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NATURALEZA Y EVOLUCIÓN

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DE ANIMALES A HOMBRES

En la teoría de la selección natural enunciada por Charles Darwin, el ser humano es, hasta hoy, el resultado cumbre del proceso evolutivo. No obstante hay antropólogos que, a este respecto, se hacen preguntas sobre qué hubiera ocurrido si, por ejemplo, los dinosaurios no hubieran desparecido de la tierra debido a un cataclismo planetario que los exterminó hace ahora 66 MM de años. Todos ellos afirman que, a raíz de la desaparición de los dinosaurios, especie dueña del planeta en aquel entonces, fueron los mamíferos los que ocuparon su lugar como especie dominante; y a raíz de aquí la propia evolución de los mamíferos derivó en la aparición del homo-sapiens.

Hubo millones de años antes de la aparición del homo sapiens en que los animales dominaban la tierra, y la naturaleza evolucionaba de forma coordinada mediante el proceso que la había formado; las plantas creaban el hábitat y el sustento para los animales, y en la evolución de los mismos no existían interrupciones en la historia natural.

Nunca sabremos qué hubiera ocurrido de no producirse el cataclismo anteriormente mencionado; ni tampoco qué especie sería la que actualmente controlaría y dominaría la naturaleza del planeta, pues al igual que evolucionaron los mamíferos, también otras especies evolucionaban de forma incluso más rápida.

Lo cierto y verdad, es el hecho de que, el homo sapiens es apenas una especie de nueva aparición si tenemos en cuenta que la formación del planeta aconteció hace ahora 4.500 MM de años y el homo sapiens apareció hace ahora únicamente 70.000 años. El ser humano, se cree el rey de la creación, pero solamente su ignorancia y orgullo puede permitirle hacerse el dueño del planeta cuando apenas tiene hollados sus pies en el mismo, en comparación con otras especies millones de años más antiguas.

Si extrapolamos esta reflexión a la evolución y desarrollo de la naturaleza en otros planetas, hemos de seguir reconociendo nuestra ignorancia más supina; puesto que las condiciones que permitieron la habitabilidad de este planeta (oxígeno, fotosíntesis, etc..) no tienen porqué asemejarse de forma alguna a ningún otro planeta que podamos conocer superficialmente; ni tampoco a la forma o manera en que pudieron desarrollarse la vida y las especies, si es que estas existieron o existen.

Dejamos estas ideas para la reflexión, en el sentido que nos ocupa; pues otras especies animales que se desarrollaron a lo largo de la historia natural de la tierra podrían estar ahora ocupando perfectamente el lugar del ser humano, e incluso, por qué no, con mayor inteligencia o desarrollo que el que ahora nosotros poseemos.

Sin recurrir al conocimiento espiritual, es muy difícil responder a los interrogantes que arriba se plantean; pero cuando se conoce el proceso evolutivo del psiquismo humano y la aparición del espíritu en la tierra, tal como nos avanza la ciencia del espíritu, todo queda meridianamente claro.

En el estudio evolutivo del psiquismo comprendemos que los animales juegan un papel fundamental en el desarrollo del hombre; pues nuestra naturaleza psíquica debe mucho de su herencia a la formación del psiquismo animal que durante millones de años va evolucionando en las distintas especies. Veamos que dice Kardec al respecto:

«El espíritu no llega a recibir la iluminación divina que le permite la conciencia, el libre albedrío y la noción de su destino, sin haber pasado por la serie, divinamente fatal, de los seres inferiores; entre los cuales elabora lentamente su individualidad. Y es a partir de ese día cuando el espíritu toma lugar entre la humanidad»  

Allan Kardec –  Libro «El Génesis» Cap. VI

Pero es preciso resaltar que el psiquismo no es el espíritu; el primero forma el sustrato suficiente para que el segundo pueda incorporarse en una materia y permitir el inicio de su evolución y desarrollo. Y es en esta incorporación donde el psiquismo se ve modificado; al adquirir nuevas capacidades como la conciencia de sí mismo, la aparición de la inteligencia humana y el libre albedrío que lo distingue del resto de los animales. En esa modificación, el psiquismo animal pasa a formar parte del periespíritu (Ver Item. 93 Libro de los Espíritus de Allan Kardec) que permitirá el definitivo acoplamiento del espíritu.

En un primer estadio no existe apenas diferencia; el nuevo ser, se basa casi exclusivamente en su instinto para sobrevivir; con el tiempo, las experiencias y las existencias, la inteligencia irá sustituyendo al instinto como primer motor. También en un primer estadio evolutivo el espíritu, creado sencillo, simple e ignorante, asimila el entorno que le rodea como si de otro animal se tratara; pero, habiendo heredado la socialización del clan en el que se desarrolla, va modificando la misma mediante la relación afectiva con el resto de su especie que va creciendo poco a poco en su interior.

Esta relación afectiva le dota de un sentido de pertenencia a sus congéneres y, en los primeros homo sapiens, la tribu, es el lugar donde todos se protegen, se alimentan, se reproducen y se ayudan. Estos primeros hombres, nómadas e ignorantes, desarrollan entre ellos estructuras sociales que incluso hoy podemos vislumbrar en las pocas tribus salvajes que aún quedan en el planeta. Al ser eminentemente cazadores-recolectores, no tienen sentido de la propiedad privada, y el egoísmo apenas aparece más que para procurarse el mejor alimento. La naturaleza les proporcionará todo lo que necesitan para sobrevivir, y su simbiosis con la misma es la base de su supervivencia.

Con el espíritu, el sapiens no sólo habla y se comunica con sus iguales, sino que comienza a imaginar, a pensar por sí mismo, y aquí convierte su lenguaje, (hablado y gestual), en algo diferente, algo que le permite distinguirse del resto de los animales que no tienen conciencia de sí mismos ni saben utilizar su lenguaje para explicar el pasado, el presente o el futuro.

El sapiens lo hace, y con ello, con su imaginación y su lenguaje comienza el proceso que le distinguirá definitivamente del resto de especies animales y le encumbrará hacia el dominio de la naturaleza y del resto de las especies.

Todo este proceso no se inicia hasta que el espíritu encarna en el cuerpo del homínido cuyo psiquismo ya ha sido individualizado; es el momento de la intervención espiritual; y en esto consiste el trabajo de los arquitectos espirituales que, habiendo preparado las condiciones, y con la autorización de la Causa Primera, la fuente divina de la creación a la que llamamos Dios, proceden a acoplar el espíritu recién creado al psiquismo individualizado.

Y esta individualización, que viene dada espiritualmente por Dios al permitir encarnar una chispa divina de su propia esencia, tiene su correspondencia psíquica en el trabajo realizado por esos espíritus elevados que colaboran con EL en la evolución de los mundos y de las humanidades. Ellos preparan el psiquismo animal hasta que lo individualizan, una vez este ya tiene el desarrollo adecuado para albergar un espíritu. También existe una correspondencia biológica que se produce al mismo tiempo; y esta no es otra que la mutación del ADN como resultado de la individualización del psiquismo animal.

Esta modificación del ADN no es otra cosa que una mutación genética que se produce inicialmente en el psiquismo celular y se traslada a la célula biológica cuando el primero ha sido individualizado. Y esta mutación genética es la que los antropólogos de la Universidad de Chicago han descubierto en los homo sapiens de hace 50000 años al comparar los ADN de homínidos anteriores y sapiens de esa época. Este estudio fue publicado en el año 2005 , y denominado como «el eslabón perdido, Adn modificado o big-bang de la inteligencia».

Concluimos entonces en el hecho de que el origen del hombre es claramente debido a una intervención espiritual: la creación del espíritu y su incorporación a un cuerpo grosero y primitivo previa conformación del periespíritu; pero no es menos cierto que fisiológicamente procedemos de la selección natural que la teoría evolucionista de Darwin confirmó.

Russell Wallace, naturalista y descubridor al mismo tiempo que Darwin de la teoría evolutiva, se mostró más acertado al explicar que el eslabón perdido fue, sin duda, obra de una inteligencia espiritual que produjo la inclusión de la conciencia en los animales superiores.

Comprobamos pues cómo la ciencia y la espiritualidad pueden compartir, sin problemas, paralelismos, correspondencias y evidencias que, lejos de excitar el orgullo y el exclusivismo humano, nos acerca a la verdad de nuestro origen a pasos agigantados.

En pocas décadas comprobaremos cómo este extraordinario paralelismo será uno más de los que se están evidenciando en la simbiosis ciencia-espiritualidad a la hora de responder, cada vez más certeramente, a los grandes interrogantes de la vida y de la existencia humana, del hombre y de la naturaleza.

Naturaleza y evolución por:  Antonio Lledó Flor

© 2015, Amor,paz y caridad


«Los descubrimientos de la ciencia glorifican a Dios en vez de rebajarlo; y sólo destruyen las ideas absurdas que de Dios se han hecho los hombres»

Allan Kardec

ACTITUD Y APTITUD

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“Con una actitud positiva, tus problemas se vuelven retos; tus obstáculos, enseñanzas;

y tus penas, parte de la vida.” Anónimo

En el campo de la psicología humana, se suelen denominar como fortalezas y debilidades los polos opuestos que conforman el rasgo de personalidad de un individuo. Estas capacidades o incapacidades son también definidas como competencias o incompetencias según sea el ámbito en el que nos encontramos.

Todos tenemos aptitud y actitud. La primera tiene que ver más con nuestros talentos y capacidades personales, mientras que las actitudes competen a la voluntad del individuo. Es por ello que, cuando las dificultades de nuestro propio carácter nos impiden alcanzar una meta u objetivo, nos centramos siempre en la actitud, el empeño y la voluntad para superar aquello que queremos conseguir y que no está al alcance porque no poseemos las aptitudes necesarias.

Es a través del cambio; del esfuerzo por mejorar en todos los ámbitos de la vida, cuando conseguimos metas que, planteadas inicialmente nos parecían imposibles, pero la determinación, la fe y el coraje para enfrentar las dificultades nos permite superar muchas de ellas sin tener las condiciones iniciales para ello.

Esto nos habla bien a las claras de que las fortalezas internas del ser humano son susceptibles de desarrollo y crecimiento; y cuando centramos el discurso en el campo espiritual, todavía es más fructífero y esclarecedor, pues comprendemos que todo está a nuestro alcance mediante la voluntad y la determinación adecuada.

Afirmamos esto último con rotundidad porque la esencia del espíritu es, ante todo, un germen de cualidades, talentos, fortalezas, capacidades y virtudes que no tienen límite, al ser las mismas que posee su creador en su total omnipotencia y omnisciencia.

El espíritu humano es, a imagen y semejanza de su creador, la obra cumbre de la creación divina. Inmortal, pensado para la felicidad y la plenitud, nunca está limitado ni por el espacio ni el tiempo; salvo cuando se encuentra en un cuerpo físico encarnado durante unos pocos años.

Así pues, en el progreso y desarrollo evolutivo del espíritu vamos desarrollando esas fortalezas, cualidades y virtudes que nos van reconociendo y acercando a nuestro creador. No es de extrañar, por tanto, que no existan límites a las consecuciones humanas, a los retos que la vida nos presenta; pues si no es por aptitud, la actitud, la fe y la voluntad férrea en la consecución de un objetivo espiritual siempre nos llevará a alcanzar ese éxito; pues todos ellos se enmarcan, antes o después en la ruta de ascensión del espíritu hacia la plenitud.

«Haz que las contrariedades te alienten y los obstáculos te engrandezcan».

Anónimo

Hay quien argumenta que los grandes logros están sólo al alcance de unos pocos dotados por la naturaleza de las cualidades necesarias para alcanzarlos. Pero esto es inexacto; todos podemos llegar a todos los sitios, todos podemos conseguir aquello que nos propongamos; otra cosa muy distinta es el tiempo que empleemos en ello y las dificultades que tengamos se salvar.

La primera de las actitudes que hemos de cultivar es la fe en nosotros mismos; como seres eternos, dotados con las capacidades y talentos de la divinidad que hemos de desarrollar. La autoestima y autovaloración personal nos legitima para el esfuerzo, la superación y las metas que parecen inalcanzables.

La trascendencia del espíritu humano no sólo es ya un aspecto de la inmortalidad del mismo; sino de la capacidad de superar cualquier obstáculo, cualquier dificultad. Esta lucha interior por trascender los límites de nuestras capacidades y aptitudes otorga un sentido profundo a nuestras vidas.

Esta asunción de hechos, lejos de hacernos crecer en el orgullo, ha de enfrentarnos con la responsabilidad y la madurez espiritual necesaria del compromiso que traemos a la tierra y que cada uno ha de localizar, desarrollar y cumplir.

El conocimiento espiritual nos hace conscientes de nuestro libre albedrío, de la inexistencia del fatalismo o el determinismo; de la certeza de que somos los dueños de nuestro destino y que con nuestra voluntad y determinación podemos cambiar las cosas; podemos alcanzar aquello que hemos venido a realizar, aunque inicialmente nos parezca una montaña inaccesible.

Es la evolución, el progreso, el cambio, la transformación, la fe y la voluntad la que convierten al salvaje en genio, al criminal en ángel, al ignorante en sabio; y con ello se nos revela que la transformación interior, el esfuerzo por mejorar moralmente, nos capacita para seguir creciendo, nos ayuda a desarrollar las fortalezas y virtudes que alberga nuestro espíritu inmortal.

Simplemente el hecho de ser conscientes de que estamos recorriendo ese camino, y no otro, nos llena de felicidad, de serenidad, de paz interior. Aunque en el trayecto tropecemos, nos caigamos, nos equivoquemos durante un tiempo de camino; a pesar de todo ello, el mérito de levantarse, rectificar y tener siempre a la vista el horizonte en nuestro crecimiento espiritual, en el amor a uno mismo y al prójimo, nos concede una fortaleza interior extraordinaria que nos permite seguir adelante sin dudar, con fe, con optimismo y esperanza en el futuro.

“En cualquier momento de decisión, lo mejor que puedes hacer es lo correcto, lo segundo mejor es lo equivocado, y lo peor que puedes hacer es nada.”

Theodore Roosevelt

Esta es la «actitud» que, unida a «la aptitud» que conforma nuestras capacidades y méritos espirituales adquiridos en el pasado, nos permiten vivir la vida con la convicción y la certeza del cumplimiento de nuestra misión en la tierra.

El conocimiento de uno mismo nos permite progresar más y mejor; nos hacemos conscientes de nuestras virtudes y fortalezas, de nuestros defectos, debilidades y malas inclinaciones. Esto es importante, pues cuanto antes sepamos y comprendamos lo que nos perjudica, mucho antes pondremos el remedio para corregirlo: adoptando la actitud adecuada que se convierta, mediante el hábito adecuado, en una aptitud conquistada que impregne nuestro carácter y haga desaparecer la debilidad superada.

Siempre hablamos de nuestras propias capacidades; pero en muchos casos contamos también con la ayuda de personas que nos aprecian, que nos quieren y que también colaboran animándonos, aconsejándonos, fortaleciéndonos en momentos de decaimiento o frustración.

La evolución es lenta, y el recorrido hasta la perfección y la plenitud es milenario; por ello debemos apoyarnos no sólo en nuestras propias fuerzas, sino también aceptar la mano amiga; y sobre todo, reclamar mediante la oración, la asistencia y el apoyo de aquellos que, antes que nosotros, caminaron por el mismo sendero, y conocen a la perfección los obstáculos del camino.

Otra gran ayuda es la de las entidades espirituales que nos acompañan; los espíritus de luz dedicados al bien, al auxilio y la protección de los encarnados, los espíritus familiares y amigos de ésta y otras épocas que nos aman profundamente, etc. Todos ellos tienen capacidad de ayudar si se lo pedimos. La voluntad del ser humano es una fuerza inconmensurable, y la fe en sus posibilidades le concede la capacidad de proyectar esta fuerza hacia el infinito.

Somos seres de luz creados para el amor y la perfección; aunque ahora no seamos conscientes de ello; momento llegará, en el que nuestro Dios interno, aquel que se proyecta a pesar del tiempo y el espacio por la eternidad de los mundos, nos recuerde que todo está a nuestro alcance, y que nuestra esencia es, además de eterna, divina.

Antonio Lledó Flor

© 2015, Amor paz y caridad

«Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica:

la voluntad.» Albert Einstein

Actitud y Aptitud

AUTO-ILUMINACIÓN:

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Auto-iluminación

 ORACIÓN, ACCIÓN Y MEDITACIÓN

«Nadie se ilumina fantaseando figuras de luz, sino haciendo consciente su oscuridad. Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca.»

Carl Gustav Jung – Psiquiatra Suizo.

Uno de los ideales de todos los que quieren mejorar su vida interior es llegar al estado de auto-iluminación, un estado indefinible que Buda calificó como el nirvana; y Jesús lo definió como el del amor y la comunión con el Dios interno que cada uno de nosotros llevamos dentro.

Sin duda, existen caminos para llegar hasta allí, y el paradigma que ofrecen estos grandes personajes nos confirma que es posible. Ahora bien; ¿se trata de una técnica determinada,? ¿es acaso una actitud ante la vida,? ¿es quizás la pertenencia a esta o aquella filosofía o religión la que nos lleva hasta allí?

Sinceramente, no lo sabemos hasta que no llegamos. Lo que si es cierto es que estudiando y aprendiendo sobre la naturaleza del hombre, vamos comprendiendo mejor lo que somos y en base a ello podemos poner los medios para alcanzar ese estado de felicidad y plenitud que está en el horizonte de todo ser humano si se lo propone, como demostraron los grandes avatares de la humanidad.

Existen métodos que nos ayudan a mejorar interiormente y a crecer paulatinamente en nuestro interior hacia la comprensión de la realidad profunda del ser; una realidad que está bastante lejos de la inmediatez, las ilusiones materiales y las conquistas externas que aparentemente otorgan la felicidad y que el ser humano identifica e idealiza como: alcanzar la fama, tener una situación económica privilegiada, ostentar honores y reconocimiento social, realizar un buen matrimonio, etc.

Todo lo anterior es satisfactorio pero no otorga la felicidad al ser humano, ya que la felicidad es un estado interno, derivado de una conciencia recta, un sentido del deber adecuado y una paz interior, alcanzada mediante el propio esfuerzo en nuestra relación con el prójimo, todo ello derivado de la propia responsabilidad y madurez de la persona.


«La oración no cambia a Dios, pero sí cambia a quien ora.»

Soren Kierkegaard – Filósofo Danés (1813-1855)

De esta forma, la oración es un elemento poderoso que ayuda al hombre de fe en los momentos de grandes retos, que le ampara y le otorga esperanza en el porvenir ante las dificultades, vinculándose a su creador, en el que deposita la confianza de que todo tiene un sentido y éste es el mejor para nosotros aunque seamos incapaces de comprenderlo.

La oración ha sido invocada constantemente como el método de alcanzar ese estado interior, pero aquí hemos de matizar que la oración bien hecha, elevando el espíritu hacia Dios en un sentimiento puro de gratitud, o para pedir ayuda personal o para el prójimo, es una fuerza poderosa muy alejada del rezo rutinario de frases monótonas, pues falta la esencia de la voluntad y el sentimiento noble y fraterno que sale del corazón y potencia la plegaria hacia planos superiores.

No obstante, y a pesar de los enormes beneficios que la oración bien realizada comporta; no es suficiente para alcanzar ese estado superior que distingue a los seres iluminados de todos los demás. La oración ha de convertirse también en acción; una acción externa e interna. La primera en nuestra relación con el prójimo, salvaguardando y cumpliendo las leyes de la vida que fueron instituidas por Dios y que están escritas en el interior de nuestra propia conciencia.


«La plegaria no es un entretenimiento ocioso para alguna anciana. Entendida y aplicada adecuadamente, es el instrumento más potente para la acción»

Mahatma Gandhi – Abogado, pensador y político Hindú (1869-1948)

El Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo no sólo es la ley universal sino la acción principal que eleva al espíritu del hombre hacia la plenitud y la iluminación. En una vida plena de obras de bien, de acciones de amor continuas, de sacrificio personal por sus semejantes, el ser humano encuentra la realización más importante a la que puede aspirar en la tierra. Y a pesar de todo, esto no le garantiza su iluminación personal.

Y ello es debido al hecho de que además de la oración y de la acción hacia el prójimo es preciso el trabajo más difícil, el de la lucha contra uno mismo; esta es la tarea más ardua; conocernos a nosotros mismos y trabajar intensamente en la corrección de nuestras debilidades y defectos morales, el egoísmo, el orgullo, la vanidad y el amor propio. Lacras que venimos arrastrando vida tras vida y que, aunque llevemos una conducta ejemplar de entrega y sacrificio hacia los demás, siempre afloran para hacernos ver que necesitamos superar nuestras malas inclinaciones para alcanzar ese estado de felicidad interior en el que consiste la auto-iluminación.

Hay quien busca esta última en el ejercicio de la meditación, el mindfullnes, la terapia cognitiva, etc.. con ello pretende controlar su mente y elevar su conciencia. Y si bien la mente es importante tenerla a buen recaudo; nuestra mente no somos nosotros, es una parte importante de nuestro ser inmortal pero no es la esencia de nuestra naturaleza divina.

Educando nuestra mente a través de la meditación, silenciándola y dominándola, podemos controlar nuestros pensamientos, poner en orden nuestras emociones. Pero con todo y con ello, sin el autoconocimiento propio y la lucha contra los defectos morales que arrastramos, será muy difícil alcanzar ese estado de plenitud al que se aspira; y mucho menos si carecemos del amor al prójimo suficiente que nos libere del egoísmo.


«La meditación y la oración alimentan el alma.»

Agustine Og Mandino – Escritor Norteamericano (1923-1996)

Como estamos viendo el camino es difícil, pero a la vez estimulante, pues en ello se encuentra nuestra felicidad futura, y cuanto antes comencemos mejor para nosotros pues ahorraremos los sufrimientos que nos propician nuestras faltas y errores, nuestras negligencias y atentados contra las leyes de la vida.

La sabiduría infinita de la Causa Primera e Inteligencia Suprema; ese Dios origen de todo lo que existe, y cuya esencia llevamos en nuestro interior, nos permite albergar todas las esperanzas, todas las expectativas, pues se trata de esforzarnos por mejorar, por alcanzar una conducta moral recta, una actitud de entrega a los demás que nos aparte del egoísmo ancestral, una sumisión a la voluntad divina y a sus leyes que nos permita ver la vida como es: todo perfección y armonía, acercándonos al mismo tiempo a la humildad que destierre nuestro orgullo y vanidad.

Si a ello unimos el vínculo sagrado de la oración y usamos la meditación y el autoanálisis para conocernos a nosotros mismos y superar nuestras debilidades, estamos en el camino cierto de alcanzar esa iluminación interior que se traduce en paz interna, satisfacción con el deber cumplido y el compromiso adquirido antes de encarnar; elevando así nuestro espíritu hacia un futuro más feliz y dichoso que nos espera por los méritos contraídos mediante el esfuerzo y la superación personal.

Auto-iluminación: Oración, acción y meditación por: Antonio Lledó Flor

©2015, Amor, Paz y caridad

«Sirve, ama, da, purifícate, medita, realízate.»
Swami Shivananda- Yogui y maesto hinduísta (1887-1963)

EL SENTIDO DE LA VIDA

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El sentido de la vida, conferencia de nuestro compañero Antonio Lledó, en la que nos ofrece distintos puntos de vista para afrontar las adversidades que a todos nos acontecen en el transcurso de nuestra existencia; bajo tres enfoques: el Sentido Filosófico, el Sentido Psicológico y el Sentido Espiritual. Analizando las enseñanzas del neurólogo y psiquiatra Viktor Frankl (a raíz de su experiencia en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial) y su paralelismo con la filosofía espiritual.

También se explican las causas principales del vacío existencial, origen principal de una pandemia actual como es el suicidio.

Un soplo de aliento y esperanza para comprender que todo en la vida tiene un sentido, un porqué. Está en nosotros saber encontrarlo, para ser capaces de enfrentar todas las circunstancias por difíciles y duras que puedan parecer. Enfrentando la vida con valor, sin miedo y con esperanza.

Redacción

FACULTADES INSTRUIDAS

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Facultades instruidas

«En el momento aparezca una opinión nueva, por poco que la creáis dudosa, pasadla por el tamiz de la razón y de la lógica; lo que la razón y el buen sentido reprueban, rechazadlo con vigor, más vale rechazar diez verdades que admitir una sola mentira, una sola teoría falsa. No obstante, si hoy rechazáis ciertas verdades porque no se os demuestran lógicas, muy pronto un hecho o demostración irrefutable vendrá a afirmaros en la autenticidad.»

Erasto – «El Libro de los Médiums»- Item . 230 Allan Kardec

A lo largo de todos los artículos expuestos en esta sección, hemos ido abordando características, procesos, peligros, ventajas e inconvenientes de una facultad en el ejercicio de su compromiso espiritual.

En esta ocasión comentaremos algunos de los aspectos que se pueden conseguir con aquellas mediumnidades bien orientadas e instruidas, que trabajando de forma altruista y desinteresada, son conscientes de su misión en la tierra, e intentan llevarla con dignidad, honestidad y eficacia.

El desempeño de una facultad con acierto y coherencia, no sólo nos prepara para el día de mañana un futuro más feliz y venturoso sino que, como consecuencia de nuestro trabajo, nos ofrece una importante ventaja a la hora de partir al más allá, dónde recogeremos con creces los frutos de nuestro esfuerzo; no olvidemos nunca que Dios concede «ciento por uno» a todos aquellos que trabajan en el amor altruista y desinteresado, sea cual sea el área donde realice su trabajo (social, espiritual, profesional, familiar, etc.)

Los beneficios no sólo se recogen en el «más allá» o en posteriores vidas de mayor dicha y progreso, sino  incluso aquí en la misma vida física que disfrutamos, la ley de causa y efecto nos devuelve todo el bien que hacemos a los demás. Muchas veces, ignorantes como somos de  nuestro endeudamiento y trabas del pasado no nos percatamos que podríamos estar en peores condiciones de las que nos encontramos. A veces esto ocurre porque la justicia divina, perfecta y sabia, nos concede moratorias en la restitución de nuestros errores, al comprobar que estamos aprovechando nuestra existencia y que trabajamos conforme a la ley.

Existen innumerables casos en los que el karma se ve atenuado o suspendido de forma temporal, precisamente porque la persona que debe sufrirlo, está llevando una existencia de entrega y sacrificio por los demás y esto le permite no sólo restituir los errores de su pasado, sino también dulcificar en cierta medida aquel dolor que se había comprometido a experimentar en esta existencia.

Pero lo más importante de todo es la gran satisfacción interna que el espíritu siente, al comprobar que la misión que ha traído a la tierra se está cumpliendo bien; esta satisfacción interior que suele convertirse con frecuencia en equilibrio, armonía psíquica, física y espiritual, concede al espíritu la fortaleza moral necesaria para afrontar todas aquellas pruebas y vicisitudes que la vida le va presentando. Tanto es así que, cuando un espíritu responde a su compromiso y está en condiciones de seguir progresando, la vida, lejos de volverse acomodaticia, le presenta nuevos casos de ayuda y sacrificio, nuevos retos y trabajos, a fin de que aproveche al máximo todas las ventajas que le concede un progreso rápido como el que se consigue en la tierra.

Otro importante aspecto de aquella facultad instruida y realizadora de su compromiso es el hecho de que, al mismo tiempo que avanza en su progreso, también avanza en su facultad, tanto es así que casi con toda seguridad desde el plano espiritual le irán ampliando las condiciones y facultades propias a fin de que pueda ayudar más y mejor a todos aquellos que se desenvuelven a su alrededor. Así pues no es de extrañar que, grandes hombres y mujeres que han venido a la tierra en estas condiciones, no sólo hayan tenido una única facultad sino que esta ha sido posteriormente complementada con otras facultades, concediendo a ese espíritu una serie de atributos que se ha ganado por su propio esfuerzo.

Esta amplia visión de la realidad que poseen estos espíritus elevados, les permite no sólo ser más indulgentes, más caritativos y más altruistas sino que al mismo tiempo les faculta para realizar grandes obras de bien, a menudo anónimas, ayudando desinteresadamente a innumerables espíritus que, necesitados de consuelo, conocimiento espiritual o consejo, acuden a ellos buscando el remedio a los males que les aquejan. Y no sólo a los desencarnados, sino también a los encarnados que, atraídos por sus capacidades y acciones de bien altruísta acuden hasta ellos en busca de consuelo, esperanza y claridad.

¿Cómo reconocer a estas facultades? Es fácil; por su discreción, ejemplo moral y dedicación exclusiva al bien encontraremos aquellos espíritus en condiciones favorables para ejemplarizar con su facultad. Además de ello, el conocimiento espiritual es una constante en estas facultades. Aunque algunas de ellas no hayan recibido instrucción cultural o formación académica, el conocimiento espiritual que poseen es tan grande, que pueden desenvolverse perfectamente a su manera, aunque carezcan del complemento material de la formación académica para poder explicar y comprender mejor a los demás, algo que suplen sobradamente con la sabiduría de aquellos espíritus que les inspiran y con la sencillez de su propio comportamiento.

Lo ideal, indudablemente, es la cultura y el estudio personal, la instrucción espiritual a dos niveles, el de la experimentación de la facultad y el que nos ofrecen las obras escritas, a fin de cotejar, comprender, ampliar y desarrollar más si cabe la facultad para beneficio de nuestro prójimo. Pero todo ello, sin la puesta en práctica de la continua reforma moral apenas queda en nada; pues son los sentimientos nobles, y los esfuerzos por superarnos interiormente en nuestras debilidades, los que nos elevan por encima de la materia y nos acercan por sintonía y frecuencia vibratoria a espíritus que poseen en esas mismas cualidades.

Cuando una facultad cumple con su misión en la tierra, los amigos del espacio que le ayudan, no sólo su protector sino otros muchos, le tienen como punto de referencia, pues desde lo alto están deseando ayudar al plano material, y sabiendo que esta facultad está velando y ayudando a tanta gente; a una petición suya acuden con más frecuencia y facilidad  que a una petición formulada por otras facultades cuyo camino no es tan acertado.

De aquí que, algunas facultades tengan mayor éxito en sus peticiones, y otras se encuentren que necesitan pedir muchas veces para que desde el plano espiritual acojan su petición. Es extraordinario conocer facultades de esta dimensión, pues fortalece el ánimo de todos aquellos que, comenzando a estudiar esta doctrina o a desarrollar incipientes facultades podemos tropezar con la falta de un ejemplo a seguir y una orientación necesaria.

No todo se encuentra escrito en la codificación, pues como bien dijo Allan Kardec «el espiritismo, marchando con el progreso nunca se desbordará pues si nuevas verdades le demuestran estar equivocado sobre un punto se modificará sobre ese punto y si nuevos conceptos se revelan a la humanidad los aceptaría». Con gran sentido común, Kardec sabía que la evolución humana es imparable y que nuevas facultades surgirían con el paso del tiempo,  nuevos conceptos filosóficos, científicos y nuevos desarrollos de la mediumnidad que en el siglo XIX eran impensables.

Así pues, la experimentación de estas grandes facultades instruidas son tratados espirituales sin escribir, que no quedarán para la posteridad, pero sí calarán hondo en aquellos que sean receptores de esos conocimientos que no están escritos en ningún sitio y forman parte de la propia evolución del ser espiritual cuando alcanza niveles de progreso y evolución elevados. Y si bien el ejemplo de su ejercicio responsable y altruísta en la mediumnidad servirá a muchos que comienzan; no es menos cierto que estas personas brillarán más en la memoria por sus cualidades morales, nobles sentimientos y amor al prójimo en el diario vivir de su existencia terrena.

Hemos comprobado algunos aspectos importantes de aquellas facultades instruidas que, aprovechando la oportunidad de progreso que Dios nos brinda cuando nos concede una facultad, saben llevar a buen puerto la misión encomendada dejando tras de sí la huella de vidas ejemplares de amor y sacrificio altruista.

Facultades instruidas por: Antonio Lledó Flor

 

© 2015, Amor paz y caridad

LIBERTAD ESPIRITUAL Y DE CONCIENCIA

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«La filosofía nos enseña que todas las propiedades del espíritu existen sólo mediante la libertad, que todas son simples medios para la libertad, que todas buscan y producen la libertad.»

Hegel- Filósofo alemán (1770-1831)

Libertad; preciosa palabra cuyo contenido y significado nos evoca lo mejor del ser humano: su capacidad de elegir, de decidir y de afrontar bajo el único sentido de su libre albedrío aquello que considera conveniente en cada momento.

El sentido de la libertad es inherente al ser humano, en toda su acepción, en su interior, desde que es hombre, su capacidad elegir y decidir por él mismo es el anhelo que guía sus pasos, a veces torpemente. Otras veces el ser humano se ve coartado por las estructuras sociales, políticas, religiosas, o culturales que limitan su capacidad de decidir por sí mismo (dictaduras políticas, tradiciones y costumbres ilógicas de tiempos ancestrales, creencias religiosas dogmáticas y castradoras, etc.)

Hay quien argumenta como paradigma de la libertad la necesidad de expresarse y poder hacerlo cómo, cuando y de la manera que quiera. Pero esto también puede convertirse en una falacia que rebase los derechos de los demás; pues de qué me sirve tener libertad de expresión si lo que expreso son infamias, ataques a la libertad de los otros o pensamientos egotistas e interesados sin beneficio más que para unos pocos.

La libertad de expresión es importante, pero lo es mucho más la libertad de pensamiento y de conciencia. La primera, porque me permite ser quien soy, expresar mi capacidad de razonamiento y elección, y la segunda porque mi intimidad, mi auténtico yo, se manifiesta a través de lo que mi conciencia me dicta, sin auto-engañarme, y en este punto nadie puede ni debe manipular mis decisiones.

«Mucha gente no puede ni emanciparse, es decir, no puede ni darse cuenta de la esclavitud en que le mantienen las ideas en medio de las cuales se ha educado.»

Samuel Butler (1835-1902) Novelista inglés.

Si entramos de lleno en el campo del conocimiento espiritual, observamos algunas cuestiones muy interesantes:

1.ª) La propia naturaleza de nuestro espíritu inmortal es eminentemente libre.

2.ª) La evolución espiritual nos conduce por el camino que nosotros mismos decidimos; al ser responsables ante las leyes divinas de nuestros propios actos y dueños de nuestro propio destino.

3.ª) A más evolución y progreso el respeto por la libertad de los demás es mayor.

4.ª) En la relación de los espíritus adelantados con aquellos que lo están menos, la primera observancia para los primeros es el libre albedrío de los segundos.

5.ª) La libertad espiritual se alcanza mediante la plenitud y la elevación moral. Mientras tanto, esta va conquistándose a medida que progresamos moralmente.

Analizando estas propuestas veremos que en la primera hacemos referencia al hecho de que Dios crea inmortal, sencillo, ignorante y libre al espíritu humano. Al ser de su propia naturaleza nos dota en germen (como la semilla) de sus propios atributos que deberemos desarrollar en el transcurso de nuestro camino evolutivo. Pero es indudable que nos pone en el camino y nos da libre albedrío para caminar; eso sí, haciéndonos responsables de nuestros propios actos.

Y aquí enlazamos con la segunda cuestión; al ser responsables ante las leyes divinas de nuestro proceder, tenemos que crecer y progresar aceptando nuestros errores y saldando los mismos mediante la rectificación oportuna que la ley de causa y efecto nos procura. Esta ley no es represiva, no es punitiva, no es coercitiva, no limita la libertad del espíritu encarnado y desencarnado, pero sí le obliga a resarcir aquello que se debe; y hay dos formas de enfrentar las deudas, por el amor o mediante el dolor.

Si libremente elegimos la primera de ellas, nuestra redención ante la ley se realiza antes y sin apenas sufrimiento; y si, a pesar de ello se produce, este se ve aliviado por las acciones de bien y de amor realizadas que suavizan enormemente la rectificación, amén de procurarnos la aceptación de la aflicción al haber aceptado plenamente que la causa del dolor ha sido sembrada por nosotros mismos.

Si optamos por no rectificar, el sufrimiento, el dolor y la aflicción hacen su aparición hasta que devolvemos bien por el mal cometido. Y aquí solemos pensar ¿y mi libertad?, pues nadie elige sufrir voluntariamente. Pues precisamente esa libertad viene limitada por nuestra negación a aceptar que somos la causa del dolor inflingido a otros y que la ley nos da oportunidades variadas, en diversas existencias para que, voluntariamente, elijamos el camino del amor y de la rectificación.

Sólo en caso de persistir en nuestra actitud negligente, egoísta y contraria a la justicia divina es cuando esta libertad se puede ver limitada durante un tiempo hasta que saldemos nuestra deuda. La ley es justa, el libre albedrío nos permite rectificar, está únicamente en nosotros la oportunidad de cambiar y evitar el sufrimiento futuro. Somos así los que, en base a nuestras actuaciones, construimos nuestro futuro: feliz o desdichado.

Aquí entrelazamos con la tercera apreciación; cuando comprendemos que nosotros queremos que nos respeten en nuestro libre albedrío, comenzamos a entender que hemos de respetar la libertad de los demás. Este hecho nos condiciona notablemente, pues no sólo hablamos en el aspecto espiritual, sino en el personal, familiar, social, de relación, etc.

Hay muchas personas a las que les cuesta entender y respetar la libertad de aquellos con los que conviven; piensan que las cosas deben hacerse tal y como ellos creen, e intentan imponer sus criterios de variadas formas; mediante chantaje emocional, económico, familiar, etc. Es más, a veces no se contentan únicamente con que hagan las cosas como ellos quieren, pretenden incluso que piensen como ellos, e intentan hacer valer su autoridad (padre, madre, jefe, lider, etc..) para obligar a esta circunstancia.

«La libertad de conciencia se entiende hoy día, no sólo como la libertad de creer lo que uno quiera, sino también de poder propagar esa creencia.»

Jonathan Swift (1667-1745) Político y escritor irlandés.

Nadie puede obligar a nadie a pensar como él; aunque los lazos que les unan sean fuertes y poderosos, basados incluso en el amor; amor posesivo y egoísta, que es el único que no respeta la libertad del otro.

El ejemplo a imitar es la manera y la forma en cómo se comportan los espíritus más adelantados respecto a su prójimo: siempre respetan la libertad del otro, y si acaso le observan equivocado se limitan a aconsejar
prudentemente, retirándose después para que la persona adopte la decisión que su propia libertad le indica.

Es más, a veces, incluso en el error, ni siquiera es conveniente advertir, pues en determinadas pruebas o circunstancias de la vida, los espíritus precisan de experiencias que han de vivir por sí mismos para aprender la lección que en otras oportunidades no entendieron y que necesitan imperiosamente comprender para su propio beneficio, a pesar incluso del dolor que conllevan estas circunstancias.

Bajo la observación de la eternidad evolutiva del espíritu inmortal, las experiencias dolorosas no son en absoluto gratuitas, son pruebas o expiaciones que debemos enfrentar y por ello, aflicciones puntuales sirven para crecer y progresar espiritualmente, saliendo fortalecidos de las mismas; más cuando estas son pasajeras, pues el tiempo de una vida es apenas un grano de arena en la infinitud de experiencias que ha de recorrer el espíritu en su camino hacia la plenitud.

«La verdadera libertad del hombre consiste en que halle el camino recto y en que ande por él sin vacilaciones.»

Thomas Carlyle – Historiador y Escritor británico (1795-1881)

Los espíritus superiores, conscientes de la realidad de la vida, de la eternidad y la inmortalidad, así como de la limitada y transitoria duración de las experiencias dolorosas, respetan enormemente el libre albedrío ante el enfrentamiento de las situaciones, intentando, eso sí, aliviar en lo posible el trance doloroso mediante sus oraciones por nosotros a lo alto, mediante el consuelo de pensamientos y sentimientos que nos fortifiquen mediante el amor que nos transmiten, pero respetando enormemente nuestras decisiones ante las circunstancias que se nos presentan.

Por ello, enlazando con la última de las propuestas enunciadas, mientras vamos saldando las deudas y creciendo espiritualmente en el amor a través de nuestra reforma moral, nuestra libertad espiritual se va ampliando. Tanto es así, que la propia ley nos permite ya, en determinados momentos, y ante nuestra buena voluntad de progreso, elegir nuestras propias pruebas antes de encarnar. Para ello hemos de haber alcanzado el mérito del arrepentimiento, la rectificación de nuestros errores y el deseo y buena voluntad de repararlos en la próxima oportunidad que se nos presente.

Es así como funciona la libertad espiritual; y con ella se amplia la libertad de pensamiento y de conciencia que podemos reclamar y solicitar en la vida física.

No obstante, si somos perspicaces nos daremos cuenta de que la libertad de pensamiento nadie nos la puede arrebatar si ejercemos nuestra capacidad de análisis y razonamiento; a no ser que nos dejemos llevar por otros, o seamos manipulados o dirigidos por creencias, modas, o circunstancias materiales que nuestros propios deseos nos imponen, exigiéndonos  a cambio la renuncia a nuestra libertad personal de pensamiento y conciencia.

Cuando hacemos esto, nos convertimos en esclavos de nuestros propios deseos, y este es el error más grave que podemos cometer si queremos ser realmente libres y dueños de nuestras decisiones, pensamientos y acciones.

Antonio Lledó Flor

©2015, Amor, paz y caridad

¿Quién es libre? Sólo el que sabe dominar sus pasiones.

Horacio (65 AC-8 AC) Poeta latino.

LA PENA DE MUERTE

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La realidad social de este comienzo de siglo, es la gran confusión en las mentes y conciencias de los hombres que les ha llevado al único objetivo de una sociedad hedonista donde todo es válido con tal de conseguir la posesión de un materialismo embrutecedor, ha generado un aumento de la violencia y la criminalidad.

Diariamente asistimos con horror a escenas terroríficas de violencia y muerte producidas por el desequilibrio humano; ante estos hechos la sociedad pretende protegerse adoptando medidas de diversa índole, una de ellas es la pena de muerte, a fin de amedrentar al posible criminal, asesino u homicida de las consecuencias de sus actos.

Demostrado está, estadísticamente hablando, que en los países que actualmente poseen legalizada la pena de muerte, la criminalidad no sólo no disminuye sino que en algunos incluso aumenta como en E.E.U.U.; este hecho nos demuestra que, ante la barbarie humana este castigo no amedrenta ni detiene de ninguna manera al delincuente.
Espiritualmente hablando, algunas veces hemos tratado el tema de la justicia humana y la justicia divina; la primera es realmente imperfecta puesto que está realizada por los hombres y el hombre como ser imperfecto no puede aplicar la justicia con perfección.

Por el contrario, la justicia divina es total y absolutamente perfecta pues se basa en la aplicación de unas leyes, igualmente perfectas, creadas por Dios para la evolución del hombre. Así pues, ante la justicia divina nadie escapa a su responsabilidad, todos somos responsables de lo que realizamos por nosotros mismos, con los atenuantes debidos en función del hecho y que son contemplados con total y absoluta objetividad e imparcialidad por estas leyes divinas. «El que siembra vientos recoge tempestades». «A cada cual según sus obras».

El hecho de que la justicia humana sea imperfecta no quiere decir que haya que prescindir de ella; esta es necesaria pues no sería posible la convivencia entre la sociedad actual. Ahora bien, una cosa es que sea necesaria y otra muy diferente es que debamos admitir aspectos que esta justicia enmarca como castigos y que son contrarios a las leyes divinas que salvaguardan la vida humana como bien preciado concedido por Dios.

Nadie tiene potestad para dar ni quitar la vida; solo Dios es el responsable de esta atribución; el hombre no puede ni debe ocupar el papel del creador. Es por ello que, la pena de muerte no es más que un gravísimo error que está adoptando el hombre, creyendo que así podrá librar a la sociedad del peligro de muchos delincuentes y que ese castigo es el que merecen por sus actos.

Si se comprendiera y se tuviera fe en la justicia divina, todo este planteamiento cambiaría pues, todo aquello que se realiza tiene su justa correspondencia, y el asesino de hoy, sufrirá las consecuencias en el mañana con un destino infeliz y una vida plagada de sufrimientos, donde experimentará en sus propias carnes todo el daño y el horror que ha hecho experimentar a otros.

Así pues, la pena que aplican los jueces para preservar el orden y la ley en la sociedad es necesaria, incluso válida para aquellos que, siendo un peligro para la sociedad por sus numerosos crímenes hayan de permanecer en prisión años y años; no obstante la pena de muerte sobrepasa los limites de las atribuciones de la justicia humana, y por ello, es un atentado y un delito cuyos responsables deberán dar cuenta el día de mañana.

Comprendiendo la vida como una oportunidad de progreso y de asimilación de experiencias, por muy duro y difícil que sea el caminar de un espíritu sobre la tierra, nadie tiene derecho a segar su vida. La justicia divina, aplicará en su momento con toda perfección y rigor el correctivo adecuado para cada espíritu, a fin de propiciar la regeneración de esos espíritus hacia el camino del bien, aunque antes deban de pasar por numerosas experiencias llenas de dolor y sufrimiento en vidas posteriores.

El mayor ejemplo del valor que tiene la vida para el hombre lo dio el propio Jesús, que supo entregar su vida para la redención humana, sufriendo la mayor de las injusticias con el fin de que su ejemplo se perpetuara en el tiempo y en las conciencias de los hombres. La vida adquiere así todo su valor y grandiosidad; aún en los últimos suspiros de su vida el maestro se dirigió al Padre pidiendo clemencia para sus verdugos: «Padre perdónalos porque no saben lo que hacen».

Es el gran don que Dios otorga al hombre; sólo EL tiene el poder y la atribución para concederla o retirarla.

Antonio Lledo Flor

©1995, Amor,paz y caridad

EL DOLOR: FÍSICO Y MORAL

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«Como toda percepción, el dolor está muy influenciado por las emociones, el ambiente y la experiencia previa, de tal manera que es algo muy subjetivo. El estado de ánimo, por ejemplo, puede influir de forma determinante en la percepción del dolor. Si una persona sufre angustia o ansiedad podrá sentir el dolor como algo verdaderamente insoportable.»

José Carlos Dávila. Dr. Biología Celular

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Hablar del dolor es algo tan recurrente, que esta breve y sencilla aportación que desarrollamos a continuación sería claramente innecesaria. Pero lo que ya no tiene tanto desarrollo y explicación, quizás porque no conocemos el origen del mismo, es la influencia que el dolor psíquico o dolor moral (como queramos denominarlo) tiene en nuestras vidas.

El origen del dolor biológico está determinado, diagnosticado y probado por los medios que utiliza la medicina en su detección, análisis y curación. Cualquier disfunción orgánica que afecta una parte de nuestro cuerpo biológico está catalogada y se ponen los remedios adecuados para que las personas puedan no sufrirlo.

Pero en lo que concierne al dolor moral o sufrimiento psicológico es mucho más difícil detectar su origen y paliar sus efectos. Y esto es debido a la poca evolución y desarrollo de la medicina en la comprensión de la mente y la conciencia; elementos dónde se originan diversas enfermedades o patologías que atormentan al paciente de forma extraordinaria al percibir los efectos de causas muchas veces desconocidas.

Con el avance del psicoanálisis y las psicoterapias, muchas personas han visto aliviarse los efectos que sus actitudes mentales desordenadas les producían. Otras han experimentado la necesidad de aliviar sus tormentos emocionales, recurriendo a los fármacos que la medicina psiquiátrica tiene ya investigados y probados y que resultan de gran ayuda en determinadas enfermedades; no para curarlas, porque todavía desconocen su origen, pero sí para aliviarlas en grado sumo.

El, cada vez mayor conocimiento de las sustancias electro-químicas que libera el cerebro a raíz de procesos mentales o emocionales perturbadores, ha permitido a la farmacología incidir directamente en los efectos que estas sustancias producen en el ánimo del ser humano y en sus perturbaciones emocionales que tanto le afectan y le hacen sufrir.

Nadie pone en duda ya que las enfermedades relacionadas con la mente y el psiquismo son las predominantes en el mundo actual. La depresión, la ansiedad, la angustia, el estrés, el trastorno bipolar y todos los tipos de neurosis,etc. proliferan hoy en día mucho más que las enfermedades cardiovasculares,el cancer o el sida. Solo en cuanto a la depresión, fueron diagnosticados en todo el mundo más de 400 MM de personas. Y además, los efectos dolorosos y de sufrimiento de estas son realmente devastadores, llegando a degenerar en otro tipo de enfermedades más graves como la esquizofrenia o la epilepsia.

“NOCICEPCIÓN: PERCEPCIÓN DEL DOLOR”. SE LOCALIZA EN EL AREA CEREBRAL CONOCIDA COMO CORTEZA CINGULAR, Y ESTA NO DISTINGUE ENTRE EL DOLOR FISICO Y EL DOLOR EMOCIONAL.

Como podemos deducir de la definición anterior realizada por los neurocientificos que estudian el cerebro; este último no distingue entre uno y otro dolor. Para nuestro ordenador principal (cerebro) el dolor de muelas es igual que el dolor que experimentamos cuando perdemos a un ser querido; se localiza en la misma área de nuestro cerebro y su intensidad y duración depende de la percepción que tenemos sobre el mismo en el momento de sufrirlo amén de la actitud mental que adoptamos frente a él.

Ante esto nos preguntamos: ¿quién experimenta y percibe el dolor? Sin duda ninguna no es el cerebro, pues existen sufrimientos psicológicos muy superiores a los físicos y está en la persona, y en su forma de experimentarlos el hecho de que el dolor persista o se reduzca.

El cerebro es únicamente el lugar o el sitio biológico donde podemos localizarlo. La prueba de lo que estamos afirmando la tienen recursos como la sugestión, el efecto placebo, la hipnosis, la psicoterapia, etc. Todas estas herramientas logran engañar a nuestro cerebro y disminuir la sensación de dolor que pudiéramos experimentar hasta incluso hacerlo inexistente, y todo ello, sin utilizar fármacos o substancias que minimicen fisiológicamente la percepción del dolor.

«Los dolores imaginarios son, con mucho, los más, reales ya que se les necesita constantemente y se inventan porque no es posible prescindir de ellos».
Emil Cioran – Filósofo y Escritor

Todo ello es la prueba evidente de que es la psique de la persona, la que siente, la que experimenta y la que percibe el dolor moral y físico. Y ahondando en esta reflexión, podemos llegar a la conclusión de que las ciencias del espíritu vienen de nuevo a auxiliarnos en el complejo conocimiento sobre el origen del dolor.

Si es la psique, mente, alma o conciencia dónde se origina el dolor psíquico, es necesario y diríamos casi una obligación, incidir en el conocimiento profundo de esta parte del ser humano para conocer cómo funciona y las causas que originan estas aflicciones. Ciencias como la psicología transpersonal está avanzando enormemente en la comprensión de las patologías mentales al estudiar al ser humano en su aspecto integral: biológico,psicológico y espiritual. Pero todavía hoy, el estudio de la conciencia y de la mente está escasamente desarrollado por los científicos actuales.

Conociendo y estudiando las ciencias del espíritu comprendemos a la perfección que las aflicciones que sufre el ser humano nunca son casuales; siempre obedecen a causas que las originan: una conducta equivocada, un pasado delictuososo que es preciso reajustar, una prueba de fortaleza que hemos solicitado superar, etc,..

El dolor aparece para despertar nuestra conciencia; para hacernos comprender la necesidad del cambio, del equilibrio espiritual, y este sólo comienza a lograrse cuando reajustamos nuestras acciones, nuestros pensamientos y nuestras emociones al diapasón de la ley del progreso y del amor que rige la evolución psíquica y espiritual del hombre.

«Dios susurra y habla a la conciencia a través del placer pero le grita mediante el dolor: el dolor es su megáfono para despertar a un mundo adormecido.»
Clive Staples Lewis – Académico de Oxford, Crítico Literario Irlandés

Aquel que se aparta de la ley del progreso y procede de forma primitiva, priorizando en su conducta el egoísmo, la violencia o los instintos más bajos, está sembrando las causas de su dolor presente y futuro. No es preciso retrotraerse a vidas anteriores para encontrar las causas del dolor en nuestras vidas; muchas veces nosotros mismos las sembramos en la vida actual y, con el tiempo, recogemos los frutos de esa siembra en forma de aflicciones, soledades, perturbaciones y angustias indefinibles derivadas de nuestro mal proceder.

En otras ocasiones «la conciencia culpable», nos pone en el ámbito del dolor al recordar, incluso de forma inconsciente, los crímenes cometidos; y ante cualquier evento en la vida psíquica o mental que haga aflorar esa situación, caemos víctimas de nuestras propias actitudes delictuosas del pasado.

La conciencia siempre permanece; nunca desaparece, guarda celosamente todo lo que hemos sido en el pasado y lo que hemos hecho. Por ello tiene el fondo de armario que amenaza con recordarnos todo aquello que ahora no sabemos o no somos conscientes de ello. Aquí bucean y extraen sus informaciones los psicoterapeutas de la mente que localizan los traumas, los conflictos inconscientes de las personas y que tanto las perturban y les hacen sufrir al desconocer por completo su causa.

Así pues, el dolor no debe ser visto como algo traumático que aparece de forma injusta en nuestras vidas. Si no existiera el dolor no tendríamos al vigilante que nos avisa de que algo no funciona bien. Si la comprensión de esto último es imprescindible en el dolor físico para acudir al médico y poner solución, en el dolor moral o psíquico es todavía más relevante. Si no somos capaces de cambiar nuestra actitud ante la vida adoptando una postura moral recta, unos pensamientos ordenados y unas emociones equilibradas, tengamos por seguro que, antes o después, aparecerá el dolor en nuestras vidas para recordarnos que no estamos actuando correctamente.

«Cada lágrima enseña a los mortales una verdad»

Platón

La terapia del amor al prójimo, y la valoración positiva de uno mismo, generan pensamientos de bien que equilibran nuestra mente. Las actitudes positivas en la vida, la paciencia, el optimismo, la esperanza en el porvenir y la gratitud, son aspectos que si los incorporamos a nuestra vida pueden ayudarnos a equilibrar nuestro estado emocional, otorgándonos paz interior, sagrado tesoro que nos liberará de las ansiedades y angustias del mundo de hoy. Y la comprensión de que la vida es un regalo y una oportunidad para crecer, experimentar y progresar, nos otorgará la comprensión de que nuestra vida tiene un sentido; que podemos trascender nuestras propias realidades, llevando nuestro paso por el mundo con dignidad y con ejemplo; dejando en definitiva nuestro legado personal, nuestra aportación a la vida.

La mejor respuesta al dolor, en algunos casos es resignación, en otros la resiliencia, y en la mayoría comprensión del porqué se sufre y qué hemos de hacer para cambiarlo. Sea como fuere, el dolor es el alguacil, es la trompeta que nos avisa de que no estamos equilibrados, ni armonizados ni sanos. Por ello, el dolor moral o psíquico, en definitiva, el dolor del alma, es el buril que pule y pone a prueba las capacidades del espíritu inmortal, para que éste sepa valorar lo bueno de la vida y la trascendencia de la misma después de la muerte. Para que de forma definitiva comprenda que nadie puede trasgredir las leyes de la creación sin exponerse a recoger los resultados de su conducta.

Estudiemos las causas del dolor y comprendamos que lejos de ser un inconveniente, es el fruto de nuestro atraso evolutivo, de nuestros defectos e imperfecciones, que nos llevan a errar y recoger el fruto del error. En la evolución espiritual, los seres que habitan en mundos más avanzados que el nuestro están exentos del dolor; únicamente por una cuestión; ya han comprendido e interiorizado que la vida tiene el propósito de progresar espiritualmente, y no pierden el tiempo en cuestiones que retardan el progreso, haciendo de la armonía, el equilibrio, la paz interior y la búsqueda de la  felicidad del alma sus principales objetivos.

Antonio Lledó Flor

©2015,Amor, paz y caridad

«Llegué por el dolor a la alegría. Supe por el dolor que el alma existe.»
José Hierro – Poeta -Premio Cervantes 1998

VALORES MEDIÚMNICOS

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Valores Mediúmnicos

Valores Mediúmnicos

En el artículo del pasado mes hacíamos referencia a la importancia del control interno en las personas, y la gran responsabilidad que conlleva una mediumnidad si se ejercita sin control alguno. Veíamos con qué facilidad la armonía o desarmonía interior afecta nuestro desenvolvimiento en la vida, a todos los niveles, mental, emocional, psicológico e incluso físico.

Si en la persona normal los efectos son importantes; el descontrol en un médium es la vía de acceso a todo tipo de fuerzas negativas que pueden llevarle a la obsesión, la perturbación e incluso a perder la existencia y la importante misión que ha traído a la Tierra al poseer una facultad.

El conocimiento espiritual, que una buena mediumnidad orientada y educada ofrece a la persona es algo extraordinario; el mundo espiritual, dependiendo de las necesidades evolutivas de cada uno, ofrece aquello que realmente precisamos para progresar más rápidamente en la Tierra, no obstante, no todo son consejos netamente espirituales los que se nos ofrecen.

Los espíritus, conscientes de nuestra realidad material, nos ayudan también a pulir nuestro carácter en aquellas cuestiones propias de la materia y de la vida, que también tienen su importancia en el desenvolvimiento humano. Aspectos tales como la delicadeza, la discreción, la prudencia y la humildad ,son pilares básicos que denotan la calidad, fiabilidad y confianza que desprende  la facultad que se nos presenta.

Desgraciadamente no abundan los médiums prudentes y humildes sino más bien al contrario; la facultad mal entendida y pero llevada, les incentiva con facilidad una vanidad que es fruto de su ignorancia, al no entender que la mediumnidad, en el mejor de los casos, se nos ha concedido para progresar, siendo la mayoría de las veces instrumento de progreso para rescatar deudas del pasado delictuoso que todavía arrastramos.

Es fácil encontrar muchos médiums con falsa humildad, a los que les gusta hacerse notar en sus facultades, pero luego públicamente renuncian a cualquier elogio, a pesar de que internamente les agrada sobremanera que les ensalcen. También es muy fácil encontrar mediumnidades que suelen pecar de imprudencia y de falta de discreción, divulgando en cuanto tienen la oportunidad todo aquello que captan desde el plano espiritual; sin verificación previa de si es conveniente o no, divulgar semejante conocimiento y desconociendo la responsabilidad que esto conlleva, amen de los perjuicios que pueden llegar a ocasionar; ya que todas las personas no están preparadas para escuchar determinadas informaciones que, lejos de ayudarlas, pueden perjudicarlas.

A menudo encontramos mediumnidades que con gran facilidad nos indican lo que el plano espiritual está esperando de nosotros, lo que debemos hacer o no hacer, lo que fuimos en existencias anteriores, etc… Mucho cuidado con esto, ya que la mediumnidad auténtica, la más clarividente, la de mayor conocimiento espiritual tiene por norma principal la prudencia y la discreción, pues es consciente de que el conocimiento espiritual no es algo gratuito, sino que a veces, siendo verdadero, es preciso callarlo, pues la persona puede verse condicionada por este conocimiento, y la responsabilidad en estos casos recae exclusivamente en el MÉDIUM que ha facilitado irresponsablemente esta información.

Así pues, este valor de la prudencia y el de la discreción, son auténticas joyas espirituales que aúnan el conocimiento espiritual del médium con su grado de espiritualidad.

Cuando se conoce a personas con grandes facultades mediúmnicas es fácil que destaque la humildad y la prudencia, por lo que las facultades más importantes apenas pasan desapercibidas, mientras que aquellos que alardean de sus facultades pueden aparecer ante nuestros ojos como grandes médiums, pero poco o nada podrán compararse con aquellos otros que hacen de la humildad,  la prudencia y el amor al prójimo, la base de su trabajo mediúmnico.

Hay un aspecto que es preciso destacar en las grandes mediumnidades, y este es su capacidad de sufrimiento interior, su capacidad de amor y de renuncia hacia el prójimo. Este es el caso de aquellas facultades que, teniendo acceso a conocimientos espirituales profundos de las demás personas, y sabiendo que en algún momento cualquier detalle de nuestro pasado podría ayudarnos a encauzar más rápidamente nuestra existencia, antes de hacernos saber este conocimiento, consultan al plano espiritual la conveniencia de esta divulgación, y a veces, a pesar del deseo de ayuda que les mueve, el plano espiritual no aconseja el hacer consciente a la persona necesitada de ese conocimiento, lo que el médium ha de guardar para sí mismo, sufriendo muchas veces internamente al no poder divulgar esos detalles que con gran facilidad permitirían un progreso más rápido en su camino evolutivo.

Estas y otras cuestiones de importancia, de las que solamente son conscientes internamente estas grandes facultades, les determinan una conducta a seguir basada en la humildad, la tolerancia, la discreción y la prudencia como norma básica de comportamiento.

Si a estos VALORES MEDIÚMNICOS, le añadimos la delicadeza como expresión sublime del espíritu sensible, amoroso y caritativo; tendremos la mediumnidad que ha alcanzado un grado moral y espiritual difícil de conseguir en nuestro planeta. A pesar de ello, existen grandes mediumnidades en nuestro mundo, y siendo difícil encontramos con alguna que reúna estas características, hemos de comentar que aunque pocas, las hay, y donde menos esperamos, es allí dónde puede encontrarse esta mediumnidad, cuyo ejemplo impresionará más que su facultad, cuyas palabras serán las justas en el momento adecuado para cada persona y cada circunstancia.

Valores Mediúmnicos por: Antonio Lledó Flor

©2015, Amor,paz y caridad

INDIVIDUO, SOCIEDAD E INMORTALIDAD

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¿Es el individuo la finalidad de la sociedad o un mero instrumento de ella?

Si nuestra contestación a esta pregunta es creer que somos instrumento de la sociedad, deberemos renunciar a nuestra libertad e individualidad y trabajar para la sociedad. Pero si pensamos lo contrario, la sociedad no debería imponer sus patrones de conducta y sí transmitir el sentido de libertad a todos aquellos que forman parte de la misma.

Desde la época del pacto social y posteriormente el contrato social (Siglo XVIII), en el que se aceptó la renuncia a una parte de nuestra libertad individual para poder convivir en sociedad y beneficiarnos todos de la estructura del estado, las leyes han intentado regular la convivencia marcando límites.

Pero como es bien sabido, las leyes son imperfectas, muchas veces injustas y en otras ocasiones hasta represivas o castradoras de la libertad del ser humano. Son necesarias para la convivencia en paz, pero ni así pueden garantizar la misma, como vemos a diario en todo el mundo en sociedades que, no carentes de legislación, se encuentran en guerra.

El dilema hay que trasladarlo desde la norma (leyes) al individuo (actor social), que es el que, con sus pensamientos, sentimientos y acciones moldea la realidad y conforma la sociedad en base a la acción de relacionarse con los demás. No obstante, la auténtica realidad es que al final, la sociedad casi siempre acaba por absorber al individuo. Ante esto, cabe preguntarse ¿qué podemos hacer si queremos seguir manteniendo nuestra libertad, nuestra individualidad y no caer sometidos ante las costumbres, modas, convencionalismos y manipulaciones perniciosas de las ideas políticas o de otra índole?

Sin duda, cualquier cambio social que se pretenda ejecutar debe partir desde el interior de la persona. Esto se demuestra fácilmente puesto que la sociedad tiende a ser estática, no promueve el cambio, no facilita la revolución interna del individuo que daría lugar a la transformación externa de la sociedad.

El observador perspicaz se da cuenta de que la estructura actual de la sociedad se está desintegrando rápidamente, y todo ello ocurre porque la sociedad impone una educación, una estructura social en la que nos convertimos todos en imitadores del patrón que se nos indica como correcto, sea este social, religioso, político, etc. No hay espacio para nuevas estructuras, para nuevos cambios que logren crear nuevos paradigmas de valores y edificar sobre nuevos cimientos más sólidos, más fraternos, más igualitarios y más justos.

Esta tarea puede hacerse si se produce la revolución interna que muchos individuos ya están llevando a cabo en sus vidas; no obstante todavía hoy persiste el culto al líder; la creencia de que los que nos dirigen pueden cambiar las cosas. Nada de esto último es cierto. El cambio no viene de arriba hacia abajo, sino desde el interior de la persona hacia los demás, en la relación continua que tienen los individuos y que es la base de la sociedad. Una relación que, debido al esfuerzo personal por alcanzar mayor libertad individual y de conciencia, irá conformando las nuevas relaciones en base a mayor fraternidad y solidaridad.

En contra de lo que pueda parecer a simple vista, el liderazgo es un factor de desintegración social, como lo es también el conformismo, la comodidad y la imitación, que nos hace aceptar los patrones existentes, rígidos, estáticos y que no pretenden modificar nada en absoluto; pues los que los diseñan y los imponen son los mismos que se benefician del sistema únicamente para su egoísmo personal.

La lucha por la libertad individual, la libertad de conciencia, la libertad de pensamiento y de acción, se ve amenazada cuando caemos en este conformismo malsano, en la imitación de los patrones «políticamente correctos», en la trampa del «pensamiento único». El ser humano no es únicamente un «animal social», es sobre todo y por encima de todo, un ser trascendente, inmortal, capaz de modificar con su pensamiento, su conducta y su actuación, cualquier estructura social si se lo propone. Ejemplos en la historia hay numerosos en ese sentido.

«Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas.»
Milton Friedman – Economista e Intelectual Norteamericano

Abramos los ojos al respecto; vayamos rescatando nuestra libertad de pensar, de actuar y de sentir realizando esa revolución interna por mejorar, por ser diferentes, por afirmar nuestra personalidad en base a las leyes de la justicia y la fraternidad. Esta última es la cualidad más importante de todo contrato social; es la que nos equipara a todos iguales, como hijos de Dios, como seres eternos, en permanente evolución y cambio, en constante transformación.

Sea cual sea nuestra perspectiva; considerar la inmortalidad del ser como el elemento clave de la evolución humana abre nuestra visión de la realidad: nos proyecta por encima de las sociedades y las civilizaciones,  abre nuestra mente hacia la realidad de nuestro destino inmortal y nos impele a trabajar por el bienestar y la felicidad de nuestros semejantes. Además nos otorga la paz interior que precisamos al actuar con una conciencia recta, con sentido del deber y con el trabajo incesante por ser una de las partes que contribuyan con su revolución interna y su transformación moral, al mejoramiento de la sociedad en general.

La sociedad actual  está en crisis y desmoronándose en muchos aspectos; pero existen otras, estables y seguras, justas y solidarias, como las que se desarrollan en planetas más avanzados que este al que pertenecemos. Y precisamente, el inicio de la descomposición social, es la antesala de hacia dónde nos dirigimos: un nuevo orden social al que llegaremos a no tardar; cuando después del derrumbe de esta sociedad se produzca el cambio de ciclo planetario que llama a la puerta para la construcción de nuevas civilizaciones. Renovadas sociedades que permitirán al hombre equilibrar su esfuerzo personal con el colectivo, a fin de lograr la sociedad de la nueva era, en el que todos juntos aportemos nuestro esfuerzo en la misma dirección.

Esta visión del individuo, como ser pensante, ser inmortal y trascendente, nos hace colocar a la sociedad en el lugar que ocupa: el marco de las relaciones que facilitan las experiencias múltiples que, vida tras vida, necesita el hombre para progresar.

«Las bases espirituales de la sociedad son eternas; en cambio, todas las fuerzas sociales, políticas y económicas son transitorias.»
Nicolás Berdiaeff – Filósofo Ruso

Las sociedades son casi siempre el reflejo de las conductas de los individuos que las forman, e incluso las legislaciones son igualmente el espejo de las conductas morales o inmorales, justas o injustas, que predominan en la sociedad. Si el individuo cambia y efectúa la revolución interna de la que hablamos, la sociedad cambiará con él indefectiblemente.

Somos responsables de este cambio, pues a nosotros nos ha tocado vivir aquí y ahora; deberíamos pues preguntarnos:¿qué hago yo por mejorar la sociedad de la que formo parte? ¿cuál es mi actitud hacia los que me rodean?¿de qué forma puedo contribuir con mi esfuerzo de renovación y reforma interna para mejorar mi entorno social? ¿Es lícito emplear cualquier método para cambiar la sociedad, o únicamente es válido el que propugna nuevos valores, nuevos cimientos, nuevas estructuras basadas en la solidaridad, la igualdad y la fraternidad?

Si contestamos honestamente y con responsabilidad a estas preguntas, estaremos en el camino del cambio, de la transformación, demostrando con ello no sólo nuestras miras de buen entendimiento para con el prójimo, sino también nuestra madurez psicológica al aceptar la parte de la responsabilidad que nos corresponde.

Si por el contrario nos dejamos llevar por la comodidad, siendo dóciles al pensamiento que se nos inculca, al líder que promete la felicidad, a las ideas que nos mantienen atados al inmovilismo y a la educación coercitiva que nos impele a no pensar; estaremos contribuyendo firmemente al mantenimiento de una sociedad injusta, insolidaria e infame que potencia los valores del egoísmo y la renuncia a la libertad personal.

Antonio Lledó Flor

©2015, Amor,paz y caridad

«Si la base de las relaciones sociales fuera el amor, tendríamos orden, paz y felicidad entre nosotros»
Jiddu Krishnamurti, Filósofo y Pensador

LO INEVITABLE Y SU RESPUESTA: «MORIR, RENACER Y VIVIR»

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Lo inevitable y su respuesta: "Morir, renacer y vivir"

«Cierta es la muerte para los nacidos Y cierto el nacimiento para los muertos; Por consiguiente, uno no debe lamentarse por lo inevitable.»

Bhagavad Gita

En esta frase sobre lo inevitable de la muerte y de la vida humana, encontramos la explicación a lo que representa la vida del ser; la actitud necesaria con la que debemos afrontar la muerte de nuestros seres queridos, y la afirmación de la inmortalidad de la vida que todos llevamos en nuestro interior.


«Nacer, morir, renacer y progresar siempre, tal es la ley»

Allan Kardec -Codificador de la Filosofía Espiritista

En esta otra, el maestro Allan Kardec eleva a rango de ley la continuidad de la vida después de la muerte y el regreso de nuevo a la tierra mediante la reencarnación; para seguir viviendo, experimentando, creciendo intelectual y moralmente. Para rescatar deudas del pasado y acrecentar nuestro futuro inmediato y nuestro destino en condiciones de mayor plenitud y felicidad, desterrando el sufrimiento de nuestro camino evolutivo.

Efectivamente, la vida es tan inevitable como la muerte y precisamente en este sentido el destacar la vida como una dádiva, como un regalo, o como algo que nos permite ser y existir debería llevarnos a valorarla, apreciarla y plantearnos que es lo que nosotros podemos hacer por la vida y no que es lo que la vida tiene que darnos. El sentido de la vida es precisamente la gran clave de la felicidad del ser humano; pues sino somos capaces de entender que somos seres trascendentes y que la vida tiene un propósito, estaremos abocados al vacío existencial, auténtica lacra de la sociedad actual y fuente inagotable de suicidios y desprecios por la vida en todo el planeta.

Las últimas investigaciones de la ciencia sobre la vida también tienen mucho que decir en estos últimos años; tanto es así que, una nueva disciplina científica como el Biocentrismo, aboga por revertir los términos de la vida y el universo; y basándose en los avances de la física cuántica, replantean los términos en el sentido de que el universo conocido no originó la vida; sino que es la vida la que forma, crea la realidad y origina el universo conocido así como los universos paralelos que la física cuántica está descubriendo.

Pero esto no es todo; según apuntan estos científicos, el concepto de muerte es un producto de nuestra conciencia; y así como el universo, el tiempo y el espacio sólo existen como meros instrumentos de nuestra mente, la muerte no existe en un sentido real. Creemos en la muerte porque nos identificamos con nuestro cuerpo físico y sabemos que los cuerpos físicos mueren; pero nuestra vida al morir se convierte en «una flor perenne que vuelve a florecer en el multiuniverso». El Dr. Robert Lanza es uno de los pioneros del Biocentrismo y este investigador afirma poder probar que existe la vida después de la muerte; y que esta última no existe de la manera en cómo la percibimos.

Todo esto no hace más que confirmar la inmortalidad del ser humano; se enfoque el asunto bajo la perspectiva científica, espiritual, psicológica, filosófica o religiosa. Son tantos los argumentos que se vierten en este sentido que, la descreencia en el más allá de la vida y en el azar y el vacío después de la muerte, se encuentra en franco retroceso a medida que avanza la ciencia de la física cuántica, y sobre todo, con los recientes estudios sobre la mente y la conciencia que en estos últimos años están abordando eminentes neurocientíficos, psiquiatras e investigadores en las más avanzadas universidades del mundo.

¿Existe una división entre Vida y muerte?. Sin duda la vida, para todos nosotros es un proceso de continuidad; en el que nos identificamos en nuestra propia memoria (recuerdos), en las experiencias que vivimos, en las luchas que sostenemos. Por ello tratamos de unir el concepto opuesto de la muerte para relacionarlo con la vida, con la continuidad de la misma, y de aquí surge la creencia en el más allá, en la continuidad de nuestro ser. Tristemente no nos interesa saber lo que es la vida, la cual incluye a la muerte, únicamente queremos continuar siendo y existiendo y no terminar de ser.


«Creamos en la reencarnación, o en cualquier otra forma de continuidad del ser, siempre intentamos unir lo conocido a lo desconocido, establecer una relación entre pasado y futuro….; nuestro principal deseo consiste en saber cómo unir la vida y la muerte»

Jiddu Krishnamurti – Filósofo – en su libro «La Libertad primera y última»

Muerte y Vida, son aspectos de un mismo espectro que tiene como punto de partida a todos los seres animados e inanimados que pueblan los universos que conocemos y aquellos otros que no conocemos. Y en cuanto al hombre, el principio inteligente del universo (alma o espíritu) es el que anima y dota de vitalidad a los seres humanos, mientras que los animales, vegetales e incluso minerales tampoco se encuentran exentos de esa energía anímica, psíquica, que les dota de vida en sus diferentes estados. Este principio fluidico, bioenergético o bioplasmático, no es otra cosa que el FCU (fluído cósmico universal) que da origen a la vida en todos los universos físicos y espirituales.

No existe el vacío en el universo (como también demuestran los astrofísicos en esta última década al comenzar a conocer las propiedades de la materia oscura), porque todo está impregnado de vida, de energía que fluye y se manifiesta de forma diferente en cada ámbito. Es por ello que los estudiosos de la conciencia y de la física cuántica coinciden en afirmar que todo en el universo está conectado; que una partícula subatómica separada de otra a enorme distancia, reacciona a los cambios de esta última sin que aparentemente exista conexión alguna entre ellas. Lo mismo ocurre con nuestra conciencia y nuestra psique, capaz de abordar lo inabordable, algo totalmente impensable para nosotros, según demuestra Stan Groff en sus ensayos sobre psicología transpersonal.

La muerte efectivamente no existe, sólo existe la vida, cuyo origen espiritual se encuentra en la Causa Primera e inteligencia suprema a la que pobremente llamamos Dios, que no tiene forma, que no podemos abarcar, ni comprender ni estudiar. Y la vida se abre paso a través de los mundos, las galaxias, las constelaciones y los universos del macrocosmos y microcosmos que estamos descubriendo. La vida nadie puede detenerla; y el espíritu humano; obra cumbre de la vida, es la pieza elevada de la misma. Por ello, cuando nuestro envoltorio biológico termina y se deteriora, nuestro ser inmortal sigue viviendo, manifestándose en otros planos y dimensiones, hasta que, nuevamente, se le ofrece la oportunidad de volver a entrar en la vida física, en una nueva experiencia en la carne, para aprender, crecer, corregir y avanzar en su progreso evolutivo.

A esto último se le denomina reencarnación; y cómo bien dice Allan Kardec en la cita mencionada arriba, esta circunstancia no es aleatoria, es una ley consolidada en el universo espiritual, instituida por el creador de la vida para que el hombre vaya alcanzando cada vez más desarrollo y perfección, hasta llegar un momento en que por él mismo pueda contribuir a crear más vida, más conciencia, participando junto a Dios de ese gran acontecimiento único y sublime que denominamos como Creación.

Por consiguiente, y volviendo al principio del artículo, muerte y vida son procesos inevitables del ser, algo que no podemos modificar pues constituye una realidad incuestionable. La esperanza y el consuelo viene de la continuidad de la vida, pues esta es una certeza en todo el universo conocido, y aún más allá; en todos los universos desconocidos que actualmente estudia la ciencia.

Todo es vida, y la muerte no es más que la circunstancia que transforma una forma de vida en otra, sin que ello suponga el cese de la misma. Y en lo que respecta al hombre, esta vida continúa eternamente en diversos ciclos evolutivos de reencarnación, en otras dimensiones espirituales, en otros mundos físicos, etc.. porque no es el cuerpo lo que permanece sino la conciencia, el ser inmortal, el espíritu, el que progresa y evoluciona hacia formas más perfectas de vida y de crecimiento personal.

Lo inevitable y su respuesta: «Morir, renacer y vivir» por: Antonio Lledó Flor

©2015, Amor,paz caridad

«La fuente de todas las miserias para el hombre no es la muerte, sino el miedo a la muerte.»

Epicteto de Frigia (55-135) Filósofo grecolatino.

EQUILIBRIO Y CONTROL

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Equilibrio y control

El mes pasado analizábamos algunos aspectos perjudiciales que afectan a los médiums y a aquellos que se encuentran en contacto con el mundo espiritual de forma directa o indirecta.

En el artículo que hoy iniciamos hablaremos de dos aspectos que son fundamentales a la hora de luchar contra los que mencionábamos del fanatismo, el endiosamiento, la vanidad, la fascinación, etc… Estos dos aspectos no son otros que el equilibrio y el control interno del ser humano; o más bien en este caso del médium.

Si bien el conocimiento del espiritismo nos aclara las dudas acerca de cómo ordenar y educar nuestra facultad mediúmnica, no es menos cierto que la experiencia personal, el autoconocimiento y la práctica mediúmnica tienen que ser los pilares básicos que nos ayuden a conocernos interiormente a fin de conseguir este equilibrio y control interno del que hablamos.

¿Por qué es necesario y en qué consiste el equilibrio interno? El equilibrio interior es importantísimo, pues a través del mismo estaremos en las debidas condiciones psíquicas, mentales y físicas que nos permitan un buen contacto con el mundo espiritual, alejados de perturbaciones o influencias malsanas que pueden ser producidas por el desequilibrio emocional, mental o físico.

Decimos que la persona se encuentra equilibrada cuando además de tener dominio sobre sí misma, domina también su mente y sus emociones. En los médiums el equilibrio es, no sólo necesario, sino imprescindible para realizar una buena labor espiritual. Cuando el médium tiene una base moral que sustenta sus actuaciones y acompaña la misma con conocimientos espirituales suficientes para realizar su labor tendrá más facilidades para conseguir el equilibrio interno.

Hoy en día comprobamos cómo, con suma facilidad, las influencias exteriores del mundo materialista que nos envuelve, suelen desequilibrar a las personas de distintas formas, mental o psicológicamente. Las pasiones materiales y las tendencias egocéntricas que abundan por doquier, además de los vicios sociales o materiales (alcohol, tabaco, drogas, etc…) son fuentes de desequilibrio y descontrol.

La armonía psico- física es el elemento ideal para alcanzar un estado interior de serenidad y fortaleza que nos será muy útil y beneficioso en nuestro trabajo espiritual como médiums y en nuestra vida diaria.

Cuando alcanzamos este equilibrio interior, casi nada puede perturbarnos; pues estamos controlando la situación que nos afecta en ese momento. Esto es un trabajo importante y difícil de conseguir de un día para otro, pero debe ser una de las premisas que nos propongamos diariamente, pues, aunque poco a poco las circunstancias que nos rodean puedan llegar a desequilibrarnos, hemos de aprender en esas situaciones como debemos controlarnos a fin de no dejarnos llevar por nuestras tendencias perniciosas o estados pasionales descontrolados.

Como hemos comprobado el control interior es el segundo de los aspectos que, unido al equilibrio interior, nos ayudará sobremanera en nuestra vida diaria haciéndola más feliz y venturosa. El control emocional es un aspecto importante que no todos los espíritus encarnados son capaces de lograr, controlar nuestras emociones y nuestra mente dirigiéndolos siempre hacia el bien es un trabajo arduo y constante; diariamente hemos de trabajar en ello por medio del autoanálisis que nos permitirá conocernos mejor y erradicar de nosotros esas tendencias negativas que nos perturban y nos desarmonizan.

A menudo comprobamos que muchos médiums carecen del equilibrio y el control necesario para llevar adelante con éxito una facultad. Esto es fuente de numerosos problemas, pues, además de dejarse llevar por sus estados desarmónicos internos, con frecuencia exteriorizan ese descontrol en sus facultades; cayendo en estados de trance descontrolados en los que son presa fácil de los espíritus frívolos, burlones o negativos.

A veces ocurre también que, faltos del conocimiento y la educación mediúmnica necesaria, se dejan llevar por los fluidos que notan, que sienten, sin controlarlos mínimamente; y con ello ofrecen auténticos espectáculos circenses que perjudican notablemente la imagen del espiritismo; presentando una sensación de desagrado, de sufrimiento innecesario que, lejos de ayudar, perjudica y crea rechazo en quien observa este fenómeno.

En esto último también influyen la ignorancia y la vanidad del médium, creyendo erróneamente que, cuanto más teatral o sensacional resulte su trance, más importancia tiene como médium y más credibilidad tendrá ante los demás. Aquellos que poseen profundos conocimientos espirituales, saben perfectamente que, el médium debe controlar los fluídos, sus sensaciones, las aproximaciones de los espíritus a su periespíritu. Y, además de ello, debe tener un buen contacto con su protección, que le permita desarrollar bien su trabajo, siguiendo las instrucciones de ésta, alcanzando el autocontrol, e impidiendo, si así lo desea, que cualquier espíritu pueda dominar su materia en contra de su voluntad.

Resumiendo, el equilibrio espiritual y el control interno del médium, nos llevará a la armonía precisa y necesaria para desarrollar nuestro trabajo con éxito; ayudados siempre por el mundo espiritual superior, amen de proporcionarnos una vida humana más feliz y esperanzadora, al cumplir con acierto nuestro compromiso espiritual en la tierra.

Equilibrio y control por: Antonio Lledó Flor

©2015 Amor, paz y caridad

«…Los médiums imperfectos moralmente, y que no se enmiendan, son, tarde o temprano, presa de malos espíritus, que a menudo los conducen a su ruina, y a las mayores desgracias aún en este mundo»

Allan Kardec en el libro ¿Qué es el espiritismo?