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NIVELES DE LA MENTE

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Niveles de la mente

Niveles de la mente

Una vez más, reiteramos a la manera de introito, la necesidad imperiosa de imponer una disciplina a la mente, sobre todo cuando se aspira a transitar por el camino de la mediumnidad y alcanzar los objetivos superiores que su práctica puede suministrar, puesto que se trata de un mecanismo psíquico regulado por la disciplina, lo que implica todo un ordenamiento, un método, un sistema de trabajo que es imposible de ser postergado por improvisaciones circunstanciales que se alejan de la verdadera razón a perseguir.

La mente desacostumbrada al orden sufre la pérdida de valiosa energía que es utilizada en cosas fútiles e intrascendentes, puerta abierta a cualquier tipo de influencia, distante de aquellas otras, las superiores, que siempre habrán de inducir al bien, al trabajo, al progreso de cualquier naturaleza.

Las construcciones mentales cuando se originan en una mente disciplinada, educada dentro de los parámetros exigidos, es portadora de una fuerza creativa trascendente que bien puede conducir al bien general, puesto que los gestos de iluminación que recibieron poetas, músicos, escultores, literatos, inventores, etc. lo hicieron en determinados momentos en que su mente, formada en el hábito de la concentración alcanzaba niveles donde las ideas superiores predominan y a su entorno, las portaban en sí, enriqueciendo y sublimando al espíritu humano con bellezas muchas veces ni imaginadas en el mundo que les era común, que los rodeaba…

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Alinéate, consciente, a aquellos constructores del futuro, hoy presentes a tu lado, pero que ayer trabajaron en profundidad en la educación mental, al principio con simples ejercicios de meditación para lograr el éxtasis, desde donde se convirtieron con facilidad, en puentes sólidos entre los dos planos de la vida: el espiritual y el material…

 

(Extaído de la obra “DEL MAESTRO AL DISCÍPULO”. Capítulo 45: Niveles de la mente. Obra dictada por el espíritu de Cosme Mariño, a través de la psicografía de Juan Antonio Durante. Publicado por: Livraria Espírita Alvorada Editora).

ORACIÓN Y ACCIÓN

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Oración y acción

Oración y acción

“La acción, cuando es buena, es una oración sin palabras y contiene todas las filosofías, ideologías y todas las religiones”. Vicente Ferrer

Sin duda ninguna, la oración es uno de los recursos más importantes que tiene el ser humano a su alcance para renovar sus fuerzas y energías morales, mentales y espirituales. Hoy día, eminentes investigadores en el campo de la neurología confirman la actividad neuronal que se activa en el cerebro cuando se ora con fe y se eleva el pensamiento a Dios.

No solo los registros procedentes de las tomografías computerizadas del cerebro que demuestran la actividad neuronal luminiscente que tiene lugar en el cerebro cuando se está orando, sino también las evidencias comprobadas de liberación de las sustancias bioquímicas, como la serotonina, dopamina, etc., que producen los neurotransmisores y son distribuidas por la corriente sanguínea, generando bienestar y serenidad.

El Dr. Richard Davidson, uno de los mas eminentes neuro-psicólogos del planeta, después de numerosas investigaciones en su laboratorio afirma que «un cerebro sano es un cerebro bondadoso». Esta evidencia contribuye todavía más a certificar el hecho de que la bondad, entendida como actitud mental, no es solo una regla moral, sino eminentemente una cuestión terapéutica que beneficia nuestra salud psicológica, mental y biológica. 

En la misma medida, la oración sentida de agradecimiento a Dios, de petición o de adoración, produce efectos parecidos. Sin embargo, cuando la actitud mental de la oración se convierte en una rutina sin sentimiento, en una mera formulación gramatical, pierde toda su fuerza y su sentido, no consigue su propósito y tampoco alcanza el objetivo que pretendemos. 

“Hablar con humildad de nuestras necesidades a Dios es también una oración. No usemos fórmulas sino el sentimiento”

El sentimiento, la intención, la sumisión, la adoración y el agradecimiento sincero y efectivo que surge del corazón hacia el Creador son el mejor combustible capaz de llegar a lo más alto y conseguir así el propósito más inesperado. Cuando se ora con sentimiento la criatura siempre es escuchada, y sus peticiones son atendidas en base a su condición espiritual y a la planificación, pruebas o expiaciones con las que vino a la Tierra.

Por otra parte, la oración monótona sin sentimiento sirve de bien poco, y mucho menos si no va acompañada de acción en el bien, es decir, de obras. Así podemos afirmar que la voluntad y el trabajo puestos al servicio del bien pueden mucho más que cualquier oración o rezo mecánico sin sentimiento. El progreso del alma humana se consigue mediante obras, con amor al prójimo y a uno mismo, y con entrega desinteresada y fidelidad a Dios y a sus leyes justas y perfectas.

En el mundo actual, las distracciones materiales, la ignorancia de la realidad espiritual, el predominio de vicios y pasiones degradantes llevan al hombre por un camino equivocado de infelicidad y amargura. Desea la felicidad, pero la confunde con el placer, siendo este último efímero y desconociendo que la felicidad sobreviene de nuestro interior, al tratarse de un estado del alma. Un estado en el que la paz, la serenidad y el bienestar predominan cuando el alma se reconoce cumpliendo sus deberes y compromisos y tiene la conciencia tranquila en base a su forma de comportarse y actuar con los demás y consigo mismo.

 “El despertar del espíritu después de la muerte, con una conciencia tranquila, es de las más bendecidas concesiones de Dios que podemos recibir”

Buscar la felicidad en las cosas exteriores, en acaparar objetos, riquezas, títulos u honores no es más que engañarse a uno mismo. Se pueden tener momentos de placer y bienestar más o menos prolongados, pero nunca un estado exultante de paz y bienestar permanente como el que procede del  alma cuando alcanza los objetivos y cumple con los deberes que ha traído a la Tierra. Esto acontece así porque no somos un cuerpo con un alma, sino un alma con un cuerpo. Y es precisamente nuestra alma o espíritu inmortal la que experimenta, siente, vive y percibe los estados por los que transitamos, reflejando en nuestro cuerpo el bienestar o malestar de nuestras decisiones acertadas o equivocadas, de nuestros pensamientos nobles o ruines, de nuestras emociones tóxicas o sentimientos elevados.

Es el Alma la que vive, la que siempre vive, antes de venir a la Tierra, durante la vida física y después de dejar este mundo, ya que al ser de naturaleza espiritual es inmortal, como su creador, y se encuentra en un proceso milenario de perfeccionamiento y elevación hacia la plenitud y felicidad completa.

En ese trayecto de muchas vidas y milenarias vivencias de todo tipo poseemos libre albedrío y voluntad propia; podemos decidir. Pero somos responsables de nuestras decisiones. Y en ese recorrido del Alma, la oración y la acción en el bien tienen una importancia capital. 

“Para el bien, la acción es más que la intención; para el mal la intención es más que la acción” Proverbio Castellano 

Educando nuestra mente en pensamientos nobles y nuestra voluntad en practicar el bien mediante un esfuerzo personal por ayudar a nuestros semejantes en cada instante, con una sonrisa amable, con atención fraterna, con sencillez y humildad y sin ostentación, conseguimos los objetivos que nuestra alma se propuso antes de bajar a la Tierra; sean cuales fueren, pues hablamos de la actitud correcta que debemos cultivar para alcanzar la paz interior y el bienestar que nos aguarda.

Todo esto nos permite avanzar día a día, conquistando valores morales sin apenas darnos cuenta, pues al convertir el bien a los demás en un hábito llega un momento en que lo haremos automáticamente, formando parte de nuestra vida cotidiana y desarrollando aspectos como la renuncia personal, la entrega desinteresada, y sin apenas darnos cuenta.

La fe entendida como una actitud dinámica y no dogmática proporciona recursos de resiliencia ante las dificultades, de autoestima y esperanza y, sobre todo, de confianza en Dios y su justicia. Esto es algo importantísimo, que nos llena de serenidad, al comprender que no estamos solos y que, cuando nuestra determinación es firme en el trabajo del bien, de la transformación moral y la entrega al prójimo, las fuerzas de lo alto retribuyen nuestros anhelos y esfuerzos con mayor cantidad de providencias y energías a nuestro favor, en justa reciprocidad con la ley de causa y efecto y de sintonía y afinidad.

“Todo lo que sube a Dios en forma de oración, baja luego a nosotros en forma de bendición”

Esto último es importantísimo, pues si nuestra acción noble se perpetúa como hábito de conducta, nuestro clima psíquico se modela y cambia hacia una elevación del patrón vibratorio que nos caracteriza, atrayendo no solo a los buenos espíritus que conectan con mayor facilidad con nosotros y pueden ayudarnos mejor, sino también sintonizando con energías y vibraciones elevadas que modificarán y mejorarán, no solo las condiciones psíquicas de nuestra alma, sino incluso las energías electromagnéticas que nuestro periespíritu imprime en las células biológicas, dando lugar al restablecimiento de la salud y la remoción de aquellas zonas deterioradas energéticamente en nuestro cuerpo periespiritual.

Con esta actitud de acción y fraternidad permanente, en cada acto, en cada pensamiento, en cada intención, todo viene, todo se cumple y todo se ofrece, pues vibramos permanentemente en un estado que atrae por sintonía las fuerzas y energías espirituales que precisamos para el ejercicio de la auténtica acción en el bien. En esos momentos recibimos la inspiración, la ayuda y el auxilio, si es preciso, de espíritus que vibran en el amor y en el bien y que desean colaborar en aquello en lo que son especialistas: El amor al prójimo desinteresado.

Ocurre igualmente que, ejercitando como hábito la fraternidad, las pruebas y las expiaciones propias y ajenas pueden ser enfocadas de formas muy diferentes, perdiendo su carácter traumático y abrumador para convertirse en obstáculos temporales (Todo Pasa). Estas aflicciones se pueden superar con resignación dinámica, con aceptación y comprensión del sufrimiento, aumentando así la resiliencia y fortaleza de nuestro carácter. No hay mal que dure eternamente ni prueba que no pueda superarse con las fuerzas de las que disponemos. Dios no coloca a nadie en la Tierra con un desafío imposible de superar; pues las leyes divinas tienen como objetivo nuestra reeducación y progreso moral.

“Entrégate a Dios, no temas, porque si Él te pone en la lucha, ciertamente no te dejará solo para que caigas” – San Agustín

También en esos momentos de entrega a los demás nuestra propia actitud se convierte en una oración, pues al amar a los demás, vemos a Dios en ellos y estamos amando al Creador. Así pues, Oración y Acción en el bien junto a la confianza irrestricta en Dios son recursos de los que disponemos para alcanzar la felicidad que nos está destinada, superando los obstáculos, pruebas y dificultades que la vida nos presenta de continuo.

Si somos capaces de valorar estos dos recursos, junto a una fe dinámica puesta en acción del bien, ejerciéndolos con profusión e incorporándolos en nuestras vidas como hábitos saludables, el paso por la Tierra será más agradable y feliz. Consecuentemente, experimentaremos la alegría del trabajo bien hecho y del cumplimiento de nuestro compromiso espiritual cuando retornemos a la patria espiritual, de la que todos procedemos y a la que volvemos incesantemente una y otra vez después de nuestro periplo carnal.

Oración y acción por:Redacción

©2021, Amor, Paz y Caridad

“Empieza a orar por otros y el amor de Dios llenara tu corazón”

LA LEYENDA DE LA SERPIENTE Y EL SABIO

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La serpiente y el sabio

La leyenda de la serpiente y el sabio

Cuentan las tradiciones populares de la India, que existía una serpiente venenosa en cierto campo. Nadie se aventuraba a pasar por allá, recelando el asalto. Más un santo hombre, al servicio de Dios, buscó la región, más confiado en el Señor que en sí mismo. La serpiente lo atacó, irrespetuosa. Pero, él la dominó con la mirada serena y habló: –Mi hermana, es de ley que no hagamos daño a nadie.

La víbora se recogió, avergonzada. Continuó el sabio su camino y la serpiente se modificó completamente.

Buscó los lugares habitados por el hombre, como deseosa de reparar antiguos crímenes. Se mostró integralmente pacífica, pero, desde entonces, comenzaron a abusar de ella. Cuando le identificaron la sumisión absoluta, hombres, mujeres y niños le daban pedradas. La infeliz se recogió en su cueva, desalentada. Vivía afligida, amedrentada, desanimada.

Pero, he aquí que el santo regresó por el mismo camino y decidió visitarla. Se asombró, observando esa tamaña ruina. La serpiente le contó, entonces, la amarga historia. Deseaba ser buena, afable y cariñosa, pero las criaturas humanas la perseguían y apedreaban.

El sabio pensó, pensó y respondió después de oírla: –Pero, mi hermana hubo una equivocación de tu parte. Te aconsejé que no mordieses a nadie, que no practicases el asesinato y la persecución, pero no te dije que evitases asustar a los malos. No ataques a las criaturas de Dios, nuestras hermanas en el mismo camino de la vida, pero defiende tu cooperación en la obra del Señor. No muerdas, ni hieras, pero es necesario mantener al perverso a distancia, mostrándoles los dientes y emitiendo tus silbidos.

(La leyenda de la serpiente y el sabio. Extraído del capítulo 20.- Defensas contra el mal; de la obra LOS MENSAJEROS, por el espíritu André Luiz, psicografíado por Francisco Cándido Xavier. Federación Espírita Brasileña).

ENCRUCIJADA

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Encrucijada

Encrucijada

Te encuentras ante una nueva encrucijada y una vez más, no sabes qué rumbo tomar.

Muchas veces te inspiramos, teniendo como premisa la necesidad de respetar tus opciones y no fueron pocas las veces que mantuvimos el silencio, a fin de que tu elección fuera quizá la más acorde con tus pensamientos y sentimientos del momento.

Hoy, sin dejar de respetar tu voluntad  ni avasallar tus propias responsabilidades, te pedimos que escuches a tu corazón, quien seguramente, habrá de dictarte la trayectoria a seguir…

Por otro lado, él, tu corazón, muchas veces salió herido de las refriegas y  no obstante, con el tiempo, es claro, demostró su capacidad de perdonar o mejor, de olvidar que para el caso es lo mismo.

Reflexiona, profundamente, sobre esta nueva prueba a la que te enfrentas y evalúa cuanto a la importancia que tendrá para ti, el paso a dar.

Por nuestra parte, en ésta como en cualquier circunstancia difícil que te encuentres, siempre estaremos a tu lado, orando al Cristo por tu legítima determinación…

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(Extaído de la obra “DEL MAESTRO AL DISCÍPULO”. Capítulo 2: Encrucijada. Obra dictada por el espíritu de Cosme Mariño, a través de la psicografía de Juan Antonio Durante. Publicado por: Livraria Espírita Alvorada Editora).

PRECURSORES DE LA VERDAD

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Precursores de la verdad
Jacques-Louis David - La muerte de Sócrates

Precursores de la Verdad

Sin duda ninguna, en la historia del pensamiento universal brillan con luz propia algunos nombres que ofrecieron al mundo la más preclara intuición de la verdad y el bien. En nuestra cultura occidental destacan principalmente los principios filosóficos y éticos de Sócrates, Platón y Aristóteles. Aunque tampoco hemos de olvidar la influencia manifiesta del pensamiento pitagórico.

Pitágoras, además de matemático y filósofo, fue un místico extraordinario que aprendió los arcanos y doctrinas esotéricas de los grandes misterios griegos, egipcios y caldeos. Tanto es así que personalmente vivió en Egipto para aprender de los hierofantes (sacerdotes iniciados) de los templos y recaló en Mesopotamia para alcanzar y vislumbrar las secretas prácticas de los magos caldeos y los herederos de la doctrina secreta de Zaratustra.

«Una vida no es más que una anilla en la larga cadena de la evolución del alma»

Pitágoras – S. VI a.C

Después de ese largo periplo donde conoció los conceptos principales de las leyes que rigen el mecanismo de la inmortalidad del alma, la reencarnación y las relaciones entre el mundo espiritual y material, profundizó notoriamente en el conocimiento de la mente y sus implicaciones en la realidad de la vida y del universo. En esto último tuvo la mejor escuela donde aprender: los herederos de la doctrina de Hermes Trismegisto; aquel iniciado de hace tres mil años ya afirmaba:

«Todo es Mente. El Universo es Mental»

Esta frase podría ser aceptada hoy día en pleno siglo XXI sin ningún problema por multitud de hombres de ciencia. Los físicos, la identificarían con el orden implícito de David Bom o la Teoría M y de supercuerdas, donde el Universo es un gran holograma donde las partículas materiales más pequeñas son energía en vibración. Los psicólogos nos hablarían del inconsciente colectivo Junguiano. Los filósofos de la ciencia acuñarían el término de «Pansiquismo» (Todo es Mente). Y algunos psicólogos traspersonales hablarían igualmente de «Panespiritismo» (Todo es Alma). Los biólogos cuánticos se referirán al gran campo electromagnético que otorga la vida a los seres animados y que surge del gran campo universal que todo lo penetra e impregna en el Universo.

Estos y muchos otros ejemplos dan la medida de hasta qué punto el concepto materialista de la vida y el Universo está obsoleto si nos referimos a la compresion de la realidad. La materia ya no es la causa sino el efecto, y además está subordinada a la energía, de donde todo surge y se transforma hasta adquirir las cualidades que diferencian las distintas formas de vida y de organización material, celular o energética.

Los filósofos y sabios de la antiguedad ya tenían este conocimiento sin la necesidad de recurrir a las demostraciones empíricas o mensurables de la ciencia. Lo que vuelve a poner de manifiesto que no es la evidencia empírica la base de la verdad y la realidad, sino la observación de los hechos, la argumentación de los mismos y las experiencias. Hoy, la ciencia basa sus argumentos en probabilidades demostradas por la matemática (la única ciencia inmaterial que procede de la mente humana, y como tal es una abstracción). ¿Acaso los números son una realidad?; ¿o unos símbolos creados por la mente humana que combinados nos permiten constatar la realidad, aunque esta no pueda probarse empíricamente?.

Pitágoras ya sabía de esto, y por ello, la aplicación de sus conocimientos matemáticos, filosóficos y espirituales no distaban entre sí más que la manera de implementarlos, partiendo de un mismo origen: La Mente humana inmaterial y espiritual procedente de la Mente Creadora o Fuerza Universal llamada Dios.

Y si seguimos la estela del esclarecedor y brillante pensamiento de estos precursores, llegamos a Sócrates, auténtico maestro del pensamiento filosófico occidental encarnado en su discípulo Platón, y posteriormente continuado por Aristóteles. Entre las muchas cosas que podemos destacar de Sócrates, sin duda tenemos su capacidad de argumentar acerca de los grandes problemas de la vida, justificando con absoluta racionalidad sus postulados.

Pero, sin duda, una de las características más notables del ateniense fue una cualidad muy en desuso hoy día: «Ser consecuente con sus enseñanzas», hasta el punto de que le llevaron a la muerte, condenado injustamente a beber la cicuta pero afrontando la sentencia con estoicismo y claridad, para no subvertir la Ley que él siempre había defendido con ardor. De ahí que, cuando sus discípulos asaltaron la cárcel y abrieron sus puertas para liberarlo, él se negó a ello por principios al afirmar: «Prefiero sufrir la injusticia a cometerla».

Es, sin duda, antes del advenimiento de Jesús, el mayor ejemplo de autoridad moral conocido en el mundo occidental; capaz de entregar su vida por defender la verdad, la justicia y el bien. Estos aspectos guiaron su conducta y su actitud durante su vida, coronados con la famosa frase que hacía referencia a la sabiduría: «El hombre sabio es el hombre virtuoso». Sócrates colocó la referencia moral de la búsqueda de la virtud como el paradigma de la sabiduría.

De ahí que, cuando en el Fedón, Platón describe el diálogo que mantiene Sócrates con sus discípulos en la cárcel sobre la inmortalidad del alma, estamos asistiendo al mas bello argumento filosófico sobre la trascendencia del espíritu después de la muerte que nadie haya escrito. Debemos recordar que Sócrates no escribió nada, y, al igual que posteriormente con Jesús, sabemos de sus enseñanzas por sus discípulos como Platón o historiadores como Jenofonte, que lo conocieron y fueron sus contemporáneos.

Sin duda ninguna, tanto Pitágoras como Sócrates fueron precursores de una verdad mayor que tuvo como culminación la llegada del Maestro de Galilea, que plasmó los conceptos de verdad de los precursores con sus propias enseñanzas en el código moral más elevado que nunca haya conocido este planeta. Y, como Sócrates, refrendó la autoridad moral de sus enseñanzas con el sacrificio de su propia vida, ejemplificando en sus experiencias en la Tierra el código moral que predicaba basado en el Amor y el Perdón.

No podemos olvidar que con el paso del tiempo las enseñanzas vertidas desde lo alto sufrieron tergiversaciones, manipulaciones interesadas y el oscurantismo propio del dogma, el poder humano y la ambición material. Por ello, el mensaje del Maestro de galilea tenía que ser revisado y colocado en la pureza con la que Él mismo lo expandió durante su venida a la Tierra.

Era difícil que ningún hombre después de Jesús pudiera arrogarse la autoridad moral de revisar sus enseñanzas y volverlas a explicar con la lucidez y el esplendor que lo hizo el rabí de galilea. Por ello no fueron los hombres, sino los espíritus, aquellos que le acompañaron desde el espacio en su trayectoria terrestre, los que expusieron con claridad los significados reales de las parábolas, los contenidos excelsos del código moral del maestro que ellos conocían desde que los plasmó en la Tierra.

Y esta fue una labor encomendada a Allán Kardec. El maestro lionés pudo y supo recoger de la enseñanza de los espíritus el auténtico cristianismo primitivo, sin dogmas, sin prejucios, sin tergiversaciones, con la simplicidad y sencillez con la que Jesús lo explicaba, exento de ritualismos y simbologías materiales, puro y profundo a la vez; liberador y ejemplificante siempre. En la obra «El Evangelio Según el Espiritismo», encontramos las claves de la reconstrucción del cristianismo primitivo tal y como las enseñó Jesús. Por ello, y solo por esto,  Allán kardec también puede ser considerado como un precursor de esta verdad majestuosa que el Maestro trajo a la Tierra.

Fue la sublimación y puesta en práctica del mayor ejemplo para la liberación de la ignorancia y la comprensión de la verdad a la que el hombre podría aspirar en base a su nivel evolutivo. Con ello, el Maestro Galileo enseñó el camino hacia la felicidad y la erradicación del sufrimiento, invitándonos a seguir su ejemplo y tomándolo como referencia y modelo de vida.

Precursores de la Verdad por: Redacción

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

«Conoceréis la verdad y la Verdad os hará libres»
Jesús de Nazaret

¿EN QUÉ CONSISTE LA INGRATITUD?

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¿En que consiste la ingratitud?

¿En qué consiste la ingratitud?

La ingratitud es un defecto detestable, hijo del egoísmo, que consiste en el olvido de los beneficios recibidos; y tal suele ser la perversidad del ingrato, que en ocasiones llega hasta el extremo de aborrecer a su propio bienhechor. Por eso, con razón dice un adagio que el que no es agradecido no es bien nacido.

Nada es más odioso, ni más injusto, ni más insociable, que esta criminal pasión. Desconocer los beneficios recibidos, anuncia una insensibilidad o una injusticia y vileza extraordinarias. Los ingratos pueden compararse con bastante propiedad a los malos deudores que temen y huyen de encontrarse con sus acreedores por temor de que les recuerden las deudas

La envidia, el orgullo y la vanidad son en general, los verdaderos manantiales de la ingratitud. El favorecido, si es orgulloso teme que su bienhechor ponga tan alto precio a sus beneficios que no pueda satisfacerlos. El sultán Bayaceto II dio la muerte a su visir Acomath. que le había asegurado en el trono y aumentado considerablemente su imperio, porque se hallaba imposibilitado de recompensar dignamente los servicios que Acomath le había hecho. Por igual razón Calígula dio la muerte a Macrón, a quien le debía el imperio.

A la envidia deben atribuirse las frecuentes injusticias e ingratitudes del público para con aquellos que le han proporcionado grandes bienes o grandes descubrimientos, y de cuyas injusticias nos ofrece la Historia numerosos ejemplos. Los hombres de talento han sido siempre cruelmente perseguidos y castigados en pago de los servicios prestados a sus contemporáneos, quienes se han visto obligados a esperar de la posteridad, más equitativa y justa (tal vez porque no existe para ella el objeto que motivara la envidia o los celos de sus antecesores), la recompensa y la gloria que merecían los talentos y virtudes de aquéllos.

¿Y debemos hacer bien a los ingratos? Sí; pues el despreciar la envidia y el prescindir de la ingratitud arguye un corazón noble y mucha grandeza de ánimo. Es necesario hacer bien a tales gentes, para su mayor confusión y vergüenza. Es preciso que el hombre benéfico se contente solamente con la aprobación de los hombres de bien; y aunque esta aprobación llegara también a faltarle, debe contentarse con la satisfacción que le proporciona su conciencia; teniendo presente que la virtud más acrisolada consiste en hacer el bien por el bien mismo.

Aunque la honradez o probidad se aplica a todos los órdenes de la vida, cuando se refiere al cumplimiento de las promesas se la designa con el nombre de fidelidad, que es la virtud opuesta a la ingratitud.

El hombre honrado tiene como ley el cumplir lo prometido, aun en las cosas más triviales, porque cuando se falta a la fidelidad en las cosas pequeñas pronto se acostumbra uno a ser infiel en las grandes. Para un corazón honrado, la fidelidad es cosa sagrada; no hay necesidad, terror ni seducción que le haga ser infiel.

Lección 8.  Faltas que se originan del egoísmo; 97. ¿En qué consiste la ingratitud? De la obra: COMPENDIO DE MORAL UNIVERSAL O HUMANA por Don FABIÁN PALASÍ.

LA BREVEDAD DEL TIEMPO

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La brevedad del tiempo

La brevedad del tiempo

Siempre es oportuno disponerse a trabajar en el bien y para el bien, si tenemos en cuenta la multitud de minutos que conforman horas que derrochamos en la inutilidad, perdiendo en sí, valiosas ocasiones de laborar en aras de todo aquello que nos ayude a ascender.

En la rutina a la que se ajusta, el hombre malgasta energías en sensaciones o emociones que lo dejan sumido en un gran vacío y sin nada productivo en su favor, y lo que es más trágico, en detrimento de su prójimo…

Es preciso saber administrar el tiempo con precisión cronométrica, para que éste rinda con resultados maravillosos que conformarán las grandes acciones sobre la faz de la Tierra.

En cuestión de segundos, El Cristo sació a la multitud materializando panes y peces; en escasos segundos, la explosión nuclear interrumpió miles de preciosas vidas…

En apenas unos segundos, la vida física cobra valor ante el nuevo nacimiento y en la brevedad de un relámpago, el fuego acaba con la vida animal y vegetal, destruyéndolo todo…

En muy pocas horas se levantan enormes edificios, verdaderas maravillas de la tecnología y en breves instantes, ciudades enteras son condenadas a escombros, como consecuencia de poderosos sismos…

… Y así procede la vida material en su paso renovador, sin tener necesidad de grandes espacios de tiempo para crear o destruir. Por ello es preciso saber utilizarlo, porque ignoras cuántos segundos necesitará el ángel de la muerte para silenciar tus labios y cuántas horas harán falta para que comprendas la realidad de la vida espiritual, a la que puedes llegar en unos instantes, sin haberlo imaginado y lo que es peor aún, sin haberte preparado para ello.

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(Extaído de la obra “DEL MAESTRO AL DISCÍPULO”. Capítulo 35: La brevedad del tiempo. Obra dictada por el espíritu de Cosme Mariño, a través de la psicografía de Juan Antonio Durante. Publicado por: Livraria Espírita Alvorada Editora).

SENTIDO DEL DEBER

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El sentido del deber

El sentido del deber

 

«El hombre honrado es el que mide un derecho por su deber»

 Henri Dominique Lacordaire – Escritor y Político

En una sociedad tan materializada como la que vivimos, donde la búsqueda del placer inmediato se confunde con la felicidad, todo aquello que supone esfuerzo para alcanzar un objetivo o que tenga un sentido de responsabilidad o del deber es obviado y esquivado para no tener que hacer frente a la dificultad de conseguirlo. 

Aquellas sociedades modernas que no priman el esfuerzo y solamente la consecución de lo inmediato como satisfacción personal y fugaz, dan lugar a generaciones irresponsables e inmaduras psicológicamente. La prueba de ello es que una educación que no abogue por la disciplina y la cultura del esfuerzo no permite entender adecuadamente el valor de lo que se consigue. Por ello muchos jóvenes, educados en la total y absoluta falta de esfuerzo, porque todo les viene dado, cuando llegan a la madurez presentan tres rasgos de su personalidad tremendamente perturbadores.

En primer lugar, habituados a conseguir todo sin esfuerzo, cuando no alcanzan lo que quieren de forma inmediata caen en una frustración que les lleva a la depresión subsiguiente. Para escapar de esa frustración algunos optan por las fugas psicológicas, algo que encuentran en las adiciones como las drogas, el alcoholismo, el sexo promiscuo y descontrolado, etc. Y en tercer lugar, su falta de madurez psicológica no les permite aceptar responsabilidades por miedo a no estar capacitados para desempeñarlas, o por el probable fracaso que pudiera darse. 

«Lo fácil lo hace todo el mundo, lo difícil es lo que verdaderamente tiene mérito»

Esa falta de madurez les impide comprometerse seriamente, tanto con personas (relaciones afectivas) como con las responsabilidades en un trabajo, etc., siempre y cuando no se vean obligados a ello. Comprobamos atónitos cómo desde todos los foros y movimientos sociales, políticos e incluso ideológicos, son multitud los que reclaman sus derechos (algo que parece adecuado y necesario), pero escasamente vemos la reclamación del cumplimiento de deberes, que todo ciudadano tiene para con la sociedad por el simple hecho de formar parte de la misma. 

Todo derecho que no lleva consigo un deber, no merece que se luche para defenderlo. (Mahatma Gandhi)

El sentido del deber apenas cuenta. Las personas sin madurez psicológica adolecen de la falta de responsabilidad necesaria para enfrentar sus obligaciones sociales, económicas, personales o de relación. Y en la juventud es especialmente grave al hacer recibido una educación permisiva, exenta de disciplina y de culto al esfuerzo y el mérito. Se cree que tenemos derecho a todo y ninguna obligación, y precisamente del equilibrio entre derechos y deberes, tanto sociales como personales, salen las sociedades maduras con indivíduos responsables capaces de enfrentar los retos y las dificultades con éxito.

Cuando los indivíduos son irresponsables o imaduros, cualquier dificultad es apartada, no enfrentada, y los obstáculos se multiplican, llegando a crear problemas enormes, cuando podrían haberse resuelto fácilmente con un poco de responsabilidad, asumiendo cada cual la parte de esfuerzo que le corresponde en la solución.

«Somos responsables, no culpables. La responsabilidad llega con la madurez psicológica cuando se tiene conciencia del deber que se ha de realizar» 

Este análisis puede ser llevado igualmente al aspecto espiritual. Todos cuando reencarnamos venimos con una hoja de ruta a desarrollar. Y en esa planificación espiritual previa los deberes son el compromiso adquirido con nuestra propia conciencia; un compromiso de progreso y evolución que debe llevarnos al equilibrio y la armonía interior, a la felicidad. Pero para ello debemos cumplir con lo que hemos planificado y aceptado, y eso indudablemente exige esfuerzo, trabajo y servicio. 

La comodidad de la materia es el primer obstáculo con el que se encuentra el espíritu a la hora de enfrentar sus responsabilidades espirituales. Las sensaciones groseras, los atavismos primitivos heredados de nuestro pasado y las tendencias perturbadoras que llevamos en nuestro interior derivadas de los errores cometidos y que tomaron hábito en nuestra alma, son la primera barrera que debemos enfrentar. 

El deber por hacer las cosas bien hechas no está exento del error; pero lo importante es la intención y el sentido de cumplir con aquello que nuestro espíritu inmortal se propuso antes de venir a la Tierra, con el fin de progresar y dejar atrás las etapas de sufrimiento y dolor. En el ejercicio noble y el cumplimiento de nuestras obligaciones espirituales el alma humana crece, se desarrolla, se fortalece ante la adversidad, se prueba a sí misma en sus límites y capacidades. 

«No hay fase en la vida, pública o privada, libre de deberes». Cicerón – Filósofo y Político Romano, s. I a. C.

Por ello, el cumplimiento del deber que traemos esculpido en la conciencia no es más que beneficioso para nuestro presente y, sobre todo, para el futuro que nos aguarda. Cuando no se es consciente de esto, el deber se observa como una carga y no como un medio de crecimiento y madurez espiritual.

Si reflexionamos sobre esto, en los distintos planetas en los que el espíritu desarrolla sus experiencias, comprobamos que en los mundos de regeneración no es preciso recordar a nadie cuál es su deber para con la vida, la sociedad y su propia conciencia. En estos mundos se es consciente de la necesidad de progreso espiritual, y las leyes no ejercen ninguna función coercitiva sino educadora, aún más en el caso del olvido de las responsabilidades aceptadas y de los compromisos asumidos. En estas sociedades el sentido del deber alcanza su mayor prestigio y necesidad, al comprender que los obstáculos en el camino del progreso se van superando, y siempre aparecen nuevos retos y desafíos que exigen nobleza y valentía en la observancia de nuestras responsabilidades.

«Si haces lo que no debes, deberás sufrir lo que no mereces.» Benjamin Franklin (1706-1790). Estadista y científico estadounidense.

También el libre albedrío tiene su importancia en el sentido del deber, pues sin este último, el discernimiento de lo que debemos hacer o cumplir se nubla y tomamos decisiones equivocadas a la hora de elegir. Decisiones que con frecuencia nos causan sufrimiento o estancamiento espiritual.

El sentido del deber viene igualmente unido al valor e importancia del trabajo y del mérito. Las leyes divinas, en su absoluta justicia, valoran notablemente el mérito y el esfuerzo que se realiza en el adelanto moral, y en base a ello dan “a cada uno según sus obras». 

«La justicia de las leyes de Dios premian el mérito del esfuerzo, la renuncia y la abnegación en el cumplimiento del deber, colocando a cada cual en el lugar y el momento que merecen y necesitan para su futura felicidad»

Y al respecto de la Justicia de la que hablamos, el equilibrio que nuestra conciencia alcanza entre lo que debemos hacer y lo que realmente hacemos nos concede paz y bienestar psicológico, físico y espiritual, siempre y cuando cumplamos con el deber espiritual que traemos comprometido. Podríamos concluir diciendo que el sentido del deber, lejos de ser una carga, es el impulso necesario para el progreso en aquellos espíritus que han alcanzado una pequeña lucidez.

El sentido del deber por: Redacción

©2021 Amor, Paz y Caridad

«Cumplamos nuestros compromisos y abracemos sin ambages la felicidad y la paz que se derivan de una conciencia tranquila que ejerce sus deberes a satisfacción»

¿QUÉ ES EL ORGULLO?

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¿Qué es el orgullo?

¿Qué es el orgullo?

El orgullo es el defecto de aquellos que se estiman en más de lo que valen, poniendo su personalidad sobre la de los demás. Esta pasión se caracteriza por la confianza absoluta que el orgulloso tiene en su propio mérito, creyendo que se basta a sí mismo para todo. Son también manifestaciones del orgullo: la arrogancia, la altivez, la soberbia, el desdén, etc.

El defecto o vicio del orgullo proviene de que las personas egoístas, en lugar de relacionar su bien y el de los demás a las ideas de lo bueno, lo bello y lo perfecto, que son el tipo y la medida de las cosas humanas, comparan los méritos entre sí, tomándose ellos mismos como punto de comparación; de suerte que, como sus propios méritos se hallan más próximos y les son conocidos, les parecen mucho mayores que los de sus semejantes que se hallan más distantes y no los conocen tanto. Por eso, sin duda, se dice que el orgulloso tiene ojos de lince para distinguir sus buenas cualidades, y ojos de topo para ver las de sus semejantes. En cambio, reconoce en los demás cualquier defecto, por insignificante que sea, y no distingue los suyos por muy patentes y abultados que estén. Para estos, sin duda, más que para nadie, son las palabras de Jesús de Nazaret: “Veis la paja en el ojo ajeno y no distinguís la viga en el vuestro”.

La exageración del amor propio, la soberbia, no siempre se presenta con un mismo carácter. En los hombres de temple fuerte y de entendimiento sagaz, es orgullo; en los flojos y poco avisados, es vanidad. Ambos tienen un mismo objeto, pero emplean medios diferentes. El orgullo sin vanidad tiene la hipocresía de la virtud; el vanidoso tiene la franqueza de la debilidad. Lisonjead al orgulloso, y rechazará la lisonja, temeroso de dañar a su reputación haciéndose ridículo; de él se ha dicho, con mucha verdad, que es demasiado orgulloso para ser vano. En el fondo de su corazón siente viva complacencia en la alabanza; pero sabe muy bien que éste es un incienso honroso mientras el ídolo no manifieste deleitarse en el perfume; por esto no os pondrá jamás el incensario en la mano, ni consentirá que le hagáis ondular demasiado cerca. Es un dios a quien agrada un templo magnífico y un culto esplendoroso; pero manteniéndose el ídolo escondido en la misteriosa obscuridad del santuario”. (Capítulo XXII; El Orgullo; de la obra El Criterio, del filósofo y teólogo Jaime Balmes).

El orgullo y la vanidad, como hijos del egoísmo, suelen coexistir en sus principios; pero las más de las veces, el uno de estos vicios engendra al otro, y ambos se fortalecen mutuamente. Propio de este vicio, cuando no se funda en el mérito personal ni en la virtud, sino en las riquezas o empleos, el que se levante tanto sobre los inferiores como se arrastra vilmente en presencia de los superiores. Parece como si el orgulloso quisiera desquitarse de la humillación que tuvo que sufrir ante los poderosos.

El orgullo y la vanidad se combaten ejercitándonos en la virtud de la modestia pero sin caer en la hipocresía de esta virtud; esto es, en la falsa modestia, que es el grado más alto de vanidad; pues hace que el hombre vano u orgulloso no parezca serlo, y que aparente poseer la virtud opuesta al vicio que le caracteriza.

Lección 8. Faltas que se originan del egoísmo; 96. ¿Qué es orgullo? De la obra: COMPENDIO DE MORAL UNIVERSAL O HUMANA, por Don FABIÁN PALASÍ

EXPERIENCIAS Y CONOCIMIENTO

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Experiencias y conocimiento

Experiencias y conocimiento

Cada día que se inicia, de la misma forma que cada día que fenece, resultan en una valiosa oportunidad de aprendizaje para la mejor conducción de la vida material, cuya importancia para el alma es tan trascendente que se aleja del mundo de las formas, para prevalecer en el de las ideas.

Cada página que se llena del libro de la vida, permanece con tinta indeleble, relatando para el futuro el historial de cada Espíritu, grabando así las múltiples experiencias que lo conducen a la elevación o lo mantienen, retenido, en los acontecimientos menos felices que no permitieron su avance.

Si el ser encarnado tuviera una visión clara de la reencarnación, desprovista de ideas utópicas y de vanidades nada constructivas, habría de apostar a un mejor aprovechamiento de su estadio en la materia, que no pasa de ser un enriquecimiento para él mismo o una lamentable experiencia fracasada, podría ser más consciente de esa dádiva de la divinidad hacia la criatura, que distrae y derrocha su tiempo sin alcanzar a medir su valor, en atender más a los llamados del instinto que de la razón…

Por ello es imprescindible profundizar en el contenido de la Doctrina Espiritista, rica en revelaciones cuanto a la vida después de la vida, de la reencarnación y sus sabios mecanismos que actúan en concordancia con la Justicia Divina, revelaciones proporcionadas por los legítimos protagonistas de la vida, que son los Espíritus inmortales…

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Busca, pues, comprender cuán importante es el valor de los minutos que conforman tu existencia terrena a fin de que mañana, de regreso a la vida espiritual, no tengas que lamentar el tiempo perdido en cuestiones intrascendentes que maniataron tus pies, impidiéndote avanzar…

(Extaído de la obra “DEL MAESTRO AL DISCÍPULO”. Capítulo 44: Experiencias y conocimiento. Obra dictada por el espíritu de Cosme Mariño, a través de la psicografía de Juan Antonio Durante. Publicado por: Livraria Espírita Alvorada Editora).

LA LEY DE DIOS

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La ley de Dios

La ley natural es una ley inmutable que abarca todo el universo y lo rige. Esta ley nos ayuda y orienta para poder alcanzar la plenitud del espíritu, reconociendo toda Su obra.

La evolución del espíritu está marcada por el cumplimiento de la ley divina y regida por el amor;  ese amor capaz de cambiar a los seres que viven en los mundos de la Creación.

*1 ¿Qué debe entenderse por la ley natural?

«La ley natural es la ley de Dios y la única verdadera para la felicidad del hombre. Le indica lo que no debe hacer, y no es infeliz sino cuando se aparta de ella.»

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Nos enseña a realizar un trabajo interior para poder comprender y equilibrar correctamente las emociones, lo que ayuda a evolucionar a nuestro espíritu.

Reconocer la ayuda de Dios en cada momento de nuestra vida, nos da la fortaleza para aprender a acometer correctamente las pruebas que se nos presentan en la vida, mediante un continuo aprendizaje en la evolución hacia Dios.

*2 ¿La ley de Dios es eterna?

«Es eterna e inmutable como el mismo Dios.»

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En el espíritu reside el amor hacia los demás, palabras que Jesús nos dejó en las Bienaventuranzas: «Sin Humildad y Caridad no hay salvación». Con estas palabras nos transmite la unidad del espíritu con la materia, reflejando todo lo creado por Dios.

Todo va unido en la búsqueda de la verdad, tal y como nos enseñó Jesús: «La verdad os hará libres». Libres en pensamiento, voluntad y respeto, para juzgarnos antes de juzgar, ver la viga de tu ojo antes que la paja en el del otro… son palabras mayores que nos pueden ayudar en el camino hacia la verdad, siendo sinceros con nosotros mismos, buscando siempre el razonamiento y siguiendo las leyes de Dios.

 Paqui Silvestre

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

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*1: Referencia a la pregunta 614 del Libro de los Espíritus de Allan Kardec, capítulo primero, ley Divina o natural de las leyes morales.

*2: Referencia a la pregunta 615 del Libro de los Espíritus de Allan Kardec, capítulo primero, ley Divina o natural de las leyes morales.

¿QUÉ ES EL EGOÍSMO?

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¿Qué es el egoísmo?

El egoísmo es un exagerado o excesivo amor de sí mismo, en cuyo defecto incurren aquellos que consideran su bienestar y felicidad desligados de la dicha de los demás, y que sólo de ellos mismos deben ocuparse.

El amor propio no es inmoral en su esencia, puesto que el amor de sí mismo está en nuestra propia naturaleza y es condición necesaria de nuestra existencia; pero cuando ese amor es exagerado puede ser peligroso para la armonía social, ya que, al atender exclusivamente a nuestro bien y comodidad, no hacemos por los demás lo que ellos hacen por nosotros.

El egoísta se considera el centro de la creación y piensa que los demás seres están solamente para servirle. No es que tenga la conciencia de lo que vale, pues esto sería laudable, sino que está en la creencia de que su YO debe estar sobre todo. Muchos moralistas afirman que del egoísmo nacen todas las malas pasiones, y, bien considerado, quizá no les falte razón para asegurarlo.

Se ha dicho también por algunos que los niños son egoístas: esto no es enteramente cierto. El egoísmo es casi siempre un vicio adquirido, nacido de una educación defectuosa; y en la mayoría de los casos proviene de la imprevisión y ceguedad de los padres, que miman y aplauden excesivamente a sus hijos por cualquier adelanto u ocurrencia que tengan, creyéndolos pequeños prodigios que han de asombrar al mundo con sus talentos.

Los caprichos y travesuras no reprimidas y las alabanzas desconsideradas envanecen a los niños y van formando su carácter, de tal modo, que empiezan por ser los pequeños tiranos de la casa y acaban por ser grandes egoístas.

El egoísmo es una pasión destructora del orden social, y suele manifestarse en diferentes grados: vanidad, orgullo, soberbia, etc. Estos vicios o defectos se combaten con el altruismo, sentimiento noble que consiste en vivir para los demás y sacrificarse por sus semejantes.

Lección 8.  Faltas que se originan del egoísmo; 93. ¿Qué es el egoísmo? De la obra: COMPENDIO DE MORAL UNIVERSAL O HUMANA por Don FABIÁN PALASÍ