Biografías

SEBASTIAN DE ARAUCO

CONOCIENDO A SEBASTIÁN

Sebastián de Arauco

Sebastián de Arauco. Villena 1981

Su verdadero nombre era José Antonio González de Orense y nació un 24 de febrero de 1904, en el pueblo orensano de Carballino, en Galicia. Debido a los tiempos de escasez que le tocó vivir en su aldea natal y como hijo mayor, su infancia fue realmente dura, lo que iría desarrollando en él, ese carácter fuerte y firme que habría de llevarle más adelante a alcanzar las metas que se proponía. En su adolescencia viajó a Cuba donde trabajó duramente de día mientras estudiaba de noche un curso como vendedor de libros, contabilidad y sus primeros estudios de inglés. La vida allí era muy dura y todo eran incomodidades y escasez de medios económicos. Salió adelante y comenzó a progresar aunque pronto tendría que abandonar la isla por las circunstancias políticas que se daban.

Más adelante viajaría a Santiago de Chile (donde viviría 18 años) comenzando a trabajar como contable e iría ascendiendo cada vez a puestos de mayor prestigio y beneficio económico, lo que le llevaría a levantar su propia empresa de suministros eléctricos y alcanzar una considerable posición económica. En el meridiano de su vida, sobre los 50 años aproximadamente, comenzó a padecer de dolencias muy extrañas que le impedían llevar una vida normal y a abandonar frecuentemente sus obligaciones. Tras consultar a diferentes médicos que no daban con el origen de su mal, por esos extraños caminos del destino llegaría a consultar en escuelas de tipo espiritual donde finalmente descubriría las causas de sus males relacionados con ese campo.

Esto le llevó a adentrarse profundamente en el estudio de diferentes campos del conocimiento tales como el espiritismo, el esoterismo, la psicología, la teosofía y otras ciencias de tipo espiritual, lo que le llevaría a descubrir el motivo de su presente encarnación en esta vida y la misión a la que debía dedicar el resto de su vida: la apertura de una Escuela donde impartir los conocimientos obtenidos y la elaboración de un libro.

Durante años, y de forma desinteresada, gracias a los beneficios económicos que había conseguido con su esfuerzo y trabajo personal como empresario, abrió en Santiago de Chile su primera Escuela donde impartiría diferentes cursos de orientación hacia el éxito y las leyes de la vida. Al mismo tiempo, se iban despertando en él determinadas cualidades extrasensoriales como la intuición y la visión espiritual, facultades que le permitieron recibir enseñanzas directamente de sus maestros espirituales y de su maestro interior.

Tras una experiencia vivida, se le dijo que tenía que regresar a Galicia y abrir una nueva escuela en Vigo, allí había personas esperando recibir sus enseñanzas y tendría que culminar su libro “Tres Enfoques sobre la Reencarnación” y editarlo en España. Así lo hizo. A su llegada a Vigo se instalaría y comenzaría a desarrollar sus primeras clases en casas de sus alumnos. Tras muchos intentos de editar su libro y encontrarse siempre con la censura del franquismo, decidió editarlo por su cuenta, siendo una obra pionera y muy esclarecedora sobre las clásicas preguntas trascendentes que todos solemos hacernos en alguna ocasión.

Por fin, ayudados por los amantes de sus enseñanzas, se pudo abrir una Asociación en Vigo en la que Sebastián desarrollaría anualmente sus 3 cursos dirigidos a las enseñanzas prácticas del mundo espiritual y psicológico al que dedicó por completo el resto de su vida. Su vida estuvo enteramente dedicada a difundir las enseñanzas espirituales y psicológicas que le caracterizaron, a recibir diariamente personas a las que ayudaba desinteresadamente y a colaborar en todos los medios posibles a la difusión de la verdad de la reencarnación, del Karma y del amor como camino de regeneración y evolución de la humanidad.

Tras pasar por diferentes trastornos de salud, por recomendación familiar sería llevado, junto su maravillosa esposa Ana, a vivir en una residencia de tercera edad, lo cual acabaría con su personal y activo modo de vida, llevándole a una lenta… Allí moriría a los 97 años de edad, un 29 de diciembre del 2001, a escasos días de un nuevo año, tal vez ya cansado de tan larga, dura y extensa vida, pero dejando vivo el recuerdo de su ejemplo y de sus enseñanzas a las que, personalmente, seguiré igualmente fiel y contribuyendo a su difusión, el resto de mis días.

Gracias Sebastián, en nombre de todos aquellos a los que nos has dejado tu semilla de luz y tu ejemplo de firmeza y perseverancia; tu constante recomendación de “analizarlo todo bajo el crisol de la razón” y a no olvidar que sólo estamos de paso en este mundo material con la única finalidad e contribuir al progreso y desarrollo de nuestro Espíritu junto al servicio desinteresado a la humanidad que tanto precisa del conocimiento.

SANTIAGO PAZHIN

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