PRECURSORES DE LA VERDAD

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Precursores de la verdad
Jacques-Louis David - La muerte de Sócrates

Precursores de la Verdad

Sin duda ninguna, en la historia del pensamiento universal brillan con luz propia algunos nombres que ofrecieron al mundo la más preclara intuición de la verdad y el bien. En nuestra cultura occidental destacan principalmente los principios filosóficos y éticos de Sócrates, Platón y Aristóteles. Aunque tampoco hemos de olvidar la influencia manifiesta del pensamiento pitagórico.

Pitágoras, además de matemático y filósofo, fue un místico extraordinario que aprendió los arcanos y doctrinas esotéricas de los grandes misterios griegos, egipcios y caldeos. Tanto es así que personalmente vivió en Egipto para aprender de los hierofantes (sacerdotes iniciados) de los templos y recaló en Mesopotamia para alcanzar y vislumbrar las secretas prácticas de los magos caldeos y los herederos de la doctrina secreta de Zaratustra.

“Una vida no es más que una anilla en la larga cadena de la evolución del alma”

Pitágoras – S. VI a.C

Después de ese largo periplo donde conoció los conceptos principales de las leyes que rigen el mecanismo de la inmortalidad del alma, la reencarnación y las relaciones entre el mundo espiritual y material, profundizó notoriamente en el conocimiento de la mente y sus implicaciones en la realidad de la vida y del universo. En esto último tuvo la mejor escuela donde aprender: los herederos de la doctrina de Hermes Trismegisto; aquel iniciado de hace tres mil años ya afirmaba:

“Todo es Mente. El Universo es Mental”

Esta frase podría ser aceptada hoy día en pleno siglo XXI sin ningún problema por multitud de hombres de ciencia. Los físicos, la identificarían con el orden implícito de David Bom o la Teoría M y de supercuerdas, donde el Universo es un gran holograma donde las partículas materiales más pequeñas son energía en vibración. Los psicólogos nos hablarían del inconsciente colectivo Junguiano. Los filósofos de la ciencia acuñarían el término de “Pansiquismo” (Todo es Mente). Y algunos psicólogos traspersonales hablarían igualmente de “Panespiritismo” (Todo es Alma). Los biólogos cuánticos se referirán al gran campo electromagnético que otorga la vida a los seres animados y que surge del gran campo universal que todo lo penetra e impregna en el Universo.

Estos y muchos otros ejemplos dan la medida de hasta qué punto el concepto materialista de la vida y el Universo está obsoleto si nos referimos a la compresion de la realidad. La materia ya no es la causa sino el efecto, y además está subordinada a la energía, de donde todo surge y se transforma hasta adquirir las cualidades que diferencian las distintas formas de vida y de organización material, celular o energética.

Los filósofos y sabios de la antiguedad ya tenían este conocimiento sin la necesidad de recurrir a las demostraciones empíricas o mensurables de la ciencia. Lo que vuelve a poner de manifiesto que no es la evidencia empírica la base de la verdad y la realidad, sino la observación de los hechos, la argumentación de los mismos y las experiencias. Hoy, la ciencia basa sus argumentos en probabilidades demostradas por la matemática (la única ciencia inmaterial que procede de la mente humana, y como tal es una abstracción). ¿Acaso los números son una realidad?; ¿o unos símbolos creados por la mente humana que combinados nos permiten constatar la realidad, aunque esta no pueda probarse empíricamente?.

Pitágoras ya sabía de esto, y por ello, la aplicación de sus conocimientos matemáticos, filosóficos y espirituales no distaban entre sí más que la manera de implementarlos, partiendo de un mismo origen: La Mente humana inmaterial y espiritual procedente de la Mente Creadora o Fuerza Universal llamada Dios.

Y si seguimos la estela del esclarecedor y brillante pensamiento de estos precursores, llegamos a Sócrates, auténtico maestro del pensamiento filosófico occidental encarnado en su discípulo Platón, y posteriormente continuado por Aristóteles. Entre las muchas cosas que podemos destacar de Sócrates, sin duda tenemos su capacidad de argumentar acerca de los grandes problemas de la vida, justificando con absoluta racionalidad sus postulados.

Pero, sin duda, una de las características más notables del ateniense fue una cualidad muy en desuso hoy día: Ser consecuente con sus enseñanzas”, hasta el punto de que le llevaron a la muerte, condenado injustamente a beber la cicuta pero afrontando la sentencia con estoicismo y claridad, para no subvertir la Ley que él siempre había defendido con ardor. De ahí que, cuando sus discípulos asaltaron la cárcel y abrieron sus puertas para liberarlo, él se negó a ello por principios al afirmar: “Prefiero sufrir la injusticia a cometerla”.

Es, sin duda, antes del advenimiento de Jesús, el mayor ejemplo de autoridad moral conocido en el mundo occidental; capaz de entregar su vida por defender la verdad, la justicia y el bien. Estos aspectos guiaron su conducta y su actitud durante su vida, coronados con la famosa frase que hacía referencia a la sabiduría: “El hombre sabio es el hombre virtuoso”. Sócrates colocó la referencia moral de la búsqueda de la virtud como el paradigma de la sabiduría.

De ahí que, cuando en el Fedón, Platón describe el diálogo que mantiene Sócrates con sus discípulos en la cárcel sobre la inmortalidad del alma, estamos asistiendo al mas bello argumento filosófico sobre la trascendencia del espíritu después de la muerte que nadie haya escrito. Debemos recordar que Sócrates no escribió nada, y, al igual que posteriormente con Jesús, sabemos de sus enseñanzas por sus discípulos como Platón o historiadores como Jenofonte, que lo conocieron y fueron sus contemporáneos.

Sin duda ninguna, tanto Pitágoras como Sócrates fueron precursores de una verdad mayor que tuvo como culminación la llegada del Maestro de Galilea, que plasmó los conceptos de verdad de los precursores con sus propias enseñanzas en el código moral más elevado que nunca haya conocido este planeta. Y, como Sócrates, refrendó la autoridad moral de sus enseñanzas con el sacrificio de su propia vida, ejemplificando en sus experiencias en la Tierra el código moral que predicaba basado en el Amor y el Perdón.

No podemos olvidar que con el paso del tiempo las enseñanzas vertidas desde lo alto sufrieron tergiversaciones, manipulaciones interesadas y el oscurantismo propio del dogma, el poder humano y la ambición material. Por ello, el mensaje del Maestro de galilea tenía que ser revisado y colocado en la pureza con la que Él mismo lo expandió durante su venida a la Tierra.

Era difícil que ningún hombre después de Jesús pudiera arrogarse la autoridad moral de revisar sus enseñanzas y volverlas a explicar con la lucidez y el esplendor que lo hizo el rabí de galilea. Por ello no fueron los hombres, sino los espíritus, aquellos que le acompañaron desde el espacio en su trayectoria terrestre, los que expusieron con claridad los significados reales de las parábolas, los contenidos excelsos del código moral del maestro que ellos conocían desde que los plasmó en la Tierra.

Y esta fue una labor encomendada a Allán Kardec. El maestro lionés pudo y supo recoger de la enseñanza de los espíritus el auténtico cristianismo primitivo, sin dogmas, sin prejucios, sin tergiversaciones, con la simplicidad y sencillez con la que Jesús lo explicaba, exento de ritualismos y simbologías materiales, puro y profundo a la vez; liberador y ejemplificante siempre. En la obra “El Evangelio Según el Espiritismo”, encontramos las claves de la reconstrucción del cristianismo primitivo tal y como las enseñó Jesús. Por ello, y solo por esto,  Allán kardec también puede ser considerado como un precursor de esta verdad majestuosa que el Maestro trajo a la Tierra.

Fue la sublimación y puesta en práctica del mayor ejemplo para la liberación de la ignorancia y la comprensión de la verdad a la que el hombre podría aspirar en base a su nivel evolutivo. Con ello, el Maestro Galileo enseñó el camino hacia la felicidad y la erradicación del sufrimiento, invitándonos a seguir su ejemplo y tomándolo como referencia y modelo de vida.

Precursores de la Verdad por: Redacción

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“Conoceréis la verdad y la Verdad os hará libres”
Jesús de Nazaret

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