SENTIDO DEL DEBER

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El sentido del deber

El sentido del deber

 

“El hombre honrado es el que mide un derecho por su deber”

 Henri Dominique Lacordaire – Escritor y Político

En una sociedad tan materializada como la que vivimos, donde la búsqueda del placer inmediato se confunde con la felicidad, todo aquello que supone esfuerzo para alcanzar un objetivo o que tenga un sentido de responsabilidad o del deber es obviado y esquivado para no tener que hacer frente a la dificultad de conseguirlo. 

Aquellas sociedades modernas que no priman el esfuerzo y solamente la consecución de lo inmediato como satisfacción personal y fugaz, dan lugar a generaciones irresponsables e inmaduras psicológicamente. La prueba de ello es que una educación que no abogue por la disciplina y la cultura del esfuerzo no permite entender adecuadamente el valor de lo que se consigue. Por ello muchos jóvenes, educados en la total y absoluta falta de esfuerzo, porque todo les viene dado, cuando llegan a la madurez presentan tres rasgos de su personalidad tremendamente perturbadores.

En primer lugar, habituados a conseguir todo sin esfuerzo, cuando no alcanzan lo que quieren de forma inmediata caen en una frustración que les lleva a la depresión subsiguiente. Para escapar de esa frustración algunos optan por las fugas psicológicas, algo que encuentran en las adiciones como las drogas, el alcoholismo, el sexo promiscuo y descontrolado, etc. Y en tercer lugar, su falta de madurez psicológica no les permite aceptar responsabilidades por miedo a no estar capacitados para desempeñarlas, o por el probable fracaso que pudiera darse. 

“Lo fácil lo hace todo el mundo, lo difícil es lo que verdaderamente tiene mérito”

Esa falta de madurez les impide comprometerse seriamente, tanto con personas (relaciones afectivas) como con las responsabilidades en un trabajo, etc., siempre y cuando no se vean obligados a ello. Comprobamos atónitos cómo desde todos los foros y movimientos sociales, políticos e incluso ideológicos, son multitud los que reclaman sus derechos (algo que parece adecuado y necesario), pero escasamente vemos la reclamación del cumplimiento de deberes, que todo ciudadano tiene para con la sociedad por el simple hecho de formar parte de la misma. 

Todo derecho que no lleva consigo un deber, no merece que se luche para defenderlo. (Mahatma Gandhi)

El sentido del deber apenas cuenta. Las personas sin madurez psicológica adolecen de la falta de responsabilidad necesaria para enfrentar sus obligaciones sociales, económicas, personales o de relación. Y en la juventud es especialmente grave al hacer recibido una educación permisiva, exenta de disciplina y de culto al esfuerzo y el mérito. Se cree que tenemos derecho a todo y ninguna obligación, y precisamente del equilibrio entre derechos y deberes, tanto sociales como personales, salen las sociedades maduras con indivíduos responsables capaces de enfrentar los retos y las dificultades con éxito.

Cuando los indivíduos son irresponsables o imaduros, cualquier dificultad es apartada, no enfrentada, y los obstáculos se multiplican, llegando a crear problemas enormes, cuando podrían haberse resuelto fácilmente con un poco de responsabilidad, asumiendo cada cual la parte de esfuerzo que le corresponde en la solución.

“Somos responsables, no culpables. La responsabilidad llega con la madurez psicológica cuando se tiene conciencia del deber que se ha de realizar” 

Este análisis puede ser llevado igualmente al aspecto espiritual. Todos cuando reencarnamos venimos con una hoja de ruta a desarrollar. Y en esa planificación espiritual previa los deberes son el compromiso adquirido con nuestra propia conciencia; un compromiso de progreso y evolución que debe llevarnos al equilibrio y la armonía interior, a la felicidad. Pero para ello debemos cumplir con lo que hemos planificado y aceptado, y eso indudablemente exige esfuerzo, trabajo y servicio. 

La comodidad de la materia es el primer obstáculo con el que se encuentra el espíritu a la hora de enfrentar sus responsabilidades espirituales. Las sensaciones groseras, los atavismos primitivos heredados de nuestro pasado y las tendencias perturbadoras que llevamos en nuestro interior derivadas de los errores cometidos y que tomaron hábito en nuestra alma, son la primera barrera que debemos enfrentar. 

El deber por hacer las cosas bien hechas no está exento del error; pero lo importante es la intención y el sentido de cumplir con aquello que nuestro espíritu inmortal se propuso antes de venir a la Tierra, con el fin de progresar y dejar atrás las etapas de sufrimiento y dolor. En el ejercicio noble y el cumplimiento de nuestras obligaciones espirituales el alma humana crece, se desarrolla, se fortalece ante la adversidad, se prueba a sí misma en sus límites y capacidades. 

“No hay fase en la vida, pública o privada, libre de deberes”. Cicerón – Filósofo y Político Romano, s. I a. C.

Por ello, el cumplimiento del deber que traemos esculpido en la conciencia no es más que beneficioso para nuestro presente y, sobre todo, para el futuro que nos aguarda. Cuando no se es consciente de esto, el deber se observa como una carga y no como un medio de crecimiento y madurez espiritual.

Si reflexionamos sobre esto, en los distintos planetas en los que el espíritu desarrolla sus experiencias, comprobamos que en los mundos de regeneración no es preciso recordar a nadie cuál es su deber para con la vida, la sociedad y su propia conciencia. En estos mundos se es consciente de la necesidad de progreso espiritual, y las leyes no ejercen ninguna función coercitiva sino educadora, aún más en el caso del olvido de las responsabilidades aceptadas y de los compromisos asumidos. En estas sociedades el sentido del deber alcanza su mayor prestigio y necesidad, al comprender que los obstáculos en el camino del progreso se van superando, y siempre aparecen nuevos retos y desafíos que exigen nobleza y valentía en la observancia de nuestras responsabilidades.

“Si haces lo que no debes, deberás sufrir lo que no mereces.” Benjamin Franklin (1706-1790). Estadista y científico estadounidense.

También el libre albedrío tiene su importancia en el sentido del deber, pues sin este último, el discernimiento de lo que debemos hacer o cumplir se nubla y tomamos decisiones equivocadas a la hora de elegir. Decisiones que con frecuencia nos causan sufrimiento o estancamiento espiritual.

El sentido del deber viene igualmente unido al valor e importancia del trabajo y del mérito. Las leyes divinas, en su absoluta justicia, valoran notablemente el mérito y el esfuerzo que se realiza en el adelanto moral, y en base a ello dan “a cada uno según sus obras”. 

“La justicia de las leyes de Dios premian el mérito del esfuerzo, la renuncia y la abnegación en el cumplimiento del deber, colocando a cada cual en el lugar y el momento que merecen y necesitan para su futura felicidad”

Y al respecto de la Justicia de la que hablamos, el equilibrio que nuestra conciencia alcanza entre lo que debemos hacer y lo que realmente hacemos nos concede paz y bienestar psicológico, físico y espiritual, siempre y cuando cumplamos con el deber espiritual que traemos comprometido. Podríamos concluir diciendo que el sentido del deber, lejos de ser una carga, es el impulso necesario para el progreso en aquellos espíritus que han alcanzado una pequeña lucidez.

El sentido del deber por: Redacción

©2021 Amor, Paz y Caridad

“Cumplamos nuestros compromisos y abracemos sin ambages la felicidad y la paz que se derivan de una conciencia tranquila que ejerce sus deberes a satisfacción”

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