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EL ORDEN SOCIAL –  CONCLUSION II

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  Hay un último aspecto básico y esencial que es preciso destacar para finalizar el desarrollo de esta sección. ¿Qué nos dice la nueva humanidad a todos aquéllos que, admitiendo su venida y transcendencia, intentamos trabajar y luchar por preparar al hombre para afrontarla?
  Ante esto, una única idea viene a nuestra mente: responsabilidad y compromiso espiritual ineludibles. Si realmente comprendemos que estamos en el «final de los tiempos», si nuestras convicciones nos indican que el camino de la evolución está llegando a un punto crítico en nuestro planeta, y que nosotros hemos bajado con una misión concreta y específica en este final de ciclo, no nos queda más remedio que aceptar esa responsabilidad e intentar cumplirla, porque sin duda alguna ella constituye el objetivo principal de nuestra existencia en estos momentos.
  Pensemos pues, qué tremendo error puede existir en nosotros si dentro de la tercera revelación que vendría en el final de los tiempos como dijo Jesús, no solamente hacemos caso omiso de ese tiempo crítico sino que nos atrevernos incluso a rechazar esa responsabilidad.
  El rechazo a este compromiso supone nuestra renuncia a la tercera revelación y lo que ésta significa, y al mismo tiempo nos hace renegar de la obra de aquél que envió el Consolador Prometido. Con esta actitud estamos pues rechazando la obra del Maestro, y esto supone para nuestro espíritu la negación del compromiso preencarnatorio, situación ésta que será para nosotros motivo de remordimiento durante siglos si no logramos cumplir con esta responsabilidad.
  Por ello es lamentable comprobar cómo dentro de la comprensión de este importante compromiso, existen miles de personas y grupos sobre la Tierra, cuyas actuaciones distan mucho de demostrar la veracidad de aquello que dicen comprender, pues simplemente queda para ellos a nivel de conocimiento, sin la puesta en práctica y la entrega total y absoluta hacia una misión de envergadura que ésta conlleva.
  No se puede llevar este mensaje a nuestra humanidad si en nosotros no existe primero el convencimiento interno y la vivencia de que realmente es así. Cuando hemos llegado a este punto, nuestras miras se vuelven más amplias, nuestro horizonte se amplía y se identifica con las metas establecidas por lo Alto, y es entonces cuando nos encontramos dispuestos y preparados para ultimar esta obra según está previsto desde arriba.
  Así pues, la obra del Consolador Prometido, es la obra del Maestro Jesús en este final de los tiempos; todos aquéllos que así lo entiendan y estén convencidos de ello, deben ponerse a trabajar firmemente en este objetivo con el fin de cumplir fielmente lo que se espera de nosotros. De esta forma conseguiremos engrandecer nuestro espíritu con la conquista del amor al prójimo, y al propio tiempo ofreceremos a la humanidad el auténtico mensaje y contenido esencial del espiritismo, cual es la redención del hombre en este final de los tiempos.
A.LL.F.

NO JUZGUEIS Y NO SEREIS JUZGADOS

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  Una de las costumbres que tenemos más arraigadas los humanos es, sin duda, la de juzgar a los demás. Este hecho, comporta varias situaciones que observadas desde un punto de vista estrictamente material apenas tienen importancia; ahora bien, lo mismo,
analizado desde una perspectiva espiritual puede tener hondas repercusiones para el que juzga y para el juzgado. 
 
  Cuando vamos comprendiendo un poco la grandeza del Universo, nos percatamos del hecho de que apenas somos algo muy pequeño dentro del contexto espiritual universal. Esta circunstancia nos tiene que facultar, en primer lugar, para adquirir un mayor grado de humildad, y en segundo término, para darnos cuenta de que por no ser casi nada, no podemos tampoco juzgar a la ligera las actuaciones de los demás. Sin embargo, esto no debe privarnos del análisis y el comentario de ciertas situaciones que a veces es preciso aclarar con alguna persona en cuestión. Pero cuando nos veamos obligados a comentar algo de esta forma, sepamos hacerlo de la manera más delicada posible, siempre intentando corregir y nunca tratando de humillar. De esa manera, habremos conseguido echar una mano a esa persona, que sin duda, no ve donde se está equivocando, pero que gracias a nuestra actuación comprensiva, se le pueden aclarar ciertas ideas a fin de que se percate de su error. 
 
  Al juzgar a otra persona, corremos el riesgo de que nuestro juicio sea equivocado, lo que daría o podría dar lugar a falsas interpretaciones sobre el estado real de esa persona. Este hecho no sólo dañaría su imagen, sino que podría ser un obstáculo en su relación normal con los demás. 
 
  Comprendiendo un poco más las leyes espirituales, nos vamos dando cuenta de que nuestras actuaciones, tanto positivas como negativas, recaen tarde o temprano sobre nosotros, lo cual debe darnos pie a no juzgar ni criticar a nadie si no queremos que hagan lo mismo con nosotros. 
 
  Al mismo tiempo que juzgamos, estamos en la mayoría de los casos, exigiendo de esa persona más de lo que realmente nosotros estamos dispuestos a dar; esto nos debe hacer reflexionar y actuar con cautela siempre que oigamos algún comentario o crítica destructiva, a la vez que debemos tener siempre presente que cada persona somos un mundo y que si alguien hace esto o aquello, antes de admitir un juicio tenemos que estar totalmente informados acerca de lo que ella ha hecho verdaderamente, porqué lo ha hecho y cómo lo ha hecho. 
 
  Y por último, no debemos de olvidar que al hablar de una tercera persona es mucho mejor emplear palabras de comprensión y cariño hacia ella, que no tolerar o participar de comentarios destructivos acerca de la misma; de esta manera, volveremos a estar de nuevo en concordancia con la suprema ley universal, la ley de la tolerancia y de la comprensión, la ley del Amor. 
 
A.LL.F. 
 
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Se identifica al verdadero buscador de la Verdad, no por la acumulación de conocimientos que posee, ni tampoco por su alta comprensión intelectual y filosófica, sino más bien se caracteriza por el conocimiento profundo que tiene de sí mismo y por su comprensión moral hacia las necesidades y problemas ajenos.

EL ORDEN SOCIAL CONCLUSIÓN

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  A través de siete meses hemos ido desarrollando en esta sección los puntos más significativos y de carácter general en los que creemos se basará la humanidad del mañana. Todo ello está basado, por supuesto, en un análisis razonado y consecuente sobre la
evolución espiritual del hombre y sobre las características especiales que reviste un cambio de ciclo y un mundo de regeneración. 
 
  Hemos querido que todo ello pudiera servir como un auténtico mensaje de esperanza para todos aquéllos que todavía hoy dudan de la existencia de ese mundo que está por venir, y que representará un importante avance para nuestra humanidad. 
 
  No sólo nos ofrece un mensaje de esperanza para el que se encuentra en la duda, sino que al mismo tiempo el mensaje que lleva consigo la nueva humanidad es una promesa de consuelo para los afligidos y los que sufren, pues gracias al mismo renuevan las fuerzas que pueden estar al borde de agotarse y ofrecen su sacrificio a lo Alto, con la esperanza auténtica de que ese esfuerzo les sirva de progreso y acceso al mundo que se avecina.Pero la nueva humanidad, tiene también muchas cosas que decir para todos aquéllos que, ignorantes de su venida, caminan deambulando por el mundo sin la conciencia clara de una vida superior, una inmortalidad del alma y un progreso del espíritu humano. 
 
  La nueva humanidad, el orden social que vendrá a la Tierra próximamente ratifica, aclara y pone de manifiesto palpable y claramente el sentido de la evolución, constata la ley de Causa y Efecto y prueba de forma irrefutable la reencarnación. 
 
  Este hecho puede abrir las mentes de muchos hombres para predisponerles firmemente a un cambio de mentalidad sobre la vida material, de tal forma que estén en las debidas condiciones cuando llegue el momento de poder afrontar los acontecimientos que hayan de presentárseles, y que sepan superarlos convencidos de una realidad superior que vela por ellos y les ofrece en cada momento de su Vida lo que realmente necesitan para su progreso, aunque no estén con capacidad de comprender lo que les sucede realmente.La nueva humanidad ofrece también su mensaje a los que se creen poseedores de la única Verdad, inmutable y eterna. Y a éstos les dice que no hay nada definitivo en absoluto que nosotros podarnos comprender como tal aquí y ahora, en este nivel de evolución; por el contrario, estamos en condiciones de realizar parte de esa Verdad Una que Dios manda a la Tierra en función de nuestras necesidades y de nuestra capacidad de comprensión, pero no somos quienes para constreñir a Dios, a sus leyes justas y perfectas, y a la ciencia, dogma o religión; porque al igual que el Universo es infinito e infinitas son las humanidades que lo pueblan, todo lo que de lo Alto llega al hombre está parcialmente reducido en función al grado espiritual que poseemos. Así pues, no caigamos en el fanatismo de admitir como única verdad nuestros principios y de rechazar los de los demás hombres. Hemos de guardar absoluto respeto y comprensión por todas las creencias y necesidades espirituales del hombre actual. 
 
  Pues muy poco sabemos acerca de los designios divinos y nuestra limitada inteligencia escasamente puede comprender su magnitud y su inmenso Amor. Tengamos siempre presente que en estos momentos podemos tener a nuestro alcance aquel grado máximo de verdad que nos es permitido comprender, pero que conforme vayamos avanzando en el progreso y la evolución, nos daremos cuenta de la cantidad de horizontes sin límites que todavía quedan por explorar y los millones de mundos que se presentan ante nuestros ojos para aprender de ellos e ir progresando en el Amor y la Sabiduría. 
 
  Por último, podemos decir que la nueva humanidad ofrece un mensaje a todos los hombres que en estos momentos habitamos la Tierra: unos no lo admitirán libre y voluntariamente, mientras que otros lo harán forzados por los acontecimientos del cambio de ciclo, e incluso habrá quienes no querrán admitir el nuevo cambio que viene a la Tierra. Todos, unos y otros, habremos de dar cuenta en su momento de nuestra reacción y nuestra forma de actuar ante este importante y transcendental paso en nuestra evolución. 
 
A.LL.F. 
 
  En el mundo no existen varias verdades diferentes. La Verdad es única y la misma en todos los tiempos y lugares. 
 
ANONIMO

EL ORDEN SOCIAL -VII-

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   El escalón evolutivo que habrá pasado nuestro planeta tras el próximo cambio de ciclo, nos permitirá el acercamiento mutuo con otras humanidades de nuestra misma condición e incluso más avanzadas; un acercamiento que ahora nos está prohibido porque
nuestra evolución en este planeta es todavía muy baja y podríamos perjudicar a otros mundos. 
 
 Pero entonces, cuando nuestro planeta esté desarrollando únicamente las facetas de la nueva humanidad, con todo lo que ello conlleva, no existirá peligro alguno en ese acercamiento, no habrá ningún carácter belicoso o colonizador por parte de los habitantes de la Tierra, y por ello el contacto, el intercambio y la ayuda con otras civilizaciones de otros mundos será fluido, constante y dirigido a nuestro progreso y aprendizaje. Iremos a sus mundos como ellos vendrán al nuestro y la total y absoluta confianza favorecerá intercambios de toda índole: culturales, científicos y tecnológicos, sociales y fundamentalmente espirituales. 
 
  Son aspectos que todavía hoy escapan a nuestra razón porque nos cuesta comprenderlos, pero si reflexionamos un poquito acerca de la creación divina, de la forma como se manifiestan sus leyes y de la importancia de la cadena de la evolución, lo veremos totalmente lógico y comprensible. 
 
  Podemos poner un ejemplo, una comparación clara que nos ayude a comprenderlo: al igual que en el contacto con el mundo espiritual, aquellos seres de mayor elevación se pueden acercar a nosotros y transmitirnos su amor y sus consejos cuando nosotros estamos en buena sintonía espiritual, así mismo ocurrirá con otras humanidades más avanzadas que la nuestra; mientras no alcancemos ese grado de amor suficiente que nos capacite el paso a la nueva humanidad, no nos será permitido ese contacto, pues no estaremos en la sintonía y condiciones espirituales precisas para poder admitirlo y superarlo. 
 
  Imaginemos por un momento los enormes beneficios que puede reportar para una civilización como la nuestra tener acceso a conocimientos y situaciones de civilizaciones que pueden llevarnos 500, 1.000 ó incluso 10.000 años de adelanto. Las ventajas que esto puede suponer para nuestro progreso personal y colectivo serán inmejorables y son tan difíciles de entender, aquí y ahora, que por el momento sólo nos atrevemos a mencionarlas sin poder detallar ninguna. 
 
   Pensemos pues, la extraordinaria oportunidad que se nos ha concedido al venir a la Tierra en estos momentos y facilitarnos el camino para poder merecer un sitio en la nueva humanidad, que está más cerca de lo que muchas veces pensamos, y que en definitiva debemos de intentar llevar ya dentro de nosotros como un mensaje de esperanza de un mundo mejor, que hemos de saber transmitir y ofrecer de corazón a todos nuestros semejantes. 
 
  Quizás sea ésta una de las misiones a las que nos hemos comprometido antes de encarnar, y si no cumplimos con ella por negligencia o comodidad, será un error importante que recaerá sobre nuestra conciencia y que ineludiblemente hará defraudar la confianza que depositaron en nosotros aquéllos que nos enviaron para realizar este trabajo. 
 
 Seamos consecuentes con estas ideas que mantenemos, trabajemos con ahinco con nuestros semejantes sin importarnos incomprensiones, intolerancias ni desánimos, porque la gran satisfacción espiritual que podemos conseguir si hacemos las cosas bien, será el haber respondido con éxito a la palabra dada ante nuestro Padre antes de encarnar. Una palabra y un compromiso que nuestro espíritu recuerda incesantemente, ya que supone para él la mayor y más importante responsabilidad que ha adquirido durante muchos siglos de su evolución. 
 
  Por ello, no defraudemos a quien nos envió ni tampoco a nosotros mismos; cuando estamos en esta empresa es porque tenemos condiciones para llevarla hacia adelante, sino no hubiéramos venido con este compromiso de Paz, de Esperanza y de Equilibrio que hemos de saber ofrecer al mundo, para nacer brotar la luz en las conciencias de los nombres y facilitarles su ascenso evolutivo a través de la comprensión de las leyes divinas.
A.LL.F.
 

EL ORDEN SOCIAL VI

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   De entre todos y cada uno de los conceptos desarrollados en esta sección, siempre se ha destacado el papel preponderante que tiene en todos ellos el sentido de la evolución. 
 
   La ley de evolución está en la base de todo el desarrollo de las distintas civilizaciones y humanidades que pueblan el Universo, por ello merece especial atención cuando se trata, como en este caso, del cambio de ciclo de un planeta que deja su estado evolutivo de expiación y prueba, para pasar a engrosar la lista de los millones de mundos que pueblan el cosmos y que se encuentran en la etapa evolutiva de la regeneración. 
 
   Este ascenso espiritual que representa un grado evolutivo mayor, supone importantes modificaciones en los modos de vida y costumbres de las humanidades que lo sufren, tal y como hemos venido explicando en anteriores artículos. 
 
   Pero este paso sólo puede darse bajo circunstancias muy concretas y determinadas que ocurren una sóla vez en la evolución de un planeta. Ante este planteamiento es preciso reflexionar acerca de la transcendencia en pleno que tiene el hecho de que nuestro planeta alcance la mayoría de edad sin estar la humanidad que lo habita, debidamente preparada para asimilar este cambio. 
 
   ¿Obedece acaso a una deficiente planificación por parte de la ley de evolución, o por el contrario debemos admitir que esta situación era inevitable desde un principio?. Honestamente creemos que ni lo uno ni lo otro; en primer lugar los ciclos de evolución están determinados por igual para todos los planetas y humanidades que pueblan el Universo, por lo que la máxima expresión de la ley de evolución no permite errores en este caso. A esto hay que añadir que esta importante ley establecida por Dios es justa y perfecta, y por lo tanto cumple con su cometido de forma precisa y sin desviación alguna. 
 
   En cuanto a creer en una consecuencia inevitable que la predestinación ha determinado para este planeta, tampoco nos parece lógico, pues rompe violentamente con los principios más esenciales que Dios otorga al hombre en su esencia espiritual, como son el libre albedrío y la responsabilidad sobre los actos cometidos. Por ello es impensable el creer que nuestra humanidad ha llegado a este estado simplemente porque así estaba escrito, más bien podemos atrevernos a pensar de que en base a la evolución de los habitantes de este planeta, hubiera sido realmente difícil que se hubiesen modificado las condiciones que han llevado a la situación actual. Pero no por ello debemos dejar de admitir que si el hombre hubiera querido cambiar, realmente este cambio se habría producido y ahora esta civilización no recogería las consecuencias de los errores cometidos durante siglos y siglos. 
 
   En este sentido destaca fundamentalmente el concepto de la justicia divina, que no sólo actúa sobre la persona a nivel individual sino también sobre los pueblos, las sociedades y las humanidades a nivel general. Una sucesión de hechos y actitudes de un pueblo o sociedad determinada tiene su repercusión a través de la ley de causa y efecto; este hecho cabe también explicarlo para la humanidad del planeta en general. En base a este planteamiento, todo aquello que ahora pueda acontecernos será una consecuencia precisa, clara y evidente de aquella siembra que en el pasado esta civilización fue realizando. Este examen tan importante que dará acceso a la nueva sociedad del mañana, tendrá como manifestación más evidente el presentar en toda su magnitud y sabiduría la expresión de la justicia divina- Ahora más que nunca, aquéllos que no puedan pasar este examen por falta de méritos espirituales, se darán cuenta de que en este ejercicio no existían recomendaciones, favoritismos o privilegios de ningún tipo, sino que la máxima de justicia por la que se regirá será aquélla que fue dada tiempos atrás: «A cada cual según sus obras». Y aquellos otros que realmente consigan llegar a la meta de su misión en la Tierra y clasificarse para formar parte de la nueva sociedad, darán gracias a Díos por la expresión de la grandeza de sus leyes justas y perfectas, pues el esfuerzo realizado se verá recompensado con la calificación que les dará acceso a ese importante mundo, a esa nueva era de luz donde los valores del espíritu alcanzarán la mayor dimensión posible. 
 
   Por ello en la nueva humanidad, las leyes que rigen el universo físico y espiritual seguirán siendo las mismas, y actuarán de igual forma para con sus habitantes, lo que ya no será igual y habrá que cambiarlo sustancialmente será la aceptación de sus leyes por parte del hombre; su comprensión total y absoluta y su esfuerzo por ponerlas en práctica para no salirse ni un ápice de ellas. 
 
   Este concepto claro y preciso que dará fuerza a las realizaciones humanas, atraerá hasta nosotros un proceso espiritual más rápido. 
 
   Puesto que la comprensión de las leyes que rigen el Universo nos hará más conscientes de la creación divina, de su porqué y de su funcionamiento, seremos parte integrante y consciente de una planificación espiritual que potencie el desarrollo de humanidades más atrasadas a las que se nos permitirá ayudar de diferentes formas, en base a nuestra preparación y grado de evolución moral.
A.LL.F.
 

EL ORDEN SOCIAL- V-

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    Continuando dentro de la planificación familiar que podemos aventurarnos a precisar para la nueva humanidad, existe un factor importantísimo dentro de la misma y que merece especial atención. Nos estamos refiriendo a la educación de los hijos, aspecto éste vital para una buena organización familiar que
posteriormente tendrá su repercusión en el contexto general de la sociedad. 
 
    Si nos paramos a pensar por un momento en la educación actual que nuestros hijos reciben, podemos darnos cuenta que el mayor tiempo de la misma se dedica fundamentalmente a una instrucción de tipo intelectual, dejando en un segundo plano aquellas orientaciones de tipo humano y ética comportamental que tanto se echan de menos en una sociedad como la actual, donde los valores humanos sufren una franca decadencia. 
 
    Este aspecto, que a primera vista puede parecer secundario, no lo es tal en cuanto al contenido real y profundo que puede ofrecer a cada persona. No olvidemos que la realización en la vida no es exclusivamente material sino que hay otros factores como el comportamiento, la compostura, la corrección, el saber estar, la educación propiamente dicha y la consecución de aquellos fines transcendentes que hacen que un hombre se sienta plenamente realizado en la vida. 
 
    Para que todo esto pueda darse en la nueva sociedad, hay que plantear ya las bases de educación que los hijos podrán recibir a fin de integrarse plenamente en el conglomerado social sin sufrir las marginaciones y diferencias que actualmente existen en nuestra sociedad. 
 
    Por ello, se hace necesario profundizar en una educación adaptada al tipo de sociedad que se pretende instaurar. Ante esta reflexión podemos volver la vista atrás y comprender que, como ya hemos mencionado en artículos anteriores, la sociedad del futuro será fundamentalmente una sociedad donde prive lo espiritual por encima de lo material. Este hecho nos da a entender que primordialmente la educación de nuestros hijos deberá ir dirigida en este sentido. Habrá que conceder en primer lugar la preferencia a la realización humana, de forma tal que al propio tiempo que se asimilen los conocimientos técnicos y científicos precisos para nuestro desenvolvimiento material, se inicien y se profundicen en las características que educacionalmente tengamos que poner a disposición de nuestros hijos. 
 
    Porque tampoco debemos olvidar que los espíritus que encarnen en este nuevo ciclo planetario vendrán ya con una preparación espiritual y material adecuada; esto quiere decir que les será mucho más fácil adaptarse a este nuevo tipo de sociedad y por lo tanto, la enseñanza que reciban deberá ir por encima de todo encaminada hacia su progreso y evolución espiritual. 
 
     Los conocimientos espirituales precisos y necesarios para su realización en la vida los traerán innatos, de tal forma que ideas y conceptos como las leyes espirituales, la reencarnación, la evolución, etc. serán plenamente asimilados por ellos sin causar en modo alguno la extrañeza y el temor que todavía infunden estas ideas a muchas personas de nuestra sociedad actual. 
 
     El planteamiento de vida será, desde el momento de su nacimiento, totalmente diferente, puesto que irá encaminado hacia el mismo punto: el progreso. Y éste será mucho más fácil, rápido y seguro porque no contarán con los entorpecimientos y obstáculos de un mundo de expiación y prueba. 
 
    Dentro de este análisis, es preciso desarrollar también un punto importante de la educación familiar que los padres habrán de realizar hacia sus hijos. Si bien su meta será encaminarlos al progreso, y el ambiente familiar estará presidido por las leyes evangélicas del Amor enseñado por Jesús no podemos olvidar que la integración del niño y el joven a la sociedad será mucho mayor que la actual, puesto que a pesar de que la iniciativa personal será amplia, el factor de la convivencia será también muy importante; tan importante que contribuirá de forma decisiva a ultimar la educación familiar recibida. 
 
    La enseñanza, pues, ofrecerá dos niveles ampliamente diferenciados pero a su vez encaminados a un mismo fin. Por un lado el conocimiento de la Vida y las leyes que la rigen material y espiritualmente, y por otro lado la potenciación del conocimiento humano a todos los niveles, en las ciencias, las letras y las artes; dedicando especial atención al conocimiento humano, la personalidad y las características que enmarcan la misión espiritual que cada persona trae a la Tierra. 
 
    Además de contar con estas premisas de importante aprendizaje, existirá una enseñanza paulatina y constante que vendrá dada por las relaciones humanas, es decir, el contacto, la convivencia, la relación fraterna entre los miembros de esa sociedad ofrecerá un amplio campo de estudio y aplicación para la persona. De tal manera será así que las relaciones sociales pasarán a ocupar un puesto importante en la educación general de esta nueva humanidad. Pero cuando hablamos de relación social, nos estamos refiriendo a esa fraternidad, cariño y trabajo en equipo que será la pieza básica de la nueva sociedad. 
 
    Un trabajo en equipo que prescindirá de las ambiciones y personalismos actuales que quieren destacar y acaparar poder, un trabajo en equipo responsable por parte de todos sus miembros y en el total y absoluto beneficio de la comunidad. Cada cual aportará sus cualidades, eliminando aquellas actitudes equivocadas de envidia, recelos y rencores que actualmente se evidencian claramente en nuestra deshumanizada sociedad. 
 
H.H.

EL ORDEN SOCIAL- IV 

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    Dentro de la estructura social que inevitablemente compondrá la nueva humanidad, es preciso hacer mención al núcleo principal de toda sociedad, constituido por la familia. 
 
    La familia, así como su planificación, ha de ser objeto de especial preocupación a la hora de cimentar las bases de ese núcleo familiar, que si bien no cambiará sustancialmente, en sus aspectos más personales, intimidad, relación amorosa y fraterna, etc., si tendrá profundas modificaciones en otros aspectos que eliminarán problemas latentes en la familia humana actual. 
 
    Este es el hecho de los problemas generacionales, problemas que no tendrán cabida en la familia de la nueva humanidad, puesto que la relación padres- hijos estará cimentada en el cariño y la comprensión total y profunda del camino a seguir por ambas partes. El sentimiento de emancipación de los hijos respecto a los padres, que tantos problemas está creando en la sociedad actual, será pues eliminado de principio, ya que los padres comprenderán en su momento cual es la función que sus hijos van a desempeñar, y respetarán sus decisiones. De tal forma que, llegado el momento cada cual deberá escoger su propia realización ante la vida, sin coacciones ni imposiciones por parte de los padres, pero aceptando y comprendiendo las experiencias y enseñanzas recibidas de los padres por parte de los hijos. 
 
   El equilibrio familia-sociedad será muy importante, y al mismo tiempo la protección social hacía la familia será la máxima posible. Un aspecto importante que es preciso destacar es que el núcleo familiar no estará encerrado en sí mismo como ocurre actualmente, es decir, la convivencia entre todos los miembros de la nueva humanidad será tan grande e importante que a pesar de respetar la intimidad familiar, todas las personas estarán abiertas a la auténtica fraternidad, formando de esa manera una auténtica familia planetaria, que no tendrá fronteras de ningún tipo y que fomentará al máximo la relación auténtica y sincera entre todos. Por supuesto, no es preciso remarcar que motivado por la inexistencia de las diferentes clases sociales, tampoco habrán diferentes clases familiares ni de ninguna forma distinciones de raza. Todos seremos parte integrante de un nuevo planeta llamado Tierra, que iniciará con nosotros una nueva etapa, caracterizada por la unión entre los hombres y la relación fraterna. 
 
   Por supuesto, es preciso indicar que el orden familiar, habrá que incluirlo totalmente dentro de la práctica del amor evangélico. Al no existir problemas de relación padres-hijos, ni tampoco de educación, la orientación social será tan importante que robustecerá el núcleo familiar, impidiendo el que la ignorancia acerca de la vida siga vigente. 
 
    La práctica del amor evangélico en la familia contará con una mayor atención de la que hasta añora se le viene dedicando. 
 
    No olvidemos que el estado de la nueva humanidad en su relación entre los hombres intentará que esta práctica se generalice en todos los rincones del planeta. Y para empezar a conseguirla, será necesario implantarlo en la familia de forma permanente e inmutable. Tanto es así que incluso desde el momento de la concepción de un hijo, pasando por su nacimiento y su infancia en la familia, hasta que se convierta en joven, el ambiente que reine en su familia deba ser por encima de todo bajo los dictados del amor que predicó Jesús. 
 
    De esta manera, y con la educación apropiada, el niño llegará a su etapa de joven con la conciencia clara de su realidad como persona, con un papel a desempeñar en la vida y con ganas de realizarse en la misma, a través de su esfuerzo y dedicación. 
 
    Si bien será necesario adoptar en la familia las bases imprescindibles, que luego se generalizarán en el conglomerado social, no es menos cierto que desde todos los puntos de vista posibles habrá que apoyar la planificación familiar. Habrá que construir un nuevo sistema de educación, basado fundamentalmente en la educación del espíritu y su desenvolvimiento en la vida, sin que esto signifique menosprecio ni olvido hacia otras áreas de educación y conocimientos materiales, ciencias y artes, que también contarán con la máxima atención de padres y educadores. Pero este tema es objeto de un artículo más extenso que desarrollaremos otro mes. 
 
H.H. 
 
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    La educación corrige las cualidades que nos dió la naturaleza, y la cultura fortalece el ánimo; cuando faltan los principios morales, los vicios degradan nuestras naturales prendas. 
 
H0RACIO

EL ORDEN SOCIAL – III

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   La desaparición de las injusticias sociales, las ambiciones desmedidas y el dinero se fundamentará en base a que toda la nueva civilización que habite este planeta, será consciente plenamente de su labor y en que los odios, rencores y ambiciones personales habrán quedado eliminados.

   La única política que existirá entonces será aquélla que impulse al individuo hacia la conquista de los valores morales y espirituales que le capaciten para una mayor y más rápida evolución.
 
   Fruto de la convivencia fraterna, se alcanzará un aprendizaje más rápido por parte de todos, ya que cada cual aportará sus cualidades al conjunto, beneficiando ostensiblemente a la comunidad a la que pertenezca.
 
   Al mismo tiempo, las inclinaciones todavía perniciosas que como residuos pueden quedar en nosotros, irán poco a poco viéndose superadas por la construcción de unos esquemas sociales de convivencias donde se verán fomentados al máximo los buenos hábitos, y donde ya habrán quedadoEl empleo del tiempo libre será aprovechado al máximo, intentando por todos los medios que sirva para el desarrollo armónico y equilibrado de las personas en el cultivo de todo tipo de actividades que les engrandezcan, tanto culturales y deportivas como intelectuales y científicas.
 
   Por otro lado, la degeneración y el vicio no tendrán ya cabida en esta nueva humanidad, puesto que estas taras sociales desaparecerán por sí solas de la conducta del nuevo hombre, no encontrándose en esta nueva sociedad rastro de ellas, porque todos los que hayan logrado clasificarse para formar parte de la nueva civilización, tendrán adquirida la fuerza de voluntad suficiente para superar la tentación del vicio, y las cualidades morales que se precisan para no incentivar nuevamente tendencias que puedan inducir a él.
 
   Así pues, ya no podremos culpar a la sociedad del fomento de la delincuencia y el vicio; puesto que la igualdad será mayor, la justicia más ecuánime y objetiva y el sistema social y económico no propiciará desigualdades humanas notables en el aspecto material. Por ello, todos tendrán acceso a desempeñar un trabajo de acuerdo a su capacidad, posibilidades y responsabilidad.
 
   Al no existir estas diferencias humanas, es necesario pensar que la nueva sociedad no se dirigirá de forma anárquica sino consciente y responsablemente. Existirán órganos de dirección y gobierno que cumplirán su función perfectamente, planificando el desenvolvimiento más idóneo para el desarrollo de la sociedad, y siempre guiados bajo pautas espirituales de altruismo y desinterés.En esta guía y planificación se contará también con el asesoramiento del mundo espiritual y de los colectivos humanos de otros planetas más avanzados que el nuestro.
 
  Es pues muy interesante también hablar sobre los órganos de gobierno que existirán en la nueva humanidad que habitará la Tierra tras el cambio de ciclo que pronto va a ocurrir.
 
   En este sentido, el gobierno que dirija el sistema social, los mecanismos de producción y el orden de la comunidad humana, estará formado por las personas más capaces, aquéllas que reúnan mejores cualidades para desempeñar esa función de tanta responsabilidad; por lo tanto, tendrán que demostrar un mayor altruismo y desapego hacia lo material. Estas personas también serán sin duda aquéllas que tengan las cualidades apropiadas y que no serán de ningún modo más importantes que nadie, sino simplemente más responsables en el ejercicio de su misión.
 
   En cuanto al aspecto económico, será totalmente diferente al enfoque actual: al no existir el dinero ni la riqueza, la avaricia ni la ambición, únicamente se explotarán los recursos naturales con el fin de abastecer la alimentación humana; nunca se buscará en ello la producción de éste o aquél sistema económico, sino simplemente el abastecimiento suficiente para el alimento de la población, y sobre todo, no se cometerán violencias que puedan romper el equilibrio natural del planeta, como actualmente ocurre.
 
  Existirán recursos más que suficientes para el abastecimiento de toda la población, y por supuesto el hambre y la miseria dejarán de imperar en la Tierra.
 

 

A.LL.F.
 
 

EL ORDEN SOCIAL (II)

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  Continuando con esta exposición, que solamente intenta ofrecer algunas ideas sobre la sociedad del mañana, vamos a intentar esbozar algunos aspectos importantes que podrán florecer sin obstáculos en la nueva sociedad que espera a la Tierra a partir del tercer milenio.
 

 
   Las organizaciones y asociaciones de todo tipo que se desarrollen en el nuevo orden social, irán encaminadas al mejoramiento social y humano, teniendo como base el desarrollo espiritual en el hombre. 
 
     La educación será por encima de todo espiritual, comprendiendo en profundidad la realidad de la vida y la necesidad de formar parte activa de una sociedad, que a pesar de basar sus fundamentos en la convivencia y relación mutua, guardará con absoluto respeto la intimidad y la libertad personal. 
 
   Una libertad alejada evidentemente de lo que aquí podemos entender como tal. Desaparecerá el libertinaje, fruto de la responsabilidad que cada cual adquirirá en sus realizaciones. Aparecerán la búsqueda incesante y el deseo de alcanzar la verdadera libertad, aquélla que es patrimonio del espíritu y que se encuentra en la emancipación de nuestro ser espiritual, elevándole hacia mayores estados de perfección y alcanzando con ello mayor sabiduría y Amor. 
 
    Materialmente hablando, cada uno desarrollará la función para la que esté más capacitado; mientras que espiritualmente no existirán barreras ni impedimentos de ningún orden que obstruyan el desarrollo del individuo, llegando cada cual, mediante su propio esfuerzo, hacia donde desee llegar. 
 
     La libertad individual de cada uno, estará basada en el libre albedrío que cada espíritu posee ante la ley divina y que, indudablemente, aumenta o disminuye en función del grado de responsabilidad que cada uno posee por propia evolución. No existirán, por tanto, barreras sociales o políticas que constriñan esta libertad individual. 
 
    Al no existir ya el peligro de destrucción del planeta y desaparecer por completo el carácter belicoso del hombre de la Tierra, se nos permitirá entrar en contacto con mayor frecuencia con mundos paralelos, es decir, con civilizaciones más adelantadas que la nuestra y que podrán ayudarnos tecnológica y materialmente en el desarrollo de esta sociedad futura. 
 
    Desde este momento, nuestro planeta formará parte de la relación universal de mundos que por su evolución les es permitido el contacto y la ayuda mutua entre sí, conociendo las singularidades y la evolución de otros mundos que pueblan el Universo y que se vuelcan a ayudar a aquéllos que, después de un proceso de transformación importante como el de la Tierra, necesitan reconstruir nuevas bases de convivencia y participación social. 
 
   Si bien tendremos esta importante ayuda en el terreno material, socialmente nos darán ejemplo de organización, al tiempo que espiritualmente nos ofrecerán también su experiencia y ayuda. 
 
   Otro de los importantes aspectos de los que tendremos mayor información, y a los que hoy apenas tenemos acceso, serán todo lo concerniente al desarrollo de las facultades del espíritu. Debido a la limpieza moral de esta nueva humanidad, podremos tener un mayor contacto con el plano espiritual. Este hecho facilitará ostensiblemente nuestra labor en el mundo, y nos capacitará para evolucionar de una forma más rápida y progresiva. 
 
   Por otra parte, los espíritus que poco a poco, generación tras generación, vayan poblando la nueva Tierra, irán experimentando un progreso gradual y continuo, teniendo menos entorpecimientos materiales para corregir todo aquello que todavía quede en nosotros en cuanto a imperfecciones. No creamos tampoco que en este nuevo estado habremos alcanzado la perfección, ni mucho menos, será entonces cuando el trabajo será más arduo, más constante y sobre todo más importante. Pero contaremos con la ventaja de que la maldad habrá desaparecido de nuestro planeta, y que la única lucha que habremos de sostener será con nosotros mismos, con nuestras tendencias imperfectas que todavía llevamos arrastrando desde hace muchas existencias. 
 
   Tendremos a nuestro favor un ambiente propicio, una ayuda mutua por parte de todos los que nos rodean, espirituales y materiales, y de esta forma la ilusión y el trabajo será cada vez mayor, en base al deseo central de todos por alcanzar las más altas cotas de convivencia armónica y espiritual. 
N. A. L.

EL ORDEN SOCIAL

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    La realidad de un nuevo orden social, distinto totalmente al que en la actualidad conocemos, puede ser difícil de imaginar por todos nosotros, pero con un poco de reflexión y análisis, y comprendiendo en profundidad las características
que deben adornar al hombre del mañana, podemos empezar a imaginarnos cómo será esa sociedad del futuro.
 
    Ante la amplitud de aspectos que podemos desarrollar en este sentido, comenzaremos por analizar cuál será el papel de cada individuo en esa sociedad y cómo podrá desenvolverse dentro de ella. Partiendo de la base de que todos los habitantes de esa humanidad poseerán, con certeza, una elevación moral que les permitirá tener acceso a ese nuevo mundo, por supuesto quedarán eliminadas la competencia, la lucha por el poder y los odios por alcanzar puestos de privilegio.
 
    Ante este planteamiento, el nuevo orden social se regirá por multitud de personas que cumplirán cada una su función, de forma responsable y eficaz, nadie ambicionará el lugar de otro, puesto que cada cual será consciente de su labor, realizándola con el entusiasmo, la alegría y la colaboración mutua que se derivan de su progreso espiritual.
 
    Nadie será más importante que nadie, sino que todos serán necesarios, responsables en su lugar y, al mismo tiempo, estarán satisfechos con la labor que realizan. Los de mayor conciencia espiritual serán los que ocupen puestos de mayor responsabilidad, en la dirección de todas las actividades que se precisen.
 
   El trabajo a realizar será fundamentalmente una tarea de equipo, donde la convivencia estará presente en casi todos los momentos de la vida diaria, pero donde el núcleo familiar contará con su propia intimidad respetada por todos.
 
   El progreso tecnológico será mucho mayor debido al gran avance científico que se habrá conseguido, entre todos se potenciará para el mayor bienestar social y humano.
 
   La colaboración mutua será la base del trabajo material, mientras que la fraternidad y la sinceridad constituirán los pilares de la relación entre todos los humanos de esta nueva tierra.
 
  La aspiración en la Vida estará encaminada fundamentalmente al perfeccionamiento espiritual, disponiendo en este sentido de un mayor tiempo libre para el cultivo de las facultades de la mente y, sobre todo, para el desarrollo de las ciencias y las artes, que eleven al espíritu humano hacia grados de sensibilidad superior.
 
    La no existencia de ejércitos ni armamento potenciará el desarrollo armónico de la convivencia en paz. La confianza mutua será la base de esta nueva relación humana, que impedirá los recelos y acabará con las suspicacias.
 
  El hombre irá a la búsqueda del propio ser interno, a través de la total entrega al semejante, descubriendo la grandiosidad del Universo.
 
   Se tendrá una mayor conciencia de la Vida, su porqué y su para qué. De esta forma, la comprensión de las leyes que rigen el Universo y la Vida misma será mucho mayor.
 
  Entrando de lleno en esta comprensión, el hombre de la Nueva Humanidad se esforzará por estar permanentemente de acuerdo con esas leyes, evitando transgredirlas y cumpliendo con ellas lo mejor posible. 
 
   De esta actitud, se desprenderá el extraordinario beneficio que le reportará la ley de Causa y Efecto, al cumplir con ella y al recibir los frutos espirituales positivos, derivados de la correcta actuación en cada momento de su vida.
 
  Con esto, se conseguirá un mayor grado de Amor, tolerancia y comprensión en el nuevo orden social que se establecerá en la Tierra.
 
F.F.

CONSTRUYENDO EL FUTURO 

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  El mes anterior, explicábamos dentro de esta sección cómo debería ser el hombre si quería tener acceso a formar parte de la Nueva Humanidad que vivirá en la Tierra, después de la transformación de ésta.
Pero si nos paramos a analizar, en cualquier cambio que se ha producido a lo largo de la historia, nada se hace bruscamente sino que todo tiene un origen y un proceso, que con el tiempo da como consecuencia cualquier cambio de mentalidad o de sistema social, político o religioso.
Todo tiene pues su proceso, y en este caso que nos ocupa, más que en ningún otro, pues el cambio a que se verá sometida nuestra humanidad actual será social y político, pero por encima de todo, netamente espiritual. Y en ese proceso de cambio, nosotros, los que actualmente estamos habitando el planeta, formamos parte muy importante, porque depende de nuestra actitud y de cómo nos predispongamos ante este evento que se avecina, el que éste se realice de una forma o de otra, más lenta o rápidamente, y con mayores o menores obstáculos. Por ello, es preciso concienciarse de que si queremos formar parte de un mundo mejor, debemos nosotros crear las bases de ese mundo, en primer lugar en nuestro interior y posteriormente en el trato y desenvolvimiento con los demás.
     Es curioso comprobar como precisamente ahora, que nuestro mundo está en un tiempo crítico y donde las guerras abundan por doquier, proliferan más que nunca las inquietudes de multitud de grupos de personas que se unen para conseguir fines nobles y altruistas. Los movimientos pacifistas son cada vez mayores y con mayor fuerza, los grupos ecologistas y de defensa de la Naturaleza nos están evidenciando ese instinto tan antiguo como el propio hombre, el instinto de la supervivencia. Algo hay en el interior del hombre del siglo XX que le está indicando que nos encontramos ante momentos cruciales de la evolución de este planeta, y que por encima de todo es preciso unirse, formar un frente común que logre suavizar las tensiones y el peligro que se cierne sobre nuestra humanidad.
     Junto a este tipo de inquietudes, podemos comprobar otra serie de detalles que nos están evidenciando que el proceso de cambio lo estamos viviendo ya en toda su intensidad, y que es necesario prepararse convenientemente para afrontarlo. Por ejemplo, tenemos los casos de los niños que actualmente están naciendo en nuestro planeta, que en gran mayoría están preparados espiritualmente, siendo su espíritu plenamente consciente del momento en el que encarna. Por ello, cuantas veces hemos oído exclamar: «este niño está muy despierto», «parece imposible que a su edad sepa hacer esto o aquello». Se trata precisamente de la semilla de la Nueva Humanidad. Espíritus preparados que saben a qué vienen y, sobre todo, que con su actitud nos están haciendo reflexionar acerca de la realidad o no de que ese nuevo orden social se esté acercando a nuestro planeta.
    El hecho de que estas inquietudes surjan por doquier, en cualquier grupo que tienda hacia la fraternidad, la concordia y la defensa de nuestro planeta, no es ni más ni menos que la planificación espiritual que desde multitud de frentes y de formas, los planos superiores están trayendo a nuestro planeta. Y se trata en definitiva, de hacer comprender al hombre que debe concienciarse del momento en que se encuentra, puesto que esa concienciación y posterior puesta en práctica de las actitudes que se consideren oportunas, le pueden representar a cada ser humano cientos o miles de años de progreso o de estancamiento espiritual.
      Así pues, hemos de entender que nada va a acaecer por azar o casualidad, que todo tiene su porqué y su para qué, y que si queremos formar parte de la Nueva Humanidad después de la transformación, debemos determinarnos desde ahora mismo, a darnos cuenta de que actualmente somos parte importantísima en ese proceso de cambio; hemos de ser los primeros en realizar ese cambio en nuestro interior, para poder llevarlo a los demás y para hacerles comprender que ese mundo que se avecina es tan real como el nuestro, pero limpio de la maldad y el egoísmo que en éste imperan por doquier. La comprensión de esta realidad, deberá calar hondo en nuestros semejantes, pero para ello es preciso que nosotros lo estemos viviendo plenamente y con anterioridad. No se trata de transmitir nuevos conocimientos o nuevas ideas, se trata de contagiar la ilusión de un mundo más feliz, pero un mundo que nosotros primeramente hemos de llevar en nuestro interior.
     Acercando ese mundo más equilibrado y armónico al corazón de los demás, estaremos construyendo las bases de nuestro futuro y el de nuestro planeta, al mismo tiempo que estaremos firmemente trabajando en la planificación que desde lo Alto está siendo llevada a cabo. Seamos pues fieles instrumentos de esta planificación espiritual, llevando a las conciencias de los hombres la necesidad de unión entre todos, comenzando así a poner la primera piedra de la Nueva Sociedad, cuya base principal será la entrega y el amor al prójimo.
A.LL.F.