que llevan a la insatisfacción de la vida y a multitud de suicidios en nuestra sociedad.

Todo ello pone de manifiesto nuestra realidad interna como la auténtica fuerza, el motor que, consciente o inconscientemente, dirige nuestra vida. No sólo somos el resultado de nuestro pasado y de lo que pensamos y sentimos, sino que nuestras acciones condicionan las circunstancias presentes y futuras de nuestro destino.

«Somos arquitectos de nuestro propio destino»
Albert Einstein – Premio Nobel de Física

La única explicación a los estados de conciencia alterados tiene que ver con la existencia de un principio espiritual que los psiquiatras no han tenido en cuenta hasta mediados del siglo XX. Gracias a la psicología tras-personal de Stanislav Groff y otros; el hombre y su alma, han pasado de ser un producto biológico-psicológico-social a un ser trascendente, integral, donde sus propias reacciones sólo pueden ser comprendidas mediante un estudio holístico y profundo de su personalidad, considerando en ellas no sólo el aspecto biológico-psicológico sino también su dimensión espiritual.

Como vemos, desde finales del siglo XX y estos primeros años del XXI, la ciencia avanza a pasos agigantados al encuentro de la dimensión espiritual del hombre. Es cierto que la ciencia y la fe, en general, tienen por objetivo principal la búsqueda de la verdad. Es pues ya hora de conciliar, de establecer los paralelismos oportunos, la investigación seria, rigurosa, exenta de supersticiones religiosas y científicas, que acerquen al hombre a su dimensión real: la comprobación fehaciente de la inmortalidad humana.

No podemos obviar que la investigación científica y rigurosa parte del reconocimiento de su ignorancia respecto a saberlo todo; sólo así se abren las mentes a nuevos conceptos, postulados y verdades que se van descubriendo con el transcurso de la investigación.

Si a raíz del conocimiento científico y espiritual comenzamos a ver una nueva comprensión de la realidad del ser humano, viéndolo bajo el prisma de una conciencia en permanente estado de evolución y transformación, la realidad de la trascendencia e inmortalidad de esta conciencia no es más que la consecuencia necesaria del avance del mundo y la sociedad en que vivimos.

Somos realmente inmortales en cuanto a esencia, pues nuestro espíritu inmortal, como mente consciente sobrepasa las condiciones de la vida orgánica, pasando a vivir en otros estados que le permiten seguir progresando y engrandeciendo su bagaje milenario de aprendizaje y experiencias.

Este es el sentido de la vida humana, vivir, experimentar y aprender, hasta conseguir la plenitud que nuestra conciencia necesita para seguir ampliando, creciendo en conocimientos y en amor, elevando su individualidad hacia estados de mayor felicidad y creatividad.

Buscando la inmortalidad (2) por:   Antonio Lledó Flor

©2015, Amor,paz y caridad

«No sólo las actividades de los médiums, sino también el fenómeno de los ángeles respaldan la idea de una mónada cuántica superviviente entre encarnaciones.»
A. Goswami – Físico, en su libro «Ciencia y Espiritualidad»

EVOLUCIÓN MEDIÚMNICA

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Evolución mediúmnica

Evolución Mediúmnica

Hoy más que nunca, cuando los avances de la ciencia desbordan casi diariamente nuestra comprensión y capacidad para adaptamos a los cambios que se producen en la sociedad, se hace más preciso adoptar ante la vida una actitud de superación constante y de análisis, a fin de aceptar todo aquello que, sirviendo para el progreso del hombre, pueda permitirnos avanzar en nuestras tareas cotidianas.

Pues bien, al igual debe ocurrir en el campo de la mediumnidad. Hemos de destacar que, aquel médium que no intenta aprender cada día y que se encierra de forma tradicional y retrógrada en sus conocimientos sin intentar ampliarlos, se estanca y se fanatiza. Y esto lo afirmamos porque al igual ocurre en el campo de la ciencias, las artes, la investigación o la filosofía. La mediumnidad no es sólo una responsabilidad temporal sino que implica igualmente una filosofía de vida y un constante deseo de mejorar y de avanzar en el camino evolutivo.

Si la mediumnidad se encuentra abierta a lo nuevo, a todo aquel conocimiento que le pueda servir para mejorar aquello que realiza, o aquel otro conocimiento que le sirva para comprender mejor su facultad y lo que ésta conlleva; podemos decir que estamos avanzando a pasos de gigante en el desarrollo de nuestra facultad y por ende en el progreso de nuestro espíritu.

A modo de ejemplo citaremos dos casos que son de amplia repercusión en el campo de la mediúmnidad y que no están generalmente aceptados por la mayoría de las facultades pero no obstante son hechos reales que conlleva el estudio, el avance y el desarrollo de las propias mediumnidades. Al igual que en los avances de la materia, el mundo espiritual tiene de forma resolutiva instrumentos para hacer avanzar a las facultades en función de las necesidades de progreso de éstas o del mundo en el que se encuentran.

Es por ello que, un concepto como la evolución de la mediúmnidad de incorporación para el adoctrinamiento de espíritus oscurecidos del que ya hablamos en su día, no está comúnmente aceptado por todas aquellas facultades que realizan este trabajo. No obstante, aquellos grupos donde se profundiza en el desarrollo mediúmnico, ya han podido comprobar que la evolución de este tipo de facultad es un hecho comprobado y comprobable. Y además, han podido experimentar las enormes ventajas que supone realizar estos trabajos mediúmnicos con mediumnidades de incorporación preparadas que ya están trabajando de esta forma; con innumerables ventajas para el espíritu sufriente, para los encarnados y para las entidades desencarnadas que ayudan a este trabajo.

Ante este primer ejemplo comprobamos con facilidad la predisposición de muchas facultades a aceptar esta nueva fórmula de trabajo mediúmnico; no obstante también existen reticencias e incluso rechazo por parte de otras facultades que no quieren avanzar en el desarrollo de su facultad, que prefieren trabajar como lo han hecho siempre, en su núcleo reducido, con los inconvenientes que esto les pueda representar, pero siendo a su vez el centro de atención de este trabajo.

Esta evolución de la facultad de incorporación elimina de raíz el problema del personalismo y la vanidad del médium, ya que al no poder ser protagonista como antaño, su ego personal no tiende a destacar. Esto, que lejos de ser un problema es una ventaja para el médium, algunas facultades no lo admiten y prefieren seguir trabajando como antaño.

Con este ejemplo comprobamos qué fácil es aferrarse a nuestras propias tradiciones o costumbres sin querer ni siquiera estudiar la posibilidad de mejorar en nuestro trabajo. La mediumnidad evoluciona al igual que todo en la vida y si nosotros cerramos la puerta de la evolución a nuevas y mejores formas de trabajo estamos encerrándonos en nuestra propia ignorancia y estancamiento espiritual.

Un segundo ejemplo sería aquél que con frecuencia se les presenta a las facultades en las que, supuestamente, aparecen comunicando a través de su materia entidades que no son espirituales, que se dicen provenientes de otros planetas. Todos sabemos ya cómo trabajan las entidades negativas haciéndose pasar por entidades que no son reales, no obstante el conocimiento de la codificación nos hace comprender que existen pluralidad de mundos habitados y que incluso pueden llegar a comunicarse espiritualmente a través de una facultad. Es por ello que no debemos descartar esta posibilidad, pero sí analizar con cautela todo aquello que llega desde el plano espiritual.

En la evolución de nuestro trabajo mediúmnico, tan malo es pecar de escepticismo como de credulidad, ambas cosas son negativas para el médium y la mejor forma de combatirlas es con una mentalidad libre y razonada, analizando todo aquello que venga a nosotros con imparcialidad y a la luz de los conocimientos espirituales que nos harán discernir lo cierto de lo falso y lo real de lo imaginario.

Podemos comprobar pues lo importante que es para nosotros el estudio, el razonamiento, el sentido común y el comportamiento moral de la facultad; elementos todos necesarios para afrontar con éxito el trabajo mediúmnico. Si a todo ello le unimos la mentalidad de progreso constante que hemos de tener, y las ansias de aprender diariamente nos encontraremos con las bases necesarias que nunca nos permitirán quedamos atrasados en nuestro trabajo espiritual, potenciando de esta forma el trabajo de nuestra facultad al máximo y logrando con ello innumerables mejoras y beneficios de progreso para nuestro prójimo y nosotros mismos.

Evolución mediúmnica por:Antonio Lledó Flor

©2016, Amor paz y caridad

«El Espiritismo, marchando con el progreso, nunca se desbordará, pues si la ciencia le demuestra que está equivocado sobre un punto, se modificará sobre ese punto, y si una nueva verdad se revelara, la aceptaría.»

Allan Kardec – Codificador del Espiritismo

¿ES POSIBLE UN PLANETA DIFERENTE? (2)

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¿Es posible un planeta diferente? (2)

A no ser que la opinión pública mundial comenzara a reclamar nuevas concepciones de desarrollo económico que respete la naturaleza, el equilibrio medioambiental y una redistribución de la riqueza más justa y equitativa; las expectativas respecto al futuro del planeta son verdaderamente sombrías. En el corto plazo de unas pocas décadas; este ser vivo, esta casa que es de todos, puede alcanzar un punto de no retorno a la vida y la naturaleza conocida desde hace millones de años.

Transmutar los aspectos negativos por solidaridad, ética, conciencia y responsabilidad social; añadiendo libertad de pensamiento y revolución individual en las personas y bajo los aspectos del altruismo, respeto, compromiso y principios morales; son sin duda las necesidades urgentes de la sociedad y el individuo para cambiar la mentalidad de un planeta enfermo de egoísmo y avaricia.

Sin un cambio de conciencia individual, se hace francamente difícil un profundo cambio social; no obstante, la historia nos demuestra cómo el empeño y la obstinación de los pueblos en modificar su destino alcanza a veces éxito. Muchos movimientos han surgido en las últimas décadas que abogan por la exigencia de un cambio de rumbo en lo social, en lo económico, en lo ambiental.

«Cuando nos comprendemos, comprendemos nuestra conciencia, también comprendemos el universo y la separación desaparece»

Amit Goswami – Físico

No obstante, además de los movimientos sociales, la ciencia y la espiritualidad vienen en auxilio del hombre para ofrecernos las salidas adecuadas que nos permitan la opción de poder elegir aquello que queremos para nuestros hijos.

En el capítulo de la ciencia los nuevos descubrimientos de la física cuántica vienen a confirmar que, la realidad de la relación entre todo lo que existe nos abre un abanico de posibilidades respecto a la influencia de las acciones individuales sobre las colectivas.

Según los últimos descubrimientos, existe un campo de energía que conecta toda la creación. Y este campo tiene un papel de contenedor, un puente y un espejo de las creencias que tenemos en nuestro interior. Según esta realidad, cada parte está conectada con las demás, y a su vez refleja la totalidad en escala menor. La manera en que actuamos y nos comunicamos con este campo de energía universal que todo lo impregna y a todo alcanza es a través de nuestra mente y nuestras emociones.

Vendría a ser como una gran mente universal o fluido cósmico que se encuentra presente en todo y del que todos formamos parte. Retomando la sabiduría de la antiguedad, comprobamos que esta concepción de la física cuántica se parece mucho al primer principio de las leyes del Kybalión de Hermes Trimegisto (5000 a.C.): «TODO ES MENTE, EL UNIVERSO ES MENTAL». (*)

Y más cercano en el tiempo, y quizás más exacto en su paralelismo, es similar a la concepción kardeciana del FLUIDO CÓSMICO UNIVERSAL que animado por la Mente Divina (Inteligencia suprema y Causa Primera), la filosofía espirita explicó de manera detallada como la base de la creación en todo el universo, a través de la cual se manifiesta la materia y los diversos tipos de energía.

«Nada hay vacío en el espacio universal, todo se halla ocupado por una materia (energía) que se sustrae a tus sentidos y a tus instrumentos»

 Allan Kardec – Item 36 Libro de los Espíritus

Incluso el «Principio Vital» que anima los seres orgánicos posibilitando la vida, es una energía que proviene del F.C.U. mencionado arriba, tal y como le respondieron los espíritus a Kardec en la pregunta 65 del Libro de los Espíritus.

Según las últimas investigaciones realizadas en Física Cuántica en la última década, este campo de energía no sólo existe, sino que conecta toda la creación. De forma que cualquier parte de él está conectada con las demás. La concepción errónea de la separación entre las cosas y los seres vivos queda definitivamente enterrada por los biólogos cuánticos que comprobaron en 1997 que el ADN es capaz de modificar, y alterar la constitución de la materia, hasta sus más pequeñas partículas como el fotón.

Algo que parece ciencia ficción y que desde hace una década está siendo comprobado por la ciencia. La gran pregunta es si todo lo que hacemos, sentimos y pensamos tiene sus efectos sobre el universo del cual formamos parte, ¿qué impide entonces que las intenciones, emociones y pensamientos puedan modificar el universo que nos rodea, incluso la propia sociedad? NADA, absolutamente, nada.

¿Sería entonces posible alcanzar ese mundo ideal, ese cambio de conciencia social, esa sociedad más solidaria, responsable y libre que instaure un nuevo orden social en el planeta que lo proteja, lo respete y cuide a su vez en armonía y equilibrio a los seres que lo habiten?

¿Sería posible que el cambio individual, personal y consciente de los individuos de una sociedad llegaran a cambiar la forma y manera en cómo esta se gobierna?

El nuevo paradigma científico de la última década se basa en «la ciencia de la conciencia» y demuestra que la conciencia, mente, espíritu o como queramos llamarla, es realmente la base de construcción de la realidad que nos circunda, y no la materia como se creía desde Newton. Es la conciencia la que crea la realidad y a partir de ella incluso se organiza la materia desde sus partes más ínfimas hasta las galaxias, estrellas y planetas.

Extrapolando al conocimiento espiritual estos descubrimientos, comprendemos con mucha facilidad que ciencia y espiritualidad son caminos paralelos en la búsqueda de la verdad. Ambos perfectamente compatibles, a pesar de que desde Descartes (S. XVI) se separó la fe de la ciencia por considerar esta última como antagónicos, sus métodos y principios basados en la experiencia y la observación con los dogmas religiosos de la época.

La tendencia ha cambiado; el foco se vuelve a encontrar en aquellas concepciones de la sabiduría espiritual que han acompañado al hombre desde el principio de los tiempos y a las que, ahora sí, un nutrido grupo de avanzados hombres de ciencia está dedicándole el respeto que merecen y la observancia necesaria. Esto permite compaginar esos dos caminos paralelos en la búsqueda de la verdad; y, olvidando las posturas excluyentes de ambos lados, vienen a auxiliar al hombre en sus necesidades de progreso y evolución.

La Mente que organiza e impregna todo lo que existe es el Dios de la antiguedad; el que como causa primera origina el universo conocido y desconocido; su principio consciente e inteligente es el que permite la vida y la interacción de esta con la materia. Nosotros, como seres creados a su imagen y semejanza en su naturaleza esencial que es consciencia, mente o espíritu, somos no sólo eternos, sino también cooperadores necesarios en el desarrollo y creación de la realidad.

Nuestro espíritu no tiene límites, pues su propia esencia es conciencia, que impregna no sólo nuestro espacio físico sino toda una serie de campos de energía en el que todo está conectado. Cuando comprendemos todo esto nos damos cuenta de que cualquier cambio es posible. Solamente se trata de entenderlo y ser capaces de llevarlo a la vida diaria.

Nuestros principios, creencias y emociones tienen una influencia principal en el cambio que pretendemos operar; en función de cual sea su naturaleza, así conseguiremos inclinar la balanza hacia uno u otro lado. Y en el caso que nos ocupa, una actitud positiva y responsable de mejora del planeta y de la sociedad, se verá reflejada de inmediato a medida que la vayamos incorporando en nuestros hábitos de vida.

La fuerza de esta energía poderosa en la mente de muchos individuos y en su interacción con el medio que les rodea, logrará transformar no sólo la atmósfera psíquica del planeta tierra, sino igualmente las ideas y prioridades de los hombres respecto a su cuidado y conservación. Nuestra conciencia y nuestra mente son fuerzas inigualables capaces de transformar aquello que parece imposible.

Añadiendo a esto la selección espiritual que, como cambio de ciclo se avecina al planeta; comprenderemos las posibilidades reales de construir un mundo sin maldad, un mundo sin egoísmos ni bajezas morales, pues los individuos que lo formen únicamente albergarán en sus conciencias el deseo del bien, de perfeccionamiento y de progreso científico y sobre todo moral.

Si comprendemos que el planeta no es de nuestra propiedad, sino de los más de 100.000 MM de personas que han pasado por él desde que existe el hombre sobre la tierra, sabremos entender las necesidades del cambio personal; del nuevo paradigma basado en las más sencillas bases del respeto, la fraternidad y la solidaridad, a fin de legarlo a la posteridad en mejores condiciones de lo que lo recibimos. Muchos de los que lo habiten en el futuro serán los mismos que lo disfrutan o lo disfrutaron en el pasado, la reencarnación se encargará de ello.

Así pues, sí es posible un planeta diferente si comenzamos a construirlo en nuestro interior, mediante los hábitos necesarios que nos ayuden a respetar no sólo la naturaleza que nos rodea sino principalmente nuestros pensamientos, emociones y acciones.

Esta actitud nos permitirá conectar íntimamente con esa matriz interior, ese Dios interno que todos llevamos dentro y que nos permite edificar no sólo nuestra conciencia de la realidad, sino la realidad misma que nos afecta externamente, condicionando nuestra salud, mental y fisiológica, nuestra vida y la relación con nuestros semejantes.

¿ES POSIBLE UN PLANETA DIFERENTE? 2  por:   Antonio Lledó Flor

©2015, Amor, paz y caridad

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(*) «Toda la materia se origina y existe en virtud de una fuerza…Debemos asumir, tras esa fuerza, la existencia de una Mente consciente e inteligente. Esta Mente es la Matriz de toda la materia«

Max Planck 1944 – Nobel de Física

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BUSCANDO LA INMORTALIDAD (1)

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En busca de la inmortalidad
Fotografía de Trey Ratcliff

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«Lo que hay después de la muerte, vida es, no muerte»

Séneca – Filósofo

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A lo largo de la historia el ser humano no ha dejado de buscar la fuente de la inmortalidad. Creyendo que podría vencer a la muerte, tenemos referencias históricas, legendarias y de todo tipo que nos detallan esta búsqueda incesante.

La primera de la que tenemos noticia se remonta hace unos 5000 años en el texto sumerio del rey Gilghamesh; que gobernando la ciudad de Uruk, y a raíz de la muerte de su mejor amigo Enkidu, y profundamente abatido, emprendió un viaje épico en busca de la inmortalidad. Un sabio le indicó que, a pesar de que la inmortalidad era un atributo únicamente divino, podía buscar la planta que otorga la eterna juventud en el mar; Gilgamesh la encontró, pero de regreso, tomó un baño y la planta le fue arrebatada por una serpiente ((basándose en que las serpientes cambian de piel, y que por ello vuelven a la juventud). El héroe llega a la ciudad de Uruk, donde finalmente muere.

En la Biblia, Dios expulsa del paraíso a Adan y Eva por desobedecerle y para evitar que encuentren el secreto de la inmortalidad comiendo la manzana que les convierta en dioses. Encontramos también referencias de esta búsqueda de la eterna juventud en la mitología griega, cuando una ninfa promete a Odiseo vivir eternamente si no se marcha de Calipso, la isla donde vivía; pero el protagonista del poema que escribió Homero 800 a.C. se marchó, y con ello perdió la posibilidad de la inmortalidad.

Posteriormente en la edad media, y según los alquimistas, la búsqueda de la piedra filosofal, era no sólo capaz de convertir cualquier metal en oro, sino otorgar también la inmortalidad. Como vemos, las leyendas, las alegorías, las tradiciones y la historia, ponen de manifiesto que la búsqueda del hombre por alcanzar la eterna juventud o librarse de la muerte es un anhelo permanente desde el principio de los tiempos.

Hoy podemos afirmar, al amparo de nuevas corrientes psicológicas como la logoterapia (búsqueda del sentido de la vida humana), y de los pensamientos filosóficos de mayor sabiduría del pasado, que este deseo, no es baladí; no es un capricho del ser humano, sino que se haya intrínsecamente unido a la esencia más profunda del ser; está impregnado fuertemente en la conciencia del hombre.

Los filósofos nos confirman que el deseo de ser, de existir, de vivir después de la muerte, no es una ilusión, sino un anhelo real que permite al hombre tomar conciencia de sí mismo, de su responsabilidad ante la vida y de su forma de actuar. Las ciencias del espíritu nos confirman que el impulso interior del hombre por saberse inmortal y aspirar a ello, proviene directamente de su parte espiritual más profunda; la propia alma encarnada que le ofrece la certeza de que esa inmortalidad no solo es posible sino que es real; tan real como el mundo físico que podemos captar y percibir mediante nuestros sentidos.

Y la ciencia actual viene a confirmarnos también el sentido de la inmortalidad escrito en nuestra intimidad más profunda: nuestro propio código genético. Así pues, el Dr. Dean Hamer (Biólogo Molecular) nos explica en su libro: «El GEN DE DIOS» (Auto-trascendencia) que todo ser humano, lo quiera o no, porta desde que nace en su acervo celular la aspiración y el impulso inconsciente de la inmortalidad. Denominado como el gen VMac2, es un gen que todos tenemos en el ADN y cuya actividad, a través de los neurotransmisores llamados mono-aminas, determinan que en las personas espirituales sus conexiones son mayores, segregando en el hombre mayor sentido de su conciencia y de su trascendencia personal.

Naturalmente, las religiones han intentado aprovechar la ineludible e inevitable consecuencia de la muerte, como la clave para ofrecer la inmortalidad como un remedio, no del cuerpo, pero sí del alma, a todos aquellos que siguieran sus ritos, dogmas o postulados, prometiendo a cambio el paraíso, la felicidad y la salvación «eterna».

Sin duda, y a pesar del escepticismo y la descreencia religiosa, el hombre sigue buscando la eterna juventud y sigue intentando vencer a la muerte; y hoy, en el inicio de siglo XXI, con los avances de la medicina, la biología evolutiva y la genética, cada vez estamos más cerca de ampliar la esperanza de vida, retrasando el envejecimiento varias décadas. Existen científicos que afirman que, para el 2050 los seres humanos podrán alcanzar la edad de 130-150 años en perfectas condiciones físicas y mentales, gracias a los avances de la medicina regenerativa.

En este orden, la terapia de las células madre, la terapia génica y la tienda de regeneración de órganos que ya comienza a despuntar, son las claves del PROYECTO GILGAMESH, que para aquel que no haya oído hablar de él; se trata de un ambicioso proyecto científico que toma el nombre del antiguo rey sumerio para reinvindicar dentro de la ciencia la búsqueda de la eterna juventud y el retraso del envejecimiento y la muerte.

Todo ello nos indica que, por encima de las creencias, la búsqueda de la inmortalidad es realmente un impulso imparable en el ser humano; es evidentemente una lucha denodada por resistirse a la vejez y la muerte. La ciencia actual no busca exactamente la inmortalidad, sino alargar la vida para que esta sea mejor y más saludable. Y no sólo intervienen disciplinas científicas como las mencionadas arriba, sino también otras que tienen mucho que ver con la inteligencia artificial y la posibilidad de crear mentes digitales para incorporarlas a los avances tecnológicos de la informática, robótica, nano-teconología, etc..

Sea como fuere, desde los hombres de las cavernas hasta la actualidad, el problema de la muerte y su supervivencia es la piedra angular del hombre; se quiera o no aceptar sus consecuencias. Tanto es así que aquellos que niegan un principio espiritual inmortal en el hombre, se afanan en querer negar lo evidente, pretendiendo con ello que la simple negación de este hecho sea la certeza de su existencia.

«La ausencia de la prueba no es la prueba de su ausencia»
Carl Sagan –  Astrofísico Norteamericano (1934-1996)

Para el hombre inmaduro espiritualmente es legítimo dudar de la existencia de un alma inmortal, pues reconocer esta circunstancia implica aceptar la existencia de un creador de la misma que por su propia naturaleza ha de ser igualmente eterno e inmortal. Y esto avasalla la mente del hombre orgulloso, incapaz de reconocer un poder superior a él; al mismo tiempo que le ofrece la comodidad de no sentirse responsable de aquello que hace y deshace, de bueno o malo, en relación a sí mismo y a los demás.

Pero si es legítimo dudar, no es menos cierto que, a medida que avanza la ciencia y el conocimiento humano, son menos coherentes los planteamientos nihilistas y materialistas que niegan la existencia de Dios y del Alma inmortal, pues nada de lo que existe en el universo obedece al azar o la casualidad, argumento que esgrimen estos defensores de «la nada», y que ofrecen un horizonte triste, desesperado y sin sentido a la criatura humana.

Antonio Lledó Flor

©2015,Amor, paz y caridad

«No somos seres humanos con una experiencia espiritual, sino seres espirituales con una experiencia humana»
Theilard de Charden. Paleontólogo, filósofo y religioso 1885-1955

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INFLUENCIAS RELIGIOSAS

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Influencias religiosas
Fotografía de Pixbay

Influencias religiosas

«Los espíritus de los muertos pueden ser enviados a los vivos y revelarles lo que ellos saben y que han aprendido de otros espíritus o ángeles (guías espirituales) o por revelación divina»

 San Agustín en su Libro: «De cura pro Mortuis»

Una de las deformaciones más habituales que poseen las facultades, es sin duda, dejarse influir por las corrientes religiosas que predominan en su entorno social. A pesar de ello, la fuerza de las religiones en las costumbres y las creencias de los seres humanos es patente, y por lo tanto las facultades no están exentas de tales influencias ni de los clichés culturales que subyacen en la sociedad.

Es frecuente comprobar cómo en ambientes de escasa preparación e instrucción mediúmnica se habla con ligereza de “santos” que transmiten sus mensajes a través de los médiums, como si esta identificación fuera a conceder a la mediumnidad mayor crédito para los mensajes que se transmiten a través de ella.

También es frecuente observar con estupefacción e incredulidad la gran cantidad de facultades que se atribuyen reencarnaciones de personajes famosos dentro de la iglesia, tajes como apóstoles, santos, patriarcas, etc…

Todo esto no supone sino la falta de conocimientos espirituales, la tendencia a la vanidad y al personalismo de algunas mediumnidades que precisan sentirse importantes ante los demás creyendo que así su facultad será más importante o más valorada.

Qué gran error pensar de este modo, pues como bien indicábamos en los primeros artículos de esta sección, los comunicados de grandes espíritus elevados casi nunca van firmados, nunca se autodenominan “yo fui en la tierra tal o cual personaje”, porque no lo necesitan, ya que cuanto más grande es un espíritu mayor es su condición de humildad y mayor es también su conocimiento y sabiduría. Debido a ello, los grandes mensajes de espíritus elevados suelen ser profundos, sencillos y a la vez esclarecedores. Lejos pues de la ampulosidad, la verborrea, los adornos y palabras barrocas.

Es cierto que la influencia religiosa del lugar del planeta en el que nos encontremos ha de suponer parte de la cultura y formación inicial del médium. Pero no es menos cierto que, la fidelidad del mensaje mediúmnico es igual en todas partes del globo, y por ello, un espíritu elevado que comunique en cualquier parte se expresará de la misma manera en todos los sitios. Solamente en casos muy excepcionales, de espíritus angélicos, puede darse el caso de comunicar al mismo tiempo en distintas partes del planeta y ofrecer distintos mensajes en su contenido pero la misma fidelidad en su forma de expresión.

Las fechas de Navidad que se celebran en todo el orbe cristiano son proclives a la influencia espiritual positiva desde el plano espiritual, pues no hemos de olvidar que, el recuerdo de la venida al mundo de ese gran maestro incomprendido llamado Jesús supone para esta humanidad el acontecimiento más elevado de todos cuantos han ocurrido en este planeta durante milenios.

Pero este hecho, que hemos de celebrar con regocijo e ilusión, debe plantear en nuestro interior un compromiso de reforma interna, un sentimiento de amor y de reflexión ante la importante responsabilidad y compromiso que supone una facultad mediúmnica. Pues no hemos de olvidar que, el estandarte de este gran espíritu venido a la tierra hace dos mil años, coincide plenamente con las bases esenciales de una facultad mediúmnica. La mediumnidad es sacrificio y renuncia en favor de nuestro prójimo, valores sublimados por el maestro de Nazaret a su máxima expresión.

Reflexionemos pues en estos días sobre nuestro actual grado de compromiso espiritual con nuestra facultad; meditemos acerca de nuestras relaciones con los demás, con la familia, en el trabajo, en la vida cotidiana, etc… Si somos sinceros con nosotros mismos, nos percataremos de que en todos los ámbitos en los que nos desenvolvemos tenemos cosas que podemos y debemos mejorar.

Hagamos pues ese esfuerzo sincero, ese trabajo que al final se convierte en luz, claridad y entendimiento para nuestro espíritu. Imitemos, en la medida de lo posible, la valentía y el arrojo de ese gran espíritu lleno de amor que con su mirada dulcificaba los espíritus más rudos y con su palabra transmitía la fuerza divina de nuestro Padre.

«La aceptación de las verdades que persigue el espiritismo, convertirá a los agnósticos en creyentes, o hará de un Judío mejor, de un mahometano un mahometano mejor, de un cristiano un cristiano mejor, y sin duda alguna, a todos más dichosos y felices»

George Vale Owen

Así pues, cuando la religión se convierte en auténtico sentido de responsabilidad interior, en exigencia para con nosotros mismos y tolerancia con el prójimo, es cuando alcanza el sentido para el que vino al mundo: mostrar el camino hacia Dios a todos los hombres. Aquí no hablamos de una u otra religión, sino aquella que somos capaces de vivir internamente, estemos donde estemos y profesemos la doctrina que profesemos.

Como hemos podido comprobar, las influencias religiosas pueden ser positivas o negativas en función de cómo interpretemos el mensaje que la religión nos ofrece.

En un futuro cada vez más próximo, la única y verdadera religión predominante será la religión del amor, aquella que se encuentra impregnada en la naturaleza de todo cuanto existe, pues es esencia misma emanada de Dios. De esta forma, nunca nos equivocaremos si acudimos a esta doctrina, pues es la que promulgó como ejemplo de vida el maestro de maestros: Jesús de Nazaret.

Influencias religiosas por:       Influencias religiosas por: Antonio Lledó Flor

©2015, Amor, paz y caridad

«Es una ley espiritual reconocida que todas las manifestaciones psíquicas son deformadas cuando se perciben a través de un médium afiliado a una estrecha religión sectaria»

 Arthur Conan Doyle – Libro: Hª del Espiritismo – Cap. II

¿ES POSIBLE UN PLANETA DIFERENTE?

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¿Es posible un planeta diferente?
Fotografía de Malinda Rathnayake "In the Eyes of the creator"

«La Tierra no es una herencia de nuestros Padres sino un préstamo de nuestros Hijos» 

Sean bienvenidos todos los acuerdos entre países para tratar de controlar y parar la autodestrucción a la que estamos abocados. Fruto de esto, la reciente cumbre del clima celebrada en París a mediados del pasado mes de Diciembre; donde por fin todas las naciones, han tomado conciencia de la necesidad de abordar el problema, incluso aquellas que se negaron a ratificar el protocolo de Kyoto y que en esta ocasión se han unido al acuerdo de todos. Esperemos que no quede sólo en buenas intenciones y que se implementen las políticas y los compromisos que, a medio y corto plazo salven el planeta.

Este tema es de amplia repercusión en muchos ámbitos intelectuales, científicos y espirituales. Hoy nadie duda, al amparo de la ciencia, que el hombre ha ido roturando el planeta y empobreciendo la naturaleza y el hábitat a medida que la explotación de los recursos desenfrenada ha ido extendiéndose por todo el globo.

Son muchas las causas: deforestación, contaminación ambiental y atmosférica, destrucción de la capa de ozono, explotación desmesurada de los recursos naturales sin preservación del ecosistema, desertización, aumento de la temperatura del planeta, deshielo polar, aumento del nivel del mar, etc.

Todo ello sin contar la aniquilación sistemática de otras especies no humanas con motivo de lo mencionado anteriormente y del egoísmo y sobre-explotación de los animales para satisfacer los deseos y caprichos de la especie superior: el homo sapiens.

No es sólo el hecho de que el hábitat del planeta esté amenazado por los intereses espurios y que nadie piense en las nuevas generaciones que han de habitarlo en el futuro; sino que hemos llegado a niveles de destrucción tan graves, que esta misma generación puede verse amenazada en su supervivencia en unas pocas décadas.

Para muchos científicos que vienen reclamando un cambio de modelo, la alarma social debiera ser más evidente, pues el propio planeta empieza a resentirse y dar señales de una catarsis evidente que comienza a producirse y se refleja en multitud de desequilibrios ambientales como los maremotos, terremotos, huracanes, climatología descontrolada, etc. Esto modifica el ciclo de la vida de las plantas y por consecuencia de los animales; derivando en multitud de anormalidades en el devenir de los procesos naturales.

En lo que respecta a multitud de intelectuales, movimientos ecológicos e instituciones sensibilizadas con el medio ambiente, también se reclama a los dirigentes políticos una mayor afectividad y responsabilidad con el planeta, y especialmente con lo seres que lo habitan; pues se comprueba claramente que la forma de vida de la que ahora gozamos, nunca será igual a partir del punto de inflexión en que determinadas circunstancias perniciosas, que se están incubando, eclosionen; hechos evidentes que el hombre, los animales y todos los seres vivos padecerán en poco tiempo.

Los intereses de unos pocos y la supina ignorancia de muchos, hacen creer a la mayoría que todo está bien, que el nivel científico y tecnológico alcanzado permitirá resolver cualquier contrariedad. Nada más lejos de la realidad; por poner un ejemplo, ni siquiera hoy, en pleno siglo XXI somos capaces de controlar las inclemencias atmosféricas (huracanes, ciclones, tifones) o telúricas (maremotos, terremotos, erupciones volcánicas) del planeta; podemos prever y detectar muchas de ellas a corto plazo, pero de ninguna manera detenerlas o prevenir sus riesgos con mucha antelación.

Por todo ello es preciso la concienciación de que nuestra casa se está deteriorando a marchas forzadas; el agua se envenena, el aire se torna irrespirable, la comida viene contaminada y nuestra salud y forma de vida se ve amenazada seriamente. En absoluto pretendemos dramatizar ni confundir a nadie, solo exponer una realidad incuestionable. Ahora bien, deberíamos preguntarnos ¿quién debe parar esto? ¿quién debe proponer, liderar e intentar cambiar esta situación? ¿Es posible un planeta diferente?.

Un cambio de rumbo es posible si previamente se produce un cambio de pensamiento; de inversión de valores que ahora se centran en aspectos como el egoísmo, el individualismo, la codicia, la avaricia sin conciencia ni ética social. Una revolución de pensamiento y de acción, que proponga la conservación de la naturaleza y del hombre en armonía con ella, como elemento prioritario de la vida en sociedad y como instrumento de respeto al ecosistema que nos rodea que, no lo olvidemos, no es nuestro, simplemente lo estamos disfrutando para desarrollar nuestra vida y nuestro paso transitorio por esta existencia.

Nunca antes como ahora en la historia de la humanidad, hemos sido tan conscientes del deterioro, la manipulación, la sobre explotación y la deriva de la que nuestro planeta está siendo objeto. Comencemos por adoptar la cuestión como algo propio; como una responsabilidad que se nos exige por la oportunidad de vivir y progresar en esta «casa de todos», creada y formada para albergar la escuela superior del progreso espiritual del individuo a través de la reencarnación.

La comprensión de que el planeta es también un ser vivo que progresa y evoluciona, debe ser para nosotros la certeza necesaria de cuidarlo, embellecerlo, preservarlo y prepararlo para que lo disfruten las generaciones futuras; y sin duda, al amparo del conocimiento espiritual, nosotros mismos también lo disfrutaremos, en próximas vidas o reencarnaciones en un mundo de regeneración limpio de contaminantes no sólo físicos sino también psíquicos y espirituales.

Adoptemos pues la actitud adecuada en este tema para comprender que la naturaleza no es de nuestra propiedad, sino que se nos ha dado para disfrutarla, usarla en nuestro propio provecho y beneficio físico y espiritual. Y conociendo la ley de causa y efecto, las actuaciones equivocadas en este sentido también tendrán su repercusión, siendo más difícil recuperar todo aquello que se haya destruido en este cambio de ciclo que se avecina.

Entonces, contestando a la pregunta ¿es posible un planeta diferente? respondemos: NO SÓLO ES POSIBLE SINO QUE NOS ENCAMINAMOS HACIA EL DE FORMA VERTIGINOSA. Es el nuevo mundo que se avecina del que solamente formarán parte aquellos que lo merezcan, aquellos cuyo nivel moral sea el necesario para conformar una sociedad justa, respetuosa con el prójimo y con el entorno, cuidadosa del medio ambiente y basada en principios espirituales y morales de rango superior, basados en la fraternidad, la paz, la libertad y la solidaridad.

Mientras esperamos con alegría ese momento, no permanezcamos pasivos, actuemos; hagamos todo lo posible mediante nuestro ejemplo por limpiar, construir y preservar con cariño aquello que se nos ha dado y de lo cual formamos parte como elementos vivos y conscientes de la naturaleza y el universo que nos rodea.

¿Es posible un planeta diferente? por: Antonio Lledó Flor

©2015, Amor, paz y caridad

«La Tierra proporciona lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no la codicia de cada hombre.»
Gandhi

NATURALEZA Y EVOLUCIÓN (II)

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Naturaleza y evolución (II)

DE HOMBRES A DIOSES

Continuamos aquí la reflexión efectuada en el artículo del mes pasado en esta misma sección, en la que abordábamos el origen del hombre y la aparición del espíritu humano en la tierra a partir del «homo sapiens».

Abordábamos en esas consideraciones el hecho de que el hombre partió de la ignorancia, del instinto y de la inconsciencia, hasta llegar a una etapa plenamente humana en la que el ser humano comienza a tener conciencia de sí mismo, va sustituyendo paulatinamente el instinto por el raciocinio y la ignorancia por el conocimiento propio y de la naturaleza que le rodea.

Esta etapa se ha visto ampliada notablemente con los progresos de la ciencia y el conocimiento humano, hasta llegar al momento en el que nos encontramos, donde los progresos de la humanidad, de la tecnología y el saber humano, hacen vislumbrar unas próximas décadas realmente prodigiosas en cuanto al salto exponencial del ser humano en sus capacidades internas, externas, de relación con el medio y con la tecnología.

Se confirma una vez más que, la naturaleza y la evolución de la misma así como de los seres que la integran, es una certeza evidente que obedece al cambio, a la transformación de todo lo que existe; todo muda, todo se transforma con el transcurso del tiempo, derivando en formas más sutiles, en inteligencias más avanzadas, en procesos más perfectos. Este cambio, desde Heráclito hasta Einstein, viene siendo la constante del progreso que impulsa a los mundos y las humanidades a avanzar y conquistar nuevos horizontes en todos los ámbitos del saber y la naturaleza humana.

Los avances de la biología evolutiva, la ingeniería genética a raíz del descubrimiento del genoma, y la capacidad de previsión de las enfermedades mediante la codificación y elaboración del carnet de identidad genético, auguran progresos incontables a la medicina regenerativa y a nuestras expectativas de vida y de regeneración celular.

Por otro lado, el conocimiento de las interioridades de la materia (CERN) y de las partículas subatómicas, hacen de la física y de la astrofísica las ciencias que van a marcar los progresos inminentes sobre el origen de la vida y del universo, así como la certeza, cada vez más evidente, de una causa primera e inteligencia suprema como origen de todo lo que existe.

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«Toda la materia se origina y existe solamente en virtud de una fuerza. Debemos asumir, tras esa fuerza, la existencia de una mente consciente e inteligente. Esta Mente es la matriz de toda la materia»

MAX PLANCK– 1944 -Premio Nobel de Física

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Si añadimos a esto los estudios sobre la conciencia, la mente, y los efectos de ambas sobre la personalidad humana, independientes del cerebro biológico, estamos ante la nueva era de un hombre diferente. Nada va a volver a ser igual; la propia ciencia basada en conceptos trascendentes del ser humano, como ya demuestra la psicología traspersonal, la logoterapia, y la psicología de las emociones, nos ponen ante la evidencia demostrada por los grandes filósofos, sabios y fundadores de religiones de antaño; que defendieron la trascendencia del hombre en su parte espiritual y de conciencia.

Como nos demuestra la historia, el progreso del conocimiento humano ha permitido modificar las sociedades hacia estructuras sociales más justas y solidarias, más democráticas y libres. Pero este progreso también ha posibilitado el desarrollo del hombre no sólo en cuanto a capacidades y competencias racionales, sino sobre todo psicológicas y morales.

El hombre del siglo XXI no tiene las mismas reacciones, sentimientos o actuaciones que tenía el hombre salvaje o primitivo; que actuaba por instinto la mayoría de las veces careciendo de principios, moralidad o sensibilidad hacia sus semejantes cuando se dejaba llevar por sus impulsos y naturaleza tosca; tampoco el sufrimiento ajeno o las injusticias que se cometían en sociedades primitivas, derivado de actuaciones absolutistas o dictatoriales, tienen lugar en muchos países hoy en día.

El hombre, aunque no lo parezca, también ha evolucionado, y hoy día estamos ante un «homo sapiens» mucho más adelantado, social, moral y racionalmente. Las propias costumbres sociales, que se consolidan como tradiciones en los pueblos y sociedades, se han ido modificando desde los tiempos de la barbarie hasta ahora; y aunque muchas de ellas todavía persisten, sufren el rechazo social de la mayoría de los individuos cuyo progreso y sensibilidad les hace repudiarlas.

Sin duda el proceso histórico nos pone ante la evidencia de un nuevo hombre, un homo sapiens más tecnológico, pero también más humano, más sensible, más imaginativo, más sociable; y aunque el mal sigue existiendo por doquier en la tierra, la sensibilidad ante el sufrimiento ajeno es hoy mayor que nunca. Y, todo ello a pesar de que el egoísmo, la avaricia y el ansia de poder son elementos negativos que persisten por doquier; sin embargo también observamos que cada vez son más los movimientos solidarios entre los países y las personas cuando se producen desgracias, terremotos, etc.

Todo ello nos habla de una nueva conciencia social que despierta de forma colectiva, y esto es así porque antes ha despertado en el interior del individuo gracias a su progreso y esfuerzo personal; nada es casual ni surge por azar. Esto refuerza notablemente el aspecto que confirma la reencarnación; pues los que vivimos en la tierra hoy, somos los mismos que la habitamos en épocas de barbarie, y que gracias a las experiencias vividas en este planeta, existencia tras existencia, vamos reconociendo nuestros errores, progresando moral e intelectualmente, alcanzando mayor sensibilidad, mayor intuición y sobre todo, mayor conciencia de nosotros mismos.

El conocimiento espiritual nos permite comprender que, en nuestra inmortalidad espiritual, el ser atraviesa todas las etapas, del salvaje al genio, pasando por la etapa «hominal» en la que nos encontramos; comenzando a encarar nuestro futuro hasta la etapa de la «angelitud» a la que estamos destinados a llegar por nosotros mismos; bajo nuestro libre albedrío y mediante nuestro propio esfuerzo.

Esta transición, efectuada desde hace 70.000 años, que el homo sapiens ha necesitado para traspasar el umbral de la animalidad al de la racionalidad, es apenas nada si lo comparamos con lo que nos queda para llegar a la etapa superior de seres perfectos, angélicos, cooperadores en la creación divina; moradores de las esferas celestiales más genuinas; donde la actividad incesante de la creación es compartida por todos los seres que hasta allí han llegado después de miles de años de progreso, perfeccionamiento y amplitud de conciencia.

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«La persona, en su evolución hacia Dios a través de las experiencias de las existencias que vive, se vuelve consciente de su entidad espiritual; desarrollando los atributos latentes que lleva en su interior, para convertirse al final de este proceso de hombre-animal en ser-angélico.»

SEBASTIÁN DE ARAUCO

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Nos encontramos en un mundo de expiación y prueba; y antes de llegar al estado angélico, precisamos traspasar los umbrales de los mundos de regeneración, de los mundos felices, de los mundos divinos, etc. Todo ello supone el engrandecimiento del espíritu inmortal a través de multitud de experiencias físicas y espirituales; en mundos avanzados y en esferas espirituales sutiles.

Pero antes de avanzar en este progreso eterno que es consustancial a nuestra propia esencia, creada a imagen y semejanza de Dios en cuanto a lo espiritual, hemos de traspasar el umbral del mundo en el que nos encontramos hacia el de un mundo de regeneración; donde el mal habrá desaparecido de la tierra al haberse producido la selección de la que tanto han hablado los profetas,  filósofos y avatares.

Esta selección es exclusivamente espiritual, en ella no caben arbitrariedades, injusticias, etc. a cada quien se le medirá por su nivel de adelanto moral; y aquel hombre que no haya llegado a desterrar de su interior el mal y la inferioridad moral, será transferido espiritualmente a un mundo como estaba la tierra hace miles de años, donde seguirá trabajando y progresando hasta que alcance el nivel que le permita acceder a un mundo superior.

Mientras tanto, aquellos que tengan el nivel necesario, podrán formar parte de una nueva sociedad; una sociedad exenta del odio, las guerras y la violencia; imperfecta sí, pero con el germen del progreso y de la conciencia del nuevo hombre.

Y ese nuevo hombre pasará de ser el hombre racional y moral al hombre intuitivo y consciente. Ampliará sus capacidades enormemente y la expansión de su conciencia alcanzará niveles nunca antes pensados, comprendiendo la realidad de forma plena, enfocando sus esfuerzos a la regeneración interior, el trabajo solidario, la lucha desinteresada hacia el prójimo y el servicio permanente en pro de una sociedad mejor, más justa e igualitaria.

El hombre girará su visión hacia su interior para descubrir allí las capacidades de nuestro espíritu inmortal, donde podrá entresacar la fortaleza, los recursos necesarios para convertirse en un hombre integral, acercándose cada vez más al camino que le lleve a un mayor perfeccionamiento. Ese trabajo redundará en su propia felicidad, pues como decía Jesús: «Todo lo que yo hago, vosotros podréis hacerlo».

El camino de transición del hombre hacia Dios es milenario, pero sin duda, todos, absolutamente todos, del hombre más primitivo al ser celestial que podamos imaginar, estamos destinados a la perfección y la felicidad, con independencia del tiempo que empleemos en ello y los esfuerzos, méritos, dichas, sufrimientos o aflicciones que debamos afrontar.

Además, lejos de ser un camino de integración con el todo, como explican algunas teorías, es justo al contrario; a mayor progreso, mayor consciencia personal, mayor individualidad, mayor expansión personal, hasta llegar, como explicamos arriba, a la próxima etapa evolutiva, la de los seres angélicos, colaboradores de la obra divina con nuestros propios argumentos, capacidades, responsabilidades y cualidades divinas que hayamos potenciado en nuestro interior.

Quien carezca de conocimiento espiritual tendrá probablemente dificultades para comprender que el universo es infinito, el alma inmortal y Dios es la causa primera e inteligencia suprema de todas las cosas. No obstante, y a pesar de ello, el desconocimiento de las leyes que rigen el universo no exime de su cumplimiento.

Ese «homo-sapiens» es el primer eslabón humano de la evolución consciente del ser que; transcendiendo la etapa animal, llega a la etapa humana por la intervención divina, puesto que el espíritu, surgiendo de Dios, se individualiza y es creado por EL, simple e ignorante. Esta chispa divina continuará sus experiencias de progreso y evolución en la etapa humana e irá a desembocar, con el transcurso de los milenios en la etapa angélica; estadio evolutivo impensable todavía para nosotros, pero de los que tuvimos ya un ejemplo que se convirtió en paradigma de toda la humanidad: Jesús de Nazareth.

Antonio Lledó Flor

©2015, Amor, paz y caridad
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“Científicamente es imposible explicar el surgimiento de la vida sin la presencia del diseño inteligente. Pocos científicos entienden los complejos mecanismos que son necesarios para crear vida.»

JHONATAN WELLS – Dr. en Biología Molecular y Física, Licenciado en Matemáticas, Filosofía, y Geología.

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DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL

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Discernimiento Espiritual

Discernimiento espiritual

Una de las más importantes bases del conocimiento espiritual es aprender a discernir lo cierto de lo falso, lo correcto de lo incorrecto, en todo aquello que rodea y atañe al mundo espiritual y sus consecuencias.

Hoy en día el buen discernimiento espiritual en una facultad es algo no sólo necesario sino imprescindible; pues es mucha la ignorancia y las falsas interpretaciones al respecto de las facultades.

También existe mucha confusión en cuanto a las posibilidades reales de las facultades, a su funcionamiento, métodos y responsabilidades.  Debido a esto, muchas veces se confunden ideas y cuestiones radicalmente distintas las unas de las otras.

Un ejemplo de esto es el hecho de que muchas personas confundan las facultades y su auténtico cometido con otras prácticas que no tienen nada que ver con las mismas; como por ejemplo las distintas mancias (quiromancia, cartomancia, etc…), el tarot, la ouija y un largo etcétera.

Este ejemplo nos hace ver la gran importancia que tiene el conocimiento espiritual, a fin de desmitificar las prácticas adivinatorias de aquellas que no lo son, las auténticas facultades espirituales de otras que son propias de la mente (como la hipnosis, telepatía, etc…) Por ello desde aquí recomendamos el estudio sistemático de las obras de Kardec, y especialmente del Libro de los Médiums, donde aclararán ampliamente sus dudas. Pero si quieren empezar desde el principio, en esta misma revista encontrarán una guía rápida en el manual titulado (*)«La Mediumnidad» que pueden leer y descargar para un conocimiento previo.

Una persona instruida sabrá tratar este tema, divulgarlo con claridad y sencillez y sobre todo SABRÁ COMO ACLARAR LAS DUDAS DE LOS DEMÁS, EXPLICANDO AQUELLO QUE ES CORRECTO Y LO QUE NO LO ES.

La ignorancia y la confusión son la fuente de las malas interpretaciones de las personas que tienden a mezclar todo en un mismo saco, sin darse cuenta que, en conceptos tales como espiritismo y ouija hay tanta distancia como entre la física nuclear y la jardinería, por utilizar un símil.

Es pues muy importante saber discernir, a fin de aclarar las dudas y poder explicar con claridad aquellas cuestiones que, por mor de la ignorancia tienden a confundir a las personas, sin saber a ciencia cierta qué es lo que están interesados en aprender y lo que cada cosa representa de positivo o negativo para el ser humano.

Las personas instruidas, además del conocimiento espiritual que han adquirido, tienen a su favor la claridad de entendimiento que les concede su propia facultad cuando se hacen las cosas correctamente. Esta claridad de entendimiento se manifiesta con la sencillez y profundidad de las respuestas a las preguntas más enrevesadas.

La sencillez nunca estuvo reñida con el sentido trascendente de las cosas, es más, los grandes personajes espirituales que han pasado por la tierra usaron de la sencillez y de su claridad espiritual para que su mensaje fuera comprendido por todos.

Estos grandes personajes, a su vez, facultades esclarecidas, poseían conocimientos espirituales de altísimo nivel y profundidad, de ahí su mérito: saber sintetizar, concretar y explicar con CLARIDAD Y SENCILLEZ, todas las cuestiones espirituales por difíciles que parecieran en su tiempo. De esta forma corroboran lo que en anteriores artículos exponíamos: «con gran frecuencia, las comunicaciones de los espíritus elevados, lejos de ser ampulosas y enrevesadas son sencillas y clarificadoras, con un altísimo sentido de profundidad espiritual que nos hará meditar mucho tiempo y extraer grandes enseñanzas para nuestra vida».

Así pues, en el discernimiento encontraremos también la forma más sencilla para saber salir de las situaciones difíciles, aquellas que no sepamos cómo afrontar por miedo a equivocarnos o a no actuar con la debida ecuanimidad o justicia. Y si el conocimiento se vuelve insuficiente ante decisiones difíciles que debamos tomar, precisaremos de  un código de actuación preciso, cierto y sin errores que nos ayudará a tomar la decisión correcta, y este no es otro que el incomparable código moral de las enseñanzas de Jesús.

Las facultades, que suelen moverse en el terreno resbaladizo de la influencia espiritual, han de ser conscientes de que las fuerzas negativas siempre están al acecho, y la mejor forma de alejarlas es no darles la oportunidad de acercarse, con un comportamiento moral intachable, que vaya siempre acompañado por amplios conocimientos espirituales que nos ayuden a discernir lo correcto de lo incorrecto, lo verdadero de lo falso, lo justo de lo injusto.

Sólo de esta forma alcanzaremos la seguridad y la fortaleza interior que nos reportarán grandes beneficios espirituales para el día de mañana.

Discernimiento espiritual por: Antonio Lledó Flor

©2015, Amor, paz y caridad

(*) Puede descargarlo haciendo click en: «La Mediumnidad»

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Despertar

Despierta el año 2016 y es habitual formularse proyectos y objetivos a conseguir durante el mismo. Fundamentalmente la vida actual condiciona nuestras metas hacia aspectos materiales, de bienestar, comodidad, salud, riqueza o posición social, etc.. Todo ello de legítimo derecho e interés para la mayoría de las personas.

No obstante, existen cada vez más personas que se proponen como metas la realización interior, la búsqueda del sentido de su vida a través del trabajo y el servicio a los demás. En este punto encuentran la realización personal que les acerca a la felicidad y la paz interior que ansían. Sólo aquellos que no han experimentado la íntima y placentera sensación de ayudar desinteresadamente desconocen el bienestar psicológico, mental e incluso físico que se siente.

«La felicidad depende de lo que puedes dar, no de lo que puedes conseguir.»
Swami Chinmayananda. Maestro Hindú

Esta actitud de servicio desinteresado, de práctica del bien por el bien, nunca suficientemente ponderada ni elogiada, puede realizarse desde el anonimato más absoluto hasta la visibilidad más patente. Si la intención es noble, poco importa cómo sea, lo verdaderamente interesante es que sirva para consolar, ayudar, auxiliar o amar a todo aquel que lo necesita.

Es trabajando en el bien cuando, sin importar en demasía las ideas o principios, la persona comienza a sensibilizar su alma hacia la compasión y la entrega a los demás. Entonces se produce un fenómeno interior que ayuda al despertar de la conciencia del hombre, porque le lleva a reencontrarse con su parte espiritual más profunda, aquella que lo conecta al amor, esencia de la naturaleza divina que también forma parte del ser humano.

Sin apenas conocimiento alguno, comprobamos cuán grandes son muchas almas que transcurren por la tierra sembrando ejemplos de entrega, renuncia, amor incondicional y sacrificio por los demás. Esto no es fruto de la casualidad, ni tampoco de caprichos o arbitrariedades divinas; no es más que el resultado del progreso evolutivo, del avance moral de estos grandes seres, (anónimos la mayoría), un progreso que habla a las claras de una conciencia elevada; un alma grande; un ser que ha conquistado su propia dicha en vidas anteriores y por merecimiento propio y lucha sin descanso, ha trascendido su aspecto biológico, psicológico y social hasta convertirse en un espíritu elevado al servicio del amor divino.

Es el despertar del alma, encarnada o desencarnada, que muestra bien a las claras cuál es el camino a recorrer. Un camino que todos podemos comenzar si nos lo proponemos, un sendero de esfuerzo que se ve recompensado enormemente por las leyes de la vida, las cuales nos devuelven ciento por uno, todo el bien que hacemos.

Existen multitud de ejemplos de personas que, buscando el sentido de la vida o la felicidad que no encuentran en las comodidades materiales, deciden despertar a la vida interior, la vida del espíritu inmortal. Este es un esfuerzo al alcance de todos, y la recompensa al mismo la vamos experimentando al tiempo que caminamos y crecemos cada día más en el conocimiento de lo que somos, qué hacemos aquí y cuál es el destino que nos ocupa.

«El hombre esta perdido y esta vagando en una selva donde los valores no tienen significado. Los valores reales tienen significado solo cuando se adentra en el camino espiritual, un camino donde las emociones negativas no tienen uso.»

-Sai Baba – Lider Espiritual Hindú

El conocimiento espiritual nos ofrece las respuestas; pero la actitud de mejorar, el ejercicio noble y sincero por corregirnos y ayudar a los demás es la clave del crecimiento interior. Lógicamente, cuando sabemos el porqué de las cosas es mucho más fácil realizarlas con convencimiento y fortaleza; de ahí que sea tan necesario conocer los principios de la vida del espíritu en la tierra y fuera de ella.

Al tiempo que vamos conociéndonos, sabiendo de nuestro objetivo en la vida, actuando diariamente en la consecución del mismo y comprendiendo la realidad de nuestro espíritu inmortal, la paz, la conciencia tranquila y la dicha, se van adueñando de nuestro interior: comenzamos entonces a descubrir la vida superior.

La vida del espíritu que somos y que se proyecta más allá del tiempo, del espacio y de las vidas en la tierra. Despertamos entonces a la auténtica realidad que permanecía oculta por los velos de la vida material, las distracciones que esta nos procura y que nos apartan del objetivo final de toda vida humana que no es otro que progresar espiritualmente.

El despertar de la conciencia es cuestión de muchas vidas, de muchas experiencias, es también el resultado de la comprensión del sufrimiento y las dificultades, de la aceptación de las aflicciones como pruebas que debemos superar para nuestro crecimiento interior o cómo expiaciones que hemos de restaurar debido a un pasado equivocado.

En este comienzo de año, proponemos a todos nuestros lectores, la revisión de nuestra posición en la vida mediante una reflexión sincera de lo que actualmente somos, de cómo nos sentimos, de cuáles son aquellas situaciones o pensamientos que ocupan nuestra mente de forma prioritaria. Si una vez realizado este análisis, somos incapaces de encontrar sentido a nuestra propia vida, les invitamos a despertar a la Vida Superior; aquella que nos hace libres, no sujetos a modas, convencionalismos sociales, pensamiento único o dogmas de cualquier tipo.

Una vida superior en la que cada cual es individualmente diferente de otro, somos conciencias individuales, bajo libre albedrío, dueños de nuestro propio destino inmortal y responsables de aquello que hacemos, pensamos o sentimos.

El despertar a la Vida Superior supone ser consciente de todo esto; no para saber más, no para enorgullecerse, no para destacar; sino para comprender de una vez que la felicidad, que todos ansiamos, se encuentra dentro de nosotros mismos, cuando comprendemos el sentido de la vida y lo llevamos a la práctica mediante la responsabilidad y la madurez personal.

Despertemos pues aprendiendo, conociendo, estudiando, pero sobre todo, identificando nuestras debilidades y defectos, aquellas manchitas que ensombrecen nuestro paso por la vida y que hemos de intentar conocer y corregir. Aquellos restos, residuos que nuestra conciencia inmortal trae consigo de experiencias anteriores, y que sin duda podemos eliminar y controlar a poco que nos lo propongamos como un reto interior y personal.

Si acompañamos este último esfuerzo con una actitud noble ante la vida, respetándola, ayudando a otros a hacer lo mismo, agradeciendo todo lo que la vida nos ofrece, perdonando las faltas que nos hacen y con la gentileza y la simpatía por delante, nos encontraremos en las mejores condiciones para despertar nuestra conciencia a la auténtica realidad de la vida: el amor profundo que encontraremos en todas partes, incluso en aquellos inconvenientes que la vida nos presente como prueba.

Daremos gracias a Dios por el bien que recibamos, por el mal que no nos acontece, e incluso en el mal que nos sobrevenga, al afrontar este último como prueba y fortaleza en la corrección de nuestras propias faltas; reconociendo que todos somos deudores con la ley. Una conciencia despierta es sinónimo de felicidad interior, de paz y equilibrio emocional y mental; es sin duda la puerta de la felicidad que abriremos no sin voluntad y esfuerzo personal:

!DESPERTEMOS PUES A LA VIDA SUPERIOR!

Antonio Lledó Flor

©2015, Amor, paz y caridad

«Al igual que la vela no puede arder sin fuego, el hombre no puede vivir sin vida espiritual.»

Buda