LA BREVEDAD DEL TIEMPO

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La brevedad del tiempo

La brevedad del tiempo

Siempre es oportuno disponerse a trabajar en el bien y para el bien, si tenemos en cuenta la multitud de minutos que conforman horas que derrochamos en la inutilidad, perdiendo en sí, valiosas ocasiones de laborar en aras de todo aquello que nos ayude a ascender.

En la rutina a la que se ajusta, el hombre malgasta energías en sensaciones o emociones que lo dejan sumido en un gran vacío y sin nada productivo en su favor, y lo que es más trágico, en detrimento de su prójimo…

Es preciso saber administrar el tiempo con precisión cronométrica, para que éste rinda con resultados maravillosos que conformarán las grandes acciones sobre la faz de la Tierra.

En cuestión de segundos, El Cristo sació a la multitud materializando panes y peces; en escasos segundos, la explosión nuclear interrumpió miles de preciosas vidas…

En apenas unos segundos, la vida física cobra valor ante el nuevo nacimiento y en la brevedad de un relámpago, el fuego acaba con la vida animal y vegetal, destruyéndolo todo…

En muy pocas horas se levantan enormes edificios, verdaderas maravillas de la tecnología y en breves instantes, ciudades enteras son condenadas a escombros, como consecuencia de poderosos sismos…

… Y así procede la vida material en su paso renovador, sin tener necesidad de grandes espacios de tiempo para crear o destruir. Por ello es preciso saber utilizarlo, porque ignoras cuántos segundos necesitará el ángel de la muerte para silenciar tus labios y cuántas horas harán falta para que comprendas la realidad de la vida espiritual, a la que puedes llegar en unos instantes, sin haberlo imaginado y lo que es peor aún, sin haberte preparado para ello.

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(Extaído de la obra “DEL MAESTRO AL DISCÍPULO”. Capítulo 35: La brevedad del tiempo. Obra dictada por el espíritu de Cosme Mariño, a través de la psicografía de Juan Antonio Durante. Publicado por: Livraria Espírita Alvorada Editora).

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